CAPÍTULO VII

Excesiva reserva de los sabios acerca de mis trabajos. -- Para

prevenir desconfianzas decido mostrar mis preparaciones ante la

_Sociedad anatómica alemana_. -- En Berlín contraigo relaciones

personales con los célebres histólogos Alberto Kölliker, His,

Waldeyer y otros sabios tudescos. -- Mi visita al Laboratorio de

Histología de W. Krause en Göttingen. -- Breve gira por el Norte

de Italia. -- Impresión personal acerca de los sabios alemanes.

Natural es que todo autor apetezca y se desviva por la aprobación

de _su público_. Y el mío, formado por limitado número de

especialistas, se hallaba en el extranjero, desparramado por unas

cuantas Universidades alemanas, francesas, italianas, inglesas y

escandinavas. Para sentir esa _interior satisfacción_ de que hablan

nuestras Ordenanzas y seguir trabajando con entusiasmo, érame forzoso

conquistar á los sabios de buena voluntad. Quimérico fuera esperar la

unanimidad del aplauso. ¿Cómo iba yo á persuadir á investigadores de

antiguo comprometidos en la defensa de hechos erróneos ó de hipótesis

gratuitas? Descontado tenía que mis ideas habían de molestar á los

_reticularistas_, y singularmente á la escuela de Golgi. Y aunque

mis trabajos de entonces contribuyeron poderosamente á divulgar los

métodos y las conquistas positivas del profesor de Pavía, la voluntad

de los sabios suele ser tan paradójica, que agradece más la defensa

de un error palmario que la comprobación de una verdad discutida.

Mientras tanto, vivía intranquilo y receloso. Me alarmaba un poco el

silencio guardado por los autores, á quienes hice obsequio de los

números de mi Revista, durante la última mitad del año 1888 y la

primera de 1889. Varios trabajos recibidos este último año acerca

de la estructura del sistema nervioso, ó no me citaban ó lo hacían

desdeñosamente, como de pasada, y sin conceder beligerancia á mis

opiniones[48]. De la consulta de las Revistas alemanas saqué la

impresión de que la mayoría de los histólogos ni me había leído.

[48] Aun en 1890, M. von Lenhossék, Profesor de Basilea, con

ocasión de una Memoria consagrada al estudio de las _raíces

posteriores de la médula espinal_, hacía acerca de mis

conclusiones las siguientes reservas: «Resulta muy sorprendente

--alude á la bifurcación de las raíces sensitivas-- que hecho

tan cardinal no haya sido sorprendido por nadie, no obstante

haber sido la médula explorada desde hace cincuenta años en todas

direcciones y con todos los métodos. Cuando, según ocurre en los

ganglios raquídeos, existe positivamente una división en Y de las

fibras nerviosas, el hecho resulta perfectamente comprobable,

conforme establecieron las observaciones de Ranvier, Stannius,

Kuttner, etcétera.»

Poco tiempo después, Lenhossék se rindió á la evidencia,

viniendo á ser un adepto convencido de mis ideas, que ilustró

con interesantes hallazgos en diferentes provincias del sistema

nervioso. Véase Lenhossék: _Hinterwurzel und Hinterstrange.

Mitheilung aus dem Anatomisch. Institut. im Vesalianum_, zu

Basel, 1890.

Pero yo deseaba persuadir á todo trance. Me sublevaba ante la idea

de pasar por iluso ó por farsante. Á dos recursos apelé para ganar

la confianza de los autores imparciales: Fué el primero traducir mis

principales monografías neurológicas al francés, publicándolas en las

Revistas alemanas más autorizadas; consistió el segundo, en mostrar

personalmente á los sabios mis mejores preparaciones y con ellas la

legitimidad de mis juicios.

Las traducciones se iniciaron en 1889 y continuaron el 90 y

siguientes. La _Revista mensual internacional_ de mi amigo el Dr.

W. Krause insertó dos Memorias: una consagrada á la organización

del _cerebelo_[49], y otra al estudio del _lóbulo óptico_ de las

aves[50]. En ambas se contienen algunos hechos nuevos, además de los

aparecidos en la _Revista trimestral_; porque yo suelo continuar

trabajando en el Laboratorio aun durante la corrección de las

pruebas. El profesor Carlos Bardeleben, de Jena, con quien entablé

correspondencia, concedió también hospitalidad en su entonces recién

creado _Anatomischer Anzeiger_, á las comunicaciones relativas á

la _retina de las aves_[51] y á la fina _estructura de la médula

espinal_[52].

[49] _Cajal_: Sur l’origine et la direction des prolongations

nerveuses de la couche moléculaire du cervelet. _Intern.

Monatsschrift. f. Anat. u. Phys._ Bd. VI, Heft 4. u. 5, 1889.

Con 3 planchas litografiadas, que contienen muchas figuras.

[50] _Cajal_: Sur la fine structure du lobe optique des oiseaux

et sur l’origine réelle des nerfs optiques. _Journ. intern.

d’Anat. et de Physiol._ Volume VII, fasc. 9, 1891. Con 2 láminas

litografiadas.

[51] _Cajal_: Sur la morphologie et les connexions des élements

de la rétine des oiseaux. _Anatomischer Anzeiger_, núm. 4, 1889.

Con 4 figuras.

[52] _Cajal_: Sur l’origine et les ramifications des fibres

nerveuses de la moelle embryonnaire. _Anatomischer Anzeiger_,

núm. 5, 1890. Con 8 figuras.

Las referidas traducciones dieron á conocer lo más esencial de

mis aportaciones científicas; empero ellas por sí, aun ilustradas

con láminas escrupulosamente copiadas del natural, no me hubieran

granjeado muchas aprobaciones. Estas vinieron gracias al empleo

del segundo recurso citado: la demostración objetiva directa. Nada

convence como los _hechos vistos_, sobre todo cuando son claros y

categóricos.

Á este propósito, solicité formar parte de la _Sociedad anatómica

alemana_, donde figuraban anatómicos, histólogos y embriólogos

de muchas naciones, singularmente de la Confederación germánica

y de Austria-Hungría. Dicha Corporación se congregaba cada año

en una ciudad universitaria diferente. Durante las sesiones, los

congresistas debatían problemas anatómicos de actualidad; mostraban,

en apoyo de sus doctrinas, las preparaciones macro-microscópicas

obtenidas; comunicaban los detalles de los métodos usados; en suma,

señalábanse á los apasionados de la investigación las direcciones

fecundas y los filones recién abiertos á la explotación científica.

En fin, paralelamente á las tareas del Congreso, los fabricantes

exponían las recientes creaciones de los instrumentos de observación

y experimentación.

Mucho se ha abusado después de los Congresos científicos

internacionales. Con todo eso, las reuniones de especialistas

ofrecen ventajas incontestables á los amantes del Laboratorio. En

ella se exhiben los métodos, y se conocen los sabios. Mucho es

comprobar _de visu_ el rendimiento analítico máximo de un proceder

en manos de su inventor; pero vale aún más intimar espiritual y

cordialmente con los inventores. Excelente táctica resulta cultivar

la amistad y asegurarse la benevolencia de aquellos con quienes, por

afinidad de gustos, se habrá de dialogar y acaso contender en noble

competencia. Sólo el trato modera y suaviza las actitudes ariscas del

_chauvinismo_; merced á él, émulos y rivales pertenecientes á países

diversos, acaban por comprenderse y estimarse, adquiriendo al fin

plena conciencia de que son colaboradores y camaradas en una magna

obra común.

La referida _Sociedad_ anatómica celebraba aquel año de 1889 sus

sesiones en la Universidad de Berlín, durante la primera quincena

de Octubre. Obtenido el permiso del Rector (26 de Septiembre de

1889) para tomar parte en las tareas del susodicho Congreso, reuní

al efecto todos mis escasos ahorros, y me encaminé, lleno de

esperanzas, á la capital del Imperio germánico. En el camino giré

algunas instructivas visitas á las ciudades universitarias de Lyon y

Ginebra y á la de Francfort sobre el Mein, población desprovista de

Universidad, pero próvida en sabios de primer orden. En ella conocí

al célebre neurólogo C. Weigert, autor de valiosos métodos de teñido

del tejido nervioso; á Edinger, la mayor autoridad en neurología

comparada, y en fin, á Ehrlich, inventor del proceder tintóreo de su

nombre, y que, andando el tiempo, había de obtener el premio Nobel

como galardón de sus grandes descubrimientos en los dominios de la

Bacteriología y Seroterapia.

Excusado es decir que mis colegas del Congreso anatómico me

dispensaron acogida cortés. Había en ella algo de sorpresa y de

curiosidad expectante. Les chocaba, sin duda, encontrar un español

aficionado á la ciencia y espontáneamente metido en las andanzas de

la investigación. Acabadas las lecciones orales, á que consagré, á

causa de mi impaciencia, poca atención, vinieron las demostraciones.

Desde muy temprano me instalé en la sala laboratorio _ad hoc_,

donde, en largas mesas y enfrente de amplios ventanales, se erguían

numerosos microscopios. Desembalé mis preparaciones; requerí dos ó

tres instrumentos amplificantes, además de mi excelente modelo Zeiss,

traído por si acaso; enfoqué los cortes más expresivos concernientes

á la estructura del _cerebelo_, _retina_ y _médula espinal_, y en

fin, comencé á explicar, en mal francés, ante los curiosos, el

contenido de mis preparaciones. Algunos histólogos me rodearon;

pocos, porque, según ocurre en tales certámenes, cada congresista

atiende á lo suyo: después de todo, natural es que se prefiera

enseñar lo propio á examinar lo ajeno[53].

[53] Acaso interese al lector la transcripción de algunos

párrafos alusivos á mis demostraciones de Berlín, tomados del

discurso del célebre neurólogo van Gehuchten, discurso leído en

1913 con ocasión de la solemne fiesta celebrada en Lovaina en

conmemoración del 25.º año de profesorado de dicho sabio.

«Los hechos descritos por Cajal en sus primeras publicaciones

resultaban tan extraños, que los histólogos de la época --no

pertenecimos felizmente á este número-- los acogieron con el

mayor escepticismo. La desconfianza era tal, que en el _Congreso

de Anatómicos_ celebrado en Berlín en 1889, Cajal, que llegó á

ser después el gran histólogo de Madrid, encontrábase sólo, no

suscitando en torno suyo sino sonrisas incrédulas. Todavía creo

verlo tomar aparte á Kölliker, entonces maestro incontestable de

la Histología alemana, y arrastrarlo á un rincón de la sala de

demostraciones, para mostrarle en el microscopio sus admirables

preparaciones y convencerle al mismo tiempo de la realidad de los

hechos que pretendía haber descubierto. La demostración fué tan

decisiva que, algunos meses más tarde, el histólogo de Würzburgo

confirmaba todos los hechos afirmados por Cajal.» Véase: _Le

Neuraxe: Livre Jubilaire_, vol. XIV y XV, 1913.

Entre los que más interés mostraron por mis demostraciones, debo

citar á His, Schwalbe, Retzius, Waldeyer, y singularmente á Kölliker.

Según era de presumir, estos sabios, entonces celebridades mundiales,

iniciaron su examen con más escepticismo que curiosidad. Sin duda

esperaban un fiasco. Mas cuando hubieron desfilado ante sus ojos,

en cortejo de imágenes clarísimas é irreprochables, el _axon de

los granos del cerebelo_, las _cestas pericelulares_, las _fibras

musgosas y trepadoras_, las _bifurcaciones y ramas ascendente y

descendente de las raíces sensitivas_, las _colaterales largas y

cortas de los cordones de substancia blanca_, _las terminaciones

de las fibras retinianas en el lóbulo óptico_, etc., los ceños se

desfruncieron. Al fin, desvanecida la prevención hacia el modesto

anatómico español, las felicitaciones estallaron calurosas y sinceras.

Me asediaban á preguntas acerca de las condiciones técnicas en cuya

virtud semejantes preparados habían sido obtenidos. «Nosotros hemos

ensayado reiteradamente --me decían-- el método de Golgi y sólo

hemos conseguido decepciones y fracasos.» Entonces les expuse, en

un francés chabacano, menuda y pacientemente, todos los pequeños

secretos de manipulación de la reacción cromo-argéntica; señalé las

edades y condiciones de los embriones y animales más favorables

al logro de buenos preparados, é indiqué las reglas prácticas

encaminadas á aminorar en lo posible el carácter aleatorio del

método, etc.

El más interesado de mis oyentes fué A. Kölliker, el venerable

patriarca de la Histología alemana. Al final de la sesión, condújome

en carruaje al lujoso hotel en que se alojaba; me convidó á comer;

presentóme después á los histólogos y embriólogos más notables de

Alemania, y en fin, se desvivió por hacerme agradable la estancia en

la capital prusiana.

--Los resultados obtenidos por usted son tan bellos --me decía--, que

pienso emprender inmediatamente, ajustándome á la técnica de usted,

una serie de trabajos de confirmación. Le he _descubierto_ á usted, y

deseo divulgar en Alemania mi _descubrimiento_[54].

[54] En carta recibida poco después de mi regreso á Barcelona,

repite Kölliker la promesa:

«Vous avez un grand mérite --me decía-- d’avoir employé le

procédé du chromate d’argent rapide dans les jeunes animaux et

dans les embryons. Ainsi ne manquerais-je de faire ressortir vos

admirables travaux, en me réjouissant que le premier histologue

que l’Espagne a produit soit un homme aussi distingué que vous

et tout à fait à l’hauteur de la science.--(Würzburgo, 16 de

Noviembre de 1889).»

Y, en efecto, durante los años de 1890 y siguientes, aparecieron en

diversos Archivos alemanes, y singularmente en el _Zeitschrift f.

wissenschaftliche Zoologie_ --de que el Dr. Kölliker era director--

una serie de magníficas monografías sobre el _cerebelo_[55], la

_médula espinal_[56], el _bulbo_[57], el _lóbulo óptico_, etc. En

ellas no sólo se confirmaban, según había prometido, mis modestas

conquistas científicas, sino que se ampliaban y perfeccionaban

notablemente, adornándolas además con ingeniosas interpretaciones

fisiológicas.

[55] _Kölliker_: Zur feineren Anatomie des centralen

Nervensystems. Erster Beitrag. Das Kleinhirn. _Zeitsch. f.

wissenschaft. Zoologie._ Bd. 49, H. IV, 1890.

[56] _Ibid_: Das Rückenmark. _Zeitsch. f. wiss. Zool._ Bd. 51, H.

I, 1890.

[57] _Ibid_: Der feinere Bau des verlängerten Markes. _Anat.

Anzeiger._ Bd. VI, núms. 14 y 15, 1891.

Yo debo mucho al insigne maestro de Würzburgo. Sin duda que la verdad

se habría abierto al fin camino. Mas á la gran autoridad de Kölliker

se debe el que mis ideas fueran rápidamente difundidas y apreciadas

por el mundo sabio. Por honrosa excepción entre los grandes

investigadores, juntaba Kölliker, á un gran talento de observación

asistido de infatigable laboriosidad, modestia encantadora y rectitud

y serenidad de juicio excepcionales. Al insigne maestro bávaro aludía

yo, especialmente, cuando, en capítulos anteriores, deplorando el

orgullo satánico de ciertos hombres de ciencia, declaraba que los

había también sapientísimos, al par que buenos y honrados.

[Ilustración: Alberto v. Kölliker, célebre histólogo alemán, Profesor

en la Universidad de Würzburgo.]

Era tan poco dado al culto vanidoso de la consecuencia, que,

habiendo sido partidario de la _teoría reticular_, la abandonó,

adaptándose con flexibilidad juvenil á las nuevas concepciones del

_contacto_ y de la _independencia morfológica de las neuronas_. En

su afecto hacia mí, llevó la benevolencia hasta aprender el español

para leer mis primeras comunicaciones. Más tarde puso el colmo á

su modestia, traduciendo personalmente para su _Zeitschrift f.

wissensch. Zool._ el texto de un trabajo mío sobre el _Asta de

Ammon_, etc. Por todo ello y por otras muchas pruebas de afecto,

testimoniadas en cartas y publicaciones, conservo del glorioso

maestro recuerdo imborrable y gratitud profunda.

En el Congreso de Berlín tuve también el honor de tratar al

ilustre Gustavo Retzius, profesor de Anatomía de Estocolmo, uno

de los investigadores más sagaces, laboriosos y concienzudos que

he conocido; á W. His, el gran embriólogo de Leipzig, de quien

ya hice memoria en el capítulo anterior; á Waldeyer, el maestro

venerado de la Anatomía é Histología alemanas, catedrático en

la Universidad de Berlín; á van Gehuchten, joven y ya brillante

profesor de la Universidad de Lovaina, con el cual había mantenido

ya correspondencia con ocasión de nuestros trabajos sobre la fibra

muscular, y, en fin, á Schwalbe, C. Bardeleben y otros anatómicos

renombrados. De algunos de ellos, convertidos luego en benévolos

patrocinadores de mis ideas, me ocuparé en el próximo capítulo.

De regreso de Berlín, hice escala en la pequeña ciudad de Gotinga,

donde tuve el gusto de abrazar á mi amigo el Dr. W. Krause. En

su compañía pasé tres ó cuatro días deliciosos. Mostróme lo más

importante de la ciudad, sobre todo los museos y laboratorios de la

Universidad; me presentó á un colega suyo, gran coleccionador de

cuadros y admirador de la pintura española (estaba encantado de un

Velázquez harto dudoso que pretendía poseer), el cual nos agasajó

con suculento banquete; y, en fin, me acompañó á su laboratorio

oficial, instalado por cierto en modesta casa de vecindad, y en

donde trabajaban algunos pocos discípulos en medio de un material é

instrumental nada lujoso, pero suficiente. Excusado es decir que me

apresuré á mostrar al Dr. Krause mis preparaciones, y aún le regalé

algunas; las referentes á la retina, tema en que predilectamente se

ocupaba, le interesaron vivamente.

En nuestras conversaciones de sobremesa cambiamos noticias acerca de

la organización de nuestras respectivas Universidades. Llenóme de

asombro el saber que los profesores eran escogidos casi libremente,

sin oposición ni concurso. Me chocó también la ausencia de plan

uniforme de enseñanza, y algo así como el abandono sistemático de

ese espíritu de unidad y centralización, tan caros hogaño en nuestra

España, por imitación servil de la organización universitaria

francesa. Cada ciencia tenía su hogar propio, que recibía el nombre

del _Instituto_, comprensivo de la cátedra, laboratorio para el

profesor y sus discípulos, la biblioteca, etc. Nada de exámenes si no

es al final de la carrera. En fin, los profesores, distinguidos en

las categorías de docente privado, profesor extraordinario y profesor

numerario, en vez de ajustarse á nómina equitativa, cobraban del

Estado y de la ciudad, _según sus méritos_, amén de recibir también

honorarios de sus alumnos.

¡Supresión de exámenes, cantonalismo profesoral, retribución por los

alumnos, ingreso sin oposición y sin concurso y, frecuentemente, por

una especie de contrata!... He aquí un conjunto de reformas que,

aplicadas á España, país clásico de la holganza, del favoritismo y

de la cuquería, nos harían retroceder antes de diez años al estado

salvaje. Por algo ha dicho Paulsen que cada país posee el régimen

universitario que necesita, es decir, el mejor posible, dado el

estado de la ética social.

Después de este descanso en una apacible y pequeña Universidad

alemana, tan fértil en grandes sabios como limpia de intrigas y

ambiciones, proseguí mi viaje de regreso. Visité rápidamente la

pintoresca Lucerna y el poético lago de los Cuatro Cantones; crucé

los Alpes por el San Gotardo, sintiendo en el alma que la escasez

de mis recursos no me permitiera detenerme en la contemplación de

aquellos incomparables panoramas, y en fin, recorrí el Norte de

Italia, particularmente Turín, Pavía y Génova, famosas ciudades

universitarias.

En Turín tuve el gusto de conocer personalmente al insigne histólogo

italiano Julio Bizzozero y al no menos célebre profesor Angelo Mosso.

Recuerdo que sus sendas cátedras y laboratorios estaban instalados en

un viejo convento, en locales poco apropiados. Quise averiguar cuáles

eran los recursos de la Universidad y los sueldos de los Profesores,

y me encontré con dos sorpresas: la primera, que el profesorado

italiano, con valer mucho, ganaba poco más que el nuestro (el sueldo

límite para los más antiguos era de 10.000 liras), con un rendimiento

docente y científico infinitamente superior; la segunda, que,

inspirándose en altos móviles de patriotismo y de amor á la ciencia,

las Corporaciones populares (como si dijéramos el Ayuntamiento y la

Diputación provincial) y personajes opulentos, añadían, á la modesta

cantidad consignada para material en los presupuestos del Estado,

donativos cuantiosos destinados á experimentos científicos. Una

Junta mixta de próceres y de autoridades administraba estos fondos

supletorios, según las necesidades de cada Cátedra y de cada Profesor.

He aquí una conducta que llenará de estupor á nuestros Municipios

y Diputaciones, tan bien hallados con el cerril y antipatriótico

cantonalismo corporativo. Aparte los altos fines educativos

y culturales, la Universidad y demás Instituciones oficiales

representan para la ciudad, tanto un gran prestigio, como un gran

provecho. Ya que no por solidaridad y amor á la ciencia, por egoísmo

y emulación bien entendidos, deberían las citadas Corporaciones

venir en ayuda del Estado, costeando nuevas enseñanzas, mejorando

las existentes y fomentando, en fin, el espíritu de investigación.

Pero estas verdades tan sencillas, ¿podrían penetrar siquiera en

las compactas cabezas de nuestros ediles ó en las seseras no menos

ebúrneas de nuestros próceres?

En Pavía no tuve el gusto de encontrar al ilustre profesor Camilo

Golgi. Estaba en Roma, á donde le llevaban en ciertas épocas del

año sus iniciativas de Senador. Notemos de pasada que en Italia los

sabios más renombrados suelen recibir, entre otras recompensas, la

investidura de miembros de la Alta Cámara. Contrarióme mucho la

ausencia del maestro. Doy por seguro que, de haber podido mostrarle

mis preparaciones y rendirle al mismo tiempo mis sentimientos de

admiración, hubiéranse evitado, para lo futuro, polémicas y equívocos

enfadosos.

En fin, tras una visita rápida á Génova, donde fuí muy bien recibido

por el Profesor de Anatomía, tomé la vuelta de Marsella y regresé á

Barcelona.

* * * * *

De esta rápida excursión por las Universidades extranjeras, saqué

la convicción profunda de que la superioridad cultural de Alemania,

Francia é Italia no estriba en las Instituciones docentes, sino

en los _hombres_. Lo he dicho ya: los recursos materiales de que

disponían sabios insignes, pareciéronme poco superiores á los

nuestros, y en algún caso, claramente inferiores. Encuéntrase

á menudo en Alemania _Privat docent_, ilustrado con grandes

descubrimientos, y, sin embargo, atenido durante muchos años á

retribuciones que desdeñarían nuestros auxiliares. Pero hay otro

hecho todavía más significativo: con relativa frecuencia (este

fenómeno se da también en Inglaterra), la Universidad llama á su seno

á investigadores geniales, que se formaron solos, en localidades

apartadas, teniendo por laboratorio un desván y sin más recursos que

las modestas economías del médico de aldea.

Bien se ve, pues, que en los países del Norte, aparte las formas

de la organización docente, existe una causa general y profunda de

florecimiento cultural. El vaso parece á veces de tosco barro; pero

la esencia suele ser exquisita.

¿Cuál es esta esencia? Fuera inoportuno estudiar aquí de pasada las

condiciones complejas de la grandeza científica alemana. Y además,

nada nuevo podríamos decir. Limitémonos á consignar no más mis

impresiones de entonces.

La cultura superior parecióme fruto complejo de la educación

individual y social. En la Universidad se enseña á trabajar, pero

el ambiente social, obra del Estado, enseña algo mejor: el respeto

y la admiración hacia el hombre de ciencia. De nada servirá que

el universitario reciba una cultura técnica eficiente y con ella

el ansia noble y patriótica de colaborar en la obra común de la

civilización, si, al mismo tiempo, no contempla en torno suyo

despreciada la pereza, aborrecidas la farsa y la intriga, galardonado

el mérito superior y reverenciado el genio.

¡Justicia, en fin!... He aquí el secreto.

[Ilustración]

Recuerdos de mi vida (tomo 2 de 2) · 第 12 / 58 题