--A Villoria, a Villoria sin descansar --gritó montando a caballo--.
Sr. D. Julián Sánchez, a ver si les cogemos. Además hay que auxiliar
también a esos otros pueblos.
Las órdenes corrieron al momento, y parte de los guerrilleros con dos
regimientos de línea se aprestaron a seguir a D. Carlos.
--Araceli --me dijo este--, quédate aquí aguardando mis órdenes. En
caso de que lleguen hoy los ingleses, sigues hacia Villoria; pero entre
tanto aquí... Apagar el fuego lo que se pueda; salvar la gente que se
pueda, y si se encuentran víveres...
--Bien, mi general.
--Y a ese bribón que hemos cogido, cuidado como le perdones un solo
palo. Doscientos cabalitos y bien aplicados. Adiós. Mucho orden, y...
ni uno menos de doscientos.