CAPÍTULO XI.

Historia de las Marianas.--La tradición.--Los

chamorris.--Intolerancias.--El _Pico de los amantes_.--División de

razas.--Tinian.--Sarcófagos antiguos.--La casa de _Taga_.--Leyendas y

supersticiones.--Cultos y creencias.--Los _macambas_.--El _zazarraguan_

y el _caifi_.--Los _anitis_.--La peña de _Fuuña_.

El estudio de las islas Marianas lo dividiremos en dos partes; en la

primera, y aunque ligeramente, trataremos de lo que fueron antes de

pertenecer á España; en la segunda, desde que la bandera de Castilla

ondeó en sus playas.

Respecto á su primer período ó sea antes de la conquista, los datos son

poco luminosos. No existiendo aquellos, se puede venir á deducciones

más ó menos acabadas, analizando la tradición y la leyenda, únicas

claves para el estudio analítico de todo pueblo que lo cubren las

sombras del ayer, cada vez más compactas al no legarle al hoy más

que las supersticiones que han venido perpetuándose en la mente de

padres á hijos, y que al llegar á nosotros remotamente nos aproximan

á darnos una idea de lo que fueron las antiguas razas aborígenes de

las actuales.

Fundados en la tradición y ayudados de significativos vestigios,

podemos señalar á los primitivos habitantes de las hoy llamadas islas

Marianas, como procedentes de las razas japonesa y malaya.

En cuanto á la manera de ser de aquellos habitantes, á los primeros

pasos que se dan en el origen de algunas leyendas que aún relata el

país, encontramos los comprobantes que señalan un pueblo que ha tenido

dentro de su constitución el feudalismo absoluto, y por consiguiente,

una marcada división de clases. Entre estas se conocían los llamados

_chamorris_ ó antiguos magnates, que si no tenían la almenada torre

y el _rollo_ de sus inmunidades, con los atributos de mesnaderos de

horca y cuchilla de nuestros antepasados, poseían en toda su desnudez

cuantos abusivos derechos se irroga el fuerte contra el débil, en todo

pueblo en que ni el cristianismo ha suavizado los sentimientos, ni la

civilización las costumbres. La división de razas y poder del chamorri,

se presenta á los ojos del viajero que recorre las islas á poco que

las estudie bajo el prisma de la investigación y de la ciencia.

En uno de los límites de la isla de _Guajan_ en su extremo Norte,

existe enclavada en un seno madrepórico de coral una peña, á cuya

granítica masa tajada á pico, constantemente azotan las ondas del

gran Pacífico; el conjunto de panoramas que se desarrollan ante la

vista del que contempla aquellos desiertos lugares, desde luego le

predisponen á la meditación, queriendo descubrir alguna huella á

quien interrogar sobre aquel coloso calizo que se eleva en medio

de las embravecidas ondas, y del cual se separa el natural con el

supersticioso temor de un testigo que ha presenciado sangrientos

episodios, que ni la mano destructora del tiempo ha podido borrar de

la mente que lo trasmite, ni el _mudo_, pero elocuente lenguaje de

la peña que lo atestigua. Aquella masa de granito se llama el _Pico

de los amantes_. En la meseta que forma la superficie de aquella roca

está escrita la intransigencia, principal atributo del feudalismo.

De aquella meseta, se cuenta una tradición semejante en su origen

á la que guarda bajo el hermoso cielo de Andalucía, no lejos de

Archidona, la llamada _Peña de los enamorados_. En ambos peñascos,

el amor llegó al sacrificio; en ambos se confundieron en un postrer

suspiro dos almas, con la única diferencia de que en el primero las

causas eran originarias de la diversidad de clases y en la segunda

partían del fanatismo y superstición mora.

Al _Pico de los amantes_ condujo la desesperación á un plebeyo y á la

hija de un chamorri. La áspera loma de la _Pena de los enamorados_, por

última vez la treparon un cristiano y una mora, haciendo el fanatismo

en este último caso lo que verificó en el primero la intransigencia.

La separación de razas que revela el _Pico de los amantes_, la vemos

reproducida en los mismos monumentos, cuyos restos aún conservan

las islas.

En la de _Tinian_ y otras, existen unas columnatas en cuyos frisos

se asientan sarcófagos cinerarios de forma esférica, en los cuales,

y según verídicos testimonios que obran en el archivo del Gobierno

de aquellas islas, se han encontrado en distintas épocas, osamentas

humanas más ó menos completas, que vienen á revelar por el sitio

especial en que se encontraron, una distinción bien marcada.

El número y situación de aquellas columnatas indican no pertenecieron

á una sola familia, ni tampoco á todas las que compusieran la

isla. Dichas columnatas, que se encuentran más ó menos deterioradas en

casi todas las islas que fueron habitadas, debieron ser, al par que

recuerdos cinerarios, apoyos de las casas de los magnates, tanto es

así, que á cada uno de los grupos que componen aquellas, llaman los

indígenas _casas de los antiguos_. En Tinian se conservan bastante

bien 12 pirámides, que en conjunto formaron, según la tradición,

la casa de Taga, personaje que por su carácter turbulento figura en

la historia de las islas. De dicho Taga se cuenta tenía una hija muy

hermosa, la cual, después de muerta, fué cubierta entre harina de

arroz y enterrada en una de aquellas columnatas.

Entrando en el terreno fabuloso y supersticioso podríamos llenar

muchas cuartillas con las narraciones que se relatan de la hermosa

hija de Taga, á la cual atribuye la tradición el perfeccionamiento

en la lira. Se cuenta en las islas, haberla visto aparecerse encima

de su sarcófago en los malos tiempos, ahuyentando los huracanes con

los sonoros ecos de su lira de oro.

Sea lo que quiera, respecto á la desgraciada hija de Taga, es lo cierto

que restos de columnatas se ven con bastante frecuencia recorriendo las

islas, siendo aquellas intachables testigos que vienen á corroborar la

creencia de haber existido alguna raza privilegiada que sobresaldría

de las demás en ilustración y en poder. No otra cosa demuestran

las construcciones de que nos ocupamos, las cuales se destacarían

notablemente entre la salvaje perspectiva de las casas de hojas de

coco, de que nos hablan las historias de las primeras misiones.

A más de los anteriores antecedentes, existen otros en los anales de

aquellas, en los cuales vemos admitir como cierto el feudalismo de

que nos venimos ocupando. Aquellos anales dicen que los habitantes

de las islas manifestaban gran soberbia y vanidad en la nobleza, de

tal modo, que no se casaba por nada del mundo el hijo del noble con

la plebeya. En otro lugar añade, que los chamorris tenían mayorazgos

de cocales, plátanos y otros árboles.

Las creencias religiosas que observaban aquellos primitivos pueblos,

estaban resumidas al culto supersticioso de los cadáveres, teniendo

cada familia un altar en el hogar y un ídolo en las calaveras de sus

mayores, que cuidadosamente conservaban cual lo hacían en sus lares,

los descendientes de Rómulo con sus pequeños dioses penates.

El ritual de sus supersticiosas creencias estaba circunscrito á

pesadas salmodias en que relataban las virtudes y hazañas del que

adoraban, repartiéndose en sus rezos, cual en sus fiestas, tortas

hechas de arroz, pescado y frutas, las que comían con el _atole_,

bebida espirituosa confeccionada con los jugos del coco.

Sus escasas creencias religiosas las completaban admitiendo un sér

llamado _Puntan_, el cual decían, había existido muchísimos siglos

antes de la creación del cielo y la tierra. Puntan, según la tradición,

tenía una hermana, y esta, al morir aquel, creó de sus espaldas la

tierra, de su pecho el cielo, de sus ojos el sol y la luna, y de sus

cejas el arco-iris. Reconocían la inmortalidad de las almas, las cuales

habían de gozar en el mundo de los espíritus, ó sufrir en _Zazarraguan_

ó casa de _Caifí_, con cuyos nombres conocían el infierno y el demonio.

Sus sacerdotes, que se llamaban _Macambas_, invocaban á las calaveras,

teniendo mucho temor á las almas de sus abuelos que llamaban _Anitis_.

Hacían grandes demostraciones de dolor en las muertes de sus parientes,

y celebraban con bailes sus bodas y regocijos, constituyendo el

principal adorno de sus galas, conchas y caracoles, engarzados en

plumas y pequeños insectos de colores. El signo mayor de cariño

consistía en pasar la mano por el pecho del que querían agasajar.

El orgullo del chamorri era tal, que suponía procedían todos los

males de otros pueblos, creyendo que la humanidad tenía el origen en

sus islas, y que las virtudes habían nacido de la peña de _Fuuña_,

la cual llevaba ese nombre por encontrarse en el fondeadero de un

pequeño puerto así llamado.

Como consecuencia inmediata del feudalismo, el que constantemente se

localizasen las contiendas de cacique á cacique, manteniendo los campos

en continua alarma, viniendo muy á menudo á las armas, que consistían

en piedras, flechas y lanzas, que arrojaban con suma destreza.

Las demás fases, tanto materiales como morales, en que se encontraban

los primeros habitantes de las islas, como el origen de su instalación

en aquellas regiones, se pierde en las tinieblas de la impenetrable

noche de los tiempos.

En tal estado de inseguridad histórica del pueblo que baña el gran

Pacífico, corría el primer tercio del siglo XVI, en que ya empieza

á delinearse la verdadera historia dé las hoy llamadas islas Marianas.

Viajes por Filipinas: De Manila á Marianas · 第 30 / 39 题