Historia de las Marianas.--La tradición.--Los
chamorris.--Intolerancias.--El _Pico de los amantes_.--División de
razas.--Tinian.--Sarcófagos antiguos.--La casa de _Taga_.--Leyendas y
supersticiones.--Cultos y creencias.--Los _macambas_.--El _zazarraguan_
y el _caifi_.--Los _anitis_.--La peña de _Fuuña_.
El estudio de las islas Marianas lo dividiremos en dos partes; en la
primera, y aunque ligeramente, trataremos de lo que fueron antes de
pertenecer á España; en la segunda, desde que la bandera de Castilla
ondeó en sus playas.
Respecto á su primer período ó sea antes de la conquista, los datos son
poco luminosos. No existiendo aquellos, se puede venir á deducciones
más ó menos acabadas, analizando la tradición y la leyenda, únicas
claves para el estudio analítico de todo pueblo que lo cubren las
sombras del ayer, cada vez más compactas al no legarle al hoy más
que las supersticiones que han venido perpetuándose en la mente de
padres á hijos, y que al llegar á nosotros remotamente nos aproximan
á darnos una idea de lo que fueron las antiguas razas aborígenes de
las actuales.
Fundados en la tradición y ayudados de significativos vestigios,
podemos señalar á los primitivos habitantes de las hoy llamadas islas
Marianas, como procedentes de las razas japonesa y malaya.
En cuanto á la manera de ser de aquellos habitantes, á los primeros
pasos que se dan en el origen de algunas leyendas que aún relata el
país, encontramos los comprobantes que señalan un pueblo que ha tenido
dentro de su constitución el feudalismo absoluto, y por consiguiente,
una marcada división de clases. Entre estas se conocían los llamados
_chamorris_ ó antiguos magnates, que si no tenían la almenada torre
y el _rollo_ de sus inmunidades, con los atributos de mesnaderos de
horca y cuchilla de nuestros antepasados, poseían en toda su desnudez
cuantos abusivos derechos se irroga el fuerte contra el débil, en todo
pueblo en que ni el cristianismo ha suavizado los sentimientos, ni la
civilización las costumbres. La división de razas y poder del chamorri,
se presenta á los ojos del viajero que recorre las islas á poco que
las estudie bajo el prisma de la investigación y de la ciencia.
En uno de los límites de la isla de _Guajan_ en su extremo Norte,
existe enclavada en un seno madrepórico de coral una peña, á cuya
granítica masa tajada á pico, constantemente azotan las ondas del
gran Pacífico; el conjunto de panoramas que se desarrollan ante la
vista del que contempla aquellos desiertos lugares, desde luego le
predisponen á la meditación, queriendo descubrir alguna huella á
quien interrogar sobre aquel coloso calizo que se eleva en medio
de las embravecidas ondas, y del cual se separa el natural con el
supersticioso temor de un testigo que ha presenciado sangrientos
episodios, que ni la mano destructora del tiempo ha podido borrar de
la mente que lo trasmite, ni el _mudo_, pero elocuente lenguaje de
la peña que lo atestigua. Aquella masa de granito se llama el _Pico
de los amantes_. En la meseta que forma la superficie de aquella roca
está escrita la intransigencia, principal atributo del feudalismo.
De aquella meseta, se cuenta una tradición semejante en su origen
á la que guarda bajo el hermoso cielo de Andalucía, no lejos de
Archidona, la llamada _Peña de los enamorados_. En ambos peñascos,
el amor llegó al sacrificio; en ambos se confundieron en un postrer
suspiro dos almas, con la única diferencia de que en el primero las
causas eran originarias de la diversidad de clases y en la segunda
partían del fanatismo y superstición mora.
Al _Pico de los amantes_ condujo la desesperación á un plebeyo y á la
hija de un chamorri. La áspera loma de la _Pena de los enamorados_, por
última vez la treparon un cristiano y una mora, haciendo el fanatismo
en este último caso lo que verificó en el primero la intransigencia.
La separación de razas que revela el _Pico de los amantes_, la vemos
reproducida en los mismos monumentos, cuyos restos aún conservan
las islas.
En la de _Tinian_ y otras, existen unas columnatas en cuyos frisos
se asientan sarcófagos cinerarios de forma esférica, en los cuales,
y según verídicos testimonios que obran en el archivo del Gobierno
de aquellas islas, se han encontrado en distintas épocas, osamentas
humanas más ó menos completas, que vienen á revelar por el sitio
especial en que se encontraron, una distinción bien marcada.
El número y situación de aquellas columnatas indican no pertenecieron
á una sola familia, ni tampoco á todas las que compusieran la
isla. Dichas columnatas, que se encuentran más ó menos deterioradas en
casi todas las islas que fueron habitadas, debieron ser, al par que
recuerdos cinerarios, apoyos de las casas de los magnates, tanto es
así, que á cada uno de los grupos que componen aquellas, llaman los
indígenas _casas de los antiguos_. En Tinian se conservan bastante
bien 12 pirámides, que en conjunto formaron, según la tradición,
la casa de Taga, personaje que por su carácter turbulento figura en
la historia de las islas. De dicho Taga se cuenta tenía una hija muy
hermosa, la cual, después de muerta, fué cubierta entre harina de
arroz y enterrada en una de aquellas columnatas.
Entrando en el terreno fabuloso y supersticioso podríamos llenar
muchas cuartillas con las narraciones que se relatan de la hermosa
hija de Taga, á la cual atribuye la tradición el perfeccionamiento
en la lira. Se cuenta en las islas, haberla visto aparecerse encima
de su sarcófago en los malos tiempos, ahuyentando los huracanes con
los sonoros ecos de su lira de oro.
Sea lo que quiera, respecto á la desgraciada hija de Taga, es lo cierto
que restos de columnatas se ven con bastante frecuencia recorriendo las
islas, siendo aquellas intachables testigos que vienen á corroborar la
creencia de haber existido alguna raza privilegiada que sobresaldría
de las demás en ilustración y en poder. No otra cosa demuestran
las construcciones de que nos ocupamos, las cuales se destacarían
notablemente entre la salvaje perspectiva de las casas de hojas de
coco, de que nos hablan las historias de las primeras misiones.
A más de los anteriores antecedentes, existen otros en los anales de
aquellas, en los cuales vemos admitir como cierto el feudalismo de
que nos venimos ocupando. Aquellos anales dicen que los habitantes
de las islas manifestaban gran soberbia y vanidad en la nobleza, de
tal modo, que no se casaba por nada del mundo el hijo del noble con
la plebeya. En otro lugar añade, que los chamorris tenían mayorazgos
de cocales, plátanos y otros árboles.
Las creencias religiosas que observaban aquellos primitivos pueblos,
estaban resumidas al culto supersticioso de los cadáveres, teniendo
cada familia un altar en el hogar y un ídolo en las calaveras de sus
mayores, que cuidadosamente conservaban cual lo hacían en sus lares,
los descendientes de Rómulo con sus pequeños dioses penates.
El ritual de sus supersticiosas creencias estaba circunscrito á
pesadas salmodias en que relataban las virtudes y hazañas del que
adoraban, repartiéndose en sus rezos, cual en sus fiestas, tortas
hechas de arroz, pescado y frutas, las que comían con el _atole_,
bebida espirituosa confeccionada con los jugos del coco.
Sus escasas creencias religiosas las completaban admitiendo un sér
llamado _Puntan_, el cual decían, había existido muchísimos siglos
antes de la creación del cielo y la tierra. Puntan, según la tradición,
tenía una hermana, y esta, al morir aquel, creó de sus espaldas la
tierra, de su pecho el cielo, de sus ojos el sol y la luna, y de sus
cejas el arco-iris. Reconocían la inmortalidad de las almas, las cuales
habían de gozar en el mundo de los espíritus, ó sufrir en _Zazarraguan_
ó casa de _Caifí_, con cuyos nombres conocían el infierno y el demonio.
Sus sacerdotes, que se llamaban _Macambas_, invocaban á las calaveras,
teniendo mucho temor á las almas de sus abuelos que llamaban _Anitis_.
Hacían grandes demostraciones de dolor en las muertes de sus parientes,
y celebraban con bailes sus bodas y regocijos, constituyendo el
principal adorno de sus galas, conchas y caracoles, engarzados en
plumas y pequeños insectos de colores. El signo mayor de cariño
consistía en pasar la mano por el pecho del que querían agasajar.
El orgullo del chamorri era tal, que suponía procedían todos los
males de otros pueblos, creyendo que la humanidad tenía el origen en
sus islas, y que las virtudes habían nacido de la peña de _Fuuña_,
la cual llevaba ese nombre por encontrarse en el fondeadero de un
pequeño puerto así llamado.
Como consecuencia inmediata del feudalismo, el que constantemente se
localizasen las contiendas de cacique á cacique, manteniendo los campos
en continua alarma, viniendo muy á menudo á las armas, que consistían
en piedras, flechas y lanzas, que arrojaban con suma destreza.
Las demás fases, tanto materiales como morales, en que se encontraban
los primeros habitantes de las islas, como el origen de su instalación
en aquellas regiones, se pierde en las tinieblas de la impenetrable
noche de los tiempos.
En tal estado de inseguridad histórica del pueblo que baña el gran
Pacífico, corría el primer tercio del siglo XVI, en que ya empieza
á delinearse la verdadera historia dé las hoy llamadas islas Marianas.