USOS Y COSTUMBRES DE LOS INCAS.[670]

[670] _Archivo de Indias._--_Colec. de doc. inéd._, etc., tomo

XXI, págs. 131-220.

En junio de 1571, ante el muy ilustre D. Francisco de Toledo, virrey,

gobernador y capitán general del Perú, presidente de la Audiencia

de los Reyes, se hizo la siguiente información: Que antes que los

españoles--dijeron algunos indios ancianos--se apoderasen del Perú,

los Incas, caciques e indios ricos hacían sus sepulturas en sitios

retirados y escondidos, en las cuales disponían se enterrasen también

parte de sus tesoros y riquezas. El lugar de las sepulturas sólo era

conocido de las mujeres y buenos amigos del muerto, único modo de

impedir el robo de dichos tesoros.

Como los Incas, caciques y principales indios pensaban que habían

de resucitar y volver en cuerpo y alma a la tierra, por esta causa

enterraban sus tesoros; tesoros que habían de gozar después que

resucitasen.

Para servicio del Inca Guaynacapal y de otros Incas difuntos, tenían

los indios algunos criados y ganados, pues consideraban aquéllos como

si fueran vivos.

Con el objeto de que no se descubriesen los tesoros y riquezas de los

Incas y caciques ricos, para el secreto hacían confianza de los viejos,

entendiendo que éstos habían de morir presto y ya nadie sabría el lugar

de la sepultura.

Adoraban los indios a diferentes dioses, siendo el principal de todos

Viracocha, hacedor de todas las cosas[671]; también el Sol, Guanaconcí

y otros Guacas e ídolos. Muchos indios e indias se ocupaban en servir a

dichas divinidades.

[671] Garcilaso tiene por dios supremo a Pachacámac, y por

dios inferior a Viracocha, y el P. Valera identifica a

Pachacámac y Viracocha.

Oyeron decir los dichos testigos que Topa Inca Yupangui, conquistador

del Perú, sacrifica niños a los dioses e ídolos, y ellos vieron que

Guaynacapal hacía los mismos sacrificios a la salida del sol y al

mediodía.

También ofrecían los Incas minas de oro y plata, ganados, etc., a

sus dioses; bienes que eran guardados y aprovechados por empleados a

quienes llamaban Camayos.

Además del dios Viracocha y de otros, los indios adoraban a algunas

fuentes, árboles y piedras, porque en estas cosas se habían convertido

los dioses.

Sin embargo, sólo Viracocha era el verdadero dios, pues los demás

servían como intercesores y nada más.

Con el objeto de que los indios no se hiciesen holgazanes y por ende

conspiradores o rebeldes, el dicho Guaynacapal Inca les hacía trabajar,

ya abriendo caminos, ya cambiando el curso de los ríos o en otras

cosas.

Por naturaleza el indio es holgazán y únicamente trabaja por temor al

castigo.

Puede asegurarse del mismo modo que los naturales de este reino es

gente de poco entendimiento, necesitando, por tanto, curador que los

gobierne.

En tiempo de Guaynacapal eran escasos las cocas[672], y sólo las comía

el Inca, el cual las mandaba como gran regalo a algunos caciques.

[672] La coca era un arbol del Perú cuyas hojas eran muy

estimadas por los indios.

El mencionado Guaynacapal hacía que los indios trabajasen en las minas

de oro, plata y otros metales.

Desde los tiempos de Topa Inca Yupangui, todos los curacas (hunos), que

eran señores de diez mil indios, daban al dicho Inca un vaso de oro;

los demás curacas y caciques mandaban a la corte y al servicio del Inca

sus hijos mayores. También cada comarca o provincia enviaba a la corte

un embajador para que enterase al Inca de todo lo que deseaba saber de

la citada comarca.

Dijeron los indios informantes que Topa Inca Yupangui, padre de

Guaynacapal, había muerto, ya viejo, en un pueblo que llaman Chincheso,

en el camino del valle de Yucay, término del Cuzco, y que Guaynacapal

murió en Quito, también anciano, y cuyo cuerpo trajeron a Cuzco.

Afirmaron del mismo modo, que los indios de los Andes, antes de la

llegada de los españoles, comían carne humana, como también los de las

provincias de los Chuncos y Chiriquanale.

Por último, dijeron que en las provincias de los Chinchas y del Collado

había indios que cometían el pecado contra natura, a los cuales se

les llamaba Oruas, que quiere decir hombre que hace de mujer, e iban

vestidos como las mujeres y tenían los rostros afeitados.

H

Historia de América desde sus tiempos más remotos hasta nuestros días, tomo I · 第 100 / 152 题