ESTAS SON LEYES DIVERSAS.

Tenían pena de muerte los jueces que hacían alguna relación falsa al

señor superior en algún pleito, y asimismo los jueces que sentenciaban

a alguno injustamente.

Ahorcaban y muy gravemente castigaban a los hijos que gastaban mal la

hacienda que sus padres les habían dejado, o deshacían para gastar mal,

o destruían las armas o joyas o cosas señaladas que los padres les

habían dejado; y asimismo tenían esta pena y castigo los que quedaban

por tutores de algunos menores, si no daban buena cuenta a los hijos de

los bienes de sus padres difuntos.

Tenía pena de muerte el que quitaba o apartaba los mojones y términos o

señales de las tierras y heredades.

El modo que tenían de castigar a sus hijos y hijas siendo mozos, cuando

salían viciosos y desobedientes y traviesos, era trasquilarlos y

traerlos maltratados, y punzarles las orejas y los muslos y brazos.

Era cosa muy vedada y reprendida y castigada el emborracharse los

mancebos hasta que fuesen de cincuenta años, y en algunas partes había

penas aseñaladas.

Hacían esclavo al que vendía alguna tierra ajena o que tuviese

depositada, sin licencia.

Era ley que el esclavo que estaba preso y se soltaba de la prisión y

iba a palacio, en entrando que entrase en el patio era libre de la

servidumbre, y como libre podía andar seguro.

Era costumbre entre ellos que los hijos de los señores y hombres ricos

en siendo de siete años, poco más o menos, entraban en los templos

a servicio de los ídolos, adonde servían barriendo y haciendo fuego

delante de los templos y salas y patios; y echaban los enciensos en

los fuegos y servían a los papaguaques; y cuando eran negligentes o

traviesos o desobedientes, atábanles las manos y pies, y punzábanles

los muslos con unas puyas y los brazos y los pechos, y echábanlos a

rodar por las gradas abajo de los templos pequeños; y más es de saber,

que en México y ansi mismo en Tezcuco y Tacuba había tres Consejos;

el primero era Consejo de las cosas de guerra; el segundo era adonde

había cuatro oidores para oir los pleitos de la gente común; el tercero

era el Consejo adonde se averiguaban los pleitos que entre señores y

caballeros se ofrecían, o entre pueblos sobre señorios o por términos,

y deste Consejo en ciertas cosas señaladas daban parte al Señor, que

eran como casos reservados a estos reyes y señores de estos tres reinos

que arriba están dichos.

ESTAS SON LAS LEYES POR LAS CUALES CONDENABAN A ALGUNO A QUE FUESE

ESCLAVO.

Hacían pedazos y perdía todos sus bienes y hacían esclavos todos sus

parientes al que era traidor, avisando a los enemigos en la guerra,

avisándoles de lo que se concertaba o platicaba _en el real_ contra

ellos[668].

[668] Esta ley es la misma que la última del capítulo tercero;

la única diferencia es que se añade las palabras _en el real_.

Hacían esclavo al que había hecho algún hurto en cantidad, si aún no lo

había gastado.

Era ley que si algún indio vendía por esclavo a algún niño perdido, y

ansimismo hacían esclavos a todos los que lo habían vendido, si eran

muchos.

Hacían esclavo al que vendía alguna tierra ajena o que tuviese

depositada, sin licencia[669].

[669] Esta ley es la misma que la sexta de _Estas son leyes

diversas_.

En algunas partes era ley que hacían esclavo al que había empreñado

alguna esclava cuando la tal moría de parto, o por el parto quedaba

lisiada.

Hacían esclavos a los que hurtaban cantidad de mazorcas de maíz en los

maizales de los templos o de los señores.

Por otras cosas también hacían esclavos, mas eran arbitrarias; mas

estas sobredichas eran leyes que ningún juez podía dispensar en ellas,

si no era matando al que las cometía, por no hacerlo esclavo; y todo

esto sobredicho es verdad porque yo las saqué de un libro de sus

pinturas, adonde por pinturas están escritas estas leyes en un libro

muy auténtico; y porque es verdad lo firmé de mi nombre.

Fecha en Valladolid a diez del mes de septiembre de mill y quinientos y

cuarenta y tres años.--_Fray Andrés de Alcobiz._

G

Historia de América desde sus tiempos más remotos hasta nuestros días, tomo I · 第 99 / 152 题