Era ley que sacrificasen, abriéndolo por los pechos, al que hacía
hechicerías para que viniese algún mal sobre alguna ciudad.
Era ley que ahorcasen al hechicero que con hechizos ponía sueño a los
de la casa para poder entrar más seguro a robar.
Ahorcaban a los salteadores de los caminos y castigaban muy reciamente.
Ahorcaban al que mataba con bebedizos. Ahorcaban a los que por los
caminos, por hacer mal, se fingían ser mensajeros de los señores.