Fernando Colón nació en Córdoba el 15 de agosto de 1488[667]. Creció y
se educó entre príncipes. Cuando llegó a tener la edad necesaria para
el caso, él y su hermano Diego fueron nombrados pajes del príncipe
D. Juan, hijo de los Reyes Católicos. Habiendo muerto prematuramente
D. Juan y antes de emprender su tercer viaje el Almirante, Fernando,
acompañado de su hermano Diego, marcharon desde Sevilla a la corte
para continuar siendo pajes de la Reina Católica.
[667] Otros dicen que el veintitantos de septiembre.
Salía ya Fernando casi de la adolescencia cuando marchó a las Indias
en compañía de su padre. Si en su niñez había recibido en Sevilla los
insultos de los enemigos del Almirante, en este cuarto viaje pudo
conocer la fiereza de algunos indios, la furia de las tempestades, la
destrucción de varios navíos, el hambre en la Jamaica, la rebelión de
los Porras y otros sucesos tan poco halagüeños.
A su vuelta de América, padre e hijo se detuvieron algunos meses en
la citada ciudad andaluza para descansar de las fatigas que pasaron
durante el viaje.
Posteriormente hizo segunda expedición al Nuevo Mundo.
Además de sus viajes a las Indias recorrió Europa, Asia y Africa, y
estuvo en Italia, Flandes y Alemania en compañía del Emperador. Todos
estos viajes fueron aprovechados, pues adquirió profundos conocimientos
en Cosmografía, Náutica, Matemáticas e Historia Natural.
Su generosidad le llevó a establecer en Sevilla una Academia y Colegio,
al cual dejó su Biblioteca, que a fuerza de trabajo y paciencia llegó
a reunir muchos volúmenes. También comenzó la fábrica de suntuoso
edificio fuera de los muros de la ciudad y próximo al Guadalquivir, que
la muerte le impidió ver acabada y que destinaba a los citados Colegio
y Academia.
Los muchos trabajos que sufrió durante su vida, los frecuentes viajes
en países de diferente clima, la escasez y mala calidad a veces de los
alimentos debilitaron su salud y abreviaron su existencia, la cual
terminó a las doce del día en la ciudad de Sevilla el 12 de julio de
1539. Otorgó su testamento en dicho día 12.
La _Historia del Almirante_, publicada después de otras producciones
suyas notables, fué escrita para desvanecer los errores que se habían
dicho y propagado acerca del descubridor del Nuevo Mundo.
Dicha obra, escrita en castellano, fué traducida al toscano por Alfonso
de Ulloa; pero habiéndose perdido toda aquella edición, de la lengua de
Toscana pasó a la de Castilla, siendo recopilada con los historiadores
primitivos de Indias en tres tomos en folio, ilustrados con eruditas
notas y copiosos índices por D. Andrés González Barcia, del Consejo y
Cámara de S. M. Divídese en ciento ocho capítulos.
La mencionada obra, que indudablemente tiene mucha importancia, termina
dando noticia de los padecimientos que a la vuelta del Nuevo Mundo
sufrió el Almirante a causa de las tempestades; en una de ellas (19
de octubre de 1504) se rompió el árbol mayor del buque y en otra la
contramesana. En mayo de 1505 pasó el Almirante a la corte. Ya había
muerto D.ª Isabel, muerte que sintió D. Cristóbal porque ella era la
que le apoyaba y favorecía, pues si D. Fernando le recibió con muestras
de cariño y le ofreció volverle a poner en su estado, su intención era
no dejar el absoluto dominio de lo conquistado y proveer a su voluntad
los oficios que le tocasen. Triste, contrariado y enfermo, se retiró a
la ciudad del Pisuerga, falleciendo el 20 de mayo de 1506.
F
LEYES QUE TENÍAN LOS INDIOS DE LA NUEVA ESPAÑA, ANAHUAC O MÉXICO, SEGÚN
FRAY ANDRÉS DE ALCOBIZ.
Si el hijo del principal era tahur, y vendía lo que su padre tenía, o
vendía alguna suerte de tierra, moría por ello secretamente ahogado; y
si era macehual, era esclavo.
Si alguno toma de los magueyes para hacer miel, y son de veinte,
págalos con las mantas que los jueces dicen; y si no las tiene, ó es de
más magueyes, es esclavo o esclavos.
Quien pide algunas mantas fiadas o emprestadas, y no las paga, es
esclavo.
Si alguno hurta alguna red de pescar, págala con mantas; y si no las
tiene, es esclavo.
Si alguno hurta alguna canoa, paga tantas mantas cuantas vale la canoa;
y si no las tiene, es esclavo.
Si alguna esclava pequeña, que no es de edad para hombre, alguno la
toma, es esclavo el que se echó con ella, si muere; de otra manera paga
la cura.
Si llevó a vender su esclava a Escapuzalco, do era la feria de los
esclavos, y el que se la compró le dió mantas, y él las descojó y se
contentó de ellas, si después se arrepiente, vuelva las mantas.
Si alguno quedó pequeñito y los parientes le venden, y se sabe después
cuando es mayor, sacan los jueces las mantas que les parecen para dar
al que lo compró, y queda libre.
Si algún esclavo se huye y se vende a otra persona, pareciendo, se
vuelva a su dueño, y pierde lo que dió por él.
Si alguno se echa con esclava, y muere estando preñada, es esclavo el
que con ella se echó; y si pare, el parto es libre y llévalo el padre.
Si algunos vendieron algún niño por esclavo, y después se sabe, todos
los que en ello entendieron son esclavos, y dellos dan uno al que lo
compró, y los otros los reparten entre la madre de quien era el niño
que vendieron, y entre el que lo descubrió.
Los que dan bebedizos para que otra muera, muere por ello a garrotazos,
y si la muerta era esclava, era esclava la que los daba.
Si hurtaban las mazorcas de maíz, de veinte arriba, moría por ello; y
si menos, pagaba alguna cosa por ello.
El que arrancaba el maíz antes de granado, moría por ello.
El que hurtaba el yete, que es una calabaza atada con unos cueros
colorados por la cabeza, con unas borlas de pluma en el cabo, de que
usan los señores, y traen en ellas polvos verdes, que son tabaco, moría
el que lo hurtaba a garrotazos.
El que hurtaba algún chalchuy en cualquier parte, era apedreado en el
tianguez, porque ningún hombre bajo lo podía tener.
El que en el tianguez hurtaba algo, los del tianguez lo mataban a
pedradas.
El que salteaba en el camino, era apedreado públicamente.
Era ley que el papa que se emborrachaba, en la casa do le hallaban
borracho, lo mataban con unas porras, y el mozo por casar que se
emborrachaba, era llevado a una casa que se decía telpuchcalli, y allí
le mataban con garrotes; y el principal que tenía algún cargo, si
se emborrachaba, quitábanle el oficio, y si era valiente hombre, le
quitaban el título de valiente.
Si el padre pecaba con su hija, morían ahogados con garrote, echada una
soga al pescuezo.
El que pecaba con su hermana moría ahogado con garrote, y era muy
detestable entre ellos.
Si una mujer pecaba con otra, las mataban ahogándolas con garrotes.
El papa que era hallado con alguna mujer, le mataban secretamente con
un garrote, e le quemaban, e derribábanle su casa, y tomábanle todo lo
que tenía, y morían todos los encubridores que lo sabian y callaban.
No bastaba probanza por el adulterio, si no los tomaban juntos, y la
pena era que públicamente los apedreaban.
_Algunas destas leyes no son auténticas, porque se sacaron de un
librillo de indios no auténtico, como estotras que se siguen, las
cuales son verdaderas._
En esto que se sigue no se trata más de decir y contar las leyes que
los indios de Nueva España tenían en cuatro cosas: la primera, es de
los hechiceros y salteadores; la segunda, es de la lujuria; la tercera,
es de las guerras; la cuarta, es de los hurtos.