EXPEDICIÓN DE JUAN DA NOVA.--SEGUNDA EXPEDICIÓN DE VASCO DE
GAMA A LA INDIA.--EXPEDICIONES DE ALFONSO Y DE FRANCISCO DE
ALBURQUERQUE.--FRANCISCO DE ALMEIDA ES NOMBRADO VIRREY DE LA
INDIA.--GOBIERNO DE ALFONSO DE ALBURQUERQUE: TOMA DE GOA Y
DE MALACA.--SUCESORES DE ALBURQUERQUE.--VASCO DE GAMA VIRREY
DE LA INDIA: SU MUERTE.--SUCESORES DE VASCO DE GAMA.--LOS
PORTUGUESES EN LAS MOLUCAS.--ANTONIO DE ABREU SALE PARA LAS
MOLUCAS.--AVENTURAS DE SERRAO.--VIAJE DE TRISTÁN DE MENESES.--VIAJE
DE ANTONIO BRITO.--PORTUGUESES Y ESPAÑOLES EN TIDOR.--GOBIERNO DE
BRITO.--GOBIERNO DE GARCÍA ENRÍQUEZ.
Antes de haber regresado Alvarez Cabral del Brasil y de la India--como
se dijo en el capítulo XXV--el Gobierno portugués formó una escuadra
compuesta de cuatro buques, la cual salió a la mar el 5 de marzo del
año 1501 bajo el mando del marino gallego Juan da Nova.
En su expedición Juan da Nova consiguió resultados mercantiles tan
satisfactorios como la anterior de Cabral. Descubrió a los 8° de
latitud Sur una isla que llamó de la _Concepción_, y que dos años
después, creyendo Alburquerque que él era el primer descubridor, le
dió el nombre de la _Ascensión_. El 7 de julio llegó a la bahía de
San Braz, al Este del Cabo de Buena Esperanza; en agosto estuvo en
Mozambique, después en Melinde y luego en Cananor. Dirigióse contra
una escuadra del soberano de Calcuta, que intentaba impedirle el paso,
echando a pique catorce buques. Regresó a Cochin y a Cananor, pudiendo
en estos puntos llenar las bodegas de sus naves y capturando luego
en el camino dos barcos de musulmanes cargados de especias, de cuya
mercancía se hizo dueño. A su regreso descubrió una isla a la que dió
el nombre de _Santa Elena_; isla que, según Barros, parece haber sido
colocada en aquel punto por Dios para dar nueva vida a todos los que
vienen de la India, porque allí se encuentra agua excelente y otros
refrescos en abundancia. Juan da Nova dió fondo en el puerto de Lisboa
el 11 de noviembre de 1502.
Después de la expedición de Nova, y sin embargo de que la ganancia
material no fué poca, se pensó por el gobierno si convenía o no
continuar aquel comercio con la India o limitarse al de la costa
de Africa con los negros, que era más fácil y menos costoso y
comprometido. Tuvo el Rey muchas conferencias con sus consejeros,
decidiéndose al fin proseguir los viajes, no sin castigar duramente a
los musulmanes. Se decidieron a ello, ya por las ventajas comerciales,
ya--y esto era lo más importante--por convertir aquellas regiones al
cristianismo.
Nueva expedición se encargó a Vasco de Gama, llevando a sus órdenes a
Sodré, la cual se componía de 20 buques, con 800 individuos armados. El
10 de febrero de 1502 salió Vasco de Gama con 15 buques, y el 1.º de
abril su sobrino Esteban de Gama con cinco buques. Casi al mismo tiempo
llegaron ambas secciones al término de su viaje. En Mozambique recibió
Vasco de Gama señaladas pruebas de amistad del jeque, que ya no era
el mismo de antes; en Quiloa, admiró la ciudad, que contaba con unos
12.000 habitantes, rodeada de bosques de naranjos, limoneros, granados
e higueras. Las casas estaban hechas de cal y canto con azoteas y un
piso superior de madera. Sometióse el jeque, que era árabe, y se obligó
a pagar al rey de Portugal un tributo anual de 500 meticales en oro
(584 cruzados), y consintió en que se izara en la torre de su palacio
la bandera portuguesa. De Quiloa marchó Vasco de Gama a Melinde, a cuyo
rajá, amigo de los portugueses, le invitó a una gran fiesta a bordo
de sus buques. Continuó Gama su viaje y en el mes de agosto encontró
a su sobrino Esteban con tres barcos y luego halló los dos restantes
en las islas Andiedivas. Detúvose en Baticola, puerto perteneciente
al reino de Bisnaga, y allí le dieron un suministro de arroz para su
gente. Siguiendo su ruta a Cananor, apresó, saqueó y quemó un buque
que regresaba de la Meca con peregrinos y mercancías. Tuvo Gama
audiencia solemne con el rajá de Cananor, a quien exigió que rompiese
sus relaciones mercantiles con Calcuta. Antes de llegar a Calcuta
recibió embajadas del Samorin ofreciéndole la paz; mas fueron tantas
las exigencias del portugués, que el soberano indio no pudo acceder a
ellas. Entre otras, pidió que el Samorin expulsase de la ciudad más
de 4.000 familias de árabes del Cairo y de la Meca establecidas allí.
Sin atender razones de ninguna clase, cañoneó dos veces a Calcuta,
destruyendo muchas casas. El Samorin entonces se dispuso a una guerra a
muerte. Mientras tanto Vasco de Gama se encaminó a Cochin, celebrando
un tratado de comercio con el rajá y recibiendo amistosa embajada de la
madre del soberano de Collam. Habiendo hecho su cargamento en Cochin
y Collam, pasó a Cananor en los comienzos de febrero de 1503. Pasado
algún tiempo emprendió su viaje de regreso, no sin dejar a Sodré con
cinco buques mayores y dos carabelas en el mar Índico, ora para tener
en jaque al Samorin, ora para proteger a los príncipes aliados. Llegó
Gama a Lisboa en septiembre de 1503.
Ni Vicente Sodré tuvo en jaque al soberano de Calcuta, ni protegió a
los príncipes amigos. El Samorin atacó por mar y por tierra al rajá
de Cochin, apoderándose del reino. Entretanto, el jefe de las fuerzas
portuguesas había ido a Guzerat y luego a la costa meridional de
Arabia, teniendo la desgracia de que furiosa tempestad destruyese parte
de sus buques, incluso el suyo, muriendo las dotaciones cerca de las
islas de Curia-Muria. Después de esta catástrofe, que ocurrió en el
mes de julio o de agosto del 1503, volvió a la India y se situó en las
Andiedivas, esperando refuerzos de su país.
Pronto iban a llegar los refuerzos con tanta ansia esperados. El 6
de abril de 1503 se hicieron a la vela desde Portugal a la India
tres buques al mando del insigne Alfonso de Alburquerque, llamado el
_Grande_ por los historiadores portugueses, y otros tres dirigidos por
Francisco de Alburquerque, primo de Alfonso. Así describe al primero
de estos capitanes uno de sus compatriotas: «Alfonso de Alburquerque
era--dice--de estatura mediana y de exterior agradable. Su larga cara,
de tez fresca y nariz aguileña, estaba adornada de hermosa barba,
blanca con el tiempo, que le llegaba a la cintura, dándole aspecto
venerable. Sabía perfectamente el latín y era prudente lo mismo en sus
palabras que en sus escritos. Era amado y a su vez temido, sin que su
benevolencia degenerara en parcialidad, ni sus reprensiones en dureza.
Cumplía siempre la palabra que daba, aborrecía la impostura y amaba la
justicia. Por mar y por tierra recibió muchas heridas, probando con su
sangre que no rehuía ningún peligro. Liberal hasta el exceso, cedía el
botín a sus capitanes, porque siempre se cuidaba más de la gloria que
de la adquisición de riquezas.» A Alfonso de Alburquerque acompañaba el
valeroso capitán Duarte Pacheco Pereira, y a Francisco de Alburquerque,
Nicolás Coelho, ya conocido desde el primer viaje de Vasco de Gama.
Las dos flotas llegaron en agosto a la costa de Malabar, primero
Francisco, el cual, con la ayuda de los buques que habían quedado de la
escuadra de Sodré, se dirigió a Cananor y Cochin. Cuando llegó Alfonso,
ambos jefes reinstalaron en su capital y dominios al rajá de Cochin
y levantaron en aquella población una ciudadela. Alfonso hizo sus
compras en Collam y Francisco en Cochin. A fines de enero salió Alfonso
de la India, dejando a su primo Francisco todavía ocupado en las
compras; fondeó el 3 de septiembre en el puerto de Lisboa. Francisco
de Alburquerque salió de la India el 5 de febrero. Sorprendido por
una tempestad en la costa Oriental del Africa, pereció juntamente
con Nicolás Coelho, salvándose sólo la tripulación de un buque de los
de la escuadra de Sodré. Entre tanto, Duarte Pacheco Pereira, que se
había quedado en la India, sostenía lucha empeñada y tenaz con el
Samorin de Calcuta. Luego Duarte fué nombrado administrador de los
establecimientos portugueses en la costa de Guinea; mas el Rey, dando
crédito a calumniadores, dispuso que cargado de cadenas fuese conducido
a Portugal, muriendo en la mayor miseria. El inspiradísimo Camoens
compara al infeliz Duarte con Belisario y censura con acritud al Rey
por su ingratitud, injusticia y codicia[648].
[648] _Os Lusiadas_, X, 22 a 25.
Nombrado virrey de la India Francisco de Almeida, bajo su mando aumentó
extraordinariamente el comercio de Portugal. Alfonso de Alburquerque
fué nombrado capitán general y gobernador de la India. Lo mismo bajo
el gobierno del uno que del otro, no dejaron los portugueses de pelear
con los naturales del país. En estas grandes y continuadas luchas la
fortuna sonrió algunas veces a los indios. También reinaba cierto
desconcierto y falta de armonía entre los capitanes portugueses. En el
Consejo general que celebraron los capitanes bajo la presidencia de
Alburquerque (12 de octubre de 1510), Fernando de Magallanes se opuso
a los planes de su jefe, lo cual fué motivo para que, contrariado el
dicho Magallanes y luego no atendido por el rey D. Manuel, abandonase
la India y se pusiera al servicio de España. El 20 de noviembre del
citado año, Alburquerque, al frente de una escuadra compuesta de 23
buques con 1.600 individuos de tropa, se presentó a la vista de Goa
y comenzó el ataque. El 25 de noviembre tomó la ciudadela por asalto
y en seguida la ciudad. Los portugueses acuchillaron con verdadera
crueldad a los musulmanes, lo mismo a los hombres que a las mujeres y
a los niños. Comprendieron los portugueses que para hacer de Goa el
centro del comercio entre el Occidente y la India anterior, necesitaban
apoderarse también de Malaca. El 1.º de julio de 1511 se puso enfrente
de Malaca. El sultán Mahmud encargó la dirección de la defensa de la
plaza a su hijo; pero, después de valerosa resistencia, cayó Malaca
a mediados de agosto. A los mahometanos, lo mismo que en Goa, no se
les dió cuartel. Portugal, pues, se estableció en la India, cuyos
príncipes, aunque de mala gana, reconocieron la soberanía de aquella
nación.
La impresión que causó en Europa la conquista de Malaca, fué inmensa.
El rey D. Manuel escribió al Papa, con fecha 6 de junio de 1513,
participándole las conquistas de la India; León X respondió con el
breve _Significavit nobis_, de 5 de septiembre del mismo año. Como el
sultán de Egipto no cesara de excitar a los príncipes indios para que
se levantasen contra los portugueses, prestándoles también auxilios
de buques y tropas, el rey D. Manuel instó al capitán general que
emprendiese una expedición al mar Rojo, con el objeto de cerrar,
tal vez en absoluto, el camino más importante del comercio árabe
con la India. En los comienzos del año 1513 preparó Alburquerque la
expedición, aunque sin prometerse felices resultados, indicándolo así
la comunicación que pasó a sus capitanes, diciéndoles que el rey D.
Manuel le había mandado diferentes veces hacer aquella expedición,
exigiéndole, por último, que la realizase en seguida.
Púsose en camino el 18 de febrero del citado año con 20 buques, 1.700
soldados portugueses y 800 soldados indios. En el puerto de Soco
(isla de Socotora), hizo provisión de agua dulce, penetró en aquel
mar interior que separa dos continentes, dirigiéndose a la ciudad de
Aden, que entonces, como al presente, era la llave del mar Rojo. A
Aden llevaban los buques malabares los productos de la India, y a Aden
acudían a hacer sus compras los comerciantes árabes. El gobernador
de Aden se llamaba Aben-abdel-vahal, que se preparó a resistir a los
portugueses. Comenzó la lucha, teniendo que retirarse Alburquerque
ante el decidido arrojo de los árabes. Aunque con ánimo de volver a
la lucha con más fuerzas, se dirigió a ocupar algunas islas del mar
Rojo, encaminándose hacia la de Camarán, situada en el golfo Arábigo
y cerca de la ciudad de Lohaya (a los 15°, 51' de latitud Norte y 40°
32' de longitud Este del Meridiano de Greenwich). En la isla abundan
los pozos de agua dulce. Permaneció algún tiempo en ella Alburquerque;
mas aquel clima cálido le causó muchas bajas, decidiéndose al fin a dar
la vuelta a la India. El 13 de julio pasó por Aden, y el 4 de agosto
tocó en el puerto de Diu, cuyo gobernador, Melec Eias, le permitió
el establecimiento de una factoría. Siguió ejemplo tan generoso el
emperador de Calcuta. Entonces los portugueses, correspondiendo a la
amistad de los indios, levantaron el bloqueo de las costas, dieron
pasaportes a los buques mercantes mahometanos y el comercio volvió a
florecer. Al año siguiente (1514), Pedro de Alburquerque, sobrino del
capitán general, fué a Ormuz para cobrar el tributo anual; y Jorge de
Alburquerque se dirigió con tropas frescas a Malaca, de cuya defensa
hubo de encargarse.
Cuando Alfonso de Alburquerque se ocupaba en arreglar los asuntos
interiores de la India, recibió carta del Rey, ordenándole que marchase
inmediatamente para Ormuz. Allá se encaminó, partiendo desde Goa el
21 de febrero de 1515 con 27 buques, 1.500 soldados portugueses y
700 indios. Aunque reinaba en Ormuz Rais Nordin, viejo y débil, el
verdadero gobernador era el persa Rais Ahmed, su sobrino. Ya estaba
decidido Ahmed a reconocer la soberanía del shah de Persia, única
manera de librarse del tributo molesto impuesto por los portugueses;
mas lo impidió la oportuna llegada de Alburquerque el 26 de marzo.
Dueño el capitán general de la ciudadela, nombró gobernador de ella a
su sobrino Pedro. En seguida, comprendiendo que Ahmed era un obstáculo
para sus planes, le hizo matar, restableciendo en su antiguo poderío
al anciano Rais Nordin, si bien los portugueses dominaban con su
flota el mar y desde la ciudadela a Ormuz. Dió muestras Alfonso de
Alburquerque de hábil político, mandando una embajada a Ismail, shah
de Persia, estableciéndose la más cordial amistad. Contribuyó a ello
la enemiga que a causa de la religión había entre persas y árabes,
pues los primeros eran mahometanos siitas y los segundos mahometanos
sunnitas. Enfermo el capitán general de disentería, oyendo el parecer
de los médicos, se decidió a volver a la India, zarpando de Ormuz en
los primeros días de noviembre. Al pasar por la costa de Omán, cerca
de Calhat, recibió la noticia por un barco árabe que venía de Diu,
que el Rey, desconociendo sus relevantes méritos, le había quitado el
mando, siendo nombrado sucesor suyo Lope Soarez. Con amargura exclamó
entonces: «¿Capitán general López Soarez? ¿No había otro? ¿Y el Rey
me envía con el caracter de capitanes y secretarios a hombres como
Diego Méndez y Diego Pereira, a quienes por sus delitos he enviado yo
presos a Portugal? Por servir al Rey me he enemistado con esta gente, y
ahora por amor de ellos me retira su confianza.» Deseaba por momentos
llegar a Goa, donde encontraría cartas que le explicasen su destitución
y en las cuales esperaba por lo menos que el Rey reconociera sus
méritos. Por consejo de sus amigos escribió a Don Manuel su última
carta: «Señor--le decía--estas son las últimas palabras que dirijo a
V. M., agobiado por la desgracia, después de tantas relaciones como
le he escrito con alegría y brío. Dejo aquí un hijo (natural) Blas
Alburquerque, y suplico a V. M. premie en él mis méritos. Los asuntos
de la India hablarán por sí y por mí.» Alburquerque murió a la vista de
Goa el 16 de diciembre de 1515, cuando contaba sesenta y tres años.
Ingrato fué el rey Don Manuel con el más notable de los caudillos
portugueses en la India. Los enemigos de Alburquerque le calumniaron
diciendo que quería hacerse soberano independiente de los citados
territorios, como lo indicaba los nombramientos que hizo en favor de
sus sobrinos, confiándoles la defensa de Malaca y de Ormuz. Jamás
pensó Alburquerque en ello, proponiéndose solamente nombrar en las
citadas plazas jefes de su confianza para mejor conservarlas en la
corona de Portugal. Alburquerque era justiciero, enérgico, generoso y
valiente hasta la temeridad. Así como Alejandro el _Macedónico_ procuró
que jóvenes griegos se casasen con mujeres asiáticas, Alburquerque
favoreció los matrimonios de los portugueses con jóvenes indias. A cada
nuevo matrimonio regalaba de los fondos públicos 18.000 reis; a los
portugueses que se establecían en el país repartió las casas y campos
de los musulmanes expulsados. Lo mismo que Colón, pensó en proyectos
absurdos y extravagantes; el genovés quiso conquistar la Palestina, y
el preclaro hijo de Portugal, entre otros proyectos, tuvo el de hacer
una expedición al mar Rojo, conquistar a Medina y llevarse los huesos
de Mahoma, con el objeto de obtener después en cambio el Santo Sepulcro
de Jerusalén, rescatándole del poder de los infieles. Los tres primeros
sucesores de Alburquerque no valían lo que él. Lope Soarez (1515-1519)
y Diego López de Sequeira (1519-1521) sufrieron algunos reveses, como
también Duarte de Meneses. Murió Don Manuel el Grande el 13 de enero
de 1521, sucediéndole su hijo Juan III; el nuevo monarca nombró como
sucesor de Meneses, con el título de virrey, al muy ilustre Vasco de
Gama. El 23 de septiembre llegó el nuevo virrey a Goa, dedicándose
inmediatamente a examinar la administración, harto desorganizada. Por
desgracia, murió el 24 de diciembre de 1524 en Cochin, y como Colón,
fué sepultado en un convento de San Francisco[649].
[649] Trasladáronse sus restos a Portugal, año 1538, y
sepultados en Vidigueira, donde el populacho destruyó el
sepulcro el 1840.
Enrique de Meneses sucedió a Vasco de Gama, que murió el 1526; después
gobernó Lope Vaz de Sampayo, y en seguida Nuño de Acuña (1528-1538),
terminando con él los grandes gobernadores de la India. Coronóse
de gloria en la conquista de la plaza de Diu, ciudad importante y
puerto formidable del reino de Guzerat. Dicha conquista ocasionó
guerra sangrienta con los turcos, los cuales tuvieron empeño en
reconquistarla. García de Noronha, sucesor de Nuño de Acuña, llegó
a Goa el 11 de septiembre de 1538 con una escuadra. No guardó
consideración alguna a su antecesor, hasta el punto que, pretextando
de que le hacían falta todos los buques, no quiso darle uno para su
viaje de regreso. «El hombre--escribe el Sr. Sophus Ruge--que había
ensanchado y engrandecido el poder de Portugal tan gloriosamente, el
que había levantado las fortalezas de Diu, Basein y Chalí, que según
Barros, eran tan importantes como Ormuz, Malaca y Goa, conquistadas por
Alburquerque, tuvo que contratar a su costa un barco para salir de la
India»[650]. Nuño de Acuña tuvo que prolongar su estancia en Cananor
hasta enero de 1538, y, cuando se embarcó, llevaba el germen de próxima
muerte. En efecto, siete semanas después falleció. Preguntándole en
sus últimos momentos si quería que llevasen su cadáver a Portugal,
contestó: «Si Dios tiene determinado que muera en el mar, quiero que
el mar sea mi tumba. La patria que tan ingrata se ha portado conmigo,
no debe conservar mis huesos.» También Publio Escipión, el vencedor
de Aníbal, terminó sus días en voluntario destierro, y al tiempo de
morir prohibió a sus parientes que llevasen su cuerpo a aquella ingrata
patria por la cual tanto había peleado y en la que reposaban las
cenizas de sus antepasados.
[650] Ob. cit., pág. 78.
Respecto al establecimiento de los portugueses en las Molucas
(Oceanía), después que el gran Alburquerque se hubo apoderado de
Malaca, envió a Antonio de Abreu con tres buques para visitar las
Molucas o islas de las especias (Halmaheza o Gilolo, Ternate y Tidor.
Ceram, Amboina, Banda y otras). Zarparon en diciembre de 1511 y fueron
a la costa septentrional de Java, luego a Amboina y por último a Banda.
Descubiertas las Molucas, último objeto de la política mercantil de
Portugal, Abreu regresó a Malaca y después a Portugal, en tanto que
Francisco Serrao, capitán de uno de los citados tres barcos[651],
pasaba a Ternate y se hacía amigo del Sultán del país, el cual era el
más poderoso de las Molucas, pues cada isla tenía su jefe o soberano
propio. Sucedió que un barco malayo con carga de especias y que varó
en la playa de Java, llevó la noticia a Malaca (1513) de las aventuras
de Serrao. Entonces se despachó a Antonio de Miranda de Azevedo con
una escuadra para ir a buscar a Serrao y demás compatriotas. Llegó
Azevedo, quien se encontró con que los dos sultanes rivales de Ternate
y de Tidor, que habían oído las hazañas de los portugueses, solicitaron
su amistad, y ambos le ofrecieron terreno para establecerse en su isla
respectiva, creyendo cada uno poder vencer a su rival con el auxilio
de los extranjeros. No aceptó el ofrecimiento Miranda de Azevedo,
quien se limitó por lo pronto a cumplir la orden que se le había
dado, llevándose la tripulación y dejando a Serrao en Ternate. Entre
las cartas que dió a Miranda para que éste las llevase a sus amigos
de la India, se halla una dirigida a Fernando de Magallanes, en la
cual exageraba la distancia de Malaca a las Molucas. Esta carta tuvo
consecuencias de gran importancia, porque no dudando Magallanes de la
veracidad de un amigo y creyendo exactas las distancias, tuvo como
cierto que las Molucas se hallaban más allá del Meridiano fijado como
límite entre los descubrimientos de españoles y portugueses. Fundándose
en estos hechos, determinó ir a las Molucas desde España, siguiendo la
ruta occidental, y tomar posesión de ellas en nombre del Rey Carlos I.
[651] Francisco Serrao no solamente tuvo la desgracia de que
naufragara el buque que sacó de Malaca, sino que también
perdió otro adquirido en Banda.
El portugués Tristán de Meneses en el año 1518 llegó a las Molucas,
encontrándose con Serrao en Ternate. Aunque el sultán de la citada isla
se ofreció a construir una factoría para los portugueses, Meneses no
aceptó el ofrecimiento, diciendo que su Rey le había mandado sólo a
comprar especias. Llenó su buque y tres más del país, dando el mando
de los últimos a Serrao, a Simón Correa y a Duarte da Costa. Terrible
tempestad dispersó la flotilla poco después de haber salido de Ternate,
teniendo que cobijarse Meneses en Banda, y los tres barcos del país
regresaron a las Molucas. Meneses se dirigió luego a las Molucas en
busca de sus compañeros, a quienes encontró en lucha con los indígenas
y llevando, desgraciadamente, la peor parte; entonces marchó a Amboina,
completó su cargamento y regresó solo a Malaca. Serrao pudo librarse de
la muerte que sufrieron las tripulaciones de los buques citados en la
isla de Batian y se quedó en Ternate.
Conocidos semejantes hechos en Lisboa, el Gobierno decidióse a enviar
respetable escuadra a las Molucas, confiando el mando a Antonio Brito.
Salió Brito de Portugal el año 1521 y después de sufrir terrible
tempestad, pudo llegar en febrero de 1522 a la isla de Banda; luego a
la de Batian, donde castigó a sus habitantes por la muerte que dieron
a los de la escuadra de Meneses; y al pasar por delante de Tidor, vió
con sorpresa a los españoles establecidos en la isla. Allí averiguó que
dos buques de una expedición mandada por Magallanes, ya al servicio de
Carlos I, había llegado a Tidor, siendo bien recibidos por el sultán
de la isla, hasta el punto de haberse quedado en calidad de factor,
después que se marcharon los dos barcos, Juan de Campos. Brito dispuso
que Campos fuera a Ternate, isla siempre fiel a los portugueses,
donde debió haber muerto el famoso capitán Serrao. Si estuvo acertado
Brito haciendo construir una fortaleza a la que dió el nombre de
San Juan Bautista, cerca de la ciudad, mereció severas censuras por
haber intervenido en el gobierno interior y supremo de la isla. Como
para nuestro objeto no tienen interés tales hechos, recordaremos que
durante el gobierno de Brito en las Molucas llegó Jorge de Meneses,
habiendo salido de Malaca el 22 de agosto de 1526, a un puerto de
Borneo, pasó después entre Joló y Mindanao, viniendo a parar a la
costa Septentrional de la Nueva Guinea, isla que se halla al Este de
las Molucas. Meneses, descubridor de la Nueva Guinea, arribó a Ternate
en mayo de 1527. Desde Ternate mandó también Brito una flota que
descubrió la isla de Célebes, la cual se halla al O. de las Molucas, y
cuyos habitantes no dejaron desembarcar a los portugueses, quienes a
su regreso a Ternate, fueron llevados por el monzón a la playa de una
de las islas Marianas o de los Ladrones, descubiertas ya entonces por
Magallanes y situadas al E. de Filipinas. Relevado Brito, fué nombrado
para sucederle García Henríquez. Más adelante los españoles dirigieron
expediciones a aquellas lejanas tierras, mereciendo entre todos el
primer lugar el guipuzcoano Miguel López de Legazpi.