EXPEDICIÓN DE ESPINOSA: FÚNDASE PANAMÁ.--EXPEDICIONES ORDENADAS POR
PEDRARIAS.--GIL GONZÁLEZ DÁVILA SE DIRIGE A NICARAGUA.--CIUDADES
FUNDADAS POR HERNÁNDEZ DE CÓRDOVA.--ANDAGOYA EN EL PERÚ.--SEGUNDO
VIAJE DE GONZÁLEZ DÁVILA DESDE SANTO DOMINGO A NICARAGUA Y
YUCATÁN.--EXPEDICIÓN DE CRISTÓBAL DE OLID: SU MUERTE.--PEDRO DE
ALVARADO SALE DE MÉXICO PARA GUATEMALA.--EXPEDICIÓN DE RODRIGO DE
BASTIDAS A COLOMBIA.--EXPEDICIÓN A VENEZUELA.--NUEVA CÁDIZ.--FAMOSA
EXPEDICIÓN DE FRANCISCO DE ORELLANA AL RÍO AMAZONAS.--LUCHAS DE
ORELLANA CON LOS INDÍGENAS.--LAS AMAZONAS.--IMPORTANCIA DE LA
EXPEDICIÓN.--SEGUNDA EXPEDICIÓN DE ORELLANA: DESGRACIAS DE ESTE
NAVEGANTE Y SU MUERTE.
Espinosa, sucesor del insigne cuanto desgraciado Vasco Núñez de Balboa
en la costa del Pacífico (y que lo mismo el uno que el otro se hallaban
bajo el mando superior de Pedrarias Dávila, gobernador del Darién) con
cuatro bergantines y la correspondiente tripulación y fuerza armada,
fundó en 1519 la colonia de Panamá, a la cual Carlos V concedió en 1521
el título y fueros de ciudad[636]. Espinosa sometió a la corona de
España los territorios del istmo, y Bartolomé Hurtado recorrió la costa
del Pacífico hasta el golfo de Nicoya a los 10° de latitud Norte.
[636] Panamá estuvo primero en otro sitio, como media legua
del que hoy tiene, a donde los vecinos se mudaron por la
comodidad del puerto.--_Colec. de doc. inéditos_, tomo IX,
pág. 80. Tiempo adelante, Felipe II, comprendiendo lo poco
saludable que era el clima de Panamá, mandó construir nueva
ciudad dos leguas más al Oeste.
Las expediciones que después ordenó Pedrarias de Avila, se dirigían
hacia el Noroeste, al contrario de las de Balboa, que se encaminaron
al Sur. Haremos sucinta relación de las expediciones de Gil González
Dávila y de Francisco Hernández de Córdova. También daremos noticia de
las que Hernán Cortés encargó a Cristóbal de Olid y a Francisco de las
Casas, llamando la atención, especialmente, la del capitán Pedro de
Alvarado.
Consideremos la expedición a _Nicaragua_. En los primeros años del
siglo XVI se hallaba en Panamá un hidalgo de la ciudad de Avila, que
se llamaba Gil González Dávila, antiguo criado del obispo Fonseca,
presidente del Consejo de Indias. Autorizóle el Rey para llegar hasta
las islas de la Especería, auxiliándole con algunos recursos. Marchó
a Castilla del Oro y se presentó al gobernador Pedrarias, quien no
tuvo para él las consideraciones que esperaba. Se decidió a construir
naves y comenzó a cortar la madera en Acla para llevarla al otro mar.
Aunque muchos le indicaron que su idea era descabellada, insistió en
su propósito y obligó a su gente a transportar los materiales a través
de las montañas del istmo, teniendo el sentimiento de ver morir más de
la mitad de su gente en tan penoso trabajo. Cuando la expedición se
iba a hacer a la vela, se notó que las maderas de los buques estaban
podridas y las embarcaciones, por tanto, no servían para nada. Aquel
hombre tenaz decidió hacer otros barcos, y puso manos a la obra en la
isla de las Perlas. Por entonces hizo las paces con Pedrarias. El 21 de
enero de 1522 salió de la isla de las Perlas, teniendo que desembarcar
pronto porque los cuatro buques necesitaban reparos de importancia.
Continuó su expedición por tierra, mientras que el piloto Andrés Niño
hacía la reparación de los barcos. Gil González atravesó parte del
territorio de la actual República de Costa Rica y entró en los dominios
de un cacique nombrado Nicarao, de donde vino el nombre de Nicaragua.
Recorrió los lagos de Nicaragua y de Managua; pero comprendiendo que no
tenía elementos para establecer una colonia, dió la vuelta a Panamá.
Veamos cómo en una carta relataba al Emperador sus expediciones:
«Andando yo en este medio tiempo por la tierra adentro, sosteniéndome
y tornando cristianos muchos caciques e indios, de causa de pasar los
ríos e arroyos muchas veces a pie y sudando, sobrevínome una enfermedad
de tollimiento en una pierna, que no podía dar un paso a pie, ni dormir
las noches ni los días, de dolor, ni caminar, puesto que me llevaban
en una manta atada en un palo, muchas veces, indios e cristianos en
los hombros, de la cual manera caminé hartas jornadas; pero por causa
que caminar desta manera me era el caminar muy dificultoso, y por las
muchas aguas entonces hacía, que era invierno, hobe de parar en casa
de un cacique muy principal, aunque con harto cuidado de velarnos;
el cual cacique tenía su pueblo en una isla que tenía diez leguas de
largo y seis de ancho, la cual hacía dos brazos de un río, el más
poderoso que yo aya visto en Castilla, en el cual pueblo tomé la casa
del cacique por posada, y era tan alta como una mediana torre hecha a
manera de pabellón armada sobre postes y cubierta con paja; y en medio
de ella hicieron para do yo estuviese una cámara para guardarme de la
humidad, sobre postes, tan alta como dos estados y dende a quince
días que llegué llovió tantos días, que crecieron los ríos tanto, que
hicieron toda la tierra una mar, y en la casa do yo estaba, que era lo
más alto, llegó el agua a dar a los pechos a los hombres». «Otro día...
me dijeron que el cacique me esperaba en su pueblo de paz, y llegado,
aposentóme en una plaza y casas del alrededor della, y luego me
presentó parte de quince mil castellanos, que en todo me dió, y yo le
dí una ropa de seda y una gorra de grana y una camisa mía y otras cosas
de Castilla, muchas; y en dos o tres días que se le habló en las cosas
de Dios, vino a querer ser cristianos él y todos sus indios e mugeres,
en que se babtizaron en un día 9.017 ánimas chicas y grandes... Pasados
los ocho días me partí a una provincia que está seis leguas adelante,
donde hallé seis pueblos, legua y media o dos leguas uno de otro, de
cada dos mil vecinos cada uno; después de abelles enbiado a decir el
mensaje y cosas que a este cacique Nicaragua, e aposentádome en un
pueblo dellos, y despues de venirme todos los señores dellos a ver y
héchome presente de oro y esclavos y comida, como es su costumbre,
y como ya ellos sabían que Nicaragua y sus indios se avían tornado
cristianos, casi sin hablar se lo vinieron a querello ser.»[637]
[637] _Carta del capitán Gil González Dávila a S. M. el
Emperador Carlos V, Rey de España, sobre su expedición a
Nicaragua_, Santo Domingo, 6 de marzo de 1524. Publicada por
D. Manuel M. de Peralta en su libro _Costa Rica, Nicaragua y
Panamá en el siglo XVI; su historia y sus límites_.--Madrid,
Imp. de M. Ginés Hernández, 1883.
Enterado Pedrarias Dávila de estos descubrimientos, equipó algunas
naves que puso bajo el mando de Francisco Hernández de Córdova, capitán
de su guardia, con encargo de fundar colonias en aquellas regiones.
A fines de 1523 salió Hernández de Córdova de Panamá, desembarcó en
el golfo de Nicoya y fundó, no lejos de la costa, una ciudad que
denominó _Bruselas_, donde había estado el pueblo indígena de Orotina
y que desapareció al poco tiempo. Pasó a la provincia de Nequecheri,
sosteniendo rudas batallas con los indígenas. Fundó la ciudad de _Nueva
León_, levantando en ella un templo y una fortaleza. Armó un bergantín
que había llevado en piezas y con él recorrió el lago y descubrió el
caudaloso río de San Juan, que desemboca en el mar de las Antillas.
Del mismo modo que antes había fundado Nueva León cerca de la bahía
de Fonseca, fundó después _Nueva Granada_ en el extremo Noroeste del
lago de Nicaragua. Hernández de Córdova hizo que los religiosos que con
él iban, acompañados de un capitán y algunos soldados, recorriesen la
tierra con el objeto de convertir y bautizar a los indios. Avanzó hacia
el territorio de Honduras, llegando cerca de Olancho. Al saber González
Dávila que se aproximaba Hernández de Córdova, resolvió defender
con las armas lo que consideraba como propiedad suya. Orgulloso
Hernández de Córdova con sus conquistas, quiso hacerse independiente
(siguiendo el camino que Balboa y otros subordinados de Pedrarias);
pero sus capitanes Hernando de Soto y Compañón se opusieron a ello
y se retiraron a Panamá. Es de advertir que a medida que prosperaba
Panamá, disminuía Santa María la Antigua, que fué abandonada del todo
en 1524. Cuando Pedrarias tuvo noticia de la traición que le hacía su
subordinado, reunió sus mejores tropas y se presentó de improviso en
Nicaragua, y reduciendo a prisión al jefe rebelde, le hizo decapitar en
Nueva León el 1526.
Bajo el gobierno de Pedrarias de Ávila y por orden suya, Andagoya
emprendió (1522) desde el golfo de San Miguel, en el istmo de Panamá,
una expedición a las costas del Sur, llegando--según dijo en su
relación--a una provincia que llamaban Birú y corrompido el nombre se
dijo _Pirú_. Encontró Andagoya bastante poblado el país y la gente
guerrera; pero a pesar de no pocos obstáculos, penetró en el interior y
recogió preciosos datos acerca de los territorios situados más al Sur y
el poderoso imperio que allí existía. Como el estado de su salud no le
permitiese seguir adelante, encargó empresa tan importante a Francisco
Pizarro.
En la primavera de 1524 salió Gil González de Ávila, de la ciudad de
Santo Domingo para Nicaragua y Yucatán, siguiendo la costa oriental del
istmo. Llegó a la embocadura del río Ulea, a cuya ría llamó _Puerto
de Caballos_, porque allí hubo de arrojar algunos para aligerar de
peso el buque. Siguiendo la costa por tierra hacia el Este, llegó al
cabo de Honduras, y volviendo al Sur, se dirigió por tierra al lago de
Nicaragua. Encontró en aquellos lugares algunos aventureros españoles
que formaban parte de la expedición que para conquistar el país había
mandado Pedrarias Dávila a las órdenes de Francisco Fernández de
Córdova. Gil González quitó a sus compatriotas (que eran inferiores en
número a los españoles que él llevaba) las armas y el oro que habían
reunido, regresando al Puerto de Caballos, donde se hallaban los buques.
Sorprendióle encontrar en el Puerto de Caballos a Cristóbal de Olid,
enviado de Hernán Cortés, quien le llamó intruso y le hizo prisionero,
alegando que aquel país pertenecía a México. Olid pobló, catorce leguas
más abajo de Puerto de Caballos, la villa del _Triunfo de la Cruz_,
extendiéndose luego por el país, con no poco contento de los naturales.
De otras partes vinieron a Olid malas nuevas. Hernán Cortés, noticioso
de que Cristóbal de Olid no le obedecía, envió contra él a Francisco
de las Casas. Pelearon Olid y Casas; mas luego vinieron a un acuerdo.
Cuando parecía que todo estaba en paz, ocurrió sangriento suceso. Casas
se arrojó sobre Olid y le hirió con un cuchillo en la garganta, y Luis
González le dió con una daga, en tanto que Mercado, otro conjurado, le
tenía por detrás. Pudo escapar Olid, si bien murió en seguida a causa
de las heridas. «Y de esta manera--escribe Herrera--acabó la valentía
y confianza de Cristóbal de Olid, capitán famoso, de los más famosos
de las Indias, si a la postre no mudara la mucha fe que siempre tuvo a
Cortés»[638]. Muerto Cristóbal de Olid, Francisco de las Casas proveyó
todos los oficios del pueblo en otras personas.
[638] _Década III_, lib. V, cap. XIII.
Anteriormente se ha dicho que Hernán Cortés, conquistador de México,
al mismo tiempo que encomendó la conquista de Honduras a los capitanes
Olid y las Casas, encargó de la de Guatemala al capitán Pedro de
Alvarado. De esta famosa conquista se tratará más adelante.
Digno, por varios conceptos, de especial mención, es el viaje realizado
por Rodrigo de Bastidas a Tierra Firme[639] en 1525[640]. Con fecha
del 6 de noviembre de 1524, desde Madrid, el Rey concedió a Rodrigo de
Bastidas, vecino de la ciudad de Santo Domingo de la Isla Española,
que poblase la provincia y puerto de Santa Marta, la cual se halla en
Castilla del Oro (parte de la Tierra Firme en la actual Colombia). La
había de poblar dentro de dos años, haciendo en ella un pueblo que lo
menos debería tener cincuenta vecinos. Pondría en la citada provincia
granjerías é crianzas, llevando al presente 200 vacas, 300 puercos, 25
yeguas y otros animales de cría.
[639] En Tierra Firme se formaron después el virreinato de
Nueva Granada y la Capitanía general de Caracas; al presente
las Repúblicas de Venezuela, Colombia o Nueva Granada y
Ecuador.
[640] Es el mismo escribano de Sevilla que en 1501--como ya se
dijo en el capítulo XXVI de este tomo--hubo de salir de España
y realizó famoso viaje por tierras americanas.
Dió el Rey a Bastidas el título de Adelantado y le concedió que
pudiese «repartir los solares é aguas é tierras de la dicha tierra
a los vecinos y pobladores della como a vos os pareciere, con tanto
que lo hayais de hacer con parecer de los Nuestros oficiales que a la
sazón allí residieren.» De igual modo le facultó para que hiciese una
fortaleza con el objeto de defenderse de los indios caribes. También
le concedió otras mercedes y libertades, no sin encargarle que tratara
a los indios como «libres é industriados en las cosas de Nuestra
Fe», pues «haciendo lo contrario caereis en Nuestra indignacion y
Mandaremos ejecutar en vuestra persona y bienes las penas en que por
ello oviéredes incurrido»[641]. Bastidas se dirigió a Castilla del Oro
(1525) y echó los cimientos de una ciudad, a la que le dió el nombre de
_Santa Marta_. Hombre de carácter dulce, contrajo amistosas relaciones
con algunos caciques, de los cuales obtuvo grandes cantidades de oro.
Como luego se negara a repartir los citados despojos, sus compañeros,
capitaneados por el miserable Juan de Villafuerte, le dieron de
puñaladas, hiriéndole gravemente. Mandados los conjurados a Santo
Domingo, allí fueron sentenciados a muerte; también al poco tiempo, de
resultas de sus heridas, murió Bastidas en la isla de Cuba.
[641] _Colec. de doc. inéd._, etc., tomo XXII, págs. 98-106.
Noticiosos algunos habitantes de la Isla Española (Santo Domingo) de
que Alonso de Ojeda, Pedro Alonso Niño y otros habían recogido gran
cantidad de perlas en aguas de las islas de Margarita y Cubagua,
fundaron una colonia en el último lugar, primer establecimiento
español en Venezuela. Si el comienzo de la colonia fué próspero por
la abundancia de perlas, pronto decayó a causa de la disminución de
la pesca, la cual era mayor en las islas de Coche y Margarita. Aunque
en el año de 1523 pasó aquella aldea a la categoría de ciudad, con el
nombre de _Nueva Cádíz_; aunque los neogaditanos hicieron ostentación
de poder cuando en 1528 fueron atacados, con escaso valor y poco
empuje, por filibusteros franceses, la ciudad llevó vida raquítica y
miserable hasta el 1543, en que fué arrasada por un vendaval, quedando
al poco tiempo despoblada.
Consideremos el descubrimiento del río de las Amazonas en el año
1541 por Francisco de Orellana. Procede recordar que Orellana ayudó
eficazmente a Francisco Pizarro en la conquista del Perú. Luego
Gonzalo, el menor de los hermanos Pizarro, nombrado gobernador de Quito
en el año 1540, emprendió atrevida expedición en busca de riquezas.
Pasó los Andes Orientales y bajó el río Napo, llegando quizá hasta
la catarata del Caudo. Allí, en medio de selvas intransitables y
careciendo de alimentos, se encontró en situación tristísima. Construyó
un barco y nombró capitán a Orellana, natural de Trujillo. Por algún
tiempo el buque en el río y las tropas en las orillas continuaron la
misma marcha, hasta que Orellana pasó adelante con orden de buscar
provisiones. Pasaron días y días. Gonzalo, considerando inútil aguardar
más tiempo la vuelta de Orellana, volvióse a Quito con su gente
diezmada por las calenturas y el hambre. Entonces supo la desgraciada
muerte de su hermano y la lucha entre el joven Almagro y Vaca de
Castro, representante el último del Gobierno de la Metrópoli.
Orellana, con su buque que tenía a bordo 50 hombres de tropa y dos
clérigos, bajó por el río Napo, encontrando la primera aldea india el
8 de enero de 1541. Habiéndole dicho los indígenas que se hallaban
próximos a un río mucho más caudaloso, dispuso construir otro
buque, que pronto estuvo listo. Acabado el bergantín y hechas las
reparaciones necesarias en el viejo barco y después de proveerse de
tortugas, gallinas y pescado que facilitaron los indios, siguió su
navegación[642]. El 24 de abril de 1541 salió del Asiento de Aparia.
Nuestros sufridos navegantes caminaron 80 leguas sin hallar indio
de guerra y luego penetraron en despoblados, continuando su camino
alimentándose sólo de hierbas y de maíz tostado.
[642] Véase Herrera, _Década VI_, lib. IX, cap. II.
El 6 de mayo llegaron a un Asiento alto y se detuvieron para pescar,
y el 12 del mismo mes arribaron a las provincias de Machiparo, donde
tuvieron que resistir las acometidas de belicosos indios. Continuaron
su camino río abajo, siempre peleando, distinguiéndose por su bravura
Cristóbal de Aguilar, Blas de Medina y Pedro de Ampudia. Seguidos
los castellanos por muchas canoas de indios, pudieron llegar a la
confluencia de tres ríos, siendo el Marañón el mayor de ellos.
«El 26 de febrero echaron ancla y bajaron a tierra, donde fueron
recibidos pacíficamente por los indígenas, sin otro inconveniente que
sufrir--como escribió el cura Carvajal--la _plaga egipcia_ de los
mosquitos. Más adelante sufrieron los ataques de tribus belicosas,
viéndose obligados a permanecer en el centro de la corriente donde
eran menos molestados, pues la humedad había inutilizado la pólvora
que llevaban y las cuerdas de sus ballestas. La víspera de la
Santísima Trinidad llegaron a la embocadura de un río que procedía
de la izquierda y que por aquel lado era el mayor de los afluentes
del Amazonas, y al cual, unos llamaron de la _Trinidad_, porque se
descubrió en la mencionada víspera, y otros río _Negro_, porque
sus aguas parecían negras como tinta»[643]. Pasando el río Negro
encontraron bastante más abajo el territorio de los _paguanas_, en el
que Orellana sostuvo diferentes combates con los indígenas. El 7 de
junio se hallaba en el país de los _picotas_, nombre que dió porque en
las orillas vió cabezas humanas clavadas en picas.
[643] Dr. Sophus Ruge, _Historia de los descubrimientos
geográficos_, pág. 187. Oncken, _Historia Universal_, tom. VII.
Algunos días después encontraron una comarca tributaria de las
_coniapayaras_, la cual estaba gobernada por 10 ó 12 mujeres Amazonas.
Eran--según Carvajal--altas, robustas, de tez clara y llevaban sus
cabellos en largas trenzas. Iban desnudas, armadas con arcos y flechas,
notándose por sus facciones y por su aspecto que parecían proceder
de una raza septentrional. Atacaron valerosamente a los españoles
y murieron en la pelea siete u ocho de ellas. Como se encontrasen
varias aldeas gobernadas por mujeres, recibió el río el nombre de las
Amazonas, que actualmente conserva. Debió Orellana encontrar estas
mujeres belicosas junto a la embocadura del Yamunda. Gomara califica
de _disparates_ lo que refiere Orellana de las Amazonas, añadiendo
lo siguiente: «Que las mujeres anden allí con armas y peleen, no es
mucho, pues en Paria, que no es muy lejos, y en otras muchas partes de
Indias lo acostumbraban; ni creo que ninguna mujer se corte y queme la
teta derecha para tirar el arco, pues con ella lo tiran muy bien, ni
creo que maten o destierren sus propios hijos, ni que vivan sin marido,
siendo lujuriosísimas. Otros, sin Orellana, han levantado semejante
hablilla de Amazonas después que se descubrieron las Indias, y nunca
tal se ha visto ni se verá tampoco en este río. Con este testimonio,
pues, escriben y llaman muchos río de las Amazonas, y se juntaron
tantos para ir allá.» En la citada embocadura del Yamunda se reembarcó
Francisco de Orellana, calculando ya haber recorrido más de 1.400
leguas. Bajó otras 150 y halló (24 de junio) un país poblado, que
recibió el nombre de _San Juan_. Pasó en seguida cerca de varias islas,
de las que salieron más de 200 piraguas tripuladas por 30 ó 40 indios
cada una. Orellana, aunque con algunas pérdidas, rechazó sus ataques.
Supo que todas aquellas islas obedecían a Caripuna, y por ello dió a
todo el archipiélago el nombre de aquel jefe. Notó por primera vez en
el río el influjo de las mareas. Desembarcó en el país de Chipayo para
reparar su nave, y allí sostuvo nuevo combate con los indígenas. Dióse
a la vela el 8 de agosto, y el 26 de dicho mes llegó al golfo de Paria,
en el Océano Atlántico Ecuatorial, no sabiendo dónde estaba ni adonde
debía dirigirse, confiando solamente en la misericordia divina. Los dos
buques doblaron, según Acuña, el llamado Cabo Norte, a 200 leguas de la
Trinidad, anclando (11 de septiembre) en la isla de _Cubagua_, junto
a la de las Perlas o sea Margarita, donde fueron recibidos por sus
compatriotas.
Orellana había navegado durante ocho meses, recorriendo--si no
mentían sus cálculos--1.800 leguas, desde que verificó su embarque
en el Amazonas hasta su salida al Océano Atlántico. En línea recta
las 1.800 leguas, quedarían reducidas a 700. El ilustre extremeño,
sin pensarlo siquiera, había descubierto y explorado el mayor río
de la América del Sur. «Este viaje novelesco--escribe el Dr. Sophus
Ruge--no tiene igual en la historia, a no ser el que hizo en el pasado
decenio el célebre Stanley, por el río Congo en Africa»[644]. «Sin
piloto ni astrolabio--dice el Sr. Coroleu--había hecho por regiones
ignotas y pobladas de indómitos salvajes una travesía igual en línea
recta a la distancia de 2.800 kilómetros, descubriendo el río más
caudaloso del mundo. No sin razón se ha dicho que en la historia de los
descubrimientos geográficos no hay ningún episodio comparable a éste
por su heroica grandeza y por la importancia de sus resultados. Pero
aquella expedición había pasado inauditos trabajos, cuya narración era
para entibiar el entusiasmo de los más animosos exploradores. La obra
de Orellana sólo podía continuarse disponiendo de grandes medios que no
suelen tener a mano los simples particulares»[645]. Orellana, desde la
citada isla de Cubagua envió al Rey minuciosa relación de su atrevido
viaje, marchando después con sus compañeros a la isla de Haití, y a la
cual llegó en 20 de diciembre de 1541.
[644] Oncken, _Hist. Universal_, tom. VII, pág. 188.
[645] _América, Historia de su colonización_, etc., tomo II,
pág. 85.
Orellana intentó colonizar el inmenso territorio descubierto, y a este
fin pasó a España el 1542, logrando lo que deseaba del gobierno de
Carlos V. Llamó al país que iba a colonizar _Nueva Andalucía_, porque
así como Andalucía estaba regada por el Guadalquivir, el río más
caudaloso de España, aquella región estaba regada por el Amazonas, la
corriente más poderosa del Nuevo Mundo. También encontró apoyo en el
país, consiguiendo para la ejecución de su proyecto cuatro buques y
400 hombres, con los cuales salió el 11 de mayo de 1545 de Sanlúcar de
Barrameda[646]. Tras larga y penosa navegación arribó a las Canarias,
en cuyo punto perdió una de sus naves y 148 hombres. Tres meses residió
en Tenerife y dos en Cabo Verde, viendo sus tripulaciones diezmadas
por la sed, y una tempestad le arrebató otro navío y 70 compañeros de
viaje. Habiendo llegado a la embocadura del Marañón, subió por el río
unas 100 leguas, saltando a tierra para construir un barco con los
restos de una de sus naves; perdió allí 57 hombres víctimas del hambre,
y 30 leguas más arriba se hizo pedazos su último navío. Detúvose
algún tiempo y continuó luego su viaje, buscando siempre la corriente
principal del Amazonas; murieron otros 17 españoles luchando con los
indígenas ribereños, y también el mismo Orellana, de dolor y de pena,
en las cercanías de Montealegre, en el territorio de los manoas. La
viuda de Orellana y los demás expedicionarios bajaron por el río, y
arrojados por el mar a las costas de Caracas llegaron, por último, a la
isla Margarita[647].
[646] Otros dicen que el 1544.
[647] Véase _Diccionario Hispano-Americano_, cuaderno 347,
pág. 298.