EXPEDICIÓN DE JUAN DÍAZ DE SOLÍS.--SEGUNDO VIAJE DE
SOLÍS.--EXPEDICIÓN DE FRANCISCO HERNÁNDEZ DE CÓRDOVA.--VIAJE DE
JUAN DE GRIJALBA A YUCATÁN.--FAMOSO VIAJE DE FERNANDO DE MAGALLANES
ALREDEDOR DEL MUNDO.--JUAN SEBASTIÁN EL CANO.
Ibase a descubrir el hermoso país del Río de la Plata. En tanto que
el Rey Católico parecía haber olvidado los descubrimientos, los
portugueses hallaron en Malaca rico comercio constituído por el clavo
y la nuez moscada. D. Fernando hubo de decidirse al fin a mandar una
expedición, recayendo el nombramiento de jefe de ella en Juan Díaz
de Solís, antes al servicio de Portugal y a la sazón muy quejoso
de la conducta que aquel gobierno había seguido con él. Mendes de
Vasconcellos, embajador portugués en España, por encargo del rey D.
Manuel, visitó varias veces al Rey Católico--pues a los portugueses les
tenía en mucho cuidado el tratado de Tordesillas--replicando siempre
D. Fernando «que su propósito era conservar la mayor armonía con su
hijo el de Portugal; que su mayor deseo era no dejar ninguna manera
de conflictos a sus nietos; y que si ahora era viejo y no estaba para
reyertas en los escasos días que le quedaban de vivir, mucho sería su
contento si al irse del mundo dejase asegurada de un modo firme la paz
de su casa.» Vasconcellos escribía luego a su soberano diciéndole:
«que todo no pasaba de muy buenas palabras». El embajador portugués no
descansaba un momento. Convencido que nada sacaba de provecho con sus
visitas al Rey Católico, llamó a Solís repetidas veces, no sólo para
repararle en sus agravios contra Portugal, sino principalmente para
averiguar lo que hubiese de cierto en la expedición a Malaca. Pensaba
el monarca lusitano que la citada expedición podía ocasionar la ruina
del comercio portugués en Asia, dada la intrepidez y deseo de riqueza
de la marina mercante española. Por entonces, habiendo muerto en
Sevilla (1512) Américo Vespucio, nombró el rey _Piloto Mayor del Reino_
a Solís. El nombramiento acrecentó los temores de Vasconcellos, quien
no paró hasta tener larga entrevista en Logroño, el 30 de agosto, con
Solís, de la cual sacó que el ilustre navegante estaría en disposición
de hacerse a la mar en abril del próximo año con tres barcos, uno
de 170 toneladas, otro de 80 y el tercero de 40, con el objeto «de
ver y demarcar los verdaderos límites de las posesiones castellanas
que por las alturas de la Malaca debían caer en dominio español.» D.
Manuel y su embajador insistieron con D. Fernando y Solís, dando por
resultado que el Rey Católico escribiera a Hurtado de Mendoza, quien
con el soberano portugués arreglaría el asunto. Mientras el embajador
español tranquilizaba a la corte de Lisboa, D. Fernando decía a los
oficiales de la Casa de Contratación que había suspendido el viaje a
la Especería. Los aprestos hechos para aquella empresa se utilizarían
en la exploración de las costas de Tierra Firme. ¿Fué el cansancio de
los años lo que obligó a D. Fernando a modificar sus planes? ¿Fué el
amor paterno, pues nietos suyos eran los hijos de D. Manuel? Tal vez ni
lo uno ni lo otro, llegándose a sospechar que todo había sido obra de
Solís.
Dícese también que la expedición que el citado piloto mayor hizo en
1512 fué preparada y por cuenta de él mismo. Ignoramos quién dió el
dinero para armar las carabelas y tampoco sabemos el día cierto en que
Solís se hizo a la vela. Tocó en el cabo de San Agustín, continuó su
camino y llegó al puerto de Maldonado (departamento hoy del Uruguay),
habitado por los charrúas. Apenas desembarcó, tomó posesión del país,
no sin que los indígenas manifestasen cierta admiración por las
ceremonias que hicieron al tomar dicha posesión. Cuando se hallaba
ocupado en adquirir datos acerca de la topografía y extensión de
aquella tierra, furiosa tempestad le obligó a alejarse de la costa,
perdiendo uno de los buques de la flota. Volvió Solís a España. De
aquella expedición se ignora también el día de llegada.
Expedición tan próspera animó a D. Fernando a despachar a Solís, con el
cual hizo asiento (24 noviembre 1514). Solís se hizo a la vela en el
puerto de Lepe (8 octubre 1515) con tres naves, encaminándose a Santa
Cruz de Tenerife. Salió de Santa Cruz, llegó al cabo de San Agustín y
ancló en el puerto de Río Janeiro (1.º enero 1516). Continuó corriendo
la costa hasta el cabo de Santa María, pasó las islas de Lobos, llegó a
Maldonado (2 de febrero), a cuyo puerto denominó de _Nuestra Señora de
la Candelaria_. Continuó su viaje, remontando el curso del río, dando
el nombre de _río de los Patos_ a la parte comprendida entre los 35°
hasta los 34 y 1/3, y siguió adelante, franqueando el abra, cuyas aguas
son dulces, y por ello llamó _mar dulce_ a su caudal. Continuó aguas
arriba con la menor de sus carabelas, y después de haber dejado atrás
una isla que bautizó con el nombre de _Martín García_, en recuerdo de
haber muerto allí un piloto así llamado, dió fondo en las costas de la
colonia. Acompañado del factor Marquina, del contador Alarcón, del
grumete Francisco del Puerto y de 50 marineros, desembarcó en el país,
siendo recibido por los indígenas a flechazos y pedradas. Allí murieron
Solís, Marquina, Alarcón y algunos marineros. Francisco del Puerto
fué herido y prisionero. Los pocos sobrevivientes huyeron a la costa,
donde se precipitaron a los botes y remando llegaron a la carabela. Los
charrúas les persiguieron hasta la misma orilla del mar. Los españoles
de la carabela acordaron partir en busca de los compañeros que habían
dejado atrás, y todos juntos, dirigidos por el piloto Francisco de
Torres, dispusieron la retirada. Desde que franquearon el cabo de Santa
María, fuerte temporal hizo naufragar una de las carabelas, muriendo
gran parte de sus tripulantes e internándose el resto a la ventura.
En la bahía de los Inocentes se proveyeron de madera brasil (palo de
Fernambuco), y a fines de agosto de 1516 llegaron a las costas de la
península. Poco antes se había mandado a Europa el primer cargamento
de dicha madera. La noticia de la feliz llegada de los expedicionarios
se comunicó a los gobernadores del reino el 4 de septiembre. Cinco
meses después Portugal reclamó contra los expedicionarios, pidiendo su
inmediato castigo. Consistió todo el provecho de este viaje en unos
500 quintales de brasil, 66 cueros de lobos marinos y una esclavita.
Expedición tan desgraciada, y la muerte del rey don Fernando el
Católico (1516), contribuyeron con sobrada razón a que por entonces,
o mejor dicho, en algunos meses no se pensara en viajes al Río de la
Plata. Recuerdos tan tristes apenas duraron un año.
Importante fué la expedición realizada por Francisco Hernández de
Córdova en el año 1517. Reunidos 110 compañeros españoles en Cuba,
acordaron, con beneplácito de Diego Velázquez, gobernador de aquélla
isla, nombrar por capitán a Francisco Hernández de Córdova, hombre
rico, para descubrir nuevas tierras. Con tres barcos dirigidos por
los pilotos Antón de Alaminos, Camacho de Triana y Juan Alvarez,
salió Hernández de Córdova de la Habana (8 de febrero). A los doce
días doblaron el cabo de San Antonio, navegando hacia donde se pone
el sol; después de terrible tormenta, y al cabo de veintiún días
de navegación, vieron tierra que antes nadie había descubierto.
Desde los navíos vieron un pueblo grande que denominaron _El gran
Cairo_. Una mañana llegaron algunos indios en cinco canoas y el jefe
de esta gente o cacique les rogó que fuesen a su pueblo; allí se
encaminaron los españoles; pero cuando habían penetrado en el monte
cayeron sobre ellos los indígenas arrojándoles flechas y piedras.
Huyeron vencidos por los nuestros, no sin sufrir unos y otros algunas
pérdidas. En aquél país encontraron algún oro. Siguieron navegando
hacia el poniente, descubriendo puntas, bajos, ancones y arrecifes,
y luego, a los quince días, un pueblo importante, y cerca de él
espaciosa ensenada. Llamaron al pueblo _Domingo de Lázaro_, porque fué
descubierto en un día de estos; los indios le denominaban _Quimpech_,
y los castellanos, tiempo adelante, cambiaron el nombre por el de
_Campeche_. También los naturales de aquella tierra les condujeron a
su pueblo, donde los sacerdotes (_Papas_) trajeron sahumerios como a
manera de resina (_copal_). En braseros de barro arrojaron leña, y
dirigiéndose a los castellanos les dijeron que antes que aquella leña
se quemase, los matarían. Retiráronse a toda prisa costa adelante;
mas luego desembarcaron en un pueblo que se llamaba _Potonchan_, cuyo
cacique les atacó con tales bríos que sucumbieron 50 de los nuestros,
dos prisioneros y muchos heridos, encontrándose entre los últimos el
capitán Hernández de Córdova, quien recibió doce flechazos. Acordaron
regresar a Cuba, deteniéndose al cabo de tres días para tomar agua en
un estero o río. El agua era salada y mala, y habiendo en aquél sitio
muchos lagartos, diéronle el nombre de _El Estero de los Lagartos_.
Se encaminaron a la Florida, y ya en ella el piloto Alaminos, con 20
soldados, bajó a tierra. Dijo el piloto que hacía diez o doce años que
allí estuvo con Ponce de León. Cogieron agua muy buena; mas los indios
cayeron sobre los españoles e hirieron algunos. Entre los heridos se
hallaba el piloto Alaminos. Embarcáronse con el agua tan deseada,
pasaron por las isletas que llaman de los _Mártires_ y llegaron al
puerto de Carenas o de la Habana. Después que Hernández de Córdova dió
a Velázquez noticia de las nuevas tierras descubiertas, se retiró a la
villa de Sancti Spíritus, muriendo a los diez días de resultas de sus
heridas[627].
[627] Bernal Díaz del Castillo, _Historia de los sucessos de
la conquista de la Nueva España_, capítulos I-VI, págs. 1-5.
Consideremos la importantísima expedición realizada por el capitán Juan
de Grijalba, preparada y dispuesta también por Velázquez. Grijalba
llevaba por piloto mayor a Antonio de Alaminos, y formaba parte de
ella Pedro de Alvarado. Salieron de Matanzas el 20 de abril de 1518,
entraron en el de Carenas el 22 y se dirigieron pocos días después al
cabo de San Antonio. El 3 de mayo reconocieron la isla de _Cozumel_,
que el capitán, por la solemnidad del día, denominó de _Santa Cruz_.
Siguió nuestra armada la costa. Pudieron contemplar los castellanos una
tierra tan productora como bella, poblada de pacíficos indios. El día
6 Grijalba, acompañado de 100 hombres armados y de un clérigo, saltó a
tierra, llegó a una torre que se levantaba no lejos del mar, y subiendo
a ella, tomó posesión en nombre de Su Alteza[628].
[628] De dicha torre, dice Oviedo lo siguiente: «Era un
edefiçio de piedra, alto é bien labrado. En el çircuyto tenia
diez é ocho gradas, é subidas aquestas, avia una escalera
de piedra que subia hasta arriba, é todo lo demás de la
torre paresçia maçiço. En lo alto, por de dentro, se andaba
alrededor por lo hueco de la torre a manera de caracol, é por
de fuera en lo alto tenia un andén, por donde podían estar
muchas gentes. Esta torre era esquinada, y en cada parte tenia
una puerta, por donde podían entrar dentro, y dentro avia
muchos ydolos.» Lib. 17, cap. 9.
Encontraron los españoles algunos indios, con los cuales conversaron,
desapareciendo los últimos al poco tiempo. Visitaron los nuestros
varios pueblos, cuyos edificios parecían hechos por españoles. También
hallaron muchos colmenares, abundando, por consiguiente, la cera y la
miel. Había, del mismo modo, liebres y conejos, y, según los indios, se
criaban puercos, ciervos y otros muchos animales monteses.
El 7 de mayo salieron de Cozumel, y, habiendo atravesado quince millas
de golfo, se encontraron en la isla de Yucatán. Vieron en seguida tres
pueblos de numeroso vecindario, formados de muchas casas de piedra,
torres muy grandes y bastantes casas de paja. Corrieron algún tiempo
por la costa, y allá, muy lejos, divisaron un pueblo tan grande, «que
la ciudad de Sevilla no podría parecer mayor ni mejor, y se veía en
él una torre muy grande.» Salieron de la isla de Yucatán, volviendo a
la de Cozumel o Santa Cruz, donde se proveyeron de agua y alimentos.
Pasaron por segunda vez a la isla de Yucatán y anduvieron por la costa,
encontrando una hermosa torre, habitada--según se decía--por mujeres,
tal vez de raza de Amazonas. Llegaron al país del cacique Lázaro,
tierra ya visitada en el año anterior por Hernández de Córdova. En
aquella isla cogieron agua en un pozo, donde también hubo de cogerla
el mismo Hernández de Córdova, y, después de obtener algunos obsequios
de oro, cuyo valor era escaso, recibieron repetidas veces la orden de
retirarse. «Pusieron en medio del campo un tiesto con cierto sahumerio,
diciéndonos que nos fuéramos antes que aquel sahumerio se consumiese,
que de no hacerlo así nos darían guerra. Y acabado el sahumerio nos
empezaron a tirar muchas flechas...»[629]. Reñido fué el combate,
muriendo varios indios y heridos algunos españoles.
[629] _Itinerario_ escrito por el capellán mayor de la dicha
armada.
Abandonaron el 29 de mayo el pueblo del cacique Lázaro, recorrieron
algunas tierras y el 31 encontraron un puerto muy bueno, que llamaron
_Puerto Deseado_, permaneciendo en él doce días, alimentándose de
exquisito pescado y encontrando también conejos, liebres y ciervos.
Posteriormente descubrieron una tierra denominada _Mulua_ y un río,
cuya agua dulce penetraba seis millas mar adentro. Pusiéronle por
nombre _Río de Grijalba_. Seguidos de muchos indios, unas veces en
actitud pacífica y otras veces amenazadores y belicosos, llegaron
a ver unas sierras altas, donde nace el río, y «esta tierra parece
ser la mejor que el sol alumbra.» Luego siguió costeando la armada
y los expedicionarios saltaron a una isleta que llamaron _Isla de
los Sacrificios_: en ella hallaron algunos edificios de cal y arena,
bastante grandes, y un trozo de edificio de dicha materia, «conforme
a la fábrica de un arco antiguo que está en Mérida, y otros edificios
con cimientos de la altura de dos hombres, de diez pies de anchos y
muy largos; y otro edificio de hechura de torre, redondo, de quince
pasos de ancho, y encima un mármol como los de Castilla, sobre el cual
estaba un animal a manera de león, hecho asimismo de mármol, y tenía un
agujero en la cabeza en que ponían los perfumes; y el dicho león tenía
la lengua fuera de la boca, y cerca de él estaba un vaso de piedra con
sangre, que tendría ocho días, y aquí estaban dos postes de altura de
un hombre, y entre ellos había algunas ropas labradas de seda a la
morisca, de las que llaman almaizares; y al otro lado estaba un ídolo
con una pluma en la cabeza, con el rostro vuelto a la piedra arriba
dicha, y detrás de este ídolo había un montón de piedras grandes; y
entre estos postes, cerca del ídolo, estaban muertos dos indios de
poca edad, envueltos en una manta pintada; y tras de las ropas estaban
otros dos indios muertos, que parecía haber tres días que lo fueron, y
los otros dos de antes llevaban al parecer veinte días muertos. Cerca
de estos indios muertos y del ídolo había muchas cabezas y huesos de
muerto, y había también muchos haces de pino, y algunas piedras anchas
sobre las que mataban a los dichos indios»[630].
[630] _Itinerario_, etc.
Fueron obsequiados por los indios con perfumes, con tortas y pasteles
de gallina, con mantas de algodón pintadas de diversos colores.
Trajeron oro fundido en barras y varias joyas de dicho metal. Cogían el
oro de los ríos y lo fundían en una cazuela. Cuando llegó el momento
de marcharse, los indios abrazaban a los españoles y daban señales de
tristeza. En piedras preciosas era tierra muy rica. Entre las muchas
piedras de gran valor, se hallaba una, destinada a Diego Velázquez,
que valía más de dos mil castellanos. Continuaron navegando cerca de
la costa, encontrando, ya gente pacífica, ya gente fiera. Rota una
tabla de la nave capitana, fué preciso componerla, y con este objeto
desembarcaron todo lo que tenía dentro y también toda la gente en
el puerto que se llama de San Antonio. Permanecieron quince días en
el dicho puerto hasta componer la nave. Dirigiéronse a un pueblo,
siendo recibidos con mucho cariño por los indios, quienes les dieron
de comer gallinas y les enseñaron mantas y bastante oro. Habiendo
dejado el puerto; se encaminaron a _Champoton_, pueblo de tristes
recuerdos, por cuanto en él fueron muertos por los indios algunos de
la armada de Hernández de Córdova. A un tiro de ballesta de la costa
se levantaba una torre, que fué ocupada por los nuestros, deseosos de
vengar la muerte de sus compatriotas. Acordóse al fin seguir adelante,
siempre descubriendo nuevas tierras, llegando el 5 de septiembre al
pueblo de Lázaro, donde intentaron proveerse de agua, leña y maíz.
Engañados por algunos indios se alejaron de la costa, hasta dar en una
celada, donde 300 les esperaban armados, y con los cuales tuvieron que
pelear. Salieron de allí el 8 de septiembre, navegaron algunos días,
consiguiendo entrar en el puerto de Jaruco el 4 de octubre. En el día
9, serenado ya el temporal, se trasladaron los navíos al puerto de
Matanzas, teniendo la dicha de encontrar al capitán Cristóbal de Olid,
que por orden de Velázquez había ido con un navío en busca de Grijalva.
Velázquez hizo que se reuniesen todos en la ciudad de Santiago para
aprestar de nuevo los buques y continuar sus expediciones. Entonces
Juan de Grijalva le presentó exacta relación de todos los sucesos de su
jornada, relación que luego se presentó al Rey. Hacía constar nuestro
intrépido navegante que había descubierto una isla llamada Ulúa, cuya
gente vestía ropas de algodón, habitaba casas de piedra y tenía sus
leyes y ordenanzas. Añadía--y esto le llamó mucho la atención--que
adoraban una cruz de mármol, blanca y grande, la cual tenía encima
una corona de oro; «y dicen que en ella murió uno que es más lúcido y
resplandeciente que el Sol.» Muestran su ingenio los indios de aquella
isla en algunos vasos de oro y en mantas de algodón con figuras de
pájaros y animales de varias clases. «Y es de saberse que todos los
indios de la dicha isla están circuncidados, por donde se sospecha que
cerca se encuentran moros y judíos, pues afirmaban los dichos indios
que allí cerca había gentes que usaban naves, vestidos y armas como los
españoles; que una canoa iba en diez días adonde están, y que puede ser
viaje de unas trescientas millas.» Aquí termina el Itinerario de la
isla de Yucatán, escrito por el capellán de la Armada[631].
[631] Joaquín García Icazbalceta, _Colección de documentos
para la Historia de México_, tom. I, págs. 281 y 308.--Obra
impresa el 1858.
El portugués Hernando de Magallanes[632] salió de Sanlúcar (20
septiembre 1519) con el mismo rumbo que cuatro años antes había llevado
Solís. En su juventud había pasado a la India (1505) con el virrey
Don Francisco de Almeida, distinguiéndose por su valor y prudencia en
la conquista de Mambaza y Quiloa. En la conquista de Malaca adquirió
gloria inmortal, salvando la vida del general Diego López de Sequeira
y de las tripulaciones de los buques. Cinco años después, por orden
de Alfonso de Alburquerque, y con el cargo de capitán de una de las
tres naves, salió de Malaca en demanda de las Molucas. Posteriormente,
creyendo que el rey de Portugal no había premiado sus servicios, pasó a
España y se ofreció a Carlos I.
[632] Nació en Oporto el 1470. En el año 1517 se trasladó
desde Portugal a España.
Aceptó sus ofrecimientos el Emperador, encomendando la dirección de la
empresa a Magallanes y Rui Falero, nombrando tesorero de la Armada, a
Luis de Mendoza; veedor general, a Juan de Cartagena, y maestre en la
nao _Concepción_, a Juan Sebastián de El Cano. Las naves se llamaban la
_Trinidad_, _San Antonio_, _Concepción_, _Victoria_ y _Santiago_. La
escuadra llegó sin novedad a las Canarias en seis días. Zarparon el 2
de octubre y pronto comenzaron las reyertas entre Magallanes y algunos
jefes. Los castellanos no perdonaban su nacionalidad al valeroso
capitán, distinguiéndose como el más imprudente de aquéllos Juan de
Cartagena. Magallanes le hizo prisionero, encargando su custodia a Luis
de Mendoza. El 8 de diciembre avistó la escuadra la costa del Brasil y
el 13 fondeó en Río Janeiro, donde hizo acopio de víveres. El 27 zarpó
a lo largo de la costa con rumbo al OSO. El 10 de enero de 1520 llegó
al cabo de Santa María y continuó navegando el río de la Plata. El 7
de febrero volvió a salir al Océano y el 24 descubrió extensa bahía,
a la que dió Magallanes el nombre de San Matías (hoy Bahía Nueva).
Soportaron los buques recios temporales, y el 31 de marzo entró la
armada en el puerto de San Julián. Como Magallanes indicase que se
proponía invernar allí, estalló terrible insurrección, dirigida por
Luis de Mendoza y Gaspar de Quesada, quienes pusieron en libertad a
Juan de Cartagena. En seguida se declararon en rebelión las naves _San
Antonio_, _Concepción_ y _Victoria_, mandadas, respectivamente, por
Quesada, Cartagena y Mendoza. Magallanes, al verse desobedecido por las
dos terceras partes de su armada, se decidió a pelear sin temor a nada
ni a nadie.
Todos los medios le parecían buenos si con ellos conseguía su objeto.
Envió a la _Victoria_ al alguacil Gómez de Espinosa con seis hombres
armados secretamente, los cuales mataron a Mendoza, y con el auxilio
de otros quince hombres que mandó Magallanes, se hicieron dueños de
la nao. Atemorizados los otros dos jefes, no hicieron resistencia,
pudiendo Magallanes tomar la _Concepción_ y _San Antonio_. Hizo
decapitar a Gaspar de Quesada y ordenó que fuesen abandonados en
aquella costa inhospitalaria Juan de Cartagena y al capellán Sánchez
de la Reina, que había tomado parte en la conjuración. Tales hechos
acaecieron en el puerto de San Julián. Perdióse navegando a lo largo de
costa unas cincuenta leguas la carabela _Santiago_ que mandaba Serrano:
salvados sus tripulantes, volvieron casi muertos de hambre y de frío
al puerto de San Julián. En aquellos lugares vieron por primera vez
salvajes de gran estatura, que tomaron por gigantes, y a los cuales
dieron el nombre de _patagones_, por el enorme tamaño de sus pies.
Magallanes, pasado el invierno, continuó su viaje. Nombró capitán de
la _San Antonio_ a Mezquita, de la _Concepción_ a Juan Serrano y de la
_Victoria_ a Duarte Barbosa. El 24 de agosto del mencionado año de 1520
salió de San Julián, llegando a mares completamente desconocidos. El
21 de octubre divisó un cabo, que denominó de las _Once mil Vírgenes_,
detrás del cual se encontró el Estrecho que buscaba[633]. No quiso
pasar adelante el piloto portugués Esteban Gómez, quien dijo: «Pues
que hemos hallado el Estrecho para pasar a las Molucas, volvámonos
a Castilla para traer otra armada, porque hay gran golfo que pasar,
y si nos tomasen algunos días de calmas o tormentas pereceríamos
todos.» Magallanes le replicó del siguiente modo: «Aunque tuviese
que comer los cueros de las vacas con que van forradas las entenas,
he de pasar adelante y descubriré lo que he prometido al Emperador.»
Por primera vez surcaron el Estrecho los españoles en veinte días sin
ver habitante alguno; sólo de noche en la costa del Sur distinguieron
muchas hogueras, y por ello llamaron aquella tierra _Tierra del Fuego_.
Una de las veces que se separaron los buques, Esteban Gómez sublevó la
tripulación de la nao _San Antonio_, puso preso al capitán Alvaro de
Mezquita, se dirigió a la costa de Guinea y desde aquí al puerto de las
Muelas de Sevilla, donde fondeó el 6 de Mayo.
[633] Recordó seguramente que Colón, en su segundo viaje, dió
a unas islas el mismo nombre.
El 27 de noviembre Magallanes, con las naves _Trinidad_, _Victoria_
y _Concepción_, salió al Océano Pacífico. Abandonaba aquel Estrecho,
llamado por él de _Todos los Santos_, en recuerdo de la fiesta que
celebra la Iglesia al comenzar el mes de noviembre; pero que la
posteridad le ha dado el nombre de _Magallanes_.
Durante el mes de noviembre navegó en demanda de más bajas latitudes,
no sin ser combatido por gruesas borrascas. El 24 de enero de 1521
descubrió una isla desierta, a la que llamó de _San Pablo_, y el 4 de
febrero otra isla, también desierta, que denominó de los _Tiburones_.
El 13 de Febrero cortó la equinoccial por los 147° de longitud Oeste.
A mediados de marzo dió vista a las islas de los _Ladrones_ (hoy
Marianas) y luego al archipiélago de San Lázaro (en la actualidad las
Filipinas). Fondeó la armada en la isleta de Mazaguá y prosiguió a la
isla de Cebú; allí halló víveres en abundancia a cambio de cascabeles
y cuentas de vidrio. Reconocióse el rey de Cebú vasallo del de España.
Peleando Magallanes con el soberano de Mactan, porque éste, si se
hallaba dispuesto a acatar al rey de España, no quería obedecer al
de Cebú, que era igual a él, recibió nuestro héroe una herida en la
pierna, y posteriormente un flechazo que le causó la muerte (26 agosto
1521). «Aun muriendo--escribe Pigafetta en su _Relación_--volvió, bajo
los golpes de los fieros indios, varias veces la cara hacia nosotros,
como para convencerse de que quedábamos a salvo, y como si solamente
se resistiese con tanta tenacidad para sacrificarse por nosotros.
Así cayó nuestro ejemplo, nuestra antorcha, nuestro consuelo y jefe
fidelísimo.» «Era--dice el Dr. Sophus Ruge--, no solamente un soldado
valiente y sufrido, que mejor que ningún otro soportó durante largos
meses el hambre y toda clase de privaciones, sino también un marino
inteligente que quiso que sus pilotos tuviesen siempre en cuenta las
indicaciones de la aguja de marear, cosa nada generalizada en su
tiempo, para no apartarse de la verdadera ruta de las Molucas. La
prueba más brillante de su grande numen y de su valor impertérrito,
está en haber sido el primero que emprendió una circunnavegación
del globo y realizó la parte más difícil de ella. La grandeza y la
importancia de esta empresa no fueron durante mucho tiempo apreciadas
como merecían, a causa, en primer lugar, de la rivalidad entre Portugal
y España. En Portugal no se apreciaron porque Magallanes servía al país
vecino, y en España no se tuvieron en la debida estima, porque era
portugués»[634].
[634] Dr. Sophus Ruge, _Historia de la época de los
descubrimientos geográficos_, págs. 196 y 197.--Oncken,
_Historia Universal_, tomo VII.
«Estuvo adornado--escribe nuestro Fernández Navarrete--de grandes
virtudes y mostró su valor y constancia en todas las adversidades:
su honra y pundonor contra las seducciones cortesanas; su lealtad
y exactitud en el cumplimiento de sus tratados y obligaciones; su
prudencia y moderación para oir siempre el dictamen ajeno; su arrojo e
intrepidez (que acaso rayó en temeridad) en las batallas y combates;
su severidad con los malvados; su indulgencia con los seducidos e
inocentes; su resignación en las privaciones, igualándose en ellas con
el último marinero; su instrucción en la náutica y en la Geografía,
al concebir un plan discretamente combinado para el descubrimiento
del Estrecho y completamente desempeñado, venciendo para ello los
obstáculos que presentaba la naturaleza, las contradicciones e intrigas
de los poderosos y de las pasiones turbulentas de los hombres: si se
halló el Estrecho o el paso de la comunicación de los dos mares; si
se dió la primera vuelta al mundo, con asombro de los coetáneos; si
por este medio se surcaron mares y mares, se descubrieron islas y
tierras desconocidas hasta entonces facilitándose el comercio y trato,
la civilización y cultura de sus habitantes; si las ciencias hallaron
nuevos objetos para extender la esfera de los conocimientos humanos,
todo se debió a Magallanes.»
Sucedió a Magallanes su primo Duarte Barbosa, que también al poco
tiempo fué muerto por los indios, y con él los capitanes de las naos
_Trinidad_, _Concepción_ y _Victoria_.
Desde Cebú marchó la flota a la inmediata isla de Bohal, y como no
hubiera gente para manejar los tres bajeles, se quemó la _Concepción_,
que estaba en peores condiciones. Siguieron su camino y fondearon en
la costa NE. de Mindanao; más adelante llegaron a Borneo en el mes de
julio. En Borneo fueron espléndidamente obsequiados, y allí obtuvieron
noticias exactas de las Molucas. El jefe de la escuadra, Juan de
Carballo, que sucedió a Duarte Barbosa, tuvo la desgracia de dejar a su
hijo y a otros dos españoles en poder de los indígenas: temiendo una
traición de los indios, zarpó a principios de agosto en demanda de las
Molucas.
Destituído Carballo de la jefatura, volvió a su condición de piloto,
siendo elegido general Gómez Espinosa y capitán de la _Victoria_ el
ilustre Juan Sebastián de El Cano. El 8 de noviembre se hallaba entre
las islas de Mare y Tidore, que eran del archipiélago de las Molucas.
El rey de Tidore fué amigo leal de los españoles. Cargaron las naves
de especiería; pero cuando se iban a dar a la vela se descubrió en la
_Trinidad_ una vía de agua por la quilla. Acordóse entonces que El Cano
con la nao _Victoria_ se dirigiera a España. Salió de Tidore el 21
de diciembre con sesenta hombres de tripulación, inclusos 13 indios.
Temporales, tormentas y borrascas se sucedían unas a otras; arroz y
agua era el alimento de aquellos desgraciados navegantes; extenuados
por el hambre y las fatigas, llegaron el 1.º de julio de 1522 al puerto
de Santiago de las islas de Cabo Verde, pertenecientes al rey de
Portugal. No encontrando allí la protección que esperaban, se hicieron
a la mar. Contaba El Cano con sólo 22 hombres, pues los demás habían
muerto durante la navegación; antes de llegar a España murieron otros
cuatro. El 15 de agosto pasó por entre las Azores, el 4 de septiembre
avistó el cabo de San Vicente y el 6 llegó a Sanlúcar de Barrameda.
Tres años menos catorce días había durado el viaje; la _Victoria_ había
cortado cuatro veces la equinoccial y recorrido 14.000 leguas; y Juan
Sebastián de El Cano había dado el primero la vuelta al mundo[635].
[635] Véase discurso leido en el Ateneo de Madrid, por D.
Pedro Novo y Colson el 17 de marzo de 1892.