DESCUBRIMIENTOS POSTERIORES AL DEL NUEVO MUNDO.--VIAJES DE LOS
CABOT BAJO LA PROTECCIÓN DE LA CORONA DE INGLATERRA.--VASCO DE
GAMA BAJO LA PROTECCIÓN DE D. MANUEL DE PORTUGAL.--EXPEDICIÓN DE
ALONSO DE OJEDA AL NUEVO MUNDO.--JUAN DE LA COSA Y AMÉRICO VESPUCIO
FORMAN PARTE DE LA EXPEDICIÓN.--VIAJE DE PERO ALONSO NIÑO.--VIAJE
DE VICENTE YÁÑEZ PINZÓN.--EXPEDICIÓN DE DIEGO DE LEPE EN EL CITADO
AÑO.--RELACIÓN DE AMÉRICO VESPUCIO.--EL PORTUGUÉS PEDRO ALVAREZ
CABRAL EN EL BRASIL Y EN LA INDIA.
Si en el capítulo XVIII de este tomo se dijo que juzgábamos de todo
punto interesante dar alguna idea de los descubrimientos que los hijos
de Portugal llevaron a cabo antes del año 1492, ahora debemos ocuparnos
de las expediciones que posteriormente a dicha fecha realizaron, ya los
ingleses, ya los portugueses, al Nuevo Mundo, y también--pues no dejan
de tener relación con la historia de América--las realizadas por los
sucesores del infante D. Enrique al Asia y a la Oceanía.
El descubrimiento del Nuevo Mundo por Cristóbal Colón despertó en
Inglaterra mucha afición a las empresas marítimas. Enrique VII,
mediante Real cédula firmada en Westminster (5 marzo 1496), dió
autorización a John Cabot o Gaboto, natural de Savona o de Castiglione
(Génova)[579] y establecido en Bristol (Inglaterra), y a sus tres hijos
Luis, Sebastián y Santos «para hacerse a la vela con dirección a todos
los puntos, comarcas y mares del Oriente, del Occidente y del Norte,
bajo nuestra bandera e insignias, con cinco bajeles, de cualquiera
carga o cabida que sean, y con tantos marineros u hombres como quieran
llevar consigo en dichos bajeles, a su propia costa y cargo, para
buscar, descubrir y encontrar cualesquiera islas, comarcas, regiones o
provincias de los salvajes idólatras e infieles, sean las que fueren,
y en cualquiera parte del mundo donde puedan existir, y que hayan sido
ignoradas antes de ahora de todos los cristianos»[580].
[579] Algunos dicen que era de origen veneciano (n. en 1451 y
m. en 1498).
[580] Hakluyt, _Viajes y descubrimientos_, tom. III. pág. 6.
Embarcóse Juan con su hijo Sebastián en los primeros días de mayo de
1497 en el puerto de Bristol. Llevaba una escuadra compuesta de una
nave y tres o cuatro buques e hizo rumbo hacia el Oeste. Hállase la
siguiente nota en la crónica de la ciudad: «En 24 de junio de 1497
descubrieron a Terranova hombres de Bristol que tripulaban un buque
llamado _Matthaens_». Otra nota que se encuentra en las cuentas
del dicho Rey y que debe referirse a Cabot, dice así: «Diez libras
(esterlinas) para el que descubrió la nueva isla»[581].
[581] _Los Estados Unidos de la América del Norte._ Historia
Universal de Oncken, tom. XII, páginas 3 y 4.
Recibió dicha cantidad a su regreso de la costa de América. En
efecto, el 24 de junio divisaron tierra por vez primera. Aquella
tierra era la costa del Labrador y la llamaron _Terra prima vista_;
también descubrieron una isla que denominaron _Isla de San Juan_, en
conmemoración del día en que fué descubierta, la cual estaba «llena de
osos blancos y de ciervos, mucho mayores que los de Inglaterra»[582].
Costearon en una extensión de 300 leguas el continente descubierto y
emprendieron el viaje de vuelta, llegando a Bristol en agosto del mismo
año.
[582] Haydwar, _Vida de Sebastián Cabot_, pág. 8.
En 3 de febrero de 1498 el Rey otorgó una carta autorizando a Cabot
para alistar una flota de seis buques y proseguir sus descubrimientos.
No debió Juan Cabot aprovechar esta segunda carta.
Sebastián Cabot, utilizando probablemente la carta real otorgada a su
padre, salió en mayo de 1498 con dos buques: se proponía descubrir
el supuesto paso septentrional para ir directamente a las Indias
Orientales.
[Ilustración: Sebastián Caboto.]
Llegó, según se cree, a Terranova, y después alcanzó el continente,
desembarcando en varios puntos, y estuvo quizá en la actual bahía de
Chesapeake. Hizo un segundo viaje hacia el Noroeste, probablemente en
1503; consta en la crónica de Roberto Fabián que de las islas recién
descubiertas trajo algunos indígenas salvajes, vestidos de pieles.
Posteriormente--si damos crédito a algunos cronistas--, el mismo
Sebastián realizó un tercer viaje el 1517. En esta expedición entró en
la bahía de Hudson y llegó hasta los 67 grados de latitud Norte; pero
la tripulación, aterrada ante la vista de inmensos bancos de hielo en
el mes de julio, exigió no seguir adelante, teniendo Cabot, a disgusto
suyo, que regresar a Inglaterra.
En suma, de las expediciones de los Cabot se deduce que subieron hasta
la extremidad Norte del Estrecho de Davis, tal vez pasaron a la bahía
de Hudson, y volviendo hacia el Sur, descubrieron la isla de Terranova,
que denominaron _Tierra de los Bacalaos_ y siguieron costeando hasta
5 grados Norte de la Florida. Parece ser que llegaron hasta el cabo
Hatteras.
Tiempo adelante Sebastián marchó a España. Dícese que cuando Carlos
de Gante vino a ceñir la corona, se apresuró Cabot a ofrecerle sus
servicios, los cuales fueron aceptados por el Rey, quien le nombró
piloto mayor con el sueldo de 125.000 maravedís (300 ducados).
Sostienen varios autores que antes había estado bajo las órdenes
de Fernando el _Católico_, y probado se halla que después de su
nombramiento de piloto mayor, volvió el 1519 a Inglaterra, aunque por
poco tiempo. Disgustado Cabot lo mismo con el Gobierno español que con
el de Inglaterra, por el año 1522 se dirigió secretamente--según las
relaciones y comunicaciones del embajador veneciano Contarini--a la
república de Venecia, ofreciéndole descubrir un camino a la China por
el Noroeste; mas no fué oído. Por tercera vez vino a España y en esta
ocasión tuvo más suerte, pues logró el mando de una expedición, con
orden de seguir camino determinado, penetrar en el Pacífico y continuar
hasta las Molucas. Aunque duró la expedición desde el año 1526 hasta el
1530, el intrépido navegante sólo llegó hasta el río de la Plata.
A su vuelta fué preso, pues se le atribuyó no poca torpeza o desidia,
siendo desterrado en 1532, por dos años, a Orán. Indultado el 1533 por
Carlos I, continuó al servicio de España hasta que a fines de 1547
marchó a Inglaterra. El gobierno de Eduardo VI le nombró (1549) piloto
mayor con el sueldo de 166 libras esterlinas anuales, y, aunque el rey
de España le reclamó varias veces, el Consejo de la Corona de aquella
nación declaró que Cabot era súbdito de Eduardo VI y que nadie podía
obligarle a salir del territorio británico. Poco después el inconstante
Cabot, poco agradecido a los favores del gobierno inglés, ofreció sus
servicios, en agosto de 1551, a Venecia, no sin prometer que iría a
China por un camino sólo conocido por él. Debió morir Sebastián Cabot
por el año 1557 o un poco antes, en Londres. Sin embargo de haber
pasado la segunda mitad de su vida aventurera en proyectos y sin
embargo de su poca formalidad en el cumplimiento de sus compromisos,
no puede negarse que dió gran parte de un continente a Inglaterra,
contribuyendo como ninguno al poder marítimo de nación tan poderosa.
Si España fué ingrata con Colón, Inglaterra lo ha sido más todavía
con Sebastián Cabot, pues ni humilde monumento indica dónde yacen sus
cenizas, llegándose hasta desconocer la fecha de su fallecimiento. Los
dos Cabot, padre e hijo, fueron los primeros que intentaron hallar
una ruta a la China y a la India por las regiones árticas, logrando
entusiasmar a los ingleses por las expediciones y descubrimientos. «En
las expediciones hechas--dice el Dr. Sophus Ruge--bajo los auspicios
de la reina Isabel en dirección Oeste y Noroeste, se fundan las
pretensiones de la Corona de Inglaterra a sus dilatados dominios en
América»[583].
[583] Ob. cit., pág. 207.
Bajo el reinado de D. Manuel el _Grande_, sucesor de Juan II, Vasco
de Gama, al frente de los navíos _San Rafael_, _San Gabriel_ y _San
Miguel_, salió del puerto de Lisboa el 8 de julio de 1497. A las
órdenes de Vasco de Gama, que montaba el _San Rafael_, iban su hermano
Pablo, capitán del _San Gabriel_ y Nicolás Coelho, que dirigía el
_San Miguel_. Como organizador de la pequeña flota se nombró al
perito Bartolomé Díaz, con orden de ir acompañando a la expedición
hasta la factoría de La Mina en la costa de Guinea. Antes de salir la
expedición, D. Manuel entregó a Vasco de Gama cartas de recomendación
para el Preste Juan, para el soberano de Calcuta y para otros príncipes
de la India. Pasaron los expedicionarios por las Canarias, luego por
las islas de Cabo Verde, y descansaron algunos días en Santiago,
donde se separó Bartolomé Díaz para dirigirse a la factoría de La
Mina, a donde había sido destinado. Vasco de Gama tomó rumbo hacia
el Sur sin fijarse en la costa, no sin sufrir grandes trabajos a
causa de terribles y contínuas tempestades. Quisieron volverse atrás
las tripulaciones; pero Gama se negó a ello y aun amenazó a los más
impacientes. Después de cuatro meses largos de grandes padecimientos,
entró la flotilla en la bahía de Santa Elena y dobló el 22 de noviembre
el _Cabo de las Tormentas_ (Cabo de Buena Esperanza). En los primeros
días de enero del año 1498, y habiendo sufrido trabajos sin cuento, se
aproximó Vasco de Gama a las costas, entró el 6 de dicho mes y año en
el río que llamaron de los Reyes, por la fiesta de los Santos Reyes,
buscó la alta mar temiendo la violenta corriente del Mozambique, pasó
por delante de Sofala, llegó a la embocadura del Zambesi (río dos bons
Sinaes), donde encontró por primera vez mestizos de tez clara que
hablaban el árabe.
Permaneció un mes en la isla y puerto de Mozambique, ya para reparar
los barcos, ya para dar descanso a la gente. Allí plantó un padrón
con la inscripción en lengua portuguesa que decía: «Del señorío de
Portugal, reino de cristianos.» En aquel punto tan abrigado de la
citada isla se habían establecido los árabes, haciendo de él centro
de comercio con los negros, que les daban, en cambio de sus géneros,
ore, marfil, cera y otros productos propios del país. El jeque del
puerto era súbdito del soberano árabe de Quiloa, quien, después de
recibir varios regalos de Gama, hizo una visita a bordo, llevando en
su compañía muchos mestizos. Con toda clase de honores fué recibido
por los capitanes de los buques, oyendo de boca de Gama, y mediante
el intérprete, que el Rey más poderoso de la cristiandad les enviaba
a la India, que llevaban dos años luchando con las borrascas del mar,
y que deseando visitar pronto al país de las especias, le suplicaban
les diese pilotos prácticos conocedores de aquellos mares. Volvió a
tierra el jeque y en seguida envió víveres frescos, como también tres
abisinios en calidad de prácticos. Del mismo modo un moro llamado
Davané se ofreció generosamente a acompañar a los portugueses a la
India. El jeque y los abisinios, sabiendo que los expedicionarios
eran cristianos, decidieron, en tanto que la tripulación portuguesa
se hallase en tierra cargando agua dulce, apresar los barcos. El plan
fracasó, gracias a la fidelidad de Davané. El citado jeque quiso
sincerarse de su conducta y envió otros prácticos; pero--como luego se
vió--ellos tenían el encargo de conducir los barcos entre arrecifes de
coral. Emprendieron al fin la marcha, y como Davané aprendiera pronto
el portugués, pudo dar al jefe de la expedición importantes noticias
sobre el comercio en aquellos mares. Por cierto, que como uno de los
prácticos condujese a los buques entre bajíos de un grupo de islas, fué
azotado por su traición, y en recuerdo del hecho, Vasco de Gama llamó
a estas islas _del Azotado_ (Ilhas do Azoutado). Siguieron la costa
hasta Quiloa, puerto a donde acudían--según dijeron--hasta cristianos
de Armenia; mas vientos contrarios impidieron que los buques se
aproximasen. Tuvieron que emprender nuevamente el camino, llegando en
la última semana del mes de abril a Mombaza.
Abandonó a Mombaza, cuyo jeque, lo mismo que el de Mozambique, intentó
una traición. Por el contrario, el jeque de Melinde recibió a Gama con
toda clase de honores. Dejaron la costa africana el 24 de abril, y a
los veintidos días tocaron los portugueses en las playas de la India.
El 20 de mayo entró la expedición en el puerto de Calcuta, capital del
imperio del Malabar. A cierta distancia de la población, en medio de un
bosque de palmeras se hallaba la residencia del _Samorín_ o _Samudrin_
(Señor del mar). El comercio oriental estaba en manos de los musulmanes
(árabes, egipcios y moros de Túnez y de Argel). Cuando Vasco de Gama
llegó a la vista del puerto de Calcuta, se le acercaron en una lancha
de pescadores dos moros de Túnez que hablaban italiano y español,
quienes saludaron a los portugueses con las siguientes palabras:
«Lléveos otra vez el demonio que os ha traído.» Después de varios
hechos de menos importancia, Vasco de Gama se presentó al Samorín,
haciéndole entrega de una carta que llevaba del rey D. Manuel, a la que
contestó el soberano de Calcuta lo siguiente: «Vasco de Gama, noble
de vuestra casa, ha visitado mi reino con lo cual he recibido gran
satisfacción. En mi país abundan la canela, los clavos de especia, el
jengibre y la pimienta. Tengo perlas y piedras preciosas. Lo que deseo
de vos es oro, plata, coral y escarlata.» Hicieron los portugueses
algunas compras y levaron anclas ante la actitud poco amistosa del
Samorín y la enemiga de los mahometanos.
Tocaron en el puerto de Cananor, cuyo soberano indio se manifestó
muy complaciente con Vasco de Gama, hasta el punto que le invitó a
detenerse en sus dominios. Además mandó algunas lanchas a los buques
con agua, leña, gallinas, nueces de coco, pescado seco, higos y otros
víveres, diciéndoles que aceptasen aquellos géneros como regalo, ya
que no querían dar fondo en el puerto. También les ofreció especias
para completar sus cargamentos, de mejor calidad y más barata que
la comprada por ellos en Calcuta. Ante conducta tan generosa, Vasco
de Gama pidió los artículos que necesitaba y que le fueron enviados
inmediatamente, siendo pagados con coral, cinabrio, cobre y latón. En
seguida Vasco de Gama, acompañado de su hermano y de Coelho, celebró
una entrevista con el monarca indio, cambiándose regalos con gran
contento de portugueses é indios.
Hízose a la vela Gama, y en una isla pequeña situada a los 13° 20'
de latitud Norte, plantó un padrón con el nombre de _Santa María_,
llamándose así la isla desde entonces. Marchó siempre al Norte hasta
el grupo de las Andiedivas (cinco islas), situadas a los 14° 45' de
latitud Norte y unas 12 leguas de Goa. Las Andiedivas formaban parte
del gobierno de Goa, y éste, a su vez, del Imperio de Bidyapur, cuyo
soberano se llamaba Yusuf Adil Khan, y también Sabai (Sabayo, según los
historiadores portugueses) por ser natural de Sava, cerca de Hamadan
(Persia Occidental). Al tener noticia el gobernador de Goa de la
estancia de los extranjeros en las Andiedivas, dispuso que el capitán
del puerto--un hebreo procedente de España, expulsado de ella cuando
Granada fué tomada por los Reyes Católicos y a la sazón en la India
después de pasar por la Turquía y la Meca--se apoderase, cuando los
portugueses se hallasen descuidados, de sus buques. Conocedor Vasco de
Gama de tales proyectos por los pescadores indios que traficaban con
él, tomó sus disposiciones, y cuando poco después pasó el judío en
una barca saludando en español, le dejó acercarse y le invitó a subir
a bordo. Hecho esto, Vasco de Gama le mandó atar, amenazándole con el
tormento si no confesaba todo su plan. Lo confesó el judío y fué tan
débil, que acompañó a los portugueses al sitio donde él tenía apostadas
sus barcas (fustas), para caer sobre los citados extranjeros. Unos
indios fueron muertos y otros reducidos a prisión, y si damos crédito
al historiador Barros, el israelita se convirtió al cristianismo y
recibió el nombre de Gaspar Gama. Lo cierto es que ya no se separó de
los portugueses, a quienes acompañó en posteriores expediciones y les
hubo de aconsejar la favorable situación del puerto de Goa, como centro
y base de sus empresas mercantiles.
Salió Gama de aquellas costas, divisando el 2 de enero de 1499 tierra
africana cerca de Magadochu y llegando al puerto de Melinde el 8 del
citado mes y año. Volvió el soberano de Melinde a recibir amistosamente
a los portugueses, a quienes proveyó de víveres; a la despedida entregó
a Gama una carta para el rey Don Manuel, ofreciéndole que tanto él como
sus compatriotas serían siempre bien recibidos en sus futuros viajes
a la India, si tocaban en sus puertos. El 2 de febrero, después de
perder uno de sus buques, plantó el último padrón llamado _San Jorge_,
en una isla cerca de Mozambique. Doblaron felizmente los portugueses
el cabo de Buena Esperanza; luego, cerca del Ecuador y de las aguas
de Guinea, la atmósfera, cargada de miasmas, causó en la tripulación
varias víctimas. Como los buques hacían también agua y apenas podían
sostenerse a flote, Gama hubo de arribar a la isla Tercera de las
Azores, donde murió su hermano Pablo, siendo enterrado en el convento
de San Francisco, en Angra.
Al poco tiempo Vasco de Gama emprendió su viaje, llegando a la capital
de Portugal. Concedió el Rey a Vasco de Gama la nobleza y el título de
Almirante de los mares de la India, una participación de 200 cruzados
anuales en el comercio de especias sin pagar flete ni alcabalas y por
vía de regalo único 20.000 cruzados y 10 quintales de pimienta. Los
herederos de Pablo de Gama recibieron la mitad de todo lo que se dió
a Vasco. Nicolas Coelho fué recompensado con 3.000 cruzados por cada
mes de viaje y un quintal de todas las drogas; también se le concedió
el mando de un buque en todas las expediciones que fuesen a la India,
teniendo el derecho de ceder o vender la plaza a otro si él no quería
ir. Cada patrón y piloto recibió medio quintal de especias, excepto
canela y corteza de nuez moscada, porque de éstas se había traído poco.
Iglesias y conventos recibieron de igual manera grandes regalos, y los
reyes asistieron a las procesiones y misas que, con motivo tan grato,
se celebraron en Lisboa. «Tanta liberalidad--escribe el doctor Sophus
Ruge--prueba la grandísima importancia que se dió al éxito feliz de
la empresa de abrir el camino directo con la India; empresa cuya base
había sentado el infante Enrique, continuada bajo el mando de tres
reyes sucesivos y coronada por la fortuna antes de concluir el siglo en
que tuvo comienzo. Para el desarrollo del comercio y poder marítimo de
Portugal, el viaje de Gama fué colosal impulso, y la grandiosidad del
resultado justificó plenamente la perseverancia incomparable con que se
había llevado a cabo la idea desde un principio»[584].
[584] Ob. cit., pág. 50.
Alabanzas, que no escatimamos, merece Vasco de Gama por su peligrosa y
heroica expedición; pero las empresas de Colón y de Magallanes son más
importantes. Gama es sólo continuador de arriesgados viajes, mientras
Colón y Magallanes se lanzaron a descubrimientos completamente nuevos.
Gama casi no se separó de la costa, en tanto que Colón y Magallanes
atravesaron océanos ignotos y _tenebrosos_; Gama fué nombrado por
su propio Gobierno y escogió la gente entre sus compatriotas, y
Colón y Magallanes eran extranjeros que ofrecieron sus servicios a
monarcas que no les conocían y que les dieron tripulantes revoltosos y
desobedientes. Por último, Gama, más afortunado que Colón y Magallanes,
tuvo la suerte de que un gran poeta, Camoens, cantase su expedición en
el hermoso poema _Os Luisiadas_.
Por la expedición de Vasco de Gama pudo comprenderse que, si se quería
continuar el comercio con la India, era necesario, dada la enemiga de
los árabes, el empleo de importantes escuadras o de buques armados en
guerra. Los reyes de Portugal siguieron conducta diferente a los Reyes
Católicos.
De la segunda expedición nombraron jefe a Pedro Alvarez Cabral; pero
conservaron la dirección suprema a Vasco de Gama, quien dispuso y
dirigió los preparativos, fijó el derrotero, señaló la conducta que
debía seguirse con el soberano de Calcuta, previno terminantemente que
no se saltara en tierra sin tener rehenes a bordo y señaló la época en
que debía salirse de Portugal. Acordóse--repetimos--nueva expedición,
siendo el plan del Gobierno establecerse permanentemente en la costa de
Malabar; pero dejando ya las expediciones a la India, pasamos a reseñar
las dirigidas al Nuevo Mundo. Si importantes fueron los viajes de los
portugueses, no lo fueron menos los de los españoles. De Vasco de Gama
pasamos a Alonso de Ojeda.
La primera expedición de Alonso de Ojeda salió del puerto de Cádiz,
según Vespucio, el 18 de mayo de 1499, y según Las Casas y Herrera el
20 del mismo mes y año[585], dirigiéndose a las Canarias y atravesando
el Océano, llegó a las playas de Surinam, descubrió la embocadura del
Esequibo, que llamó Río Dulce, luego el delta del Orinoco, siguiendo
después las huellas de Colón. Estuvo en la isla de la Trinidad, en cuya
costa meridional dispuso que desembarcasen veintidós hombres armados.
Los naturales, aunque eran caribes, no hicieron oposición alguna.
Atravesó el golfo de Paria y la Boca del Dragón, siguió descubriendo
hasta el golfo de las Perlas, visitó la isla Margarita, reconoció los
islotes de los Frailes, que están a nueve millas al Norte y al Este
de la citada isla, yendo a recalar al cabo Isleos (hoy cabo Codera),
fondeando en la ensenada de Corsarios, que denominó _Aldea vencida_.
Continuó reconociendo toda la costa _de puerto en puerto_, según
declaró el piloto Morales en el pleito del Almirante, hasta el Puerto
Flechado (hoy de Chichirivichi), donde tuvo que pelear con algunos
indios. Desde la Vela del Coro se dirigió a la isla de Curazao, y
allí los expedicionarios quedaron sorprendidos de la gran estatura de
los indígenas, designando por esto a la isla con el nombre de la de
los Gigantes. El día 9 de agosto llegaron al cabo de San Román, que
llamaron con dicho nombre por ser la festividad de dicho santo, pasando
inmediatamente a la aldea de Coquibacoa, en el golfo de Venezuela,
que así denominaron los expedicionarios al ver la gente en viviendas
construídas sobre estacadas en el agua cerca de la costa oriental de
dicho golfo, pues tales construcciones les recordaron la situación de
Venecia, edificada sobre las lagunas del Adriático. Desde el golfo
penetraron los barcos (24 de agosto) en el lago de Maracaibo, cuya
estrecha entrada llamó Ojeda puerto de San Bartolomé. Siguiendo más
adelante se presentó la escuadra (16 de septiembre) en el cabo de la
Vela (península de Guajira), al Oeste del citado golfo. Allá lejos
divisaron los exploradores alta montaña que denominaron Monte de Santa
Eufemia y que era casi seguramente una cumbre de la sierra nevada de
Santa Marta. Desde el cabo de la Vela pasó la escuadra a Haití (23 de
septiembre).
[585] Cuéntase que era grande su destreza y agilidad en todos
los ejercicios corporales. Un día que la reina Isabel se había
subido a la Giralda de Sevilla con la idea de ver desde tanta
altura la gente que estaba al pie de la torre, Ojeda anduvo
hasta el extremo de una viga que salía 20 pies de la torre,
volviéndose con paso rápido y con toda tranquilidad. También
se cuenta que desde el suelo arrojó una naranja hasta el punto
más alto de la torre, dando con ello una prueba de la fuerza
extraordinaria de su brazo.
Aunque el Almirante dispuso que Francisco Roldán fuese contra Ojeda,
no llegaron a las manos por la astucia del último. Salió Ojeda para
las Lucayas (febrero de 1500), y luego, en las tierras que recorrió,
robó 232 indígenas para venderlos como esclavos en España (mediados
de junio del citado año). Tuvo la fortuna Alonso de Ojeda de llevar
en su importante y famosa expedición como piloto al vizcaino Juan de
la Cosa[586] y también al florentino Américo Vespucio[587]. Los dos
lograron renombre eterno en la historia del descubrimiento del Nuevo
Mundo. El primero, esto es, Juan de la Cosa, después del viaje, hizo
el primer mapa de América, y Vespucio escribió pintoresca relación del
citado viaje. Contestando Ojeda a la pregunta que le dirigieron como
testigo en el pleito que se seguía contra los hijos del Almirante, se
ocupó de sus descubrimientos y terminó diciendo lo que sigue: _que en
este viaje trujo consigo a Juan de la Cosa, piloto, e Américo Vespuche
e otros pilotos_.
[586] Residía a la sazón en el Puerto de Santa María.
[587] Este fué el primer viaje realizado por el célebre
italiano, siendo, por tanto, apócrifo el que hizo--según
algunos--dos años antes, o sea el 1497.
En dicha expedición, es de creer que--como escribe Pedro Mártir--se
dió la vuelta a Cuba, por cuanto Juan de la Cosa, en su famoso mapa,
la pone como isla, sin embargo de que algunos años antes declaró, bajo
juramento solemne, que pertenecía al continente asiático. Aportó Ojeda
a la bahía de Cádiz unos doscientos esclavos, y en aquella ciudad
vendió muchos. Además, trajo piedras preciosas, buena cantidad de
perlas y granos de oro. El beneficio de la expedición fué escaso o de
poca importancia, pues, pagados todos los gastos, se repartieron unos
500 ducados entre 55 personas. La verdad es que era tan grande el deseo
de adelantar en los descubrimientos como el de adquirir riquezas.
Mayores beneficios o ganancias produjo, bajo el punto de vista
mercantil, la expedición que hizo, pocos días después, otro insigne
navegante, Pero Alonso Niño, natural de Moguer. Era piloto de la
carrera de Indias y compañero de Cristóbal Colón en su primero y tercer
viaje. Careciendo de dinero suficiente, hubiese malogrado la empresa
sin el auxilio del sevillano Luis Guerra, el cual dió medios a Niño
para armar una carabela de cincuenta toneles, con la condición de que
Cristóbal, hermano del dicho Luis, dirigiese también la expedición.
Alonso Niño y Cristóbal Guerra, se hicieron a la vela en Palos,
llevando 33 hombres, el mes de junio de 1499. Tocó el barco en la costa
de la América Central, donde Guerra y Niño, con anuencia de los indios,
cortaron y cargaron palo del Brasil, no lejos del golfo de Paria,
pasando luego por la Boca del Dragón. Al salir de las bocas del Dragón
se vieron rodeados de diez y ocho canoas de caribes, teniendo que
disparar varios tiros de artillería para ahuyentar a aquellos bárbaros.
Los nuestros se dirigieron a la isla de la Margarita, donde adquirieron
perlas y fueron los primeros españoles que desembarcaron en ella.
Pasaron a tierra de Curiana (hoy Cumaná), entrando en un puerto (tal
vez el de Mochima o el de Manare). Allí vieron un pueblo de ochenta
casas, y habiendo bajado a tierra, pudieron conseguir que los naturales
les diesen algunas perlas. Dirigiéronse a otra población mayor, en la
cual se detuvieron tres meses: agosto, septiembre y octubre. Asegurados
del carácter pacífico de los indios, bajaron a tierra, siendo recibidos
con amistosas demostraciones. Las casas estaban hechas con maderos
hincados en tierra y cubierta la techumbre con hojas de palma. En los
espesos bosques vieron animales salvajes, como también ciervos, venados
y conejos. No tenían bueyes, ni ovejas, ni cabras. Se alimentaban de
pan de maíz o de raíces, de ostras, de aves, de animales salvajes y no
salvajes. Físicamente considerados llamaban la atención por el color
obscuro del rostro, por sus labios gruesos y por sus cabellos crespos
y largos. Para conservar blanca la dentadura masticaban frecuentemente
cierta hierba. Las mujeres cuidaban de la agricultura y de las cosas de
la casa, en tanto que los hombres se ocupaban de la caza y del juego.
Eran ellas muy laboriosas y ellos diestros cazadores. Cariñosos con los
españoles, permutaban con gusto sus objetos de oro y sus perlas por las
bujerías de los nuestros.
Como indicasen que el oro venía de una provincia llamada Cauchieto,
que estaba al Occidente, allá se dirigieron los nuestros; llegaron
el 1.º de noviembre de 1499. Desde Cumaná a Cauchieto habría unas
seis jornadas, y como cada jornada puede conjeturarse de seis a siete
leguas, la distancia era de 36 a 42 leguas. Sumamente dóciles los
naturales de Cauchieto, venían en sus canoas a la nave, trayendo el
oro propio de su país y los collares de perlas que adquirían de los de
Curiana. En la tierra hallaron plantaciones de algodón.
Continuaron navegando más de diez días hasta que lograron encontrar
hermoso lugar con casas y fortalezas. Después de peligrosa navegación
les fué grato llegar a país tan agradable y de vegetación tanta. Allí
las huertas y jardines eran tan bellos que uno de los viajeros no tuvo
inconveniente en decir que jamás había visto paraje más delicioso.
Intentaron desembarcar, oponiéndose a ello unos dos mil indios con
macanas, arcos y flechas. No dejó de extrañarles semejante novedad.
Retrocedieron a Curiana y allí volvieron a hacer nuevo acopio de
perlas, algunas del tamaño de las tan celebradas de Oriente. Según
Mártir, a quien sigue Muñoz, el 6 de febrero de 1500 tomaron la vuelta
para España[588], y a los sesenta y un días de navegación arribaron
buenos y contentos al puerto gallego de Bayona. El beneficio del viaje
fué de alguna consideración y sirvió de cebo para que algunos se
dispusiesen a nuevas empresas.
[588] Otros dicen que el 13.
A principios de diciembre del mismo año de 1499, Vicente Yáñez Pinzón,
célebre compañero del Almirante, se hizo a la vela en el puerto de
Palos con rumbo a las Indias. Llevaba cuatro carabelas que había podido
armar con la ayuda de su sobrino Arias Pérez y de otros parientes y
amigos. Acompañábanle los afamados pilotos Juan de Quintero, Juan
de Umbría y Juan de Jerez, también antiguos compañeros de Cristóbal
Colón. Pasaron las Canarias, cruzaron el Atlántico, no sin que recia
borrasca llenase de terror a nuestra gente, y llegaron a encontrar
la costa americana sobre los 8° de latitud Sur; dicha tierra--pues
tanto era el deseo que tenían de encontrarla--recibió el nombre de
_Santa María de la Consolación_. Tiempo adelante se llamó aquel lugar
cabo de San Agustín, algo al Sur de Pernambuco (Brasil)[589]. Vicente
Yáñez Pinzón desembarcó con escribano y testigos, tomando posesión del
país en nombre de Castilla. En los dos primeros días no vieron hombre
alguno; posteriormente se les presentaron algunos de elevada estatura
y desnudos por completo. Eran uraños y bastante belicosos. Continuaron
los españoles hacia el Ecuador, y en la boca de un río, donde hicieron
aguada, tuvieron que pelear con los indios, a los cuales castigaron
enérgicamente, aunque con la pérdida de diez españoles. Compraron, por
tanto, cara la victoria.
[589] Antiguo documento atribuye el descubrimiento del Brasil
a Juan Ramalho en 1490.
¿Tomó parte Américo Vespucio en dicha expedición? El relato del segundo
viaje de Vespucio es exactamente el mismo que el de Lepe, si bien es
de extrañar que no cite el nombre del jefe, ni haya conformidad en las
fechas de partida ni de llegada de la una y de la otra. Sea de ello lo
que quiera, lo cierto es que el cabo de San Agustín, visitado dos veces
por Vespucio, adquirió suma importancia por haber servido de base, una
vez fijada la situación, para determinar el meridiano de demarcación
entre los descubrimientos y conquistas de los españoles y de los
portugueses.
Consideremos la expedición portuguesa de Pedro Álvarez Cabral.
Este insigne marino, llevando como capitanes a Bartolomé Díaz, el
descubridor del Cabo de Buena Esperanza, y a Nicolás Coelho, el
compañero de Vasco de Gama, al frente de una flota compuesta de 10
buques mayores y tres menores, salió del puerto de Lisboa el día 9 de
marzo del año 1500. La corriente ecuatorial llevó los buques, no hacia
Calcuta, como se proponía Cabral, sino a las playas del Brasil. Dada,
pues, la dirección que llevaban las expediciones marítimas de los
portugueses, es evidente que un poco antes o un poco después habían de
descubrir la América Meridional, aunque el proyecto de Colón no hubiese
encontrado apoyo en los Reyes Católicos.
De modo, que, huyendo de las gruesas mareas del Cabo de las Tormentas,
y buscando mejores vientos para doblarlo, se fué engolfando la armada
hacia Occidente. Navegaron de este modo, según Gaspar Correa, cronista
de la India, _para que os ventos lhe fossem mais largos pera navegar
pera o cabo_. «La capitana, añade el ilustre escritor, que iba delante,
vió tierra a barlovento un domingo al amanecer, de lo que hizo señal
disparando un falconete, y fué corriendo por ella y descubriéndola, que
era gran costa y tierra nueva que nunca había sido vista, y estando
cerca, corriendo al largo de ella, vieron grandes arboledas a orillas
del mar, y por el interior grandes montes y serranías, y ríos muy
anchos y grandes ensenadas, y siendo ya tarde vieron una gran bahía,
en la que el capitán mayor entró sondando. Y hallando buen fondeadero
dió fondo, y así lo hizo toda la armada. El capitán mayor botó un
esquife al agua, y lo mismo hicieron los capitanes, y fueron a ver al
capitán mayor, el cual mandó a Nicolás Coelho en su esquife con el
piloto moro que fuese a tierra y viese si podía venir al habla con la
gente de ella; y fué con diez hombres que llevaban lanzas y ballestas,
porque aún no había escopetas, y saltó a tierra y halló poblaciones
de chozas, en las que encontró gentes blancas y bárbaras, desnudas
completamente, así los hombres como las mujeres. Algunos hombres
vestían telas de malla de algodón y se adornaban con plumas de aves
de variados colores y muy hermosas que hay en el país, especialmente
papagayos, grandes como patos, con plumas de muchos colores. Eran tan
pacíficos los habitantes que no huían, ni hacían daño, ni tenían armas;
sólo unos arcos grandes con flechas de caña... No tenían en las casas
ropa alguna, sino únicamente redes de hilo de algodón, que ataban por
las puntas, las colgaban y dormían en ellas. Nadie podía entender la
lengua de aquellos habitantes. La mayor parte de los árboles tenían una
madera roja, la cual, echada en agua, la teñía de hermoso rojo; y se
hallaron en esta tierra otras cosas que no describo y que después se
descubrieron.»
Siguiendo con no poco trabajo su ruta, llamóles la atención que el agua
del mar se convirtiera en dulce en un espacio bastante dilatado; era
que se encontraban en la desembocadura del río Marañón, llamado después
de las Amazonas y de Orellana. Desagua por dos brazos principales
divididos por la isla de Marajó (San Juan de las Amazonas). De tantas
y tan largas fatigas pudieron descansar en la mencionada isla, cuyos
habitantes les recibieron con señales de buena amistad. Retiráronse de
aquellos sitios porque el _prororaca_, fenómeno del Amazonas y de otros
ríos, puso en gran peligro las carabelas, llegando felizmente al golfo
de Paria. En el camino tocaron con pequeños y pobres pueblecillos,
y con grupos de indios errantes, quienes huían asustados y tímidos a
cobijarse en la espesura de los bosques o en la cima de las montañas.
Habremos de notar que los habitantes de Paria, tan buenos y dóciles con
el Almirante Cristóbal Colón, se dispusieron a la sazón a pelear con
los españoles.
Marcharon a la Española, a donde llegaron el 23 de junio, pasando
luego a la Isabela, llamada por los indios _Saometo_ o _Jumeto_, y
en seguida a los bajos de Babura (tal vez _Babueca_), teniendo la
desgracia de perder dos carabelas (julio de 1500). Con las otras dos
tomaron el camino de España, llegando a Palos el 30 de septiembre.
Entre otras cosas trajeron piedras que se calificaron de finos topacios
y gran cantidad del palo de tinte; también animales raros, llamando
especialmente la atención el conocido con el nombre de _zarigüeya_.
Al mismo tiempo que salía Pinzón del puerto de Palos, se disponía Diego
de Lepe a emprender igual viaje con dos carabelas. Llegó cerca del cabo
de San Agustín, que llamó _Rostro Hermoso_. Desde allí llevó, con corta
diferencia, el mismo derrotero que Pinzón, esto es, por delante del
Marañón a la tierra de Paria. En el Marañón cautivó algunos naturales,
y él perdió algunos hombres. El mayor fruto de esta expedición fué, no
sólo haber doblado el cabo de San Agustín, sino haber dado a conocer
que la costa de la nueva tierra firme continuaba por el Sudoeste. De
tal descubrimiento, hecho ya por Pinzón, hizo Lepe un mapa para el
obispo Fonseca, según declaró el piloto Andrés de Morales en el pleito
del Almirante. Recordaremos en este lugar que el citado mapa fué
consultado andando el tiempo por Juan Díaz de Solís. Es de justicia
referir que Lepe descubrió al Sur más tierra que otro alguno en aquella
época, y aun de diez o doce años adelante. El mérito de nuestro
navegante no deja de tener importancia. En empresa tan arriesgada le
sirvieron de guía Bartolomé García, genovés; Andrés García Valdín,
García de Vedía y el famoso piloto Bartolomé Roldán.
Lepe regresó por Haití a España, donde debió llegar antes de noviembre
de 1500, y murió en Portugal, según declaró el piloto Andrés de Morales
en el citado pleito del Almirante.
«El capitán mayor, con otros capitanes bajó a tierra, donde estuvo
cinco días, y los hombres que penetraron más en el interior, no
hallaron quien les hiciese daño alguno.» Con los indígenas se
establecieron cordiales relaciones. Asistieron aquéllos con gran
recogimiento al santo sacrificio de la misa. Portugueses y brasileños
construyeron una cruz muy grande de madera, que colocaron cerca de la
playa, adorándola con mucha devoción unos y otros. Celebráronse también
fiestas populares. Si los indios bailaban al son de la _yanubia_ y eran
el encanto de los portugueses, éstos, en cambio, daban conciertos de
guitarra durante las deliciosas noches tropicales, y eran la alegría
de los indios. Uno de los tripulantes, llamado Diego Díaz, _homem mui
prazenteiro_, dice el cronista, mostró muchas habilidades en la playa.
El 3 de mayo, día en que celebra la iglesia la _Invención de la Santa
Cruz_, salió Cabral de aquellas costas que dió el nombre de _Tierra de
Santa Cruz_ y que poco después se llamó Brasil.
Mandó Cabral al rey D. Manuel un buque, en el cual iban los productos
y las riquezas de aquella tierra. Como lastre trajo el buque _uns paos
vermelhos aparados que eran muy pesados é que chamarâo brasil per sua
vermelhidâo ser fina como brasa_. Aquel palo dió nombre al país. No
huelga decir aquí que si Vicente Yáñez Pinzón, Diego de Lepe o algún
otro descubrieron el Brasil, sólo el descubrimiento de Cabral produjo
sus frutos.
Desde el Brasil, y llevando como segundo al castellano Sancho de
Tóvar[590], se dirigió, al través del Océano, al cabo de Buena
Esperanza, en cuyas cercanías se fueron cuatro buques a pique, entre
ellos el de Bartolomé Díaz. Vino a morir navegante tan insigne junto
al cabo por él descubierto. Pedro Alvarez Cabral marchó a Mozambique y
después a Quiloa, y el 2 de agosto llegó a Melinde, con cuyo soberano
estableció Cabral, como antes Vasco de Gama, relaciones de amistad.
En esta ocasión dió también aquel soberano dos prácticos, los cuales
condujeron la flota en diez y seis días a la India. El 23 de agosto
estaban en las Andiedivas; allí permanecieron dos semanas calafateando
los barcos y tomando agua dulce. Pronto se rompieron las buenas
relaciones de Cabral con el Samorin, hasta el punto que, la gente del
pueblo, excitada por los moros, atacó los almacenes de los portugueses
y mató al factor y a algunos más, teniendo Cabral que disparar todo
un día sus cañones contra la ciudad e incendiar 15 buques dentro del
puerto.
[590] Sancho de Tóvar debía encargarse de la jefatura, si
Cabral fallecía en la expedición.
En lugar de dirigirse Cabral a Calcuta, marchó con su flota más al
Sur, a Cochin, cuyo soberano le invitó a pasar a su capital y puerto,
donde hizo su cargamento de especias, como también en Collam, al Sur de
Cochin, pues este soberano o rajá se manifestó de igual manera amigo
de los portugueses. Pasaron luego a Cananor, esperando que el rajá del
país tuviese con ellos el mismo generoso comportamiento que antes había
tenido con Vasco de Gama. No se equivocaron, pues allí completaron los
cargamentos con canela y gengibre. El 16 de enero de 1501 se hizo la
flota a la vela, tocó en Melinde, se detuvo en Mozambique y después de
varios sucesos, más adversos que favorables, entró en Lisboa en el mes
de octubre de 1501.