CAPÍTULO XXVI

EXPEDICIÓN DE RODRIGO DE BASTIDAS.--EXPEDICIÓN DE ALONSO DE

OJEDA.--VIAJES DE AMÉRICO VESPUCIO, AL SERVICIO DE PORTUGAL.--COLÓN

Y VESPUCIO EN SEVILLA.--VESPUCIO AL SERVICIO DE ESPAÑA.--ORIGEN DEL

NOMBRE AMÉRICA.--EXPEDICIONES DE CRISTÓBAL Y LUIS GUERRA, Y DE JUAN

DE LA COSA.--REAL CÉDULA EN FAVOR DE BASTIDAS.--CAPITULACIÓN HECHA

CON OJEDA.--CAPITULACIÓN CON YÁÑEZ PINZÓN.--VIAJES DE YÁÑEZ PINZÓN

Y DE SOLÍS.--PRIVILEGIO EN FAVOR DE NICUESA Y DE LA COSA.--VIAJES

DE OJEDA Y DE NICUESA.--LA ESPAÑOLA, CUBA Y PUERTO RICO EN AQUELLOS

TIEMPOS.--EXPEDICIÓN DE PONCE DE LEÓN A LA FLORIDA Y LUEGO A

BIMINÍ.--PÉREZ DE ORTUBIA EN BIMINÍ Y PONCE DE LEÓN EN PUERTO RICO.

Rodrigo de Bastidas, vecino y escribano de la ciudad de Sevilla, en el

arrabal de Triana, salió de la citada población en el mes de octubre

del año 1501. Llevaba en su compañía a Juan de la Cosa, vizcaíno, «que

por entonces era el mejor piloto que por aquellos mares había»[591].

Acompañó a Cristóbal Colón en uno de sus viajes, y acababa de recorrer

con Ojeda las costas de Venezuela. La primera tierra que visitó

Bastidas fué una isla, a la que dió el nombre de _Verde_, situada entre

la Guadalupe y la Tierra Firme. Visitó el golfo de Venezuela y los

territorios al Sur y Oeste de la comarca de Coquibacoa. Desde el cabo

de la Vela continuó sus descubrimientos; tocó en la costa de la sierra

nevada de Santa Marta, pasó la desembocadura del río de la Magdalena,

avistó el puerto de la galera de Zamba y el de Cartagena, la isla de

Barú y las de San Bernardo, y siguiendo su derrota al Sur y al Oeste

descubrió la isla Fuerte y la Tortuguilla, el puerto de Cispata y río

Sinú, punta Caribana, entrando en el golfo de Darién o de Urabá. Costeó

el istmo de Darién hasta la punta de San Blas o puerto de Escribanos,

llamado así porque--como hemos dicho--Bastidas había desempeñado el

mencionado cargo en Sevilla. Debemos notar que Bastidas estuvo en el

puerto de Escribanos o del Retrete y del Nombre de Dios antes que

Cristóbal Colón, pues el descubridor del Nuevo Mundo no llegó allí

hasta el 26 de noviembre de 1502. El trazado de la costa septentrional

de la América del Sur se completó con el viaje del escribano de Sevilla.

[591] Las Casas, lib. II, cap. 2.º

Conocedor Bastidas del carácter de los indígenas, comerció hábilmente

con ellos, logrando recoger abundante cantidad de oro y perlas. Tuvo

que volver a la Isla Española y fondear en la isleta llamada del

_Contramaestre_, porque sus barcos fueron agujereados por el _broma_

(caracol que horada e inutiliza la quilla de las embarcaciones).

Salió para Cádiz, viéndose obligado a causa de los temporales y de

las averías de sus barcos, a arribar al cabo de la Canongía, donde

permaneció un mes. Dióse otra vez a la vela; mas también hubo de

dirigirse, por la repetición de recias borrascas, hacia el puerto de

Xaragua (hoy Puerto Príncipe). Allí, continuando los malos tiempos,

perdió sus navíos, cuyo valor, con los esclavos, oro, brasil y otras

cosas que conducían, era de consideración. Las riquezas que se pudieron

salvar fueron llevadas a Santo Domingo, «y allí--dice el P. Las

Casas--las vide yo entonces y parte del oro que había habido»[592].

Bobadilla, a la sazón gobernador de la Española, le sometió a juicio,

porque, según se decia, había malgastado grandes cantidades en hacer

rescates y ventas con la gente de Xaragua y otras. Se le mandó a España

y entró en Cádiz (septiembre de 1502).

[592] Lib. II, cap. II.

Compadecidos los reyes del intrépido navegante, en premio de sus

servicios le concedieron pequeña pensión vitalicia sobre los frutos

procedentes de la provincia de Urabá y de la llamada del Cenú, sobre

la bahía del mismo nombre. Igual pensión se concedió al piloto Juan

de la Cosa. Las Casas dice que Bastidas vino en la flota que traía a

Bobadilla y en un navío que pudo libertarse de la tormenta[593], aunque

no preso, como aseguró Oviedo[594].

[593] Lib. II, cap. V.

[594] Lib. III, cap. VIII.

Alonso de Ojeda emprendió en enero de 1502 su segundo viaje, habiendo

obtenido del Gobierno la concesión de los territorios que forman el

golfo de Maracaibo con el título de gobernador de Coquibacoa. Con los

buques de _Santa María de la Antigua_, _Santa María de la Granada_,

_la Magdalena_ y _Santa Ana_, mandados respectivamente por García de

Ocampo o del Campo, Juan de Vergara, Pedro de Ojeda y Hernando de

Guevara, pasó Alonso de Ojeda por la Gran Canaria y por la isla de

la Gomera, arribando a la isla de Santiago en Cabo Verde, donde se

detuvo ocho o diez días. Llegó al golfo de Paria, descubriendo después

muchas tierras. La primera que descubrió fué el lugar que llamaron los

_anegados_ o _anegadizos_ de Paria. Mientras se limpiaban los buques,

pudo la gente recoger corta cantidad de perlas y dos o tres clases de

gomas de mucho color. Viéronse caníbales que habitaban allí, los cuales

mataron a un cristiano, teniendo Ojeda que tomar sus medidas, temeroso

de ser atacado.

Ya habilitados los cuatro navíos, salieron el 11 de marzo de 1502.

Antes de llegar a la Margarita, se separó Guevara con su carabela

_Santa Ana_ y anduvo perdido algunos días. El 14 se dirigió Ojeda al

puerto de la Codera, al cual llegó Guevara en la mañana del 15, no

encontrando las dos naos la _Magdalena_ y _Santa María de la Granada_

porque habían marchado en busca del citado Guevara. Cansado de esperar

Alonso de Ojeda salió del puerto de la Codera y siguiendo la costa hizo

alto en una tierra que los indios llamaban _Curiana_ y él le dió el

nombre de _Valfermoso_. Pocos días después llegaron la _Magdalena_ y

_Santa María de la Granada_.

Convencidos de la necesidad de establecer una colonia, se dedicaron a

la realización de la idea, tomando a viva fuerza de los naturales del

país todo lo que les era indispensable. Los pobres indios se vieron

robados y quemadas sus casas, llegando los españoles a matar unos siete

u ocho en la refriega; de los nuestros fué muerto el escribano de una

carabela, Juan de Guevara. Ojeda se cruzó de brazos ante las tropelías

cometidas por Vergara y Ocampo, quienes hubieron de apoderarse de

algunas indias. Después de algunos sucesos de menos importancia y

después de recorrer costeando algunos puertos, siempre buscando el

vellocino de oro, Ojeda, deseoso de hacer asiento y población, se

detuvo en el puerto de Santa Cruz, que debió ser el conocido hoy con

el nombre de _Bahía-honda_. De modo que en la parte Oriental del golfo

de Venezuela resolvió Ojeda fundar la colonia, que no pudo llevar a

cabo, ya por las hostilidades de los indígenas, ya por el motín de los

tripulantes capitaneados por Vergara y Ocampo.

Decían los enemigos de Ojeda que éste en sus frecuentes incursiones en

tierra de indios se apoderaba de todo lo que podía y no daba parte a

Guevara y a Ocampo. Además, la gente estaba fatigada, el trabajo era

grande, la ración escasa y la estación cruel; además temían que los

navíos, comidos de la _broma_, se fueran a pique antes de poder salir

de allí para la Isla Española. Los resentimientos y aun enemiga entre

los partidarios de Ocampo y de Vergara por un lado y los de Ojeda

por otro, eran cada vez mayores. Con la excusa de que Ojeda viese el

pan que Ocampo había traido en su último viaje de Jamaica, acordaron

detenerle en el navío para conducirlo a disposición del gobernador de

la Española. Decían Vergara y Ocampo que tomaban tal determinación por

los deservicios que Ojeda había hecho y también porque se guardaba

todas las ganancias para sí. Intentó huir Ojeda para presentarse en

Santo Domingo; pero le cargaron de cadenas. Debió suceder todo esto a

últimos de mayo o comienzos de junio de 1502. Salieron del puerto de

Santa Cruz y llegaron en los primeros días de septiembre a la provincia

de Haniguayaga, donde Vergara y Ocampo entregaron a Ojeda. Se hizo

cargo de él el comendador Gallego, trasladándole a la ciudad de Santo

Domingo. De la sentencia, dada en 4 de mayo del año siguiente, apeló

Ojeda ante SS. AA. y los señores de su Consejo, siendo absuelto en

Segovia a 8 de noviembre de 1503. No habiendo reclamado de la sentencia

la parte contraria, mandaron los reyes en Medina del Campo a 5 de

febrero de 1504 darle la ejecutoria.

El rey D. Manuel de Portugal envió a Sevilla al florentino Juan

Bartolomé del Giocondo para hacer proposiciones a Américo Vespucio, a

quien deseaba atraer a su servicio. Hízose de rogar el insigne marino,

aceptando al fin las proposiciones y marchó a Portugal[595]. En mayo

de 1501 salió del puerto de Lisboa en una escuadra, tal vez en calidad

de astrónomo, pues era diestro como ninguno para determinar por medio

del cuadrante la latitud de un lugar. No conocemos el nombre del jefe

que mandaba la expedición. Sabemos que siguieron los expedicionarios la

costa de Africa hasta más allá del Cabo Verde y luego atravesaron el

Océano con rumbo más al Oeste. Cerca del Ecuador espantosa tempestad

detuvo dos meses a los buques en el camino, no llegando a la costa

americana hasta el 16 de agosto. Casi desde el cabo de San Roque

marcharon en dirección Sudoeste, pasando el cabo de San Agustín el

28 del mismo mes; el día de San Miguel se descubrió el río de este

nombre y el 4 de octubre el río de San Francisco. Recorrieron la costa

descubierta por Cabral, conociendo que dicha costa no era de una isla,

sino de un continente. Pasaron el río que llamaron de Santa Lucía y que

debe ser el conocido hoy con el nombre de _Río Doce_ (13 de octubre),

llegando el 21 al cabo de Santo Tomás. Descubrieron la boca de la bahía

del Río Janeiro, tal vez el 1.º de enero de 1502, el 6 la ensenada de

los reyes, el 22 el puerto de San Vicente, poco después Cananea, el 22

de abril playas deshabitadas y llenas de arrecifes, probablemente las

de Patagonia e islas de Falkland, atravesando en seguida el Océano en

busca de Sierra Leona. En la costa de Sierra Leona hizo quemar uno de

los tres buques porque estaba inservible, marchando a las Azores con

los dos restantes y entrando en Lisboa el 7 de septiembre de 1502.

[595] Otros dicen que no hubo tales proposiciones y creen que

tomó parte en los viajes sin contar con el Rey.

Tuvo este tercer viaje de Vespucio bastante utilidad para los

conocimientos geográficos. Había recorrido la cuarta parte del mundo.

Sus descripciones de la rica naturaleza tropical, de la belleza del

firmamento y la certeza de haber llegado viendo costa por lo menos

hasta los 50 grados de latitud Sur, dieron no poca fama a Vespucio.

También merece fama dicho marino porque fué el primero que anunció la

idea de ir a la India dirigiéndose desde Portugal al Sudoeste para

doblar el continente americano, cuya idea realizó diez y seis años

después Magallanes.

Otra expedición en que Vespucio tomó parte la mandaba Gonzalo Coelho;

se componía de seis buques y zarpó de Lisboa el 10 de junio del año

1503. Desde Sierra Leona tomó rumbo al Sudoeste encaminándose a la

costa del Brasil y teniendo pronto el sentimiento de ver el naufragio

del buque principal (la _Capitana_), que tropezó en una roca, junto

a una isla poco apartada de dicha costa. Los buques, cada uno por su

lado se dirigieron a la bahía de _Todos los Santos_ o sólo Bahía, como

vulgarmente se la llamaba. Aguardó Vespucio con su buque y otro a los

tres restantes; mas viendo que no llegaban, se hizo a la vela, siguió

la costa hacia el Mediodía y fundó a los 18° de latitud Sur la primera

colonia en el Brasil, con 24 hombres de la tripulación del buque que

le acompañaba y que allí había encallado. Cargó un buque de palo de

Brasil y salió para Portugal el 2 de abril, llegando a Lisboa el 18 de

junio de 1504. El encargo que Vespucio llevaba de ir a la India fracasó

completamente.

Desde Lisboa marchó Vespucio a Sevilla, donde vió a Colón en febrero de

1505, tratándose ambos como compañeros de infortunio y víctimas de la

ingratitud de los reyes. Cristóbal Colón escribió a su hijo: «Vespucio

me ha hecho favores. La fortuna ha sido adversa a este hombre de bien,

como a muchos otros.» Aprovechando Fernando el _Católico_ la estancia

de Vespucio en Sevilla, intentó atraérselo. Comenzó haciéndole un

regalo el 11 de abril de 1505; algunos días después Felipe el _Hermoso_

le concedió derecho de ciudadanía española. Desde entonces fué fiel

a su patria adoptiva. Se dice que hizo último viaje a América, no

consiguiendo extender ya sus descubrimientos anteriores. El año 1508 se

le nombró piloto del reino con 200 ducados de sueldo, con la obligación

de examinar a los que aspiraban al título de pilotos. Hizo algunos

mapas, no conservándose ninguno original, aunque sí la copia del del

Nuevo Mundo (_Tabula terræ novæ_), publicado en la edición de Ptolomeo

hecha en Estrasburgo, año 1513. Murió en Sevilla el 22 de febrero de

1512. (Apéndice X).

Se ha dicho y repetido hasta la saciedad que si Colón tuvo la desgracia

de morir en Valladolid olvidado de todos, Vespucio, más afortunado,

cinco años antes de su muerte, vió que al nuevo continente se le daba

en su honor el nombre de América. Es cierto que Colón murió olvidado

en la ciudad del Pisuerga, y también lo es que el Nuevo Mundo recibió

el nombre de América en honor de Américo Vespucio, uno de los primeros

exploradores de aquellas tierras; pero cuya fama es bastante menor que

la de Cristóbal Colón. El nombre de América, aplicado al conjunto de

las regiones que forman el Nuevo Mundo, aparece, por vez primera el

1507, en un opúsculo publicado en Saint Dié (Lorena) por jóvenes del

_Gymnase Vosgien_, asociación de literatos e impresores constituída

con el apoyo y protección del duque de Lorena. El citado nombre, bajo

la primitiva forma de _Amerrique_ fué introducido en la _Cosmographiæ

Introductio_, capítulo IX, por Hylacomylus (o sea Waldseemüller),

profesor de Geografía de Saint Dié.

Trasladaremos a este lugar las palabras de Waldseemüller: «Pero ahora

estas partes (Europa, Asia y Africa), han sido más extensamente

exploradas, y otra cuarta parte ha sido descubierta por Américo

Vespucio (como se verá luego); y no veo qué razón impediría llamarla

Amerige o América, esto es, tierra de Américo, según el nombre de su

descubridor Américo, varón de sagaz ingenio, así como Europa y Asia

traen sus nombres de mujeres. Su situación y las costumbres de sus

habitantes, se comprenderán claramente por las dos navegaciones de

Américo, que siguen»[596]. Dícese que el primero que se opuso a que se

diera al nuevo continento el nombre de Américo, fué el insigne Miguel

Servet, condenado a la hoguera en Ginebra por Calvino. Waldseemüller

primero y la costumbre después pudieron más que la honrada protesta de

Servet, y el nombre de América pasó lentamente al dominio público. Son

raros los mapas del siglo XVI, en que los nuevos territorios se señalen

como independientes del Asia y se les denomine América. En los citados

mapas, además del nombre América, se hallan otros, como Terranova,

Brasil, Santa Cruz, Atlántide, Peruana y Nueva India. Ya en el siglo

XVII se admitió por todos la denominación de América. «Ni presión

oficial--escribe Reclus--ni la intervención de famosos escritores,

intervinieron en la paulatina adopción de la palabra; proviene de los

mismos pueblos. La eufonía entra por mucho en la acogida favorable que

obtuvo de los idiomas europeos: merced a esta eufonía, la enumeración

de los continentes, termina de una manera agradable al oído: _Europa,

Asia, Africa y América_. En los anales de la humanidad, ya tan

llenos de injusticias, la cadencia de las sílabas ha contribuído a que

prevalezca una injusticia más»[597].

[596] _Nunc vero et haec partes sunt latius lustrate et

alia quarta pars per Americum Vesputium (ut in sequentibus

audietur) inventa est: quam non video un quis iure vetet

ab Americo inventore sagacis ingenii viro Amerigem quasi

Americi terram sine Americam dicendam: cum et Europa et Asia

a mulieribus sua sortita sunt nomina. Eius situm et gentis

mores ex bis binis Americi navigationibus que sequntur liquide

intellige datur._

[597] _Geografía Universal_, América del Norte, etc., págs. 2

y 3.

Del escritor norteamericano Charles F. Lummis son las palabras que

copiamos: «Llamar América a este continente en honor de Amérigo

Vespucio fué una injusticia, hija de la ignorancia, que ahora nos

parece ridícula; pero de todos modos, también fué España la que envió

el varón cuyo nombre lleva el Nuevo Mundo»[598].

[598] _Los exploradores españoles del siglo XVI en América_,

pág. 60.

Continuando el relato de las expediciones a las Indias, salieron

dos en el año 1504: una mandada por Cristóbal y Luis Guerra, y otra

a las órdenes de Juan de la Cosa. Las dos expediciones, después de

haber saqueado las costas de Venezuela y de apoderarse de cuanta

gente pudieron para venderla en seguida, sufrieron no pocos trabajos

y terribles desgracias. Naufragaron varios buques junto al golfo de

Darién, viéndose los expedicionarios en grandes apuros, sin exceptuar

el hambre y las enfermedades. De los 200 individuos que salieron en

ambas expediciones, pudieron llegar unos 40 a Jamaica, luego a Haití y,

por último, a España. «En ese año de 1504--dice Reclus--cuando Colón

dejó el Nuevo Mundo para ya no volver a él, conocíase en su mayor parte

la costa oriental de los dos continentes, en tanto que el mar de las

Antillas, la primera región descubierta, no se había explorado sino por

la parte meridional. Desde el descubrimiento de las islas de Bahama por

Colón, transcurrieron veinticinco años antes que las naves españolas

penetrasen en el golfo de México, a no ser costeando la isla de Cuba.

Para los españoles era poco importante la metódica exploración de las

costas del Nuevo Mundo; lo que buscaban eran mares abundantes en perlas

o bien tierras ricas en oro y esclavos»[599].

[599] Ibidem, pág 24.

La capitulación que los Reyes Católicos hicieron con Juan de la Cosa,

se firmó en Medina del Campo el 14 de febrero de 1504[600]. Concedieron

los reyes que el citado navegante pudiese ir a las tierras e islas de

las Perlas, al golfo de Urabá y a otras islas y tierra firme del mar

Océano que están descubiertas o por descubrir, siempre que no fuesen de

las que descubrió Cristóbal Colón, ni de las islas y tierra firme que

pertenecían al rey de Portugal. Exigían los reyes a Juan de la Cosa la

quinta parte de todo lo que encontrase, y le dejaban las otras cuatro

partes para que pudiera disponer de ellas a su voluntad. Le concedieron

tomar seis o más indios de los que dejó en la Isla Española Rodrigo de

Bastidas para llevarlos a las tierras del golfo de Urabá, como también

a Juan Buenaventura, si quisiera ir con él; además podría tomar

agua, leña u otros bastimentos, pagando por ellos lo que valieren.

Le autorizaron para que él y los que le acompañasen, edificaran

casas y pueblos, y cultivaran heredades. Mandáronle terminantemente

que no llevase consigo a ningún extranjero. Hizo el viaje en cuatro

navíos, y al Rey, por el quinto que le pertenecía de ganancias, le

correspondieron 491.708 maravedís. A la Cosa se le concedieron 50.000

maravedís vitalicios.

[600] _Archivo de Indias._--E. 139.--C. 1.--_Colec. de doc.

inéd., etc._, tomo XXXI.

En la capitulación que se hizo con Alonso de Ojeda en Medina del Campo

y con fecha 30 de septiembre de 1504[601], se disponía que el citado

Ojeda podia ir a las tierras e islas de las Perlas, al golfo de Urabá,

a la tierra antes descubierta por el mismo navegante y a otras islas y

tierra firme del mar Océano, siempre que no fuesen de las descubiertas

nuevamente por Colón (las cuales se hallan más allá de los lugares

visitados antes por el mismo Ojeda y Rodrigo de Bastidas) ni de las que

pertenecen al rey de Portugal. En las dichas tierras se le autorizaba

para «resgatar é aber de otras qualesquier manera oro é plata é

guanines é otros metales é alxofar é piedras preciosas, é mostruos é

serpientes é animales é pescados, é aber especierias é droguerías é

otras qualesquier cosas de qualquier género é nombre que sean, en tanto

que non podays traer esclavos, _salvo los questan en la isla de Santo

Domingo é isla Fuerte, é en los puertos de Cartagena en las islas de

Barú que se dicen Caníbales_.» Mandaban los reyes que levantase una

fortaleza donde antes la había hecho, o en otra parte que fuera más

conveniente.

[601] _Archivo de Indias._--E.139.--C. 1.º--_Colec. de doc.

inéd., etc._, tomo XXXI, págs. 258-272.

Hízose otra Capitulación o Asiento por el Rey Católico (24 de abril de

1505) con Vicente Yáñez Pinzón, que se firmó en Toro y por la cual se

autorizaba a dicho navegante poblar la isla denominada _San Juan_, que

se halla en el mar Océano, cerca de la Española[602]. Hace notar el Rey

los buenos servicios hechos por Pinzón, principalmente en la conquista

de la Isla Española y en el descubrimiento de otras tierras e islas en

el mar Océano.

[602] _Arch. de Indias._--E.139.--C. 1.º. _Col. de doc. inéd.,

etc._, tomo XXXI. págs. 309-317.

Después del cuarto viaje de Colón, se suspendieron por breve tiempo las

expediciones de los castellanos, y decimos por breve tiempo, puesto

que en el año 1506, Fernando el _Católico_ autorizó a Vicente Yáñez

Pinzón y a Juan Díaz de Solís para que emprendiesen un viaje marítimo.

En efecto, llegaron a la isla de Guanaja, y navegando al Oeste,

reconocieron el golfo de Honduras y una parte de la costa de Yucatán.

Andando el tiempo, Fernando V expidió Real cédula (23 de marzo de

1508), encargando a Pinzón y a Solís que procurasen descubrir un

Estrecho--si dicho Estrecho existía, como opinaban algunos--al Norte de

Yucatán, y por el cual se comunicasen los mares Atlántico y Pacífico.

Con tal objeto salieron de Sanlúcar el 27 de junio de 1508: Como la

península del Yucatán era a la sazón conocida imperfectamente, la

cédula decía que irían «a la parte del Norte facia Occidente.» Y con el

objeto de evitar rozamientos con Portugal, se les prohibía arribar a

las posesiones del dicho reino, pues tales eran las palabras de la Real

carta. «No tocareis (en el Brasil) so aquellas penas é casos en que

caen é incurren los que pasan é quebrantan mandamientos semejantes, que

es perdimiento de bienes é personas é nuestra merced.»

Afirma algún historiador que Yáñez Pinzón y Díaz de Solís, faltando

a las instrucciones recibidas, en vez de navegar por la costa

septentrional de América en busca del Estrecho, se dirigieron al Sur

explorando las costas hasta los 40° de latitud. Así lo dice el cronista

Herrera, cuyas palabras trasladaremos a este lugar: «Partieron de

Sevilla el año pasado (1508), y desde las islas de Cabo Verde fueron a

dar en la Tierra Firme, al cabo de San Agustín»[603]. No creemos que

tenga razón Herrera, por cuanto se halla probado que obedientes a las

órdenes que habían recibido, los insignes navegantes recorrieron sólo

la costa de la América Central, pasando cerca de Santo Domingo a la

ida, y entrando a la vuelta en la dicha población. De igual modo cuenta

la expedición el P. Las Casas[604].

[603] _Década I_, lib. VI, cap. IX.

[604] _Hist. de las Indias_, lib. II, cap. XXXIX.

Fué de lamentar que las rivalidades entre Pinzón y Solís les obligasen

a volver a España[605]. Llegaron a las playas españolas a últimos

de octubre del año 1509. Formóseles proceso por la Casa de la

Contratación, resultando culpable Solís, a quien se mandó preso a la

cárcel de corte, e inocente Yáñez Pinzón. Posteriormente, habiendo

quedado libre y absuelto de todos los cargos Solís, se le pagaron,

con fecha de 24 de abril del año 1512, treinta y cuatro mil maravedís

como recompensa del tiempo de su prisión y pleito, además del salario

de piloto mayor, de cuya plaza tomó posesión por fallecimiento de

Américo Vespucio, asentándosele en los libros sólo sesenta y cinco mil

maravedís, porque los diez mil restantes se asignaron como pensión a

la viuda de su antecesor[606].

[605] En un asiento o capitulación hecho en Granada el

cinco de septiembre de mil quinientos treinta y uno, los

reyes dicen a Vicente Yáñez Pinzón que, recordando que «por

nuestro mandado é con nuestra licencia é facultad fuísteis

a vuestra costa é minsion con algunas personas o parientes

é amigos vuestros» a descubrir ciertas islas y Tierra firme

«Tenemos por bien é queremos, que en quanto Nuestra merced é

voluntad fuere, ayades é gocedes de las cosas que adelante

en esta capitulacion serán declaradas ó contenidas...»

Después de descubrir Islas y Tierra Firme llegaron al Cabo

de San Vicente, no sin sufrir grandes trabajos y bastantes

pérdidas.--_Colec. de doc. inéd._, tomo XXII, págs. 300-307.

[606] _Archivo general de Indias._--Ext. de Muñoz.--Conde

Roselly de Lorgues.--_Vida de Cristóbal Colón_, tomo III, pág.

709.

Con fecha nueve de junio de mil quinientos ocho años, Diego de Nicuesa,

caballero muy querido en la corte de Castilla, y el famoso piloto Juan

de la Cosa, en representación de Alonso de Ojeda, solicitaron del

Rey (1509) permiso para fundar colonias en las Islas y Tierra Firme

de América. Obtuvieron en seguida lo que deseaban. Dividióse dicha

Tierra Firme, trazando una línea en el golfo de Darién, dando la parte

oriental (Nueva Andalucía) a Alonso de Ojeda y la parte del Norte y la

del Oeste (Castilla del Oro) a Nicuesa. La Nueva Andalucía, por tanto,

comprendía desde el cabo de la Vela hasta la mitad del golfo de Urabá;

la Castilla del Oro desde el golfo de Urabá hasta el cabo Gracias a

Dios. Indispusiéronse ambos gobernadores (Ojeda y Nicuesa), resolviendo

el conflicto Juan de la Cosa, quien fijó como límite de los dos

gobiernos las bocas del Atrato o Río Grande del Darién, según entonces

se le llamaba. Con el objeto de comenzar sus expediciones, Ojeda y

Nicuesa se encaminaron a la Española.

Se disponía en la capitulación que los dos jefes pudiesen fletar en la

Española los navíos que necesitasen, como también se les autorizaba

para llevarse seiscientos hombres además de los doscientos que fuesen

de Castilla. Mandábase a Fray Nicolás de Ovando, gobernador de la

isla, que diese todo el favor y ayuda que necesitaran Ojeda y Nicuesa.

Y terminaba ordenando a dicho Gobernador que guardase y cumpliese la

citada capitulación. En el otoño del año 1509 salió Alonso de Ojeda

llevando cuatro buques y 300 hombres de dotación; entre los últimos

se encontraba el extremeño Francisco Pizarro. El piloto Juan de la

Cosa iba de lugarteniente o de segundo de la expedición. Poco después

se hizo también a la mar Diego de Nicuesa, hombre que contaba con más

recursos que Ojeda, pues pudo llevar siete buques y unos 700 hombres.

Desembarcó Ojeda donde a la sazón se encuentra Cartagena (Colombia) y,

no dando oídos a Juan de la Cosa, penetró en el país y cayó sobre la

primera aldea que encontró, matando a los indios que se resistieron y

llevándose prisioneros a los que pudo coger vivos. Cuando los españoles

se entregaron al descanso, fueron sorprendidos por los caribes de

las aldeas inmediatas, quienes les mataron, entre ellos a Juan de la

Cosa, salvándose únicamente Ojeda, gracias a su gran escudo y a su

destreza para parar los flechazos. Corrió Ojeda hacia la playa, donde

se escondió por no poder llegar a sus buques. Afortunadamente acertó

a pasar por la costa Nicuesa, que caminaba hacia las tierras que le

habían sido concedidas. Al ver Nicuesa los buques sin jefe, determinó

ir en busca de los expedicionarios con la gente de a bordo. Hallaron

a Ojeda en lo más espeso de un manglar, extenuado por la fatiga y el

hambre. Luego fueron al sitio de la lucha, donde encontraron el cadáver

de Juan de la Cosa atado a un árbol y casi cubierto de flechas, hasta

el punto que parecía un _erizo_.

Regresaron a los barcos, y mientras Nicuesa seguía su rumbo a Veragua,

Ojeda se dirigió más al Oeste, donde, a orillas del golfo de Urabá,

fundó, en los comienzos de 1510, una colonia defendida por un fuerte

(San Sebastián) hecho de troncos de árboles[607]. En la fortaleza

tuvieron que guarecerse los expedicionarios por temor a los indios

caribes, que eran tan fieros como los de la costa de Cartagena. En

apuro tan grande, fué no poca dicha para ellos cuando vieron llegar

un buque cargado de víveres con gente aventurera y aun maleante.

Ayudado Ojeda por los recién llegados, emprendió lucha tenaz con los

salvajes, teniendo la desgracia de ser herido en un muslo con una

flecha envenenada. Salvóse de la muerte haciendo cauterizar la herida

con un hierro candente para prevenir los efectos inevitables del

veneno, cubriéndola luego con paños empapados en vinagre. Ya curado,

marchó a Haití en busca de recursos, dejando a Francisco Pizarro como

jefe; pero con orden de marchar con su gente a Veragua, si no volvía

en el plazo de cincuenta días. Desembarcó Ojeda en la costa meridional

de Cuba, recorriendo luego unas 50 leguas por la playa, atravesando

lagunas y marismas, hasta que con sus compañeros de desgracia,

extenuado y medio muerto de hambre, pudo llegar a una aldea india,

donde halló hospitalidad. Allí hizo construir una capilla dedicada a

la Virgen, cuya imagen, pintada por un artista flamenco, regalo de su

protector el obispo Fonseca, llevaba siempre pendiente del cuello. Los

indios condujeron a Ojeda y a los suyos en una piragua hasta dejarlos

en Haití. Por cierto que al llegar a Haití aquella gente deseosa de

aventuras--cuyo jefe se llamaba Talavera, y que poco antes, según se

ha dicho, había auxiliado a Ojeda contra los salvajes--cayó en poder

de la justicia, pagando con la muerte las cuentas que tenía atrasadas.

Ojeda fué absuelto; pero sin recursos y sin auxilio alguno, murió en la

mayor pobreza, allá por el año 1515. Dícese que en su testamento dejó

ordenado, en expiación de su orgullo, que se le enterrase en el umbral

de la puerta del convento de San Francisco (isla de Santo Domingo)

para que los que entrasen y saliesen del templo tuvieran que hollar su

tumba.

[607] No deja de llamar la atención que, con fecha 28 de

febrero de 1510, los reyes (Doña Juana y su padre Don

Fernando) desde Madrid dirigiesen Real Cédula a Don Diego

Colón, Almirante y gobernador de las Indias, para que, en

lugar de los 600 hombres que a Nicuesa y Ojeda se les permitió

sacar de la Isla Española, fuesen sólo 200, pues habían sido

avisados que sacando los dichos 600 hombres recibiría la isla

mucho daño.--_Archivo de Indias._--E. 139.--C. 2.--_Colec. de

doc. inéd._, etcétera, tomo XXXI, paginas 533-535.

La siguiente Real Provisión, dada por la reina Doña Juana y por su

padre Don Fernando en la ciudad de Burgos el 5 de octubre de 1511,

indica la mala opinión que se tenía de Alonso de Ojeda y de sus

cómplices[608]. Dice así:

[608] Hallase el original en el _Archivo de Simancas_.

«Doña Juana, etc. A vos nuestros jueces de apelacion de las islas,

Indias e tierra firme del mar Océano que residís en la isla

Española, salud e gracia. Sepades de que yo he sido informada

que Alonso de Hojeda seyendo nuestro gobernador de la provincia

de Urabá, que es en la tierra firme del mar Océano, hizo muchos

delitos e escesos, especialmente que estando en la dicha provincia

hizo matar dos hombres, al uno degolló e a otro ahorcó, e hizo

azotar otros dos hombres, e cortar la lengua a otro, e herrar

a otro en la frente, e cortar dos dedos a otro, lo cual hizo e

mandó hacer sin ser oídos a justicia, no guardándoles la orden del

derecho; e diz que hizo nuevo juez y oficiales de justicia para

los sentenciar y ejecutar, y dijo: que aunque fuésemos deservidos,

sería gobernador en la provincia de Urabá, e que vernía a la dicha

isla Española, e cortaría la cabeza al Almirante D. Diego Colon,

nuestro visorey e gobernador de la dicha isla; e lo llamó traidor e

otras palabras de injuria, e dijo que llevaría a D.ª María su mujer

del dicho Almirante a la dicha provincia de Urabá, e que vernía la

vía de la dicha isla Española e de San Juan, e que tomaría puercos

e pan, e que procuraría de tomar alguna nao de las que fuesen o

viniesen de Castilla a las dichas Indias e con esta intencion el

dicho Alonso de Hojeda e Bernaldino de Talavera, vecino que fué de

la dicha isla Española, habiéndose alzado con una nao e hurtado él

e otros muchos vecinos de la dicha isla; e yéndose a Urabá en la

dicha nao, salieron de la dicha provincia de Urabá con propósitos

dañados de seguir un viaje a la dicha isla Española, como dicho

es, e con tiempos e vientos contrarios diz que aportaron a la

dicha isla de Cuba, donde diz que dicho Alonso de Hojeda hizo e

cometió otros muchos delitos e desconciertos, e quel dicho Bernaldo

de Talavera, después que en la dicha isla de Cuba entraron, se

apartó de la compañía del dicho Alonso de Ojeda, e con la mayor

parte de la gente que los susodichos llevaban en la dicha nao,

se hizo jurar por capitan, e la dicha gente lo juró e puso de su

mano alguaciles, no lo pudiendo hacer, e diz que ansí se entraron

dicho Bernaldino de Talavera e los que le siguieron la tierra

adentro por la dicha isla de Cuba, donde hicieron muchos delitos e

escesos, maltratando los caciques e indios de ella, tomándoles sus

haciendas e mantenimientos contra su voluntad, sin se lo pagar, e

forzándoles las mujeres, sacandolas de su poder por fuerza para las

traer consigo por sus mancebas, e hiriéndoles e injuriándoles grave

e atrozmente...»

Encarga la Reina a los jueces que se informen de todo lo que hicieron

en todas partes Ojeda, Talavera y demás personas; hecha la información

procedan contra los culpantes e contra sus bienes imponiéndoles las

mayores y más graves penas civiles y criminales[609].

[609] Véase la Real provisión en la _Historia de Colón_, de

Roselly de Lorgues, tomo III, páginas 880-882.

Pasados los cincuenta días fijados por Ojeda, como poco antes se dijo,

salió Pizarro con los dos buques que le habían dejado camino de Santo

Domingo; pero uno de los barcos zozobró en una tempestad, y el otro, en

el que iba Pizarro, ya a punto de hundirse, fué sustituido por un buque

armado en el citado Santo Domingo.

Acerca del viaje de Nicuesa hemos de decir que, habiendo salido en

noviembre de 1509 desde la costa, donde al presente se halla Cartagena,

hacia el istmo de Darién y desde allí a Veragua, por la poca exactitud

de una carta de marear dibujada por Bartolomé Colón, fué más lejos,

teniendo la desgracia de perder todos sus buques. Habiendo logrado

salvar la tripulación, se estableció en el puerto de Bastimentos, en

cuyo lugar se fijó y denominó a la colonia _Nombre de Dios_. Cuentan

que exclamó: «Detengámonos aquí en nombre de Dios»[610].

[610] Diego de Nicuesa fundó el fuerte de _Nombre de Dios_

el 1509, trasladándose luego a San Felipe de Puertovelo.

La ciudad de Nombre de Dios fué quemada por los ingleses

(13 agosto 1596) y San Felipe se fundó por D. Francisco de

Valverde y Mercado(20 marzo 1597). _Col. de doc. inéd.,

etcétera_, tom. IX, pág. 108.

Desde que Cristóbal Colón, en su primer viaje, tomó posesión de Haití

(Isla Española) el 12 de diciembre de 1492, aquella fué la primera

colonia europea en el Nuevo Mundo y la capital o centro del poder

español en aquellas lejanas tierras.

Respecto a la isla de Cuba, descubierta también por Colón en su

primer viaje (al anochecer del 27 de octubre del citado año), quedó

casi olvidada por algún tiempo. Llamábanse _siboneyes_ sus primitivos

habitantes. En 1508 Nicolás Ovando, gobernador de la Española, mandó a

Sebastián de Ocampo, con dos carabelas, _para bojear a Cuba_. Recorrió

Ocampo la costa de Cuba y probó que era una isla. Ya en 1511, Diego

Colón, gobernador de la Española, dispuso que Diego Velázquez, natural

de Cuéllar (Segovia), fuera a poblar la mencionada isla. El cacique

Hatuey trató de impedir el desembarco de los españoles; mas vencido

hubo de retirarse a los montes, siendo al fin hecho prisionero y

condenado a morir en la hoguera. Como un fraile franciscano le dijera

que se hiciese cristiano, único modo de ir al cielo, el indígena

contestó que _no quería ir al cielo, porque allí iban los cristianos_.

La isla de Puerto Rico, que descubrió Colón en su segundo viaje, fué

explorada en el año 1500 por Juan Ponce de León, a quien recibió

amistosamente el cacique Agueynaba. Ovando, noticioso de que en la isla

de Borinquen se encontraba en abundancia el oro, mandó una expedición

de 200 españoles bajo las órdenes de Juan Cerón; pero considerándose

preterido Juan Ponce de León, acudió a los Reyes Católicos, quienes le

nombraron gobernador de Puerto Rico. Tuvo que sofocar cerca de Añasco

un levantamiento de los indios contra los encomenderos. Reedificó Ponce

de León la villa de Sotomayor y fundó la de San Germán.

Los españoles establecidos en Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico,

averiguaron la existencia de varias tierras situadas en la parte

septentrional, donde, entre otras cosas maravillosas, había una fuente

o río cuyas aguas tenían la virtud de remozar a los viejos que las

bebían. Llevado de la curiosidad o de la idea de lucro. Juan Ponce de

León, gobernador que había sido de Puerto Rico, armó tres naves y se

hizo a la vela el 3 de marzo de 1512. Saliendo de la isla de Puerto

Rico y corriendo al Noroeste cincuenta leguas, dió, el día 8, con los

bajos de Babueca, reconociendo después las isletas de los Caicos,

Yaguna, Amaguayo y Maniguá, llegando el 14 a Goanahaní, que situó en 25

grados, 40 minutos. Continuó navegando al Noroeste hasta que el Domingo

de Pascua, 27, vió tierra que el mal tiempo no le permitió reconocer,

continuando en la misma dirección hasta el 2 de abril que llegó a una

isla llamada por los indios _Cautío_, y que él denominó _Florida_, ya

por haberla descubierto en la _pascua de flores_, ya porque se ofreció

a su vista llena de verdura, de árboles y flores. Desembarcó Punce de

León y tomó posesión de ella a nombre del rey de España.

El día 8 continuó su derrota entre violentas corrientes, viéndose

obligado a fondear cerca de tierra, no sin que una de las naves se

perdiese de vista. Ponce no encontró buena acogida de parte de los

indígenas, con los cuales tuvo que pelear; retiróse a un río que llamó

de _la Cruz_, donde esperó en vano el bergantín perdido. El 8 de mayo

dobló el _cabo de Cañaveral_, que él llamó de _Corrientes_ por la

fuerza que allí tienen. Reconociendo la costa halló hacia los 27 grados

dos islas, una tercera más al Sur y una cadena de isletas que nombró

los _Mártires_. Recorrió la costa sin notar que era tierra firme,

encontrando en todas partes indios suspicaces, sumisos a veces y fieros

otras.

Después de algunos días determinó dar la vuelta a la Española y a

Puerto Rico. Al paso descubrió nuevas islas y reconoció otras vistas

anteriormente. A un grupo de ellas dió el nombre de _Tortugas_ por la

abundancia que de ellas había, a otras denominó de la _Vieja_, porque

sólo pudo ver una vieja india y que recogió en sus navíos. El 25 de

julio se encaminó a Biminí, en cuya tierra se suponía que estaba la

fuente prodigiosa; continuó navegando hasta que descubrió la isla de

Bahama. Desde la isla de Bahama corriendo al Oeste cuarenta leguas, se

encuentra, según Oviedo, la tierra de Biminí. Salió de Bahama con mucho

trabajo el 6 de agosto, llegando el 16 a una de las islas Lucayas. En

Guanimá compuso los navíos de sus averías, acordando allí que Juan

Pérez de Ortubia con el piloto Antón de Alaminos y algunos indios

prácticos se dirigiesen con un navío a reconocer la isla de Biminí, en

tanto que él continuaba su viaje a Puerto Rico, a cuya isla llegó el 21

de septiembre. Pocos días después entró el otro navío que fué a Biminí,

sin tener la fortuna de encontrar la fuente milagrosa; pero en cambio,

halló una isla grande, con muchos árboles y abundantes aguas. Si este

viaje fué de poca utilidad para Ponce de León, tuvo interés para la

navegación que se hace por el canal de Bahama de regreso a España, y

también por el descubrimiento de tantas isletas, bajos, restingas y

canales, que hacen peligrosas las derrotas por aquellos mares.

[Ilustración:

Historia de América desde sus tiempos más remotos hasta nuestros días, tomo I · 第 83 / 152 题