CAPÍTULO XIII

LAS BELLAS ARTES ENTRE LOS INDIOS.--CARÁCTER DE LAS BELLAS

ARTES EN MÉXICO Y EN EL PERÚ.--MATERIALES EMPLEADOS EN LOS

MONUMENTOS.--LAS PIRÁMIDES.--RELACIONES ENTRE LOS MONUMENTOS DE

AMÉRICA Y LOS DEL ANTIGUO MUNDO.--LOS TEMPLOS: EL DE MÉXICO.--LOS

PALACIOS.--MONUMENTOS DE MITLA.--RUINAS DE PALENQUE.--ORATORIOS

DE OCOTZINGO.--ESTATUAS DE PALENQUE.--PIRÁMIDES DE

AKÉ.--OTROS MONUMENTOS.--LOS MONUMENTOS DE YUCATÁN Y DE

HONDURAS.--CONSIDERACIONES SOBRE LOS TEOCALLIS.--SU SEMEJANZA CON

OTROS DEL ASIA.--LA FALSA BÓVEDA EN AMÉRICA.--LA ARQUITECTURA EN

EL PERÚ: MONUMENTOS PRE-INCÁSICOS Y DE LOS INCAS.--EL TEMPLO DEL

CUZCO.--OTROS EDIFICIOS.--LA ARQUITECTURA PERUANA Y LA DEL VIEJO

CONTINENTE.--LA ESCULTURA.--EL DIBUJO Y LA PINTURA.--LA MÚSICA EN

MÉXICO Y EN EL PERÚ.--LAS BELLAS ARTES EN BOLIVIA Y EN LA AMÉRICA

CENTRAL.--EL CANTO: EL AREITO.

Antes de fijar nuestra atención en las construcciones arquitectónicas,

recordaremos que en las tres Américas (Meridional, Central y

Septentrional), se hallan cuevas más o menos profundas que fueron un

día, unas albergue de vivos, otras tumba de muertos y algunas templo de

dioses.

También en varios puntos de América se ven puentes naturales, ya

formados por árboles seculares, ya por grandes rocas. Consisten los

primeros en que un árbol, nacido en la margen de un río o torrente,

cae sobre la opuesta ribera y forma un puente sobre el cual pasa el

indígena. Pero no son esos los puentes que llaman más la atención en

las Indias: lo son los dos de roca viva de Icononzo, tendidos sobre el

profundísimo valle de Pandi y por el cual corre el torrente de Suma

Paz. Comunícanse los dos puentes: el uno está a más de 97 metros sobre

el nivel de las aguas y forma un arco que mide 14-1/2 de longitud, 12

con 7 decímetros de anchura, 2 con 4 de espesor en su centro; el otro

puente se halla sobre el torrente a unos 78 metros y se compone de tres

masas de rocas, haciendo oficio de clave la del medio. Tales puentes

deben ser obra de la naturaleza, como obra de la naturaleza son los

montes y los valles.

Pasando a estudiar la arquitectura propiamente dicha, haremos notar

primeramente la poca o ninguna relación artística que ha mediado

entre México y el Perú, dada la distancia tan corta que los separa.

Diferente es el camino que siguió el arte en México y en el Perú. Si

atendiésemos a imperiosas necesidades de la localidad, al clima, por

ejemplo, resultaría que debieran hallarse en México muchos edificios

del Perú, y en el Perú muchos de México. Ya sabemos que en sus

orígenes, las construcciones son, ya de piedra, ya de madera o ya de

ambas cosas. Pues bien, en ciertas localidades se comprende el empleo

de la piedra y la madera o el sistema mixto; pero no--y esto sucede

frecuentemente--que unos edificios sean sólo de piedra y otros de

madera.

Tal vez pueda explicarse todo esto no olvidando que Manco Capac, en el

Perú, y Quetzalcoatl en México, fundadores el primero de aquel Imperio

y el segundo del último, son extranjeros. Ellos y su gente importaron

la cultura de su primitivo país a sus nuevos Estados, y no teniendo en

cuenta las condiciones de las ciudades peruanas y mejicanas, levantaron

edificios como los que habían dejado en su antigua patria. Peruanos

y mejicanos dieron a sus obras formas artísticas diferentes, que,

mediante transiciones y modificaciones, llegaron al estado de relativa

perfección.

Los materiales empleados en los monumentos eran los mismos que los

usados en Europa, esto es, la tierra, la arcilla, la madera, la cal,

la arena, el betún y la piedra; el adobe y el ladrillo; la argamasa,

el cemento y el estuco. Usábase también de los mismos aparejos: el

tapial, el hormigón y la mampostería; el sillar paralelepípedo, el

ciclópeo y el almohadillado; la sillería de juntas en cruz y la de

juntas verticales; los revoques y los enlucidos[264]. No huelga decir

que tales construcciones no se hallan en los pueblos salvajes. Si

encontramos la columna en muchos edificios de los pueblos cultos, el

arco no fué conocido en ningún pueblo. En frisos y cornisas vemos

riqueza considerable, y, por lo que respecta a los huecos, sólo por las

puertas recibían la luz la mayor parte de los edificios. Las puertas

eran rectangulares y algunas cuadradas, y las ventanas, donde las

había, presentaban la misma forma que las puertas. Como los grandes

edificios, especialmente los templos, se edificaban en sitios elevados,

para subir a ellos se recurría a la rampa o a la escalera. Los tramos

eran, generalmente, rectos, las escaleras angostas y los escalones

altos. Los pasamanos, como los escalones, estaban construídos de piedra.

[264] Véase Pi y Margall, Ob. cit., vol II. págs. 1.801 y

1.802.

Abundaban las pirámides y, entre otras, llamaban la atención la del

Sol y la de la Luna en Teotihuacán, la de Cholula, la de Teopantepec

y la de Huatusco. Acusan marcado adelanto las de Huatusco, Papantla,

Xochicalco y Tusapán. La de Tusapán es perfecta. «Sólo éstas--dice

el historiador citado--merecen el nombre de pirámides. Las demás

no tienen ni siquiera oblicuas las aristas de los diversos altos

que las componen. Son todas, no secciones piramidales, sino

paralelepípedos-rectángulos, de abajo arriba, el uno menor que el otro.

Escaseaba en Egipto este género de construcciones; abundaba en la

cuenca del Tigris y del Eufrates, en los antiguos reinos de Asiria

y Babilonia. Herodoto vió el templo de la ciudad de este nombre y

lo describió en el párrafo 181 del libro primero de su Historia. El

templo, según él, era cuadrado en su base, y medía en cada uno de sus

frentes dos estadios, 370 metros. En medio de esta base se alzaba una

torre maciza de un estadio de longitud y otro de anchura; sobre ésta,

otra; sobre ésta, otra; y así sucesivamente, hasta el número de ocho.

Alrededor de todas había una rampa, y como a la mitad un relleno con

asientos para descanso de los que subían. En la última torre estaba el

santuario. A juzgar por las ruinas que aún existen, debió de ser esta

forma de construcción, tan general y típica en aquella parte del Asia

como en América. Lo hubo de ser hasta en la Pérsida. Nos lo revela el

sepulcro de Ciro que cabe aún ver en lo que fué ciudad de Pasárgada.

Véase el tomo II de la obra _Histoire de l'Art dans l'Antiquite_,

principalmente el capítulo II y el IV»[265].

[265] Nota de Pi y Margall, escrita por él mismo en su

_Historia de América_, volumen segundo página 1.825.

Al oeste de Puebla de los Angeles se encuentra la citada pirámide de

Cholula. Antes de pasar adelante, consignaremos que las pirámides

de Teotihuacán son de tierra, arcilla, argamasa y guijarros; la de

Cholula, de adobes; la de Huatusco, está revestida de piedra, y la de

Xochicalco, es de sillería.

Respecto a templos, tal admiración causó a Hernán Cortés el mayor

de México, que suyas son las siguientes palabras: «al es--decía el

insigne capitán--su grandeza, que no lo sabría explicar lengua humana:

dentro de su circuito se podría muy bien facer una villa de quinientos

vecinos. Hay bien cuarenta torres muy altas, la mayor más alta que

la de la catedral de Sevilla. Son todas de tal labor, así en lo de

piedra como en lo de madera, que no pueden estar en parte alguna mejor

labradas ni hechas.»Comenzóse su fábrica por Tizoc, el año 1483, y fué

inaugurado por Almitzotl, el 1487. Dentro de vasta cerca, coronada

de almenas, había 33 templos, siete casas para otros tantos colegios

de sacerdotes, seis oratorios, una hospedería, cuatro albercas, dos

juegos de pelota y otras habitaciones, sin contar los muchos patios,

alguno tan grande que medía más de 130 metros en cuadro. Otro palacio

no menos digno de memoria describe Cortés. En él dice que tenía

Moctezuma un jardín con miradores que del suelo al techo eran de jaspe.

En dicho jardín había diez albercas y en ellas se mantenían muchas aves

acuáticas. Los leones, tigres, lobos y otras fieras, como también las

aves de rapiña, tenían sus correspondientes albergues. Otros palacios

con sus jardines se levantaban en Tezcuco, en Toxcutzingo y en la

Quemada. En el Estado de Oajaca, en el fondo de un valle, y en medio

de un semicírculo de agudos picachos, se hallan los monumentos de

Mitla. Estas antiguas necrópolis consisten en cuatro grandes fábricas,

llamadas comúnmente palacios, y dos pirámides que se consideran como

altares o templos. «Examinados en conjunto--dice Pi y Margall--los

cuatro monumentos, asombra a la verdad su rigor geométrico, la pureza

y la energía de sus líneas, la precisión de sus ángulos, la simetría

y harmónica disposición de sus partes, el corte y las juntas de sus

piedras que hicieron inútil la argamasa, las combinaciones de sus

mosáicos, también sujetos a medida. No cabe regularidad mayor que la de

esas singulares construcciones»[266]. Las dos pirámides, la una está

situada al Oeste de la primera necrópolis, y la segunda al Sur de la

última; aquélla consta de cuatro pisos y ésta de tres.

[266] _Historia general de América_, vol. II, pág. 1.839.

Pasamos a estudiar las ruinas de Palenque, restos de antigua ciudad

llamada Nacham, y que--según Dupaix--tenía de extensión unos doce

kilómetros. A la sazón--si damos crédito a Waldeck--apenas llega a

cinco. Se hallan en territorio de Chiapas, orillas del Otolúm, de 11 o

12 kilómetros al Sudoeste de Santo Domingo, en las colinas de un valle

y a la entrada de una serranía de la que bajan abundantes arroyos.

Cinco son los principales y ruinosos monumentos: el Palacio, el templo

de la Cruz, el del Sol, el del Relieve y el de los Tableros.

Hay, además, muros aislados, arranques de edificios, sillares sueltos

y dos pirámides. Al Norte está el Palacio; al Sur, y casi en la línea

del Palacio, el templo del Relieve: al Sudeste, los del Sol y la Cruz;

al Sudoeste, el de los Tableros, y a unos 3.500 pasos al Mediodía de

la última casa Nordeste de Santo Domingo, las dos pirámides. Levántase

el Palacio casi a la margen del Otolúm, sobre una mole piramidal de

78 por 86 metros de base y 11 o 12 de altura; el Palacio mide de alto

8 metros y de base 50 por 35. En sus cuatro frentes lleva 40 huecos,

distinguiéndose las puertas sólo por la mayor anchura. Las talladas

losas, numerosas tumbas y gigantescas estatuas, han hecho que algunos

arqueólogos hayan creído que el citado lugar fuera sagrado, donde se

congregaba un pueblo de devotos y residía el alto sacerdocio de los

mayas[267].

[267] Véase Navarro Lamarca, ob. cit., págs. 273 y 274.

En Ocotzingo, allá en la vertiente de pequeño cerro, al que se sube por

espaciosa y casi desmoronada gradería, se levantan tres adoratorios,

dos pequeños y uno mayor central; y en segundo término, la arquitectura

de los mencionados oratorios es del mismo gusto que la de Palenque.

Dentro del territorio de Yucatán, que es donde se descubren más restos

de edificios antiguos, se ven muchos monumentos que afectan la forma

piramidal.

Las dos estatuas de Palenque, según algunos críticos, hubieran podido

también aparecer en Egipto sin llamar la atención de los arqueólogos.

¿Serán casuales las semejanzas entre los monumentos del Antiguo y

del Nuevo Continente? Es evidente que en los comienzos de la cultura

primitiva, la humanidad ha debido desplegar sus energías del mismo

modo, siempre que se haya encontrado en condiciones semejantes,

por cuya razón no causa extrañeza la semejanza entre los edificios

americanos y los del Antiguo Mundo. Cuando el arte ha llegado a su

completo desarrollo, entonces no existen ciertas analogías, pues--como

dice Riaño--«nunca se da el caso en la historia del arte de que

aparezcan en distintas localidades, debido a la casualidad, formas y

pormenores que representan las más veces muchos siglos de cultura»[268].

[268] _El arte monumental americano._ Conferencia pronunciada

en el Ateneo de Madrid el 26 de mayo de 1891, pág. 13.

Como a 40 kilómetros al Este de Mérida, en un lugar llamado Aké,

se encuentran 15 o 20 pirámides de diferentes tamaños, las cuales

sostuvieron palacios hoy completamente derruídos. También en Izamal se

admiraban varias pirámides, llamando particularmente la atención la de

Kinichkakmó, que tenía dos pisos, veinte escalones, ancha plataforma y

detrás una plazoleta con otro cerro o pirámide que sostenía un templo.

Era redonda por su parte posterior y toda de cantería. Cada escalón

tenía de largo 28 metros y de alto cinco decímetros. Al ocuparse

Charnay de los restos de un camino a la isla de Cozumel, y de otro a

Mérida, dice del último, que era de siete a ocho metros de anchura y

se componía de grandes piedras cubiertas de hormigón y de una capa

de cemento. De cemento era también el camino a la isla de Cozumel.

En Mayapán se admira otro monumento, el cual manifiesta los mismos

caracteres que los anteriores. Las ruinas de Chichén-Itzá ocupan un

rectángulo de 835 metros de largo y 556 de ancho: al Norte está el

templo y, según otros, gimnasio o circo; al Este el Pórtico, y entre

el templo y Pórtico el castillo; al Sur el Acabtzib y la Casa de

las Monjas, más al Norte el Caracol, y al Oeste el Chichanchob o la

Casa Roja. El más antiguo de todos estos edificios y a la vez el más

humilde, es el Acabtzib; y el más moderno y también el más bello, es la

Casa de las Monjas. Debe fijarse la vista en las numerosas e imponentes

ruinas que se descubren en Uxmal, la Atenas de los mayas. Preséntanse

a nuestros ojos, al Norte, el Palacio o Casa de las Monjas, la Casa de

los Pájaros y el cerro del Enano o del Adivino; a Mediodía Las Culebras

o juego de Pelota; más al Sur la magnífica Casa del Gobernador y la

de las Tortugas; al Sudeste la Casa de la Vieja y al Sudoeste la Casa

de las Palomas. Son por más de un concepto notables los monumentos de

Kabah, la Casa Grande de Zayi, los edificios de Labnah, los de Kewick,

y en las costas del Oriente los de Tuloom. El apogeo del arte americano

se encuentra en Yucatán. Algunos autores creen que la arquitectura tuvo

su comienzo en Aké y su fin en Zayi. Al Sur de la Península yucateca se

hallan las ruinas de Tikal. En la margen izquierda del Usumacinta se

ven las ruinas de Lorillard, y en una de las islas del lago Yaxhaa,

aparece especie de torre de cinco altos. En la margen oriental del río

Copán (límites o confines de Guatemala y Honduras), se admiran grandes

ruinas, como también en Quirigua, mucho más al Norte. Las ruinas de

Tenampua, situadas al Sur, tienen bastante parecido a las de Copán.

[Ilustración: Teocalli en Palenque.]

Continuando el estudio de los templos o casas de Dios (Teocallis),

diremos que los encontramos dentro de los valles del río Usumacinta,

que desagua en la bahía de Campeche (golfo de México). Ya sabemos que

de la misma clase hay muchos en México, no siendo tampoco extraño, sino

bastante frecuente, que haya varios en una misma localidad. Todos los

mencionados Teocallis manifiestan la misma forma de pirámide, truncada

en su último tercio, con el fin de dejar una explanada para levantar un

adoratorio, donde estuviesen encerradas las imágenes. Se ascendía al

pequeño santuario por medio de escaleras, las cuales eran diferentes,

manifestándose las mayores variedades en su estructura. Como ejemplos

de tales monumentos dimos a conocer diferentes pirámides, siendo

de notar que es una cuestión todavía no resuelta por los críticos

acerca de si tienen o no cierto parecido o semejanza los Teocallis de

México con las pirámides de Egipto. Creen algunos--y en ello estamos

conformes--que, además de las grandes diferencias en la forma, los

Teocallis son templos y las pirámides son tumbas. Afirma el señor Riaño

que los Teocallis tienen bastante parecido con edificios de la misma

forma levantados en el Thibet, Cambodia y en toda la parte fronteriza

entre la India y la China, como igualmente en otras localidades de

varias regiones del Oriente. Nadie negará--por ejemplo--que los

Teocallis de Tehuantepec y de Xochicalco manifiestan en su estructura y

pormenores verdaderas identidades con los templos en forma de pirámide

de Sukú y de Boso Budhor (isla de Java).

Encontramos otra clase de monumentos antiguos en México, adornados con

trabajos de escultura y pintura, pudiendo servir de ejemplo, entre

otros, los ya citados de Mitla.

No hubo arcos, como sabemos, en la arquitectura americana; pero

en Palenque y Yucatán se abovedaban puertas y salas. Recientes

descubrimientos han corregido la idea que hasta aquí se tuvo sobre el

origen de la bóveda. Atribuíaselo a los Etruscos, y hoy es indiscutible

que la hubo en Egipto, Caldea. Asiria, tierra de Israel, Fenicia y en

las costas de Cerdeña.

Se ha encontrado en casi todo el Occidente de Asia la verdadera y la

falsa bóveda: así la de dovelas como la de piedras horizontales, de la

que acabo de hacer mérito. Ofrece Abydos un ejemplar de la primera en

un sepulcro, y de la segunda en una capilla. En Egipto, sin embargo,

la falsa bóveda era perfectamente semicircular, tanto que algunos la

suponen coetánea y aun posterior a la verdadera. Verdadera o falsa,

aparecía principalmente en los monumentos de ladrillo, en los de los

Ptolomeos y en los de los Faraones.

La falsa bóveda de América se la ve mejor que en parte alguna en la

isla de Cerdeña, en un pasadizo de la unragha de zuri. La bóveda es

allí de cantería, y tiene por cerramiento una serie de lajors. Notable

es también en este género una bóveda de la necrópolis asiria de

Mugheir, bien que de adobes y con los muros que la sostienen inclinados

hacia dentro.

Empleaban la verdadera bóveda los pueblos occidentales de Asia, sobre

todo en los canales y demás obras subterráneas. En ninguno constituía

uno de los elementos comunes de la Arquitectura[269].

[269] Nota manuscrita de Pi y Margall, etc., pág. 1.805.

Por último, entre otras antigüedades mejicanas, citaremos la _Máscara

del Sol_, el _Calendario_ y dos _ídolos_.

Pasando a estudiar la arquitectura del Perú, dividiremos los monumentos

en dos clases: pre-incásicos y de los incas. Entre los primeros

se hallan los de Tiahuanaco, donde deben admirarse las puertas

monolíticas, que son muestra curiosa e importante de la primitiva

historia del arte. ¿Qué objeto podrían tener cuando no servían de

paso y eran por sí solos monumentos? No lo sabemos. También anterior

a los incas debió ser otro edificio de Tiahuanaco y del cual solo

vió Cieza un muro bien labrado. Anteriores debieron ser del mismo

modo dos ídolos que dicho autor calificó de gigantescos. Se admiran

monumentales puertas de sólida sillería y de forma piramidal, en una

meseta de los Andes, a la que se sube desde el valle de Colpa y donde

se halla Huánuco el Viejo. Recuerdan el arte egipcio por la tendencia a

la pirámide, y el arte griego por el esmerado corte y buen asiento de

las piedras, la acertada contraposición de las juntas y la pureza de

las líneas y la sobriedad de adornos. Merece atento exámen en Huánuco

un terraplén que lo mismo pudo ser mirador que fortaleza. Puertas y

terraplén formaban parte de un vasto sistema de construcciones. A unos

ocho kilómetros del puerto de Huanchaco (valle de Trujillo), al Sur,

se ven los monumentos del Gran Chimu. En un área de cuatro kilómetros

vivía--según todas las señales--un pueblo que tenía ricos palacios y

extensos jardines, laberintos, templos, sepulcros, plazas, calles de

humildes viviendas y un estanque que recibía las aguas del río Moche

por larga y bien construída acequia. No lejos de las citadas ruinas,

a unos cuatro kilómetros de la ciudad de Trujillo al Este, hay una

fábrica que llaman Templo del Sol y que consiste en una pirámide

rectangular de tres pisos, toda de adobes; tiene de altura de 25 a 31

metros, en su base 125 por 130 y en la plataforma 104 de anchura. Un

poco más abajo se halla otro edificio, también de adobes, que mide 90

metros en cuadro y está rodeado de un muro grueso de 33 decímetros.

Por lo que se refiere a los monumentos de los incas, comenzaremos

trasladando aquí la siguiente observación de Humboldt: «Imposible es

examinar con atención un solo edificio del tiempo de los incas, sin

reconocer el mismo tipo en todos los demás que existen en la superficie

de los Andes, en una extensión de más de 450 leguas, desde 1.000 hasta

4.000 metros de elevación sobre el nivel del Océano. Parece que un

solo arquitecto ha construído este gran número de monumentos»[270].

La arquitectura peruana se distingue por la rica variedad de sus

materiales y sus aparejos. Empleaba generalmente el pórfido, el

granito, y a menudo, el adobe o ladrillo; también el barro, el cascajo,

la piedra en bruto y labrada, la arenisca y pizarra; por morteros o

argamasa, ya una mezcla de yeso y arena, ya una mezcla de betún y

cal, y ya cierta arcilla soluble y pegajosa. Usaba el hormigón, la

mampostería, la sillería común y la almohadillada, y, con no poca

frecuencia, el aparejo denominado _ciclópeo_, que consiste en grandes

piedras sin cemento o argamasa que las una, sólo empleado por los

pueblos de Europa en los monumentos militares. Lo encontramos en las

murallas de Tarragona (España). En el Perú vemos sus manifestaciones

más legítimas en las fortalezas del Cuzco y de Ollantaitambo, no sin

que notemos diferencias entre unas y otras, pues allí las piedras se

hallan separadas por intersticios, y en Ollantaitambo están unidas casi

perfectamente. Otro aparejo ciclópeo--si cabe darle este nombre--se

distingue considerando la arquitectura de los incas, y consiste en

no guardar riguroso orden ni en la colocación de los sillares ni en

la formación de las hiladas, como puede verse si contemplamos la

fachada Norte del palacio de Titicaca, el frente septentrional de un

palacio de Cajamarca y otros muchos edificios. Los demás aparejos son

excepcionales y únicamente se hallan en determinadas construcciones; o

son mezcla de hormigón y pedruscos, o consisten en el empleo de adobes,

hechos de barro y paja. Por todas partes se admiran templos, palacios,

monasterios de las vírgenes del Sol, estaciones militares o tambos,

coptas (depósitos de armas, de cereales, de tejidos, etc.), casas de

baños y casas de juego. El templo del Cuzco tenía de circuito más de

560 metros y estaba cercado por una muralla. La puerta se hallaba al

Oriente. Consistía su decoración en una cenefa de oro que llevaba por

su parte más elevada y a todo su alrededor; la puerta estaba cubierta

por una lámina de oro. En su parte interior el oro constituía todo el

ornato, todo el adorno del templo; de oro y pedrería era el Sol del

testero del fondo. El pavimento estaba embaldosado de mármoles y el

techo de paja le ocultaban finos tejidos de algodón bordados de vivos

colores. Contiguo al templo había un patio, por cuyas paredes corría

un friso de oro; dentro del patio se encontraban santuarios erigidos

a la Luna, a las Estrellas, al Trueno y al Arco Iris. La imagen de la

Luna era de plata, y de plata estaban revestidos los muros y la puerta

del santuario. El segundo santuario tenía aforrada de oro la puerta y

recamado de estrellas el velo tendido debajo del techo.

[270] _Vues des Cordilléres_, págs. 107.

Es de advertir que en los monumentos del Perú no se conocía la columna.

Las puertas de las casas tenían las jambas oblícuas y resultaban más

estrechas en el dintel que en la base. Triangulares había algunas,

y también rectangulares. Umbral no tenía puerta alguna y batientes,

pocas. Las ventanas, que apenas las había, presentaban ordinariamente

la forma de las puertas. Los escalones eran casi siempre de piedra

como también los pasamanos. Los adornos de los monumentos tenían el

mismo carácter que en México. Extraordinario--repetimos--fué el lujo

desplegado en el templo del Cuzco; por dentro y por fuera abundaba el

oro con toda esplendidez. Exteriormente una cenefa de oro, según Cieza,

ancha de dos palmos y gruesa de dos dedos, corría alrededor de todo el

templo; interiormente las puertas y las paredes se hallaban cubiertas

de planchas de oro. No andan descaminados los que dicen que el gran

templo del Sol era el edificio más magnífico del Nuevo Mundo y tal vez

en el Antiguo no hubiere otro que pudiera comparársele en la riqueza de

sus adornos.

Para terminar el estudio de los monumentos del Perú, añadiremos los

siguientes: el palacio de Manco Capac, que se levanta en una de las

islas del gran lago; la casa de las monjas o vírgenes dedicadas al

culto del Sol; las tumbas que se encuentran en el camino que va del

Cuzco a Sinca, y las murallas ciclópeas del mencionado Cuzco[271].

Los citados edificios están hechos de piedra y nada tienen de madera,

siendo de notar la absoluta carencia de ornamentación. No es esto

decir que en el imperio de los incas se desconociera el adorno, pues

rica decoración se manifiesta en las ruinas del palacio de Chimu,

en las de Hatuncolla y en otras, hallándose también muchos objetos

profusamente decorados; pero en el citado palacio de Manco Capac y

demás monumentales, la sobriedad de líneas no puede ser mayor. Tales

construcciones guardan completa semejanza y aun pudiéramos decir

igualdad con las griegas arcaicas y etruscas, hechas seis siglos antes

de la era cristiana.

[271] También debemos mencionar las ruinas del palacio de

Mamacuna en Pachacamac, el palacio del inca Rocca y las

fortalezas de Ollantaytambo y Tiahuanuco.

Las murallas del Cuzco pertenecen al mismo sistema de construcción

que las de Mycena, Cremona, Tarragona y otras fundadas por etruscos y

griegos. Aquéllas y éstas se hicieron con grandes bloques de piedra de

forma irregular, colocadas en hileras de desigual altura, y con los

huecos llenos de piedras pequeñas, para igualar, aunque con poco arte,

los planos del muro. A semejante construcción se llama poligonal, por

los muchos lados que presentan los bloques, los cuales se usaban como

salían de las canteras. Generalmente, esta clase de obra se empleaba en

la base del edificio, continuando sobre ella la fábrica con sillares

labrados, «aunque desiguales también en longitud y altura, y no falta

alguno que otro ejemplo en que los sillares afectan ya la forma

rectangular, colocados en hiladas iguales, con las uniones verticales

dispuestas de manera que caigan en los centros de los rectángulos, o

sea, adoptando el perfecto sistema de este género de obras, el _opus

quadratum_ de los romanos, que no ha variado después»[272].

[272] Riaño, Conferencia pronunciada el 26 de mayo de 1891 en

el Ateneo de Madrid, pág. 10.

Lo mismo en puertas, ventanas y otras perforaciones de los muros de

muchos edificios, se emplea la forma de trapecio, de igual manera que

aparece en los antiguos restos de Etruria.

Si en algunos edificios del Nuevo y del Viejo Mundo hay semejanzas

arquitectónicas, existen otros en el Perú, donde brillan en todo su

esplendor la originalidad y fantasía de aquellas gentes, como son los

del lago de Umaya, los de Cacha, de Palca, de Chimu, de Hervai, de

Cajamarquilla y de Quisque.

Ocurre preguntar: ¿Cómo bloques tan grandes, no siendo conocida la

mecánica, se pudieron traer de distancias tan considerables? ¿Cómo

no fueron labradas las piedras, si se conocían los instrumentos

indispensables para dicho trabajo? ¿Por qué se les dió tanta

consistencia, si las armas en aquellos tiempos eran únicamente flechas?

Había piedras en el castillo de Cuzco que tenían de anchura 16 pies

y altas más de 13. Las había de 36 de altura por 24 de anchura. Las

había anchas de 6 pies, altas de 22 y largas de 50. Debieron llevarse

arrastrando a través de cerros y ríos, y en las pendientes rápidas

emplearían muchos hombres, ya para empujarlas, ya para impedir que se

desprendiesen al fondo de los barrancos. Dicha fortaleza tenía tres

murallas por la parte del campo y una por la de la ciudad, la cual se

hallaba construída--según Garcilaso que la vió--con piedras labradas y

regulares como las del templo de la misma ciudad de Cuzco. Por lo que

respecta a la consistencia extraordinaria de sus fortalezas cuando sólo

se conocían las flechas, no acertamos a dar satisfactoria explicación.

Consérvanse en el _Museo Antropológico de Madrid_ algunas curiosas

antigüedades peruanas.

En Bolivia, las primitivas bellas artes de los indios aymeraes estaban

reducidas a las _chullpa_ (casita pequeña de piedra) y a las _pucanas_

(montecillo fortificado con varias zonas de gruesas piedras); sobre

ellas estaba una _chaca_ o un templete construído con muros de piedra

cubiertos con grandes losas.

En Guatemala, Nicaragua y en algunos otros países de América se

cultivaron las bellas artes. Afirman algunos escritores que en Yucatán

estuvo el apogeo del arte americano, y añaden que allí la tendencia al

arco era manifiesta.

Por lo que a escultura y pintura respecta, siempre encontramos--como

escribe Navarro Lamarca--la misma rigidez de líneas, la misma tosquedad

de factura, el mismo afán de imitación grosera, la misma falta de

espontaneidad e idealismo[273].

[273] _Compendio de Historia general de América_, tomo I, pág.

150.

Fijándonos en la escultura no deja de observarse, aun en las mejores

obras que decoran los templos, que el sentimiento de la naturaleza era

todo. La idea de Dios no inspiraba al artista americano. Sin género de

duda podemos afirmar que el arte escultural en las Indias hizo pocos,

muy pocos adelantos. En Tiahuanaco se han encontrado una estatua de

granito y una cabeza de pórfido, resultando las dos paralelepípedos y

prevaleciendo en las dos la línea recta. Cerca de Cajabamba se halló

otra escultura de granito que representaba un hombre en cuclillas y

en actitud de orar; pero aunque sea como las de Tiahuanaco, se nota

que el artista hizo esfuerzos para redondear las formas de la cara, lo

cual ya es un progreso digno de alabanza. Superior es, sin duda, el

arte escultórico entre los muiscas, como se muestra por las estatuas

y relieves hallados en el fondo de un bosque, cerca de Timana, donde

comienza el valle del río Magdalena.

[Ilustración: Escultura en las ruinas de Copán.]

En Nicaragua la escultura reprodujo mejor al bruto que al hombre, y

del hombre, lo mejor la cabeza. En Copán (Honduras) participó el arte

escultórico del de los muiscas y del de Nicaragua. Los monumentos

de Quisigua son inferiores a los de Copán. Los de Yucatán recuerdan

a Tiahuanaco en las máscaras que adornan el frontis de uno de los

edificios de la casa de las Monjas, a Nicaragua en las fauces de fiera

que sirven como de tocado a ciertas figuras de Nohpat, y a los muiscas

en el remedo de las facciones humanas. Los relieves escultóricos

del gimnasio o juego de pelota de Chichén-Itzá (Yucatán), son más

artísticos que los de Copán y Tiahuanaco. La influencia de la bárbara

religión azteca en la escultura de México, produjo monstruos y no

estatuas. Otros relieves que encontramos en diferentes puntos de México

son inferiores a los del gimnasio de Chichén-Itzá. Llegó la escultura

en Palenque del mismo modo que la arquitectura a un relativo apogeo.

No labró muchas estatuas; pero sí figuras de relieve, las cuales hizo

de piedra o de estuco. Los relieves del palacio de la gran pirámide

consisten en figuras de granito, casi todas de mujer, altas de tres

metros, unas de pie y otras de rodillas, desnudas de la cintura

arriba, y de la cintura abajo con faldas o con un _maxtli_ suelto.

Estas figuras, tal vez copias de una raza que ha desaparecido, tienen

deprimida la frente, corva y grande la nariz, salientes y gruesos

los labios. Lo mejor modelado de ellas es la cabeza; pero de todos

modos son inferiores a las de estuco. Es evidente que los artistas

de Palenque no sabían hacer en piedra lo que en estuco. En el templo

de la Cruz se hallan relieves en piedra mejores que los anteriores,

aunque tal vez inferiores a los del Sol. La figura que ha dado nombre

al templo del Relieve es sumamente bella. Así la describe Pi y Margall.

«En almohadón riquísimo--dice--puesto sobre un banco a que sirve de

pies y brazos un monstruo de dos cabezas, está gallardamente sentada

una graciosa joven, vueltos a un lado los ojos, alzada la mano zurda,

con la diestra señalando, el pie izquierdo en la almohada y el otro

caído sin que apenas roce con el banco la punta de los dedos. Ciñe esta

joven un casco parecido al gorro frigio, del que sobresalen revueltas

plumas, viste una camiseta que no le cubre la mitad del pecho, y luce

un medallón suspendido de un collar de finas perlas; tiene prendida

al cinto una corta falda y una sobrefalda que cae sobre el almohadón

en airosos pliegues; ostenta en los brazos anchas ajorcas y calza

no menos elegantes sandalias que las de la otra figura»[274]. Esta

es--añade dicho escritor--la obra maestra de la escultura en América.

Por último, entre los zapotecas, mixtecas y tarascos la escultura sólo

creó monstruos, aunque de excelente ejecución, tales como la cabeza del

dios Ocelotl de Mitla, el vaso cinerario de Tlacolula y la urna Ocelotl

de Xochixtlahuaca.

[274] _Historia general de América_, volumen II, pág. 1.898.

Por lo que a la pintura se refiere, era ésta polícroma. También es

cierto que los mejicanos y peruanos hacían uso de la pintura mural.

El historiador Cieza vió brutos y aves pintados en las paredes de las

fortalezas de Huarco y Paramanga, y Charnay descubrió en Tula una casa

tolteca, en cuyas paredes pintadas de blanco y rojo sobre fondo negro

halló caprichosas figuras. Por espacio de muchos años se han podido

contemplar en los muros del Juego de Pelota de Chichén-Itzá pinturas de

costumbres de los mayas en diferentes colores (rojo, amarillo, verde y

azul).

En algunos códices se ven pinturas de varios colores, siendo las más

perfectas las de los códices Borjiano y Vaticano; pero estéticamente

consideradas, lo que se llama verdadera pintura, no la hubo en América.

Se sabía dibujar, no pintar. Refiere Garcilaso--no sabemos con qué

fundamento--que el inca Viracocha hizo pintar en lo más elevado de alta

peña dos condores: el uno, abiertas las alas y mirando al Cuzco; el

otro, recogidas las alas y baja la cabeza.

[Ilustración: Dibujo propiciatorio. (Pueblos).]

Por tanto, puede afirmarse en el terreno de la estética que ni los

arquitectos, ni los escultores, ni los pintores dieron señales de gusto

y de conocimientos de la belleza. Dígase lo que se quiera por los

apasionados defensores de las bellas artes americanas, aun las de los

pueblos más adelantados, carecían de la hermosura, gracia e inspiración

de las griegas, romanas y cristianas.

Cultivóse la música con algún entusiasmo entre algunos pueblos de

América, distinguiéndose especialmente los mejicanos y peruanos. Sin

embargo, sólo sirvió como auxiliar del canto y del baile. Respecto a

la música de los haravies del Perú, dominaba en ella--según anónimo

escritor--melancólica monotonía que nacía de su vaga tonalidad y de

su constante terminación en notas bajas. La música azteca--escribe

el señor Chavero--revelaba el carácter belicoso del pueblo y en los

cantares de la muerte parecía a veces lluvia de lágrimas.

Los instrumentos musicales que principalmente usaba el indio eran

el atambor, tamboretes, sonajeros y chirimías, silbatos de hueso o

madera y flautas de caña. En el Perú encontramos la _linya_, especie

de guitarra de cinco a siete cuerdas. El canto se usaba con frecuencia

en las funciones religiosas. Del mismo modo las danzas eran elemento

principal de las citadas funciones, no careciendo tampoco de interés

las llamadas guerreras. Aquéllas, unas tenían por actores a hombres

y otras a mujeres, usándose en todas máscaras grotescas y trajes

ridículos de colores.

El himno religioso, el canto de guerra y las canciones romancescas

tuvieron escaso valor. «Pocas muestras de cantos y salmodias

religiosas nos han dejado las primitivas razas americanas; pero

podemos asegurar que las endechas funerarias han prevalecido entre

todas ellas, llegando a obtener en alguna la forma de verdaderas

recitaciones poéticas. En el _Libro de los ritos de los Iroqueses_ se

encuentran ejemplares de éstas»[275]. El canto más extendido entre las

gentes aborígenes es el que nos dió a conocer Fernández de Oviedo con

el nombre de _areito_ (del verbo aranak, recitar). El citado canto, tan

parecido a los infantiles nuestros, coreados en rueda que repite el

verso dictado por el que lleva la voz cantante, fué sumamente estimado.

«Los cantos de Dakota recogidos por Riggs, los de Chippeway de los

californios, y tantos otros, son verdaderas especies de areitos, al

igual de los oídos por Oviedo en la isla española»[276].

[275] Sentenach, Ob. cit., pág. 58.

[276] Ibidem.

Historia de América desde sus tiempos más remotos hasta nuestros días, tomo I · 第 50 / 152 题