CAPÍTULO XI

LENGUAS AMERICANAS: SU NÚMERO.--LENGUA DE LOS HABITANTES EN LA TIERRA

DEL FUEGO: EL YAHGAN.--LENGUAS QUE SE HABLABAN EN LAS PAMPAS Y EN EL

GRAN CHACO.--LA LENGUA CHARRÚA.--LENGUAS DE LA AMÉRICA MERIDIONAL:

GRUPO ATLÁNTICO Y GRUPO ANDINO.--EL GOAGIRO ARAWAK.--EL TAPUYA,

EL TUPÍ Y GUARANÍ.--LENGUA CHIQUITA.--EL CHIBCHA, EL QUICHUA Y EL

AIMARÁ.--OTRAS LENGUAS.--LENGUAS DE LA AMÉRICA CENTRAL.--EL MAYA

QUICHÉ Y EL NAHUATL O AZTECA.--EL OTOMÍ Y EL PAMA.--LENGUAS DE LA

AMÉRICA SEPTENTRIONAL: EL CAHITA TA Y OTROS.--EL ÓPATA Y EL DACOTA.--EL

CHIGLET Y OTROS.--PARTES DE LA ORACIÓN EN LAS LENGUAS AMERICANAS.--LA

ESCRITURA.--EL LENGUAJE DE LOS GESTOS.

Hase dado en nuestros días suma importancia al estudio de las lenguas,

pretendiéndose obtener, mediante ellas, el origen y parentesco de los

pueblos. Que el estudio es interesante no cabe duda alguna, si bien, a

veces, la filología no ha estado conforme con la antropología[235].

[235] Para escribir este capítulo hemos tenido presente, y a

veces hemos seguido al pié de la letra, las obras siguientes:

Fernández y González, _Los lenguajes hablados por los

indígenas del Norte y Centro de América_, Conferencia dada

en el Ateneo de Madrid el 29 de febrero de 1892.

Fernández y González, _Los lenguajes hablados por los

indígenas de la América Meridional_, Conferencia dada en el

Ateneo de Madrid el 16 de mayo de 1892.

Sentenach, _Ensayo sobre la América Precolombina_.

Conde de la Viñaza, _Bibliografía española de las lenguas

indígenas de América_.

Considerable es el número de lenguas y dialectos que se hablaron en

América. Bastará decir que el P. Kircher, aprovechando en su obra

_Sobre la Torre de Babel_ los datos que le comunicaron los Padres

Jesuítas de las misiones de América, al celebrarse una Congregación en

Roma el 1676, hubo de elevar a quinientos el número de tales idiomas.

En el siglo décimo octavo, D. Juan Francisco López sostuvo con algún

fundamento que se hablaban en las Indias Occidentales no menos de

mil quinientos[236]. En nuestros días, Brinton, ilustre profesor de

Arqueología y de Lingüística americana, menciona unos ochocientos

cincuenta y cuatro lenguajes entre idiomas y dialectos[237]. Por

nuestra parte, sólo habremos de citar algunos idiomas, y siguiendo

el método del inmortal Hervás y Panduro, comenzaremos estudiando las

lenguas del Sur de América hasta remontarnos a las del Norte. En tres

partes dividiremos el asunto, las cuales serán las siguientes: _Lenguas

de la América Meridional_, _Lenguas de la América Central_ y _Lenguas

de la América Septentrional_. Trataremos cada una de dichas partes

sin sujetarnos al orden observado por Hervás. Al Sur de la Patagonia,

que es el país más meridional de América, se halla la Tierra del

Fuego, cuyos habitantes hablan el _yahgan_, lengua sumamente pobre

y rústica[238]. Afirman otros autores, entre ellos el Sr. Fernández

y González, que el yahgan es lenguaje bastante culto, y de él se

consideran dialectos el _oua_, hablado al Noroeste en ambas costas del

Estrecho de Magallanes, y el _aliculuf_ de los fuegueños al Noroeste.

Del yahgan ha hecho L. Adam detenido estudio en la _Revista de la

Lingüística_[239].

[236] Hervás, _Catálogo_, etc., vol. I, pág. 115.--Fernández y

González, Ibidem.

[237] _The American Race_, New York, 1891.

[238] En la Tierra del Fuego--según la opinión de von Martins

y del Dr. Deniker, de París--se encuentran los moradores más

antiguos de América.

[239] _Revue de la Linguistique_, XVII y XVIII

Las lenguas de las pampas manifiestan del mismo modo rudeza

extraordinaria. La región de las pampas comprende tres vastos

territorios, que son al Norte el Gran Chaco, en el Centro las pampas

propiamente dichas y al Sur la Patagonia. Entre las principales

familias lingüísticas del Gran Chaco se encuentran el _guaycuru_,

el _payagua_, el _chunupe_, el _lule_, el _vilelo_ y el _mataco_;

todos estos idiomas, al parecer, carecen de numerales, lo cual indica

el estado de ignorancia de los pueblos que hablaban tales lenguas.

Afirma Pelleschi--uno de los más sabios investigadores de los usos y

costumbres de los indios--que caudillos estimados como inteligentes en

la religión citada, no saben contar los dedos de las manos, llegando

su ignorancia a expresar los dos numerales primeros por palabras

compuestas y sin forma fija. Nada tendría de particular que todos los

indios que hablan el guaycuru en el Chaco (lengua distinta de la de

los indios de California, llamada con el mismo nombre) procedan del

Paraguay.

Del mismo modo se tiene por cierto que los _charrúas_, pueblo casi

salvaje, ocupaban la margen oriental del Uruguay; respecto a su idioma

apenas tenemos más noticias filológicas que las suministradas por

Hervás y Panduro. Haremos observar que, según Azara, la citada lengua

charrúa era completamente nasal y gutural.

Pasamos a estudiar lenguas y pueblos más importantes y también más

conocidos de la misma América Meridional. Estas lenguas pueden

dividirse en dos grandes grupos: el atlántico, representado

principalmente por el _goajiro_, _caribe_ y sus dialectos, con los

idiomas _tupí_ o _guaraní_, y el _chiquito_ de Bolivia, más pobre que

los otros de la citada América Meridional; el otro grupo es el andino,

occidental, que llega hasta el _araucano_.

En rigor de verdad, el primero de los dos grupos, que consta de muchas

lenguas, genuinamente americanas, presenta, además de perfecta unidad

en la formación, admirable pureza de raíces. Parece probado que el

_goajiro arawak_ es la primera lengua que oyeron los españoles en el

Nuevo Mundo, extendida en aquellos tiempos por todas las Antillas.

Considérase por muchos como hermana del caribe y se presenta como

aglutinante en superior grado. Su vocabulario es rico y su numeración

es decimal. Las mismas particularidades se encuentran en las demás

lenguas de la citada región, notándose que pierden su riqueza y

organismo gramatical conforme se van acercando hacia el Sur, como

sucede con el _tapuya_ o _brasileño_ y el _tupí_ o _guaraní_, más

pobres en formas conjugables y con numeración solamente quinaria. Los

tupíes o guaranís (provincia de Corrientes en la Argentina y República

del Uruguay)[240] forman la declinación de su lengua por medio de

posposiciones, que son las mismas para singular y plural. Dialecto

muy interesante de la lengua guaraní es el de los _omaguas_, los más

occidentales de la raza.

[240] La mayor parte de la población de la provincia de

Corrientes está formada por los descendientes de los indios

guaraníes; y un noventa por ciento de la población del Uruguay

tiene sangre guaraní en sus venas.

La región de los chiquitos, que se extendía entre los afluentes del

alto Paraguay y la cima de la cordillera de los Andes, al Norte

hasta la tierra de los moxos, al Sur el Gran Chaco y al Oeste hasta

los quichuas, comprendía cuatro tribus principales: los taos, los

pinocos, los penoquíes y los manacicas. Situados los últimos cerca

del lago Xavay y hacia las fuentes del Paraguay, constituían el grupo

más importante y civilizado. Sumamente curiosas son las noticias

que acerca de la lengua chiquita ha dado el profesor de _Estética_

de la Universidad de Madrid: «Como en iroqués y en otros idiomas de

Asia y Africa, dice, se señalan en chiquito dos modos de hablar, en

tercera persona principalmente, el de los hombres y el de las mujeres,

con la particularidad de que éstas no pueden usar el modo varonil,

mientras los hombres emplean ambos; de forma que, cuando se trata de

seres que se representan en figura de varón, emplean la masculina, y

cuando hablan de otras (mujeres, brutos, seres inanimados, etc.), o

refieren conversación de alguna mujer, usan la femenina. El lenguaje

de la mujer se distingue a las veces por palabras diferentes, y en lo

común por aféresis y síncopas, como el género femenino de los idiomas

semíticos se diferencia por formas pronominales y verbales que le son

privativas»[241].

[241] Conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid el 16 de

Mayo de 1892, pág. 62.

Y más abajo añade el mismo escritor: «Por suponerse relaciones con

el chiquito, de parte de idiomas mal conocidos todavía, los cuales

conforman con él en alguna palabra, se han atribuído a su misma familia

los de poblaciones vecinas al Oeste, es a saber: de los yurucares,

tacanas y mosetanas, así como también los de los ites, movimas y

canichanas al Norte, y el de los samucos al Mediodía, en los confines

septentrionales del Chaco. Por lo que toca a los tacanas, es evidente

la mayor analogía de su lenguaje con el aimará, con el quichua de los

peruanos y con otros idiomas del alto Amazonas»[242].

[242] Ibidem, págs. 65 y 66.

La lengua _chibcha_ o muysca no deja de tener algunas formas, en

particular en los verbos, semejantes a los del sanscrito, a los del

griego y a los del latín. Llama la atención el gran número de raíces

y temas comunes al chibcha con los idiomas arios. «Extinguido--dice

Fernández y González--el idioma chibcha en Bogotá desde 1765, así como

sus dialectos, el _chimila_ y el _deut_, duran de ellos, al parecer,

al Sur del istmo, el _aravaco_ en Sierra Nevada de Santa Marta, y

el _siquisique_ en el Estado de Lara»[243]. Añade después que son

dialectos del chibcha el _guaymi istmiano_ de Veragua, hablado al Norte

por los valientes, el _siquisique_ de Venezuela y tal vez el extinguido

_chimila_, el _oroaco_ y el _coggaba_[244].

[243] Ibidem, pág. 9.

[244] Ibidem, págs. 16 y 17.

En la cuenca del Pacífico, pero en la región peruviana que comprende

los territorios de las actuales repúblicas del Ecuador, Perú, algo de

Bolivia y bastante de Chile, se hallan en primer término el _quichua_

y el _aimará_; ambos idiomas, o idioma el uno y dialecto el otro, como

opinan algunos autores, tienen organismo gramatical muy completo, con

ricas formas en declinaciones y conjugaciones. Si la declinación en

quichua recuerda en parte la declinación vasca, la ugrofinnesa y alguna

otra, la conjugación procede con la misma sencillez que la semítica.

Aparecen en la misma región el _yunca_ (al norte de Trujillo)[245], el

_puquina_ (en las islas y esteros del Lago Tiquitaca) y el _atacameño_

(en el valle del río Loa), lenguajes todos los citados--según la

opinión de varios filólogos--completamente rudos y primitivos, tal vez

restos de pueblos anteriores a la dominación incásica. El _quichua_,

el _aimará_, el _yunca_, el _puquina_ y el _atacameño_ o _calchaqui_

son, pues, los cinco idiomas expuestos por el misionero Alonso de

la Bárcena en su obra, hoy perdida, _Lexica et Præcepta en quinque

Indorum linguis_, dada a conocer en Lima el 1590. Desde el grado 2

al 35, sur de la América Meridional, predominó el idioma quichua, el

cual se generalizó por las conquistas de los incas. Estiman algunos

autores, aunque sin fundamento alguno, que el yunca, hablado al norte

de Truxillo, pertenece a la raza quichua.

[245] Aunque el yunca ha sido estimado como de raza quichua,

no lo es, como tampoco lo es el puquina, ni el atacameño. Los

atacameños, en opinión de Techudi, son una rama desprendida

de los calchaquis de Tucumán, que huyendo de los españoles se

refugiaron en los oasis de las costas del Pacífico.

En la América Central, entre los dos istmos, figura en primer término

el idioma _maya_, o, como se dice colectivamente, el _maya-quiché_,

asociándole una de las ramas más importantes de su familia. El

ascendiente que el maya consiguió por Oriente y Mediodía, logró el

_nahuatl_ o _azteca_ en el norte de la América Central. Ambos idiomas

se extendieron por Tabasco, Chiapas, Yucatán, isla de Cozumel,

Guatemala, Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, y parecen ser

los más cultivados y perfectos de América.

Gran interés ha despertado desde los tiempos del descubrimiento el

estudio del nahuatl o azteca. Lengua rica, flexible y cultivada,

ofrece en su gramática y vocabulario, no sólo influencias semíticas y

turanio-euskaras, sino también elementos arios, en particular griegos,

galeses y noruegos.

Desde que Fr. Francisco Gabriel de San Buenaventura, en el año 1560,

publicó su _Arte del idioma maya_, se han hecho curiosos e importantes

trabajos acerca de dicha lengua, llamando la atención entre todos

el _Gran Diccionario_, que Fr. Antonio de Ciudad Real dió a luz en

los comienzos del siglo XVII, no interrumpiéndose dichos estudios

hasta nuestros días. El Sr. Rada y Delgado ha reproducido la obra

del P. Landa intitulada _Relación de las cosas del Yucatán_ y que

el sabio franciscano escribió a mediados del siglo XVI; en ella se

encuentra un alfabeto del que se servían los mayas cuando querían

consignar sus pensamientos. Lo mismo Landa que otros de nuestros

primitivos escritores pudieron darnos el silabario y aun la traducción

de manuscritos mayas; pero «so pretexto de que los citados códices

mantenían la superstición y retardaban los progresos del cristianismo,

mandó Zumárraga, primer obispo de México, quemarlos, en vez de procurar

que se los estudiase y descifrase, y se hizo con esto un daño que no

podrán nunca perdonar ni la ciencia ni la historia. Contribuyó ese

mismo Landa a tan salvaje quema»[246].

[246] Pi y Margall, _Historia de América_, vol. II, pág. 1.728.

En letra manuscrita escribió después el mismo Pi y Margall: «El Sr.

Icabalceta ha publicado recientemente (año 1881) un libro, _Don

Fray Juan de Zumárraga, primer obispo y arzobispo de Méjico_, donde

pretende probar, no sólo que no partió de este prelado la orden, sino

que también fueron pocas las pinturas aztecas entregadas al fuego.

En sus curiosas investigaciones es muy de notar que hace caso omiso

de Diego de Landa, franciscano como Zumárraga, que pisó la tierra

de Yucatán cuando aún vivía el arzobispo. Ese mismo testigo, que es

de toda excepción, dice textualmente: Hallámosles grande número de

libros de estas sus letras, y, porque no tenían cosa en que no uviese

superstición y falsedades del demonio, se los quemamos todos, lo qual

a maravilla sentían y les dava pena. Se quiso borrar hasta la memoria

de lo que habían sido los aztecas antes de la conquista. Tampoco debe

olvidarse que por Real cédula de 22 de Abril de 1577 se mandó recoger

la obra de Bernardino de Sahagún y se previno a las autoridades de

México que en manera alguna consintiesen que nadie escribiera en

ninguna lengua de cosas que tocasen a las supersticiones y a la manera

de vivir de aquellos indios, pues así convenía al servicio de Dios

nuestro señor y al nuestro. El mismo Sr. Icabalceta ha publicado esta

Real cédula en otro libro posterior (1883), intitulado _Nueva colección

de documentos para la Historia de México_.»

Prueba todo esto la importancia que se ha dado al lenguaje de las

gentes más civilizadas del Nuevo Mundo, debiéndose advertir que las

bellezas que se muestran en su sonido y mecanismo alcanzan a su conexo

el _quiché_, con sus varios dialectos: el _trotzil_, el _chol_, el

_totomaco_ y otros. No pocas afinidades ofrece este grupo con las

lenguas asiáticas jaféticas, «hasta el punto de poderlas asimilar

en ciertos momentos a los idiomas llamados indo-germánicos, como el

_chiapanec_, apenas aglutinante, y el _tarasco_, con un verbo casi

greco-sanscrito o zendo, sin que por esto falten entre ellos dicciones

semíticas y hasta vascas, adquiridas por contacto con las aborígenes,

como haríamos patentes a poder entrar en su estudio detallado»[247].

[247] Sentenach, ob. cit., pág. 52.

Con el _tarasco_ manifiestan cierto parentesco el _otomí_ y el _pame_,

como otros que corresponden a los pueblos que tuvieron asiento en la

parte más meridional de América. Al lado del azteca o mejicano, en

los Estados de San Luis de Potosí, en alguna parte de Querétaro, en

mucha de Guanajuato, Mechoacán, Veracruz, Puebla y en otros lugares

de Nueva España, se habló el _otomí_, uno de los idiomas más usados

en la América Central, y que tenía muchas analogías con varios de

la América Meridional. Al Nordeste de los países en que se hablaba

el otomí, dominó el _pame_, idioma propio de los chichimecas, y que

guarda no pocas analogías con el otomí. En el fondo el idioma de los

_zapotecas_ (situados en el Estado de Oaxaca y en las costas del Océano

Pacífico) se asemeja mucho al pame y al otomí, si bien hay en él, como

en el egipcio antiguo, procedimientos y raíces que lo mismo guardan

conexión con los idiomas semíticos que con los arios. Semejantes a

estos idiomas debieron ser los hablados por varios pueblos primitivos

al Norte de México, según la autorizada opinión de Brinton y otros

modernos, apareciendo el ya conocido _nahuatl_, hablado por los

aztecas en su última época. Tardó mucho tiempo la formación de dicha

lengua en el Anahuac, y cultivo tan largo le dió más flexibilidad y

riqueza, a costa, seguramente, de su pureza y carácter castizo, pues

se advierten en seguida las influencias más extrañas, lo cual no

debe llamar la atención, por los muchos pueblos que pasaron por el

territorio mexicano antes que los aztecas se hiciesen dueños absolutos

del país. El _mixteca_, hablado todavía en el Estado de Oaxaca y en

parte del de Puebla y Guerrero, es bastante perfecto, como también el

_zapoteca_, que se halla del mismo modo en dicho Estado de Oaxaca y en

las costas del Pacífico. En el fondo el zapoteca se asemeja al pame y

al otomí, siendo de notar que hay en él, como en el egipcio antiguo,

procedimientos y raíces que lo mismo guardan conexión con los idiomas

semíticos, que con los arios. Al Mediodía de los zapotecas viven indios

procedentes de remotas costas de la parte del Sur, que no ofrecen en

su lenguaje nada de extraño; no así los que están situados al Norte de

dicho territorio.

Los últimos dos pueblos, el chinanteco y el mazateco, difieren

notablemente de sus vecinos, y en particular de los nahuas, mixtecas

y zapotecas. El chinanteco tiene por capital a Chinantla, llegando

dicho Estado a confinar con el de Veracruz, y el mazateco está situado

al Norte de los mencionados mazatecos. El _chiapanec_, afine con el

mazateco, se hablaba en Chiapas, y, en la época de la conquista, los

naturales ocupaban las orillas del lago de Managua y de la bahía de

Fonseca en Nicaragua. Parece ser que el chinanteco tenía lengua bronca,

compuesta de sonidos guturales, al contrario del mazateco y chiapanec,

que era eufónico y armonioso.

De Guatemala mencionaremos el _chanabal_, el _chol_, el _cacchí_, el

_poconchí_, el _pocoman_, el _guasteco_, el _zutugil_ y el _xinca_;

de Honduras el _lenca_ y el _xicaque_; de Nicaragua el _chontal_ y el

_subtiaba_; de la costa de los Mosquitos el _rama_ y el _guatuso_; de

Costa Rica el _viceita_, y otros menos importantes en toda la América

Central.

Recordaremos en este lugar que tienen la misma lengua--según ha

mostrado el excelente filólogo Joh. Card. Ed. Buschman--todas las

tribus de la familia Uto-Azteca[248].

[248] Como dato curioso conviene saber que en el año

1880--si damos crédito a los censos norteamericanos y

mexicanos--vivían en los dos territorios, unos 2.000.000 de

indios pertenecientes a la familia lingüística Uto-Azteca.

Procede ya que tratemos de las lenguas principales que se hablan en

la América Septentrional. Conforme avanzamos de la América Central

a la del Norte, las lenguas presentan caracteres diferentes. En la

parte Oeste de México merecen consideración especial el _cahita_, el

_tara-humara_, el _tepehuano_ y el _cora_, hablados todavía en los

Estados mejicanos e influidos de antiguo por el azteca, en particular

el último.

Asentados los cahitas en la parte Norte de Sinaloa, cerca de los ceris,

ópatas y pimas, su lenguaje, que se extiende por el territorio de

Sonora, comprende los dialectos siguientes: el _mayo_, el _yaqui_ y el

_tehuepo_. El _tara-humara_ se halla en Chihualuca, Sonora y Durango;

el _tepehuauo_ en Cohuaila y Sonora; y el _cora_ en Jalisco. Al Sur

de Colombia se encuentra la California a lo largo de las costas del

Pacífico, y en las márgenes del Oregón, del Pitt, del de la Trinidad y

del Salmón se hablan varios idiomas y dialectos. En el valle Potter se

habla el _tahtú_, que comprende el _pomo-yuca_, del cual es principal

dialecto el _kunalapo_, que se usa cerca del lago Clear. Según Bancroft

el kunalapo tiene alguna analogía con el malayo, añadiendo el citado

escritor que los idiomas de los habitantes situados en el nacimiento

del río Eel guardan mucha semejanza con el chino y el japonés. Entre

los idiomas dominantes en los pueblos de la Baja California y Nuevo

México no deben ser olvidados el de los _teguas_, _cuñies_, _guaymíes_

y _guaicuris_. El _guaicuri_ tiene más importancia que los anteriores.

Nos creemos obligados a decir que el _pima_, idioma hablado al Sur del

río Gila, en Sonora y en algunas partes de la Sinaloa septentrional,

es un lenguaje armonioso cuyas dicciones todas terminan en sonidos

vocales. Entre el pima alto y bajo se habla el _ópata_. Al Este de

los lugares donde se habla el pima bajo y el ópata, en las regiones

del Golfo de California y en la isla del Tiburón, se usa el idioma de

los _ceris_ o de los _seris_, y a la parte oriental de las Montañas

Roquizas, en el valle del Misouri, el de los _dakotas_; pero no se

debe olvidar que dichos idiomas, como sus respectivos dialectos, han

merecido profunda atención por algunos escritores, quienes han llegado

a decir que los ceris y los dakotas hablaban lenguajes idénticos a

los de los europeos. No huelga referir que confinan con dakotas y

esquimales los _algonquinos_ e _iroqueses_ cuyos lenguajes han sido

estudiados con bastante detenimiento.

De los esquimales comenzaremos diciendo que se hallan en América y

en Asia, o en ambos lados del Estrecho de Behering. Recordaremos

aquí que Brinton, guiado por tradiciones orales de los indígenas que

pudieran remontarse a dos mil años, no tiene inconveniente en afirmar

que los esquimales asiáticos proceden o son originarios de América,

llegando a creer que la familia de ellos es la misma que la de los

de Groenlandia, tierra que debió estar unida a la de Baffin y a la

Escandinavia[249], allá por la edad cuaternaria. Filólogos de bastante

reputación reducen a tres los dialectos principales de la lengua

esquimal, y son el de _Groenlandia y el Labrador_, el _chiglet_, o

de las costas del mar Artico, y el de Alaska. No carecen de interés

los estudios modernos que se han hecho acerca del chiglet (idioma

de los esquimales del río Makencie), y del _alascano_. El _athka_,

dialecto hablado en las islas occidentales aleutienas, se diferencia

poco del alascano. Al mediodía de la región occidental ocupada por

los esquimales, se hallan los tlinkits o koloss, y más al Este los

_tinnas_ (chepeweyanos y athabascanos). Resulta, después de estudiar

las costumbres de los tlinkits, que no dejaban de mostrar cierta

disposición como comerciantes y marinos, habiéndose hallado entre ellos

cuchillos y sierras de hierro, como también objetos para labrar la

plata y el cobre. Practicaban el comercio de esclavos. De su lengua

dicen los americanistas que era dura y áspera.

[249] La idea de un territorio a manera de puente que sirviera

de barrera o valla a los Océanos Atlántico y del Norte hasta

el período glacial, ha sido expuesta por M. A. J. Jules-Browne

en su obra _The Buildings of the British Isles_, impresa en

Londres el año 1888.

Al mediodía de los tlinkits, en el territorio llamado colonia inglesa,

y que comprende comarcas occidentales de los Estados Unidos, entre

los grados 55 y 43 de latitud Norte, habitan los kaidahs o kaigames,

que hablan un idioma pobre, sucediendo lo mismo a los indios nass,

sebasas y hailtzas, situados alrededor del río Nass. En el interior

de la Colombia Británica se habla el _nitlacapamuch_, o lengua del

río Tompson, y no lejos, pero más al interior y cerca de las Montañas

Roquizas, el idioma _salish_ de los indios llamados _flatheads_. No

carecen de interés los idiomas de la familia de los _sahaptines_,

idiomas que se hablan a lo largo de los ríos Lewis y de la Culebra,

hasta la falda de las Montañas Roquizas. En cierto sentido pudieran

referirse al _sahaptin_ el lenguaje de los calapoyoc, que habitan al

Sur de los valles de Villameta, el de los indios watlalas y el de los

chinuks.

Acerca de las partes de la oración en las lenguas americanas, procede

notar:

1.º Que el artículo, en las lenguas cultas, sólo existe en el maya,

y en las incultas entre los algonquines y otomíes.

2.º El nombre suele llevar un pronombre posesivo en muchas lenguas.

Si en unas no cambian los nombres de singular a plural, y se les

pluraliza mediante numerales o adjetivos, en otras las formas

plurales son varias y más o menos numerosas. El dual sólo existe,

entre todas las lenguas de la América del Sur y del Centro, en

la chilena; pero sí en algunas de la América del Norte. Respecto

a géneros masculino y femenino, no los hay--según no pocos

gramáticos--en las lenguas americanas. Casi lo mismo pudiéramos

decir de las declinaciones y los casos.

3.º No abundan los verdaderos adjetivos en las lenguas americanas,

y se duda si los tienen las algonquinas.

4.º El pronombre es parte importante de la oración en muchos de

aquellos idiomas.

5.º El verbo se incorpora, no sólo los pronombres, sino los nombres

que rige, los adverbios y hasta las conjunciones y preposiciones.

Tiene, además, muchas conjugaciones, voces y modos. Débese recordar

que falta el verbo sustantivo en lenguas bárbaras y en lenguas

cultas, y lo hay lo mismo en unas que en otras lenguas.

6.º El adverbio se incorpora en muchas lenguas al verbo. En otras

es muy frecuente adverbiar los verbos o los adjetivos.

7.º La preposición abunda en algunos idiomas de la América del Sur,

del Centro y del Norte. En la mayor parte de las lenguas americanas

las preposiciones deberían denominarse postposiciones; sobre todo

cuando rigen pronombres, suelen ir, no sólo pospuestas, sino

también prefijas o sufijas[250].

[250] Véase Pi y Margall, ob. cit., pág. 1.693.

8.º Del mismo modo la conjunción va sufija o cuando menos pospuesta

en muchos de dichos idiomas. Tal vez la lengua más rica en

conjunciones sea la maya y la más pobre la lule.

9.º La interjección se halla en todas las lenguas. Advertiremos

que en las americanas, si algunas veces son, como en las nuestras,

gritos arrancados al hombre por movimientos del alma, otras veces

difieren completamente. Otra particularidad debemos tener en

cuenta, y es que en algunas lenguas las interjecciones usadas por

los hombres son diferentes a las que usan las mujeres.

Escasas noticias se tienen de la Sintaxis, Ortografía, Prosodia y

Lexicología.

Respecto a la escritura se desconocía la fonética. Cuando llegó Pizarro

al Perú se encontró con otro medio gráfico sumamente curioso, y éste

era el _quipu_. «Consistía el quipu en un cordón de lana, generalmente

de más de un metro, al que se prendía y del que se colgaba a manera

de rapacejos cordoncillos de diversos colores. Constituía el color en

esta singular escritura el primer orden de signos ideológicos; así que

con frecuencia cambiaba, no sólo en cada uno de los cordoncillos, sino

también en cada uno de los hilos de que se componían. A lo largo de

los cordoncillos se hacían nudos; y éstos constituían el segundo orden

de signos. Variaban de significación los nudos, según estuviesen más

o menos lejanos del cordón-tronco, según formasen o dejasen de formar

grupo, según el puesto que en el grupo ocupasen y tal vez, según la

forma que se les diese»[251]. Afirman algunos, en nuestro sentir sin

fundamento, que mediante los quipus, conocían los peruanos su historia,

sus leyes, su dogma, su culto, su ciencia y hasta su poesía. Creemos sí

que servían los quipus para todo lo que se relacionase con los números

y cuentas; pero nada más.

[251] Pi y Margall, ob. cit. pág. 1.719.

Más común fué en toda América la _pintura simbólica_. Abundan las

rocas donde se encuentran grabadas curvas, círculos concéntricos,

figuras fantásticas, representaciones del Sol y la Luna, cabezas

humanas, monstruosas imágenes y verdaderas inscripciones. Escritura tan

rara es todavía objeto de largos estudios. Muchos pueblos tenían sus

jeroglíficos, unos pintados sobre papel y otros pintados o esculpidos

en sus monumentos. Aunque no han sido descifrados todavía, abrigamos

alguna esperanza de que se rasgará el velo que los cubre, y entonces

tendrán explicación hechos que hoy parecen absurdos o contradictorios.

Además de las lenguas o idiomas, los indios transmitían sus ideas

mediante _gestos_. En particular el indio del Norte de América usó con

perfección y bastante ingenio el lenguaje de los gestos, pues con los

gestos llegó a expresar nombres propios y comunes, también verbos,

pronombres, etc., y hasta pudo construir discursos.

El número considerable de lenguas contribuyó al mayor desarrollo de

este lenguaje de gestos, medio de comunicación general y a veces único

entre distintas tribus. El lenguaje de los gestos sólo tiene carácter

general en América, pues en las demás partes del mundo es únicamente

auxiliar del lenguaje hablado.

Historia de América desde sus tiempos más remotos hasta nuestros días, tomo I · 第 48 / 152 题