AMÉRICA MERIDIONAL (_Continuación_).--REGIÓN COLOMBIANA: TRIBUS
DEL ISTMO: LOS CUNAS Y OTRAS.--TRIBUS CHIBCHAS O MUISCAS: REYES
DE TUNJA Y DE BOGOTÁ: CONSIDERACIONES SOBRE LOS CHIBCHAS.--TRIBUS
DE LA PROVINCIA DE CHIRIQUI.--LOS PANCHES Y OTRAS TRIBUS.--REGIÓN
PERUANA: TRIBUS PRINCIPALES.--EL PERÚ ANTES DEL IMPERIO DE
LOS INCAS: OBSCURIDAD DE ESTOS TIEMPOS.--LOS INCAS ¿SON
INDÍGENAS?--MANCO CAPAC Y MAMA OCLLO.--MANCO CAPAC ES PROCLAMADO
INCA: SU POLÍTICA.--ZINCHI LLOCA: SU GOBIERNO.--LLOCE YUPANQUI: SU
CARÁCTER MILITAR.--MAYTA CAPAC: SU PASIÓN POR LA GUERRA.--CAPAC
YUPANQUI: SUS CONQUISTAS.--INCA YOCCA: SUS VICTORIAS.--YAHUAR
HUACAC: SU COBARDÍA.--HUIRACOCHA: SUS TRIUNFOS.--URCO: SU
DESTRONAMIENTO.--TITU-MANCO-CAPAC: SU CULTURA.--YUPANQUI:
SUS GUERRAS: CONCILIO EN EL CUZCO.--TUPAC YUPANQUI: SU PODER
MILITAR.--HUAYNA CAPAC: SU CRUELDAD.--HUASCAR Y ATAHUALPA:
GUERRA CIVIL.--EL INCA.--LOS INCAS, CURACAS Y AMANTAS.--LOS
VIRREYES.--LOS GOBERNADORES.--EL EJÉRCITO.--LA RELIGIÓN.--LA
CULTURA.--LA POESÍA.--LAS COMEDIAS Y TRAGEDIAS.--LA MÚSICA Y EL
BAILE.--LA LENGUA.--LA INDUSTRIA.--VÍAS DE COMUNICACIÓN: CAMINOS Y
CORREOS.--PUENTES.--ACUEDUCTOS.--LAS COLONIAS.--COLONIAS MILITARES.
Las tribus de la América del Sur (sección del Pacífico) forman dos
regiones, como se dijo en el capítulo IV de este tomo, que son la
_Colombiana_ y la _Peruana_. Dividiremos la Colombiana en tres grupos
geográficos: 1.º, Tribus _del Istmo y costas adyacentes_; 2.º, Tribus
_Chibchas_; 3.º, Tribus _Sud-Colombianas y Ecuatorianas_. Entre el mar
de las Antillas y el Océano Pacífico se hallaban establecidas en la
época del descubrimiento varias tribus más o menos importantes, las
cuales tenían lenguas que pertenecían a diversas familias. Citaremos
como las principales tribus, la de los _cunas_ (del Panamá), la de
los _dorasques_ (inmediaciones del Chiriqui), la de los _onotos_ o
_señores de la laguna_, y la de los _merigotes_ o _timotes_ (distritos
de Mérida y del lago Valencia). Todas las citadas tribus--según los
objetos encontrados en las tumbas de sus individuos--no salieron de la
barbarie.
Extendíanse los _chibchas_, _muiscas_ o _muicas_ desde el istmo de
Panamá hasta Costa Rica y Colombia, y tanto la lengua chibcha como sus
dialectos, se hablaban durante la centuria XVI en el reino de Nueva
Granada (hoy Colombia). Se halla Colombia entre el Atlántico al Norte
y el Pacífico al Este, siendo muy corta la distancia que separa a
los dos mares por algunos sitios. Existía allí despótica y electiva
monarquía: el _zipa_ (Rey) y los _azaques_ (nobles) gozaban de grandes
privilegios. Considerábase como sagrada la persona del Rey, el cual
vivía en suntuosos palacios, lo mismo que los soberanos de México y del
Perú.
Había dos Reyes, que residían, uno en Tunja, y el otro en Bogotá.
Desconocemos los comienzos del reino de Tunja; sabemos, sí, que se
formó posteriormente el reino de Bogotá. Por mucho tiempo, ya en paz,
ya en guerra, los monarcas de Bogotá debieron estar bajo el poder de
los de Tunja. ¿Cuándo se separaron y lograron su independencia? No lo
sabemos. En lo espiritual dirigía a los Reyes de Tunja y de Bogotá el
gran pontífice de Iraca o Sogundomuxo, que habitaba cerca de Suamoz
(hoy Sogamoso), cuyo templo fué, tiempo adelante, incendiado por los
españoles.
Acerca del origen de ambos poderes, el de los reyes, a quienes
heredaban, no sus hijos, sino los hijos de sus hermanas, y el del
Pontificado de Sogamoso, que era electivo, veamos lo que refiere la
tradición. «Allá en apartados siglos--se decía--cuando no alumbraba
aún la Luna la tierra, vino a estas regiones un extranjero llamado por
unos _Bochica_, por otros _Zuhé_ y por algunos _Nemquetheba_. Llevaba
prendido el cabello, la barba hasta la cintura, los pies descalzos y el
cuerpo cubierto por un manto que por las puntas anudaba en el hombro.
Predicaba la virtud y condenaba el vicio, enseñaba la agricultura y las
artes, predecía los buenos y los malos tiempos y era el oráculo de la
comarca. Llegó también por aquel tiempo una mujer de singular hermosura
que, unos llamaban _Huythaca_, otros _Chia_ y algunos _Yubecayguaya_.
Enseñaba doctrinas opuestas a las de Bochica, halagaba los instintos
sensuales y llevaba tras sí las gentes; era mágica y de perversas
intenciones. Un día hizo crecer el río Funzha hasta hacerlo salir
de madre, e inundó la llanura de Bogotá, obligando a los habitantes
a recogerse en las cumbres de los vecinos montes. Afortunadamente,
Bochica acudió a remediar el daño. Fué a Bogotá, golpeó con su báculo
en una de las montañas del Mediodía, abrió paso a las aguas dando
nacimiento al salto de Tequendama y dejó seco el valle. No pudiendo
sufrir por más tiempo las maldades de Huythaca, la transformó en Luna y
la envió al cielo a que fuese mujer del Sol y alumbrase de noche.
Bochica entonces arraigó en los muiscas sus ideas religiosas: la
existencia de un Ser Supremo, la inmortalidad del alma, el juicio final
y la resurrección de la carne. Concluída su predicación, se retiró a
_Iraca_, hoy Sogamoso, viviendo dos mil años. A su muerte fundó el
pontificado, instituyendo también al señor de la tierra y fijando la
manera de elegir a sus sucesores.
Andando el tiempo, un sucesor de Bochica quiso poner fin a las
continuas guerras que se hacían los caciques. Los reunió a todos, les
hizo ver las ventajas de la paz y los indujo a nombrar un Rey a quien
todos obedeciesen. Recayó la elección en _Hunzahúa_, a quien dieron
desde luego el título de _Zaque_; y de aquí el origen del reino de
Tunja, que abrazó toda Cundinimarca.» Bochica y Huythaca son, pues, la
personificación del bien y del mal, de la virtud y del vicio, de Dios y
del Demonio. Son, además, signos cosmogónicos: él es el representante
del Sol, el día, el calor que seca la inundada tierra; y ella es la
representación de la Luna, la noche, la que cubrió la meseta de Bogotá
con las aguas del Funzha.
A Hunzahúa, que vivió muchos años, no sabemos quién sucedió, pues a
_Fomagata_ o _Thomagata_ se le considera muy posterior. Dícese que era
casi tan santo como Bochica. Sucedió a Fomagata su hermano _Tuzuhua_, y
se guarda silencio sobre los demás reyes de Tunja hasta Michua.
Respecto a los Reyes de Bogotá, si damos crédito a las tradiciones,
el primero fué Saguanmachica, que no subió al trono hasta el 1470,
veintidós años antes de la llegada de los españoles. Saguanmachica
tuvo mucho poder. Venció a todos los caciques vecinos, atreviéndose
luego a arrostrar las iras de Michua, Rey de Tunja. Cierto es, que los
de Bogotá llegaron a tener más fuerza que los de Tunja; pero a los
últimos favorecía lo áspero del terreno, la antigüedad de su origen
y el apoyo del gran sacerdote de Sogamoso. Llegaron a las manos en
Chocontá, siendo encarnizada la pelea, hasta el punto que los dos Reyes
perecieron después de derramar mucha sangre.
_Quimuinchatecha_ sucedió a Michua y _Nemequene_ a Saguanmachica.
Aunque la victoria había sido de Saguanmachica, su sobrino Nemequene,
valeroso como ninguno, peleó con los caciques vecinos y también con
los lejanos, apoderándose de muchas tierras. El pontífice de Sogamoso,
que se llamaba _Nompanim_, más por miedo que por cariño, asistió a
Quimuinchatecha con 12.000 hombres. Quimuinchatecha reunió en Tunja
con la ayuda de Nompanim unos 60.000 hombres. En lo que hoy se llama
_Arroyo de las vueltas_, se dió la terrible batalla. Cuando los
bogotaes iban a cantar victoria, cayó Nemequene mortalmente herido,
cambiándose al punto la faz de las cosas. Quimuinchatecha, noticioso de
lo ocurrido, se dirigió con gran ímpetu sobre sus contrarios, logrando
señalado triunfo. _Thysquesuzha_, sobrino y heredero de Nemequene,
queriendo vengar la derrota anterior de los bogotaes, al frente de
70.000 hombres marchó contra Tunja, donde Quimuinchatecha se dispuso
a resistirle. El pontífice de Sogamoso, neutral a la sazón, predicó
la paz, que se hizo, mediante una buena cantidad de oro que el Rey de
Tunja entregó al de Bogotá. En esas treguas hallaron los españoles
a los muiscas. Los Reyes de Bogotá y Tunja no tuvieron fuerzas para
resistir a los conquistadores extranjeros.
Entre los muiscas las leyes penales eran muy severas, y las civiles
apenas las conocemos. Sabemos que el matrimonio era una especie de
compra de la mujer por el marido. Cuidaban mucho de los enfermos y
respetaban exageradamente a los muertos, cuyas cenizas, si eran de
capitanes valientes, las llevaban a la guerra para animarse con su
vista y conseguir la victoria. Por lo demás, no se distinguían por su
arrojo y valentía.
Para obtener del Cielo algún beneficio, o el fin de alguna calamidad,
celebraban grandes y suntuosas procesiones. En ellas--según las
crónicas--y como es natural, figuraba en primera línea el sacerdocio.
Los sacerdotes permanecían célibes, y de su castidad y prudencia
se hacen lenguas los cronistas. Los sacrificios humanos no eran
tan frecuentes como en México y en otros puntos. En honor de sus
dioses principales, que eran el Sol y la Luna, quemaban substancias
aromáticas. Veneraban a Bochica como hijo del Sol. Consideraban a los
ídolos que adoraban en sus santuarios como intercesores de los citados
brillantes astros. Las almas cuando salían de los cuerpos iban a
lejanas tierras, distinguiéndose las buenas de las malas, en que las
primeras hallaban allí descanso, y las malas, fatiga.
Los muiscas, con ser tan cultos, no tuvieron escritura de ninguna
clase. En las ciencias tenían un sistema de numeración parecido al de
los aztecas; también un calendario. Pobre era su arquitectura y Herrera
dice que conocían la escultura y la pintura. La lengua chibcha murió
hace más de un siglo, conservándose únicamente en las gramáticas.
Había entre los chibchas artífices prácticos y hábiles en trabajar el
oro, con el cual fabricaban figurillas de hombres, collares, zarcillos
y otros adornos. Fueron buenos tejedores, como lo indicaban algunas
telas de algodón con dibujos de vivos colores. Fabricaban sus casas de
arcilla y madera, cubiertas con techos de forma cónica. Los muebles se
distinguían por su sencillez; pero los que se hallaban en los templos y
en los palacios de los reyes y sacerdotes eran lujosos y trabajados con
esmero. Hallábase muy adelantada la agricultura; cultivaban el maíz,
la patata y el cazabe. Los caminos eran excelentes, no careciendo
de importancia los puentes colgantes sobre los ríos y barrancos.
«Los muiscas usaban el oro en el comercio en concepto de moneda,
fundiéndolo para hacer unas ruedecitas con que pagaban las mercancías,
lo que apenas hay ejemplo que hiciera ninguna otra nación del Nuevo
Mundo»[171].
[171] Reclus, _Nueva Geografía Universal_.--_América del Sur_,
pág. 278.
Las tribus de la provincia de _Chiriqui_ (costa del Pacífico), que
deben incluirse en la numerosa familia de los chibchas, pulimentaban
la piedra, eran buenos alfareros y trabajaban el oro, cobre y estaño,
haciendo con ellos aleaciones diversas.
Los _panches_, _muzos_, _colimas_ y otras tribus, que ocupaban tierras
próximas a los chibchas y que acaso formaban parte de una misma familia
lingüística, si moraban en casas permanentes y tejían con fibras de
maguey mantas y esterillas, tenían fama--pues así lo dicen antiguos
cronistas--de «gente bestial y de mucha salvajía».
Los panches eran, sin duda, los bárbaros más importantes en el reino
de Bogotá. Tenían sus viviendas en las ásperas montañas que miran al
río de la Magdalena, a unas nueve leguas de Santa Fe. Fama gozaban de
belicosos y de crueles con sus enemigos. Sacrificaban y comían a los
prisioneros. Eran apasionados por la guerra. Vivían de la caza y de la
pesca, abundante la primera en los montes y la última en los ríos. Muy
aficionados a la bebida, hacían vino del maíz, de la yuca, de la batata
y de la piña. También se entregaban locamente al baile. Es posible que
no conocieran forma alguna de gobierno; pero en religión parece ser
que adoraban a la Luna, pues el Sol les abrasaba y no le creían digno
de culto. Iban desnudos, si bien se colocaban zarcillos en narices y
orejas, se teñían de negro los dientes y de otros colores los brazos
y piernas; los que se habían distinguido por sus hechos de armas, se
taladraban el labio y adornaban sus sienes de brillantes plumas. Añaden
los cronistas que los panches midieron frecuentemente sus armas con los
muiscas y algunas veces con ventajas. Dicen también--y esto no deja de
llamar la atención--que no casaban con mujer de su pueblo, y mataban
mientras no tuviesen hijo varón a cuantas hembras les nacían[172].
[172] Véase Pi y Margall, _Historia general de América_, tom.
I, vol. I, pág. 293.
Los muzos y los colimas estaban situados entre el Sogamoso y el
Magdalena. Propiamente hablando, no tenían dioses, si bien llamaban
padre al Sol y madre a la Luna; pero ni al astro del día ni al de
la noche tributaron culto ni erigieron adoratorios. No creyeron en
la inmortalidad del alma y recurrían con frecuencia al suicidio. No
conocían gobierno de ninguna clase, como tampoco leyes. Colimas y
muzos eran polígamos. Mostraron su valor y arrojo, ya peleando con las
tribus vecinas, ya en lucha luego con los españoles. Se cree que fueron
antropófagos. Si alguna de las mujeres de los colimas o muzos caía en
adulterio, el marido se suicidaba o manifestaba su cólera rompiendo el
ajuar de la casa. Si acontecía lo primero, la adúltera había de ayunar
tres días, bebiendo sólo algún vaso de chicha; además, en el citado
tiempo tenía que sostener en sus rodillas el cadáver de su marido.
Después se retiraba a lo más oculto de un cerro o valle, sembraba maíz
y allí vivía entregada a sus remordimientos, hasta que parientes de
ella y del difunto iban a recogerla. Cuando el marido únicamente rompía
las vasijas de la casa, debía huir al monte, levantar una choza y comer
lo que espontáneamente le daba la tierra, hasta que la mujer, repuesta
la vajilla, le buscaba y le hacía volver al hogar. En este caso, bien
puede asegurarse que el marido buscaba, no castigar el crimen, sino
consentirlo, cubriendo las apariencias.
Las tribus indígenas que habitaban en los actuales Estados de Cauca,
Antioquía, Tolima, etc., no debían de carecer de alguna cultura, según
los restos que todavía se conservan.
Los _guanucos_ o _coconucos_, que vivían en Popayán y en los valles
de la sierra, adoraban al Sol con no poco entusiasmo y fe ciega. Es
posible que desciendan de ellos los _moquxes_ o _guanabianos_, los
cuales vivían a la sazón en la vertiente occidental de la cordillera,
ocupados en sus faenas de agricultura. Los _andaquis_ se asentaban en
la parte más escarpada de la cordillera oriental, hacia las fuentes
del río Fragua; créese que ellos fueron los constructores de edificios
ciclópeos y de templos subterráneos.
Los _cañaris_ y otras muchas tribus que habitaban los territorios que
rodean el golfo de Guayaquil y que debieron ser subyugados por los
_incas_ (siglo XV), no carecían de regular cultura, como puede verse en
sus delicados trabajos de oro y en sus hachas de cobre.
Consideremos el territorio peruano. Las ruinas monumentales
existentes en la región del lago Titicaca--muy especialmente las de
Tiahuanaco--indican su carácter megalítico. Creemos que el inmenso
cuadro de grandes piedras sin labrar, dividido en dos secciones
desiguales por una quinta hilera de pedruscos, que se halla en
Tiahuanaco, al pie de la colina o terraplén de Acapana, era recinto
sagrado. Los citados monumentos megalíticos eran raros en América.
En la región comprendida en la parte Sur de lo que es a la sazón
departamento de La Paz, principalmente en la sección que limita con el
lago Titicaca, se encuentra el país conocido con el nombre de _aymará_,
tal vez cuna de la raza de dicho nombre, cuya gente está considerada
como los autores de las obras más colosales de la antigua arquitectura
del continente sudamericano.
Dícese que las regiones que ahora componen el territorio boliviano
fueron ocupadas por razas prehistóricas, llegando a pensar algunos
escritores que Bolivia fué el verdadero lugar del nacimiento de la
especie humana, pues no pocos etnólogos (como ya se dijo) sostienen que
la emigración no se realizó del Asia a América, sino de América a Asia,
opinión aceptada desde la expedición organizada por Morris K. Fessup,
Presidente del Museo Americano de Historia Natural.
Tiene exacto parecido la mitología de aymará con la de Oriente. En el
principio del mundo el dios Khunu (palabra que significa _nieve_),
Creador de todas las cosas, para castigar los vicios de la Humanidad
mandó una gran sequía, convirtiendo las regiones fértiles en desiertos.
Pachacamac, el Espíritu Supremo del Universo, compadecido y bueno,
dió a la Humanidad nueva vida. Por segunda vez se enojó Khunu y
mandó un diluvio y tinieblas sobre la tierra. Las pocas personas que
se salvaron imploraron al Cielo, apareciendo entonces el gran dios
Viracocha, nombre que significa _espuma de mar_, sobre las aguas del
lago Titicaca. Viracocha creó el Sol, la Luna y las estrellas; y
Tiahuanaco--según el profesor Max Uhle--fué edificado como un templo a
la citada deidad.
No pocos escritores consideran a los _collas_, _umasuyas_, _yungas_ y
otras tribus como ramas del tronco aymará; pero sí puede asegurarse
que todas esas tribus fueron nativas de Bolivia. Perteneciesen o no
los collas o charcas al mismo tronco de los aymarás, y de origen
mongólico o no los primeros, es lo cierto que cuando aparecieron los
incas, ya los collasuyos se entregaban a destructoras guerras y luchas
fratricidas. «Es muy presumible--escribe el historiador D. José María
Camacho--que para haber alcanzado los aymarás el grado de prosperidad
que revelan sus monumentos, así como para haber llegado al estado de
decadencia en que fueron encontrados por los _quichuas_, hubiesen
experimentado en una larga sucesión de siglos, grandes acontecimientos
sociales y las irrupciones devastadoras de otros pueblos.» Ignoramos
las semejanzas y diferencias entre las religiones de los aymarás y
quichuas, ni cuándo aparecieron unos y otros. Parece cosa cierta que
ambas razas han sido rivales desde tiempo inmemorial; pero llegaron a
sobreponerse los segundos a los primeros. También llama la atención
que mientras los aymarás aparecen siempre confinados a la meseta
del Titicaca, los quichuas se extiendan por los departamentos de
Cochabamba, Chuquisaca, Potosí y Oruro. La aparición del primer
Inca--según el poético y legendario relato del historiador inca
Garcilaso de la Vega--fué del siguiente modo. Dice en sus _Comentarios
Reales_ que el Sol, dios que vivifica el Universo, deseando redimir al
género humano, envió del Cielo a sus hijos Manco Capac y Mama Ocllo,
los cuales aparecieron en la isla de Inti-karka, después del gran
diluvio, inundación con que el dios Khunu castigó a la Humanidad.
Hállase probado que en los accidentados territorios del Perú vivieron
tribus populosas que supieron formar pueblos, levantar templos,
cultivar las tierras, ejercer la industria, llegando a un grado de
cultura material digno de todo encomio. Creemos poder afirmar, sin
género de duda, que las tribus de la costa peruana y las de los valles
interandinos, desde Quito y la línea ecuatorial hasta el desierto de
Acama, pertenecían a las familias lingüísticas aymará, quechua, yunca o
mochica, puquina y atacameña.
[Ilustración: Indio peruano. (Región de los bosques).]
Los _collas_, que ocupaban la meseta del Titicaca y valles inmediatos,
como también otras tribus establecidas en las vertientes y mesetas
occidentales de los Andes, cuencas del desaguadero y lago Aullaga, eran
fuertes, audaces y vivían en chozas cónicas de piedra cubiertas con la
paja de la _puna_. Las chozas agrupadas formaban pueblecillos. Daban
culto a los espíritus de la naturaleza (_animismo_) y a los mares.
Las ruinas de Tiahuanaco representan la arquitectura más poderosa del
continente americano. Aquellas estátuas colosales, aquellas fábricas
ciclópeas y aquellos enigmáticos relieves son hoy mismo la admiración
de los que las contemplan. Parece ser que todos los templos que hubo
en el país estuvieron consagrados a Viracocha, dios de los aymarás,
cuyo culto tuvo tanta importancia como el del Sol. Los collas cuidaban
de sus rebaños de alpacas y llamas, obteniendo lana para defender
sus cuerpos del intenso frío de los parajes altos; cogían patatas,
ocas, etc., en las tierras que estaban al abrigo de los collados,
pesca abundante en la laguna Titicaca, caza de patos y perdices en
las orillas de dicho lago, y de guanacos y vicuñas en las montañas.
Otras tribus, entre ellas las de los _Urus_, permanecían en el ángulo
Sudoeste del lago Titicaca y hablaban la lengua _paquina_.
Los _yuncas_ (_yunca-cuna_, moradores de tierra caliente) habitaban
los valles de la costa del Pacífico desde el Callao a la serranía de
Amotape, hablaban la lengua _yunca_ o _mochica_ y predominaba entre
ellos el patriarcado. Hacían sus casas de columnas de adobe, tejían
telas de muchos colores y de complicada trama y eran excelentes
alfareros. Gozaron de justa fama los acueductos que construían para
regar sus campos, campos muy fértiles por el abono del _guano_, que
extraían de las islas. Navegaban en canoas hechas de cuero de lobo
marino y en balsas de madera con vela, timón y quilla.
Los _chimus_, que dominaron desde Tumbez a Ancón y el valle de Huarcu
(Cañete), construyeron los palacios del _Gran Chimu_, de fábrica
análoga a la de sus magníficas necrópolis y de los depósitos y canales
de Chicama y de Nepeña.
Los _huancas_ (valle de Jauja y sus cercanías), los _quechuas_ (la
zona del Apurimac hasta las Pampas), los _caras_ (entre el Cuzco y
lago Titicaca), los _quitos_ (alrededores de Quito) y otras tribus,
hablaban la lengua quechua o kechua. Aunque eran bárbaros, estaban
organizados perfectamente--si damos crédito a los cronistas--en
clases o linajes (ayllus), gobernados por jefes tribales (curacas) y
dedicados a la horticultura y pastoreo. Vivían los huancas en casas
parecidas a torreones cilíndricos de bastante altura y considerable
diámetro, dispuestas en hilera y unidas por estrechos pasadizos. Los
quechuas tuvieron más importancia y dieron nombre a la lengua general
del país. De los caras se cuenta que habían venido en balsas, hacía
unos doscientos años, no se sabe de qué lejanas tierras. A la sazón
obedecían los caras al valiente e intrépido Caran Scyri, quien, cuando
se creyó con fuerzas para disputar a los indígenas las comarcas que
a él le parecieron mejor, se dirigió al Norte y llegó hasta los
dominios del rey Quito. Comenzó la guerra, en la cual murió Quito. Los
sucesores de Caran Scyri, que según probables cálculos fueron quince,
sin contar a los incas, llevaron sus armas al Norte y se apoderaron
de extensos territorios. A la larga caras y puruaes formaron un
pueblo; pero no por la fuerza, sino a gusto de unos y otros. Los caras
adoraban únicamente al Sol y a la Luna, siendo de notar que miraban
con horror los sacrificios humanos e hicieron por desterrarlos. Como
veremos más adelante, ellos tenían el mismo alfabeto, el mismo sistema
de numeración, el mismo calendario, la misma religión, las mismas
actitudes para el cultivo de las ciencias y artes, y casi vestían el
mismo traje que los incas. ¿Tendrían los incas, como muchos pretenden,
el mismo origen que los caras? Es posible, y algunas señales lo indican
con bastante elocuencia. Más que los caras se hallaban civilizados los
quitos. Respecto a la industria, los quitos tallaban mejor que los
muiscas las esmeraldas: las hacían esféricas, cónicas, cilíndricas
y prismáticas. Labraban de oro collares, ajorcas, pendientes e
ídolos. Construían hachas de cobre. En la cerámica estaban todavía
más adelantados, y en los vasos, ya hechos de barro colorado, ya
negruzco, representaban ídolos, hombres, fieras, pájaros, reptiles
y peces. Tejían admirablemente el algodón y la lana. En las bellas
artes nada hicieron. Creemos que no levantaron puentes de piedra; pero
sí de madera, de bejuco y de cuerda. Conocieron los acueductos, ora
superficiales, ora subterráneos. Las fortalezas fueron muy toscas, como
fueron muy toscos sus palacios y sus templos.
Poco sabemos de la historia de Tahuantinsuyo o Perú antes del
imperio de los incas, pues las noticias son obscuras, incompletas y
aun contradictorias. Ciertas señales indican la existencia remota
de centros de cultura, debidos tal vez a gente autóctona, siendo
de notar que a la decadencia o ruina de dichos centros comenzó la
civilización incásica. Para algunos escritores es cosa probada que
de los legendarios _piruas_, de los misteriosos _Hatun-Runa_ o gente
antigua, adoradores del _Con-Illá-Tici-Viracocha_, surgió el poderío
y engrandecimiento de los incas. No sería extraño--añaden--que los
primeros pobladores de Tahuantinsuyo tuvieran idea de un Ser Supremo,
creador de todo lo existente, y de un espíritu maligno o _Supay_,
como tampoco niegan que creyesen en la inmortalidad del alma y en la
resurrección del cuerpo.
Dejando estas cuestiones para los que se ocupan solamente de la
historia particular del Perú, pasamos a tratar de los incas[173].
Lo primero que se presenta a nuestro espíritu, es la pregunta que
copiamos a continuación. Los incas, ¿son indígenas o proceden del
Mogol? Sebastián Lorente y algunos más afirman lo primero[174]; Juan
Ranking y otros sostienen lo segundo. Puede, sí, asegurarse--y conviene
no olvidarlo--que los incas--_señores_--nunca creyeron haber tenido
el Asia por cuna. Diremos, para gloria de ellos, que supieron reunir
en vasta y poderosa nacionalidad tanto las cultas como las incultas
tribus, que se odiaban y hacían la guerra. Veamos lo que dice la
tradición, primera y casi única base de la historia de los incas, no
olvidando que muchos cronistas atribuyen un mismo hecho a distintos
incas, como también se da el caso que algunos hacen a Manco Capac autor
de instituciones que otros creen nacidas muy posteriormente.
[173] Los historiadores suelen dividir la Historia del Perú en
las siguientes épocas: _Preincáica_, _Incáica_, _Conquista_,
_Virreinato_ e _Independencia_.
[174] _Historia antigua del Perú_, libro III, capítulo II.
En el siglo XIII apareció en el Perú un hombre verdaderamente superior,
llamado Manco Capac. Su reinado--con arreglo a las noticias más
exactas--comenzó el año 1221 y terminó el 1262. Tenía por mujer a su
hermana Mama Ocllo. Según Balboa, habían salido de Pacaritambo con tres
hermanos y tres hermanas[175]; opinan otros que salieron de una isla
del lago de Titicaca; pero lo que parece probado es que eran hijos
de un curaca o cacique de Pacaritambo. Se presentó Manco Capac y Mama
Ocllo, hermano y hermana, esposo y esposa, llevando un cetro en forma
de una barra de oro, el cual, al dar con él en el suelo de Cuzco, se
enterró, hecho que llevaba consigo que allí tendría asiento la capital
Inca. Dice Pedro Knamer, en su _Historia de Bolivia_, que Manco Capac
debió ser jefe o sacerdote aymará, de superior talento, que dejó su
país, en compañía de su hermana, huyendo de las guerras civiles.
Manco Capac se presentó diciendo que su padre el Sol le mandaba para
dirigir y educar a los hombres. Las gentes del Cuzco, comprendiendo que
los citados viajeros eran superiores a los habitantes del país, les
prestaron obediencia. Ellos fundaron la ciudad llamada _Cuzco_, «el
centro del Universo», y después otras varias poblaciones, bien que las
mayores no excedían entonces de 100 casas. Mientras que él enseñaba
a los hombres el culto del Sol, a edificar sus casas y a cultivar
la tierra, Mama Ocllo adiestraba a las mujeres en el hilado, en la
confección de vestidos y en otros ejercicios domésticos.
[175] _Historia del Perú_, capítulo I, tomo XV de la Colección
de Ternaux-Compans.
Tanta llegó a ser la influencia de Manco Capac, que consiguió ser
proclamado Inca, esto es, señor de la tierra o soberano del país.
También los descendientes de sangre real se llamaron incas. La mujer
legítima del Soberano o Rey, se denominó _Coya_, tomando el mismo
nombre las hijas del real matrimonio. A las concubinas que eran de la
familia real y, en general, a todas las mujeres de dicha familia, se
las conocía con el nombre de _Palla_; a las demás concubinas con el de
_Mamacuna_ o mujer que tiene obligación de hacer oficio de madre. No
deja de llamar la atención la industria del primer Inca para atraer a
la vida de la civilización a unas gentes tan rústicas y bárbaras. En el
Cuzco hizo construir magníficos edificios, sobresaliendo entre todos el
soberbio templo dedicado al Sol, el cual era visitado por multitud de
peregrinos que acudían de todo el Imperio.
Estableció Manco Capac una _Monarquía despótica absoluta_. Heredaría
el trono el primogénito tenido en la _Coya_. El Emperador debía
casarse con una de sus hermanas, pues de este modo había seguridad
de que el príncipe heredero era de sangre real. Los hijos habidos en
las concubinas formaban la nobleza que componía la corte, y a quienes
daban el nombre de _Orejones_. Dividió la tierra en tres partes: la
del Rey, la de los sacerdotes y la del pueblo. Tuvo en cuenta al hacer
la última división el número de individuos que componían la familia,
la posición y las necesidades de cada uno. Los ganados los repartió
entre los sacerdotes y el pueblo. Organizó la sociedad bajo el punto de
vista político, religioso, administrativo y civil. Cuando Manco Capac
sintió cercana su muerte, llamó a su hijo primogénito Zinchi Lloca, y
le recomendó que no alterase el régimen del Gobierno que él dejaba
establecido.
Zinchi Lloca (1262-1281) siguió los consejos de su padre. Casó con su
hermana Mama Cora, y de ella tuvo a Lloce Yupanqui. El nuevo Rey era
valiente y arrojado; pero no tuvo necesidad de lanzarse a la guerra,
logrando por la persuasión extender los límites de su Imperio.
Lloce Yupanqui (1281-1300) al frente de un ejército, redujo a la
obediencia a diferentes tribus. Su imperio se extendía de Este a Oeste,
desde el Paucartampu a la sierra, y de Norte a Sur, desde el Cuzco al
fin del río Desaguadero. En la capital ya había templo para el Sol,
alcázares para los Emperadores y calzadas que después habían de unir
las cuatro estrellas de la monarquía.
Mayta Capac (1300-1320), continuó la conquista de sus mayores,
apoderándose de varios territorios y venciendo a muchas tribus. Penetró
en Collasuyo, venció a sus habitantes, y tanto le impresionaron las
colosales ruinas del Tiahuanaco, que pensó hacer del citado lugar la
capital de su imperio. El Inca Garcilaso de la Vega le coloca entre
los monarcas más batalladores y afortunados; pero Balboa dice que no
emprendió guerra alguna[176], y Montesinos, añade, que nada notable se
conoce de su reinado[177].
[176] _Historia del Perú_, cap. II.
[177] _Memorias Históricas del Perú_, cap. XIX.
Capac Yupanqui (1320-1340), hijo mayor de Mayta y de Mama Cuca, hizo
matar a su hermano Putano Uman y a otros que intentaban destronarle.
En seguida se hizo dueño de toda la tierra de Yanahuara, situada al
Occidente del Cuzco; ganó también las comarcas de Cota-pampa, Cotanera
y Huemampallpa, habitadas por los quichuas; extendió su poder por las
costas del Pacífico, por las cordilleras de los Andes, por la provincia
de Charca y por el Norte. De Norte a Sur tenía ya el imperio unas 190
leguas, y de Este a Oeste 70.
Inca-Yocca (1340-1360), hijo de Capac y de Mama Curi-Illpay, siguió
las huellas de su padre, no siendo menos afortunado en las empresas.
Castigó duramente a los soberbios chancas, acompañándole también la
victoria en otras expediciones. Dió leyes importantes y protegió la
cultura.
Yahuar Huacac (1360-1380) se entregó, según Balboa, a los placeres
sensuales[178]. Montesinos dice que fué prudente y pacífico, no
recurriendo a la fuerza ni aun para aplacar desórdenes y tumultos[179].
Conforme con Montesinos está Garcilaso. El hecho más notable de
este reinado fué que los feroces chancas, después de matar a sus
gobernadores incas, cayeron sobre el Cuzco en número de 40.000. Yahuar
Huacac abandonó la capital y se retiró a la angostura de Muyna, cinco
leguas al Mediodía. Cuando lo supo su hijo primogénito Huiracocha, se
dirigió a su padre y delante de varios incas le dijo lo siguiente:
«¡Cómo! ¿Al solo anuncio de que se ha rebelado una pequeña parte del
imperio abandonáis el Cuzco? ¿Siendo hijo del Sol entregáis a los
bárbaros el templo para que lo pisen y a las vírgenes de vuestro padre
para que las violen? ¿Y todo por salvar la vida? No quiero la vida si
no la he de llevar con honra. Iré más allá del Cuzco, é interpondré mi
cuerpo entre los bárbaros y la ciudad sagrada.»
[178] Capítulo II.
[179] Capítulo XXII.
Por este sólo hecho pasó la corona de Yahuar Huacac a Huiracocha.
Huiracocha (1380-1390) consiguió gran victoria peleando con los
chancas en una llanura al Norte de Cuzco. Cruel con los vencidos, como
escriben unos historiadores, o magnánimo con los prisioneros, como
refieren otros, lo cierto es que el triunfo del nuevo Rey fué de mucha
importancia. Por el Poniente Huiracocha llegó hasta la entrada de
Tucumán, y por el Norte sometió muchas tribus.
Urco, sucesor de Huiracocha, se entregó a toda clase de vicios y fué
destronado por los grandes.
Elegido Titu Manco Capac (que tomó el nombre de Pachacutec), hermano
del anterior, empleó tres años en dotar de buenas leyes el imperio y
otros tres en visitarlo y corregir los abusos. Prosiguió las conquistas
de su padre Huiracocha, no por sí mismo, sino valiéndose de su hermano
Capac Yupanqui. Ganó muchas tierras por medio de la guerra, aunque más
mediante la persuasión. En los últimos años de su reinado se ocupó
en asegurar sus conquistas, estableciendo en las comarcas recién
sometidas colonias, abriendo canales, convirtiendo en fructíferas las
tierras hasta entonces incultas, levantando suntuosos monumentos y
abriendo caminos. Excelente legislador, dió muchas leyes civiles y
penales. Suyas son las siguientes máximas: «La envidia es carcoma que
roe y consume las entrañas del envidioso. Envidiar y ser envidiado es
doble tormento. Mejor es que otros te envidien por bueno, que no los
envidies tú por malo. La embriaguez, la ira y la locura son hermanas:
no difieren sino en que aquéllas son voluntarias y mudables, y ésta
involuntaria y perpetua. Los adúlteros hurtan la honra y la paz de
sus semejantes: merecen igual pena que los ladrones. Al varón noble
y animoso se le conoce en la adversa suerte. La impaciencia es de
almas viles. El que no sepa gobernar su casa, menos sabrá gobernar
la República. Gran necedad es contar las estrellas cuando no se sabe
contar los nudos de los quipus.» Murió Pachacutec el año 1400.
Yupanqui (1400-1439) fué conquistador[180]. Venció a los chunchus;
después a los fieros moxos, situados al otro lado de la rama oriental
de los Andes; en seguida la emprendió con los chiriguanas, que vivían
al Sudoeste de Chuquisaca; y, últimamente, dió una batalla a los
purumancas que duró tres días y dejó indecisa la victoria. Según
Balboa, así como Pachacutec dió a su pueblo la unidad de idioma,
Yupanqui reunió una especie de concilio en el Cuzco y, después de
largos debates, se convino en que el Sol merecía en primer término la
adoración de los hombres, puesto que a él se debían el verano y el
invierno, la noche y el día, la fecundidad de los campos y la madurez
de los frutos; en segundo lugar eran dignos de culto el trueno, la
tierra y las principales constelaciones, entre ellas la Cruz del Sud y
las Pléyades. Cuando todos estaban conformes en las dichas creencias,
Yupanqui hizo notar que no el Sol, sino el que le obliga a eterno
movimiento era el creador del mundo, acordando entonces todos llamar a
ese dios desconocido Ticci Huiracocha Pachacamac[181].
[180] Lorente y otros historiadores opinan que Pachacutec y
Yupanqui son los nombres de un mismo inca.
[181] Balboa, cap. V.
Tupac Yupanqui (1439-1480), a la cabeza de un ejército de 40.000
soldados se dirigió al Norte, peleando con los huacrachucus, a quienes
desbarató completamente, obligándoles a pedir la paz. Al siguiente
año peleó con los chachapoyas, situados al Levante de Caxamarca, que
le opusieron tenaz resistencia. También sometió a los muyupampas y a
los cascayuncas. La emprendió tiempo adelante contra los habitantes
de Huancapampa (hoy Huancabamba), los cuales se rindieron y aceptaron
las condiciones impuestas por el Inca. Tocó el turno a Huanuco, cuyos
habitantes, como los de Huancapampa, se sometieron fácilmente. Todavía
continuó peleando y todavía continuó llevando la civilización por todo
el país.
Huayna Capac (1480-1525), hijo del anterior, comenzó peleando contra
los caranguis, que fueron pasados a cuchillo, salvándose sólo los
niños. Dícese que la matanza fué tan grande, que llegó a enrojecer las
aguas de Yahuarcocha. Si Huayna Capac no extendió su imperio al Norte
hasta los límites que a la sazón separan la república del Ecuador de
la de Colombia, sí es cierto que ganó desde Chimo (hoy Trujillo) a
Puerto viejo. Sometió también a los chachapoyas, y con ellos se mostró
generoso. Tuvo dos hijos, Huascar, su primogénito, habido en su primera
mujer, llamada Rava Ocllo, y Atahualpa, que tuvo después de otra de sus
mujeres. Dispuso que a su fallecimiento se le arrancara el corazón y se
guardara dentro de un vaso de oro en el templo de Quito, que su cuerpo
embalsamado se llevara al Cuzco, y que Huascar se sentara en el trono
de los incas y Atahualpa en el de los antiguos scyris.
Cuando Huayna Capac recorría y admiraba sus templos y palacios en el
sagrado lago, un rayo derribó uno de sus palacios y se sucedieron
unos terremotos después de otros; pero la noticia que sobrecogió a
todos de espanto, fué que en el Pacífico navegaban en casas de madera
hombres blancos y barbudos, cuya venida había anunciado el inca Ripac.
Inmediatamente Huayna Capac abandonó Collasuyo y se retiró a Quito,
buscando el consuelo de su favorita Pacha, madre de Atahualpa, su hijo
más querido.
Huascar heredó el trono del Perú y Atahualpa el de Quito. Al poco
tiempo de morir Huayna Capac (1530), sus citados hijos comenzaron
desastrosa guerra. Huascar en Cuzco ambicionaba también el reino de
Quito, y Atahualpa a su vez no se contentaba con Quito, sino que quería
conquistar el Cuzco. Atahualpa organizó poderoso ejército bajo el mando
de su primogénito Hualpa Capac y de los generales Quizquiz, Calicuchina
y otros. Logró salir victorioso en varios combates, y se preparó a una
guerra cruel, cuando supo que su hermano Huascar salía del Cuzco al
frente de muchas tropas, habiendo jurado antes por el Sol y por todos
los dioses que había de cortar la cabeza al rey de Quito, la cual
convertiría en un vaso recamado de oro para sus festines.
Contra Huascar se dirigieron los generales Quizquiz y Calicuchina.
La batalla fué sangrienta y duró todo un día. Prisionero Huascar, no
mereció compasión del vencedor, quien resolvió apoderarse de todo
el imperio y ceñir la borla de los incas. El Cuzco cayó en poder
de Atahualpa el año 1532. No negaremos que Atahualpa merecía el
calificativo de cruel; pero no le censuraremos por haber declarado
la guerra a su hermano. Si Huascar vencedor se había de apoderar del
reino de Quito, de esperar era que, vencedor Atahualpa, se apoderase
del imperio del Cuzco. Pero a la sazón los españoles, mandados por
Francisco Pizarro, habían llegado a Tumbez y procede que suspendamos
esta crónica de los incas, para tratar de las instituciones y cultura
del Perú.
Como hemos podido observar, el Inca, Soberano o Rey, era a la vez
Pontífice y padre de los pueblos. Lograron con verdadera constancia
que todas las tribus tuviesen la misma religión, el culto del Sol, y
hablasen la misma lengua, la quechua. Consiguieron imponer las mismas
leyes, los mismos usos y costumbres a pueblos tan diferentes en su
origen y en sus inclinaciones. El Inca, según Velasco, podía tener
tres o cuatro mujeres legítimas, y según Garcilaso, solamente una.
Podía tener las concubinas que quisiera. Tanto el Inca como la Coya
eran objeto de veneración de parte del pueblo. Los nobles estaban
divididos en _incas, uracas_ y _amantas_. Los incas se diferenciaban
de los demás nobles porque llevaban engarzados en las orejas grandes
rodetes. Como estos rodetes hacían muy anchas las orejas, los españoles
designaron a los incas--como antes se dijo--con el nombre de _orejones_.
Hallábase dividido el imperio en cuatro regiones, y al frente de
cada una había un virrey asistido de comisiones de guerra, justicia
y hacienda. Los cuatro virreyes formaban el Consejo de Estado del
Inca. La región se subdividía en provincias y estaba dirigida por
un gobernador o prefecto. La acción del gobernador se hallaba
frecuentemente limitada por la de los curacas. El ejército tenía
severa organización, como también la administración de justicia. Ya
se ha dicho que la religión del Imperio consistía en adorar al Sol:
Huiracocha era hijo del Sol; Catequil y Pachacamac permanecían en los
santuarios eclipsados ante aquel cuya luz y calor eran la fuente de
la vida. Consideraban al hombre formado de cuerpo y alma. Suponían
al alma inmortal y afirmaban que si en esta vida era buena, gozaría
luego de bienestar y reposo; si era mala sufriría eternamente dolores
y trabajos. Creían en la resurrección de los muertos. Más bien que
creyentes, eran supersticiosos.
Acerca de su cultura diremos que la Filosofía estaba reducida a algunos
apólogos morales, la Jurisprudencia a un corto número de leyes, la
Medicina y la Cirugía a reglas y principios empíricos y las Matemáticas
apenas eran conocidas. En la poesía se distinguieron un poco. Cantaban
en verso sus amores, las hazañas de sus reyes y de sus héroes, y
componían en verso comedias y tragedias. Para los cantos de amor tenían
su música y entre aquéllos daremos a conocer los siguientes: «En las
solitarias pampas solíamos ver a los pájaros yendo a su nido. Lloraban
lastimeramente por sus compañeros. Así, al irte tú, lloraré yo,
amado mío.» Otro decía: «Mientras me dure la vida--seguiré tu sombra
errante--aunque a mi amor se oponga:--agua, fuego, tierra y aire.»
Las comedias enaltecían las virtudes domésticas y las tragedias los
grandes hechos de la historia. Hasta nosotros sólo ha llegado una
tragedia intitulada _Ollanta_; pero afirma Markham que es posterior
a los incas, pudiéndose asegurar que la compuso el doctor Valdés,
cura de Sicuani, bien que aprovechando antiguos cantos. Sin embargo,
convienen los cronistas en que eran aficionados a las representaciones
dramáticas, las cuales tenían por objeto exponer doctrinas religiosas
o conmemorar triunfos guerreros. La música tenía cierto desarrollo, y
los instrumentos, además de la trompeta, eran el tambor, el _huancar_,
las sonajas y los cascabeles. Del mismo modo amaban con pasión el
baile. Acerca de la lengua, podemos dar como cosa cierta que la
_quichua_ era una de las mejores de América, la cual contaba entre sus
principales dialectos el de los _quitos_ y el de los _aymarás_. No
faltan escritores que consideren el aymará como lengua y la quichua
como dialecto. No descuidaron la agricultura y la ganadería. Supieron
aprovechar hasta los páramos, si no para la agricultura, para la
ganadería. Condujeron el agua por canales subterráneos de piedra, los
cuales llegaron a tener hasta 400 o 500 millas. «Entre estas obras las
había verdaderamente admirables, como que venían atravesando ríos,
rodeando montañas, perforando a veces las mismas peñas y salvando
abismos. Son indecibles el tiempo y el trabajo que debieron de costar
en tiempos donde se carecía, no ya tan sólo de los medios mecánicos de
que hoy se dispone, sino también de herramientas. Era aún más de notar
el sistema que para los riegos se había adoptado. No se distinguía
del que acá en España plantearon los árabes...»[182]. De la minería
hicieron poco caso. En las artes útiles se distinguieron como plateros,
tejedores y alfareros. Los metales que usaban eran el oro, plata y
cobre.
[182] Pi y Margall, ob. cit., tomo I, volumen I, págs. 422 y
423.
Los caminos en el Perú, hechos casi lo mismo que en México, llamaron
profundamente la atención de los españoles, en particular el que corría
por la costa y el que iba por las mesetas y cumbres de los Andes. Cieza
dudaba de que el emperador Carlos V, sin embargo de sus grandes medios,
pudiera hacer en aquellos sitios otro tanto. En los lugares cenagosos,
parte de los caminos eran calzadas sostenidas por recios y fuertes
muros. El citado Cieza vió dos: una en el camino de Xaquixaguana al
Cuzco, y otra desde el Cuzco a Mohina. El camino principal partía del
Cuzco y llegaba a Quito, uniendo ambos reinos. Dice el ilustre Humboldt
lo siguiente: «El gran camino del Inca es una de aquellas obras más
útiles y más gigantescas que los hombres han podido ejecutar.» Este
camino, y otros de menos importancia, contribuyeron a la prosperidad
del Perú. Estableciéronse los correos, muy parecidos a los de los
nahuas mejicanos. Los puentes en el citado país eran generalmente de
bejuco o de maguey. Hemos dicho generalmente, porque los había de
cierta paja correosa y suave llamada _ichu_. Cuando los bejucos o las
pajas no eran tan largas como ancho el río, se levantaban dos pilares,
uno en cada orilla. Si damos crédito al historiador Garcilaso, el
primer puente de esta clase se construyó sobre el río Apurimac, en
tiempo de Mayta Capac. Tenía de longitud unos 200 pasos, y era tan
fuerte que, en tiempo de la conquista, lo pasaban sin apearse y sin
temor alguno los ginetes españoles. Encontrábanse--y así lo afirma
Velasco--puentes artificiales de piedra en el Perú, a los cuales se
daba el nombre de _rumichaca_. Nosotros creemos que tales puentes, sin
embargo de la respetable opinión de Velasco, debían ser naturales. Los
acueductos indicaban del mismo modo el adelanto de los peruanos.
En relación con los medios de comunicación estaba la costumbre de
trasladar _colonias_ de una parte a otra del imperio, lo cual favorecía
el intercambio de productos. Los valles de Tacna y Moquegua, entre
otros territorios, se colonizaron con _mitimaes_ (_colonos_) de las
aldeas próximas al Cuzco. También se establecieron en las fronteras
colonias _militares_, lográndose con ello, además de otras cosas, dar
ocupación al sobrante de la población agrícola. Huelga decir que la
disciplina en lo militar era mucho más estrecha que en lo civil.