[353] No puede negarse que en estas quejas de Admeto, según

nuestras ideas, encontramos mucho que reprender y poco o nada

que alabar. Parécenos el colmo del egoísmo, de la cobardía y

de la infamia que un hombre digno injurie nada menos que a su

padre por no haber querido morir por él, y que consienta en el

sacrificio de su esposa, por salvar su vida, cuando en nuestro

juicio debiera hacer lo contrario. Nosotros, en efecto, creemos

que esto es lo racional, lo justo y lo verdadero. Tengamos, no

obstante, en cuenta que, a pesar de la veneración que se mostraba

en general a los ancianos antiguamente, y mucho más a los padres,

con arreglo a sus creencias los viejos se miraban como una

verdadera carga del Estado, y en algunos pueblos se sacrificaban

inexorablemente. Sabido es también que la mujer se miraba de

ordinario como un mal irremediable y necesario, y que en esas

épocas heroicas lo primero y más sagrado, aquello a cuya salud

todo se sacrificaba, era la persona del rey, cabeza y eje del

Estado, porque faltando, venían guerras y revueltas que se habían

de evitar a toda costa. Sin embargo, esta escena entre Admeto

y su padre Feres es más bien cómica que trágica, y en vez de

excitar el terror y la compasión, solo a risa nos mueve, porque

ridículo es, a no dudarlo, que un padre y un hijo se injurien tan

gravemente, defendiendo lo que ambos defienden.

[354] Los lectores recordarán que entre los griegos eran muy

frecuentes estas sustituciones y exposiciones de hijos, como

veremos en Ion, y como nos lo prueban algunas comedias de

Terencio y de Plauto, y hasta ciertas leyes que se han conservado

de romanos y griegos.

[355] Verdadera y oportuna es esta observación, ya porque el amor

a la vida nunca nos abandona, ya porque, en realidad y contra

la común opinión, los bienes humanos son más numerosos que los

males, y en fin, porque el hombre, por grande que sea su fe, teme

siempre dejar un mundo conocido por otro desconocido. En esta

verdad se funda la fábula de _El Leñador y la Muerte_.

[356] Los lidios y frigios en la antigüedad, como sucedía hace

algunos años en nuestras colonias de América con los negros de

Loango y de Angola, vendían sus hijos y prisioneros de guerra a

los demás griegos. Debían ser los que más abundaran y los más

baratos, porque el poeta los nombra como a los más despreciables.

[357] Poco edificante es, en verdad, este diálogo, y escandalosa

o irreverente en sumo grado la conducta de Admeto. Llama cobarde

a su padre, reniega de él, amenázale no sepultarlo como conviene

a su rango y abandonarlo si algún día lo necesita, y por último

le desea la muerte, y todo ello por no haber querido dar por él

su vida. Con nuestras ideas modernas es incomprensible todo esto.

[358] Acasto, hijo de Pelias y de Anaxibia o Filómaca (Apolod.,

_Bibl._, libro I, 10), era hermano de Alcestis. Su esposa

Creteida se enamoró de Peleo, el padre de Aquiles, y viéndose

despreciada como la mujer de Putifar y Fedra, hizo creer a su

esposo que había querido seducirla. Acasto intentó ahorcar a

Peleo; pero pudo escaparse y después se vengó matando a uno y a

otra, apoderándose de Yolco, su reino.

[359] M. Artaud, I, 340, observa muy oportunamente que hay pocos

ejemplos de que el coro abandone la escena, como sucede ahora.

Solo ocurre esto en _Las Euménides_, de Esquilo, y en el _Áyax_,

de Sófocles.

[360] Ya hemos visto antes que Heracles ni siquiera sabe las

extrañas propiedades de los caballos antropófagos de Diomedes;

y ahora, consecuente el poeta con la idea singular que había

formado del carácter de este héroe, nos lo ofrece entregado por

completo a los placeres de la gastronomía, sin dársele un ardite

de la aflicción de su huésped. Nada tiene, pues, de extraño

que Aristófanes nos lo presente en sus comedias como un glotón

borracho y grosero, ya para satirizar a Eurípides, ya quizá

acomodándose a las ideas de su tiempo acerca de este personaje.

[361] Eurípides, por boca de Heracles, condena aquí el ascetismo

y la mortificación corporal como lo hubiese hecho un economista

moderno. Adviértase, sin embargo, que con esta doctrina sucede lo

que con otras muchas de aplicación práctica, que raras veces se

observan con rigor. Los antiguos ascetas conocían la naturaleza

humana mucho mejor que los materialistas modernos, puesto que

sabían que, a pesar de los rigores de su predicación, pocos la

observaban, y que para alcanzar una mediana virtud, era preciso

defender el ascetismo. Para que el hombre llegue a la mitad

siquiera del camino que ha de recorrer, debe poner su mira en lo

más alto, porque su naturaleza lo arrastra hacia la tierra, y si

no se le contiene, se hunde por largo tiempo en el cieno y la

inmundicia.

[362] Como antes preguntó Heracles a Admeto claramente si habían

muerto sus hijos o su padre, replicándole aquel que uno y otros

vivían, y ahora repite la misma pregunta al esclavo, es de

presumir que lo hace, o por creerse engañado y para averiguar la

verdad, o porque con sus libaciones y cánticos se ha olvidado de

lo que antes dijo.

[363] Ciudad de la Tesalia, a orillas del Peneo, capital de

Ftiótide, en donde reinó Aquiles.

[364] Según nos dice Cicerón, _De leg._, l. II, cap. XXV, _in

Athenis jam ille mos a Cecrope, ut aiunt, permansit ocius terra

humandi; quam cum proximi injecerant, obductaque terra erat,

frugibus obserebatur, ut sinus et gremium quasi matris mortuo

tribueretur_. Los primeros monumentos funerarios de los griegos

fueron montones de tierra, γῆς χῶμα, rodeados de un muro circular

que los sostenía, κρηπίς. El sepulcro de Patroclo, τύμβον,

que edificó Aquiles junto a los muros de Troya, era de esta

especie. El de Aquiles, que se ve en el promontorio Sigeo, no era

distinto de estos, y lo mismo debieron ser los de otros muchos

héroes celebrados por Homero. Consistían en verdaderos túmulos,

κολῶναι, formando eminencias más o menos elevadas. Tales eran

las de las Amazonas, las de los frigios, la de Enómao, el padre

de Hipodamía, la de Ífito, Ticio y otros. Todavía se encuentran

en Grecia muchos túmulos de esta suerte, observados unos por

los viajeros modernos y descritos otros por Pausanias. Sirva

de ejemplo la eminencia que se ve cerca de Psófide a orillas

del Erimanto, cercada de cipreses, la cual, según opina M. de

Pouqueville, es la tumba de Alcmeón. Hállanse túmulos como este

en Italia y en el Asia Menor, y cerca de Micenas se veían otros,

descritos por Pausanias, que tenían la forma cónica. Otros

pueblos de la Grecia enterraban sus muertos en sepulcros abiertos

en la roca viva, como se ve en los laberintos de Nauplia.

[365] La de salsa mola, que se rociaba con la sangre de las

víctimas.

[366] El texto griego dice terminantemente μία γὰρ ψυχή, porque

su alma es solo una. Estas palabras que pronuncia Admeto,

inmorales en absoluto, porque revelan un deseo egoísta y

antisocial, son, sin embargo, muy naturales en su estado, porque

el hombre a quien ciega una pasión, no suele ser enteramente

responsable de lo que dice. Verdad es que pocos debieran callar

como él, porque si se ve solo, a sí, no a otro lo debe.

[367] Estas palabras que Eurípides pone en boca del coro, han

servido a varios glosadores para levantar castillos en el aire.

Unos han sostenido que aludía a algún hijo de Pericles, cuando

se sabe que los dos que tuvo murieron casi al mismo tiempo, y

aquí solo se habla de uno; y otros que a Anaxágoras, del cual

dice Cicerón en su _Tuscul._, III, 14: _Fuerat enim auditor_

(Eurípides) _Anaxagoræ, quem ferunt, nuntiata morte filii,

dixisse: Sciabam me genuisse mortalem_. La verdad es, en nuestro

concepto, que el coro dice esto en general para exhortar a Admeto

a que sufra con resignación la pérdida de una esposa, cuando no

ha faltado quien soporte con moderación la muerte de un hijo

único.

[368] La antorcha se componía de pedacitos de pino unidos

empapados en resina, y servía en las nupcias y procesiones; su

figura era cónica, encendiéndose por la base, no por el vértice,

y en este caso los romanos le llamaban _tæda_. La _fax_ era de

un solo trozo de madera resinosa, acabado en punta y mojado en

aceite o pez, o bien manojos de estopa bañada en cera, sebo, pez,

resina otras materias inflamables metidas en un tubo de metal, ya

continuo, ya formando una especie de enrejado.

[369] Eurípides, conociendo que la acción de Admeto era innoble

y egoísta, pone ahora en sus labios estas frases que expresan

sus remordimientos. No se puede negar que, dada la fábula

de la tragedia, este es el lugar acomodado a las quejas de

Admeto contra sí mismo, puesto que la conciencia, como juez

sapientísimo, solo pronuncia sus sentencias acabada toda la

causa, y cuando se disipa la pasión que perturba el ánimo.

[370] Ya en nuestra nota al verso 936 del _Hipólito_ hemos hablado

de los órficos y de sus tablas. Enseñaban misteriosas ceremonias

y cantos, con los cuales se recuperaban las perdidas fuerzas y

se ahuyentaban las enfermedades y los espíritus malignos. Así lo

dice Pausanias, IX, 30, pág. 768. Filócoro, en su _Tratado de la

adivinación_, cita una poesía de Orfeo, y Pausanias dice de él

que sus versos épicos aventajaron en belleza a los de todos sus

predecesores. Heráclito el físico habla también de las tablas

órficas, y el escoliasta de _Hécuba_, al verso 1243, Matth., dice

así: οἱ μὲν περὶ τὸ Παγγαῖον εἶναι τὸ μαντεῖόν φασι τοῦ Διονύσου,

οἱ δὲ περὶ τὸν Αἷμον, οὗ εἰσὶ καὶ Ὀρφέως ἐν σανίσιν ἀναγραφαί. Unos

sostienen que el oráculo de Dioniso estaba en el monte Pangeo; otros

que en el Hemo, en donde se guardan también las tablas de la doctrina

de Orfeo.

[371] Macaón y Podalirio, hijos de Esculapio y de Epione o

Arsínoe, célebres médicos y hábiles cazadores, capitanes de

los guerreros de la Ecalia en el sitio de Troya. Macaón curó a

Menelao, herido de un flechazo, y murió a manos de Eurípilo, hijo

de Télefo. Podalirio, después de la toma de Troya, naufragó y

desembarcó en Caria, en donde se casó con la hija del rey. Ambos

fueron adorados después de su muerte.

[372] Pueblo poco numeroso del Asia, en la Paflagonia, entre

los tibarenos al O y los mosinecos al E. Abundaba en su país el

hierro, y se fabricaba allí mucho acero.

[373] Es natural que Heracles, al devolver Alcestis a su esposo,

y no queriendo que la reconozca de pronto, la cubra con un velo

y la adorne de distinta manera de la que convenía a una mujer

casada.

[374] El doble sentido que tienen estas palabras de Heracles solo

el público lo comprendía. Admeto nada sabe del noble propósito

de Heracles, y por consiguiente solo mira sus palabras como la

expresión de un deseo generoso; no así los espectadores, que

han oído antes al héroe declarar su proyecto, que lo han visto

ausentarse, y volver después con esa mujer velada.

[375] Eurípides intenta sin duda persuadir al lector que si

Admeto recupera a su esposa, es en premio de su hospitalidad,

puesto que Apolo solo aparece al principio de la tragedia, no

después. Por otra parte, aquel rey lleva tan lejos su amabilidad,

tratándose de un amigo, que por darle gusto se resuelve a hacer

cuanto desea. Heracles, en cambio, quiere probarlo hasta el fin,

y acumula ruego sobre ruego y exigencia sobre exigencia.

[376] Ψυχαγωγός, conductor o guía de almas, exorcista,

encantador, mágico. El escoliasta dice así: «Hay ciertos mágicos

entre los tesalios que, en virtud de sus artes y encantos, evocan

las almas de los muertos. Los lacedemonios los mandaron llamar

cuando el alma de Pausanias se aparecía en el templo de Atenea

Calcieco, y espantaba a cuantos se acercaban a él, según cuenta

Plutarco en sus estudios sobre Homero».

[377] Como Alcestis pertenecía ya a los dioses infernales y les

había sido arrebatada, era menester aplacarlos con sacrificios.

El plazo de tres días durante los cuales Alcestis no podía

hablar, es parte de esa misma expiación.

[378] La Tesalia (primitivamente Hemonia) era una de las siete

regiones de la Península helénica, al S del Escardo y del Hemón,

en la costa oriental, entre la Macedonia al N y la Grecia

propiamente dicha al S. Confinaba al O con el Pindo, que la

separaba del Epiro; al E con la mar, y al S con el monte Eta.

El Olimpo, el Osa y el Pelión formaban una cadena casi paralela

a la costa. Sus ríos principales eran el Esperqueo al S y el

Peneo al N. Esta tetrarquía (cuatro provincias o gobiernos) eran,

según Focio, la Tesaliótide, la Ftiótide, la Pelasgiótide y la

Histiótide.

[379] _Argo_, famosa nave en donde se embarcaron varios héroes

griegos al mando de Jasón para conquistar el vellocino de oro

de la Cólquida. Los más célebres, además de Jasón, fueron

Heracles, que los dejó en la travesía, Orfeo, Tifis el piloto,

Esculapio, Linceo, Cástor y Pólux, Calais y Zetes, Tideo y

Néstor. Salieron del puerto de Yolco, y después de sufrir muchos

peligros y contrariedades, llegaron a la Cólquida, y con ayuda

de Medea, hija del rey de este país, se apoderaron del codiciado

vellocino y volvieron a Grecia, según unos, por el Danubio y el

Mediterráneo, o, según otros, por el Volga, el Báltico, el Océano

y el estrecho de Gibraltar. Tres poemas se han escrito sobre

esta expedición: uno que se atribuye falsamente a Orfeo, otro

de Apolonio de Rodas, y el último de Valerio Flaco. Es probable

que se hubiese verificado, o para explotar las minas de oro del

Cáucaso, o para colonizar las ricas regiones situadas al norte

del Asia Menor.

[380] La Cólquida, hoy Imeretia y Mingrelia, región del Asia,

yacía entre el Ponto Euxino al O, el reino del Ponto al SO, el

Cáucaso al N y la Iberia al E. Su río más célebre era el Fasis.

[381] Simplégadas o Cianeas, escollos que se abrían y se cerraban

para destrozar las naves en el estrecho de Constantinopla, hasta

que las atravesó la nave _Argo_.

[382] Pelión, monte de la Tesalia, en la Magnesia, prolongación

del Olimpo, que; formaba un cabo al S.

[383] Pelias, rey de Yolco, era hijo de Tiro y de Poseidón.

Usurpó el trono de Yolco, que correspondía a Esón, padre de

Jasón, su hermano uterino, y sugirió a este la expedición de

los argonautas con el objeto de verse libre de este rival, y

esperando que perecería en ella; pero a su vuelta, engañadas sus

hijas por Medea, que prometió rejuvenecerlo, pereció, sufriendo

una muerte horrorosa.

[384] Yolco, ciudad de la Hemonia, en el golfo de Págasas, cerca

del mar.

[385] Medea, hija de Eetes, rey de la Cólquida, y de la mágica

Hipsea. Enamorada de Jasón, le ayudó en la conquista del

vellocino de oro, y huyó con él a Grecia.

[386] Creonte, hijo de Sísifo, y por lo tanto pariente de Odiseo.

[387] Cicerón, en el libro III, Tuscul., cap. XXVI, dice así:

_Sunt autem alii, quos in luctu cum ipsa solitudine loqui sæpe

delectat, ut illa apud Ennium nutrix:_

_Cupido cepit miseram nunc me proloqui_

_Cælo at terræ Medeai miserias._

[388] Los dados eran pequeños cubos de marfil, hueso o madera,

en cada uno de cuyos lados se señalaban desde uno a seis puntos.

Ordinariamente su jugaba con tres, que se tiraban con un

cubilete; la mejor jugada era cuando cada uno de ellos presentaba

en el mismo lado distintos puntos, y la peor la contraria. Otras

veces servían para este juego los huesos de la ranilla de ciertos

animales, o se montaban en piedra o bronce. Solo tenían cuatro

lados, no seis, y los puntos que se señalaban eran uno y seis en

los dos lados opuestos, y tres y cuatro en los otros dos; dos y

cuatro no se señalaban si no se jugaba con cuatro dados en lugar

de tres. Los corintios tenían fama de jugadores.

[389] Famosa fuente al pie de la acrópolis de Corinto, dedicada a

las Musas.

[390] El texto dice ἀμφιπόλου, de dos puertas; pero en nuestra

opinión esa palabra no quiere expresar que el palacio tenía

dos puertas, una primero y otra después, y que eran tales los

clamores de Medea que habían atravesado a ambas. Conocida la

construcción y el plan de las casas griegas, y sabiendo que

las habitaciones de las mujeres o el gineceo se encontraban en

el extremo opuesto, es evidente que, ni aun teniendo Medea la

voz de Esténtor, se hubiese oído fuera. Lo más natural, por

consiguiente, es que el coro le llame palacio de dos puertas, de

puerta de dos hojas o batientes, como eran las de los teatros y

palacios, distintas de las otras más pobres, que de ordinario

constaban solo de una hoja.

[391] Para retardar la persecución de su padre mató Medea a su

hermano Apsirto, y dejó sus restos abandonados por el camino

para que el padre, cuidadoso de darles sepultura, no pudiese

alcanzarla.

[392] Medea no ha invocado a Zeus, sino a Temis y a Artemisa;

pero la nodriza, turbada por su emoción, confunde las especies.

[393] Porque la Cólquida, patria de Medea, estaba en la costa

opuesta.

[394] Hasta ahora se puede decir que han sido tantas las

traducciones hechas de estos versos, distintas entre sí, cuantos

han sido los traductores, extraviados por los versos siguientes

de Ennio:

_Quæ Corinti altam arcem habetis, matronæ opulentæ optimates,_

_Nobis ne vitio vertatis hoc, quod a patria absumus: nam_

_Multi suam rem bene gessere et publicam patria procul;_

_Multi qui domi ætatem agerent propterea sunt improbati._

Sin embargo, se ve fácilmente que Ennio tradujo palabra por

palabra, sin cuidarse gran cosa del sentido, porque ἐξῆλθον δόμων

lo vertió en _patria absumus_, σεμνοὺς γεγῶτας en _rem bene

gessere_, y leyó δομάτων ἄπο en vez de ὀμμάτων ἄπο. El sentido,

como siempre, nos aclara este enigma, dictándonos que el objeto

de Medea, extranjera en Corinto, no es otro que captarse la

benevolencia del coro, para que la proteja y no la descubra,

y en este concepto parécenos nuestra versión la más natural y

aceptable.

[395] El escoliasta observa que en la edad heroica sucedía lo

contrario de lo que dice Eurípides, esto es, que el marido

compraba a la mujer, no la mujer al marido.

[396] Desde las leyes de Solón, la mujer podía separarse

del marido o abandonarlo, no repudiarle, aunque con ciertas

restricciones, y exponiéndose a la murmuración pública.

[397] Eurípides, con su ordinaria sencillez, expresa este pensamiento

tan profundo como verdadero, porque, en efecto, es una de las más

graves injurias que puede recibir una mujer. Séneca, en cambio, en su

_Medea_, verso 573, hace decir al coro estas palabras:

_Nulla vis flammæ, tumidique venti_

_Tanta, nec teli metuenda torti,_

_Quanta, quum conjux viduata tædis,_

_Ardet et odit._

[398] Medea, para conseguir su intento, como mujer de claras

luces y consumada astucia, no obra como lo hubiera hecho un

criminal ordinario. En virtud de un esfuerzo supremo, finge

conformarse con las órdenes de Creonte, a quien detesta en

realidad, pues bien sabía que Jasón era esposo de Medea y que

estaba en su mano oponerse a este enlace, no autorizarlo ni

consentirlo; pero no dice que ama a su esposo, a pesar de su

infidelidad, sino claramente que lo aborrece, porque lo contrario

hubiera sido sospechoso.

[399] Aunque en general sea cierta esta máxima, y en ello, como

en todo, tenga gran importancia la buena o mala fortuna, no es

lo menos que mucha parte de estos males nos son imputables,

examinados de cerca y conocidas sus causas. La fortuna hace

un gran papel en el mundo cargando con nuestras torpezas y

desaciertos, y si no existiera, más de una vez habíamos de vernos

en apurado atolladero.

[400] A los partidarios de la exagerada verosimilitud, no de la

prudente, diremos que nos expliquen la connivencia de las mujeres

corintias que componen el coro en los proyectos criminales de

Medea, extranjera, odiosa por su mala fama y por su orgullo, y

dirigidos contra Creonte, su rey, y contra su inocente hija.

Parecía natural que el coro no se hubiese compuesto de corintias,

sino de esclavas de Medea, o de otra cualquier manera.

[401] Hécate, deidad infernal llamada así, según algunos

etimologistas, de la palabra griega ἑκατόν, ciento, porque

retenía cien años a las orillas de la Estigia a las almas de los

insepultos. A veces se confunde con Artemisa, y a veces es una

diosa distinta, hija del Sol, según Hesíodo. Otros aseguran que

fue una mágica temible, que envenenó a su padre y se casó con

Eetes, de cuyo matrimonio nacieron Medea y Circe. El triple culto

de Hécate, Artemisa y la Luna parece una reminiscencia del de la

Isis egipcia.

[402] Eetes, el padre de Medea, era hijo del Sol y de Perseis, y

Creonte, como dijimos al principio, hijo de Sísifo.

[403] Sísifo era hijo de Eolo y esposo de Mérope. Fundó a Éfira,

después Corinto, cerró el Istmo, obligó al Asopo a regar con

sus aguas la acrópolis de Corinto, y exigió a cuantos pasaban

por allí cierta cantidad de dinero. Murió a manos de Teseo, y

habiendo conseguido de los dioses infernales que le permitiesen

volver un día a la tierra para ser sepultado, no quiso regresar

al infierno y fue arrastrado de nuevo a él a viva fuerza, y, ya

sea en castigo de esta informalidad, ya por sus tropelías en

vida, condenado a llevar un peñasco a la cima de una montaña,

desde donde en seguida se despeñaba.

[404] Estamos casi seguros que Eurípides no conoció a su madre.

[405] Safo, Corina, Telesila y otras ilustres poetisas griegas

anteriores a Eurípides, o sus coetáneas, podían muy bien haberlos

escrito.

[406] Las Simplégadas o Cianeas.

[407] El texto vulgar griego dice así:

ὦ παγκάκιστε, τοῦτο γάρ σ᾽ εἰπεῖν ἔχω

γλώσσῃ μέγιστον εἰς ἀνανδρίαν κακόν.

La traducción latina de estos versos es la siguiente:

_O pessime omnium! (hoc enim quo te appellem habeo_

_Linguæ summum, in (tuam) ignaviam convicium)._

M. Artaud los traduce de esta manera:

_O Le plus scélérat des hommes! (car ma voix peut donner ce nom

le plus outrageux de tous à ta lâcheté)._

Hartung, a su vez, lo interpreta así:

_O schlechter Mann! ach leider kann ich Schlimm’res nicht_

_Dir mit der Zung’ entgegnen, als ein schwaches Weib!_

Si quisiéramos citar otros intérpretes o traductores además

de estos, veríamos que todos ellos, sobre poco más o menos,

se afanan en atormentar dichos versos para entenderlos y

expresarlos, indicando de esta manera que son oscuros o

defectuosos, como sucede de ordinario. En nuestro concepto, la

palabra griega que puede darnos la clave para comprender estas

palabras de Eurípides es ἀνανδρία, que significa propiamente

afeminación; pero como esta afeminación se echa en cara al esposo

de Medea, nos dice el sentido que no puede ser así, porque

ni el casamiento de Jasón con Creusa es prueba de ello, sino

de lo contrario, ni antes ni después se atribuye por Medea a

afeminación dicho casamiento. Además, tampoco se comprende que

se llame a un hombre afeminado, el peor de todos, porque esto es

evidentemente falso, y entre ambas ideas no hay clara relación.

Para salir de dudas consultemos al escoliasta, que se expresa

en estos términos: τοῦτο γὰρ εἰπεῖν ἔχω σοι μέγιστον κακὸν διὰ

τὴν ἀσθένειαν τὴν ἐμήν, γυνὴ γάρ εἰμι καὶ ἀσθενὴς. Es, pues, de

advertir que Medea insulta de este modo a Jasón por su debilidad:

διὰ τὴν ἀσθένειαν τὴν ἐμήν: porque soy débil mujer, γυνὴ γάρ

εἰμι καὶ ἀσθενὴς. La palabra ἀνανδρία no se refiere, por tanto,

a Jasón, sino a Medea; por consiguiente, si la conservamos con

una leve variación en el caso y sin alterar la versificación,

habremos conseguido nuestro objeto.

[408] Según parece, las aventuras de Jasón para conquistar el

vellocino de oro son semejantes a las de Cadmo cuando fundó

a Tebas. Eetes, padre de Medea y dueño del vellocino, tenía

dos toros gigantescos y bravos, de pies de bronce y abrasador

aliento, que fueron uncidos al mismo yugo para labrar la tierra y

sembrar en los surcos dientes de dragón, que se convirtieron en

hombres armados, a los cuales venció Jasón con ayuda de Medea.

Después, esta misma lo llevó de noche al lugar en donde el dragón

guardaba el vellocino, lo aletargó y Jasón le dio muerte, robando

a Medea y huyendo con ella a la Grecia. (V. Apolod., libro I,

cap. IX, § 23).

[409] Ironía.

[410] El texto griego dice ξένοις τε πέμπειν σύμβολ᾽, y enviaré

símbolos a los que han de hospedarte. Estos símbolos, llamados en

latín _tesseræ hospitales_, consistían en una pequeña tablilla

que el dueño de la casa daba al huésped cuando la dejaba, se

partía en dos pedazos, y cada cual se quedaba con uno para que,

si volvían a verse ellos o sus descendientes, se reconociesen y

prestasen hospedaje y ayuda.

[411] Egeo, rey de Atenas e hijo de Pandión, y padre de Teseo.

Vencido por Minos, rey de Creta, tuvo que pagarle anualmente un

tributo de siete doncellas y otros tantos mancebos, que devoraba

el Minotauro. Teseo mató a este monstruo, y a la vuelta, y

habiéndosele olvidado arbolar en su buque la señal que había de

anunciar el fausto éxito de su expedición, Egeo creyó que había

perecido, y se precipitó en la mar, que desde entonces llevó su

nombre.

[412] Este oráculo enigmático significa lo que traducimos, o bien

si πόδα equivale a _pudendum_, y ἀσκοῦ, _venter_, que no toque a

mujer alguna. Adviértase que este oráculo, no decente del todo,

no es invención de Eurípides, sino tradicional y conocido de

todos, y así no extrañemos que se oyese en una tragedia, fiesta

solemne y religiosa.

[413] Sobre Piteo véase la nota al prólogo del _Hipólito_, que

pronuncia Afrodita.

[414] Hermes, hijo de Zeus y de Maya, dios de la elocuencia, de

los comerciantes y ladrones; era también el conductor de las

almas a los infiernos y mensajero de los dioses. Habiendo robado

el tridente de Poseidón, la espada de Ares γ el cinturón de

Afrodita, fue desterrado del cielo y guardó con Apolo los rebaños

de Admeto. Transformó a Bato en piedra de toque, y hurtó las

armas y la lira de Apolo. Fue también el matador de Argos, el de

los cien ojos, como se ve representado en el cuadro del inmortal

sevillano Velázquez.

Obras dramáticas de Eurípides (1 de 3) · 第 24 / 25 段