se respiraba influía en los ingenios de los hombres, y por esto
eran tardos los beocios y vivos los atenienses. Horacio, en el
libro II de sus _Epístolas_, verso 244, dice así:
_Quod si_
_Judicium subtile videndis artibus illud_
_Ad libros et ad hæc Musarum dona vocares,_
_Bœotum in crasso jurares aere natum._
Cicerón, en el libro II de _Nat. deorum_, 16, dice también:
_Etenim licet videre acutiora ingenia et ad intelligendum aptiora
eorum, qui terras incolant eas, in quibus aer sit purus ac
tenuis, quam illorum, qui utentur crasso cœlo atque concreto_.
[416] Quizá sea solo Eurípides el que diga que Harmonía es la
madre de las Musas. Apolod., cap. CXI, 1, asegura que ἐκ δὲ
Μνημοσύνης μούσας, πρώτην μὲν Καλλιόπην, εἶτα Κλειώ, Μελπομένην,
Εὐτέρπην, Ἐρατώ, Τερψιχόρην, Οὐρανίαν, Θάλειαν, Πολυμνίαν.
El aserto de Eurípides parece fundado en alguna opinión
filosófico-pitagórica, y no va descaminado, porque la armonía es
uno de los principales encantos de las obras de las Musas.
[417] El Cefiso era un riachuelo que bajaba del monte Parnés,
bañaba las murallas de Atenas, atravesaba el Pireo y desembocaba
en el golfo Sarónico.
[418] Véase el _Hipólito_ y la distinción que hace Eurípides
entre los Amores. Aquí alude, sin duda, a los castos y sosegados.
[419] El Iliso y el Cefiso.
[420] Atenas era, en efecto, la más hospitalaria de las
repúblicas y estados de la Grecia.
[421] Llamamos la atención de los lectores hacia estas palabras
de Medea, que debieron producir mucho efecto en su auditorio.
Para Jasón llora de arrepentimiento; para el público, que conoce
ya sus terribles proyectos, llora de pena, reflexionando en la
triste suerte que ella misma depara a sus inocentes hijos.
[422] Esta es la verdad, dicha con la sencillez con que suelen
decirla los griegos. Hay opiniones, sin embargo, acerca de la
causa de este llanto femenino, pues los unos creen que proviene
de su naturaleza especial, parecida a la de los niños por la
energía, la prontitud y la breve duración de sus sentimientos,
y otros que es originado de su posición en la familia y en la
sociedad.
De todas maneras, y tratándose de la mujer griega, las frases de
Medea dicen mucho en brevísimos términos.
[423] La ironía con que habla Medea no puede ser más manifiesta.
[424] Hesíodo, citado oportunamente por M. Artaud, había dicho ya
que
Δῶρα θεοὺς πείθει, δῶρ᾿ αἰδοίους βασιλῆας.
Es probable, por tanto, que Eurípides lo conociera, y que sin
temor alguno lo reprodujese en esta tragedia. Lo mismo hacen
Esquilo y Sófocles, y en general todos los griegos, que, por
lo visto, y en una época en que era más fácil que ahora, no
pretendían pasar en todo por originales. Al contrario, hacían un
servicio al público, obligándole de esta suerte a aprender bien
notables frases tradicionales.
[425] Alude a la muerte de sus hijos, y dice que los llevará al
infierno.
[426] En _Las Fenicias_, versos 335 y 336, dice también Yocasta a
Polinices:
ἐγὼ δ᾽ οὔτε σοι πυρὸς ἀνῆψα φῶς νόμιμον ἐν γάμοις,
ὡς πρέπει ματέρι μακαρίᾳ.
«Ni yo llevé en tus bodas la nupcial antorcha, como lo hubiera
hecho otra madre afortunada».
[427] Este mismo verso se halla en _Las Troyanas_, en donde dice
también Andrómaca:
μάτην δ᾽ ἐμόχθουν καὶ κατεξάνθην πόνοις.
«Vanamente trabajé, y graves molestias me consumieron».
[428] Como viven los muertos en el infierno.
[429] Pocas situaciones dramáticas pueden compararse a esta de
Medea, y pocos poetas han creado caracteres tan eminentemente
trágicos como el de esta heroína griega. Luchando a un tiempo
con tantas y tan poderosas pasiones, víctima de los celos, de su
amor a Jasón, del cariño a sus hijos, de su ignominia, viéndose
despreciada tan públicamente, y de su ardiente sed de venganza,
ya como frágil nave arrastrada por opuestos vientos cede a la
fuerza del más poderoso, ya endereza con trabajo su rumbo y
prosigue su peligroso viaje.
[430] Debemos suponer que Jasón entró primero y anunció a la
hija de Creonte, su esposa, el regalo que le traían sus hijos,
porque de otra manera, y siendo tan rápida la visita, ni tuvo la
desposada tiempo para fijarse en uno con complacencia, y en los
otros con desagrado, ni pudieron advertirlo sus servidores.
[431] Rogamos al lector que nos perdone la repetición de la
palabra hijos, necesaria si la traducción ha de ser fiel y ha de
expresar con sencillez el pensamiento del poeta. En esta parte no
eran los griegos tan exigentes, ni el gusto del público se paraba
en tales nimiedades. Advertiremos para lo sucesivo que cuando
las encuentren tengan en cuenta que nosotros nunca repetimos una
misma voz ni la mitad de las veces que el original.
[432] Creían los griegos que la epilepsia era producida por Pan o
por otra deidad, y miraban a los que la padecían con cierto temor
respetuoso. Todos sabemos el partido que sacó Mahoma de esta
enfermedad.
[433] Estos símiles, familiares a todos los griegos, son comunes
en sus poetas. El pletro equivale a unos 31 metros.
[434] Este epifonema, algo largo en verdad para llamarlo así, es
más natural de lo que a primera vista parece, porque ocurre de
ordinario en estos o parecidos términos a los que presencian la
muerte de los poderosos de la tierra. También es cierto que los
filósofos, o los que se dedican exclusivamente a la investigación
de la verdad, son los más propensos a extrañas aberraciones,
ya arrastrados por su espíritu sistemático, ya por su escaso
conocimiento del mundo y de los hombres, como lo prueban, entre
otros muchos, Platón en su _República_, y el obispo Berkeley.
[435] Ennio traduce así el principio de este canto del coro:
_Jupiter, tuque adeo summe Sol, res omnes qui inspicis,_
_Quique lumine tuo maria, cœlum ac terram contues_
_Inspice hoc facinus, priusquam fiat; prohibissis scelus._
[436] Véase la nota al prólogo de esta tragedia, que pronuncia la
nodriza.
[437] M. Artaud dice en su nota a estos versos que pronuncian los
hijos de Medea: _Plusieurs critiques ont acusé ici le chœur de
nonchalance et de lenteur; mais, dès qu’il a entendu les cris des
enfants, il a couru vers le palais, et aussitôt que les portes
s’ouvrent, il voit le crime consommé: c’est alors qu’il prononce
les imprecations suivantes contre Médée_. No; el coro no socorre
a los hijos de Medea porque encuentra cerradas las puertas, y
las imprecaciones que pronuncia contra Medea no son hijas de la
indignación que le produce el asesinato de esos niños inocentes,
puesto que Jasón, que llega poco después, las halla también
cerradas y manda a los servidores que las abran.
[438] Ino fue hija de Cadmo y de Hermíone, y mujer de Atamante,
rey de Tebas. Repudiada por su esposo, que se casó con Néfele,
volvió después a ocupar su lecho, y dio a luz dos hijos, llamados
Melicertes y Learco. Celosa de los que Atamante tenía de Néfele,
a saber, de Frixo y Hele, logró que su marido decretase su
muerte; pero ambos, sabedores de la desdicha que les aguardaba,
huyeron a la Cólquida en una oveja de vellón dorado. Atamante,
presa de las Furias, estrelló a Learco contra una muralla, e
Ino, desesperada, se arrojó a la mar con Melicertes, siendo
transformados una y otro en dioses marinos. Hartung, en su nota
al verso 1245, expone el argumento de una tragedia perdida
de Eurípides, titulada _Ino_, cuya fábula es distinta. Hemos
preferido seguir la opinión más admitida en este punto.
[439] Escila, ninfa siciliana, amada de Glauco, el dios marino.
Circe, su rival, la transformó en peñasco que tenía cierta
semejanza con una mujer. Su busto se elevaba sobre la mar, y
de su cintura salían las cabezas de seis perros horribles que
ladraban sin cesar. Las olas se arremolinaban alrededor y hacían
muy peligrosa la navegación. Yacía en el mar Tirreno. Hoy, sea
por los progresos de la náutica, sea por revoluciones volcánicas
que acaso hayan variado la configuración de estos peñascos, no es
su paso tan difícil.
[440] Esta disputa conyugal, no del todo trágica, nos recuerda
los insultos que Aquiles prodiga a Agamenón en el canto I de la
_Ilíada_. Tiene, sin embargo, su mérito, como las inocentadas de
los niños y de los campesinos, indicio de ordinario de cierta
virginidad de corazón y falta de malicia, que nos agrada por el
contraste que forma con épocas más cultas y seres más corrompidos.
[441] Tito Livio, XXXII, 231, dice así: _Promontorium est
adversus Sicyonem Junonis, quam vocant Acræam, in altum
excurrens; trajectus inde Corinthum septem milia ferme passuum_.
[442] Sísifo, hijo de Eolo, fundador de Éfira, después Corinto.
[443] Así, en efecto, murió luego Jasón.
[444] Estos versos, que pronuncia Medea y hallamos también en
_Helena, Las Bacantes, Las Suplicantes_ y _Andrómaca_, indican
que Eurípides, ya que no lo hiciese en el fondo y traza de
las tragedias, rendía, sin embargo, homenaje a las opiniones
del público, acerca de lo que debían ser tales composiciones
dramáticas, y a los precedentes sentados por Sófocles, Esquilo y
otros poetas. Adviértase, no obstante, que no es el destino el
autor de estas calamidades, sino Zeus o la Providencia.