[103] El escoliasta reprueba este anacronismo, puesto que hasta

la olimpiada 89 no consiguió el premio en Olimpia el lacedemonio

León con caballos vénetos, y en esta época, si damos crédito a

Polemón, ni siquiera se conocían.

[104] Esta máxima, fundada en el egoísmo, es inmoral y absurda,

y probablemente alude a ella Cic. cuando dice en su libro _De

amicitia_, cap. XIII, lo siguiente:

_Nam quibusdam, quos audio sapientes habitos in Græcia, placuisse

opinor mirabilia quædam, sed nihil est quod illi non persequantur

argutius; partim fugiendas esse nimias amicitias, nec necesse

sit nullum sollicitum esse pro pluribus: satis superque esse

suarum cuique rerum: alienis nimis implicari molestum esse:

commodissimum esse, quam laxissimas habenas habere amicitiæ,

quas vel adducas, quum velis, vel remittas_;

cuya traducción, de don Fernando Casas, Cádiz, 1841, pág. 76, dice

así:

«Rarísimas son en esto las opiniones de algunos que, según oigo, son

tenidos en Grecia por sabios, los cuales nada hay que no trastornen

con sus agudezas. Pretenden que hayan de huirse las muchas y muy

estrechas amistades para no verse uno rodeado de graves atenciones,

pues harto tiene cada cual, y le sobra, con el cuidado de sus propios

negocios, sin necesidad de mezclarse en los ajenos. Por esto les

parece que deben traerse muy flojas las riendas de la amistad, para

apretarlas o aflojarlas todavía más si conviniere».

[105] Alude a los amores de su madre Pasífae con el toro de

Creta, en los cuales tanto le sirvió el ingenioso Dédalo.

[106] Ariadna, que dio a Teseo el hilo para salir del laberinto y

matar al Minotauro, y huyó después con él, siendo abandonada en

Naxos, de donde se la llevó Dioniso.

[107] Porque viniendo del Ática hacia el Peloponeso era la

primera ciudad de esta región que se encontraba.

[108] Este discurso filosófico de Fedra no está exento de algunos

errores, aparte de su inoportunidad dramática. La sagrada Biblia,

al hablarnos del pecado original, nos recuerda la imperfección

humana y la necesidad de poseer el supremo bien a costa de

infinitos esfuerzos. La diferencia que hay entre el bien moral y

el intelectual, es que el primero no se oculta a la generalidad

de los hombres; no así el segundo, por lo mismo que aquel es más

esencial que este. La vida del hombre virtuoso es una constante

lucha contra el vicio y las pasiones, época de peregrinación y

de prueba, oscuro laberinto a cuya salida le espera el paraíso.

Obsérvese que el poeta vacila muchas veces, y ya atribuye la

pasión de Fedra a causas humanas, ya a la ira de Afrodita; que el

cristiano no da a la vida esta importancia, ni se resuelve nunca

a quitársela, ni alcanza así gloria alguna.

[109] Recuérdese la escasa consideración social de que disfrutaba

la mujer en la sociedad antigua.

[110] Porque nació de la espuma del mar.

[111] La madre de Dioniso. Tan lejos fue su amor, que llegó a

abrasarla.

[112] Céfalo, esposo de Procris, hermosísimo mortal, de quien

se enamoró la Aurora. Como esta deidad deseaba alejarlo de su

esposa, a quien amaba tiernamente, le persuadió que probase su

fidelidad disfrazándose. Procris no salió bien de la prueba, y se

separó de ella, aunque se reconcilió después. Por último la mató

involuntariamente con un dardo, y, desesperado, se atravesó con

él. La Aurora entonces lo llevó al Olimpo.

[113] Los filtros (en griego φίλτρον, de φιλεῖν, amar) eran de

dos especies: unos trastornaban el juicio, y otros infundían o

borraban el amor. Para componerlos valíanse de los más variados

y repugnantes ingredientes, como del pescado llamado _rémora_,

de ciertos cartílagos de rana, de la piedra astroides, del

hippomanes, de sangre menstrual, de cortaduras de uñas, etc.,

etc. Preparado el filtro, según leemos en el idilio 2.º de

Teócrito, se hacía a la claridad de la luna un sacrificio.

Echábase harina en el fuego, que simbolizaba los huesos del

hombre, y después hojas, cera y salvado, fleco o resto de su

traje y zumo de hierbas. Si a su conclusión se oía ladrar algún

perro, era señal indudable de que Hécate en persona venía a dar

su aprobación y consentimiento.

[114] Esto es, Hipólito.

[115] Alfeo, río de la Élide que nacía en la Arcadia, cerca de

Megalópolis, pasaba por Olimpia y Pisa, y desembocaba en el mar

Jónico. Estas hecatombes de que habla el poeta se hacían en

Olimpia en honor de Zeus, y en Delfos en honor de Apolo. El Amor,

dios alegórico, no tuvo altares ni templos hasta más tarde.

[116] La Ecalia era una ciudad tesalia, próxima a la Etolia.

Eurito, su rey, prometió dar la mano de su hija Yole al que lo

venciera tirando el arco. Heracles lo venció, y no queriendo

cumplir su promesa, fue tomada su ciudad y él pereció delante de

su hija, que como furiosa bacante recorría el campamento enemigo.

(V. las _Traquinias_, de Sófocles.)

[117] Teseo.

[118] Célebre frase, sutileza de Eurípides tan inmoral como

sofística, que justamente ha levantado contra él a todos los

críticos sensatos. Sin embargo, como el ingenio humano es

siempre el mismo, y siempre hábil en buscar argucias para eludir

sus deberes o paliar sus faltas, no han escaseado en épocas

posteriores sectas heréticas y perniciosas que han aplicado este

mismo principio falso, probablemente sin conocer las palabras de

Eurípides.

[119] Esta larga y sangrienta sátira contra las mujeres, tan

del gusto de Eurípides, es, sin embargo, en nuestro juicio, muy

inferior a la celebérrima de Juvenal, imitada después por tantos

otros, y entre ellos por nuestro Quevedo. Afortunadamente no

escasean en ella las puerilidades, y en general es injusta y poco

sólida. Shakespeare en su _Cymb._, acto II, última escena, se

desata también contra el bello sexo en estos términos:

Could I find out

The woman’s part in me! For there’s no motion

That tends to vice in man, but I affirm

It is the woman’s part: be it lying, note it,

The woman’s; flattering, hers; deceiving, hers;

Lust and rank thoughts, hers, hers; revenges, hers;

Ambitions, covetings, change of prides, disdain,

Nice longings, slanders, mutability,

All faults that may be nam’d; nay, that hell knows

Why, hers, in part, or all: but, rather, all;

For even to vice

They are not constant, but are changing still

One vice, but of a minute old, for one

Not half so old as that. I’ll irrite against them,

Detest them, curse them. Yet ’t is greater skill

In true hate, to pray they have their will:

The very devils cannot plague them better.

[120] La castidad de Hipólito envolvía al mismo tiempo no leve

ofensa a la diosa Afrodita, una de las más veneradas, y no dejaba

de ser extraña en un pueblo que siempre dio grande importancia a

los goces de los sentidos. Sin embargo, la venganza de Afrodita

es inmoral, cruel y egoísta. Es seguro que ni en Sófocles ni

en Esquilo encontraremos nunca dioses de esta índole, que si

infunden temor, infunden también desprecio.

[121] Porque Minos, su padre, rey de Creta, era hijo de Zeus y de

Europa.

[122] Conocida es generalmente la fábula de Faetón, hijo de Apolo

y de Clímene, su disputa con Épafo, en que este sostenía que no

era hijo del Sol, el juramento de su padre, y su desventurado

ensayo al regir el carro paterno, siendo precipitado en el

Erídano o Po, a cuyas orillas le lloraron tanto sus hermanas las

Helíades, que fueron convertidas en álamos blancos y sus lágrimas

en ámbar.

[123] Conocida también, como la anterior, es la fábula de

las Hespérides Egle, Aretusa y Hesperetusa, hijas de Atlante

y de Hespéride, y su jardín de manzanas de oro, y el dragón

que las guardaba. Eurípides indica claramente que moraban al

pie del Atlas, en la Mauritania. Otros dicen que habitaban en

la Cirenaica, en donde había una ciudad llamada Hésperis, o

en nuestra España, cerca de Cádiz, o en las Canarias o islas

Afortunadas.

[124] Muniquia, aldea y puerto del Ática, entre el Pireo y el

cabo Sunio, uno de los tres puertos de Atenas, célebre por su

fortaleza y por el templo de Artemisa que había allí edificado.

[125] Teseo, que, según dice, vuelve de consultar al oráculo,

trae puesta una corona de las hojas del árbol consagrado al dios

Apolo. Tito Livio (lib. XXIII, § 11) dice así hablando de la

embajada a Delfos de Q. Fabio Píctor: _Hæc ubi ex græco carmine

interpretata recitavit, tum dixit, se oraculo egressum ex templo

iis omnibus divis rem divinam thure ac vino fecisse; jussumque

ab templi antistite sicut coronatus laurea corona et oraculum

adisset, et rem divinam fecisset ita coronatum navem adscendere,

nec ante deponere eam, quam Romam pervenisset_.

[126] Ordinariamente se ponen en boca del coro las palabras

que siguen, contra el sentido y la costumbre, puesto que, al

contemplar tan doloroso espectáculo, Teseo es quien debe hablar,

y porque su versificación y traza indican claramente qué las

pronuncia Teseo, no el coro.

[127] El texto griego dice ἀβίοτος βίου, una vida que no es vida.

[128] Esto es, el de la Providencia, que todo lo ve.

[129] El texto vulgar griego dice καὶ δι᾽ ἀψύχου βορᾶς σίτοις

καπήλευ᾽. Valckenaer, comentando esta frase, se expresa así:

_Vim non animadverto, quam istis_ δι᾽ ἀψύχου βορᾶς _adjungere

possit vox_ σίτοις. Mathias, por el contrario, observa que σίτα

_opponuntur_ τῇ ἀψύχοῳ βορᾳ, _et fruges, ac fructus, herbas,

radices, etc. significat, quibus terra natis homines vescuntur_.

Parece, pues, que por ἀψύχου βορᾶς debe entenderse los vegetales,

_cibus inanimis_. Es extraño, sin embargo, que tan célebres

críticos no hayan leído con atención las palabras del escoliasta,

que literalmente son estas: ἢ ἐν λόγοις ἐμπορεύου, καθάπερ οἱ

λεγόμενοι λογέμποροι, καὶ μὴ κατὰ φύσιν φιλοσοφοῦντες, ἀλλ᾽ οἱ

τοὺς λόγους καπηλεύοντες. De ellas se deduce que Eurípides alude

a los sofistas charlatanes, esto es, a ciertos pitagóricos que,

alimentándose de vegetales, engañaban al vulgo hipócritamente.

Adviértase también que, como dice Suidas, καπηλεὺειν se construye

con acusativo, como vemos en Esq., _Los Siete del T._, v. 545,

ἐλθὼν δ᾽ ἔοικεν οὐ καπηλεύσειν μάχην, traducido por Ennio (Cic.,

_Off._, I, 12) _non cauponantes bellum, sed belligerantes_. No

vacilamos, pues, en traducir, como Hartung, λόγους, en vez de

σίτοις.

[130] Ya en tiempo de Eurípides circulaban muchos versos órficos,

compuestos por sectarios de Pitágoras, fórmulas ridículas de

encantamiento para devolver la salud corporal y la espiritual.

Platón, en su _Rep._, II, 7, califica a los sectarios de Orfeo de

ἀγύρται καὶ μάντεις, charlatanes y adivinos.

[131] Por Atenea, aunque realmente fuese fundada por Cécrope, y

por una colonia egipcia.

[132] Sinis, famoso bandido griego que en el istmo de Corinto

robaba a los caminantes, arrojándolos al mar, o matándolos con

su maza, o atándolos a dos pinos encorvados hasta la tierra, que

después soltaba de repente. Murió a manos de Teseo.

[133] Escirón, bandido del Ática, hijo de Éaco, que robaba en el

camino de Atenas a Mégara, precipitando a sus víctimas en el mar

desde unos elevados peñascos. Teseo lo venció también, y le dio

muerte.

[134] Es un verdadero anacronismo suponer la existencia de los

juegos en una época en que no se conocían; pero a este propósito

recordamos los que cometió el pintor Rafael en su cuadro titulado

_La Escuela de Atenas_, que no por eso deja de ser excelente.

No defendemos por eso tales yerros, sino solo observamos que,

a pesar de ellos, sus autores fueron grandes poetas o grandes

artistas, y que, evitándolos muchos de nuestros contemporáneos,

no lo son; en una palabra, que, sin ser arqueólogo, es posible

remontarse mucho en la poesía o en el arte.

[135] Este discurso de Hipólito es muy bueno como discurso, y

justifica los elogios que Quintiliano prodiga a Eurípides. Como

Hipólito ha sido atacado en lo más sensible, tiene que hablar de

sí, pero lo hace con cierta modestia, sin faltar a la verdad. Su

carácter se retrata en él al vivo, y está trazado de mano maestra.

[136] Esto es, más allá de las columnas de Heracles, último

término del mundo entonces conocido.

[137] Vemos, pues, que Hipólito, a pesar de las célebres palabras

que profiere en su diálogo ron la nodriza, ἡ γλῶσσ᾽ ὀμώμοχ᾽,

ἡ δὲ φρὴν ἀνώμοτος, no viola su juramento. Así se comprende

fácilmente que, apoderándose de una sola frase de una composición

poética, cuyo correctivo o complemento viene después, se haga

decir al autor lo que no quiso. En este caso, sin embargo, es

preciso confesar, no solo que Eurípides nunca debió escribirla

en absoluto, sino que ni aun ponerla en boca de Hipólito, tan

religioso y tan puro; adviértase, no obstante, que Hipólito no

lo quebranta sino por lo convencido que se halla de que no le

serviría, dando a entender que lo haría en otro caso.

[138] El carro de los griegos era de dos ruedas como el romano,

y se entraba en él por detrás. Por delante no tenía abertura

alguna, y era descubierto. Iban en él dos personas: el guerrero y

el cochero o conductor. El carro griego era más ligero, elegante

y esbelto que el romano, según se deduce del bajorrelieve de un

vaso que se encontró en Santa Ágata.

[139] Parece, según dicen Eustacio y el escoliasta, que en los

carros se usaban estos borceguíes, o como quiera llamárseles, con

el objeto de ofrecer sólido apoyo al que lo regía y no exponerlo

a los continuos vaivenes, naturales en vehículos sin muelles y

que caminaban por toda clase de terrenos.

[140] Caminando de Trecén a Epidauro se encuentra a la derecha

una pequeña península, en donde está edificada Metana, e

inmediatamente después, siguiendo por la costa, el golfo

Sarónico, entre Epidauro y Mégara. Hacia el norte se descubren

los altos peñascos Sarónicos, en donde se halla el desfiladero

que lleva de Corinto a Mégara, en donde habitaba el bandido

Escirón, y cerca, y a la derecha, la costa de la península

mencionada, desde la cual se alborotaron las olas y arrojaron

al toro que mató a Hipólito, e impedían ver el istmo y el

promontorio de Esculapio.

[141] M. Artaud dice así: _Il s’agit ici du mont Ida de La Crète,

patrie de Phèdre_. ¿Por qué ha de ser el Ida de Creta y no el

de Troya, mucho más célebre y conocido en toda la Grecia, a no

ser que hagamos la singular suposición de que Fedra trajo las

tablillas de Creta, de que eran del Ida, y lo sabía este esclavo?

[142] Aunque Valckenaer opine que este canto del coro es

superfluo, adviértase que siempre se oía su voz en la transición

de una escena cualquiera a otra interesante, aludiendo, sin

faltar a la discreción, a la causa de los sucesos ocurridos.

[143] La frecuencia con que intervienen los dioses en las

tragedias de Eurípides, sobre todo a su conclusión, y cuando la

intriga parece más complicada o el desorden moral más profundo,

nos autoriza a pensar que no siempre es pobreza de recursos

dramáticos del poeta. Acaso el carácter religioso de esta clase

de espectáculos, o la necesidad de que fuese obra de un dios el

restablecimiento del equilibrio moral, perdido por la influencia

de otro, inclinaran al poeta a desatar el nudo de esta manera.

Como en las de Esquilo y Sófocles eran los conflictos humanos

resultado de los decretos del destino, superior a todos los

dioses, no podía suceder esto.

[144] Teseo, como Heracles y los demás héroes de la antigüedad

pagana, no era hijo de Egeo, en opinión de las gentes, sino de

Poseidón y de Etra, esposa de aquel. Alejandro Magno pretendió

serlo más tarde de Zeus Amón.

[145] El suicidio de Fedra y la muerte de Hipólito.

[146] Aunque no estemos completamente de acuerdo con Hartung

(_Religion der Römer_, P. I, pág. 100 y siguientes), que

sostiene, fundándose en algunos datos, que entre los griegos

y romanos el _omen_, el oráculo y la imprecación determinaban

los sucesos, y no declaraban simplemente lo resuelto con

anterioridad, no podemos prescindir de llamar la atención de

los lectores hacia estas palabras de Hipólito, que revelan la

creencia universal de todos los pueblos en el carácter religioso

y respeto inherente a los padres, cuyas maldiciones (justas de

ordinario) eran ensalzadas por la divinidad.

[147] Piteo, abuelo materno de Teseo, era hijo de Pélope y de

Hipodamía, esto es, de la familia de los Tantálidas o Pelópidas,

tan famosos por sus crímenes.

[148] M. Artaud cita muy oportunamente a este propósito las

palabras del _Prometeo_, de Esquilo, v. 115, al acercarse las

Oceánidas, que dice:

Τίς ἀχώ, τίς ὀδμὰ προσέπτα μ᾽ ἀφεγγής.

y las de Virgilio (_Eneida_, I, 407):

_Ambrosiæque comæ divinum vertice odorem spiravere._

[149] Por más que algunos sostengan, por defender ciegamente

a Eurípides, que estas palabras no debían asustar al público,

nosotros pensamos que son irreligiosas en absoluto, e impropias

de Hipólito, varón santo y perfecto.

[150] M. Artaud, citado hace poco, dice que _C’est Adonis, qui

fut tué à la chasse par un sanglier_, sin acordarse de que este

jabalí era Ares, celoso de Adonis, tan querido de Afrodita.

[151] Luciano (_de Licia Dea_, p. 60) dice así: Τροιζήνιοι τῇσι

παρθένοισι, καὶ τοῖσι ἠιθέοισι νόμον ἐποιήσαντο, μή μιν ἄλλως

γάμον ἰέναι πρὶν Ἱππολύτῳ κόμας κείρασθαι.

[152] Políxena en _Hécuba_ dice también a Odiseo:

Κόμιζ᾽ Ὀδυσσεῦ μ᾽ ἀμφιθεὶς κάρα πέπλοις

y Macaria a Yolao en _Los Heráclidas_:

πέπλοις δὲ σῶμ᾽ ἐμὸν κρύψον παρών.

[153] Se comprende desde luego que esta es la Tebas griega,

capital de la Beocia, distinta de la Tebas egipcia de las cien

puertas.

[154] Cadmo, hijo de Agénor y hermano de Europa. Fue a buscarla

por mandato de su padre, después que la robó Zeus, y no

encontrándola, se fijó en la Beocia y fundó a Tebas. Créese que

importó en Grecia la escritura fenicia.

[155] Harmonía, hija de Ares y de Afrodita, esposa de Cadmo,

transformada como él en serpiente.

[156] De aquí que su linaje se llame Labdácida.

[157] Podía ser hijo de distinta madre.

[158] El Citerón es un monte famoso al sur de Tebas. En uno de

sus extremos, confinante con el Ática, se encontraba un valle

consagrado a Hera, en donde fue expuesto Edipo.

[159] Οἰδίπους, de οἰδέω, me hincho, y πούς, pie.

[160] Monstruo que tenía el cuerpo de mujer, la cabeza de león

y las alas de águila. Proponía enigmas a los caminantes, y los

ahogaba si no los acertaban. Cuando Edipo descifró el que le

propuso, se precipitó despechada en la mar.

[161] Broche con alfiler de oro y piedras preciosas, marfil,

bronce y otras materias con que se sujetaban las vestiduras en el

pecho o en el hombro.

[162] Bajo el nombre de pedagogo (de παῖς, niño, y ἄγω, yo

llevo) entendían los griegos ciertos esclavos que desempeñaban

con los niños las funciones de nuestros ayos. Unas veces se

nombraba para este cargo al de más experiencia, otras al más

servicial, a veces al más inútil. Plutarco, en su tratado de

_La Educación_, nos dice que se empleaban en este servicio los

esclavos más estropeados del trabajo y los que habían costado

menos. Acompañaba al niño a las escuelas y gimnasios, vigilaba

sus pasos, le aconsejaba y enseñaba, pero sin el derecho de

castigarle. Diógenes fue pedagogo de Jeníades de Corinto.

[163] Como el pedagogo queda solo en la escena, el escoliasta

dice que esto provenía de la necesidad en que estaba el actor que

había representado el papel de Yocasta, de mudar de traje y de

máscara para representar el de Antígona.

[164] Ismeno, río de la Beocia que nacía al norte de Tebas,

consagrado a Apolo.

[165] A Dirce, segunda esposa de Lico, rey de Tebas, Zeto y

Anfión, hijos de Antíope, primera mujer de Lico, la ataron a las

colas de varios potros cerriles, que la desgarraron. Compadecidos

de ella los dioses, la convirtieron en fuente, que corría cerca

de Tebas.

[166] Por ser las armas de bronce, no de acero.

[167] Anfión, hijo de Lico y de Antíope, reinó en Tebas con su

hermano Zeto. Había recibido de Apolo una lira de oro de tan

dulce sonido, que las piedras se movieron al oírla, y colocándose

unas sobre otras, formaron los muros de Tebas. Casó con Níobe,

hija de Tántalo.

[168] Clípeo, escudo grande y redondo que usaba la infantería

griega. Era convexo, y tan vasto que resguardaba el cuerpo desde

el cuello hasta las piernas. A veces era todo de bronce, aunque

de ordinario se componía de varias pieles de toro superpuestas y

cubiertas de placas de metal. En ocasiones estaba resguardado con

ramas de mimbre entrelazadas, forradas de cuero crudo y de metal.

[169] Lerna, región y famosa laguna de Argólida. En ella habitaba

la hidra que mató Heracles, y sus aguas recibieron las cabezas de

los esposos de las Danaides.

[170] Hermano de Adrasto, rey de Argos. Se llama rey porque rige

o manda tropas.

[171] Tideo, hijo de Eneo, rey de Calidón. Mató involuntariamente

a su hermano Menalipo y se desterró a Argos, en donde se casó con

Deípila, hija de Adrasto. Fue padre del célebre Diomedes.

[172] Etolia, región de la Grecia antigua, separada al oeste de

la Acarnania por el Aqueloo. Confinaba al este con los Dorios

Ozoles, el Parnaso y los Eteos; al norte con el Epiro y la

Tesalia, y al sur con el golfo de Ambracia y el de Corinto. Sus

ciudades principales eran Calidón y Termo.

[173] La lanza griega se componía de tres partes: punta de hierro

o bronce, astil de madera y _spiculum_ o cuento, terminado en

punta. Era también arma arrojadiza.

[174] Zeto, hijo de Zeus y de Antíope, y hermano de Anfión. Fue

gran cazador, y ayudó a su hermano a edificar los muros de Tebas.

[175] Su padre fue Meleagro.

[176] Atalanta, célebre cazadora, la primera que hirió al jabalí

de Calidón. Su amante Meleagro le regaló la cabeza.

[177] Adrasto, rey de Argos y generalísimo de esta expedición

desastrosa. En la segunda, o de los Epígonos (descendientes de

los capitanes de la primera), perdió a su hijo Egialeo, y murió

de dolor.

[178] Níobe, hija de Tántalo y mujer de Anfión. Tuvo siete hijos

y siete hijas, y orgullosa con ellos, insultó a Leto, madre

solo de Apolo y Artemisa, que se vengó de ella matándolos a

flechazos. Níobe, de dolor, fue convertida en piedra.

[179] Anfiarao, hijo de Ecles y de Hipermnestra, famoso adivino

griego, que se casó con Erífile, hermana de Adrasto. Conociendo

en virtud de su don profético el triste éxito de su expedición

contra Tebas, se ocultó, negándose a tomar parte en ella; pero

fue descubierto por su propia esposa, sobornada por un collar

de diamantes. Antes de partir hizo jurar a su hijo Alcmeón que

castigaría a su madre.

[180] Capaneo, hijo de Hipónoo y de Astínome o de Laódice, y

padre de Esténelo. Había jurado apoderarse de Tebas contra la

voluntad de los dioses.

[181] Némesis, hija de Zeus y de la Necesidad, o del Océano y de

la Noche, o del Érebo y la Noche, o de la Noche sola. Castigaba a

los malos, y sobre todo a los hijos que ultrajaban a sus padres.

En concepto de Platón, Némesis era la única furia.

[182] Según dice el escoliasta, la ninfa Amimone fue perseguida

por Poseidón, que clavó su tridente junto a la laguna de Lerna,

e hizo brotar una fuente de agua viva. Lo que parece positivo

es que esta fuente estaba próxima a dicha laguna, según es de

colegir de las siguientes palabras de Estrabón: δείκνοται δὲ καὶ

Ἀμυμνώνη τις κρήνη κατὰ Λέρνην.

[183] Esta estrofa encierra tales desatinos geográficos, que es

muy difícil entenderla, a no suponer que Eurípides no sabía una

palabra de Geografía, lo cual dista mucho de ser cierto, pues en

todo caso sería el único error de esta especie en que incurre. No

solo la Fenicia no era una isla; sino que para venir a Tebas era

imposible que diesen el absurdo rodeo de navegar hacia ella por

el mar Jonio. En nuestro juicio, lo que dice solo debe entenderse

de la Sicilia, adónde en todo caso vinieron desde Tiro,

colonizado por los fenicios, y más tarde por los cartagineses,

que tanto se les asemejaban.

[184] Cadmo era hijo de Agénor.

[185] El Parnaso, monte de la Fócide, tenía dos cumbres: en una

estaba situado el santuario de Apolo, y en la otra el de Dioniso.

En ambas se veían de noche las antorchas de las fiestas que se

celebraban. Inmediata al santuario de Dioniso se ostentaba una vid

que producía diariamente un pesado racimo, de cuyo zumo se hacía el

vino destinado a las libaciones del dios. También se enseñaba a los

devotos la caverna de la serpiente Pitón, cuya piel se guardaba en el

templo, y el lugar desde donde el dios pudo sorprenderla y matarla.

Obras dramáticas de Eurípides (1 de 3) · 第 21 / 25 段