[29] Acamante y Demofonte, hijos de Teseo. (Véase los

_Heráclidas_ de Eurípides).

[30] M. Artaud, _Tragédies d’Euripide_, tomo I, pág. 21, traduce

las palabras τύμβου προπετῆ por _renversée devant le tombeau_, y

en nuestro juicio no debe ser así, sino como nosotros lo hacemos.

La voz προπετής corresponde exactamente a la latina _pronus_,

y por eso el escoliasta la explica, añadiendo ἐπὶ τὸν ταφόν

πορευομένην. En este mismo sentido la vemos usada en la _Alc._,

909, y en las _Traqu._ de Sóf., 975. Así piensa también Hermann,

y es lo más lógico, porque el sacrificio se celebra luego sobre

el mismo túmulo, no delante de él, y no hay necesidad de incurrir

en esa contradicción.

[31] Llama aurífero al cuello de Políxena porque supone que está

adornado de collares de oro.

[32] M. Artaud, en sus _Tragédies d’Euripide_, tomo I, 23,

llama justamente la atención hacia estas palabras de Políxena.

Laudable, bello y hasta cristiano es, en efecto, su amor filial,

que, desentendiéndose de las voces del egoísmo, solo se acuerda

de las desdichas de su madre.

[33] Aunque se nos haga extraño que Odiseo llorara lágrimas de

sangre, y la expresión parezca metafórica, no lo es, sin embargo,

porque esa sangre provenía de las heridas que se había hecho

en el rostro, sea para desfigurarse más, sea para excitar la

compasión de los troyanos. Helena cuenta así esta aventura en la

_Odisea_, VI, v. 242 y siguientes:

«Un día se llena de heridas vergonzosas, cubre sus hombros de

viles harapos como un esclavo, y penetra en la vasta ciudad de

Príamo disfrazado de mendigo, bien diferente del famoso héroe de

la flota de los griegos».

[34] Séneca, _Troades_, v. 293, dice:

Quod si levatur sanguine infans cinis

Opima Phrygii colla cædantur greges,

Fluatque nulli flebilis matri cruor.

Los lectores observarán la notable diferencia que hay entre la

sencillez de Eurípides y la ampulosidad del célebre cordobés.

[35] Porque Aquiles murió de un flechazo de Paris, hermano de

Políxena.

[36] A propósito de este verso, repetido en el 66 de _Orestes_,

dice J. A. Hartung en su _Euripides, Hecube_, XI, pág. 150:

«Dieser aus Orest. (v. 66) herübergesetzte vers passt hier nicht:

denn er sagt zu viel. Wie kann Hecabe, einige Tage nach der

Einascherung ihrer Stadt, bereits sagen, dass sie sich freue und

ihr Leiden vergesse im Anblick ihrer Tochter?». Al contrario, es

lo más natural que después de haber perdido a su esposo, a sus

hijos y a su ciudad concentrase en Políxena todo su afecto. No

dice, pues, demasiado, ni es inconcebible que así se exprese,

y tanto en boca de Helena como de Hécuba, siendo distinto el

carácter de ambas, es una frase propia.

[37] Algunos eruditos rechazan la palabra πόλις, y ponen en

su lugar κόσμος o πόθος, porque, en su concepto, es extraño

que Hécuba compare a Políxena con una ciudad. Bien mirado,

sin embargo, no lo es, porque su sentido es el más natural y

comprensible. Hécuba solo quiere decir que Políxena es para

ella un objeto tan amado como lo era Troya antes de perecer.

Adviértase además que los griegos profesaban a la ciudad en

que nacían el mayor cariño, y que no eran, ni con mucho, tan

humanitarios ni cosmopolitas como nosotros.

[38] Todo este discurso de Odiseo replicando a Hécuba es un

tejido de sofismas, entre los cuales domina la razón de Estado

como supremo móvil de tan inhumano sacrificio. Por lo demás,

caracteriza bien al astuto hijo de Laertes y al orador popular,

despiadado y duro que, por congraciarse el favor del ejército, no

retrocede ni aun ante los crímenes. Obsérvase, sin embargo, que

el Odiseo que aquí vemos no es el de la _Odisea_ de Homero.

[39] El Ida, hoy Kaz-dag, es un monte del Asia Menor a cuya falda

estaba situada Troya, célebre por el juicio de Paris y porque de

él nacían los ríos Escamandro, Rheno y Gránico.

[40] Leemos en Plinio, _Hist. Nat._, l. III, c. 43: «Antiquis

Græciæ in supplicando mentum attingere mos erat». Abrazaban

también las rodillas, o tocaban la mano, todo lo cual estaba

consagrado a Zeus ἰκέσιος. Para no pecar contra Zeus, aquel a

quien suplicaban se oponía a que le tocasen, como hace aquí

Odiseo.

[41] La Frigia, una de las regiones del Asia Menor, se extendía

en un principio desde la desembocadura del Meandro hasta cerca

de Partenio, y bañábanla los mares Egeo, la Propóntide y el

Ponto Euxino. Limitábanla al este el Halis, y al sur los montes

de la Pisidia y de Licaonia. Con el tiempo variaron mucho estos

límites. En ella estaba edificada Troya.

[42] En esta parte seguimos el texto griego de Hartung. En vez

de ὀμμάτων ἐλευθέρων, se lee en muchas ediciones ἐλεύθερον,

concertándolo con φέγγος, no con ὀμμάτων; pero es indudable,

no solo que la luz no es cautiva de los ojos ni se liberta de

su prisión al cerrarlos, sino que el poeta alude a la calidad

de mujer libre de Políxena, pues aún no tenía dueño. Confirman

nuestra opinión los versos 984 de la _Ifig. en A._, 219 del

_Hérc. Fur._ y 868 de la _Elect._, en todos los cuales ἐλεύθερος

va con ὄμμα.

[43] Juvenal va más allá, y dice: _Nobilitas sola est atque unica

virtus_. (Sát. VIII contra la nobleza, v. 20).

[44] Entiéndese por _peplo_ una especie de túnica ligera que

cubría a la interior, sin mangas, bordada a veces de oro o de

púrpura, que se sujetaba con broches, ya en el hombro, ya en

el pecho. Hacía las veces de las túnicas de brocado con que

vestimos a las efigies de las vírgenes, y engalanaba las estatuas

de los dioses, y principalmente de las diosas. Los más famosos

fueron el de Afrodita, obra de las Gracias, y el de Atenea.

Unas veces llegaba hasta el suelo, y otras no. En las estatuas

de la antigüedad se ve levantado o ceñido con un cinturón, y

ordinariamente deja descubierta parte del cuerpo.

[45] El nombre de _Dóride_ se daba a un reducido territorio entre

la Fócide, la Lócride y la Tesalia, al ángulo SO de la Caria,

en el Asia Menor, por las colonias dóricas fundadas en él y el

Peloponeso, en donde se fijó esa raza helénica. Eurípides alude

a esta última región, porque habla de riberas, y porque de allí

eran Menelao y muchos guerreros griegos.

[46] _Ftía_, capital de la Ftiótide, que comprendía toda la parte

meridional de la Tesalia.

[47] _Apídano_, río de la Tesalia, hoy _Epideno_, que nacía en el

monte Otris, pasaba cerca de Farsalia y desembocaba en el Peneo.

[48] «Un día en Delos (dice Odiseo, _Odisea_, VI, v. 163), cerca

del altar de Apolo, yo vi, esbelto como tú, un tronco nuevo de

palmera». — Ovidio en sus _Metam._, VI, 335, alude también a ella

en estos versos: _Illic incumbens cum Palladis arbore palmae —

Edidit invita geminos Latona noverca_. — Este tronco, según se

deduce de las palabras de Homero y de Plin., _H. N._, XVI, c. 89,

se guardaba en Delos como una sagrada reliquia.

[49] Alusión a la fiesta de las grandes Panateneas, en la

cual se ofrecía a la diosa Atenea un peplo suntuoso, labrado

primorosamente por las matronas y doncellas atenienses con ayuda

de sus esclavas. Estas labores representaban de ordinario las

hazañas de la diosa.

[50] Cuando dice el coro que trueca el tálamo por el Orco, no

debe entenderse que va a morir, sino que el nuevo estado que le

aguarda es comparable al infierno, sobre todo recordando los

placeres de que hubiese disfrutado en Troya, a no haber sido

tomada. Este, en nuestro concepto, es el sentido más natural.

[51] Esta larga narración del heraldo Taltibio es tan bella y

tan helénica, ya por su sencillez y falta de artificio, ya por

las costumbres que nos revela, ya por el patético que en ella

reina, que no nos cansamos de leerla. Bárbaro es, en verdad, el

sacrificio; pero recuérdese que los héroes del sitio de Troya

nada tenían de cultos, y que por eso mismo, en concepto de Hegel,

eran más poéticos, puesto que con su sencillez y rudeza primitiva

disfrutaban de más libertad e independencia en las acciones

que los hombres de nuestros días, siempre cercados por la ley.

Hablamos poética, no socialmente.

[52] Literalmente, «hasta el ombligo».

[53] Poco valen, en verdad, dramáticamente consideradas, estas

palabras de Hécuba. En vez de consolarse porque su hija murió

con dignidad, otra madre la hubiera sentido más. Tampoco es esta

ocasión oportuna de filosofar, sino solo de sentir, y así lo

conoce el poeta, que vacila entre sus tendencias sofísticas y su

buen gusto literario, y que acaba, después de dejarse llevar de

las primeras, por rendir su tributo al segundo. Defecto es este

de Eurípides que observamos en otras tragedias, y que nos pinta

la sociedad de aquella época, algo semejante a la de Roma desde

los emperadores, y a la de Europa en el pasado siglo.

[54] Hécuba alude al himeneo de Políxena, la prometida de

Aquiles, que se hubiera celebrado a no ser por la traición de

Paris, que hirió en el talón vulnerable al hijo de Peleo. Por eso

la llama esposa y no esposa, virgen y no virgen.

[55] Como que tuvo cincuenta hijos. Así lo dice Príamo en Homero,

_Ilíada_, XXIV, 495. «Cincuenta eran mis hijos cuando vinieron

los griegos: diecinueve de unas mismas entrañas, el resto de las

mujeres que encierra mi palacio». — Virgilio en la _Eneid._,

II, 503, dice también: _Quinquaginta illi thalami, spes tanta

nepotum_.

[56] _Simois_, río de la Tróade que nacía en el Ida, atravesaba

la llanura de Troya y desaguaba en el Escamandro.

[57] _Eurotas_, hoy Iri o Vauli-potamo, río de la Laconia que

bañaba los muros de Esparta y desembocaba en el golfo Lacónico.

Era célebre por sus orillas, en las cuales, además de las cañas,

crecían el mirto, la oliva y el laurel.

[58] Grande efecto debía causar en el público ateniense esta

nueva desdicha de Hécuba. Acaso un poeta imperito, para hacer

más impresión, hubiera ofrecido de repente a sus ojos el cadáver

de su desdichado hijo; pero Eurípides no solo lo anuncia en

el prólogo, φανήσομαι γὰρ, ὡς τάφου τλήμων τύχω, δούλης ποδῶν

πάροιθεν ἐν κλυδωνίῳ, sino que la misma esclava lo indica ya

claramente desde que comienza a hablar. Prepara, pues, el ánimo

de los espectadores con ese delicado miramiento que observamos

también en Sófocles y Esquilo.

[59] Como dice el escoliasta que Hécuba llama amado a Poliméstor

irónicamente, κατ’ εἰρωνείαν λέγει τὸ φίλος ἡ Ἑκάτη, asegurando

que el texto decía φίλος, no ξένος, hemos seguido esta versión

por parecernos la más natural, y porque la palabra ξένος debió

ser una glosa que se introdujo después para aclarar el sentido.

[60] La presencia de Agamenón, no llamado por Hécuba, se explica

naturalmente recordando la proximidad de ambas tiendas, la

distinción con que la trataba el general de los griegos, la

resistencia que hizo al sacrificio de Políxena y su amor a

Casandra, hija de la desdichada exreina de Troya.

[61] La expresión de despecho de Agamenón al ver que Hécuba no lo

trata con la franqueza y la confianza que esperaba, es de lo más

natural y sencillo, casi pueril, pero bello, sin embargo. Esto,

encantadora cualidad de todo el teatro griego, más visible aún en

Esquilo y Sófocles, es digna de imitación en nuestros tiempos, no

solo porque agrada en todos, sino porque en ciertos periodos de

la sociedad lo sencillo es al mismo tiempo lo más nuevo.

[62] Ya comienza a aparecer el carácter cruel y vengativo de

Hécuba.

[63] M. Artaud, en sus _Tragédies d’Euripide_, 42, nota, recuerda

muy oportunamente que este mismo pensamiento lo hallamos en

Cic., _Tusc._, IV, 31, en un trozo de Trabeas que cita el famoso

orador: _Fortunam ipsam anteibo fortunis meis_. También dice

Plauto en la _Asin._, II, esc. 2, v. 1:

_Ubi ego nunc Libanum requiram, aut familiarem filium_

_Uti ego illos lubentiores faciam quam Lubentia est._

Por lo demás, podríamos amontonar innumerables citas como estas,

porque ese pensamiento es de los más frecuentes.

[64] Ya antes de ahora (V. el Argumento de HÉCUBA) hemos

censurado esta razón de Hécuba para mover a Agamenón. Como

complemento de lo que allí dijimos, añadiremos que el destino de

Casandra, condenada a compartir el lecho del generalísimo de los

griegos, era ignominioso, no solo porque perdía su virginidad,

y no en virtud de legítimo himeneo, sino porque su suerte era

al fin la de una esclava. La única disculpa de Hécuba, o más

bien dicho de Eurípides, es que aquella no lo alaba ni enaltece,

llevada de su deseo inmoderado de venganza. Limítase a aceptar

este hecho consumado, explotándolo en su beneficio.

[65] Dédalo, como es sabido, fue un artífice famoso que juega

un papel nada lisonjero en la fábula de Pasífae y del Toro,

autor del laberinto de Creta, de las primeras estatuas griegas y

hasta del arte de volar, que costó la vida a su hijo Ícaro. Este

personaje debió ser egipcio, ya por lo que sabemos de sus obras

de arte, ya por la época en que vivió, en la cual hubo estrechas

relaciones entre el Egipto y la Grecia. Algunos creen que es

fabuloso, si bien no hay la menor duda de que su nombre simboliza

el ingenio y la más fecunda inventiva.

[66] Esta debilidad de Agamenón no se explica de ninguna manera,

atendido su tradicional carácter. El hombre ambicioso que

sacrifica inhumanamente a su hija Ifigenia por ganar gloria y

renombre, el héroe feroz y duro de aquellos tiempos, no es el

Agamenón de Eurípides, que se expone a servir de ludibrio a todo

el ejército si se descubre su condescendencia a los ruegos de

Hécuba por amor a Casandra. Solo lo justificaría alguna pasión

violenta, que no consta ni aparece en toda la tragedia.

[67] Dánao, padre de cincuenta hijas, las casó con los cincuenta

hijos de su hermano Egipto, todos los cuales fueron asesinados

por sus esposas en la noche de bodas, excepto Linceo, a quien

salvó la danaide Hipermnestra, y fue el vengador de sus hermanos.

(V. _Las Sup._ de Esquilo).

[68] Los de Lemnos robaron varias doncellas atenienses, de

quienes tuvieron hijos que aborrecían de muerte a sus padres

por el odio que les inspiraron sus madres. Habiendo intentado

exterminarlos, todos ellos murieron a manos de sus esposas e

hijos.

[69] El texto dice ἐῤῥυθμιζόμαν, de ῥυθμίζω, compongo, ordeno,

arreglo. M. Artaud, I, 46, traduce _relever sur la tête_:

Hartung, XI, 97, v. 890, _ich band mit der Rind empor_. Siempre

es extraño que las troyanas se aliñasen el cabello antes de

dormir, a no ser que el poeta aluda a la costumbre de las

griegas, que hoy reina entre muchas que no lo son, o de sujetarlo

con cintas para rizarlo al día siguiente, o solo para descansar

mejor.

[70] Esto es, solo con la túnica, el vestido que inmediatamente

cubría sus carnes.

[71] Las dóricas o lacedemonias usaban solo este sencillo traje,

ordenado por Licurgo, ya para que se acostumbrasen a resistir a

la intemperie, ya para mayor comodidad en sus luchas y ejercicios

varoniles. Sabido es que ni la decencia ni la moral atormentaron

mucho la imaginación de este legislador.

[72] Este movimiento de Hécuba es muy natural, ya porque se

horrorizaba al mirar al asesino de su hijo, ya para disimular el

odio que debía reflejarse en sus ojos.

[73] Este diálogo es uno de los mejores de Eurípides, tanto por

la finísima ironía que reina en todo él, cuanto por la sobriedad

y mesura con que lo desarrolla el poeta. Las preguntas que Hécuba

hace a Poliméstor son intencionadas y malévolas, y este último

contesta con la serenidad y pericia de un consumado criminal.

[74] Ocúrresele de pronto a Poliméstor, en medio de sus furiosos

transportes, que si abandona los cadáveres de sus hijos, los

expone a las iras de las troyanas, que podrán desgarrarlos y

ofrecer sus ensangrentados restos a las fieras y a los perros.

Sabido es el aprecio que hacían los paganos de la sepultura,

de lo cual hallaremos claras pruebas en otras tragedias de

Eurípides, análogas a la que observamos en el prólogo de esta,

que recita la sombra de Polidoro.

[75] De la versificación del escoliasta se deduce que debe de

haber leído así:

αἰθέρ ἀμπτάμενος οὐράνιον ὑψίπετὴς μέλαθρον, Ὠρίων ἢ

Σείριος ἔνθα πυρὸς φλογέας ἀφίησιν ὄσσων αὐγάς;

ἢ τὸν ἐς ἀΐδα μελανόχρωτα

πορθμὸν ἁιξω τάλας.

ὑψίπετὴς se halla en dos códices, y es necesario para entender

la frase: ἀναπτάσθαι, construido con acusativo sin preposición,

se encuentra también en _Orestes_, 1343. Acaso venga de allí

αἰθέρα, cuya autenticidad rechaza otro escolio. Ὠρίων ha sido

borrado de un MS. (Flor., 25), y otro (Mosq., B) pone ὁ Σείριος

por ἢ Σείριος, haciendo presumir que Ὠρίων ἢ es obra de algún

interpolador. Eurípides menciona juntos de ordinario a Orión y

a las Pléyades (_Ion._, 1153; _Hel._, 1394), porque así se ven

en medio del cielo. Sirio es, al contrario, para él el Perro

pequeño, _canicula_, próximo al polo Norte, como observamos en la

_Ifig. en A._, v. 68. (N. de Hart.).

[76] Aquí comienza una de esas luchas forenses a que tan

aficionado se muestra Eurípides, sin duda más indulgente en esta

parte con el gusto del público que con los consejos de la razón

literaria; y ya sea que la vanidad del poeta en un pueblo tan

dado a los encantos de la palabra lo impulsase, ya que quisiese

ofrecer al auditorio una imitación de las escenas a que asistía

diariamente, ya, en fin, que respetase alguna costumbre dramática

recién introducida, el hecho es que no deja pasar ocasión alguna

favorable de lucir sus dotes oratorias. De aquí que tan estudiado

fuera más tarde por los declamadores romanos.

[77] Edonia, región de Tracia, más tarde de la Macedonia, entre

el Estrimón y el Nesto, célebre por sus tejidos.

[78] Broche o hebilla con que sujetaban sus vestidos. Edipo en

Sófocles se ciega también con ellas, porque remataban en punta y

era el instrumento que tenían más a mano.

[79] Extraño es, en verdad, este odio que Eurípides muestra a

las mujeres. Parece imposible que asistiesen al teatro y oyesen

tales injurias, falsas de ordinario y destituidas de fundamento,

si no recordásemos las comedias de Aristófanes y viésemos probada

en ellas la excesiva tolerancia de los atenienses en esta parte.

Hoy, con nuestras ideas de igualdad cristiana y con los restos

del espíritu caballeresco que conservamos, nos es difícil

darnos cuenta de tamaño desacato; pero debemos decir también en

defensa de Eurípides que, a nuestro juicio, las mujeres de su

tiempo debieron ser peores que las del nuestro, porque su vida

triste y retirada y su condición social poco envidiable, hubo de

contribuir a su perversión.

[80] Entablada la acusación y oída la defensa, el juez, que

es Agamenón, pronuncia la sentencia, fundándola, y Poliméstor

la respeta y se somete a ella. Adviértase, sin embargo, que,

prescindiendo de la forma de esos discursos artificiosos e

impropios de los tiempos heroicos, nada es más natural y

sencillo, ni más primitivo, que erigir en juez las partes a

cualquier hombre respetable, exponer por sí mismas sus razones y

sujetarse a su fallo. Así debió hacerse en un principio, ya fuese

el juez un anciano o el padre de familia.

[81] El culto de Dioniso estaba muy extendido en la Tracia desde

que, ayudado de las Ménades, triunfó de su rey Licurgo. Más tarde

encontramos una prueba evidente en la afición que mostraron al

vino los reyes macedonios Filipo y Alejandro. Su oráculo, según

el escoliasta, estaba en el monte Pangeo o en el Hemo. Heródoto

habla también (VII, 111) de otro entre los satras, pueblos

belicosos de esta región.

[82] Lefranc, _Histoire de la littérature grecque_, página 152.

[83] Ponto Euxino, hoy mar Negro, al SE de Europa, que comunica

con el Mediterráneo por el estrecho de Constantinopla, el mar de

Mármara y los Dardanelos, y con el mar de Azov por el estrecho

de Yenikaleh. Baña a la Europa al N y al O, y al Asia al S y al

E. Llamose primero _Axenos_ o inhospitalario, y después _Euxenos_,

hospitalario, como el cabo de Buena Esperanza se llamó primero de

las Tormentas.

[84] Hipólito era hijo de Antíope, reina de las Amazonas y

prisionera de Teseo en la guerra que sostuvo contra ellas.

[85] Piteo, abuelo de Teseo e hijo de Pélope y de Hipodamía, rey

de Trecén, famoso por su sabiduría. Educó sucesivamente a su

nieto Teseo y a su biznieto Hipólito.

[86] Trecén, hoy Damala, ciudad de la Argólida, cerca de la costa

oriental.

[87] Hubo en Atenas dos reyes de este mismo nombre: el uno

fue hijo y sucesor de Erictonio y padre de Erecteo, de Procne

y Filomela; el otro padre de Egeo, y por consiguiente abuelo

paterno de Teseo. Es probable que Eurípides se refiera a este

último, y que llame campo de Pandión a las cercanías de Atenas,

en donde estaba edificada Eleusis.

[88] Estos sagrados misterios son los de Eleusis, instituidos en

honor de Deméter, de su hija Perséfone y de Triptólemo. Consistían

en ciertas reminiscencias del culto cabírico o pelásgico, se

celebraban todos los años y duraban nueve días. Menudeaban las

procesiones, las abluciones, las carreras con antorchas y los

juegos. El iniciado en el primer grado se denominaba _mysto_, y

en el secundo, _epopto_ o _que veía_. Eleusis, según Pausanias,

fue fundación de Ógiges, y estaba situada en el golfo Sarónico, a

17 kilómetros al NO de Atenas, entre el Pireo y Mégara. Pericles

edificó allí a Deméter un templo suntuoso.

[89] La acrópolis de Atenas.

[90] Cécrope, egipcio fundador de Atenas, que instituyó el

Areópago y el culto de Zeus y Atenea. Enseñó también la

agricultura y ordenó los casamientos y las sepulturas.

[91] Los Palántidas eran los cincuenta hijos de Palante, hermano

de Egeo, que intentaron arrebatarle el cetro de Atenas, y fueron

vencidos por Teseo.

[92] Este coro secundario, distinto del principal y compuesto de

cazadores, abandona pronto el teatro para dejar su puesto a las

mujeres trecenias. El escoliasta cita otros dos ejemplos de coros

de esta especie: el uno de la tragedia de _Paris_, hoy perdida,

en la cual aparece este personaje rodeado de pastores, que se

retiran, y el otro en el _Faetón_ del mismo poeta, en que el rey

Mérope sale a la escena con otro coro secundario, semejante a

estos.

[93] Generalmente se traduce este verso: «Puesto que solo a

los dioses se puede llamar señores»; pero varias razones nos

inclinan a traducirlo de otra manera. No es probable que un

esclavo que osa hacer a su señor esta advertencia comience,

para conciliarse sus buenas gracias, recordándole la distancia

que lo separa de los dioses. Lo natural es lo contrario. Además

la palabra ἄναξ (príncipe o rey) es más honorífica que la de

δεσπότης, porque esta era aplicable a cuantos tenían esclavos,

y la otra solo a los personajes del más elevado rango. El texto

de Jenof., _Anab._, III, 2-8, que cita Valckenaer, nada prueba,

porque allí se habla de griegos libres, aquí de un esclavo. Estas

anfibologías, que a veces se encuentran en griego y en latín por

la construcción de dos acusativos con un infinitivo, o por las

licencias del hipérbaton, deben entenderse siempre con arreglo a

lo que indique el buen sentido. Tradúzcase esta frase de Juvenal,

_Sát._ 8, 20, _nobilitas sola est atque unica virtus_, y será

incompresible, o se expresará lo contrario de lo que quiere decir

el poeta, puesto que solo asegura que la virtud es la sola y

única nobleza.

[94] Gran verdad, sin duda, que no supo o no quiso practicar

Diógenes el Cínico y sus secuaces antiguos y modernos.

[95] Esto es, que cuanto los hombres poseen es don de los dioses,

y la afabilidad uno de ellos.

[96] Ya se ha visto que su estatua estaba a la entrada del

palacio.

[97] Lo que quiere decir este servidor de Hipólito es que

su dueño, como joven, irreflexivo e inexperto, no es tan

racionalmente religioso como él, ya anciano, y, en efecto, es lo

que sucede de ordinario.

[98] Punto de reunión, sin duda, como sucede entre nosotros.

[99] Mirábase a Pan como al dios que inspiraba repentinos e

infundados terrores; a Hécate como a la diosa de encantadores

y mágicos, que enviaba a la tierra espectros y fantasmas, y a

Cibeles como a la deidad que daba la locura. Loco estuvo, en

efecto, Atis, pastor frigio, que la desdeñó. Los coribantes eran

sacerdotes que danzaban y aullaban como furiosos para impedir que

Cronos oyese los gritos de su hijo Zeus.

[100] Dictina, advocación de Artemisa, de δίκτυον, red, porque

cazaba con ella.

[101] Fedra era hija de Minos, rey de Creta, y de su mujer

Pasífae.

[102] Limnes, paraje inmediato a Trecén, de donde viene el

sobrenombre de Artemisa. El escoliasta dice así: Λίμνη, τόπος

Τροιζῆνος ἔνθεν Λιμνῆτες Ἄρτεμις καλεῖται. Allí mismo debía haber

un gimnasio, pues también dice el escoliasta: Λίμνη γυμνάσιον ἐν

Τροιζῆνι, ὡς καὶ ἐν τοῖς ἐζῆς φησὶ Λίμνης τροχόν.

Obras dramáticas de Eurípides (1 de 3) · 第 20 / 25 段