Cuando llegaron tus dos hijos con su padre y entraron en el palacio

conyugal, nos alegramos todos los servidores, que deplorábamos tus

desdichas; de uno en otro circuló de repente el rumor de que te habías

reconciliado con tu esposo. El uno besaba la mano, el otro la blonda

cabellera de tus hijos; y yo, lleno de alegría, los acompañé hasta

el aposento de las mujeres. La dueña a quien ahora servimos en tu

lugar, antes de venir tus dos hijos miraba a Jasón con amor;[430]

después veló su rostro, y volvió a otro lado sus cándidas mejillas,

mostrando su disgusto al entrar tus hijos. Pero tu esposo se esforzaba

en aplacar el mal humor y la cólera de la doncella, diciéndole: «No

seas enemiga de los que me aman; mitiga tu ira y vuelve hacia aquí tu

cabeza, y ten por amigos a los que lo son de tu esposo; acepta estos

presentes, y ruega a tu padre que por mí revoque el destierro de mis

hijos».[431] Ella, al ver tu regalo, no persistió en su propósito,

sino prometió a Jasón hacer cuanto deseaba, y antes que saliesen los

tres del palacio, tomó en sus manos el gentil vestido y se lo puso,

y adornó sus rizos con la corona de oro, sonriéndose al contemplar

en el espejo su bella imagen. Y después, descendiendo del solio, se

paseaba por el palacio y andaba lenta y majestuosamente, satisfecha de

los dones, y mirándose y remirándose desde los pies a la cabeza. Al

poco tiempo presenciamos un espectáculo horrible: alterósele el color,

retrocedió vacilante, tembló todo su cuerpo, y apenas pudo llegar al

solio, cayendo en seguida en tierra. Una de sus viejas servidoras,

creyendo que le acometía el furor de Pan o de algún otro dios,[432]

dio un grito cuando observó que arrojaba por la boca blanca espuma,

y que se extraviaban sus ojos y la sangre desaparecía del cuerpo,

y prorrumpió en terribles clamores. Una corrió en aquel momento al

palacio de su padre, otra en busca de su esposo, a anunciarles esta

desdicha; todo era confusión, voces y carreras. Un luchador ágil

hubiese tocado con su carro a la meta recorriendo seis pletros[433] con

paso rápido, mientras ella, con los ojos cerrados y sin vida, gemía con

pena, despertando al fin presa de dos graves males. La corona de oro

que llevaba en la cabeza despedía llamas sobrenaturales que todo lo

devoraban, y los sutiles vestidos, presente de tus hijos, se cebaban

en las blancas carnes de la desventurada. Huyó, por fin, levantándose

del solio ardiendo, y sacudía sus cabellos a uno y otro lado, pugnando

por arrojar la corona; pero el oro, firmemente adherido a ella, no

cedía, y el fuego, después de agitar sus cabellos, estallaba con doble

fuerza. Cayó, por último, en tierra, vencida por el mal y horriblemente

desfigurada, hasta el punto de que solo su padre podía conocerla. No se

distinguían bien sus ojos; su rostro había perdido toda su gracia; de

su cabeza corría sangre mezclada con fuego, y la carne, como gotas de

pez, se desprendía a pedazos de los huesos por la eficacia invisible

del veneno, ofreciendo un espectáculo horrendo. Nadie osaba tocar

el cadáver, temiendo participar de su desdicha. Pero su infortunado

padre, que nada sabía de su mal, entró en el aposento de repente y

se abalanzó a la muerta, y dio grandes alaridos, y abrazándola y

besándola, decía: «¡Oh hija desventurada! ¿Qué dios te ha perdido tan

miserablemente? ¿Quién acompañará a tu viejo padre a la pira, si tú

mueres? ¡Ay de mí! ¡Perezca yo contigo, oh hija!». Después que cesaron

sus gemidos y lágrimas y quiso levantarse, viose adherido al sutil

traje, como la yedra a la ramas del laurel. Hubo una lucha horrible:

pugnaba por alzar la rodilla, y los paños, firmemente unidos a ella,

lo impedían, y cuando forcejeaba, sus viejas carnes se separaban de

sus huesos. Al fin exhaló el alma el desdichado, rendido por el dolor.

Yacen, pues, muertos los dos, la hija y su anciano padre, el uno junto

al otro, calamidad que pide a voces lágrimas. Tú discurrirás el medio

de salvarte, que yo nada puedo aconsejarte. Atormenta tu ingenio para

evitar el castigo que te amenaza. No es ahora la vez primera que pienso

que los proyectos de los mortales son solo humo, ni vacilo en afirmar

que los que se tienen por sabios y se consagran a investigar la razón

de las cosas, son los que más torpezas cometen. Nadie es feliz: si

llega a poseer grandes riquezas, podrá serlo más que otro, pero nunca

enteramente.[434]

EL CORO

No parece sino que un dios ha acumulado en este solo día merecidos

males contra Jasón. ¡Oh hija desventurada de Creonte!, ¡cuánto

deploramos tu desdicha, pues que, por casarte con Jasón, has bajado al

palacio del dios de las tinieblas!

MEDEA

He resuelto, ¡oh amigas!, matar cuanto antes a mis hijos y huir de

esta tierra, y no perderé el tiempo encomendando su muerte a manos

más enemigas; sin remedio deben morir, y como es preciso, yo que los

procreé, los mataré también. Ea, pues, ármate de valor. ¿Por qué

titubeo en perpetrar males crueles, pero necesarios? Anda, mísera mano

mía, empuña, empuña el acero, huella la triste meta de la vida, y no

seas cobarde ni te acuerdes de tus hijos, a quien tanto amas porque los

diste a luz; olvídate, en este breve día, de que los tienes y llora

después, que, aunque los mates, siempre te fueron caros y siempre

fuiste una mujer infeliz.

_Estrofa_. — Vitoreemos a la Tierra y a los rayos del Sol, que todo lo

alumbran;[435] ved, contemplad aquella mujer desventurada antes que

llene sus manos de sangre infanticida. De ti descienden sus hijos, Febo

de cabellos de oro, y es horrible que la mano de los hombres derrame

sangre de dioses. Refrénala, ¡oh luz divina!, detenla; arroja de este

palacio a la sanguinaria y mísera Furia, inspirada por fatídicas

deidades.

_Antístrofa_. — En vano los dio a luz con dolores, en vano fuiste

tronco de amada prole, ¡oh tú, que atravesaste los escollos

inhospitalarios de las cerúleas Simplégadas![436] ¡Oh infortunada! ¿Qué

grave ira se ha apoderado de tu corazón, qué rabia fatal, sedienta de

sangre, te ha trastornado? Funesta expiación amenaza a los mortales

cuando riegan la tierra con sangre de su parientes, y para castigo de

los parricidas el cielo envía a las familias calamidades proporcionadas

a la pena que merecen.

PRIMER NIÑO (_desde dentro_).

¡Ay de mí! ¿Qué haré? ¿Adónde huiré de mi madre?

SEGUNDO NIÑO

No lo sé, hermano muy querido; ¡vamos a morir!

EL CORO

¿Oyes, oyes el clamor de sus hijos? ¡Oh mísera e infeliz mujer!

¿Entraré en el palacio? Salvemos a sus hijos de la muerte. (_El coro se

detiene viendo cerradas las puertas_).

LOS NIÑOS

¡Pero socorrednos, por los dioses! ¿Vendréis a tiempo? Ya el puñal nos

amenaza de cerca.[437]

EL CORO

¿Eres, ¡oh miserable!, piedra o hierro, para segar con tu mano

infanticida la vida de los hijos que diste a luz? Solo sé de una, solo

sé de una mujer de los pasados tiempos que matase a sus hijos; solo sé

de Ino,[438] furiosa por orden divina, cuando la esposa de Zeus la

arrojó de su palacio y trastornó su juicio, y la miserable cayó en la

mar por el impío asesinato de sus hijos, saltando desde la orilla y

pereciendo al mismo tiempo que ellos. ¿Puede suceder nada más horrible?

¡Oh funestos casamientos, cuántos males habéis acarreado a los hombres!

JASÓN

Mujeres que rodeáis a ese palacio, ¿está en él esa Medea que ha

cometido tantos horrores? Menester es que se esconda en los abismos de

la tierra, o que, cual ave, se lance a las aéreas regiones, para que no

pague la pena que merece por su delito contra la real familia. ¿Cree

acaso, después de dar muerte a los soberanos de esta región, que podrá

escaparse impune? Pero no tanto vengo por ella como por mis hijos;

castíguenla los que han sufrido esos males. Mi objeto es salvar la

vida de mis hijos, no se venguen en ellos los parientes de Creonte, en

represalias de la nefanda maldad que ha cometido su madre.

EL CORO

¡Oh infeliz Jasón!, aún ignoras, sin duda, las desdichas que te

aguardan; a no ser así, no hablaras como hablas.

JASÓN

¿Qué hay? ¿Quiere matarme también?

EL CORO

Tus hijos han muerto a manos de su madre.

JASÓN

¡Ay de mí! ¿Qué dices? ¡Oh, mujer, cómo me has afligido!

EL CORO

No olvides que ya murieron tus hijos.

JASÓN

¿En dónde los ha asesinado? ¿Dentro o fuera del palacio?

EL CORO

Abre las puertas y los verás muertos.

JASÓN

Abrid cuanto antes las puertas, servidores; quitad las barras para que

contemple dos males a un tiempo y vea a mis dos hijos muertos, y para

que los vengue y muera también a mis manos.

MEDEA (_que aparece en un carro tirado por dragones con los cadáveres

de sus hijos_).

¿Por qué sacudes y das golpes en las puertas buscando los cadáveres

de tus hijos, y a mí, que los he asesinado? No te molestes. Si me

necesitas, dime lo que quieres: jamás me tocarán tus manos, porque el

Sol, padre de mi padre, me ha dado un carro que me protegerá contra mis

enemigos.

JASÓN

¡Oh, rabia! ¡Mujer odiosa, mujer la más detestada de los dioses, de

mí y de toda la especie humana, que has osado hundir el puñal en el

corazón de tus propios hijos, en los mismos que diste a luz, y me dejas

huérfano, y ves la tierra y el sol a pesar de tu impiedad maldita!

¡Ojalá que mueras! Ahora te conozco, no cuando de un palacio y de un

país bárbaro te traje a la Grecia, a ti, que eres el más terrible

azote, y has hecho traición a tu padre y a la tierra que te crió. Obra

es de los dioses que me arrastrara tu fatal destino cuando asesinaste

a tu hermano junto a los altares y te embarcaste en la nave _Argo_, de

bella proa. Tales fueron tus primeras hazañas: te casaste conmigo, y

después que diste a luz mis hijos, los mataste llevada de tu odio y de

tu envidia a mi segunda esposa. Ninguna griega lo hubiese osado jamás;

te preferí a ellas, y fuiste mi compañera; enlace fatal y pernicioso

para mí, que eres leona, no mujer, de índole más fiera que la tirrena

Escila.[439] Pero (vanamente te insultaría con millares de lenguas,

siendo tan grande tu impudencia) ojalá que mueras, infame como ninguna,

y además manchada con la sangre de tus hijos. Solo puedo ahora deplorar

mi suerte, porque ni he disfrutado de mi segundo himeneo, ni podré ya

hablar con los hijos que engendré y eduqué, habiéndolos perdido.

MEDEA

Largamente replicaría a cuanto acabas de decir si el padre Zeus no

conociera los beneficios que de mí has recibido y tu negra ingratitud.

El destino no podía permitir que, despreciándome, tú y tu real cónyuge

vivierais felices, insultándome ambos, ni tampoco que Creonte, que te

dio la mano de su hija, me desterrara de aquí impune. Si te agrada,

llámame, pues, leona o Escila, que habita en la costa tirrena, pues te

he herido en el corazón como merecías.

JASÓN

Tú también sufres, y participas de mis males.

MEDEA

Puedes estar seguro de ello; sin embargo, es dolor que me agrada porque

no te ríes.

JASÓN

¡Oh hijos! ¡Que madre tan perversa os tocó en suerte!

MEDEA

¡Oh hijos! ¡Cómo habéis muerto por culpa de vuestro padre!

JASÓN

Pero seguramente no los mató mi diestra.

MEDEA

No tu diestra, pero sí tu injusticia y tu segundo matrimonio.

JASÓN

¿Y te resolviste a asesinarlos para vengarte de mi enlace?

MEDEA

¿Es acaso leve desdicha para una mujer?

JASÓN

Sí, si es modesta; pero para ti todo es grave.

MEDEA

Ya murieron; bastante será tu tormento.

JASÓN

Dioses hay vengadores que te castigarán.

MEDEA

Ellos saben a quién debe imputarse todo.

JASÓN

De seguro conocen a fondo tu abominable corazón.

MEDEA

Te odio, y me burlo de tus palabras amargas.

JASÓN

Y yo de las tuyas; fácil es nuestra separación.[440]

MEDEA

¿Conque eso dices? ¿Qué haré yo ahora? También lo deseo ardientemente.

JASÓN

Déjame sepultarlos y llorarlos.

MEDEA

De ningún modo; yo los enterraré, y los llevaré al bosque sagrado de

Hera, diosa Acrea,[441] para que ninguno de sus enemigos los insulte,

removiendo su sepulcro; en este país de Sísifo[442] instituiré fiestas

solemnes y sacrificios para lo futuro, en expiación de tan impío

asesinato. Yo iré a la tierra de Erecteo, y habitaré con Egeo, el hijo

de Pandión. Tú, que eres perverso, tendrás mala muerte, aunque justa,

y los restos de la nave _Argo_ herirán tu cabeza,[443] ya que has sido

testigo del amargo fin de mis bodas.

JASÓN

Acabe contigo la Furia vengadora de tus hijos asesinados, y la Justicia

castigue tu crimen.

MEDEA

¿Qué dios, qué divinidad podrá escucharte, cuando eres perjuro y

traidor a quienes te dieron hospitalidad?

JASÓN

¡Fuera, fuera de aquí, malvada, asesina de tus hijos!

MEDEA

Vete al palacio y entierra a tu esposa.

JASÓN

Allá voy, huérfano de mis dos hijos.

MEDEA

Aún no has gemido bastante; la vejez te aguarda.

JASÓN

¡Oh, hijos muy amados!

MEDEA

De su madre, no de ti.

JASÓN

Y sin embargo los mataste.

MEDEA

Para ofenderte.

JASÓN

¡Ay de mí, desventurado! Solo deseo besar mis hijos queridos.

MEDEA

Ahora los llamas, ahora deseas verlos, y antes los rechazabas.

JASÓN

Concédeme, por los dioses, que toque siquiera sus infantiles cuerpos.

MEDEA

No; vanos son tus ruegos.

JASÓN

¿Oyes, Zeus, cómo desoyen mis súplicas? ¿Ves lo que sufro de esta

execrable leona, asesina de sus hijos? Pero en cuanto pueda y me sea

lícito, me lamentaré así y daré gritos, poniendo a los dioses por

testigos de que me prohíbes tocar y sepultar los cadáveres de los hijos

que mataste: ¡ojalá que nunca los viese, si habían de perecer a tus

manos!

EL CORO

Zeus, desde el Olimpo, gobierna al mundo, y muchas veces hacen los

dioses lo que no se espera, y lo que se aguarda no sucede, y el cielo

da a los negocios humanos fin no pensado. Así ha acontecido ahora.[444]

FIN DEL TOMO PRIMERO

ÍNDICE

Páginas.

PRÓLOGO DEL TRADUCTOR. 5

Introducción. — Ojeada general histórico-crítica sobre las

tragedias de Eurípides. 9

Hécuba. 33

Hipólito. 97

Las Fenicias. 169

Orestes. 257

Alcestis. 351

Medea. 417

NOTAS

[1] La obra de M. Victor Duruy, titulada _Histoire Grecque_, que

hemos tenido a la vista, es algo parcial por la democracia, cuya

defensa parece ser uno de sus principales objetos. Habla siempre

de Aristófanes con pasión y con odio, acaso porque no ha sabido

apreciar sus relevantes dotes como poeta y como ciudadano, y

porque combate los excesos de la demagogia. Fuera de esto, es

obra recomendable, si bien no debemos olvidarlo, porque anda en

manos de todos. Al leerla, dentro de algunos años, dirá, sin

duda, la posteridad: «¡Qué bien escribía este autor la historia

de su tiempo, creyendo escribir la de Grecia!».

[2] Teofrasto, este hombre que hablaba con tanta gracia, que se

expresaba divinamente, fue calificado de extranjero y llamado

así por una pobre mujer a quien compraba hierbas en el mercado,

y que averiguó, por yo no sé qué perfil ático que le faltaba, y

que los romanos llamaron después urbanidad, que no era ateniense:

y Cicerón refiere que aquel personaje se admiró de ver que,

habiendo envejecido en Atenas, dominando tan perfectamente el

dialecto ático, y habiendo adquirido su acento por un hábito de

tantos años, no había logrado alcanzar lo que el pueblo poseía

naturalmente y sin ningún trabajo. (La Bruyère, _Discours sur

Théophraste_).

[3] Un pueblo democrático, con sus ciudadanos egoístas, díscolos,

frívolos, fanfarrones y vanidosos, no puede prosperar, sino que

se suicida, víctima de sus propias faltas. (Hegel, _Esthétique_,

traducción francesa de M. Bénard, tomo V, pág. 17, edición de

1852).

[4] Aunque el obispo Thirlwall, historiador de la Grecia, habla

de _all the attempts which for the last forty years have been

systematically made in our own literature —the periodical as well

as the more permanent— for political and other purposes to vilify

the Athenians_, no por eso es menos cierto, como puede verse

en la obra de Druman, titulada _Geschichte des Verfalles der

griechischen Staaten_, y sobre todo en Tucídides, Aristófanes y

Jenofonte, testigos presenciales de estos sucesos, que el pueblo

ateniense contribuyó con sus faltas a la ruina de su patria.

[5] Como está tan embrollada la cronología del teatro griego,

no es extraño que los eruditos discrepen tanto acerca del año

en que nació Eurípides. Nosotros seguimos a Plutarco, _Symps._,

lib. VIII, cap. I, y a Diógenes Laercio en su vida de Sócrates.

La Crónica de Paros dice que Eurípides nació en el año 3.º de la

olimpiada 73 (486 antes de Jesucristo), esto es, seis años antes.

De este mismo parecer son Samuel Prevost, Tomás Lydiat, Hesychio

y Segismundo Jacobo Baumgarten, el cual añade que el nombre de

Eurípides proviene del río Euripo, en cuya desembocadura se dio

la batalla de Salamina. Levesque, en sus _Mémoires de L’Instit.

national_, tomo I, pág. 325, dice así: «Eurípides nació el año

3.º de la olimpiada 63, (526 antes de nuestra Era).» Este dato

es conocidamente erróneo, porque entonces resulta que Eurípides

es un año anterior a Esquilo. Samuel Murgrave ha dilucidado

suficientemente este punto en su _Chronologia scenica ab

Euripidis nati tempore ad ejusdem mortem_, y en Boeck (_Corpus

inscriptionum græcarum_. Berlín, 1743) se encuentran también

muchas ingeniosas y útiles observaciones. En la obra de Gottl.

Chris. Fried. Mohnike, titulada _Geschichte der Literatur der

Griechen und Römer_, hallamos esta tabla:

1.º El nacimiento de Εsq. cae en la olimp. LXIII 4 ant. J. C. 525

Su muerte LXXXI 1 — 456

2.º El nacimiento de Sófocles LXXI 2 — 495

Su muerte XCIII 3 — 406

3.º El nacimiento de Eurípides LXXV 1 — 480

Su muerte XCIII 3 — 406

Esquilo murió, pues, a los sesenta años de edad. Sófocles a los

noventa y Eurípides a los setenta y cinco.

Hemos preferido seguir los datos cronológicos de esta tabla,

porque en la Crónica de Paros se observan ciertas contradicciones

que han suscitado graves dudas entre los críticos, porque es

ilegible en muchas de sus partes, por las dudas que se han

promovido acerca de su autenticidad, por la fe que nos merecen

Plutarco y Diógenes Laercio, por la tradición constante, seguida

hasta ahora por la gran mayoría de los eruditos, de que Eurípides

nació el año indicado, y porque, en realidad, es pequeña la

diferencia de seis años que se observa entre los datos de la

Crónica y los que adoptamos.

[6] Llámale, en efecto, hijo de la verdulera (τῆς

λαχανοπωλητρίας) en el v. 393 y en otros muchos pasajes de sus

comedias, y lo mismo dice Aulo Gelio con referencia a Theopompo.

Suidas y Manuel Moscópulo, griego de Constantinopla que pasó a

Italia cuando la toma de aquella ciudad por los turcos, aseguran,

fundándose en la autoridad de Filócoro, que esta tradición es

falsa. Valerio Máximo en el lib. III, cap. IV y Plinio, _Hist.

Nat._, lib. XXII, cap. XXXVIII, hablan también de esto. La

aserción de Aristófanes, tantas veces repetida y en boca de un

autor contemporáneo de Eurípides, es para nosotros irrecusable.

[7] Tal es la opinión de Valckenaer en su _Diatr. in Eurip. per.

dram. reliquias_, cap. IV, en donde asegura que se encuentran

doctrinas de Anaxágoras en las tragedias de Eurípides, y en

efecto, si es auténtico el pasaje que se conserva de _Melanipa_,

tragedia perdida, su aserción no carece de fundamento.

[8] Diógenes Laercio cita dos versos de Mnesíloco, antiguo

cómico, que dicen así:

Φρύγης ἐστὶ καινὸν δρᾶμα τοῦτ’ Εὐριπίδου

ᾯ καὶ Σωκράτης τὰ φρύγαν’ ὑποτίθησι

(_Los Frigios_ son un drama nuevo de Eurípides, bajo el cual

Sócrates puso también astillas).

[9] El epitafio ha sido conservado por Tomás Magister.

Distintas opiniones hay también acerca de la muerte de Eurípides.

Unos, como el elegíaco Hermesianax y varios biógrafos, dicen que

murió despedazado por perros; otros por las mujeres, a quienes

tanto había ofendido, y otros, en fin, que murió de viejo. Esta

última opinión es para nosotros la más probable, puesto que,

a ser ciertas las primeras, no hubiera dejado Aristófanes de

hacer mención de ellas en _Las Ranas_, que se representaron poco

después de la muerte de Eurípides.

[10] Ælian., _Var. hist._, lib. II, cap. XIII.

[11] Τραγικὼτατος, _Poet._, lib. XXIII, 14.

[12] Tomás Magister ha conservado un epigrama, en el cual dice

Menandro que si los muertos sintieran, como algunos piensan, él

se alegraría de visitar el infierno para conocer a Eurípides.

[13] _Tratado de lo sublime_, cap. XV.

[14] _Crítica de los antiguos escritores_, publicada por Jacob,

págs. 419 y 20.

[15] Aug. Wilhelm. Schlegel, _Vorles. über dram. Kunst und

Literatur_. Leipzig, 1846, tomo I, pág. 134.

[16] Epist., lib. XVI, ep. 8.

[17] Longe clarius quam Æschylus illustraverunt hoc opus

Sophocles atque Euripides, quorum in dispari dicendi via, uter

sit poeta melior, inter plurimos quæritur. Idque ego sane,

quoniam ad præsentem materiam nihil pertinet, injudicatum

relinquo. Illud quidem nemo non fateatur necesse est, iis, _qui

se ad agendum comparent_, utiliorem longe Euripidem fore. Namque

is et in sermone, quod ipsum reprehendunt, quibus gravitas

ex cothurnus et sonus Sophocli videtur esse sublimior, magis

accedit oratorio generi, et sententiis densus, et in iis, quæ

a sapientibus tradita sunt, pene ipsis par; et in dicendo

ac respondendo cuilibet eorum, qui fuerunt in foro diserti,

comparandus; in affectibus vero cum omnibus mirus, tuum in iis,

qui miseratione constant, facile præcipuus. Hunc et admiratus

maxime est, et sæpe testatur et secutus, quamquam in opere

diverso, Menander. (Quintil., _Instit. orat._, lib. X, cap.

I). Obsérvese la frase _qui se ad agendum comparent_, en la

cual repara sin duda M. Émile Lefranc en su _Histoire de la

littérature grecque_, ed. 1838, pág. 133, y que realmente es un

epigrama contra Eurípides, porque son muy distintos el estilo de

la retórica y el del drama.

[18] Jacob, _Nachtragen zu Sulzer’s Allgemeine Theorie der sch.

Künste_, Theil 5, págs. 335-422.

[19] Aug. Wilhelm Schlegel, _Vorles. über dram. Kunst und

Literatur_, Leipzig, 1846, págs. 131-146.

[20] También se ha suscitado la cuestión de si Eurípides es o no

enemigo de las mujeres, μισογύνης, como le llamaban los griegos.

Aug. Guill. Schlegel cita, en sus _Vorles. über dramatisch. Kunst

und Literatur_, tomo I, pág. 141 (Leipzig, 1846), las palabras

de Sófocles, que ha conservado Ateneo, según las cuales su

aborrecimiento provenía de su extremada afición a ellas. Welcker,

en sus comentarios a _Las Ranas_, de Aristófanes, pág. 248, y N.

G. Lenz en la _N. Bibl. d. sch. Wiss._, 58, 11, págs. 195-215,

lo defienden de esta imputación nada lisonjera, fundándose en

lo que dicen Aulo Gelio y Suidas sobre el carácter sombrío e

intratable de este poeta. Basta, sin embargo, leer sus tragedias

para convencerse de la verdad de ese dictado, y sobre todo a

Aristófanes, que, como hemos dicho antes, es el mejor juez en

este punto, puesto que conocía otras muchas tragedias suyas

además del _Hipólito_, hoy perdidas, en las cuales debió aparecer

enemigo declarado del bello sexo.

[21] En la genealogía de Hécuba, Eurípides ha seguido una

tradición desconocida, fundada acaso en algún poeta griego

anterior, cuyas obras no han llegado hasta nosotros. Homero en

su _Ilíada_, XVI, 758, dice que el padre de Hécuba fue Dimas,

rey de Frigia. Polidoro tampoco aparece en dicho poema como hijo

de Hécuba, sino de Laótoe, y muere a manos de Aquiles, no de

Poliméstor. (_Ilíada_, XX, 408; XXI, 81 y siguientes). La opinión

de Eurípides es también la de Virgilio (_Eneid._, X, 706) y la de

Ovidio (_Metam._, 429-575), los cuales, como él, hacen a Hécuba

hija de Ciseo.

[22] Quersoneso, de las dos palabras griegas χέρσος y νῆσος,

continente e isla, equivale a nuestra voz _península_. Los

antiguos conocieron varios, y uno de ellos era este de Tracia,

hoy Galípoli, entre el golfo Melas y el Helesponto. Perteneció a

los atenienses desde Milcíades, y lo perdieron en la guerra del

Peloponeso.

[23] En el texto leemos ὅπλα, armadura, arma defensiva, lo

contrario de ἔγχος, que era la ofensiva. Dice, pues, bien el

escoliasta: ὅπλα τὰ φυλακτήρια οἷον θώραξ, κράνος, ἔγχος δὲ καὶ

σπάθη ἀμυντήρια.

[24] Virgilio, a este propósito, dice en el canto IV de su

_Eneida_:

Hæc omnis, quam cernis, inops, inhumanataque turba est:

Portitor ille, Charon: hi, quos vehit unda, sepulti.

Nec ripas datur horrendas, nec rauca fluenta

Transportare prius, quam reditus ossa quiescunt.

Centum errant annos, volitantque hæc litora circum.

Tum demum admissi stagna exoptata revisunt.

[25] Para entender este pasaje debemos suponer que Hécuba,

asustada de su visión, sale en busca de su hija Casandra, famosa

profetisa y concubina de Agamenón, en cuya tienda debía hallarse.

La desolada madre desea que le explique su sueño.

[26] Estos sueños horribles, distintos de los plácidos, son hijos

de la Noche y de la mansión subterránea en donde habitaban.

(Véase la _Teog._ de Hesíodo, 212; la _Odisea_ de Homero, XXIV,

12; Virgilio, _Eneida_, VI, 282-894, y la _Ifig. en T._ del mismo

Eurípides, 1203).

[27] _Timele_, del griego θυμέλη, altar, templo, estrado, segunda

división de la orquesta destinada al coro.

[28] En el verso 91 se dice claramente que Aquiles, al aparecerse

a los griegos, no pidió el sacrificio de Políxena, no obstante

las palabras de Polidoro en el verso 40 y las de Odiseo en

el 387. Si así lo hubiera hecho, la cuestión promovida en la

asamblea de los griegos estaba resuelta y hubiera sido ociosa.

Versó solo acerca de si había de ser o no Políxena. Polidoro

se expresa así en el verso 40, porque tenía ya conocimiento

de lo que había de suceder, y Odiseo por igual razón, pero no

refiriéndose a las palabras textuales del espectro de Aquiles.

Obras dramáticas de Eurípides (1 de 3) · 第 19 / 25 段