Elena está decididamente enferma. El médico dice que tiene una fiebre
mucosa. Lamentable contratiempo para Lacante, pues es imposible llevarla
al convento, donde no la recibirían en tal estado. Hay que tenerla en la
casa y puedes figurarte qué trastorno interior. El pobre Lacante, que
contaba con seguir ejerciendo de incógnito su paternidad y había
suspendido dos semanas seguidas, con diversos pretextos sus reuniones de
los jueves, se va a ver obligado a confesar. No se puede guardar en la
casa una muchacha enferma sin que se note algo.
El doctor, Carlos Muret, está ya en el secreto, y el desgraciado Lacante
se arranca los últimos cabellos.
A pesar de mi cariño, no puedo menos de encontrar cómico el apuro de
Lacante, y él, que lo ha observado, me ha tirado su gorro a la cara. El
estado de Elena no es grave hasta ahora, y puede uno reírse sin
remordimiento del gracioso embrollo en que este buen señor está metido.
Él mismo ha acabado por reír, sin cesar en sus anatemas líricos contra
el demonio de los tardíos e intempestivos amores que lo han impulsado a
proporcionarse una familia a la edad en que, de ordinario, se descansa
después de la obra realizada. En su lugar, hubiera yo contado en seguida
mi historia, ahorrándome el embarazo de una situación falsa que se hace
insostenible al prolongarse. Lo que le detiene no es tanto la confesión
del pasado como el partido que hay que tomar para el porvenir. Teme las
interpretaciones, las críticas y los consejos sobre la conducta que debe
seguir para con esta niña a la que tan poco conoce y a la que tanto debe
en compensación de su largo descuido. Lucha entre el sentimiento que
tiene de su deber y el egoísmo de sus costumbres independientes, y
quisiera estar libre de toda influencia y de toda intervención extraña
para cerrar este debate.
Pero, a pesar de sus anatemas y de su aire regañón y contrariado, se le
escapan palabras que denuncian una sensibilidad más excitada de lo que
él quiere confesar. La juventud, unida al sufrimiento, tiene gracias a
que no es posible resistir.
Máximo de Cosmes a su hermano.