15 de julio.

Elena está decididamente enferma. El médico dice que tiene una fiebre

mucosa. Lamentable contratiempo para Lacante, pues es imposible llevarla

al convento, donde no la recibirían en tal estado. Hay que tenerla en la

casa y puedes figurarte qué trastorno interior. El pobre Lacante, que

contaba con seguir ejerciendo de incógnito su paternidad y había

suspendido dos semanas seguidas, con diversos pretextos sus reuniones de

los jueves, se va a ver obligado a confesar. No se puede guardar en la

casa una muchacha enferma sin que se note algo.

El doctor, Carlos Muret, está ya en el secreto, y el desgraciado Lacante

se arranca los últimos cabellos.

A pesar de mi cariño, no puedo menos de encontrar cómico el apuro de

Lacante, y él, que lo ha observado, me ha tirado su gorro a la cara. El

estado de Elena no es grave hasta ahora, y puede uno reírse sin

remordimiento del gracioso embrollo en que este buen señor está metido.

Él mismo ha acabado por reír, sin cesar en sus anatemas líricos contra

el demonio de los tardíos e intempestivos amores que lo han impulsado a

proporcionarse una familia a la edad en que, de ordinario, se descansa

después de la obra realizada. En su lugar, hubiera yo contado en seguida

mi historia, ahorrándome el embarazo de una situación falsa que se hace

insostenible al prolongarse. Lo que le detiene no es tanto la confesión

del pasado como el partido que hay que tomar para el porvenir. Teme las

interpretaciones, las críticas y los consejos sobre la conducta que debe

seguir para con esta niña a la que tan poco conoce y a la que tanto debe

en compensación de su largo descuido. Lucha entre el sentimiento que

tiene de su deber y el egoísmo de sus costumbres independientes, y

quisiera estar libre de toda influencia y de toda intervención extraña

para cerrar este debate.

Pero, a pesar de sus anatemas y de su aire regañón y contrariado, se le

escapan palabras que denuncian una sensibilidad más excitada de lo que

él quiere confesar. La juventud, unida al sufrimiento, tiene gracias a

que no es posible resistir.

Máximo de Cosmes a su hermano.

Amar es vencer · 第 10 / 37 题