HAMLET.--Ni seas tampoco demasiado frío; tu misma prudencia debe

guiarte. La acción debe corresponder á la palabra, y ésta á la acción,

cuidando siempre de no atropellar la simplicidad de la naturaleza. No

hay defecto que más se oponga al fin de la representación, que desde el

principio hasta ahora ha sido y es ofrecer á la naturaleza un espejo en

que vea la virtud su propia forma, el vicio su imagen, cada nación y

cada siglo sus principales caracteres. Si esta pintura se exagera ó se

debilita, excitará la risa de los ignorantes; pero no puede menos de

disgustar á los hombres de buena razón, cuya censura debe ser para

vosotros de más peso que la de toda la multitud que llena el teatro. Yo

he visto representar á algunos cómicos, que otros aplaudían con

entusiasmo, por no decir con escándalo, los cuales no tenían acento ni

figura de cristianos, ni de gentiles, ni de hombres; que al verlos

hincharse y bramar no los juzgué de la especie humana, sino unos

simulacros rudos de hombres, hechos por algún mal aprendiz. Tan

inicuamente imitaban la naturaleza.

CÓMICO 1.º--Yo creo que en nuestra compañía se ha corregido bastante ese

defecto.

HAMLET.--Corregidle del todo, y cuidad también que los que hacen de

payos no añadan nada á lo que está escrito en su papel; porque algunos

de ellos, para hacer reir á los oyentes más adustos, empiezan á dar

risotadas, cuando el interés del drama debería ocupar toda la atención.

Esto es indigno, y manifiesta en los necios que lo practican el ridículo

empeño de lucirlo. Id á prepararos.

ESCENA IX

HAMLET, POLONIO, RICARDO, GUILLERMO

HAMLET.--Y bien, Polonio, ¿gustará al rey de oir esta pieza?

POLONIO.--Sí, señor, al instante, y la reina también.

HAMLET.--Ve á decir á los cómicos que se despachen. ¿Queréis ir vosotros

á darles prisa?

RICARDO.--Con mucho gusto.

ESCENA X

HAMLET, HORACIO

HAMLET.--¿Quién es?... ¡Ah! Horacio.

HORACIO.--Veisme aquí, señor, á vuestras órdenes.

HAMLET.--Tú, Horacio, eres un hombre cuyo trato me ha agradado siempre.

HORACIO.--¡Oh! señor...

HAMLET.--No creas que pretendo adularte; ¿ni qué utilidades puedo yo

esperar de ti, que exceptuando tus buenas prendas, no tienes otras

rentas para alimentarte y vestirte? ¿Habrá quien adule al pobre? No...

Los que tienen almibarada la lengua, váyanse á lamer con ella la

grandeza estúpida, y doblen los goznes de sus rodillas donde la lisonja

encuentre galardón. ¿Me has entendido? Desde que mi alma se halló capaz

de conocer á los hombres y pudo elegirlos, tú fuiste el escogido y

marcado para ella; porque siempre, ó desgraciado ó feliz, has recibido

con igual semblante los premios y los reveses de la fortuna. Dichosos

aquéllos cuyo temperamento y juicio se combinan con tal acuerdo, que no

son entre los dedos de la fortuna una flauta dispuesta á sonar según

ella guste. Dame un hombre que no sea esclavo de sus pasiones, y yo le

colocaré en el centro de mi corazón: sí, en el corazón de mi corazón,

como lo hago contigo. Pero yo me dilato demasiado en esto. Esta noche se

representa un drama delante del rey; una de sus escenas contiene

circunstancias muy parecidas á las de la muerte de mi padre, de que ya

te hablé. Te encargo que cuando este paso se represente observes á mi

tío con la más viva atención del alma; si al ver uno de aquellos lances

su oculto delito no se descubre por sí solo, sin duda el que hemos visto

es un espíritu infernal, y son todas mis ideas más negras que los

yunques de Vulcano. Examínale cuidadosamente: yo también fijaré mi vista

en su rostro, y después uniremos nuestras observaciones para juzgar lo

que su exterior nos anuncie.

HORACIO.--Está bien, señor; y si durante el espectáculo logra hurtar á

nuestra indagación el menor arcano, yo pago el hurto.

HAMLET.--Ya vienen á la función; vuélvome á hacer el loco, y tú busca

asiento.

ESCENA XI

CLAUDIO, GERTRUDIS, HAMLET, HORACIO, POLONIO, OFELIA, RICARDO,

GUILLERMO y acompañamiento de damas, caballeros, pajes y guardias.

(_Suena marcha dánica_).

CLAUDIO.--¿Cómo estás, mi querido Hamlet?

HAMLET.--Muy bueno, señor; me mantengo del aire como el camaleón,

engordo de esperanzas. No podréis vos cebar así á vuestros capones.

CLAUDIO.--No comprendo esa respuesta, Hamlet, ni tales razones son para

mí.

HAMLET.--Ni para mí tampoco. ¿No dices tú que una vez representaste en

la universidad? ¿eh?

POLONIO.--Sí, señor, así es; y fuí reputado por muy buen actor.

HAMLET.--¿Y qué hiciste?

POLONIO.--El papel de Julio César. Bruto me asesinaba en el Capitolio.

HAMLET.--Muy bruto fué el que cometió en el Capitolio tan capital

delito. ¿Están ya prevenidos los cómicos?

RICARDO.--Sí, señor, y esperan sólo vuestras órdenes.

GERTRUDIS.--Ven aquí, mi querido Hamlet, ponte á mi lado.

(_Gertrudis y Claudio se sientan junto á la puerta por donde han de

salir los actores. Siguen por su orden las damas y caballeros.

Hamlet se sienta en el suelo á los pies de Ofelia_).

HAMLET.--No, señora; aquí hay un imán de más atracción para mí.

POLONIO.--¡Ah! ¡ah! ¿habéis notado eso?

HAMLET.--¿Permitiréis que me ponga sobre vuestra rodilla?

OFELIA.--No, señor.

HAMLET.--Quiero decir, apoyar mi cabeza en vuestra rodilla.

OFELIA.--Sí, señor.

HAMLET.--¿Pensáis que yo quisiera cometer alguna indecencia?

OFELIA.--No, no pienso nada de eso.

HAMLET.--¡Qué dulce cosa es...!

OFELIA.--¿Qué decís, señor?

HAMLET.--Nada.

OFELIA.--Se conoce que estáis de fiesta.

HAMLET.--¿Quién yo?

OFELIA.--Sí, señor.

HAMLET.--Lo hago sólo por divertiros. Y bien mirado, ¿qué debe hacer un

hombre sino vivir alegre? Ved mi madre qué contenta está, y mi padre

murió ayer.

OFELIA.--¡Eh! no, señor, que ya hace dos meses.

HAMLET.--¿Tanto ha? ¡Oh! pues quiero vestirme todo de armiños, y llévese

el diablo el luto. ¡Dios mío! ¿dos meses há que murió, y todavía se

acuerdan de él? De esa manera ya puede esperarse que la memoria de un

grande hombre le sobreviva quizás medio año; bien que es menester que

haya sido fundador de iglesias, que si no, por la Virgen santa no habrá

nadie que de él se acuerde, como del caballo de palo, de quien dice

aquel epitafio:

Ya murió el caballito de palo,

Y ya le olvidaron así que murió.

(Suenan trompetas, y se da principio á la escena muda.--Salen el

duque y la duquesa (que lo harán los cómicos primero y segundo); al

encontrarse, se saludan y abrazan afectuosamente; ella se arrodilla

mostrando el mayor respeto; él la levanta y reclina la cabeza

sobre el pecho de su esposa. Acuéstase el duque en un lecho de

flores, y ella se retira al verle dormido. Sale el cómico tercero

(que hace el papel de Luciano, sobrino del duque), se acerca, le

quita al duque la corona, la besa, le derrama en el oído una

porción de licor que lleva en un frasco, y hecho esto se va. Vuelve

la duquesa, y hallando muerto á su marido, manifiesta gran

sentimiento. Sale Luciano con dos ó tres que le acompañan, y hace

ademanes de dolor; manda retirar el cadáver, y quedando á solas con

la duquesa, la solicita y la ofrece dádivas; ella resiste un poco y

le desdeña, pero al fin admite su amor. Vanse.)

OFELIA.--¿Qué significa esto, señor?

HAMLET.--Esto es un asesinato oculto, y anuncia grandes maldades.

OFELIA.--Según parece, la escena muda contiene el argumento del drama.

ESCENA XII

Cómico cuarto y dichos

HAMLET.--Ahora lo sabremos por lo que nos diga ese actor; los cómicos no

pueden callar un secreto, todo lo cuentan.

OFELIA.--¿Nos dirá éste lo que significa la escena que hemos visto?

HAMLET.--Sí, por cierto, y cualquiera otra escena que le hagáis ver.

Como no os avergoncéis de representársela, él no se avergonzará de

deciros lo que significa.

OFELIA.--¡Qué malo, qué malo sois! Pero dejadme atender á la pieza.

CÓMICO 4.º--Humildemente os pedimos

que escuchéis esta tragedia,

disimulando las faltas

que haya en nosotros y en ella.

HAMLET.--¿Es esto prólogo, ú mote de sortija?

OFELIA.--¡Qué corto ha sido!

HAMLET.--Como cariño de mujer.

ESCENA XIII

Cómico primero, cómico segundo y dichos

CÓMICO 1.º--Ya treinta vueltas dió de Febo el carro á las ondas

saladas de Nereo y al globo de la tierra, y treinta veces con luz

prestada han alumbrado el suelo doce lunas, en giros repetidos,

después que el dios de amor y el himeneo nos enlazaron, para dicha

nuestra, en nudo santo el corazón y el cuello.

CÓMICO 2.º--Y ¡oh! quiera el cielo que otros tantos giros á la luna

y al sol, señor, contemos antes que el fuego; de este amor se

apague. Pero es mi pena inconsolable al veros doliente, triste y

tan diverso ahora de aquel que fuisteis... Tímida recelo... Mas

toda mi aflicción nada os conturbe; que en pecho femenil llega al

exceso el temor y el amor. Allí residen en igual proporción ambos

afectos, ó no existe ninguno, ó se combinan éste y aquél con el

mayor extremo. Cuán grande es el amor que á vos me inclina, las

pruebas lo dirán que dadas tengo; pues tal es mi temor. Si un fino

amante, sin motivo tal vez vive temiendo, la que al veros así toda

es temores, muy puro amor abrigará en el pecho.

CÓMICO 1.º--Sí, yo debo dejarte, amada mía; inevitable es ya;

cederán presto á la muerte mis fuerzas fatigadas; tú vivirás,

gozando del obsequio y el amor de la tierra. Acaso entonces un

digno esposo...

CÓMICO 2.º--No, dad al silencio esos anuncios. ¿Yo? Pues ¿no serían

traición culpable en mí tales afectos? ¿Yo un nuevo esposo? No; la

que se entrega al segundo señor, mató al primero.

HAMLET.--Esto es zumo de ajenjos.

CÓMICO 2.º--Motivos de interés tal vez inducen á renovar los nudos

de himeneo, no motivos de amor; yo causaría segunda muerte á mi

difunto dueño, cuando del nuevo esposo recibiera en tálamo nupcial

amantes besos.

CÓMICO 1.º--No dudaré que el corazón te dicta lo que aseguras hoy;

fácil creemos cumplir lo prometido, y fácilmente se quebranta y se

olvida. Los deseos del hombre á la memoria están sumisos, que nace

activa y desfallece presto. Así pende del ramo acerbo el fruto, y

así maduro, sin impulso ajeno, se desprende después. Difícilmente

nos acordamos de llevar á efecto promesas hechas á nosotros mismos,

que al cesar la pasión cesa el empeño. Cuando de la aflicción y la

alegría se moderan los ímpetus violentos, con ellos se disipan las

ideas á que dieron lugar, y el más ligero acaso los placeres en

afanes muda tal vez, y en risa los lamentos. Amor, como la suerte,

es inconstante: que en este mundo al fin nada hay eterno, y aun se

ignora si él manda á la fortuna, ó si ésta del amor cede al

imperio. Si el poderoso del lugar sublime se precipita, le

abandonan luego cuantos gozaron su favor; si el pobre sube á

prosperidad, los que le fueron más enemigos su amistad procuran (y

el amor sigue á la fortuna en esto) que nunca al venturoso amigos

faltan, ni al pobre desengaños y desprecios. Por diferente senda se

encaminan los destinos del hombre y sus afectos, y sólo en él la

voluntad es libre, mas no la ejecución; y así el suceso nuestros

designios todos desvanece. Tú me prometes no rendir á nuevo yugo

tu libertad... Esas ideas ¡ay! morirán cuando me vieres muerto.

CÓMICO 2.º--Luces me niegue el sol, frutos la tierra, sin descanso

y placer viva muriendo, desesperada y en prisión obscura, su mesa

envidie al eremita austero; cuantas penas el ánimo entristecen,

todas turben el fin de mis deseos y los destruyan, ni quietud

encuentre en parte alguna con afán eterno; si ya difunto mi primer

esposo, segundas bodas pérfida celebro.

HAMLET.--Si ella no cumpliese lo que promete...

CÓMICO 1.º--Mucho juraste... Aquí gozar quisiera

solitaria quietud; rendido siento

al cansancio mi espíritu. Permite

que alguna parte le conceda al sueño

de las molestas horas.

(_Se acuesta en un lecho de flores_)

Cómico 2.º-- El te halague

con tranquilo descanso, y nunca el cielo

en unión tan feliz pesares mezcle. (_Vase_).

HAMLET.--Y bien, señora, ¿qué tal os va pareciendo la pieza?

GERTRUDIS.--Me parece que esa mujer promete demasiado.

HAMLET.--Sí, pero lo cumplirá.

CLAUDIO.--¿Te has enterado bien del asunto? ¿Tiene algo que sea de mal

ejemplo?

HAMLET.--No, señor, no. Si todo ello es mera ficción; un veneno...

fingido; pero mal ejemplo, ¡qué! no, señor.

CLAUDIO.--¿Cómo se intitula este drama?

HAMLET.--_La Ratonera._ Cierto que sí... es un título metafórico. En

esta pieza se trata de un homicidio cometido en Viena... el duque se

llama Gonzago, y su mujer Baptista... Ya, ya veréis presto... ¡Oh! ¡es

un enredo maldito! ¿Y qué importa? A V. M. y á mí, que no tenemos

culpado el ánimo, no nos puede incomodar; al rocín que esté lleno de

mataduras le hará dar coces; pero á bien que nosotros no tenemos

desollado el lomo.

ESCENA XIV

Cómico tercero y dichos

HAMLET.--Este que sale ahora se llama Luciano, sobrino del duque.

OFELIA.--Vos suplís perfectamente la falta del coro.

HAMLET.--Y aun pudiera servir de intérprete entre vos y vuestro amante,

si viese puestos en acción entrambos títeres.

OFELIA.--¡Vaya, que tenéis una lengua que corta!

HAMLET.--Con un buen suspiro que deis, se le quita el filo.

OFELIA.--Eso es; siempre de mal en peor.

HAMLET.--Así hacéis vosotras en la elección de marido: de mal en peor...

Empieza, asesino... Déjate de poner ese gesto de condenado, y empieza.

Vamos... el cuervo graznador está ya gritando venganza.

CÓMICO 3.º--Negros designios, brazo ya dispuesto

á ejecutarlos, tósigo oportuno,

sitio remoto, favorable el tiempo,

y nadie que lo observe. Tú, extraído

de la profunda noche en el silencio,

atroz veneno de mortales hierbas

(invocada Prosérpina) compuesto;

infectadas tres veces, y otras tantas

exprimidas después, sirve á mi intento;

pues á tu actividad mágica, horrible,

la robustez vital cede tan presto.

(_Acércase adonde está durmiendo el cómico primero; destapa un

frasquillo, y le echa una porción de licor en el oído_).

HAMLET.--¿Veis? Ahora le envenena en el jardín para usurparle el cetro.

El duque se llama Gonzago... Es historia cierta, y corre escrita en muy

buen italiano. Presto veréis cómo la mujer de Gonzago se enamora del

matador.

(_Levántase Claudio lleno de indignación. Gertrudis, los

caballeros, damas y acompañamiento hacen lo mismo, y se van según

lo indica el diálogo_).

OFELIA.--El rey se levanta.

HAMLET.--Qué, ¿le atemoriza un fuego aparente?

GERTRUDIS.--¿Qué tenéis, señor?

POLONIO.--No paséis adelante, dejadlo.

CLAUDIO.--Traed luces. Vamos de aquí.

TODOS.--Luces, luces.

ESCENA XV

HAMLET, HORACIO, cómico primero, cómico tercero

(_Hamlet canta estos versos en voz baja, y representa los que

siguen después. Los cómicos primero y tercero estarán retirados á

un extremo del teatro, esperando sus órdenes_).

HAMLET.--El ciervo herido llora,

y el corzo no tocado

de flecha voladora,

se huelga por el prado;

duerme aquel, y á deshora

veis éste desvelado;

que tanto el mundo va desordenado.

Y dígame, señor mío: si en adelante la fortuna me tratase mal, con esta

gracia que tengo para la música y un bosque de plumas en la cabeza, y un

par de lazos provenzales en mis zapatos rayados, ¿no podría hacerme

lugar entre un coro de comediantes?

HORACIO.--Mediano papel.

HAMLET.--¿Mediano? excelente.

Tú sabes, Damón querido,

que esta nación ha perdido

al mismo Jove y violento

tirano le ha sucedido

en el trono mal habido,

un... ¿quién diré yo? un... un sapo.

HORACIO.--Bien pudierais haber conservado el consonante.

HAMLET.--¡Oh! mi buen Horacio; cuanto aquel espíritu dijo es demasiado

cierto. ¿Lo has visto ahora?

HORACIO.--Sí, señor, bien lo he visto.

HAMLET.--¿Cuando se trató del veneno?

HORACIO.--Bien, bien le observé entonces.

HAMLET.--¡Ah! quisiera algo de música (_A los cómicos_:) traedme unas

flautas... Si el rey no gusta de la comedia, será sin duda porque...

porque no le gusta. Vaya un poco de música.

ESCENA XVI

HAMLET, HORACIO, RICARDO, GUILLERMO

GUILLERMO.--Señor, ¿permitiréis que os diga una palabra?

HAMLET.--Y una historia entera.

GUILLERMO.--El rey...

HAMLET.--Muy bien: ¿qué le sucede?

GUILLERMO.--Se ha retirado á su cuarto con mucha destemplanza.

HAMLET.--¿De vino, eh?

GUILLERMO.--No, señor, de cólera.

HAMLET.--Pero ¿no sería más acertado írselo á contar al médico? ¿No veis

que si yo me meto en hacerle purgar ese humor bilioso, puede ser que se

le aumente?

GUILLERMO.--¡Oh! señor, dad algún sentido á lo que habláis, sin

desentenderos con tales extravagancias de lo que os vengo á decir.

HAMLET.--Estamos de acuerdo. Prosigue pues.

GUILLERMO.--La reina vuestra madre, llena de la mayor aflicción, me

envía á buscaros.

HAMLET.--Seáis muy bien venido.

GUILLERMO.--Esos cumplimientos no tienen nada de sinceridad. Si queréis

darme una respuesta sensata, desempeñaré el cargo de la reina; si no,

con pediros perdón y retirarme se acabó todo.

HAMLET.--Pues, señor, no puedo.

GUILLERMO.--¿Cómo?

HAMLET.--Me pides una respuesta, y mi razón está un poco achacosa: no

obstante, responderé del modo que pueda á cuanto me mandes, ó por mejor

decir, á lo que mi madre me manda. Con que nada hay que añadir en esto.

Vamos al caso. Tú has dicho que mi madre...

RICARDO.--Señor, lo que dice es que vuestra conducta la ha llenado de

sorpresa y admiración.

HAMLET.--¡Oh maravilloso hijo, que así ha podido aturdir á su madre!

Pero díme, ¿esa admiración no ha traído otra consecuencia? ¿No hay algo

más?

RICARDO.--Sólo que desea hablaros en su gabinete antes que os vayáis a

recoger.

HAMLET.--La obedeceré, si diez veces fuera mi madre. ¿Tienes algún otro

negocio que tratar conmigo?

RICARDO.--Señor, yo me acuerdo de que en otro tiempo me estimabais

mucho.

HAMLET.--Y ahora también. Te lo juro por estas manos rateras.

RICARDO.--Pero ¿cuál puede ser el motivo de vuestra indisposición? Eso,

por cierto, es cerrar vos mismo las puertas á vuestra libertad, no

queriendo comunicar con vuestros amigos los pesares que sentís.

HAMLET.--Estoy muy atrasado.

RICARDO.--¿Cómo es posible, cuando tenéis el voto del rey mismo para

sucederle en el trono de Dinamarca?

HAMLET.--Sí, pero mientras nace la hierba... Ya es un poco antiguo el

tal refrán. ¡Ah! ya están aquí las flautas.

ESCENA XVII

Cómico tercero y dichos

HAMLET.--Dejadme ver una.... ¿A qué tengo de ir ahí? (_Guillermo y

Ricardo se acercan á Hamlet con ademán obsequioso, siguiéndole adonde

quiera que se vuelve, hasta que viendo su enfado se apartan_) Parece que

me quieres hacer caer en alguna trampa, según me cercas por todos lados.

GUILLERMO.--Ya veo, señor, que si el deseo de cumplir con mi obligación

me da osadía, acaso el amor que os tengo me hace grosero también é

importuno.

HAMLET.--No entiendo bien eso. ¿Quieres tocar esta flauta?

GUILLERMO.--Yo no puedo, señor.

HAMLET.--Vamos.

GUILLERMO.--De veras que no puedo.

HAMLET.--Yo te lo suplico.

GUILLERMO.--Pero si no sé palabra de eso...

HAMLET.--Más fácil es que tenderse á la larga. Mira, pon el pulgar y los

demás dedos según convenga sobre estos agujeros, sopla con la boca, y

verás qué lindo sonido resulta. ¿Ves? Estos son los puntos.

GUILLERMO.--Bien, pero si no sé hacer uso de ellos para que produzcan

armonía. Como ignoro el arte...

HAMLET.--Pues mira tú en qué opinión tan baja me tienes. Tú me quieres

tocar, presumes conocer mis registros, pretendes extraer lo más íntimo

de mis secretos, quieres hacer que suene desde el más grave al más agudo

de mis tonos; y ve aquí este pequeño órgano, capaz de excelentes voces y

de armonía, que tú no puedes hacer sonar. ¿Y juzgas que se me tañe á mí

con más facilidad que á una flauta? No, dame el nombre del instrumento

que quieras: por más que le manejes y te fatigues, jamás conseguirás

hacerle producir el menor sonido.

ESCENA XVIII

POLONIO y otros

HAMLET.--¡Oh! Dios te bendiga.

POLONIO.--Señor, la reina quisiera hablaros al instante.

HAMLET.--¿No ves allí aquella nube que parece un camello?

POLONIO.--Cierto, así en el tamaño parece un camello.

HAMLET.--Pues ahora me parece una comadreja.

POLONIO.--No hay duda, tiene figura de comadreja.

HAMLET.--O como una ballena.

POLONIO.--Es verdad, sí, como una ballena.

HAMLET.--Pues al instante iré á ver á mi madre. Tanto harán éstos, que

me volverán loco de veras. Iré, iré al instante.

POLONIO.--Así se lo diré.

HAMLET.--Fácilmente se dice: al instante viene... Dejadme solo, amigos.

ESCENA XIX

HAMLET

Este es el espacio de la noche apto á los maleficios. Esta es la hora en

que los cementerios se abren, y el infierno respira contagios al mundo.

Ahora podría yo beber caliente sangre; ahora podría ejecutar tales

acciones, que el día se estremeciese al verlas. Pero vamos á ver á mi

madre. ¡Oh corazón! no desconozcas la naturaleza, ni permitas que en

este firme pecho se albergue la fiereza de Nerón. Déjame ser cruel, pero

no parricida. El puñal que ha de herirla esté en mis palabras, no en mi

mano; disimulen el corazón y la lengua; sean las que fueren las

execraciones que contra ella pronuncie, nunca, nunca mi alma solicitará

que se cumplan.

ESCENA XX

Gabinete

CLAUDIO, RICARDO, GUILLERMO

CLAUDIO.--No, no le quiero aquí, ni conviene á nuestra seguridad dejar

libre el campo á su locura. Preveníos, pues, y haré que inmediatamente

se os despache para que él os acompañe á Inglaterra. El interés de mi

corona no permite ya exponerme á un riesgo tan inmediato, que crece por

instantes en los accesos de su demencia.

GUILLERMO.--Al momento dispondremos nuestra marcha. El más santo y

religioso temor es aquél que procura la existencia de tantos individuos,

cuya vida pende de V. M.

RICARDO.--Si es obligación en un particular defender su vida de toda

ofensa, por medio de la fuerza y el arte, ¿cuánto más lo será conservar

aquélla en quien estriba la felicidad pública? Cuando llega á faltar el

monarca, no muere él solo, sino que á manera de un torrente precipitado

arrebata consigo cuanto le rodea, como una gran rueda colocada en la

cima del más alto monte, á cuyos enormes rayos están asidas

innumerables piezas menores, que si llega á caer, no hay ninguna de

ellas, por más pequeña que sea, que no padezca igualmente en el total

destrozo. Nunca el soberano exhala un suspiro, sin excitar en su nación

general lamento.

CLAUDIO.--Yo os ruego que os prevengáis sin dilación para el viaje.

Quiero encadenar este temor, que ahora camina demasiado libre.

LOS DOS.--Vamos á obedeceros con la mayor prontitud.

ESCENA XXI

CLAUDIO, POLONIO

POLONIO.--Señor, ya se ha encaminado al cuarto de su madre. Voy á

ocultarme detrás de los tapices para ver el suceso. Es seguro que ella

le reprenderá fuertemente; y como vos mismo habéis observado muy bien,

conviene que asista á oir la conversación alguien más que su madre, que

naturalmente le ha de ser parcial, como á todas sucede. Quedaos adiós;

yo volveré á veros antes que os recojáis, para deciros lo que haya

pasado.

CLAUDIO.--Gracias, querido Polonio.

ESCENA XXII

CLAUDIO

¡Oh, mi culpa es atroz! Su hedor sube al cielo, llevando consigo la

maldición más terrible; la muerte de un hermano. No puedo recogerme á

orar, por más que eficazmente lo procuro; que es más fuerte que mi

voluntad el delito que la destruye. Como el hombre á quien dos

obligaciones llaman, me detengo á considerar por cuál empezaré primero,

y no cumplo ninguna... Pero si este brazo execrable estuviese aún más

teñido en la sangre fraterna, ¿faltará en los cielos piadosos suficiente

lluvia para volverle cándido como la nieve misma? ¿De qué sirve la

misericordia, si se niega a ver el rostro del pecado? ¿Qué hay en la

oración sino aquella duplicada fuerza, capaz de sostenernos al ir á

caer, ó de adquirirnos el perdón habiendo caído? Sí, alzaré mis ojos al

cielo, y quedará borrada mi culpa... Pero ¿qué género de oración habré

de usar? Olvida, Señor, olvida el horrible homicidio que cometí... ¡Ah!

que será imposible, mientras vivo poseyendo los objetos que me

determinaron á la maldad: mi ambición, mi corona, mi esposa... ¿Podrá

merecerse el perdón cuando la ofensa existe? En este mundo estragado

sucede con frecuencia que la mano delincuente, derramando el oro, aleja

la justicia y corrompe con dádivas la integridad de las leyes; no así en

el cielo, que allí no hay engaños, allí comparecen las acciones humanas

como ellas son, y nos vemos compelidos á manifestar nuestras faltas

todas sin excusa, sin rebozo alguno... En fin, ¿qué debo hacer?...

Probemos lo que puede el arrepentimiento... ¿y qué no podrá?... Pero

¿qué ha de poder con quien no puede arrepentirse? ¡Oh situación infeliz!

¡Oh conciencia, ennegrecida con sombras de muerte! ¡Oh alma mía

aprisionada! que cuanto más te esfuerzas para ser libre, más quedas

oprimida. ¡Angeles, asistidme! Probad en mí vuestro poder. Dóblense mis

rodillas tenaces; y tú, corazón mío de aceradas fibras, hazte blando

como los nervios del niño que acaba de nacer. Todo, todo puede

enmendarse.

(_Se arrodilla y apoya los brazos y la cabeza en un sillón_).

ESCENA XXIII

CLAUDIO, HAMLET

Hamlet: Drama en cinco actos · 第 4 / 8 段