=480.= "Obispo de Cerdeña", se lee en la edición de Toledo,

1527, de su _Cancionero_. El _Vita Christi cartuxano romançada_

fué magníficamente impreso á costa de Cisneros, inaugurando

con él la tipografía de Alcalá, en cuatro volúmenes en folio;

al fin del primero se lee: "en la muy noble villa de Alcalá

d'henares | a xxvij días del mes de Hebrero del año de nra.

reparacion de mill y quinientos y tres". Los tomos II y III

llevan la misma fecha; el IV, en algunos ejemplares, lleva la

de 1502, de modo que debió de haber dos ediciones. (Catalina

García, _Ensayo de una Tipografía Complutense_, Madrid, 1889).

De las notas finales de estos tomos se saca que fray Ambrosio

dióse á esta traducción en Huete, "cibdad de su nacimiento é

naturaleza, XXIX dias del mes de noviembre año de la natividad

del señor de mil y quatrocientos y noventa y nueve años", y

que acabó la primera parte aquel mismo año en la villa de

Cifuentes. En 1446 había sido traducida esta obra en portugués

por fray Bernardo de Alcobaza, cisterciense, y en 1495, Lisboa,

se imprimió en cuatro tomos en folio, probablemente, la misma,

según cree M. Pelayo. No se confunda el _Vita Christi_ del

Cartujano con otras obras del mismo título y asunto, como

la del catalán fray Francisco Eximenis, obispo de Elna, la

cual hizo traducir al castellano con adiciones fray Hernando

de Talavera, y pasa por el primer libro impreso en Granada:

_Primer volumen de Vita Xpī de fray Francisco Ximenes,

corregido y añadido por el arzobispo de Granada, y hizole

1496._ Otra _Vita Christi_, rarísima, es de la abadesa de la

Trinidad, sor Isabel de Villena (en el siglo doña Leonor Manuel

de Villena, hija natural del famoso marqués don Enrique),

Valencia, 1497. Los diversos volúmenes del _Cartujano_, de

Montesino, fueron varias veces reimpresos, casi siempre

en Sevilla, 1520, 1531, 1537, 1543, 1544, 1551..., 1627.

_Evangelios, Epístolas, Lecciones y Prophecias, que la sancta

Iglesia canta en la Missa por todo el año. Va al principio

una espiritual consideracion en los passos de la Missa, y

significaciones de los Mysterios della. Con los siete Psalmos y

la Missa de N. S.ª,_ Toledo, 1512, 1532, 1535; Sevilla, 1540;

Amberes, 1544; Zaragoza, 1555; Medina, 1586. En la _epístola

prohemial_ se dice: "La cual obra vuestra Alteza mandó á mí su

más leal y antiguo predicador y siervo _reformar_, _restaurar_

y _reduzir_ á la verdadera interpretacion é integridad della

segun el romance de Castilla, porque estaba muy corrompida,

confusa e disforme: así por la impropiedad y torpedad de los

vocablos que tenía, como por la confusion y escuridad de las

sentencias". Las _Meditaciones de San Agustín_ se guardan en la

Biblioteca de la Historia (colección Salazar). Del _Cancionero

de diversas obras de nuevo trobadas_ hay seis ediciones por lo

menos, Toledo, 1508, 1520, 1527, 1537; Sevilla, 1537; Toledo,

1547. _Breviario de la Inmaculada Concepcion de la Virgen_,

Toledo, 1508. Una noticia bibliográfica del _Cancionero_ (ed.

1527) y de otros dos rarísimos libros se halla en el _Bulletin

du Bibliophile_, de Techener, París, 1844, págs. 1157-1161, por

A. Jubinal, notando las reminiscencias de canciones populares

que tiene. Los _Cantos espirituales_, del Beato Jacopone debió

de conocerlos en su original, pues no fueron trasladados al

castellano hasta 1586.

Ambrosio Montesino. _Cancionero de diversas obras de nuevo

trovadas_, etc., Bibl. de Aut. Esp., t. XXXV.

=481.= _Año 1499._ GARCI SÁNCHEZ DE BADAJOZ (1460?-1526?), nació

en Écija, oriundo acaso de Badajoz, tal vez de la familia del

dramaturgo Diego Sánchez de Badajoz, de principios del siglo XVI, cuya

_Recopilación en metro_ ha exhumado Barrantes. Dicen que perdió el

juicio (hacia 1525) por la pasión amorosa con que amó á una su prima,

habiendo antes sido muy gentil y discreto cortesano, celebrado por su

lindo humor y agudos dichos. Las _Liciones de Job apropiadas á las

pasiones de amor_ escandalizaron á los moralistas y fueron expurgadas

por la Inquisición del _Cancionero general_, aunque esto de mezclar

lo sagrado con lo profano fué abuso de no pocos poetas cortesanos de

los siglos XV y XVI, y no sólo es sacrílego, pero feo y antiestético,

como lo hemos visto hacer modernamente en algunos teatros ó teatrillos

madrileños, sino que los antiguos lo hacían con la mejor fe del mundo

buscando la originalidad, y los modernos buscando la originalidad

y acoceada la fe y aun todos los respetos á los que la conservan y

volviendo al revés la historia y manchando los personajes más puros

de la Escritura. Alegoría dantesca es el _Infierno de Amor_, hecha de

retazos de canciones enamoradas, debidas á otros trovadores que allí

cantan sus cuitas. En el _Sueño_ y en el romance _Caminando por mis

males_ hay cierto sentimentalismo melancólico y vago, poco común en la

poesía lírica castellana. Donaire y soltura tienen sus _reqüestas_,

_canciones_, _villancicos_, _dezires_. Herrera, en sus _Anotaciones á

Garcilaso_, celebra las _Lamentaciones de amores_, hechas en el metro

de las _Coplas_ de Jorge Manrique. Juan de Valdés, en el _Diálogo de la

lengua_, alaba su estilo y Lope de Vega, en el prólogo del _Isidro_,

dice: "¿Qué cosa se iguala á una redondilla de Garci Sánchez ó de don

Diego de Mendoza?". Según fray Jerónimo Román (_Repúblicas del mundo_,

Medina, 1575, pte. 2. f. 236), su "ingenio en vihuela no lo pudo haber

mejor en tiempo de los Reyes Católicos, y así, dándose mucho á amar y

querer y á la música, perdió el juicio".

=482.= En un cuento de Juan Alonso Aragonés y en _El Diablo

Cojuelo_ se dice que era ecijano. En el segundo: "De aquí fué

Garci Sánchez de Badajoz, aquel insigne poeta castellano".

En _La Celestial Jerarquía é Infernal Labirinto_: "Las cosas

de la Sagrada Escriptura profanaba trayéndolas á su vano

amor ó más verdaderamente furioso desatino, como paresce en

las Liciones suyas de Job por él trovadas... Pues por estos

desatinos está loco en cadenas, al cual nuestro Señor con

misericordia le privó de aquello que con su franca largueza

le había comunicado". De sus agudezas se leen dos en las

de Juan Aragonés, que acompañan al _Sobremesa y alivio de

caminantes_, de Juan de Timoneda en algunas ediciones, y otro

en el _Libro de chistes_, de Luis de Pinedo (_Liber facetiarum

et similitudinum Ludovici de Pinedo et aliorum_, Ms. de la

Nacional, publicado por Paz y Meliá en _Sales Españolas_,

Madrid, 1890, pág. 295). En el mismo Timoneda (parte 1.ª,

cuento 55) se atribuye á "un caballero muy enamorado y grande

poeta", y además se cuenta otro chiste (parte 1.ª, cuento

83), y otro en _Quien ama no haga fieros_, de Lope de Vega.

Los versos de Garci Sánchez se hallan parte en el _Cancionero

general_, en el _Cancionero de Romances_ y en pliegos sueltos.

Consúltense: E. Cotarelo y Mori, _Estudios de historia

literaria_, Madrid, 1901, págs. 33-52; señora C. Michaëlis de

Vasconcellos, _Revista crítica_, etc. (abril, 1897), págs.

114-133; M. Menéndez y Pelayo, _Antología de poetas líricos_,

etc., t. VI, págs. CCCVI-CCCXXI.

=483.= _Año 1499._ DIEGO GUILLÉN DE ÁVILA, donde sin duda nació,

fué hijo del trovador Pero Guillén de Segovia, se crió en el palacio

arzobispal de Toledo, estuvo en Roma con un sobrino del arzobispo

D. Alonso Carrillo y protegido por el cardenal Ursino, fué nombrado

canónigo de Palencia, aunque no residió allí mucho tiempo. Tradujo

á Frontino y los libros de Hermes Trismegisto y compuso en verso el

_Panegírico de la Reina Católica_ (1499), y el _Panegírico de don

Alonso Carrillo_, en coplas de arte mayor y con la alegoría dantesca,

la erudición, y aun latinismos de Juan de Mena.

_Los cuatro libros de Sexto Julio Frontino, Consul Romano. De los

ejemplos, consejos y avisos de la guerra_, Salamanca, 1516. La

traducción de Hermes, hecha en 1487 sobre la versión latina de Marsilio

Ficino, fué enviada á Juan de Segura el mismo año y hay un ejemplar en

la Biblioteca de El Escorial. _Panegirico compuesto por Diego Guillén

de Ávila en alabança de la más catholica Princesa y más gloriosa

reyna de todas las reynas, la reyna doña Isabel, nuestra señora que

santa gloria aya, é á su alteza dirigida. Ε otra obra compuesta por

el mismo Diego Guillén en loor del reverendissimo señor don Alonso

Carrillo, arzobispo de Toledo, que aya santa gloria_, Salamanca, 1507;

Valladolid, 1509. Atribúyesele también una _Égloga interlocutoria,

graciosa y por gentil estilo nuevamente trobada por Diego de Ávila,

dirigida al Gran Capitán_, Alcalá, 1511. No se conoce el autor de

esta obrita, de la escuela de Enzina, reimpresa en el _Criticón_, de

Gallardo.

=484.= En 1499 PEDRO PINTOR, valentino, médico y familiar de

Alejandro VI, publicó _Aggregator Sententiarum Doctorum omnium

de praeservatione et curatione pestilentiae_, Roma; tiene dos

capítulos importantes "de morbo foedo".

En 1499 se publicó el _Tractado de la vida y estado de la

perfección_, anónimo, Salamanca.

En 1499 GUILLERMO DE PERALTA publicó _Doctrina de religiosos_,

Pamplona.

En 1499 FRAY GAUBERTO FABRICIO DE VAGAD, monje bernardo,

publicó la _Crónica de Aragón_, Zaragoza. Consúltense: Nicol.

Antonio, _Bibl. His. vet._, t. II, l. X, c. XV, núm. 849;

Méndez, pág. 146, núm. 25; Latassa, _Bibl. ant._, t. II, pág.

348; De La Serna, Santander, t. III, página 411; Hain, núm.

15.758; _Bibliogr. zarag. del siglo XV_, pág. 155.

En 1499 FRAY ALONSO DE FUENTIDUEÑA, franciscano, publicó

_Título Virginal de N. Señora_, Pamplona.

En 1499 se tradujo del francés, en que la había compuesto

FELIPE CAMUS, é impreso el año de 1492 en Ginebra (_Revue

Hisp._), la _Historia de los nobles caualleros Oliueros de

Castilla y Artus dalgarbe_, Burgos; reproducida por Huntington

en 1902; Valladolid, 1504; Valencia, 1505; Sevilla, 1507, 1509,

1510, 1544; Burgos, 1554; Alcalá, 1604; Madrid, 1735. _La

Historia de los nobles cavalleros Oliveros de Castilla y Artus

dalgarbe_, Burgos, 1499 [facsímile por Archer M. Huntington,

New York, 1902]; ed. A. Bonilla y San Martín, Nueva Bibl.

de Aut. Esp., t. XI. Consúltese: R. Foulché-Delbosc, _Revue

Hispanique_ (1902), t. IX, Págs. 587-595.

=485.= JUAN FERNÁNDEZ DE CONSTANTINA, vecino de Bélmez, copiló

el hoy rarísimo _Cancionero llamado Guirlanda Esmaltada de

galanes y eloquentes dezires de diversos autores_, que tuvo

á la vista Hernando del Castillo para el suyo, impreso en

1511. Prepara edición de aquel _Cancionero_ la Sociedad de

Bibliófilos Madrileños.

JOAN ESCRIVÁ, poeta valenciano y embajador de los Reyes

Católicos cerca la Santa Sede desde 1497, versificó desde

1490 en valenciano, y con delicadeza y aun sentimiento en

castellano. Suya es la célebre poesía _Ven, muerte, tan

escondida_, que citó Cervantes (_Quijote_, II, 38) y Calderón

(_El mayor monstruo los zelos_, 3, 11) y glosó Lope de

Vega. Diálogo en prosa y verso, que huele á drama, es el de

_Una quexa que da de su amiga ante el dios de Amor_. En el

_Cancionero general_ hay 28 composiciones suyas.

En los últimos años del siglo XV imprimió el bachiller ALONSO

SPAÑON la _Introducción muy util é breve de canto llano_.

De anónimo es el _Arte de canto llano_, de la misma época.

De fines del siglo XV fué el jurisconsulto zaragozano PEDRO

DE LA CABALLERÍA, de los que recopilaron las costumbres de

Aragón, complemento de sus fueros; tuvo cargos reales y asistió

á las bodas de los Reyes Católicos. _Zelus Christi contra

judaeos, Sarracenos et Infidelis_, Venecia, 1592 (véase núm.

360). Anónimo: _Libro de los pensamientos variables_. Á fines

del siglo XV FRAY GONZALO DE FRÍAS, jerónimo del Parral:

_Philosophia, Ethica, Politica et Oeconomica. Sermones_, 2

vols. _Super cantica Salomonis. Epistolae. Historia fundationis

monasterii S. Hieronymi Granatensis._

FRAY GUILLERMO GORRIS, franciscano, aragonés, antes de 1500

escribió _Scotus Pauperum_.

=486.= Conviene acabar el siglo XV hablando del _Romancero_. En el

siglo XV comienzan á citar los eruditos y á recoger los romances

anónimos populares y aun á refundirlos, después de tantos siglos

en que los habían tenido por cosa vil de la plebe, indigna de

escribirse. "Ínfimos son aquéllos", decía á mediados del mismo siglo

XV Santillana, "que sin ningún orden, regla ni cuento façen estos

romances e cantares, de que las gentes de baxa é servil condicion se

alegran". Argote de Molina nos dice (discurso, _Conde Lucanor_, edic.

1575, fols. 92-93) que en el _Cancionero_ del infante D. Juan Manuel

(fallecido en 1347), que poseyó y pensó publicar, había romances. Hemos

hallado versos del pie de romance en el _Mio Cid_ y en los primeros

monumentos castellanos y hemos visto que este metro, el verdaderamente

nacional, fué antiquísimo en España, nacido con el mismo idioma,

llamado también romance, como derivado por el pueblo del trocaico

tetrámetro latino. Los romances _viejos_ son los que se trasmitieron

por tradición oral y fueron después recogidos y publicados en pliegos

sueltos desde la primera mitad del siglo XVI y en los _Cancioneros_,

enteramente populares y anónimos, en tono sencillo, pero enérgico y

hasta dramático. Después, en el siglo XVI, los eruditos compusieron

otros, sacándolos de las _Crónicas_ é imitando á los viejos, aunque más

prolijos y secos que realmente poéticos: son los que suelen llamarse

_eruditos_ ó _antiguos_. Finalmente, los grandes poetas, sobre todo

de comienzos del siglo XVII, hicieron los _artísticos_, como Góngora

y Quevedo, sin imitar los viejos, aunque tomándoles algunos giros,

puliendo el metro y adornándolos con todas las galas poéticas de forma

que supieron, pero que ya no cantaban tanto la patria, como los alardes

de su propio ingenio. Lo que antiguamente era pueblo español se había

desmembrado en personas y vulgo, y así el vulgo, como contrapuesto

al resto de la sociedad, ya no pudo cantar romances populares, sino

_vulgares_, mientras los artistas entonaban los suyos, ni vulgares ni

populares, sino individuales.

Los _viejos_ los clasifica M. Pelayo según su asunto: I. Históricos:

1. Sobre el rey don Rodrigo y la pérdida de España. 2. Sobre Bernardo

del Carpio. 3. Sobre Fernán González y sus sucesores. 4. Sobre los

Infantes de Lara. 5. Sobre el Cid. 6. Sobre episodios históricos

españoles. 7. Sobre el rey don Pedro. 8. Fronterizos.--II. Del ciclo

carolingio.--III. Del ciclo bretón--IV. Novelescos.--V. Líricos

puramente.

Los _romances moriscos_ se compusieron por nuestros poetas á fines

del siglo XVI y comienzos del XVII y aluden á la guerra de Granada,

todos inventados, pero remedando no sin gracia y color los viejos

fronterizos. Los de _germanía_ son los de rufianes y ladrones de

la misma época, como las jácaras. Hiciéronse también literarios,

religiosos, morales, filosóficos. Los _vulgares_ y posteriores á la

época clásica se hicieron y hacen acerca de todo linaje de asuntos.

Los románticos eruditos del siglo XIX los hicieron de leyendas

preciosísimos, como el Duque de Rivas, Zorrilla, etc.

Toda la vida española se halla en el _Romancero_. Nacido del pueblo

y despreciado por muchos siglos, vino á ser desde el XV la poesía,

no sólo popular, como antes, sino también erudita, la más nacional

y propia de nuestro idioma y del espíritu español. El _Romancero_

es acaso el monumento más grandioso de la literatura castellana, y

el hecho de haberlo sacado el arte de entre las gentes del pueblo,

es quizá el más trascendental de su historia. Este acontecimiento,

que enlaza y aúna lo popular con lo erudito en esta época de pujante

nacionalidad, debiera haber sucedido en el siglo XII; perdiéndose así

varios siglos de épica verdaderamente nacional por haber preferido

los poetas eruditos de entonces el espíritu eclesiástico-francés al

espíritu popular español.

=487.= La épica popular castellana, ó mejor digamos española,

pues brotó en toda la Península, sube á flor de la literatura

erudita ó escrita en el siglo XV. Parece brotar como por

ensalmo, repentinamente, esto es, les da á los eruditos por

sacarla del pueblo y llevarla á sus escritos, tan elegante en

su ligero ropaje, tan acabada en sus sencillos contornos, tan

concisa en pinceladas, tan musical en dejos, que bien se echa

de ver llevaba muchos años de vida lozana, aunque menospreciada

por los pendolistas. No era, con todo, ese menosprecio para

estar enteramente encubierta, y así es sobremanera extraño que

entre los eruditos corra por cosa asentada que su nacimiento

no ha de ponerse más que en el mismo siglo XV ó poco antes. La

épica de que hablo es el famoso _Romancero_. Desde que en el

siglo XV se pusieron romances por escrito no han acabado de

ponerse hasta el día de hoy, componiéndolos lo mismo la gente

de letras que el pueblo sin ellas. Un tomo entero ha publicado

Menéndez y Pelayo de romances recogidos en estos últimos

tiempos en todas las provincias de España y entre los judíos

españoles de Oriente; otros tomos se van publicando nuevos aún

de romances americanos. Y eso que todos ellos son de asuntos

antiguos, algunos antiquísimos, dejando como cosa sabida los

que se cantan por ahí flamantes y recién sacados del horno

sobre asuntos de nuestros mismos días. Así como se escriben y

cantan romances hace cinco siglos, así se cantaron entre el

pueblo muchos siglos antes, sin que se escribieran. No parece

sino que para algunos autores no hay literatura mientras no se

escribe, como mientras no se escribe, paréceles á los mismos

que no hay lenguaje. Por no haberse escrito el castellano hasta

el siglo XII se dan á entender que en el siglo XII ó poco antes

nació el castellano. Pero el castellano vivió muchos siglos sin

escribirse, y sin escribirse vivió otros tantos el romancero.

Vimos, efectivamente, que la primera manifestación de la

literatura escrita en castellano en el siglo XII fué la épica,

que por imitar á los franceses pusieron en verso alejandrino y

en otros metros franceses nuestros eruditos de entonces, que

eran los clérigos; pero que esa épica la sacaron del pueblo,

que no hicieron más que mudarle el metro y escribirla y luego

desvirtuarla y echarla á perder por abandonar otra vez la musa

popular y darse á asuntos latino-eclesiásticos. Vimos cómo

aquella épica popular debía de cantarse en pie de romance,

puesto que luchan los escritores por despegarse de este metro

español y atenerse á los metros extraños y se les escapan no

pocos versos de pie de romance: quiere decir que la épica

popular en el siglo XII y aun mucho antes era el romancero, el

mismo romancero que pasó á la literatura escrita en el siglo

XV. Dígase, en hora buena, que no se hallan romances escritos

hasta el siglo XV; pero añádase que en el metro del romance

cantaban los juglares la epopeya castellana desde antes del

siglo XII, y esto en trozos como los que hallamos en _Mio

Cid_ y en las _Crónicas_, lo cual es lo mismo que decir que

desde antes del siglo XII lo que cantaban los juglares eran

verdaderos romances, que el romancero vivía en España desde que

hubo juglares. ¿Desde cuándo? Desde que el pueblo, autor del

pie de romance, cantaba en mal latín y verdadero castellano

versos trocaicos tetrámetros acataléticos con rima, como los

que San Agustín hizo entre los siglos IV y V en latín, el

más allegado al romance popular de África. Porque después

de muerto del todo el latín, no iba el pueblo á sacar ese

metro de los tratadistas latinos de métrica. Y que fué obra

popular y no erudita es tan manifiesto, que jamás los eruditos

compusieron versos trocaicos de ese metro hasta que los tomaron

del pueblo, y eso á desgana, como el autor de _Mio Cid_, que

le salen sin querer, antes pretendiendo hacer sólo versos

franceses de ritmo yámbico, que era el ritmo eclesiástico. Hay

que hacer hincapié en este punto. El ritmo eclesiástico y por

consiguiente erudito, fué el yámbico, y ese mismo fué el ritmo

nacional francés, por ser el cortado conforme á aquel idioma;

el ritmo trocaico fué el nacional y puramente popular español,

desconocido ó menospreciado por los clérigos españoles, pero

que venció y se lo llevó todo de calle á fines del siglo XV,

sepultando para siempre los metros eruditos de origen extraño,

como suele quedar vencedor y dueño del campo, tarde ó temprano,

todo lo que es popular, porque, por serlo, es lo nacional, lo

natural y nacido en el pueblo y nación.

No hay duda que entre los romances del siglo XV los

más populares, nacionales y acabados son los _romances

fronterizos_, los que cantaban las hazañas guerreras

nacionales. Ahora bien, ¿qué es eso, sino la misma épica

castellana cantada por los juglares de los siglos XI y XII en

sus cantares de gesta y que aparece de repente en los primeros

escritos, en el _Cantar de Mio Cid_? Bien se ve, pues, que el

romancero es continuación de los cantares de gesta: no retazos

de las gestas antiguas, sino las mismas gestas del siglo XV,

de manera que las gestas de los siglos XI y XII eran tan

romances como los del siglo XV. Del caos métrico del _Mio Cid_

no nació el romance, como quiso Menéndez y Pelayo; aquel caos

es fruto de la lucha entre el romance popular de entonces y el

alejandrino erudito, además de la torpeza de los copistas, que

acabaron de hacer verdadero caos la métrica de aquel cantar.

Los eruditos que en el siglo XVI hacían "sus romances nuevos

sacados de crónicas", á imitación de los viejos, fueron muchas

veces no más que refundidores de su prosa en los romances

primitivos que les habían servido de originales, como dice

Wolf (Introd. _Primav. y flor de romances_). Tan claro es y

tan averiguado, aun por los autores del siglo XVI, que los

romances se habían cantado antes del siglo XII y que estaban

prosificados por decirlo así en las _Crónicas_, que comienzan á

escribirse en aquel siglo.

=488.= Según una teoría de M. Pidal, los _cantares de gesta_,

compuestos originariamente para la aristocracia, pasaron,

en la época de su decadencia, de los castillos á la plaza

pública. El recitado de esos largos poemas gustó de manera al

pueblo, que reteniendo éste algunos trozos sueltos, recitados

ante él por los juglares, creó espontánea y colectivamente

los romances. Este cambio comenzaría en el siglo XIV y los

más antiguos romances no serían más que retazos más ó menos

modificados de las últimas canciones de gesta. Á la par, los

juglares fueron haciéndolos en la misma guerra con los moros,

y esos son los romances fronterizos. Esta manera de discurrir

es contraria á lo que la historia de la literatura nos enseña

que ha sucedido en todas partes. Los géneros literarios, la

literatura, cualquiera que sea, nunca bajó de la aristocracia

al pueblo, antes siempre subió del pueblo á las clases elevadas

y eruditas. Tal sucedió en Grecia, en España, en todas partes.

Literatura nacida en las altas capas sociales jamás penetró

en el pueblo: ejemplo vivo tenemos en la literatura romana,

que, por haber llegado de Grecia á las personas cultas, jamás

llegó á ser popular. En cambio, el pueblo romano conservó

siempre su literatura propia, y, muerta la helénico-erudita,

subió á lo alto, á los eruditos y sociedad culta en todas

las naciones románicas. Los gustos del pueblo y los de la

aristocracia son opuestos. Además, el arte que nace entre

eruditos, á causa de ser obra individual, por grande que sea

el ingenio que la labre, es infecunda; la fecundidad es propia

de lo inconsciente, del pueblo, lo mismo en los idiomas que

en la literatura, que, al fin y al cabo, es una hijuela del

idioma, la gran creación artística popular, social, en la cual

no tiene el menor poder el individuo como tal. Ya he tratado

este punto, y cuanto á las gestas y á los romances, harto queda

probado que son una misma épica popular, sacadas aquéllas del

pueblo en los siglos XII y XIII, y éstos en el XV. Cuanto á los

fronterizos, ha probado Foulché-Delbosc que los escogidos por

M. Pidal no son, como él necesitaba lo fueran, contemporáneos

de los acontecimientos que cantan, pues dichos acontecimientos

son imaginarios. Ni siquiera se inspiraron algunos romances en

las gestas de la decadencia, sino en otros tan populares como

ellos y más antiguos, de los cuales son, en cambio, eco las

mismas gestas. La épica ni la lírica popular no deben nada á la

literatura erudita, antes la épica y la lírica de los eruditos

nacieron de la épica y lírica popular. Es imposible que una

gesta se transforme en un romance por medio de la transmisión

oral; tan imposible como que el metro yámbico alejandrino se

transforme en el trocaico del pie de romance.

Vuelvo, pues, á la doctrina de Durán y Wolf: "los primitivos

ensayos de la poesía castellana vulgar debieron ser los

romances"; "es un axioma, ahora generalmente reconocido en la

historia literaria, que en el desarrollo espontáneo y natural

de toda literatura verdaderamente nacional--y la española es

nacional, y muy nacional--siempre precede la poesía á la prosa,

la poesía popular á la artística, y en la poesía popular, la

épica ó lírico-épica á la lírica pura" (Wolf, _Primavera y flor

de romances_, introd.).

=489.= Siendo populares y anónimos los romances, no es fácil

saber la época en que se hicieron. Los tres más de antiguo

conocidos son de Rodríguez de la Cámara, de hacia el año 1440;

pero aquel poeta no hizo más que refundirlos. Otros dos se

atribuyen á Carvajal en el _Cancionero de Stúñiga_, y una de

las composiciones del mismo Carvajal (_Retrayda esta la reyna_)

fué escrito el 1442. El _Cancionero espiritual_, de fray

Ambrosio Montesino (1508), trae un romance sobre la muerte de

Alfonso de Portugal, yerno de los Reyes Católicos (1491), y así

debió componerse entre 1491 y 1508. Los más antiguos romances

se hallan en el _Cancionero_, de Fernández de Constantina

(véase nuestro núm. 485), en el _Cancionero general_, de

Hernando del Castillo (1511), y en pliegos sueltos, impresos

en la primera mitad del siglo XVI. Las primeras colecciones

son dos ediciones de Amberes: una sin fecha, otra de 1550,

del _Cancionero de romances_, publicado por Martín Nucio,

y la _Silva de romances_, de Esteban de Nágera, impresa en

Zaragoza en 1550. Este mismo año Alonso de Fuentes publicó en

Sevilla _Quarenta cantos de diversas y peregrinas historias_,

y un _Romancero_, de Lorenzo de Sepúlveda, vió la luz en

Amberes el 1551 (otra edición, 1556): los romances de estas

dos colecciones son imitaciones de los _romances viejos_,

hechas por eruditos, como el amigo de Sepúlveda, el "Caballero

Cesáreo", que se cree ser Pero Mexía, de la corte de Carlos V.

El _Cancionero_ de 1555 es el mismo de Amberes sin fecha, pero

"corregido y aumentado". En 1572-1573 se publicó la _Rosa de

Romances_, de Timoneda; en 1583, el _Cancionero de Padilla_,

Madrid.

El _Romancero general_ (1600-1605 y 1604-1614) no contiene más

que romances de poetas eruditos del siglo XVI. _Primavera y

flor de los mejores romances_, por Pedro Arias Pérez, Madrid,

1621.

Historia de la lengua y literatura castellana, Tomo 1 · 第 53 / 59 段