á la forma en 21. No se necesita mucho sentido crítico para
comprenderlo. Pero este argumento no puede servir para probar
que el autor de las adiciones no es el autor de la obra,
_sino todo lo más que las adiciones echaron á perder el texto
primitivo_". Así discurre, y muy bien, el señor Bonilla
(_Anal._, pág. 19); pero el caso es juzgar _en qué medida_ lo
echaron á perder. Porque bien añade que Tamayo y otros fueron
menos felices al retocar sus obras de cuando por primera vez
las escribieron. Pero ¿es éste el caso? Es cuestión de pura
estética y, además, de estilo y de erudición. Hasta dónde
llegó á echarse á perder la _Comedia_ con las adiciones lo
verá el lector, y básteme decir que no podrá el Sr. Bonilla
traer ejemplo semejante al que hallamos en el auto 14, donde
el despeño del drama y conversión súbita de una comedia en
tragedia, que el autor puso por portentoso golpe de ingenio
artístico y fué preparando con tanta destreza hasta aquel
punto, desaparece en la segunda redacción con alargar la obra
por varios actos inútiles, episódicos, que nada tienen que ver
con la acción principal y sólo sirven para destruir el efecto
más trágico del drama, quebrándolo en el punto más culminante.
Eso no es añadir ni corregir; es destruir, es partir por el eje
toda la obra; es borrar y rechazar el mayor golpe de ingenio
el mismo autor que lo creó y lo fué paso á paso preparando por
todo el drama. Hay escritores que no saben divertirse nunca
del propósito, y el buen dramaturgo ha de ser de esta laya.
El autor de _La Celestina_ lo es como el que más, hasta el
punto de que Menéndez y Pelayo dice no darse en la primitiva
redacción ni un solo trozo episódico, ni largo ni corto, sino
que todo va siempre derecho al intento. Vienen las adiciones,
y en cinco actos añadidos comprende lo episódico... pues los
cinco actos enteros. Todos forman un episodio desatado de la
acción, y no sólo desatado, sino que, por encajarse en medio
de ella y en el mismo trance del nudo, destruye todo su efecto
y la unidad de la obra. Alárgase por todo un mortal mes lo que
había de soltarse en unas horas. ¿Qué cambio fué ese del autor
en su manera de proceder? Si tal hubo, el autor enloqueció,
perdió todo su ingenio y es verdaderamente digno de lástima,
tan grande creador primero como desatinado corrector después.
Al autor le gustaba la erudición humanística, pero era la
corriente y tomada de Petrarca. El corrector no se contenta con
seguir esta moda del Renacimiento, sino que busca erudiciones
exquisitas y raras y las amontona donde peor pegan y enfrían el
movimiento de la acción, que, sin duda, no sintió en lo hondo
de su alma como lo había sentido el autor. Los pensamientos
del autor siempre son propios de un pensador elevado, de un
ingenio sutil, de un muy maduro juicio, y entallan tan al justo
á la acción como el vestido más lindamente cortado; los del
corrector se despegan de ella y no pocas veces son livianos
y aun frisan en verdaderas patochadas. Á la delicadeza y
propiedad de caracteres y sentimientos del autor sobrepone
el corrector pinceladas groseras y exageradas de pintor de
brocha gorda, que avillanan los sentimientos y malean los
caracteres de la primitiva _Comedia_. Trae puntualmente el
autor los refranes y con comedida parsimonia; el corrector
los ensarta juntos por medias docenas, sin ton ni son, y casi
nunca los cita con puntualidad. Tan á menudo trae el autor
hondas y galanas sentencias de Petrarca como citas de Mena
trae el corrector. En el estilo, alguna vez le imita; pero las
más veces es muy otro. Y gracias que ya no tiene que terciar
Celestina, porque no hubiera podido hacerla decir el corrector
ni una sola cláusula á derechas.
=474.= Acerca de las fuentes de la obra ha tratado largamente
Menéndez y Pelayo en el tomo III de los _Orígenes de la
Novela_; pero creo sinceramente que su inmensa erudición
bibliográfica le hace ver relaciones, que de hecho no hay,
entre muchas obras y _La Celestina_. Las fuentes ciertas de la
primitiva _Comedia_ son el _Libro de Buen Amor_, de HITA, de
quien tomó toda la traza y el principal personaje, esto es,
la vieja Celestina, cambiando la viuda doña Endrina, más á
propósito para los amoríos clericales, en doncella, que á su
intento venía mejor; ensanchando la acción con la secundaria
de los criados y mujeres de la vida, y convirtiéndola al fin
en tragedia, con la imitación de la novela griega de Hero y
Leandro. De HITA toma el autor otras varias cosas, y, sobre
todo, tiene siempre los ojos en él para beberle el espíritu
realista y popular y la manera sentenciosa. La segunda fuente
es el _Corbacho_, que imita en varios pasajes de estilo
enteramente vulgar y castizo. La tercera es el PETRARCA, sobre
todo en su libro _De los Remedios contra próspera y adversa
fortuna_, que se tradujo y se leyó mucho en todo el siglo
XV, y tornólo á traducir galanamente Francisco de Madrid,
arcediano de Alcor, y fué impreso el año de 1510 en Valladolid.
El eruditísimo y benemérito hispanista italiano A. FARINELLI
ha tratado _Sulla fortuna del Petrarca in Ispagna_ en el
_Giornale storico della letteratura ital._ (t. XLIV, pág. 297),
recordando cómo el _Prólogo_ de _La Celestina_ comenzaba con
la misma sentencia que el del segundo libro del _De Remediis_,
y notando tres lugares de la _Comedia_ que á esta obra parecen
aludir, bien que sin citar los pasajes de la del Petrarca. Yo
he hallado otras muchas referencias, que se verán en las notas
con la traducción de Francisco de Madrid, edición de Sevilla
de 1524; Juan Varela, de Salamanca; la cual he estudiado
minuciosamente, así como el texto original _De Remediis
utriusque fortunae_ en la edición de Basilea, 1554 (_Francisci
Petrarchae Florentini, Philosophi, Oratoris et Poetae
clarissimi... Opera quae extant omnia_). El corrector conoció
esta devoción del autor con las obras del Petrarca, y pudiera
haberle imitado en no pocas de sus añadiduras; pero sólo le
tomó lo que toca á las riquezas, en el auto IV, y alguna otra
cosa que en mi edición puntualizo, y le plagió desmañadamente
en el _Prólogo_. En cambio sacó cuanto pudo, erudición y frases
enteras, de Juan de Mena, de quien el autor apenas para nada
se acuerda. Hay que señalar en la primitiva _Comedia_ una
referencia al _Diálogo entre el Amor y un viejo_, de Rodrigo de
Cota; otra á la _Cárcel de Amor_; otra al _Tostado_.
=475.= ¿Quién fué autor de la primitiva y verdadera _Comedia
de Calisto y Melibea_? En Mena ni en Cota no hay que pensar.
¿Lo fué Francisco de Rojas? Si no hubiera más que el
testimonio de Proaza y los acrósticos, sería para puesto en
duda, porque un embuste ó broma de más entre tantas otras
bien poco montaría. Las pruebas, si lo son, las ha aportado
el eruditísimo Serrano y Sanz, uno de los trabajadores más
sesudos, modestos, poco sonados y que más debieran serlo de
nuestros eruditos. El meritísimo catedrático de la Universidad
de Zaragoza halló y estudió dos procesos de la Inquisición
de Toledo, que probaban vivía en 1518 y en 1525 un bachiller
Fernando de Rojas, que parece ser el mismo puesto en los
acrósticos (_Rev. Arch._, 1902). El primer proceso es de 1517
y 1518, contra uno que vivía en Talavera, y donde se presenta
como testigo el dicho bachiller; el otro, de 1525 y 1526,
contra Álvaro de Montalván, "vezino de la puebla de Montalván",
acusado de judaísmo y de edad de setenta años. El 7 de junio de
1525 declara el acusado tener cuatro hijos, entre ellos "Leonor
Alvares, muger del bachiller Rojas, que conpuso a Melibea,
veçino de Talavera", y añade: "aora XXXV años", y "que nombrava
por su letrado al bachiller Fernando de Rojas, su yerno, veçino
de Talavera, que es converso". El Inquisidor "le dixo que no
ay lugar, e que nombre persona syn sospecha; e asy nombro al
liçençiado del Bonillo, e por procurador a Antonio Lopez". Si
el padre de Rojas era judío, lo probable es que lo fuera su
madre, y tal lo cree hoy el mismo Serrano y Sanz, aunque en su
estudio opinó lo contrario. El año 1525 tenía la mujer de Rojas
treinta y cinco años, y su marido cree Serrano y Sanz tendría
unos cincuenta, de modo que hubo de escribir la _Comedia_ á los
veinticuatro años. Unos treinta y cinco años antes del 1521
dice el documento que la escribió, esto es, el año 1490, aunque
veremos que probablemente fué después de 1492. Foulché-Delbosc
concluye: "Tant qu'un témoignage indiscutable ne l'attestera
pas, nous nous refuserons à reconnaître Rojas comme l'auteur de
la _Comedia_. Si les vers acrostiches en 1501, et son beau-père
en 1525, lui attribuent cette paternité, c'est probablement que
lui-même s'en targuait: nous venons d'exposer les raisons pour
lesquelles cette prétention nous semble inadmisible. Loin de
voir un _insigne_ literato en Fernando de Rojas, nous estimons
qu'il se donna comme l'auteur d'un chef-d'œuvre qu'un autre
avait écrit". (_Rev. Hisp._, 1902, pág. 185). En mi opinión, el
autor de la _Comedia_, en su primer estado, si no con certeza,
es muy probablemente el Fernando de Rojas que aparece en los
acrósticos y en los citados documentos. No hay pruebas hasta
ahora para no admitir el testimonio de estos últimos, y aunque
sin ellos los acrósticos no merecieran crédito, los documentos
se lo prestan á los acrósticos y los acrósticos corroboran el
dicho de los documentos.
Por declaración del mismo Rojas y por testimonio de su suegro
sabemos que era abogado. Naturalizóse en Talavera, pues ya
parece como vecino de aquella ciudad en 1517, y á ella se
refiere cuanto de él se sabe hasta el 1538. Ejerció aquel año
en Talavera, desde el 15 de febrero al 21 de marzo, el cargo
de Alcalde mayor, sustituyéndole el Dr. Núñez de Durango,
según noticias comunicadas al Sr. Serrano por don Luis Jiménez
de la Llave y tomadas del Archivo municipal. El autor del
_León Prodigioso_ (1636), el licenciado Cosme Gómez Tejada de
los Reyes, dice en la _Historia de Talavera_, que escribió
y se conserva manuscrita en la Biblioteca Nacional (Ms.
2039): "Fernando de Rojas, autor de _La Celestina_, fábula de
Calisto y Melibea, nació en la Puebla de Montalbán, como él
lo dize al principio de su libro en unos versos de arte mayor
acrósticos; pero hizo asiento en Talavera: aquí vivió y murió,
y está enterrado en la iglesia del convento de monjas de la
Madre de Dios. Fué abogado docto, y aun hizo algunos años en
Talavera oficio de Alcalde mayor. Naturalizóse en esta villa
y dejó hijos en ella. Bien muestra la agudeza de su ingenio
en aquella breve obra llena de donaires y graves sentencias,
espejo en que se pueden mejor mirar los ciegos amantes, que
en los christalinos adonde tantas horas gastan riçando sus
femeniles guedejas... y lo que admira es que, siendo el primer
auto de otro autor (entiéndese que Juan de Mena ó Rodrigo de
Cota) no sólo parece que formó todos los actos un ingenio, sino
que es individuo (indivisible)". Como se ve, á carga cerrada
admite este historiador cuanto en el Prólogo y acrósticos se
dice; pero las noticias acerca de Rojas no dejan de tener su
peso y gravedad, cual la del historiador que nos las comunica.
El testamento de su cuñada Constanza Núñez, descubierto por
Pérez Pastor en el Archivo de Protocolos de Madrid, nos ha
permitido conocer el nombre de la hija de Rojas, que se llamó
Catalina Rojas, casada con su primo Luis Hurtado, hijo de Pedro
de Montalbán. En el archivo de la parroquia del Salvador, de
Talavera, hállanse las partidas de bautismo de 1544, 1550
y 1552, referentes á varios hijos de Álvaro de Rojas y de
Francisco de Rojas, casado el último con Catalina Álvarez,
patronímico que llevaba también la mujer de Rojas. De su
familia fueron, pues, Álvaro y Francisco, si ya no eran sus
propios hijos. En las _Relaciones geográficas_ que los pueblos
de Castilla dieron á Felipe II desde 1574 en adelante, y se
hallan en El Escorial, respondiendo á la pregunta de que se
especificasen "las personas señaladas en letras, armas y en
otras cosas que haya en el dicho pueblo, ó que hayan nacido ó
salido de él", el bachiller Ramírez Orejón, clérigo, que fué,
en compañía de Juan Martínez, ponente, como hoy diríamos, de
esta Relación, contesta que "de la dicha villa (de la Puebla
de Montalbán) fué natural el bachiller Rojas, que compuso á
_Celestina_".
=476.= La alusión _Ganada es Granada_, etc., al principio
del tercer auto, indica para Foulché-Delbosc que la _Comedia_
se escribió antes del 1492, en que Granada se ganó, y después
de 1482, en que comenzó la guerra y aun poco después, acaso el
1483 ó 1484, cuando no parecían todavía esperanzas de rendirse
la ciudad. Confírmase, según él mismo, con lo del _turco es
vencido_, que lo refiere al sitio de Rodas en 1480; lo de la
_puente es llevada_, que supone es el hundimiento de uno de los
arcos del de Alcántara, en Toledo, reparado en 1484; lo del
_eclipse_ de sol, que pudiera ser el del 17 de mayo de 1482; lo
de _aquel es ya obispo_, que cree aludir á don Pedro González
de Mendoza, que comenzó á serlo de Toledo el 1482. Realmente
á estos hechos parece aludirse, por lo menos á algunos; pero
si todos eran pasados, ¿por qué sólo la toma de Granada no lo
era? Por eso Bonilla saca de aquí que se escribía esto después
de 1492, y Menéndez y Pelayo dice que nada prueban, ya que
unos son pasados y otros por venir. El _te maravillarías_ dice
tiempo por venir, y esto sin duda alguna, pues nunca esta forma
sirve para lo pasado absoluto, como que es el _tiempo potencial
incompleto_, y todo potencial pertenece á lo futuro (CEJADOR,
_Lengua de Cervantes_, I, 110). Pero lo que pende en el texto
de _Assi como_, ¿pende igualmente del _te maravillarías_, ó,
por el contrario es una adversativa con sentido de _Así como
te maravillaste, pero no duró mucho tu maravilla_ cuando se
heló el río, se ganó Granada, etc.? Yo creo más probable esto
segundo; si no, hubiera puesto todos estos hechos seguidamente
tras _la tierra tembló_. La siguiente observación de Bonilla
(_Anal. liter. españ._) tiene la fuerza que se conceda á la
opinión sobre el autor de la _Comedia_. "Leonor Álvarez, mujer
del bachiller Rojas, tenía treinta y cinco años en el de 1525,
dice Bonilla. Suponiendo que se hubiese casado siendo de doble
edad que su mujer, y que el matrimonio se hubiese verificado en
1506, cuando Leonor Álvarez contaba diez y seis años, tendremos
que Rojas era entonces de unos treinta y dos, habiendo nacido,
por consiguiente, hacia 1474. ¿Cómo había de escribir _La
Celestina_ antes de 1492, es decir, antes de haber cumplido
los diez y nueve años? Todavía nos parece que Rojas debió ser
de más edad que de treinta y dos años en 1506. _La Celestina_
supone tal experiencia de la vida, una madurez de juicio tan
extremada, que no se pueden imaginar en un joven de veinte á
veinticinco años, como da á entender el Sr. Serrano y Sanz. Es
racionalmente imposible que Rojas escribiese _La Celestina_ á
los veinte años. Por eso creemos que hacia 1500, en que Leonor
Álvarez había cumplido los diez, Rojas tendría ya cumplidos
los treinta". Estoy en un todo conforme con Bonilla en que
á los veinte años no puede escribir nadie _La Celestina_,
aunque sea un ingenio extraordinario, al cual se lo concede
Menéndez y Pelayo. Hay cosas que no vienen del ingenio, sino
de la experiencia, y no porque á los veinte años no conociese
Rojas hechos como los que narra, sino que una cosa es conocer
y otra sufrir y pasar por cosas semejantes, para que del pozo
de la experimentación salgan los sentimientos, que sólo con la
edad salen, cuales son los de _La Celestina_. Ó Rojas el del
proceso no es el autor de la _Comedia_, ó tuvo que escribirla
después de 1492. Tal es mi opinión, sacada de lo dicho, pues
no puedo creer que la escribiese antes de tener diez y nueve
años. Componer _La Celestina_ en quince días de vacaciones un
estudiante es cosa que se dice en el _Prólogo_ y que alguno
creerá; á mí no me lo persuadirán frailes descalzos, y que ese
estudiante tuviera menos de diez y nueve años, ni descalzos ni
por calzar. Eso no lo puede creer hombre que haya pasado de los
cuarenta y cinco, que sabe lo que es la vida. Bonilla mide lo
escrito por líneas, para deducir que hay actos que se pudieron
escribir en tres ó cuatro horas. ¡Á máquina y á pluma, quién lo
duda! Pero será _copiando_, no inventando. "Harto más difícil
es componer en veinticuatro horas una de las buenas comedias de
Lope". Pero ¿cree Bonilla que Lope alude á sus buenas comedias
y que alguna de ésas buenas la hizo en veinticuatro horas?
Serían las rellenas de paja, y aun las veinticuatro horas acaso
sean andaluzas.
=477.= Ediciones de _La Celestina_: Burgos, 1499; Sevilla,
1501, 1502; Toledo, 1502; Zaragoza, 1507; Valencia, 1514,
1518; Sevilla, 1523, 1525; Barcelona, 1525; Toledo, 1526,
primera edición, donde se añade el _Auto de Traso e sus
compañeros_; Sevilla, 1528; Valencia, 1529; Medina, 1530 (?);
Burgos, 1531; Venecia, 1531; Barcelona, 1531; Venecia, 1534;
Sevilla, 1534; Barcelona, 1535; Sevilla, 1536; Salamanca,
1536; Venecia, 1536; Burgos, 1536; Toledo, 1538; Génova, 1538;
Amberes, 1539; Sevilla, 1539; Lisboa, 1540; Zaragoza, 1545
(dos edic.); Amberes, 1545; Sevilla, 1550; Venecia, 1553;
Zaragoza, 1555; Venecia, 1556; Salamanca, 1558; Cuenca, 1561;
Barcelona, 1561; Sevilla, 1562; Alcalá, 1563; Barcelona, 1566;
Amberes, 1568; Alcalá, 1569; Salamanca, 1569; Sevilla, 1569;
Salamanca, 1570..., etc.; Madrid, 1822, por León Amarita;
1835, ídem; Barcelona, 1842, por Tomás Gorchs; Vigo, 1899, por
Eugenio Krapf y M. Pelayo; Madrid, 1913, por J. Cejador, con
comentario. Traducciones principales: En ital.: Venecia, 1505;
Roma, 1506; Milán, 1514, 1515; Venecia, 1515, 1519; Milán,
1519; Venecia, 1525, 1531, 1535, 1536, 1541, 1543. En lat.:
Francfort, _Pornoboscodidascalus Latinus_, Gaspar Barthius,
1624. En franc.: París, 1527; Lyon, 1529; París, 1542, 1578
(dos edic.); Rouen, 1598, 1599, etc. En ingl.: Londres, 1591,
1598, 1631, 1894. En alem.: Augsburgo, 1520, 1533, 1534; Viena,
1829; Leipsique, 1843. En holand.: Amberes, 1550, 1574, 1580,
1616.
=478.= _Comedia de Calisto y Melibea_. Ed. R. Foulché-Delbosc,
_Bibliotheca Hispanica_ (1900), t. I; ed. R. Foulché-Delbosc,
_Bibliotheca Hispanica_ (1902), t. XII; (_Celestina_), ed.
con introducción de M. Menéndez y Pelayo, Vigo, 1899-1900, 2
vols.; facsímile de la primera ed. conocida, por _The Hispanic
Society_, New-York, 1909; ed. con notas, J. Cejador, en la
colección de _Clásicos Castellanos_, Madrid, 1913. Consúltense:
R. Foulché-Delbosc, _Observations sur la Célestine_ (I y II),
en _Revue Hispanique_ (1900 y 1902), t. VII, págs. 28-80 y
510, y t. IX, págs. 171-199; R. Foulché-Delbosc, recensión de
la ed. de Vigo, en _Revue Hispanique_ (1900), t. VII, págs.
539-546; K. Haebler, _Bemerkungen zur Celestina_, en _Revue
Hispanique_ (1902), t. IX, págs. 139-170; H. Warner Allen,
_Celestina_ [reimpr. de la trad. inglesa de J. Mabbe], London,
s. f. [con buena introducción]; A. Bonilla y San Martín,
_Antecedentes del tipo celestinesco en la literatura latina_,
en _Revue Hispanique_ (1906), t. XV, págs. 372-386; R. Jorge,
_La Celestina_, en _Amato Lusitano_, Madrid, 1908; M. Menéndez
y Pelayo, _Orígenes de la novela_, t. III, páginas I-CLIX; M.
Serrano y Sanz, _Noticias biográficas de Fernando de Rojas_, en
_Revista de Archivos_, etc. (1902), t. VI, págs. 245-299.
=479.= _Año 1499._ Hermano en religión de fray Íñigo y hasta en la
sencillez y piadosa devoción y no menos en el apego al arte popular,
fué FRAY AMBROSIO MONTESINO, aunque principalmente hizo en la prosa lo
que fray Íñigo en el verso. Así la Orden franciscana puede gloriarse
de estos dos hijos, á quienes la literatura castellana debe más de
lo que comúnmente se piensa. Nació en Huete, fué Obispo de Cerdeña y
muy favorecido de la Reina Católica, á cuya petición tradujo el _Vita
Christi_ del cartujano de Strasburgo Landulfo de Sajonia, llamado
comúnmente _El Cartujano_, historia de la vida de Cristo según los
Evangelios, comentariada con doctrinas de los Padres de la Iglesia y
propias consideraciones. La traducción es dechado de prosa castellana y
fué el libro devoto del beato Juan de Ávila, de Santa Teresa, de todo
el siglo XVI, y muy aprovechado de los predicadores. Por orden del Rey
Católico retocó una antigua versión de los _Evangelios, Epístolas.
Lecciones y prophecias, que la sancta Iglesia canta_, "monumento del
lenguaje castizo español" al decir de Mayáns (_Orador Christiano_).
Recogida por la Inquisición, como todas las versiones de la Escritura,
volvió á imprimirse en 1586, pero modernizándole el lenguaje fray
Román de Vallecillo, Medina. Inéditas quedaron las _Meditaciones de
San Agustín_, que también tradujo; además compiló un _Breviario de la
Inmaculada Concepción_, para las religiosas de su Orden.
Su _Cancionero_ es de versos devotos para los Reyes Católicos y
principales personajes de la corte, á cuyas instancias los compuso,
sencillos y llanos y más de predicador que de poeta, como de la escuela
franciscana del siglo XIII, y particularmente del Beato Jacopone de
Todi, cuyos _Cantos espirituales_ tenía bien leídos y á quien se
parece en el enérgico realismo de pinturas satíricas y en los diálogos
de Navidad, compuestos para conventos de monjas, como los de Gómez
Manrique. Tomó mucho del pueblo, ya en versos, ya en músicas, pues
casi todas las poesías breves se hicieron para ser cantadas "al son"
de otras profanas que corrían en boca de todo el mundo, algunas de las
cuales se hallan en el _Cancionero Musical_ de Barbieri. Hay, además,
en el de Montesino, ocho romances impresos en líneas largas como
versos de 16 sílabas, que fué su primitiva forma; todos, menos uno,
espirituales, pero rezumando todavía el espíritu de la poesía heroica,
con su brío y concisión. El romance acaba de llegar todavía calentito
á los libros desde el horno popular, donde sabe Dios cuándo se había
cocido. Fué fray Ambrosio Montesino el poeta más valido de la Reina
Católica y por su encargo escribió los últimos versos que ella pudo
leer; fué de los primeros que supieron aprovecharse de la vena popular,
infundiéndola en la poesía y en la prosa religiosa y mística, que ya
no había de perder desde entonces este sabor en España, sirviendo de
contrapeso al clasicismo erudito, maravillosamente casadas entrambas
tendencias en nuestros grandes místicos del siglo XVI.