castellana del siglo XV nos ofrece un singular escritor,
que, sin ser novelista, ni haber cultivado el apólogo más
que ocasionalmente, influyó como pocos en el desarrollo de
la literatura novelesca, transformando el tipo de la prosa,
sacándola de la abstracción y aridez didáctica, de que sólo
don Juan Manuel, aunque por diverso camino, había acertado
á librarse, vigorizando los lugares comunes de moral con
la observación concreta y pintoresca de las costumbres, y
derramando un tesoro de dicción popular en el cauce de la
lengua culta. La lengua desarticulada y familiar, la lengua
elíptica, expresiva y donairosa, la lengua de la conversación,
la de la plaza y el mercado, entró por primera vez en el arte
con una bizarría, con un desgarro, con una libertad de giros
y movimientos, que anuncian la proximidad del grande arte
realista español. El instrumento estaba forjado: sólo faltaba
que el autor de la _Celestina_ se apoderase de él, creando á
un tiempo el diálogo del teatro y el de la novela. La obra del
Arciprestede Talavera fué de las más geniales que pueden darse:
no tiene más precursor en Castilla que el Arcipreste de Hita, á
quien algunas veces cita, y en cuyo estudio parece empapado...
Se parecen (los dos Arciprestes) en lo opulento y despilfarrado
del vocabulario, en la riqueza de adagios y proverbios,
de sentencias y _retraheres_, en la fuerza cómica y en la
viveza plástica; en el vigoroso instinto con que sorprenden y
aprisionan todo lo que hiere los ojos, todo lo que zumba en los
oídos; el tumulto de la vida callejera y desbordada... Salvo
algunos textos históricos, cuya excelencia es de otra índole,
no hay prosa del siglo XV que ni remotamente pueda compararse
con la sabrosa y castiza prosa del _Corbacho_. Castiza he
dicho con toda intención, porque en sus buenos trozos no hay
vestigio alguno de imitación literaria, sino impresión directa
de la realidad castellana. Es el primer libro español en prosa
picaresca: la _Celestina_ y el _Lazarillo de Tormes_ están en
germen en él".
=321.= Alfonso Martínez de Toledo. _Arcipreste de Talavera_, ed
C. Pérez Pastor, Soc. de Biblióf. españoles, 1901. Consúltense:
Arturo Farinelli, _Note sulla fortuna del Corbaccio nella
Spagna Medievale_, Halle, 1905, _Miscelanea Mussafia_.
=322.= _Año 1438._ JUAN DE MENA (1411-1456), nació en Córdoba, fué
nieto del señor de Almenara Rui Fernández de Peñalosa é hijo de
Pedrarias, regidor ó jurado de aquella ciudad. Quedó huérfano muy
pronto y con mediana asistencia de los suyos, de modo que pasó mal
su mocedad y sólo comenzó los estudios cuando tenía veintitrés años,
los cuales hizo en Salamanca, Córdoba y Roma, no sabemos á la sombra
de quién. Vuelto á España, tuvo en la corte el cargo de Secretario de
cartas latinas, después el de Veinticuatro de Córdoba y el de Cronista
regio. Valióle la amistad de Santillana, que le honró en vida y en
muerte y fué el poeta más valido de don Juan II y de don Álvaro de
Luna, á quienes no fué, como otros, desleal. Fué dulce en sus palabras
y modales, pálido, enfermizo y gran trabajador. Corren dos variantes
acerca de su muerte. Valerio Romero dice que de un "rabioso dolor de
costado"; Fernández de Oviedo (_Quincuag._, pte. II, est. 13), que "una
mula le arrastró e cayó della de tal manera, que murió en la villa de
Torrelaguna", pero todos convienen en que en Torrelaguna murió y fué
sepultado.
Á pesar de haber sido el cronista de Juan II, no tuvo parte en la
_Crónica_ de aquel Rey y sólo tenemos de su pedantesca é infame prosa
el comentario á su poema de la _Coronación_ y el breve compendio de la
_Ilíada en romance_, tomado de las _Periochae_ de Ausonio y del seudo
Píndaro tebano, donde gana al mismo Villena en hinchazón y erudición
intempestiva. En los versos cortos no se diferencia de los demás poetas
cortesanos de su tiempo. Las coplas de _Lo claro escuro_ encierran
una tal mezcla de conceptismo sutil y de oscuridad enigmática, que se
adelantó más de un siglo á Góngora, su compatriota.
La _Coronación ó Calamicleos_ (1438), en 51 quintillas dobles, es ya
un poema alegórico en que se finge arrebatado al Parnaso y ve coronar
á Santillana; pero se detiene más hablando "de la miseria de los malos
y de la gloria de los buenos, por que un contrario puesto cabe otro,
más reluzga". Para más imitar á Dante piérdese el poeta en bravía
selva, yendo á parar al infierno, donde contempla "los tormentos de
los damnados". Tan oscuro hacen este poema la rimbombancia y las
descabelladas alusiones á la historia, á la fábula y á la astronomía,
que tuvo que añadir su correspondiente comentario "literal, alegórico
y anagógico" á una obra, que según dice, pertenece al género "cómico y
satírico", porque empieza por el infierno y acaba en el cielo, como la
_Divina Comedia_, esto es, porque empieza por males y acaba en bienes,
al modo de la _Comedieta de Ponza_. El comento regocija á veces por
lo cándido, pueril, pedante, y la prosa y los versos desregocijan por
el hipérbaton, los horribles latinismos y la erudición. Las _Coplas
contra los siete pecados mortales_, que en los códices llevan el título
de _Debate de la Razón contra la Voluntad_, son algo mejores, ó si se
quiere, menos malas que el poema de la _Coronación_. Es la última obra
que hizo Juan de Mena, y no está acabada; no tiene los latinismos y
extravagancias eruditas de sus demás obras, pero es seco, adusto y sin
rasgo poético alguno. Continuaron este sermón rimado Gómez Manrique,
Pero Guillén de Segovia y fray Jerónimo de Olivares, de la Orden de
Alcántara, añadiendo las disputas de la Gula, Envidia y Pereza y la
sentencia de la Prudencia.
La única gloria poética que suelen reconocer á Mena estriba en _El
Laberinto de Fortuna_ (1444), ó como los editores después le llamaron
_Las Trezientas_, por las estancias que unos dicen tuvo en los
manuscritos, aunque otros afirman no tener más que 297. Es tradición
añeja que don Juan II deseó fuese el número de estancias igual al de
los días del año, según dice Hernán Núñez (1475-1553) en el comentario
que publicó de este poema en 1499, y que así Mena compuso hasta 24
de las 65, tomándole la muerte antes de llegar á este número. Según
investigaciones de Foulché-Delbosc, semejante anécdota no tiene
fundamento y las 24 añadidas no son de Mena, cortesano por temperamento
y por oficio; con las otras tres, que dicen faltaban á las 300 en
los manuscritos, hacen parte de un poema fragmentario independiente,
escrito por un desconocido que juzga severamente la debilidad del Rey.
Es un poema alegórico el de Mena, tan frío y abstracto como todos los
que compusieron los imitadores de la _Divina Comedia_, cuya grandeza
está en la fuerza plástica descriptiva, siendo la alegoría un medio
secundario para darle unidad; mientras que sus imitadores, no sabiendo
ser poetas en la descripción particular, lo reducen todo al camino
alegórico, amontonando cosas y vocablos que aluden á recónditas y frías
erudiciones. Los personajes y escenas del Dante son vividas, tomadas
de la realidad ó creadas por el pueblo cristiano, no abstracciones
de vicios y virtudes ó mitologías traídas de allende, al pueblo
enteramente ajenas. El camino del bastardeamiento lo abrió Petrarca
en sus _Triunfos_, con la personificación del Amor, la Castidad, la
Fama, el Tiempo, etc. Juan de Mena no poseía la visión poética de
Dante ni el ingenio y gusto de Petrarca, y así se quedó con la huera
corteza de la alegoría y con las secas abstracciones, amontonando de su
cosecha indigestas erudiciones y plagando sus versos de voces latinas
y retorciendo el habla con el hipérbaton. Hay, cierto, grandeza en
algunos trozos y versos bien sonantes, pero nada más, en este poema
tan celebrado por los eruditos de su siglo y del siguiente, fárrago
indigesto, sin pizca de verdadera poesía, que todavía admiran algunos
literatos. Dicen que Mena fué aficionadísimo de Lucano y de hecho le
alude y le saquea, mayormente en sus erudiciones, y es tan ampuloso
como él; pero su pincel no era nada fino y sus tintas demasiado
aguadas, para que ni de lejos se le pueda comparar con su antiguo
compatriota. Mena supo como nadie rimar en el arte mayor: es su único
merecimiento. El _Laberinto_ tuvo necesidad de glosa y comentario como
los demás poemas, porque al fin y al cabo es un verdadero laberinto.
Hízolo cumplidamente el Comendador Hernán Núñez y luego el Brocense;
pero una obra poética que recién escrita necesita comentario, más tiene
de enigma que de poesía.
Juan de Mena es más poeta que Villena y Santillana y, por lo mismo, es
mayor duelo que, enredado en la poesía erudita y dantesca, no hiciera
más que frías alegorías repletas de vanas erudiciones, sin poner los
ojos en las almas y en el mundo que le rodeaba, donde la verdadera
poesía siguió oculta por no saberla él sacar, teniendo verdaderas
facultades para ello. El habla literaria, prosaica y poética, por la
comezón de latinizarla, salió tan manchada y tan retorcida de sus
manos, que fueron menester algunos años para que otros ingenios,
acudiendo al puro minero popular, la desencostrasen de tan bárbara
inmundicia. Si la erudición vale para algo en poesía, vióse en Mena
hasta dónde puede alcanzar. ¡Á ese emporcamiento del lenguaje le
llamaron algunos propósito de crear una lengua poética! Y no nos
vengan con que algunas de sus extravagantes voces latinas han llegado
á usarse después, porque los eruditos que las generalizaron hicieron
con ello tanto daño al idioma como Mena y eran de la misma escuela
erudito-pedantesca.
=323.= No se sabe si son suyas las _Memorias de algunos
linajes antiguos e nobles de Castilla que va escribiendo
Juan de Mena... por mandado del muy ilustre señor don Álvaro
de Luna_, que se halla en el códice K-161 de la Biblioteca
Nacional; aunque sólo unas veinte hojas de más de ciento que
hubo de tener. Seis códices se conocen de la _Ilíada_, de Mena,
cinco en la Biblioteca Nacional, y uno en la de M. Pelayo; se
imprimió en Valladolid, 1519. En el _Cancionero_, de Herberay
des Essarts, del cual publicó la parte inédita Pascual Gayangos
en el t. I del _Ensayo_, núm. 484, de Gallardo, hay una docena
de poesías de Juan de Mena; las _Otras_ no son suyas; otras
hay en el _Cancionero general_, en el de _Baena_, _Stúñiga_,
_Gallardo_, etc., además de las que suelen hallarse con sus
tres poemas mayores. Las _Coplas de ¡Ay, Panadera!_ (1445)
es imposible que sean de Mena; si lo fueran, hubiera sido
verdadero poeta una vez en su vida, poeta popular y satírico.
Pero no es esa su vena, y así no me persuado sean suyas tampoco
las coplas "Sobre un macho que compró de un Arcipreste", que,
con no ser cosa del otro jueves, son populares y de un donaire
que no es el suyo. ¿Las hizo acaso alguno sobre la leyenda de
su muerte? Si son de Mena, con ser bien poca cosa, es lo único
legible hoy en día que compuso.
La continuación de Olivares á las _Coplas de los siete
pecados mortales_ es la que ha solido imprimirse en las
ediciones de Mena; las de los otros dos poetas están en sus
propios _Cancioneros_, inédito el de Guillén de Segovia. En
el _Cancionero_, de Gallardo, y en otro códice de M. Pelayo:
"Fenesce este tractado fecho por Juan de Mena et presentado
al rey don Juan II, nuestro señor, en Tordesillas, á veynte e
dos días de febrero, año del Señor de mill e quatrocientos e
quarenta e quatro años". Según M. Pelayo, tenía 300 estancias;
pero las tres últimas parecen realmente añadidas después, así
como las 24 que se siguen aparte en las impresiones.
=324.= Escribieron la biografía de Mena el comendador
Griego en la _Vida de Juan de Mena_, puesta al frente de las
_Trescientas_ de la edición sevillana de 1499, y un discípulo
de Hernán Núñez, Valerio Francisco Romero, en unas estancias
de arte mayor, que con título de Epicedio (canto fúnebre)
compuso á la muerte del mismo Comendador y andan al fin de sus
_Refranes_, Salamanca, 1555. Juan de Lucena, _Vita beata_:
"Muchas veces me juró por su fe (son palabras que pone en
boca de Santillana) que de tanta delectación componiendo
algunas vegadas detenido goza, que olvidados todos afferes,
trascordando el yantar y aun la cena, se piensa estar en
gloria". "Trahes magrescidas las carnes por las grandes
vigilias tras el libro (le dice don Alonso de Cartagena): el
rostro pálido, gastado del estudio, mas no roto y recosido
de encuentros de lanza". _Crón. de don Alv. de Luna_, tít.
95: "Era coronista del Rey e tenía cargo de escrebir la
historia de los reynos de Castilla, fizo en estos días al
nuestro Maestre...". No queda rastro del "suntuoso sepulcro",
que dicen le levantó Santillana, y en el siglo XVI escribía
Fernández de Oviedo: "Yo espero en Dios de ir pronto á España
y le tengo ofrecida una piedra con epitafio", y en 1781, en su
viaje por España, sólo halló Ponz una piedra en las gradas del
presbiterio con la pedestre inscripción: "Patria feliz, dicha
buena, | escondrijo de la muerte, | aquí le cupo por suerte |
al poeta Juan de Mena". La gloria de Juan de Mena fué inmensa
entre los escritores eruditos de aquellos tiempos. Unos añaden
y alargan sus obras, otros las glosan y comentan, todos le
respetan y le tienen, sobre todo, en cuenta tratándose de la
versificación de arte mayor. Acaso en lo bien que lo manejó
estribaba toda aquella nombradía, inexplicable para el que
busca al poeta y no al versificador. En las artes de trovar es
el dechado citado por todos. En la de Juan del Enzina apenas
se alegan otros ejemplos que los de Mena. Nebrija, _Gram.
castellana_, l. IV, c. VII: "Por el poeta entendemos Virgilio
e Juan de Mena". Castillejo invoca su autoridad contra los
petrarquistas. En la carta del Bachiller de Arcadia: "Hizo
trescientas coplas, cada una más dura que cuesco de dátil: las
cuales, si no fuera por la bondad del Comendador Griego, que
trabajó noches y días en declarárnoslas, no hubiera hombre
que las pudiera meter el diente ni llegar á ellas con un tiro
de ballesta". Jerónimo de Arbolanches, Epístola á Melchor
Enrico, en _Las Habidas_ (1566): "No sé yo hacer, como hizo
Joan de Mena, | coplas que se han de leer á descansadas, | el
cual, como tenía preñada vena, | trescientas dellas nos dejó
preñadas...". Lo que de Mena pensaron H. Núñez y el Brocense
puede verse en sus _Glosas_ sobre el mismo poeta. Véanse además
Argote de Molina, _Discurso sobre la poesía castellana_, que va
en su edición de _El Conde Lucanor_ (1575), Mariana, _Hist. de
Esp._, l. XXI, c. XVI, y Cervantes, _Quijote_, II, 44.
=325.= De _La Coronación_ hay una edición gótica, del siglo XV,
con su glosa, sin lugar ni fecha, probablemente de Zaragoza,
1499; Toledo, 1504; Sevilla, 1512, 1520 y 1534; Valladolid,
1536. _Glosa sobre las trezientas del famoso poeta Juan de
Mena, compuesto por Hernand Núñez de Toledo, Comendador de
la Orden de Santiago_, Sevilla, 1490 y 1499. _Las CCC del
famosissimo poeta Juan de Mena con su glosa y las cinquenta con
su glosa_: _e otras obras_, Granada, 1505, y Salamanca, 1505.
_Las Trezientas_ se publicaron además en Zaragoza, 1506 y 1509
(con glosa anónima); Sevilla, 1512; Zaragoza, 1515; Sevilla,
1517, 1520, 1528, 1534; Valladolid, 1540; Amberes, 1552;
Alcalá, 1560 y 1566; Salamanca, 1582 (con notas del Brocense).
_Obras_ de Juan de Mena, Sevilla, 1528 y 1534; Valladolid,
1536 y 1540; Toledo, 1547; Amberes, 1552 y 1554; Alcalá, 1566;
Amberes, 1582; Salamanca, 1582. _Las CCC de Juan de Mena_,
Zaragoza, 1489 (_Bibliogr. Zaragozana del siglo XV_); Sevilla,
1496, 1499 (dos, 28 agosto y 7 de octubre, la primera con
glosa de Fernán Núñez; la segunda sin ella, así como sin ella
salieron las otras dos de 1489 y 1496).
=326.= El verso por excelencia de Juan de Mena es el _verso
de arte mayor_, que lo trabajó más que ninguno de sus
predecesores. Es de origen gallego, como dijo Santillana,
y sirvió durante todo el siglo XV para la poesía erudita y
elevada. Responde al decasílabo francés con cesura después de
la quinta, y sin duda vino de Francia, no derechamente, sino
mediando Galicia, como se ve por las _Cantigas_:
"Por ende un miragre | aquesta reyna
Sancta fes muy grande | á una mesquina".
Y en el _Cancionero del Vaticano_ (núm. 462):
"Baylemos nos ja todas, todas, ay, amigas,
Sō aquestas avelaneyras floridas;
Ε quem por velida como nós velidas,
Se amigo amar,
Sō aquestas avelaneyras floridas
Verrá baylar".
Parécese al endecasílabo anapéstico ó _de gaita gallega_,
propio de la muñeira, esto es, al endecasílabo con acento en
4.ª y 7.ª. Es tan evidente el parentesco entre el dodecasílabo
y el endecasílabo anapéstico, como el que ambos metros tienen
con el decasílabo de los himnos (verso de nueve sílabas de
los franceses). La octava, con estos versos formada, parece
fué obra de los castellanos en el siglo XIV y se halla por
primera vez en el _Deytado sobre el cisma de Occidente_, del
canciller Ayala. Duró hasta mediado el siglo XVI, en que le
sustituyó el endecasílabo italiano. Han tratado del _arte
mayor_ Morel-Fatio, _L'Arte mayor et l'Hendécasyllabe dans
la poésie castillane du XV^e siècle et du commencement du
XVI^e_, extracto de la _Romania_, t. XXIII, París, 1894; M.
Pelayo, _Antol. de poet. lír. cast._, t. XIII, pág. 199, etc.;
Milá y Fontanals, _Obras_, t. V, pág. 324, etc.; Cascales,
_Tabl. poét._, Madrid, 1779, pág. 99; Alonso López Pinciano,
_Philosoph. ant. Poetica_, Madrid, 1596, pág. 286; Juan del
Enzina, _Arte de poes. cast._; Nebrija, _Gram. castellana_;
sobre todo Foulché-Delbosc, _Revue Hisp._, 1902, pág. 75, etc.,
traducido por Bonilla, _Juan de Mena y el Arte Mayor_, Madrid,
1903.
Juan de Mena, _Cancionero_, ed. R. Foulché-Delbosc, en
_Cancionero Castellano del siglo XV_, 1, Nueva Bibl. de Aut.
Esp., t. XIX, páginas 120-221; _El Laberinto de Fortuna_,
ed. R. Foulché-Delbosc, Mâcon, 1904.--Consúltense: R.
Foulché-Delbosc, _Étude sur le "Laberinto" de Juan de Mena_,
en _Revue Hispanique_ (1902), t. IX, págs. 75-138 [con
disertación sobre el _arte mayor_ y bibliografía de Mena]; A.
Morel-Fatio, _L'arte mayor et l'hendécasyllabe dans la poésie
castillane du XV^e siècle et du commencement du XVI^e siècle_,
en _Romania_ (1894), t. XXIII, 209-231; John Schmitt, _Sul
verso de Arte mayor_, en _Rendiconti della Reale Accademia dei
Lincei_ (classe di scienze morali, storiche e filosofiche),
5.ª serie, Roma, 1905, t. XIV, págs. 109-133; F. Hanssen, _El
Arte Mayor de Juan de Mena_, en _Anales de la Universidad de
Chile_ (1906), t. LXVIII, págs. 179-200; M. Menéndez y Pelayo,
_Antología de poetas líricos_, etc., t. V, págs. CXLVIII-CCVI;
B. Sanvisenti, _I primi influssi di Danti, del Petrarca e del
Boccaccio sulla letteratura spagnuola_, Milano, 1902, págs.
81-125; C. R. Post, _The sources of Juan de Mena_, en _The
Romanic Review_ (1912), t. III, págs. 223-279.
=327.= _Año 1439._ JUAN RODRÍGUEZ DE LA CÁMARA ó DEL PADRÓN, por el
lugar en Galicia de su nacimiento, es el último de los trovadores de
la escuela gallega. Nació á fines del siglo XIV y murió á mediados del
XV, de familia antigua y linajuda, pero sin muchos haberes. Educado en
los libros de caballerías del ciclo bretón y en los de linajes, que
no eran menos fantásticos, entró al servicio del cardenal don Juan de
Cervantes, gallego de origen y Obispo de Segovia en 1442 y Arzobispo
de Sevilla en 1449, como trovador suyo, y parece le acompañó al
Concilio de Basilea, donde ya estaba aquel prelado en abril de 1434.
Entre los familiares del Cardenal se contaban _El Tostado_, Juan de
Segovia y Eneas Silvio, después Pío II, con quienes sin duda adquirió
su caudal clásico, no menos que en sus viajes por Italia en compañía
del mismo Cardenal. También parece estuvo en Tierra Santa, quizá como
consecuencia de amores desventurados en la corte de Castilla, después
de dejado el servicio del cardenal Cervantes, siendo acaso paje de don
Juan II, y haciendo de vergonzoso en palacio con una "grand señora", á
quien "prendió por señora y juró su servidumbre", y ella cada día le
mostraba más "ledo semblante"; pero perdióle la soltura de su lengua y
el confiarse á un amigo, pues sabido por ella el quebrantamiento del
secreto, se indignó de suerte que él se retrajo "al templo de la gran
soledat, en compañía de la triste amargura, sacerdotisa de aquélla", y
se desahogó haciendo tan duras penitencias como Beltenebrós en la Peña
Pobre y escribiendo _El siervo libre de Amor_. No hay en esta novela
romántico-caballeresca alusión alguna á fecha posterior á 1439, y para
cuando se compiló el _Cancionero_ de Baena, que fué antes del 1445,
ya había entrado fraile Juan Rodríguez, no se sabe si en Jerusalén.
Ignórase igualmente qué dama fuese aquélla, y hay quienes han escrito
novelas creyendo fuese uno doña Juana, mujer de Enrique IV y madre de
la _Beltraneja_, otro doña Isabel de Portugal, segunda mujer de don
Juan II, aunque los dos fantasean como novelistas. Ello es que Juan
Rodríguez, si no murió trágicamente, como también soñaron otros, sufrió
largo y penoso destierro, hasta que en el claustro de Herbón, que
contribuyó á edificar con sus bienes patrimoniales, halló tranquilidad
entre los franciscanos. Su vida fué, pues, una novela romántica y tal
es el fondo biográfico, sin duda, de su obra principal, _El siervo
libre de Amor_ (1439-1440), como de un nuevo Macías, de quien él se
dice amigo y fué su dechado de vida. Esta novela romántica en prosa y
en verso se divide alegóricamente en tres partes: "la primera parte
prosigue el tiempo que bien amó y fué amado, figurado por el verde
arrayán..., la segunda refiere el tiempo que bien amó y fué desamado,
figurado por el arbor de paraíso..., la tercera y final trata el
tiempo que no amó ni fué amado, figurado por la verde oliva...". Es
una obra en que hay que distinguir dos partes, la de su autobiografía
y la novela caballeresca y sentimental _Estoria de los dos amadores
Ardanlier e Liesa_, de pura invención. La primera está inspirada en
la _Fiammetta_, de Boccaccio; la segunda, en las ficciones del ciclo
Bretón, incluso el _Amadís de Gaula_, en los viajes aventureros de
españoles, como don Pero Niño "á la dolce Francia", de Mosén Diego de
Valera á Hungría, Polonia y Alemania, y en acontecimientos románticos
reales. No es obra caballeresca enteramente, pues juega más el amor que
el esfuerzo, ni hay elementos sobrenaturales de magia y encantamientos,
sino del género de la novela sentimental, como la _Cárcel de Amor_ y la
_Menina é Moça_ de Bernardim Ribeiro.
El _Triunfo de las donas_ en elogio de las mujeres, refutando á
Boccaccio, cuya sátira feroz contra ellas en _Il Corbaccio_ ó
_Laberinto d'Amore_ fué muy leído é imitado en el siglo XV, fué
dirigido por Juan Rodríguez á la reina doña María y trae 50 razones
sobre las excelencias de la mujer sobre el hombre, con muchas
autoridades "divinas, naturales y humanas", que en sus manos resultan
á veces chistosos disparates. _La cadira del honor ó Tratado de la
nobleza ó fidalguía_ es un panegírico, y en él alude á otra obra
sobre lo mismo, el _Oriflama_, cuyo manuscrito había dejado en Padua
ó Venecia. También se cree tradujo las _Heroidas_ de Ovidio, que se
conocen con el título de _Bursario_, que le dió su autor.
Fuera de las seis composiciones líricas insertas en _El siervo libre
de Amor_, consérvanse unas 14 en los _Cancioneros_, general, de Baena,
de Stúñiga, de Herberay des Essarts y los dos de la Biblioteca Real.
Todas son de amores, menos la mejor de ellas, la _Flama del divino
rayo_, himno de su conversión; de las otras recordemos _Los siete
gozos de Amor_, _Los diez mandamientos de Amor_, la canción _Ham, ham,
huyd que ravio_. Pero la prosa de Juan Rodríguez es mejor que sus
versos, y su vida romántica, más curiosa que sus versos y su prosa.
Con ser gallego, no se sabe escribiese más que en castellano, al cual
trajo el sentimentalismo apasionado y misterioso y el sentimiento de
la naturaleza, cosas propias de su raza y elementos verdaderamente
poéticos siempre y más extraños en aquella sociedad cortesana de poetas
cultos y eruditos. La erudición, que también le sobra á Juan Rodríguez,
la debe al clasicismo, que aprendió en Italia. Si fuesen suyos los tres
romances del British Museum, del _Conde Arnaldos_, _Rosa florida_ y la
_Infantina_, sería el primer poeta que puso su nombre á un romance y de
los mejores poetas de su siglo; pero el ritmo afeminado y lánguido de
Juan Rodríguez hace dudar sean suyos tales romances.