=302.= Apenas cerró los ojos su padre, por presto que su

madre le hizo reconocer en el señorío de Hita y Buitrago, se

apoderó de Guadalajara un hermano del Almirante, el señor de

Rello, entabló litigio sobre doña Aldonza de Mendoza, hija del

primer matrimonio de don Diego, y encendieron guerra civil en

los valles de la montaña los Manriques, señores de Castañeda,

aspirando á la posesión de Liébana, Pernia y Campóo de Suso; y

su partidario Garci González Orejón invadió el solar de la Vega

y atropelló á los habitantes de Potes, aunque fueron rechazados

por los de doña Leonor, acaudillados por Pero Gutiérrez de

la Lama. La misma señora logró que el Real de Manzanares

quedase en secuestro hasta que el Obispo de Sigüenza, nombrado

árbitro, decidiese. Aunque el señor de Rello conservó las casas

mayores de Guadalajara, reconoció el derecho de su sobrino,

obligándose á pagarle dos mil maravedís anuales á manera de

alquiler. Por sentencia de los oidores Juan González de Acevedo

y Juan Alfonso de Toro fué reconocida doña Leonor, en 1407,

por señora de los valles de Carriedo, Villaescusa, Cayón,

Camargo, Cabezón y el Alfoz de Laredo; en 1409 se le devolvió

la casa y torre de la Vega y por fuerza de armas fueron echados

de Liébana los usurpadores. Firmáronse las capitulaciones

matrimoniales en Ocaña el 17 de agosto de 1408, aportando la

novia 15.000 florines de oro del cuño de Aragón. Por la corta

edad de los cónyuges los desposorios no se hicieron hasta

1412, en Valladolid, cuando ya el Maestre de Santiago había

fallecido. Hernando del Pulgar erró algo en estos hechos, pues

para cuando doña Leonor murió, en 1432, ya había recobrado

los estados, de modo que no fué don Íñigo el que los recobró

huérfano, sino su madre. Por sentencia de 22 de julio de

1423, el Real de Manzanares fué dividido entre doña Aldonza y

don Íñigo, aunque á poco protestó éste contra tal decisión.

Sobre la última enfermedad y muerte del Marqués, compuso su

capellán, Pedro Díaz de Toledo, un _Diálogo_, publicado por

Paz y Meliá en _Opúsculos literarios de los siglos XIV á XVI_

(Socied. Biblióf. Españoles). Fué querido el Marqués en vida y

respetado y glorificado después de su muerte. En vida le había

ya honrado Juan de Mena, en su _Coronación_; después, Diego de

Burgos, en el _Triunfo del Marqués_ (_Cancionero general_ de

1511), y Gómez Manrique, en sus _Coplas á la muerte del Marqués

de Santillana_. De aquí que como personaje simbólico, tras

el doctor Pedro Díaz de Toledo, que puso en sus labios altas

moralidades sobre la inmortalidad, Juan de Lucena le hiciese

disertar sobre el sumo bien y la _Vita beata_. Sus _Proverbios_

fueron glosados por el doctor Pedro Díaz de Toledo, por Luis de

Aranda (Granada, 1575: _Avisos sentenciosos sobre el modo de

conducirse en el trato civil de la gente_; 1781, en el t. V del

_Caxon de Sastre_, de Nipho).

Su retrato físico y moral fué trazado por Hernando del Pulgar

en sus _Claros varones de Castilla_. Fué "hombre de mediana

estatura, bien proporcionado en la compostura de sus miembros,

é fermoso en las faciones de su rostro... Era hombre agudo

é discreto é de tan gran corazón, que ni las grandes cosas

le alteraban, ni en las pequeñas le placía entender. En la

continencia de su persona é en el razonar de su fabla mostraba

ser hombre generoso é magnánimo. Fablaba muy bien é nunca le

oían decir palabra que non fuese de notar, quier para doctrina,

quier para placer. Era cortés, é honrador de todos los que á

él venían, especialmente de los hombres de sciencia... Fué muy

templado en su comer é beber, y en esto tenía una singular

continencia... Era caballero esforzado, é ante de la facienda,

cuerdo é templado; é puesto en ella, ardit é osado, é ni

su osadía era sin tiento, ni en su cordura se mostró jamás

punto de cobardía... Gobernaba asimismo con grand prudencia

las gentes de armas de su capitanía, é sabía ser con ellos

señor é compañero. E ni era altivo con el señorío, ni raez en

la compañía, porque dentro de sí tenía una humildad que le

facía amigo de Dios, é fuera guardaba tal autoridad, que le

facía estimado entre los hombres. Daba liberalmente todo lo

que á él como á capitán mayor pertenescía de las presas que

se tomaban, é allende de aquello, repartía de lo suyo en los

tiempos necesarios. É guardando su continencia con graciosa

liberalidad, las gentes de su capitanía le amaban, é temiendo

de le enojar, no salían de su orden en las batallas... Los

poetas decían por él que en la corte era grand Febo por su

clara gobernación, é en campo Aníbal por su grand esfuerzo.

Era muy celoso de las cosas que á varón pertenescía facer é

reprensor de las flaquezas que veía en algunos hombres...

Solía decir á los que procuraban los deleytes que mucho más

deleytable debía ser el trabajo virtuoso que la vida sin

virtud, quanto quier fuesse deleytable. Tenía una tal piedad,

que cualquier atribulado ó perseguido que venía á él fallaba

muy buena defensa é consolación en su casa, pospuesto cualquier

inconveniente que por le defender se le pudiese seguir... Este

claro varón, en las huestes que gobernó... con la autoridad

de su persona é no con el miedo de su cuchillo, gobernó sus

gentes, amado de todos, é no odioso á ninguno... Tenía gran

fama é claro renombre en muchos reynos fuera de España; pero

reputaba muy mucho más la estimación entre los sabios que la

fama entre los muchos. É porque muchas veces vemos responder

la condición de los hombres á su complexión é tener siniestras

inclinaciones aquellos que no tienen buenas complexiones,

podemos sin duda creer que este caballero fué en grand cargo á

Dios por le aver compuesto la natura de tan igual complexión,

que fué hábil para recebir todo uso de virtud, é refrenar sin

grand pena cualquier tentación de pecado... Si verdad es que

las virtudes dan alegría é los vicios traen tristeza, como sea

verdad que este caballero lo más del tiempo estaba alegre, bien

se puede judgar que mucho más fué acompañado de virtudes, que

dan alegría, que señoreado de vicios, que ponen tristeza".

=303.= Pocas son las obrillas en prosa del Marqués. El _Prohemio ó

carta_, que envió al Condestable de Portugal con las obras suyas,

encierra su criterio estético y es como su _poética_. Es preceptivo é

histórico, de más elevados pensamientos que el _Arte de trovar_, de don

Enrique de Villena, que sólo se atuvo á la doctrina provenzal; pero su

clasicismo erudito le hace despreciar y calificar de _ínfima_ la poesía

popular, de _mediocre_ toda poesía en lengua vulgar y de _sublime_

solamente la escrita en griego y latín. Muchos años habían de pasar y

aun siglos hasta que cayera este ídolo y se persuadiese la gente de

que los romances son tan idiomas como el latín y el griego y de que

la más sustanciosa y digna de aprecio es la poesía popular, aquella

"de que la gente baja é de servil condición se alegra". En prosa

escribió el _Prólogo_ y las _Glosas_ á los _Proverbios_, la _Carta_

á su hijo, cuando estudiaba en Salamanca, y la _Lamentaçion fecha en

Propheçia de la segunda destruycion de España_, en estilo enfático. La

colección de _Refranes que dicen las viejas tras el fuego_ se le ha

siempre atribuido, pero quizá sin fundamento, y á la verdad no cuadra

este gusto por lo popular con las aficiones del Marqués. La prosa de

Santillana, aunque no tan mala como la de Villena en sus momentos de

mayor furor latinizante, se le parece no poco, á causa de la misma

tendencia. Partiendo del falso principio de que el romance no era más

que latín corrompido é indigno de ser escrito, tendían á allegarlo al

latín en voces, construcción é hipérbaton. ¿No era mejor, según eso, no

escribir más que en latín? ¡Quién nos diera un cilindro fonográfico del

habla popular de entonces! Á buen seguro que era tan realista, briosa,

concisa y elegante como ha sido siempre el habla de los españoles.

Los _Proverbios de gloriosa dotrina e fructuosa enseñança_ (1437),

son adagios bien rimados para la educación del príncipe don Enrique,

sacados de Salomón y otros autores, que cita en el prólogo. _Al itálico

modo_ compuso 42 sonetos, que por ser el primer ensayo que se hizo en

España merecen respeto y hasta admiración.

De las poesías de Santillana, las mejores son las _Serranillas_,

que hizo por la mayor parte en sus primeros años y son cabalmente

las más cercanas al arte popular. Aunque ya no tienen la naturalidad

primitiva de los _cantos de ledino_ y _canciones de amigo_, de

la lírica galaico-portuguesa, de las que son tardío remedo, son

"canciones más graciosas, como dice Puymaigre, que las de Teobaldo de

Champagne y pastorales más lindas que las de Giraldo Riquier". Son

idilios condensados, esbozados apenas con cuatro ligeras pinceladas

y no sin una puntita de sabrosa malicia, que les da cierta tonalidad

humorística, rara en aquellos tiempos. Bien que variado en cuanto

cabe, el cuadrito es siempre el mismo y se ve que al lugar común

del encuentro de un caballero y una pastora, que tomó el Marqués ya

inventado, no tenía grande inventiva para añadir otras escenas, así

como ni para detenerse en la descripción, cosas en que tanto sobresalió

Teócrito, y aun en España mismo el Arcipreste de Hita, cuyos "excesos

de feo realismo", en frase de M. Pelayo, son toques de pintor tan

excelso y de poeta tan bravío y maravilloso, que para mí, comparadas á

sus serranillas, son las del Marqués dibujos de principiante. Asunto,

metro y lenguaje, tómalos éste de la tradición popular, de donde los

habían tomado los poetas galaico-portugueses. De la misma fuente

proceden los _decires_ y los _cantares_, que de ellos se diferencian

por el estribillo y el tema inicial, aunque llevan ya el sello de la

cortesanía delicada que el Marqués supo comunicarles. Ya sobrecargó la

dosis del elemento culto en _El Sueño_, _El Triumphete de Amor_, _El

Infierno de los enamorados_, y así suenan algo más á hueco y cansan por

lo largos. Pero donde abruma es en sus _visiones_ y _sueños_, debido

al uso y al abuso de la mitología, de la historia, de la alegoría

dantesca y petrarquesca, envuelta en pedante retórica. _La defunssion

de don Enrique de Villena_ es una retahila de sabios y poetas, con los

cuales compara á don Enrique, su grande amigo, que le dirigió _Al Arte

de trovar_ y la traducción de la _Eneida_ y de la _Divina Comedia_.

Sigue siendo dantesco en la _Coronación de Μosen Jordi_ (1430), en

el _Planto de la Reyna doña Margarida_ y en la _Visión_ de las tres

virtudes _Firmeza, Lealtad y Castidad_. No deja de tener brío _El

Planto que fizo Pantasilea_, tomado de la _Crónica Troyana_, libro

muy leído por el Marqués. En la _Comedieta de Ρonza_ (1444), que nada

tiene de dramática y es un poema dialogado que lamenta la derrota de

los aragoneses por la armada genovesa en 1435, hay clara influencia del

Petrarca y dióle el título por el de la _Divina Comedia_ de Dante, á

causa de la profecía de la Fortuna, que al final consuela á las Reinas

con el brillante porvenir de sus maridos, Alfonso V de Aragón, don

Juan, rey de Navarra y el infante don Enrique, que cayeron prisioneros

en aquella triste jornada, según la doctrina de que la comedia comienza

por trabajos y acaba por alegrías. La erudición apesadumbra esta obra,

como las más del Marqués; encierra, sin embargo, algunos trozos briosos

y animados. Más dramática es la obra _Bias contra Fortuna_ (1448),

hecha para consolar á su primo el Conde de Alba cuando fué encarcelado

por don Álvaro de Luna, animándole con la doctrina filosófica de los

estoicos, de que el sabio dura constante en medio de los altibajos de

la vida, los cuales no le quitan el sosiego de su alma ni le amenguan

la verdadera libertad. Consta de 180 coplas de arte menor, armoniosas y

bien cortadas. _El Doctrinal de Privados_ (1454) es una invectiva en 53

estrofas contra don Álvaro de Luna, haciéndole confesar sus fechorías

con una inquina que en ninguna otra ocasión muestra Santillana, y

que no se da por vengada ni con la muerte del Condestable. Este odio

sincero le sacó de sus casillas y le hizo escribir una de las mejores

páginas por la fuerza y verdad, que no suelen abundar en los escritos

eruditos.

Santillana es un poeta que ni remotamente puede compararse con el

Arcipreste de Hita. No es original ni en los asuntos ni en la manera de

tratarlos, ni en el estilo, en el brío, en el color, en la delicadeza y

sentimiento, ni en el lenguaje. Tampoco era un sabio, ni sabía latín ni

menos griego, ni supo sobreponerse á las falsas interpretaciones que la

erudición de su tiempo daba al arte clásico, ni á la doctrina estética

reinante. Fué con todo un artista imitador de cuanto bueno hallaba

á mano, un erudito de los mejores de entonces, uno de los que mayor

empuje dieron al estudio de las letras y al Renacimiento italiano,

trayéndolo á España. Tentólo todo y todo lo hizo adelantar. Admirador

de Dante, Petrarca y Boccaccio, les imitó y hasta les copió no pocas

cosas, siendo de los más gloriosos precursores de Boscán. Fué un

aficionado de las Humanidades, sin llegar á ser humanista, que no los

podía haber en aquel siglo. Rodeado de una verdadera corte literaria,

encargó á otros versiones de libros de que poderse aprovechar y con que

aprovechar á los demás. Conocía la literatura francesa de los siglos

XIV y XV, la catalana y la italiana, de la antigua provenzal harto

poco y de segunda mano. Lo que no conoció ó menospreció fué la poesía

española de origen popular, porque no veía más que la erudita y culta.

Ni siquiera el nombre de _cantar de gesta_ suena en sus obras; aun del

_mester de clerezia_ sabía bien poco, pues ni nombra á Berceo. Sus

aficiones estaban en Italia, y así creyó que sus sonetos serían su más

alta gloria, pero se engañó. Santillana vive y vivirá por sus _decires_

y _serranillas_, no porque fuera el primero que las hizo, ni siquiera

el que mejor las hizo, sino porque en aquel siglo no hubo otro que las

hiciera mejor desde el Arcipreste, que le sobrepuja de cien codos,

hasta Juan del Enzina y Gil Vicente.

=304.= Sobre _la Comedieta_, dice su autor en el _prohemio_:

"É intituléla deste nombre por quanto los poetas fallaron

tres maneras de nombre á aquellas cosas de que fablaron,

es á saber: tragedia, satyra, comedia. Tragedia es aquella

que contiene en sí caydas de grandes reyes é príncipes, asy

como de Hércoles, Príamo é Agamenón é otros atales, cuyos

nascimientos é vidas alegremente se comenzaron é grand tiempo

se continuaron é después tristemente cayeron. É del fablar

destos usó Séneca el mancebo, sobrino del otro Séneca, en las

sus _Tragedias_, ó Johan Boccaccio en el libro _De casibus

virorum illustrium_. Satyra es aquella manera de fablar que

tovo un poeta que se llamó Satyro, el qual reprehendió muy

mucho los vicios é loó las virtudes; é desta manera después

dél usó Oracio é aun por esto dixo Dante: "L'altro è Oracio

sátiro, che vene...". Comedia es dicha aquella cuyos comienzos

son trabajosos é después el medio é fin de sus días alegre,

gozoso é bienaventurado; é desta usó Terencio, Peno é Dante

en el su libro, donde primero dice haber visto los dolores é

penas infernales é después el Purgatorio é después alegre é

bienaventuradamente el Paraíso".

Los pecados capitales del estilo de Santillana son debidos

á ser de los primeros que traían á España el renacimiento

clásico, lo cual desarma á cualquier crítico, aunque á la vez

retraiga á los lectores comunes: la comezón por rebutir sus

escritos de nombres mitológicos y erudiciones lejanas, que,

no diciendo nada á los lectores españoles, les deja fríos y

ahitos de tan trasnochada erudición, y el hipérbaton y voces

latinas con que retuerce y enturbia la lengua castellana

creyendo ennoblecerla y engalanarla. Eran los primeros pinitos

del clasicismo y nada tiene de extraño anduviese á trompicones;

mayor culpa les cupo á los que le siguieron, no acabando de

dejar esta material imitación y no acertando á beberle al

clasicismo su verdadero espíritu, que cabalmente está en la

sublime naturalidad y en el arraigo, cuanto al pensar, sentir y

hablar, en las entrañas y alma del pueblo y de la raza.

Herrera, en su _Comentario á Garcilaso_: "No en la edad de

Boscán, como piensan algunos (se introdujo la versificación

toscana); que más antigua es en nuestra lengua, porque el

Marqués de Santillana, gran capitán español y fortísimo

caballero, tentó primero con syngular osadía y se arrojó

venturosamente en aquel mar no conocido y volvió á su nación

con los despojos de las riquezas peregrinas. Testimonio desto

son los sonetos suyos, dinos de veneración por la grandeza del

que los hizo y por la luz que tuvieron en la sombra y confusión

de aquel tiempo".

Sobre sus trabajos dice el Marques: "Á ruego é instancia mía,

primero que otro alguno, se han vulgarizado en este reyno

algunos poemas, así como la _Eneyda_, de Virgilio; el libro

mayor de las _Transformaciones_, de Ovidio; las _Tragedias_,

de Lucio Aneo Séneca, é muchas otras cosas en que yo me he

deleytado fasta este tiempo é me deleyto é son asy como un

singular reposo á las vexaciones é trabaxos que el mundo

continuamente trahe, mayormente en estos nuestros reynos". Su

capellán, Pedro Díaz de Toledo, puso en romance el _Phedon_, de

Platón, antes de 1450. Su hijo don Pedro González de Mendoza

tradujo probablemente á Homero de la versión latina del milanés

Pedro Cándido Decimbre, y bien pudiera ser el texto castellano

de los cinco primeros libros de la _Ilíada_ vertidos del latino

del dicho milanés, y dedicados á don Juan II, que Volmöller ha

descubierto. Véase la carta del Marqués á su hijo donde á esto

alude. Sobre la biblioteca del Marqués, cuyos restos paran en

la Nacional, véase Amador de los Ríos. Todavía dura, aunque no

en España, el códice magnífico del _Roman de la Rose_, que le

perteneció. Además de Guillermo de Lorris y su continuador,

hállanse citados en sus escritos _Michante_ (Michault), que

escribió "un grand libro de baladas, canciones, rondeles, lays

é virolays é assonó muchos dellos"; _Micer Otho de Grandson_

(Alain Chartier), "muy claro poeta moderno é secretario deste

rey Luis de Francia (Luis XI), que con grand elegancia compuso

é cantó en metro el _Debate de las quatro damas_, la _Bella

Dama Sanmersi_, el _Revelle matin_, la _Grand pastora_, el

_Breviario de nobles_ é el _Hospital de amores_, por cierto

cosas asaz fermosas e placientes de oir". Todos estos poetas

franceses son de la escuela alegórica y pedantesca, cuyo

principal monumento es el _Roman de la Rose_. "Los catalanes,

valencianos é aun algunos del reyno de Aragón fueron é son

grandes officiales desta arte". Conoció á Pedro March el viejo,

al petrarquista Mosen Jordi de Sant-Jordi "el cual ciertamente

compuso asaz fermosas cosas, las quales él mesmo asonava, ca

fué músico excelente"; á Ausias March, "grand trovador é ome

de assaz elevado espíritu". "De los provenzales parece haber

conocido las poéticas más bien que los poetas, dice M. Pelayo,

y aun éstos sólo de nombre y por citas de los italianos. Así,

de Arnaldo Daniel, uno de los poquísimos que menciona (sin

duda por haberle encontrado en la _Divina Comedia_), dice

expresamente que no había visto obra alguna".

Los _Proverbios de Enigo de mendoça con su glosa_ se

imprimieron, próximamente, en 1490, Zaragoza (_Bibliogr.

Zarag._ del siglo XV). También hizo traducir Santillana del

italiano las _Tragedias_ de Séneca (Amador de los Ríos, edic.

de Santillana, págs. 639 y 482).

Sobre la biografía de Santillana: _Crónica de don Juan II_;

Tomás Antonio Sánchez, _Colección de poesías castellanas

anteriores al siglo XI_; Amador de los Ríos, _Vida del Marqués

de Santillana_, en la edición de sus obras; Schiff y M. Pelayo,

que se citarán luego.

_Centiloquio_, impreso en 1496, 1558.

=305.= Marqués de Santillana. _Cancionero._ Ed. R.

Foulché-Delbosc, en _Cancionero castellano del siglo XV_.

Nueva Bibl. de Aut. Esp., t. XIX; _Obras_, ed. J. Amador de

los Ríos, Madrid, 1852; _Bias contra fortuna_ [facsímile

de la ed. de Sevilla, 1502, por Archer M. Huntington], New

York, 1902; _Refranes que dizen las viejas tras el fuego_,

ed. U. Cronan, en _Revue Hispanique_ (1911), t. XXV, págs.

134-176; _Testament du marquis de S._, ed. R. Foulché-Delbosc,

en _Revue Hispanique_ (1911), t. XXV, págs. 114-133.

Consúltense: M. Menéndez y Pelayo, _Antología de poetas

líricos_, etc., t. V, págs. LXXXVIII-CXLIV; B. Sanvisenti,

_I primi influssi di Dante, del Petrarca e del Boccaccio

sulla Letteratura spanuola_, Milano, 1902, págs. 127-186; M.

Schif, _La Bibliothèque du marquis de Santillane_, París,

1905 (Bibliothèque de l'École des Hautes Études, fasc. 153);

A. Vegue y Goldoni, _Los sonetos "al itálico modo" de don

Íñigo López de Mendoza: estudio crítico y nueva edición de los

mismos_, Madrid, 1911.

En 1430 se acabó la "Biblia romanceada, por RABÍ MOSÉ ARRAGEL

DE GUADALFAJARA, á petición de don Luis de Guzmán, maestre

de Calatrava, con ayuda é información de los muy honorabiles

famosos sabios é señores angeles divinos don Vasco de Guzmán,

arcediano de Toledo, é el maestro frey Arias de Encinas,

guardián del convento é estudio de San Francisco de Toledo, é

el maestro fray Juan de Zamora, de la Orden de Predicadores",

como puso por título el mismo Mosé Arragel á la famosa Biblia

que guarda la Casa de Alba. Véase: _Homenaje á M. Pelayo_, II,

pág. 5; Gallardo, t. IV, col. 1485.

=306.= _Año 1432._ FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN (1378?-1460?), señor de

Batres, sobrino del Canciller Ayala y tío del Marqués de Santillana,

fué hijo de Pedro Suárez de Guzmán y de doña Elvira de Ayala. Embajador

en Aragón en tiempo de Enrique III, prometíase una gran carrera

política. Salvó la vida á Pero Meléndez de Valdés, capitán de la

mesnada del señor de Hita, en la batalla de la Higuera; pero en vez de

serle recompensado, fué preso, y cayó en disfavor de Juan II. Declarado

enemigo de don Álvaro de Luna y sospechoso por su cercano parentesco

con el Arzobispo de Toledo don Gutierre Gómez, de los más fervorosos

partidarios de los Infantes de Aragón, no podía vivir en aquella corte,

donde sólo reinaban, según él, "cobdicia de alcanzar é ganar, engaños,

malicias, poca verdad, cautelas, falsos sacramentos é contratos é otras

muchas é diversas astucias é malas artes". Era, además, él mismo poco

amigo de someterse á nadie, algo áspero de genio, recto en la justicia

y aficionado á la lectura y al estudio. Por todo ello se retiró á los

cincuenta y seis años de su edad á su señorío de Batres, de donde

apenas volvió á salir, habiendo muerto, según se cree, á los ochenta y

dos años de su edad.

Fué su consejero y maestro en la voluntaria soledad el obispo de

Burgos don Alonso de Cartagena, con quien mantuvo larga correspondencia

ascética, filosófica y literaria. Fué en los años de su mocedad

aficionado á la poesía y alabado como poeta, aunque lo fué mediano,

imitando á su tío el Canciller en la gravedad y en las moralidades,

bien que no en el metro, pues empleó las formas cortas de su tiempo.

Tampoco sobresalió por la fuerza de su imaginación. Hállanse, con todo,

trozos y frases de peregrina fuerza sentenciosa en sus versos, que

fueron los más de materia moral ó religiosa y llegaron hasta 13.000,

de los cuales los mejores son las _Coplas de vicios e virtudes_, la

lamentación por la muerte de Alonso de Cartagena († 1456) y los _Loores

de los claros varones de España_, en 409 octavas de arte menor.

Pérez de Guzmán fué, ante todo, prosista. Su ingenio grave y

sentencioso, parecido al de su tío el Canciller, halló en el trato de

don Alonso de Cartagena, obispo de Burgos, lo que más le cuadraba.

Llamábale su _Séneca_, llamándose á sí propio _Lucilio_, y de hecho el

dechado que más al justo venía á su natural era Séneca el moralista, el

sentencioso, el grave, cuyas veces hacía á maravilla el famoso Obispo

de Burgos. De aquí le vino á Pérez de Guzmán la ocurrencia de hacer

traducir las _Cartas_ de Séneca á Lucilio, aunque no del latín, sino de

la versión toscana de Ricardo Pedro, ciudadano florentino. Patrocinó

la versión de Salustio, de quien fué aficionadísimo, que á "ruego et

afincamiento" suyo hizo su primo el arcediano de Toledo, Vasco de

Guzmán. También compiló la _Floresta de los Philosophos_, colección de

sentencias, la mayor parte sacadas de Séneca, inédita hasta 1904.

Historia de la lengua y literatura castellana, Tomo 1 · 第 35 / 59 段