plumajes et dolencias et melecinamientos_ se halla en la
Invocación con que el libro comienza, y en el prólogo al
obispo de Burgos don Gonzalo de Mena dice cinco veces _Caza
de las Aves_. Por último, escribe al fin del libro: "Aquí se
acaba el _Libro de la Caza de las Aves_, que fizo Pero López
de Ayala en el castillo de Oviedes, en Portogal, en el mes de
junio, año del Señor de mill et trecientos et ochenta y seis
años, era de César de MCCCCXXIV años". Extraño parece que en
la edición de la Sociedad de Bibliófilos Españoles, preparada
por Lafuente y Alcántara, y por su muerte acabada por Gayangos,
el título sea _El Libro de las Aves de Caza_, como si fuese
un tratado de historia natural. Acerca de las _Glosas del
Duque de Alburquerque_, añadidas á esa edición, léase lo que
dice Gutiérrez de la Vega en su hermosa edición, pág. XLVII.
Sobre los códices, la _Biblioteca Venatoria Española_ y la
_Bibliografía Venatoria Española_, del mismo Gutiérrez.
En el libro de la _Caza_ se ve su intento siempre de gran
moralizador de las costumbres, pues en su ejercicio halla una
manera de "tirar á los omes de ocio et malos pensamientos et
que puedan aver entre los sus enojos et cuidados algund plazer
et recreamiento sin pecado". Libro curioso para la historia
de las costumbres de la época, para el conocimiento de este
deporte y de su vocabulario particular. Amante de toda cultura,
emprendió sus traducciones "por avisar é ennoblecer la gente
é nación de Castilla, fizo romanzar de latín en lenguaje
castellano algunas crónicas y estorias que nunca antes dél
fueron vistas ni conoscidas en Castilla" (Pedro López de
Ayala, su nieto, en la _Relación fidelísima de su linaje_). El
texto latino de Livio para el Canciller "estava en latín por
bocávulos ignotos et escuros", como dice él al Rey. El intento
de sus versiones fué "á bien et á provecho de la republica",
entresacando de ellas "dichos de muchos buenos enxemplos et de
buenas doctrinas para bien vivir espiritualmente et moral et
onestamente." La _Crónica Troyana_ había dejado sus huellas en
el _Libro de Alixandre_ y un tal _Domingo de Troya_ se decía
haber divulgado la leyenda en España antes de Alfonso _el
Sabio_, en cuyo reinado un eclesiástico hizo una refundición
castellana del _Roman de Troie_, de Benoît de Sainte-More
(hacia 1160), de la cual se conserva la copia de Nicolás
González, fechada en 31 de diciembre de 1350. Esta versión
castellana la tradujo al gallego en 1373 Fernán Martínez. La
versión latina de Guido delle Colonne ó _Historia Troiana_
(1272-1287) no es sino una reproducción de la obra de Benoît
de Sainte-More. De esta traducción latina de Colonne sacó la
suya Ayala en 1358, y en 1367 la suya catalana Jaime Conesa. La
leyenda y refundiciones proceden de las latinas de los seudo
cretense Dictys y seudo frigio Dares.
=269.= Pero la obra principal del Canciller fué convertir la informe
crónica, hasta su tiempo usada, en verdadera historia artística. Acaso
él mismo no se percató de ello; sino que aficionado y aun estimulado
por el ejemplo de su padre á leer historias, sin querer remedó á Tito
Livio, cuyas _Décadas_ había traducido, insertando breves discursos y
frases, que encierran los motivos que tenían al obrar los personajes.
Conociendo tan de cerca á los Reyes, no se dejaba encandilar por las
apariencias; su natural austero y grave no le permite rebajarse ante
nadie, no bandearse más á una que á otra parcialidad, y su amor por la
moral y la justicia le mantiene en el fiel de la equidad generalmente.
Con este criterio escribió sobre los reinados de don Pedro, don
Enrique II, don Juan I y don Enrique III, el último no acabado por
haberle tomado la muerte cuando había llegado á los acontecimientos
del año 1396, y la crónica de este reinado fué después continuada por
Álvar García de Santa María (1390-1460). López de Ayala es el primer
historiador en fecha, de España, y fuera de ella no lo hubo hasta fines
del siglo XV. Es historiador grande y severo, que con cierto instinto
ahonda y escudriña en el alma de los personajes, pintándolos además en
retratos ceñidos y recios; pónelos en acción haciéndoles declarar por
su propia boca sus intentos por medio del diálogo, cartas y arengas, y,
sobre todo, prepara los acontecimientos trágicos con maña de habilidoso
dramático, haciendo crecer el terror por momentos hasta el desenlace.
Tiénesele por sospechoso en lo que atañe al rey don Pedro, de quien
deslealmente se apartó; pero convienen con él los cronistas catalanes,
como el autor de las memorias de don Pedro IV; los portugueses, como
Fernán Lopes; los italianos, como Villani; y los franceses, como
Froissart y el biógrafo de Duguesclin. Fuera de este caso, todos
concuerdan en tenerle por historiador veraz y de imparcial fidelidad.
=270.= Hasta él no había habido más que _Crónicas_, la _Crónica
general_, de Alfonso _el Sabio_; el compendio que de ella
hizo don Juan Manuel y las varias refundiciones conocidas;
los anales de Alfonso _el Sabio_, de Sancho IV, de Fernando
IV y de Alfonso XI, que fueron escritos por Fernán Sánchez de
Tovar, predecesor de López de Ayala en la Gran Cancillería
castellana, más bien que por Juan Núñez de Villaizan; _La grant
Cronica de los Conquiridores_ (1383), ó historia del Imperio
bizantino de 780 á 1118 y crónica de Morea de 1199 á 1377, y
_La grant Cronica de Espanya_ (1385), ambas redactadas por
orden del gran maestre de la Orden de San Juan de Jerusalén,
Johan Fernández de Heredia (1310-1396). Fernán Pérez, padre de
López de Ayala, "como era tan grand caballero et tan entendido
et mesurado en todos sus fechos, se pagaba de decir bien et
apuestamente et otrosi de alcanzar noticias de letras et de
estorias de cosas grandes et nobles que en el mundo hubiesen
pasado" y había romanceado una "antiqua escriptura", compuesta
por "un muy grand caballero de los de Ayala, á quien decían San
Velázquez", la cual sirvió al Canciller para escribir sobre "el
linaje de Ayala y las generaciones de los señores que vienen de
él". Como muestra de su pincel, recuérdese el retrato de don
Pedro: "assaz grande de cuerpo et blanco et rubio et ceceaba
un poco en la fabla; era muy cazador de aves; fué muy sofridor
de trabajos; era muy temprado et bien acostumbrado en el comer
et beber; dormía poco et amó mucho mujeres; fué muy trabajador
en guerras; fué cobdicioso de allegar tesoros et joyas et
aljofar et baxilla de oro et de plata et paños de oro et otros
apostamientos". Las cartas que atribuye al "sabidor moro
granadino" Ben Alkhatib le sirven para envolver sus máximas
morales y políticas. Sobre su manera de preparar los grandes
sucesos, recuérdese la profecía de Merlín, interpretada por
Ben Alkhatib, y no menos la muerte de Garcilasso de Burgos,
el suplicio del rey Bermejo, etc. Próspero Mérimée, con poco
más que adobar esta _Crónica_ á la moderna, hizo una historia
hermosísima.
=271.= Pero López de Ayala, _Rimado de Palacio_, ed. F. Janer,
Bibl. de Aut. Esp., t. LVII; ed. A. F. Kuersteiner (en prensa);
_Crónicas de los Reyes de Castilla don Pedro, don Enrique II,
don Juan I, don Enrique III_, ed. E. de Llaguno y Amírola, en
_Crónicas españolas_, Madrid, 1799, ts. I y II; _Crónica del
rey don Pedro_, Bibl. de Aut. Esp., t. LXVI; _El libro de las
aves de Caça_ (Soc. de Biblióf. Españoles), ed. P. de Gayangos,
Madrid, 1869; _Libro de la Caza_, ed. J. Gutiérrez de la Vega,
en _Biblioteca Venatoria_, Madrid, 1879, t. III. Consúltense:
R. Floranes Robles y Encinas, _Vida literaria de P. L. de Α._,
en _Documentos inéditos_ (1851-52), ts. XIX y XX; J. Catalina
García, _Castilla y León durante los reinados de Pedro I,
Enrique II, Juan I y Enrique III_, Madrid, 1892-1901 [sin
terminar]; M. Menéndez y Pelayo, _Antología de poetas líricos_,
etc., t. IV, págs. IX-XXXVII; A. F. Kuersteiner, _A Textual
Study of the First Cantica sobre el Fecho de la Iglesia in
Ayala's Rimado_, en _Studies in honour of A. Marshall Elliott_,
Baltimore [1911], vol. II, págs. 237-256; G. Daumet, _Étude
sur l'alliance de la France et de la Castille aux XIV^e et
XV^e siècles_ (Bibl. de l'École des Hautes Études, fasc. 118),
París, 1898; A. Fernández-Guerra y Orbe, _Discursos leídos ante
la Real Academia de la Historia en la pública recepción de
don Francisco Javier de Salas_, Madrid, 1868, págs. 131-200;
F. W. Schirrmacher, _Ueber die Glaubwürdigkeit der Chronik
Ayalas_, en _Geschichte von Spanien_, Berlín, 1902, t. V,
págs. 510-532; Ε. Fueter, _Ayala und die Cronik Peters des
Grausamen_, en _Mitteilungen des Instituts für österreichische
Geschichtsforschung_ (1905), t. XXXVI. págs. 225-246; A. F.
Kuersteiner, _The use of the relative pronoun in the Rimado de
Palacio_, en _Revue Hispanique_ (1911), t. XXIV, págs. 40-170.
=272.= La _Revelación de un ermitaño_, poema didáctico y anónimo en
octavas de arte mayor y con influencia italiana, se escribió en 1382
(verso 3); está tomado el asunto de la _Rixa Animi et Corporis_. Ed.
_Bibl. Autor. Esp._, t. LVII.
=273.= FRAY GARCÍA DE EUGUI, elegido obispo de Bayona en 1384,
compuso la _Crónica General de España_, publicada últimamente
por G. Eyzaguirre Rouse: _Crónica General de España_, en
los _Anales de la Universidad de Chile_, transcripción del
manuscrito de El Escorial.
FRAY GOMBALDO DE ULIGIA († 1384), dominico catalán de Cervera,
escribió _In libros Sententiarum_. _De vitis Sanctorum._
FRAY FELIPE RIBOT († 1391), carmelita catalán, escribió _De
institutione et gestis Carmelitarum_. _De vivis illustribus
Carmelitarum._ _Sermones._ _Epistolae._
En 1487 murió PEDRO IV "EL CEREMONIOSO", que parece escribió
en romance una _Crónica_ de su tiempo. Por orden suya se
compusieron las _Ordinations_ y ceremonias de la Casa Real, en
lemosín, promulgadas en 1344 (Bibl. Escor.). _También escribió
De ordine servando in coronationibus Regum Aragonum_ (ibid.).
(Véase Nic. Ant., l. IX, c. VII, pág. 177).
FRAY FRANCISCO EXIMENIZ († 1409), franciscano y obispo de
Elna, aunque escribió en catalán merece citarse por su obra
enciclopédica _Crestiá_ (El Cristiano), y más por las otras
que se tradujeron al romance. _De les dones_, cuyo ejemplar
del Arcipreste de Talavera se conserva, tradújose y hay Ms.
del siglo XV (Gallardo): _Aquí comienza el libro llamado de
las Donas, compuesto e ordenado por el Maestro fray Francisco
Jiménez_... En Valladolid, 1542, salió impreso el _Carro
de las donas_, que comprende el "libro de las mujeres...".
"Va repartido en cinco libros: los cuatro hizo este Doctor,
aunque yo añadí mucho en ellos copilando y sacando doctrina de
doctores muy sanctos. Copilé otro libro que trata del aparejo
que el hombre cristiano ha de hacer para la muerte: todo junto
se llama _Carro de las Donas_" (Pról. dedicat.). "Un religioso
de Sant Francisco, morador en Sant Francisco de Valladolid le
tradujo". Gallardo añade: "Véase si el traductor es el padre
toledano Gómez García". Comprende además, como dice el título,
el "Vita christianorum" y "Memoria eterna". Escribió Eximeniz
además el _Vita Christi_ en catalán, traducido por don Fernando
de Talavera; _Del Angels_, traducido al romance: _La natura
angelica_, Burgos, 1490, 1516; _Pastoral_, Barcelona, 1495; _De
la temor de Deu, ain_ (sic) _Virtut de justicia_, Barcelona,
1509.
DON GONZALO GONZÁLEZ DE BUSTAMANTE († 1392), obispo de Segovia,
escribió _La Peregrina_ ó repertorio alfabético del Derecho
canónico, romano y español (Bib. Escor.).
PEDRO DE LUNA ó _Benedictus XIII_ desde 1394, escribió, entre
otras obras (Nic. Ant.), _Libro de las Consolaciones de la Vida
humana_. _De potestate summi Pontificis et Concilii._ _De horis
dicendis per clericos._
Hacia 1397 JUAN FIGUEROLA, canónigo valenciano, escribió
_Adversas Iudaeos et Thalmudem_.
=274.= SAN VICENTE FERRER (1352-1419) parece profesó en los
dominicos en 1374, maravilloso varón apostólico. _De vita
Spirituali_, Venecia, 1568. _De fine mundi._ _Suppositionum
liber._ _De sacrificio missae._ _Tractatus consolationis in
fidei tentationibus._ _Sermones y Cartas_, 3 vols., Lyon, 1530,
1539, 1550; Amberes, 1569; Venecia, 1573. Obras completas,
Valencia, 1591. Otras en la Biblioteca Nacional.
=275.= En el siglo XIV se escribió, por el MAESTRE AUDALLÁ,
_De caballos y sus dolencias_ (GALLARDO). De fines del siglo
XIV es el _Vergel de Consolación_, escrito por FRAY JACOBO DE
BENAVENTE, impreso en Sevilla, 1497.
[Ilustración: SEPULCRO DE D. JUAN II. (Cartuja de Miraflores, Burgos).]
NOTAS:
[21] Así lo titula Gayangos al publicar este libro.
[22] "¿Quién creerá que Domenico Greco trajera sus pinturas muchas
veces á la mano y las retocase una y otra vez para dejar los colores
distintos y desunidos, y dar aquellos crueles borrones para _afectar
valentía_?" Así juzgó el académico pintor Pacheco al Greco; y esta
_valentía_ en que lo comparo con el Arcipreste no la ha entendido
Azorín. (_Los valores literarios_, pág. 71).
[23] Véase TACKE: _Die Fabeln des Erzpriesters von Hita, in Rahmen der
mittelalterlichen Fabelliteratur nebst einer Analyse des Libro de buen
amor_. Breslau, 1911 (32 págs.).
[24] "Las Grandes virtudes y hazañas de este nuevo Prelado mejor será
pasallas en silencio, que quedar en este cuento cortos". MARIANA, _Η.
E._, 16, 5.
ÉPOCA DE DON JUAN EL II
LA POESÍA LÍRICA CORTESANA Y LOS ALBORES DEL RENACIMIENTO (PRIMERA
MITAD DEL SIGLO XV HASTA 1454)
=276.= _Resumen histórico_: Juan II (1407-1454), privado y
verdadero gobernante de Castilla don Álvaro de Luna. En Aragón,
Alfonso V _el Magnánimo_ (1416-1458), hijo de Fernando I _el
de Antequera_, coronado en el Compromiso de Caspe, conquista
el reino de Nápoles, corte de renacimiento para la literatura
española.
_Literatura francesa_: _Alain Chartier_ (1394-hacia 1439).
Charles d'Orléans (1391-1465). Villon (1431-1483?). Gringoire
(_Jeu du Prince des Sots_, 1512). _Roman de Troïlus_ (1400).
Gerson (_Sermons_, 1389-1414).
=277.= Á los esforzados Reyes del siglo XIV, que gastan sus aceros
en la morisma acabando con su poder, como Alfonso XI en el Salado, ó
que tienen á raya á los magnates y luchan entre sí, como don Pedro
y su hermano _el Bastardo_, suceden en el siglo XV Reyes apocados,
como don Juan II y Enrique IV _el Impotente_, á quienes se sobreponen
los grandes y hasta los destronan, peleando ellos por la privanza y
señoríos y no escarmentando ni con ver caer en el cadalso la cabeza
del más poderoso de todos y único verdadero Rey en Castilla durante
largos años, don Álvaro de Luna. Las costumbres, de brutales que fueran
en el siglo XIV, se hacen refinadas en el XV, dominando la hipocresía
y la doblez cortesana. Mientras anda calladamente la intriga por las
antesalas entre los grandes ó revienta estruendosamente en los campos
de batalla, en manos de los grandes intrigadores y en la del mismo
Rey, hollado por sus ambiciones turbulentas, suena la lira cortesana
en el tono ficticio y apagado de la escuela galaico-portuguesa, que
da sus últimos y moribundos sones en Castilla y á la vez en el no
menos ficticio y falso de la escuela italiana comenzada á sonar con
intempestivo y descerrajado chirrido. De entrambas escuelas es la
lírica de la corte de don Juan II; pero como ecos remedados y por gente
cortesana, no contiene más que lo peor de entrambas. El nervio de la
galaico-portuguesa había sido lo popular gallego, el aire serrano,
candoroso y sentido; de ello sólo quedaba en la poesía de la corte de
don Juan II la sencillez de la cáscara, los versos cortos, ligeros y
delicados, propios de los cantares populares que aun hoy suenan en
todas partes y debieron de sonar en España mucho antes de aquella época.
El alma gallega y popular había volado: á la natural candidez había
tomado el lugar la sutileza, al candoroso sentimiento el jugueteo
de los conceptos. Más que de la escuela gallega eran aquellos los
últimos dejos de la escuela provenzal, llegada á Castilla por Portugal
y Galicia. Así acabó en España el influjo de la literatura venido
de Francia, primero de la lengua d'oil á la épica, después de la
d'oc á la lírica. La literatura italiana, la última en fecha de las
literaturas románicas, había resonado á fines del XIII y durante el
siglo XIV en las liras de Dante, Petrarca y Boccaccio, con cadencias
tan nuevamente elegantes, como viejas de abolengo, puesto que eran
las de la antigua Grecia y Roma, que despertaban al mágico poder
de aquellos renacentistas de la antigüedad clásica. Micer Imperial
y sus discípulos traen por Sevilla á la corte y resto de España,
á principios del siglo XV el culto de la _Divina Comedia_, y tras
Dante siguen Petrarca y Boccaccio, apuntando la primera aurora del
renacimiento latino. Pero es aurora todavía harto entre tinieblas, ó
mejor digamos, la gente cortesana no estaba aparejada para admirar y
gozar de tan desusados resplandores; no tenían ojos para ver entre
tanta luz y cegaron á sus rayos. La naturalidad del arte griego no
podía ser percibida y apreciada por gentes palaciegas que vivían de la
doblez y mentira, de la ficción y engaño. Aquella soberana naturalidad
llegaba además envuelta en el ropaje del simbolismo, con que Dante la
había vestido, porque así lo llevaban los tiempos y las circunstancias
políticas en que escribió. Nuestros poetas cortesanos quedáronse con
el ropaje y se les escabulló lo que dentro iba. Comenzó además á
entrar en España la erudición latina entre prosistas que no sabían
latín, y en vez de tomar lo bueno del fondo, también se quedaron con
lo de la corteza, que, acomodado al idioma castellano, le cuadraba
mal, con los desaforados latinismos y el destartalado trastrueque é
hipérbaton de palabras y frases, amén de la fría y farragosa erudición
de mitologías y leyendas, que para los españoles eran letra muerta,
y horriblemente gravosa y desquiciada por el consiguiente. En urdir
alegorías dantescas los poetas sin el alma de la poesía de Dante, y
en argamasar suciamente añejas erudiciones en estilo desvencijado,
descuartizado y empedrado de voces latinas y de latinos nombres propios
los prosistas, se fueron entreteniendo aquellos escritores cortesanos
de la corte de don Juan II, hasta que el gusto de las gentes acudió
en tiempo de los Reyes Católicos á la vena popular y castiza de los
romances y de los cantarcillos de villanos, cuando los eruditos,
ahondando en el verdadero clasicismo de Roma y Grecia, fueron echando
de ver que el alma del arte antiguo había salido del pueblo de Grecia
y que el alma del arte moderno bien podía hallarse en el pueblo de
España, que en naturalidad, brío y color no le iba en zaga. Con razón
ha podido, pues, llamar M. Pelayo al reinado de Juan II "pórtico de
nuestro Renacimiento", aunque él fuese pórtico algún tanto estrafalario
y más bien parece revoltijo de materiales, piedras, argamasa, maderos
y andamiaje, que amontonan los alarifes al echar los cimientos de ese
pórtico. Fué, pues, el reinado de Juan II una época de transición,
de poesía galaico-portuguesa harto retrasada, de poesía italiana por
demás prematura, de prosa clásica que á los dos pinos que hace da
tres trompicones. Todo ello manejado por cortesanos y eruditos, que,
tapándose todavía las orejas para no oir á los villanos, aprendían
su arte en los libros. Con todo, á la poesía de los villanos se iban
acercando, quieras que no. Los versos cortos, que á imitación de la
lírica galaico-portuguesa, se menudean tanto y no menos el pie de
romance, cortado en hemistiquios ó enteros, eran versos populares
castellanos. Poca verdadera poesía se halla en cuarenta y siete
años, á pesar de los 218 poetas que contó Amador de los Ríos; pero
la versificación es tan varia y rica, que no pocas composiciones se
leen con agrado, mayormente cuando algún buen ingenio rodea sutil y
galanamente el pensamiento ó cuando algún juglar bufonesco y satírico
se olvida del pudor cortesano y deja correr, aunque sea á medio chorro,
la vena castiza, que sin pretenderlo se apropia derivándola del pueblo.
No á medio, sino á todo chorro salta y se rebulle el habla castiza
en la prosa del Arcipreste de Talavera, sobre todo en unos cuantos
capítulos de costumbres, en que parece se le envistió en el cuerpo
el retozón espiritillo del Arcipreste de Hita. Los dos Arciprestes
pertenecen á la cepa castiza y popular, son pintores realistas de
empuje, son, sin género alguno de duda, los dos mejores escritores
de los siglos XIV y XV. Ellos se bastan, aunque más no hubiera,
para representar el verdadero arte en la historia universal de las
manifestaciones estéticas, y para eslabonar la áurea cadena cuyo primer
eslabón es el _Mio Cid_, y ha de llegar al siglo XVI engarzando los
no menos castizos y maravillosos del _Romancero_ y la _Celestina_ al
acabar el siglo XV. Éstas son las cumbres del arte nacional; lo demás
son jugueteos y remedos de artes extraños, pesadumbre de estantes,
broza de bibliotecas.
=278.= M. Pelayo, _Antol._, t. V, pág. IX: "La antigua
hegemonía literaria de Francia sobre los demás pueblos de la
Edad Media estaba definitivamente perdida desde el siglo XIV.
Dante, Petrarca y Boccaccio habían destronado completamente
á los troveros franceses y á los trovadores provenzales, sin
excluir aquellos que en algún modo podían considerarse como
maestros suyos. El genio francés, que tanto creó en aquellas
edades, no había acertado á perfeccionar nada ni á poner estilo
ni acento personal en sus obras. La cantidad había ahogado
monstruosamente á la calidad en aquellas selvas inextricables
de canciones de gesta, de _fabliaux_, de leyendas devotas
y de misterios dramáticos. En aquella masa informe estaban
contenidos casi todos los elementos de la literatura moderna,
pero rudos y sin desbastar, esperando el trabajo de selección
y la obra del genio individual: Francia, que en los tiempos
modernos se ha distinguido principalmente por el don de adaptar
y perfeccionar las invenciones y pensamientos ajenos, y por el
modo fácil y agradable de presentarlo y exponerlo todo, tenía
en la Edad Media cualidades absolutamente contrarias: el don
de la invención enorme, facilísima y atropellada, no el de la
perfección ni el de la mesura. Por eso la primera literatura
de carácter moderno no fué la francesa, sino la italiana, la
más tardía en su aparición de todas las literaturas vulgares,
la que desde el primer momento pareció reanudar la tradición
clásica, en parte conocida, en parte adivinada por secreto
influjo de raza... Comunicaciones cada día más frecuentes con
Italia aceleraron este movimiento, al cual no fué extraña la
asistencia en Roma de algunos prelados y otros doctos varones
de nuestra Iglesia á la ida ó á la vuelta de los Concilios de
Constanza y Basilea (1414-1431), sobresaliendo entre ellos
don Diego Gómez de Fuensalida, obispo de Zamora; el arcediano
de Briviesca don Gonzalo García de Santa María; don Álvaro
de Isorna, obispo de Cuenca; y más que todos aquel memorable
converso don Alonso de Cartagena, obispo de Burgos, cuyo nombre
se encuentra mezclado en toda empresa de cultura durante el
reinado de don Juan II, y de quien cuentan que dijo Eugenio
IV: "Si el Obispo de Burgos en nuestra corte viene, con gran
vergüenza nos asentaremos en la silla de San Pedro". Don Alonso
de Cartagena, que en Basilea había sostenido los derechos de la
Sede apostólica con no menos brío que la precedencia de su rey
sobre el de Inglaterra, entró allí en trato familiar con Eneas
Silvio, una de las más simpáticas figuras del Renacimiento
antes y después de su Pontificado; y _ovo dulce comercio por
epistolas_ con Leonardo Aretino, entrando en discusión con él
sobre su nueva traducción de la _Ética_, de Aristóteles; lo
cual da á entender que el Obispo burgense no era enteramente
peregrino en la lengua griega.