Pero Puymaigre rebaja harto las serranillas del Arcipreste,

teniéndolas por parodias bufonescas de las _pastourelles_.

Lo que hay es que aquellos señores de allende escribieron

con guantes y para caballeros y damas de castillos feudales,

mientras nuestro Arcipreste, poco avenido con idilios, hechizos

y églogas fantaseadas, se arrimó más á la naturaleza, sintió

ateridas sus manos con los hielos de la sierra, comió el queso

y el conejo de soto, dió con serranas chatas y hombrunas

á veces, retozonas cual cabras monteses siempre, y no les

quiso quitar la chatez, lo cabrío y lo montaraz. Siempre

fué más remilgado y de salón el arte francés; más bronco

por más natural, harto más rugiente y pizmiento, más real y

menos amanerado, en una palabra, el español. Tienen estas

serranillas el candor que les basta, huelen á mejorana, á

orégano y tomillo; pero también llevan pinceladas vivas, hasta

chirriadoras y como buriladas con punta de acero, que á las

_pastourelles_ no les sobran. De donde verdaderamente viene,

sin salir de España, la vena de esta lírica villanesca es de

Galicia, como se ha visto bien claramente por el _Cancionero

del Vaticano_; de allí corre al Arcipreste, que á nadie imita,

pero remansa éste, como los demás raudales poéticos, en

inmenso lago; después sigue la corriente hasta el Marqués de

Santillana, Bocanegra y Carvajal en el siglo XV, y en el XVI

se explaya en Gil Vicente, Juan del Enzina y Lucas Fernández,

hasta perderse casi en el teatro del siglo XVII, donde asoma

de cuando en cuando en las obras de Lope y Tirso, y en estos

nuestros tiempos ha vuelto á flor de tierra con el renacimiento

de la poesía gallega en la misma Galicia, donde estaba la

fuente. Enrique de Mesa escribe hoy serranillas lindísimas los

veranos que pasa en el Guadarrama.

En la _Pelea de Don Carnal con la Quaresma_ (c. 1067) tuvo por

modelo el Arcipreste el _fabliau de la Bataille de Karesme et

de Charnage_, que se halla en el tomo IV de la colección de

Méon (pág. 80); pero sólo tomó la trama general, como suele,

dejándose llevar de su brillante fantasía y sobrepujando al

modelo, mal que le pese á Puymaigre. Véanse otras parecidas en

_Rabelesiana_, págs. 615-636.

"¿Qué pensar de esta apoteosis, no ya humorística, sino

irreverente y sacrílega?". Así pregunta Menéndez y Pelayo sobre

la copla 1225 y siguientes, y cree excusarle con responder:

"En el Arcipreste no es más que una _facecia_ brutal, en que

el poeta, dando rienda suelta á los instintos pecadores de su

naturaleza exuberante y lozana, se alegra y regocija ferozmente

con la perspectiva de _bodas y yantares y juglarias_ con que

le convidaban las ferias de primavera" (_Antolog._, III,

pág. XCII). Tan irreverente y sacrílega apoteosis del Amor

la hallaba el Arcipreste en los clérigos, frailes, monjas,

caballeros y dueñas de su tiempo, sino que él supo darle forma

poética, sacándola de los repliegues de las almas donde se

solapaba, á la luz pública del arte. Su penetrante mirada la

vió y su ingenio le dió plasticidad poética. ¿Y por eso se ha

de atribuir á la persona del Arcipreste como _facecia brutal_

de su alegría y regocijo feroz á la vista de bodas y yantares

que le aguardan? Lo que supo ver y pintar en la sociedad que

critica ¿hásele de atribuir á él mismo? Viejo é injustamente

agraviado y preso escribía todo esto el Arcipreste (c. 1671,

1674, 1677, 1683): ¡bueno estaba él para tales facecias

brutales, yantares y bodas!

=242.= Los versos del tetrástrofo del Arcipreste son de catorce

sílabas los más y algunos de diez y seis, divididos en dos

hemistiquios. Se ha dicho que en aquel tiempo no se admitía

la sinalefa, de modo que han de contarse las sílabas con sus

vocales. Es cierto; y en vez de la sinalefa suprimían una

vocal, lo cual indico yo con el apóstrofo:

"Diz' al leon el lobo qu' el asno tal nasçiera" (c. 903).

Léase, pues sin sinalefa, con sus diez y seis sílabas:

"Vy una apuesta dueña seer en el su estrado" (910).

Sin embargo, no hallo medio de evitar la sinalefa en la c. 911,

á no ser que cada hemistiquio forme verso aparte y el primero

sea de ocho y el segundo de siete sílabas:

"Nunca vy tal como ésta, ¡sy Dios me dé salud!".

Si se admite lo primero, sería preferible escribir á lo romance

la cuaderna vía.

Lo mismo la 912, donde la sinalefa no ha lugar:

"Poco salya de casa: era como salvaje".

Al revés, el primero de siete y el segundo de ocho, si no se

omite la _e_ final de _guárdeme_:

"De mensajero malo ¡guárdeme Santa María!" (913).

Pero no cabe omisión alguna en:

_"Que nunca mal rretrayas á furto nin en conçejo" (923). "Ayna

yerra ome, que non es apercebudo" (922)._

Hay que decir, por consiguiente, que en el tetrástrofo de Hita

cabe igualmente el hemistiquio de siete y el de ocho sílabas en

sus cuatro combinaciones:

7 + 7, 8 + 8, 7 + 8, 8 + 7.

Fuera de estos casos, la copia está errada por los copistas

y admite corrección. Aun algunos hemistiquios de ocho creo yo

serían de siete en el original, pues pronunciando el Arcipreste

como el pueblo, haría más contracciones, por ejemplo: _d'_ por

_de_, _qu'_ por _que_, _'l_ por _el_, etc. No me he atrevido

á llevar al extremo este principio, aunque lo practicó á

veces. Alguna que otra hállanse segundos hemistiquios agudos

de ocho sílabas; pero sabido es que la sílaba última en todas

las métricas se enseña que suena menos fuerte, de manera que

pudiera tomarse como por grave esa sílaba aguda final:

"Que fecha la conclusion _en criminal acusaçion_

Non podía dar lyçençia _para aver conpusiçion_" (370).

Y aun en el primer hemistiquio:

"_Qu' el avie poder del rrey_, en la su comisión" (371).

Las combinaciones de hemistiquios en cada tetrástrofo son muy

variadas.

Ejemplos: 8 + 7, 7 + 8, 8 + 7, 8 + 8 en la copla 931; 7 + 7, 7

+ 8, 7 + 7, 7 + 8 en la 930; 7 + 7, 8 + 8, 7 + 8, 8 + 7 en la

933.

No pocas composiciones del Arcipreste se han analizado mal

métricamente por no haberse separado bien los versos (véase por

ejemplo en _Puyol_); yo los he dividido como lo están pidiendo

ellos mismos.

Conviene particularizar aquí las demás clases de versos y

estrofas del Arcipreste, aunque no sea más que para admirar la

riqueza que introdujo en esta parte este poeta revolucionario,

quiero decir extraordinario, que supo campar por sí é inventar

lo que nadie había soñado.

Además del tetrástrofo, han variado como hemos visto en versos

de diez y seis y de catorce sílabas en dos hemistiquios, quiso

el Arcipreste "dar algunos leçion e muestra de metrificar e

rrimar e de trobar; ca trobas e notas e rrimas e ditados e

versos que fiz conplidamente, segund que esta çiencia requiere"

(_Introd._). De hecho nos dió en su libro versos de todas

clases y estrofas variadísimas (22 clases de estrofas además

del tetrástrofo), como antes de él no se conocían y pocos

después de él abarcaron.

Versos dodecasílabos y endecasílabos ha creído hallar Puyol en

las coplas 1049-1058 y 1678-1683, respectivamente; pero véanse

en su lugar cómo naturalmente han de dividirse. Además, pues,

de los versos de catorce y diez y seis sílabas del tetrástrofo,

hay los versos siguientes:

Octosílabos en las coplas 1710-1719, 1720-1728, 1650-1660,

987-992, 1668-1672, 1059, 1060-1066, 959-971, 997-1005, 33-43.

Heptasílabos en las coplas 1635-1641, 1678-1683, 1661-1667,

1673-1677, 1684, 1685-1689, 21-32.

Hexasílabos en las coplas 1049-1058, 1642, 1649, 1022,

1023-1042.

Pentasílabos en las coplas 1678-1683.

Tetrasílabos en las coplas 1661-1667, 20-43, 1678-1683.

Mayor es la riqueza de combinaciones de los versos en estrofas

y de las estrofas entre sí en toda la composición.

1. Estrofas de diez versos: heptasílabos, menos los 2.º, 5.º,

10.º, y consonantados los 1.º, 4.º, los 2.º, 5.º, los 3.º,

6.º, 7.º, los 8.º, 9.º, y el último con el último de todas las

estrofas y con el de la primera, que es de cuatro versos, los

tres primeros consonantados (c. 1661-1667).

2. Estrofas de nueve versos octosílabos, consonantando los 1.º,

3.º, 5.º, 7.º y los 2.º, 4.º, 6.º, 8.º, y el último de todas

las estrofas entre sí y con el 3.º de la primera estrofa, que

es de tres versos, los dos primeros pareados (c. 987-992).

3. Estrofas de ocho versos heptasílabos, consonantando los

1.º, 3.º, los 2.º, 4.º, 5.º, 8.º, y los 6.º, 7.º. Además,

el consonante del primer verso de cada estrofa es el mismo

del último de la anterior, y la primera estrofa es de cuatro

versos, consonantando los 1.º, 4.º y los 2.º, 3.º, (c.

1673-1677).

4. Estrofas de ocho versos octosílabos, consonantando los 1.º,

3.º, 5.º y los 2.º, 4.º, 6.º; luego los 7.º, 8.º, de todas las

estrofas entre sí y con la estrofilla primera de cuatro versos

(c. 1060-1066).

5. Estrofas de siete versos hexasílabos en combinación de

a, b, a, b, a, b, y el final de catorce sílabas agudo, como

estrambote, concertando el de todas las estrofas (c. 1049-1058).

6. Estrofas de siete versos: 1.º, 3.º, 5.º y 6.º tetrasílabos

agudos consonantados, y 2.º, 4.º y 7.º heptasílabos

consonantados (c. 1678-1683).

7. Estrofas de siete versos, consonantando los 1.º, 3.º, 5.º y

los 2.º, 4.º, 6.º, 7.º, todos hexasílabos, menos el tetrasílabo

último (c. 1642-1649).

8. Estrofas de siete versos octosílabos, consonantando los 1.º,

3.º, los 2.º, 4.º, 7.º y los 5.º, 6.º (c. 959-971).

9. Estrofas de siete versos octosílabos, consonantando los 1.º,

3.º, 5.º, los 2.º, 4.º, 6.º, 7.º (c. 997-1005).

10. Estrofas de siete versos heptasílabos, consonantando los

1.º, 3.º, los 2.º, 4.º, 7.º, los 5.º, 6.º (c. 1635-1641).

11. Estrofas de seis versos heptasílabos, consonantando los

1.º, 2.º, los 3.º, 4.º, y los 5.º, 6.º (c. 1721-1728).

12. Estrofas de seis versos heptasílabos, consonantando los

1.º, 2.º, 4.º, 5.º y los 3.º, 6.º (c. 1685-1689).

13. Estrofas de seis versos, los dos primeros de diez y seis ó

catorce sílabas, y los otros cuatro octosílabos, consonantando

los 1.º, 2.º, 3.º, 6.º y los 4.º, 5.º (c. 1668-1672).

14. Estrofas de seis versos octosílabos, consonantando los 1.º,

3.º, 5.º y los 2.º, 4.º, 6.º (c. 1710-1719).

15. Estrofas de seis versos, consonantando los octosílabos 1.º,

2.º, 4.º, 5.º y los tetrasílabos 3.º, 6.º (c. 33-43).

16. Estrofas de cinco versos hexasílabos, consonantando los

1.º, 2.º y los 3.º, 4.º, y el 5.º con los cuatro de la primera

estrofa (c. 1023-1042).

17. Estrofa de cuatro versos octosílabos, consonantando los

tres primeros entre sí, y el cuarto de todas las estrofas con

el pareado del principio de la composición (c. 1651-1660).

18. Estrofas de cuatro versos octosílabos, consonantando los

tres primeros entre sí y el cuarto de todas las estrofas con la

estrofa primera (c. 21-32; 116-120).

19. Estrofa de cuatro versos tetrasílabos, todos consonantados

(c. 20).

20. Estrofa de cuatro versos hexasílabos, dos consonantados (c.

1022).

21. Estrofa de cuatro versos de siete sílabas, consonantados

1.º con 3.º y 2.º con 4.º (c. 1059).

22. Estrofa de dos versos octosílabos, consonantados (c. 1650 y

115).

=243.= Don Tomás Antonio Sánchez, en el tomo IV de su

_Colección de poesías castellanas anteriores al siglo XV_

(año 1790, Madrid), formó un texto arbitrario de los tres

códices, _escardó_ lo que le pareció ir contra la moral,

confundió la ortografía y dejó sin explicar la mayor parte

del glosario. Janer (t. LVII, _Bibliot. Rivadeneyra_, 1864)

enmendó yerros de lectura y entremetió los trozos suprimidos;

pero sólo tuvo en sus manos el códice de Gayoso y fué menos

sincero que su predecesor. Ducamin tuvo intención de hacer la

edición crítica, pero se entró en el claustro sin hacerla.

Le debemos, sin embargo, el mayor servicio que pudo hacer al

libro del Arcipreste: hizo la edición paleográfica (Toulouse,

1901), recogiendo en su obra las variantes de los códices _G_

y _Τ_ al pie del texto íntegro del códice _S_, que tuvo por el

mejor. Con este trabajo, que pocas veces habrá que recurrir

á los códices, la edición estaba preparada. Adviértase que

los códices _G_ y _Τ_ carecen de títulos y divisiones, que se

hallan en _S_, de manera que no son los del Arcipreste.

Los manuscritos principales del _Libro de Buen Amor_ son:

El manuscrito _G_ ó de don Benito Martínez _Gayoso_, que hoy es

propiedad de la Academia Española, y fué escrito el año 1389,

esto es, cuarenta años después de escribir el autor su libro.

Es, sin duda, el mejor, aunque Ducamin prefiera el manuscrito

_S_ por razones secundarias, pues _G_ tiene ortografía más

popular y más antigua y sus versos constan mejor que los de

_S_, que se ve ha añadido y cambiado no poco por dar claridad

al texto. Yo le sigo siempre que las variantes de los trozos no

prueben estar errado.

El manuscrito _Τ_ ó de la catedral de _Toledo_, que hoy está

en la Biblioteca Nacional, concuerda más en todo con _G_ que

con _S_ y es de la misma época que _G_, lo cual comprueba la

preferencia que doy á _G_, pero tiene más erratas.

El manuscrito _S_ ó del Colegio Mayor de San Bartolomé, de

_Salamanca_, que hoy para en la Biblioteca Real, es el más

moderno de los tres, de principios del siglo XV, su ortografía

más complicada y conserva más trozos que los otros dos. Estas

dos razones movieron á Ducamin á darle la preferencia; yo

prefiero atenerme al texto más antiguo.

Los tres fueron impresos por _Ducamin_: _S_ íntegramente, y

los otros dos al pie en las variantes. Mi edición se atiene,

en cuanto es posible, al texto más antiguo, que es _G_,

corrigiendo por los demás y siempre con la ortografía del texto

de donde las palabras se toman. Pero en todos los códices

hay muchos versos de deslavazada expresión y en el cuento de

sílabas echados á perder, por comezón de aclarar el texto.

=244.= Juan Ruiz. _Libro de buen amor_ [ed. paleográfica

Ducamin], Toulouse, 1901 (Bibliothèque méridionale, t. VII);

[Libro de cantares], ed. F. Janer, Bibl. de Aut. Esp., t.

LXII; _Libro de buen amor_, ed. y notas de J. Cejador, Madrid,

1913, dos tomos (de la colección de _Clásicos Castellanos_).

Consúltense: M. Menéndez y Pelayo, _Antología de poetas

líricos_, etc., t. III, págs. LIII-CXIII; R. Foulché-Delbosc,

recensión de la ed. Ducamin, en _Revue Hispanique_ (1901),

t. VIII, págs. 553-557; J. Puyol y Alonso, _El Arcipreste de

Hita: estudio crítico_, Madrid, 1906; O. Tacke, _Die Fabeln

des Erzpriesters von Hita im Rahmen der mittelalterlichen

Fabelliteratur_, Breslau, 1911, señora Humphrey Ward, _A

Mediaeval Spanish Writer_, en _Fortnightly Review_ (1876), t.

XV (núm. 1), págs. 809-832.

=245.= El año 1344 se escribió la _Crónica general de 1344_,

refundición que incluye una versión de la crónica de Abubekr Ahmed ben

Mohammed ben Musa (Ar-Rasi, del s. X), y que por haberse acabado el

21 de enero de 1344, se puede llamar como hemos dicho. La _Crónica de

Veinte Reyes_ (desde Fruela II hasta la muerte de San Fernando) se hizo

á mediados del siglo XIV, teniendo en cuenta la de Alfonso X y la de

1344; prosificó no pocas gestas ó cantares, sobre todo del Cid.

=246.= La _Crónica_ de Ahmed-Ar-Razi ó moro Rasis es la más

notable de las historias escritas en árabe del siglo X.

Los suyos le llaman _Attaridji_, esto es, el cronista por

excelencia. Del texto arábigo sólo hay referencias en otros

historiadores más modernos y la traducción castellana del siglo

XIV, fundada en otra portuguesa hecha por el maestre Mohamad

y el clérigo Gil Pérez, y es la llamada _Crónica del moro

Rasis_. Su autenticidad probóla Gayangos (_Memoria sobre la

autenticidad de la Crónica denominada del moro Rasis_, t. VIII

de las _Memorias de la Real Academia de la Historia_, 1850) y

Saavedra. Nos ha llegado en códices muy estragados y pasando

por dos intérpretes, y parece algo interpolada; pero es la

mejor fuente para las leyendas de don Rodrigo y la principal

de la _Crónica_ de Pedro de Corral, del siglo XV. Una de las

lagunas que tiene ha sido rellenada por la narración que R. M.

Pidal halló en una de las redacciones de la _Segunda Crónica

general_, esto es, la de 1344 (_Catálogo de la Real Biblioteca.

Manuscritos. Crónicas generales de España descritas por R.

Menéndez Pidal_, Madrid, =1898.= El texto de Rasis, desde la

pág. 26 á la 49).

=247.= _Año 1348._ DON ALFONSO XI, EL JUSTICIERO, ó EL DEL SALADO

(1311-1350) comenzó á reinar en 1312, bajo la tutela de su abuela

doña María de Molina que mostró su gran prudencia y valor contra las

pretensiones de los infantes don Pedro, tío del Rey; don Juan, tío de

don Fernando, y don Juan Manuel. Se encargó del gobierno á los catorce

años, juntando Cortes en Valladolid y, deshaciéndose de los tutores, se

hizo famoso por sus leyes y por las guerras con los moros en Algeciras,

El Salado y Gibraltar, en cuyo sitio murió. Publicó el _Ordenamiento

de Alcalá_, á 28 de febrero de 1348 (era de 1386), y lo mandó usar

y guardar su hijo don Pedro. Puso en vigor las Siete Partidas.

Atribúyesele el _Libro de la Montería_. Fué, después de Alfonso X, el

legislador á quien más debe la jurisprudencia española.

=248.= El _Libro de la Montería_ publicólo Argote de Molina

en 1582 y reprodújolo J. Gutiérrez de la Vega, _Bibliot.

venatoria_, Madrid, 1877, t. I y II. Consúltese: B. Martín

Mínguez, _Alfonso XI y el Libro de la Montería_, en _La

Ilustración Española y Americana_, 1906, t. LXXXI, págs.

190-191. Consérvase el texto de las Cortes celebradas por

Alfonso XI en Burgos, 1315; en Valladolid, 1325; en Medina del

Campo, 1328; en Madrid, 1329; en Alcalá, 1348, con su famoso

_Ordenamiento_, y en León, 1349.

=249.= Á la primera mitad del siglo XIV pertenece el _Poema de Alfonso

Onceno_ (1312-1350), traducción probablemente del gallego, hecha por

Rodrigo Yáñez. El autor debió asistir á muchos de los hechos que canta

como soldado y juglar, no como poeta erudito. Hay brío y calor, como en

ningún otro poema anterior, fuera del _Cantar de mio Cid_. Consta de

2.455 estrofas de á cuatro versos octosílabos, consonantados el primero

con el tercero y el segundo con el cuarto, aunque le falta el principio

y el fin y tiene algunas otras lagunas. Es la última muestra de la

epopeya castellana del _mester de juglaria_.

=250.= Descubrió el _Poema de Alfonso XI_ en Granada, por los

años de 1573, Diego Hurtado de Mendoza, y publicó un extracto

de él Argote de Molina en la _Nobleza de Andalucía_ (1588).

Mendoza lo tuvo por una de las antiguas _gestas_ (en su carta

de 1.º de diciembre de 1573 á Zurita) y de hecho es la última

del _mester de juglaria_. Nicolás Antonio creyó que su autor

era Alfonso XI. El manuscrito, que fué de Mendoza, pasó con su

librería á la Biblioteca de El Escorial, donde estuvo hasta

1864, en que Florencio Janer lo publicó, reduciendo á la forma

versificada el texto, que está como si fuera prosa. Hállase

plagado de faltas en la versificación, debidas acaso al que

se supone lo transcribió al castellano, como insinuó Julio

Cornu, pues leídos en gallego ó en portugués los versos cojos

resultan enteros. Parece, pues, que el Rodrigo ó Ruy Yáñez,

que se nombra en la copla 1841 ("Yo Rodrigo Yannes la note |

en lenguage castellano") fué un traductor desmañado, natural

de Galicia, que castellanizó su nombre de Rodrigo Eannes.

Hay otros que suponen fué un portugués el que se esforzó por

escribir el _Poema_ en castellano; pero el sonar bien los

versos en gallego hace más probable la primera conjetura.

Las alusiones á las profecías de Merlín (242-246, 1808...)

la corroboran, pues éstas entraron en Galicia con los _lays_

bretones, y no menos lo de "la farpa de don Tristán" (409). El

autor de la _Crónica de Alfonso XI_ parece tuvo presente el

_Poema_.

=251.= _Poema de Alfonso Onceno._ Ed. F. Janer, Madrid, 1863;

Bibl. de Aut. Esp., t. LVII. Consúltense: señora C. Michaëlis

de Vasconcellos, en _Grundriss der romanischen Philologie_,

t. II, 2. Ableitung, páginas 204-205; señora C. Michaëlis de

Vasconcellos, _Estudos sobre o romanceiro peninsular: Romances

velhos em Portugal_, Madrid, 1909, pág. 330.

=252.= _La Crónica rimada de las cosas de España desde la muerte del

rey don Pelayo hasta don Fernando_ "_el Magno_", y _más particularmente

de las aventuras del Cid_, que otros intitulan _Cantar de Rodrigo_ ó

también _Las mocedades de Rodrigo_, es una composición de unos 1.225

versos, los más de diez y seis sílabas, esto es, en romance, con

huellas de la cuaderna vía y algunos versos que no son más que prosa

cortada (ej. 235-248; 312-313). El autor semierudito tomó del pueblo el

metro del romance, el asunto histórico y hasta la manera novelesca que

habían traído á Castilla las nuevas leyendas caballerescas, venidas de

Galicia y Francia. Es, pues, un largo romance con inspiración popular,

hecho por persona algún tanto letrada.

=253.= _La Crónica rimada_ se halla en un manuscrito del siglo

XV. La refundición de la _Crónica general_ de 1344 contiene

ya en prosa la historia de las mocedades del Cid, tal como la

ofrece la _Crónica rimada_, de manera que parece hubo gestas,

mejor diremos romances, que las cantaban, de los cuales salió

ó á los cuales alude esta prosa de la _Crónica_ de 1344 y la

descuidada _Crónica rimada_. El autor, que parece debía de

ser palentino, tiene del juglar y del erudito. La manera de

tratar al Cid en una y otra _Crónica_ muestra que el espíritu

caballeroso y aventurero corría ya por España y que ya se

debían de cantar romances de este nuevo género novelesco, de

los que tantos hay entre los romances viejos del siglo XV.

El Cid, mozo de doce años, se combate con el Conde Gómez de

Gormaz por haber maltratado éste á los pastores de su padre y

robádole su ganado. Mátale, y la más joven de las hijas del

muerto, llamada Ximena Gómez, demanda en matrimonio al matador,

hecho caballeresco hasta dejarlo de sobra. Cásase Rodrigo

contra su voluntad cediendo á los ruegos del rey don Fernando,

á quien insulta y jura no besarle la mano á él ni ver á Ximena

hasta tanto que no haya salido vencedor en cinco lides: otro

rasgo caballeresco. Vencedor en una, se aviene con el Rey;

peregrina á Santiago y, al volver, acoge á San Lázaro en figura

de leproso, el cual se le aparece en sueños; sóplale en las

espaldas y prométele victoria siempre que sienta estremecerse

(_calentura_). En Palencia está aún en pie la iglesia de San

Lázaro, mandada labrar por el Cid, y junto á ella hubo el

primer hospital de leprosos de España, según allí se dice.

Emprende, pues, sus aventuras, vence al Conde de Saboya, coge

presa á su hija y aconseja al rey don Fernando que la tome para

sí; pártese para París, golpea las puertas, encuentra al Papa,

desafía al Rey de Francia y á los doce Pares; asiste á las

vistas de los Reyes de Castilla y de Francia, del Papa y del

Emperador de Alemania, portándose con altanera fanfarronería;

la hija del Conde de Saboya da á luz un hijo, cuyo padre es "el

buen rey don Fernando", y para celebrarlo, el Papa solicita

treguas de un año, apoyándole el Rey de Francia y el Emperador

de Alemania, padrinos del niño. El romántico Cid de la _Crónica

rimada_ bien se ve cuánto dista del histórico _Mio Cid_: el

soplo de la novela caballeresca había soplado regañonamente

de Galicia. Tal aparece después en no pocos romances y en el

teatro, en la _Comedia de la muerte del rey don Sancho y reto

de Zamora por don Diego Ordóñez_, de Juan de la Cueva; en _Las

mocedades del Cid_, de Guillén de Castro; en _Las Almenas de

Toro_, de Lope; en _La jura en Santa Gadea_, de Hartzenbusch;

en _Le Cid_, de Corneille; en _La Légende des Siècles_, de

Víctor Hugo; en los _Poèmes tragiques_, de Leconte de Lisle; en

los _Trophées_, de José María Heredia.

La _Crónica Rimada_ se conserva en un códice de la Biblioteca

Nacional de París; fué impresa por Francisque-Michel, Viena,

1846; por Ferdinand Wolf, Viena, 1847; por Durán, en el

_Romancero general_, vol. II, Madrid, 1851, Bibl. de Autor.

Esp., t. XVI, Apénd. IV, núm. 188.

=254.= _El Cantar de Rodrigo._ Ed. B. P. Bourland, en _Revue

Hispanique_ (1911), t. XXIV, págs. 310-357; _Crónica rimada de

las cosas de España desde la muerte del rey don Pelayo hasta

don Fernando "el Magno", y más particularmente de las aventuras

del Cid_, ed. Fr. Michel, _Anzeige-Blatt für Wissenschaft und

Kunst_, en _Jahrbücher der Literatur_ (Wien, diciembre 1846),

t. CXVI; reimp., en Bibl. de Aut. Esp., t. XVI, págs. 651-664;

facsímile del manuscrito de la Bibliothèque Nationale, ed.

Archer M. Huntington, New York, 1904. Consúltese: M. Menéndez y

Pelayo, _Tratado de los romances viejos_, Madrid, 1903, t. I,

págs. 337-345.

=255.= FERNANDO SÁNCHEZ DE TOVAR ó DE VALLADOLID, predecesor de López

de Ayala en la Cancillería de Castilla en tiempo de Alfonso XI, y que

acaso alcanzó hasta Enrique II, escribió por orden del mismo Alfonso

XI la _Chronica del rey D. Alonso "el Sabio"_, Valladolid, 1604; la

_Chronica del rey D. Sancho "el Bravo"_; la _Chronica del rey D.

Fernando el IV_; la _Chronica del rey D. Alfonso XI_. Todas en la Bibl.

Escor. Creyéronse antes obra de Juan Núñez de Villaizan.

Historia de la lengua y literatura castellana, Tomo 1 · 第 30 / 59 段