"Es la segunda de sus dotes una especie de ironía superior y

transcendental, que es como el elemento subjetivo del poema, y que

unido al elemento objetivo de la representación, da al total de la obra

el sello especialísimo, el carácter general á un tiempo y personal, que

la distingue entre todas las producciones de la Edad Media. La obra

del Arcipreste refleja la vida entera, aunque bajo sus aspectos menos

serios y nobles; pero en medio de la nimia fidelidad del detalle, que

en cada página hace recordar las bambochadas y los bodegones flamencos,

pasa un viento de poesía entre risueña y acre, que lo transforma todo

y le da un valor estético superior al del nuevo realismo, haciéndonos

entrever una categoría superior, cual es el mundo de lo cómico

fantástico. En este género de representaciones brilla principalmente

el Arcipreste, y es lírico á su modo, con opulencia y pompa de color,

con arranque triunfal y petulante verso, sin dejar de ser fidelísimo

intérprete y notador de la realidad". (_Antol._, III, CX).

Pero no admito "la tercera y muy visible dote, la abundancia

despilfarrada y algo viciosa de su estilo, formado principalmente á

imitación del Ovidio, de cuyas buenas y malas condiciones participa en

alto grado, puesto que la riqueza degenera en prodigalidad, y la idea

se anega en un mar de palabras...". Ni se formó en Ovidio, ni leyó

siquiera un solo verso suyo, ni se le parece en nada más que en ser

Ovidio elegantísimo y social poeta, y el Arcipreste poeta insociable

y primitivo, de lo más primitivo, bronco y estupendamente salvaje que

resolló y echó á este mundo la diosa Madre de la poesía universal,

de la cual fueron hijas helénicas las elegantes Musas clásicas que

conocemos.

En cambio, añado yo que el Arcipreste no fué poeta de una sola cuerda,

como la mayoría de los poetas lo fueron. Á lo aristofanesco de alguna

serranilla y de la contienda entre don Carnal y doña Cuaresma, junta el

candor de égloga, más natural que el de Teócrito, en otras serranillas;

á la vena satírica quevedesca del poder del dinero y de las costumbres

de los clérigos talaveranos, caballeros y monjas, la delicada y suave

unción de los gozos de la Virgen, en el tono con que los ha cantado

siempre el pueblo; á lo dramático y hondamente psicológico de la

paráfrasis del _Pamphilus_, lo sublimemente trágico de la elegía á la

Muerte; á lo tristísimamente endechado en las Cantigas á María, lo

triunfalmente pindárico del epinicio cantado á Cristo como venciendo á

la muerte misma, reina del universo; á lo sentencioso de los consejos

de don Amor y á lo oriental de los apólogos, lo muy occidental y jamás

igualado cómico del rezo de los clérigos con sus amigotes golfines y

en acecho de dueñas y mujerzuelas. Por tal brusquedad de saltos baja y

sube nuestro Arcipreste de lo cómico á lo trágico, de lo lírico á lo

dramático, de lo idílico á lo satírico y todas las cuerdas pulsa y tañe

como poeta consumado, con un garbo y soltura asombrosa, sobresaliendo

siempre la fuerza, el color, el sentimiento y la veracidad.

Nada diré acerca del estilo, porque tamaño escritor no podía menos de

tenerlo, y lo tiene tan personal y propio como el más pintado de los

escritores castellanos. Ni del caudal léxico y gramatical, que es en

su tanto el más rico de los escritores de la Edad Media y en su libro,

como en ningún otro, puede estudiarse el castellano antiguo. Pero he

de añadir que el Arcipreste emplea no pocas voces con el significado

aragonés y algunas pura y exclusivamente aragonesas. ¿Bastará para dar

razón del hecho el emplearse no pocos aragonesismos en Guadalajara,

Segovia y, sobre todo, en Soria?

Dejóse decir Puymaigre (_Les vieux auteurs castillans_, II, pág. 83)

que el Arcipreste fué un discípulo de la literatura francesa y que en

nada fué poeta español: "Ruiz n'a guère d'espagnol que sa langue, et

encore y mêle-t-il grand nombre de mots d'origine étrangère". Yo, á

salida de tal calibre, sólo le respondería que hasta hoy, por lo menos,

no se ha dado en Francia escritor alguno del temple, de la fuerza y

color que el Arcipreste de Hita; que sus grandes escritores y artistas

son de otro jaez; que Juan Ruiz es el artista y escritor más español y

más de raza que conozco. Sus cualidades son las de nuestra literatura

y enteramente encontradas y opuestas á las de la literatura francesa.

Cuanto al "grand nombre de mots d'origine étrangère", el índice de

voces de mi edición prueba claramente que ni una sola fué de otra

cepa que la castiza y popular castellana. Por fortuna, nuestros tres

principales escritores, Cervantes, Rojas y Juan Ruiz, nacieron en el

centro de la meseta castellana y á pocas leguas en la misma región

toledana, donde se fraguó nuestro lenguaje literario.

La versificación ordinaria del _Libro de Buen Amor_ es el llamado

_tetrástrofo_ ó _quaderna vía_ ó _alejandrino_.

=238.= Alude, en la copla 1088, al Sultán de África, llamado

Aly, que sucedió en 1331 á su padre Othman, y envió á España

á su hijo Abdel-Melek, que tomó á Granada, y por entonces se

apoderó de Tlemecen y Túnez. Proclamó la guerra santa contra

España y fué derrotado el 30 de octubre de 1340, á orillas del

Salado, cerca de Tarifa. Esta fecha es, pues, anterior á la

composición de este libro. El códice _S_ dice que se compuso

el 1343, lo cual queda confirmado por este pasaje: teniendo

el Arcipreste tan fresco el hecho de pocos años antes, pudo

componer este libro el 1343.

En la copla 326 habla de la "Era de mil é treçientos en el

ano primero, | Rregnante nuestro señor el leon masillero, |

Que vin' á nuestra cibdat por nonbre de monedero". Esta era

es la de César, que comienza treinta y ocho años antes de la

cristiana, y por ella se contaba en España, esto es, el año

1339 de Cristo. Dentro de los trece años que van del 37 al 50

de aquel siglo XIV, durante los cuales fué Arzobispo de Toledo

el cardenal don Gil de Albornoz, hay que poner la prisión en

aquella ciudad de nuestro Arcipreste. Acaso alude, pues, aquí á

que el año 39 pudo ser su prisión por acusación de los abades y

clérigos de Talavera, lobos reales y abogados de fuero. Según

_S_ fué compuesto este libro el año 1343, y _G_ y _Τ_ dicen que

el año 1330, cuando aún no era arzobispo don Gil. Pudo, pues,

estar preso desde el 39 y comenzar á escribir el 43, estando

preso, como dice con letra encarnada que escribió su libro, el

códice _S_ (c. 1709). Llama al rey Alfonso XI _león masillero_,

esto es, que hace riza y se encarniza y ensangrienta hiriendo

á sus enemigos, como lo hizo este rey, verdadero león español,

que "si alcanzara más larga vida, desarraigara de España las

reliquias que en ella quedaban de los moros" (MARIANA, _H. E._,

16, 15), pues murió mozo de treinta y ocho años. Dice que _vino

á nuestra cibdat por nonbre de monedero_. En efecto, Alfonso

fué á Alcalá dos veces para sacar dinero, que esto es lo que

_monedero_ indica aquí, el que labra moneda, y en este caso el

que se la procura. _Ordenam. Cort. Burgos_, 1315: "Que aquellos

que son monederos naturales de padre ó de abuelo é saben labrar

moneda, que gelo guardemos, et los otros que nunca labraron

moneda é lo han por cartas ó previlegios, que gelo revocamos".

La primera vez que fué el Rey á Alcalá fué el año 1342, después

de Burgos, cuando instituyó las _Alcabalas_, de donde le llama

_monedero_. Oigamos á Mariana: "Tenía el Rey puesto todo su

cuidado y pensamiento en cercar á Algeciras y en allegar para

ello dineros de cualquier manera que pudiese. Aconsejáronle que

impusiese un nuevo tributo sobre las mercadurías. Esta traza

que entonces pareció fácil, después el tiempo mostró que no

carecía de graves inconvenientes. Tomado este consejo, el Rey

se partió para Burgos... Por la grande instancia que el Rey y

estos Señores hicieron, los de Burgos concedieron al Rey la

veintena parte de lo que se vendiese, para que se gastase en

la guerra de los moros... Á imitación de Burgos concedieron lo

mismo los de León y casi todas las demás ciudades del reino...

Llamóse á este nuevo pecho ó tributo Alcabala, nombre y ejemplo

que se tomó de los moros". (Ídem, 16, 9). Esto pasaba el año

1342 en Burgos; pero el mismo año, ó poco después, fué cuando

el Rey vino á Alcalá con el mismo fin, y es á lo que alude el

Arcipreste: _que vino á nuestra cibdat por nonbre de monedero_.

En efecto, en las Cortes de la misma Alcalá del año 1348 se

lee: "Que librasen los pleitos de las alcavalas los alcalles

ordinarios..., ca así lo _otorgaramos_ otras veces en la cibdat

de Burgos e aqui _en Alcalá de Fenares_". También fué á Alcalá

el año 1348 á dichas Cortes. Si á esta segunda ida alude el

Arcipreste, es claro que todavía vivía el año 1348 y habría que

suponer que, habiendo compuesto su obra el año 1343, todavía

anduvo retocándola el 1348 y algo después, ya que la copla

326 toma ese año como pasado, _que vino_. De todos modos, fué

el Rey á Alcalá el 1342 ó á principios del 1343, y en esta

copla alude á esta ida como cosa pasada. Lo cual confirma que

el libro lo compuso el año 1343, como dice el códice _S_ (c.

1709). De la misma copla 326 se comprueba que el Arcipreste

era de Alcalá, y con bastante probabilidad se saca que el año

1339 ó era de 1301 fué cuando le pusieron en prisión en Toledo.

En las Cortes de Alcalá de 1348 "pidióse el alcalaba. Al

principio no se quiso conceder: las personas de más prudencia

adevinaban los inconvenientes que después se podían seguir; mas

al cabo fué vencida la constancia de los que la contradecían,

principalmente que se allanó Toledo, si bien al principio se

estrañaba de conceder nuevo tributo. El deseo que tenía que se

renovase la guerra y la mengua del tesoro del Rey para poderla

sustentar la hizo consentir con las demás ciudades. Concluido

esto, de común acuerdo de todos, con increíble alegría, se

decretó la guerra contra los moros" (MAR., _Η. E._, 16, 15).

Fué el cerco de Gibraltar, en que murió de landre Alfonso

XI, el año 1350. En la copla 554 se habla de que los judíos

daban á logro "de tres por cuatro", como hasta entonces estaba

ordenado. Pero es el caso que en las Cortes de Alcalá de 1348

se prohibe enteramente á los judíos dar á logro: "e fasta aquí

de luengo tiempo acá fué dado á logro sennaladamente por los

judíos..., por ende Nos don Alfonso... mandamos e defendemos

que de aquí adelante ningund judío nin judía nin moro nin mora

non sea osado de dar á logro por si nin por otro". Esta orden

significa para mí que el año 1348 estaba ya compuesta la obra

del Arcipreste y aun que había muerto, pues no enmendó lo del

logro de los judíos "de tres por cuatro". De hecho era muerto

para el año 1351, de modo que no sobrevivió á su obra más de

tres ó cuatro años.

La era de César ó española de 1381, ó año de Cristo 1343, que

se lee en la copla 1634 es el año en que se compuso (c. 1088).

_Romance_ era el habla vulgar y cualquiera escrito en ella.

Escribiólo para desengaños de muchos, que pueden ser engañados,

como el _Sendebar_ ó _Libro de los engannos e assayamiento

de las mugeres_, que tradujo don Fadrique, y para entretener

y enseñar nuevas maneras de versificar á los sencillos de

corazón que no corrían tales peligros. Esta copla es del mismo

Arcipreste y se halla en _S_ y en _T_. Pero en _T_ se lee: "Era

de mill e tresyentos e sesenta e ocho años | fué acabado este

lybro por munchos males e daños...". Y aquí acaba _T_; lo que

sigue es sólo de _S_. Esta fecha de _T_, ó sea el año 1330,

está errada, pues escribió su libro el Arcipreste estando preso

y siendo arzobispo de Toledo don Gil de Albornoz (c. 1709), el

cual sólo lo fué desde el año 1337.

El severo arzobispo de Toledo don Gil de Albornoz (c. 1516)

encargó á nuestro Arcipreste llevase las cartas del Papa á

Talavera y las leyese á aquellos clérigos de vida desgarrada.

Cómo recibieron estas órdenes es lo que el Arcipreste pinta en

la sátira de la copla 1690 y siguientes, que chorrea ironía por

todas partes, aunque sin amargura ni ensañamiento, como escrita

con el sano propósito de que se enmendasen. No es posible que

aquellos clérigos se quedasen sin dar coces contra el aguijón.

Piensan, pues, acertadamente los que suponen que ellos fueron

los que indispusieron al Arzobispo contra nuestro Arcipreste,

haciendo llegar sin duda hasta él chismes y cuentos, acaso que

tampoco Su Excelencia se libraba de las críticas del que tan

vivas sabía escribirlas. Don Gil de Albornoz, hecho á mandar y

á ser respetado, de genio recio y hasta tiránico, daría crédito

á las hablillas. Ello es que puso en prisión al Arcipreste,

sin que se sepan las razones, "por causas meramente curiales",

supone Menéndez y Pelayo; injustamente y agraviado, dice el

Arcipreste. En la prisión escribió el _Libro de Buen Amor_,

al fin del cual puso esta sátira, que yo tengo por un como

boceto del libro. No que lo hiciera como preparación, sino

que, viéndose preso, tomólo como tal para trazar el libro,

explayándose en la sátira del clero, que es la trama de todo

él, pintando á un arcipreste que los simbolizase á todos, y

para que fuera, no seca abstracción, sino persona viva y real,

púsose á sí mismo como protagonista. ¿Quién va á creer que

todas esas aventuras le pasaron al mismo Arcipreste, cuando

consta de lo contrario de algunas, como la de don Melón de

la Huerta? ¿Con qué autoridad hubiera pretendido enmendar á

los demás, si él hubiera sido uno de tantos? ¿Cómo el severo

don Gil de Albornoz le hubiera encomendado cargo tan grave y

delicado como el de llevar las cartas del Papa á la clerecía de

Talavera? Juan Ruiz era, pues, un Arcipreste muy respetable,

á pesar de su regocijado natural, de tan austeras costumbres

como pedía la confianza que en él puso su prelado el famoso

Albornoz, persona de entereza y gravedad bien conocidas. Hora

es ya de no colgar el sambenito de un hombre perdido á un

autor, sin otros motivos para juzgar de él que una obra, en que

algunos sólo han visto los chispazos más salientes, figurándose

salían de un volcán de pasiones mundanas desapoderadas. Para

Menéndez y Pelayo fué el Arcipreste "un clérigo juglar, una

especie de _goliardo_, un escolar _nocherniego_, incansable

tañedor de todo género de instrumentos y gran frecuentador de

tabernas" (_Antolog._, III, pág. LXIX), "un clérigo libertino y

tabernario" (pág. LXIV); fué "su vida inhonesta y anticanónica"

(pág. LXVII), y su obra "una autobiografía picaresca, sin

la menor señal de arrepentimiento" (pág. LXVI). Cuanto al

intento, "fué un cultivador del arte puro, sin más propósito

que el de hacer reir y dar rienda suelta á la alegría que

rebosaba en su alma aun á través de los hierros de la cárcel,

y á la malicia picaresca, pero en el fondo muy indulgente,

aunque contemplaba las ridiculeces y aberraciones humanas,

como quien se reconocía cómplice de todas ellas" (pág. LXVII).

"De esta levadura herética creemos inmune al Arcipreste, si

bien confesaremos sinceramente que hay pasajes de sus obras

que hacen cavilar mucho, y hasta sospechar en él segundas y

muy diabólicas intenciones" (pág. XCIII). Para Puymaigre fué

el Arcipreste "un precursor de Rabelais, un librepensador

en embrión, un enemigo solapado de la misma Iglesia á quien

servía" (MEN. PELAYO, ibid., LXV). No juzgaré yo á estos dos

ilustres escritores: el lector formará juicio del Arcipreste

leyendo su libro, y esto basta. Pero lea antes el boceto del

mismo, lo que para mí fué como un incentivo para pintar el alma

podrida de aquella desalmada clerigalla con sólo ensanchar el

marco de este pequeño cuadro de costumbres de los de Talavera.

El asunto mismo le llevó á meter en él á toda la sociedad de su

tiempo, resultando la gran _Comedia Humana_ del siglo XIV, como

el _Quijote_, sátira de la fantasmagórica caballería, resultó

la _Comedia Humana_ del tiempo de Cervantes, ingenio gemelo del

Arcipreste de Hita. _Si plugo á uno_, sin duda al Arcipreste,

que veía con lágrimas en los ojos la depravación de costumbres

que tan gallardamente satirizó.

=239.= El verdadero título del libro es _Libro de buen amor_,

como se ve por las coplas 13, 3; 933, 2; 1630, 1; no el que

Janer le puso de _Libro de Cantares_, por la copla 3, pues es

tan genérico como el de _Libro del Arcipreste de Hita_, con

que el Marqués de Santillana le llamó en su Prohemio. Menéndez

y Pelayo (_Líric. cast._, t. III, pág. LXX) dijo que se ha de

tomar "este vocablo _amor_, no solamente en su sentido literal,

sino en el muy vago que los provenzales le daban, haciéndole

sinónimo de cortesía, de saber gentil y aun de poesía". No

entender el título de un libro es no entender el libro, y

el del Arcipreste es tan claro como su título. El intento

del Arcipreste, como él dice, es traer al hombre mundano del

_loco amor deste mundo_ _al buen amor, que es el de Dios_. El

mismo tuvo el Arcipreste de Talavera, un siglo más tarde, en

su _Corbacho_. ¡Cuán diferente fué el de Jean de Meun en su

_Roman de la Rose_, aunque, según sus palabras, fuera llevar

de la _fole amor_ al _bone amor_! Con tan parecidos vocablos

distan tanto una de otra obra como del _amor de Dios_ dista

la propagación de la especie, que es adonde tira el famoso

_Roman_ francés. El cual ha probado Frederick Bliss Luquiens

no haber influido para nada en el libro de nuestro Arcipreste,

á pesar de tener asuntos tan comunes á cada paso (_The Roman

de la Rose and medieval Castilian literature_, en _Romanische

Forschungen_, vol. XX, pág. 284). Por eso llama el Arcipreste

_locura_ al amor mundano á cada paso. Este intento suyo,

encerrado en el título, ha de tenerlo siempre presente el

lector si desea entender la mente del que lo escribió y no

sacar las cosas de quicio, como lo han hecho la mayor parte de

los que de Hita hablaron.

La prosa del principio es un comento del título del libro, en

la cual pone su intento de traer á todos al buen amor, que es

el de Dios; pero, como el Arcipreste era un verdadero hombre

de cuerpo entero, sin las niñerías de mojigatos afeminados

ó pillastrones, que siempre los hubo, entendió que había

que desenmascarar al hombre mundano y las trapacerías de su

loco amor, para que, conociéndolo todo, lo bueno y lo malo,

libremente escogiese el buen camino el que de veras y con

conocimiento de las cosas se quisiese salvar. Tal es el sentido

del salmo que allí glosa con otras palabras de la Escritura

y del Derecho canónico y civil: _Intellectum tibi dabo, et

instruam te in via hac, qua gradieris_, te daré conocimiento

y te enseñaré el camino que has de recorrer, que es el del

mundo, lleno de engaños y con la natural inclinación al loco

amor en el cuerpo, pues con él nacemos: así, obrando el bien

á sabiendas y peleando contra el mundo y contra la propia

naturaleza, _firmabo super te oculos meos_, pondré complacido

mis ojos en ti, que, como bueno, luchaste. La alteza de pensar

de este varón fuerte, y que no sabía de embustes, se ve en

aquellas palabras que han escandalizado á los que no pican tan

alto como él: "en pero, porque es umanal cosa el pecar, si

algunos (lo que non los conssejo) quisieren usar del loco amor,

aquí fallaran algunas maneras para ello". No intenta llevar á

nadie al mal, como se ve por la cortapisa del paréntesis, sino

que es una manera de enseñar el cebo á los mismos mundanos para

que lean el libro, porque está persuadido de que la verdad no

daña jamás á nadie y es don de Dios: _intellectum tibi dabo_.

Nadie como Dios respeta la libertad de todas sus criaturas, y

no quiere llevar al cielo á tontos y gente para poco, sino que

todos entiendan las cosas y escojan el buen amor, conociendo

y despreciando el loco del mundo. Esto dice el salmo y esto

intenta nuestro autor, y suponer doblez en él va contra todo

derecho y justicia: "las palabras sirven á la intençion e non

la intençion á las palabras".

Desde la copla 181 saca al Amor todos sus trapillos sucios,

descubriendo los vicios y males, la podre toda que suele

colorearse con tan bonita palabra como es la del amor, cuando

es malo y vicioso, se entiende. El alegato llega hasta la

copla 423, recorriéndose los pecados capitales, cuya raíz es

ese amor ó apetito lascivo, _cobdicia_, que él llama conforme

á su valor etimológico de _cupiditia_, de _cupidus_, esto

es, la concupiscencia ó pecado, hablando en términos de la

católica Teología. Está este trozo lleno de sentencias, tan

hieráticamente expresadas por el Arcipreste como las mejor

cinceladas de Séneca y Salomón. Desmenuza los afectos y

sentimientos del alma de los enamorados con bisturí de oro,

hasta descubrirnos sus más delicadas fibras. Y todo lo aclara

con ejemplos ó fábulas, con comparaciones, que á granel

le ocurren, pintorescas y brillantes y de una propiedad

maravillosa. Comienza con una pintura del Amor, de sus ardides,

mañas y obras.

Dicen que el enxiemplo de la copla 474, etc., viene de un

fabliau francés, pero no hay fabliau semejante en la edición

Méon ni en otros libros, ni mienta este nombre Gaston Paris,

tan puntual en todo. El único lugar donde se cita este cérvido

es en el _Cancionero de Baena_ (362), noticia que debo al

eruditísimo señor Bonilla: "Señor Juan Alfonso, pintor de

taurique, | qual fué _Pitas Payas_, el de la fablilla". No sé

si aquí se aludirá al libro del Arcipreste ó al cuento que

sería tradicional. El cuento es graciosísimo y el chapurreado

medio gabacho, para darle color, es invención del guasón del

Arcipreste, y no porque lo tomara del soñado fabliau francés.

=240.= En _Fuyme á doña Venus_ (c. 583) comienza la admirable

glosa de la comedia latina _Pamphilus_, desde el final de la

primera escena: "Ergo loquar Veneri, Venus est mors vitaque

nostra". Puede verse impresa en el t. II de la edición de

_La Celestina_, de KRAPF, Vigo, 1900, con una sustanciosa

_Advertencia_, de MENÉNDEZ Y PELAYO, en la cual habla de su

bibliografía y del autor desconocido, pues _Pamphilus_ es

el nombre del protagonista. El _Maurillianus_, á quien la

atribuyó GOLDASTO en su edición de 1610, se debe á la falsa

lectura de _M. Aurilliaci_, esto es, _manuscriptum Aurilliaci_,

manuscrito de Aurillac. Ni se ha de confundir esta comedia con

el estrafalario poema _De Vetula_, que, como ella, se atribuyó

á Ovidio en la Edad Media, como en la copla 891, donde acaba la

glosa de ella, se la atribuyó el Arcipreste. Hizo la comedia

algún monje del siglo XII al XIII, recogiendo conceptos del

_Ars Amandi_, de Ovidio, é imitándole en sus hexámetros y en no

pocas frases, aunque dándole forma dramática. Es un esbozo seco

y desnudo, elemental, del cual el Arcipreste sacó tal partido,

que convirtió en español el asunto y creó la trotaconventos,

dando carne y huesos á la _anus_ abstracta del _Pamphilus_.

FERNANDO DE ROJAS acabó de redondear la vieja y el drama

todo, creando _La Celestina_. "Las figuras antes rígidas,

dice M. PELAYO (_Advert._, pág. 36), adquieren movimiento;

las fisonomías, antes estúpidas, nos miran con el gesto de la

pasión; lo que antes era un apólogo insípido, á pesar de su

cinismo, es ya una acción humana". De esta obrilla _Pamphilus_

sacó el Arcipreste cuanto él dice y otros creen que sacó de

Ovidio Nason, pues por de Ovidio la tenía; pero al verdadero

Nason no leyó el Arcipreste. Nótese que toma en esta paráfrasis

la vez del protagonista Pamphilus y hace su papel, como si todo

ello hubiera pasado por él; ni más ni menos que se atribuyó

hasta aquí cuanto ha dicho de los mundanos, á quienes trata

de corregir, y se lo atribuirá hasta el fin del libro. Ésta

es la traza artística é ingeniosa con que quiso dar fuerza

autobiográfica al libro, acrecentándole así el brío, color y

verdad: ésta es la _falsedat_ que él dijo _había en las coplas

puntadas_ (c. 69), y por no tener esto en cuenta juzgaron

erradamente el libro y la persona del Arcipreste M. Pelayo,

Puymaigre y Puyol, á pesar de entreverlo este último.

=241.= Las serranillas se parecen, como nota Puymaigre, á las

_pastourelles_ de los _trouvères_ franceses:

"En une vallée

Près de mon sentier

Pastore ai trouvée

Qui fet a proisier...".

Historia de la lengua y literatura castellana, Tomo 1 · 第 29 / 59 段