=146.= _Cid_ (_Poema del_). Ed. R. Menéndez Pidal, _Cantar de

Mio Cid: texto, gramática y vocabulario_, Madrid, 1908-1911

[ed. paleográfica, t. III, págs. 907-1016; ed. t. III, págs.

1017-1164]; ed. Archer M. Huntington, New York, 1894-1903,

3 vols. (con trad. inglesa); ed. popular, New York, 1909, 3

vols.; ed. V. E. Sidforss, en _Acta Universitatis Lundensis_,

Lund, 1895-1896, t. XXXI y XXXII; ed. K. Vollmöller, Halle,

1879; ed. J.-S.-A. Damas-Hinard [con trad. francesa], París,

1858; ed. A. Bello, _Obras completas de Don A. B._, Santiago

de Chile, 1881, t. II; ed. F. Janer, Bib. de Aut. Esp., t.

LVII; edic. Men. Pidal, "La Lectura", Madrid, 1913, cuya

ortografía está mudada sin razón alguna, y aun otras cosas más

que la ortografía. Consúltense: R. Dozy, _Recherches_, etc.,

Leyden, 1882, 2 vols.; J. Adam, _Uebersetzung und Glossar des

altspanischen Poema del Cid_, Breslau, 1911; J. Cornu, _Études

sur le Poème du Cid_, en _Romania_ (1881), t. X, páginas 75-79;

J. Cornu, _Études sur le Poème du Cid_, en _Études romanes

dédiées à Gaston Paris_, París, 1891, págs. 419-455; J. Cornu,

_Revision des Études sur le Poème du Cid_, en _Romania_ (1893),

t. XXII, páginas 531-536; J. Cornu, _Verbesserungsvorschläge_,

etc., en _Symbolae Pragenses_, Prag., 1893, págs. 17-23; J.

Cornu, _Beiträge zu einer künftigen Ausgabe des Poema del

Cid_, en _Zeitschrift für romanische Philologie_ (1897), t.

XXI, págs. 461-528; F. Koerbs, _Untersuchung der sprachlichen

Eigentümlichkeiten des altspanischen Poema del Cid_, Bonn,

1893; A. Restori, _Osservazioni sul metro, sulle assonanze e

sul testo del Poema del Cid_, Bologna, 1887; A. Restori, _La

Gesta del Cid_, Milano, 1890; F. Araujo Gómez, _Gramática

del Poema del Cid_, Madrid, 1897; P. Roca, _Rectificación

de algunas lecciones del "Poema del Cid"_, en _Revista de

Archivos_, etc. (1897), t. I, págs. 262-265; R. Menéndez

Pidal, _El Poema del Cid y las Crónicas generales_, en _Revue

hispanique_ (1898), t. V, págs. 435-469; E. de Hinojosa,

_El derecho en el Poema del Cid_, en _Homenaje á Menéndez

y Pelayo_, Madrid, 1899, t. I, págs. 551-581; M. Menéndez

y Pelayo, _Tratado de los romances viejos_, en _Antología

de poetas líricos_, etc., t. XI, págs. 290-322; A. Coester,

_Compression in The "Poema del Cid"_, en _Revue hispanique_

(1906), t. XV, págs. 98-211; E. Baret, _Du poème du Cid dans

ses analogies avec la Chanson de Roland_, París, 1863; J.

Ormsby, _The Poem of the Cid_ [trad. inglesa incompleta, con

prefacio importante], London, 1879; L. de Monge, _Études

morales et littéraires_, Bruxelles-París, 1889, t. I, págs.

202-283.

=147.= Los rastros de más viejos cantares de gesta parecen ser

los de la _Pérdida de España_, esto es, del rey Rodrigo, que

alude á los acontecimientos del año 711 y los de _Bernardo del

Carpio_ y de _Mainete_, que tocan á la venida de Carlomagno

á España. Hállanse estos rastros en la _Primera Crónica de

España_, reinados de Fruela I, y en la _Primera Crónica

general_, reinados de Alfonso II el Casto y de Alfonso III el

Magno. Sobre Carlomagno y todo á lo á él tocante, el libro

más conocido fué la _Crónica latina del seudo Turpin_, hecha

en gran parte en Santiago de Galicia y conocida por un códice

dado hacia 1140 á la iglesia de Santiago de Compostela por el

francés Aimeric Picaud (_De Pseudo-Turpino_, tesis latina de

Gastón Paris, París, Franck, 1865; Dozy, _Le Faux Turpin_, en

el t. II, 3.ª ed. de _Recherches_, 1887, páginas 372-431 y

XCVIII y CVIII). No hay que atribuir esta obra al Arzobispo de

Reims, Turpin, muerto hacia el año 800, sino á dos falsarios

muy posteriores. Parece que fué francés y clérigo ó monje

el autor de los primeros capítulos, de los que residían en

Compostela; desde el capítulo VI, donde predomina la épica

francesa, es de otro francés, y probablemente lo escribió

también en Santiago, donde se ha conservado su libro formando

parte del célebre _Códice Calixtino_. Este libro propaló la

epopeya carolingia entre los clérigos españoles. La mejor

edición es la de M. Castets. Debió de escribirse poco antes de

1140. Más antigua es la _Chanson de Rolland_, del siglo XI, y,

según Rajna, debió componerla algún juglar francés que, yendo

á Santiago ó volviendo de allí, pasó por Roncesvalles. Hubo de

conocerse en España en el mismo siglo XI. Sobre la leyenda de

Bernardo, véase M. Pelayo (_Antol._, t. XI, pág. 176).

Sobre el Cid hubo otros cantares, y más antiguos, como el

_Cantar del Rey Fernando_ y su continuación el _Cantar del

Cerco de Zamora_, que pintaba al Cid más joven que el _Mio

Cid_. Entrambos perecieron; pero se transparentan en la

_Primera Crónica general de España_. Otro tanto sucedió á los

antiguos cantares sobre los _Infantes de Lara_, los siete

hijos de Gonzalo Gustios, que murieron peleando con los moros

en Almenar por celada que les puso su tío Ruiz Velázquez para

vengar el insulto hecho á su mujer doña Lambra el día de sus

bodas. Otra _Gesta de los Infantes de Lara_, posterior á

esos cantares, fué cantada el siglo XII y pasó en parte á la

_Primera Crónica general_; y á fines del siglo XIII otra más

extensa, que pasó á un arreglo de otra _Crónica general_ del

reinado de Alfonso XI, acabado en 1344, y á una refundición la

tercera _Crónica general_ de principios del siglo XV.

La Conquista de Almería en latín vemos que alude á otros

cantares más antiguos sobre el Cid; de los posteriores, que el

pueblo siguió cantando, habla la _Crónica general_: "Non lo

sabemos por cierto sinon quanto oymos decir á los juglares en

sus cantares de gesta", y en las _Partidas_ (2.ª part., ley

20), ordenando á los juglares que "non dixiessen otros cantares

sinon de gesta o que fablasen de fecho de armas". "_La Estoria

d'Espanna_, dice M. Pelayo (_Antol. poet. lír. cast._, t. II,

pág. XXVI) nos ha conservado, pues, no solamente el fondo,

sino en muchos casos las mismas palabras de los cantares, y

hay páginas enteras donde la restitución de la forma métrica

es facilísima. En este caso se hallan gran parte de la leyenda

de Bernardo y de la de los Infantes de Lara, no menos que la

caballeresca de Maynete y Galiana. Pero ha de observarse que

cuando algún asunto tradicional había ya caído en manos de

los poetas cultos, el Rey Sabio y sus colaboradores prefieren

el texto erudito al popular. Así la parte relativa á Fernán

González en la _General_ es transcripción, no de los cantares

de gesta primitivos (de los cuales sólo algún retazo ha llegado

á nosotros en el caótico prefacio de la _Rimada_), sino del

poema de _mester de clerezia_, compuesto por un monje de

Arlanza. Respecto de otras fuentes de la _General_, como la

_Estoria del romanz del Infant D. Garcia_ (el asesinado en León

por los Velas), no es fácil decidir por su solo título y por el

breve resumen de la _Crónica_, si se trata de una obra popular

ó erudita, ni siquiera si estaba en verso ó en prosa".

Unos trescientos versos del primitivo cantar de los Infantes

de Lara ha sacado Menéndez Pidal de las _Crónicas_. Puyol y

Alonso ha sacado de la _Crónica del Cid_ un _Cantar de Gesta

de Don Sancho II de Castilla_, que en su forma original pudo

componerse en el siglo XI.

Todos estos cantares anteriores y contemporáneos de _Mio Cid_,

¿fueron gestas largas ó no fueron más que retazos cortos?

Además, ¿fueron escritas y eruditas ó puramente cantadas y

populares? Estas preguntas no suelen hacerlas los que no

distinguen bien la poesía erudita y la popular, las gestas

largas y los romances ó gestas cortas. La prosificación en

las _Crónicas_ muestra más bien el pie de romance que el

alejandrino (véase sobre Bernardo la _Antol._, de M. Pelayo,

t. X, pág. 205); además eran cantares de _juglares_, esto es,

populares, y lo que es más significativo, todos estos cantares

encierran cierta lucha contra Francia y los franceses, cosa

propia de los populares, mientras que la clerecía estaba

afrancesada y afrancesado nació el _mester de clerezia_, la

primera poesía castellana escrita. Otra nota es la enemiga

que muestra contra el reino de León, por ser puramente

castellanos, entre los cuales los franceses no influyeron como

entre gallegos y leoneses. Si esto es así, lo más probable es

que fueran romances y populares, no escritos, puesto que el

alejandrino vino con la literatura erudita. Nο menos probable

es que fueran anteriores á _Mio Cid_, del siglo XI y primera

mitad del XII, ó acaso del siglo X algunos de ellos y que en

ellos no influyó la epopeya francesa. Es cuanto sabemos del

_mester de juglaria_.

=148.= _Cantar de los Infantes de Lara._ Consúltense: R.

Menéndez Pidal, _La Leyenda de los Infantes de Lara_, Madrid,

1896; G. Paris, _La Légende des Infants de Lara_ (Extracto del

_Journal des Savants_, mayo y junio, 1898); G. Paris, _Poèmes

et légendes du moyen âge_, París, 1899, págs. 215-25.

_Cantar de Gesta de Don Sancho II de Castilla_, ed. J. Puyol y

Alonso, Madrid, 1912 (con estudio).

=149.= El _Auto de los Reyes Magos_ fué compuesto á fines del siglo

XII ó principios del XIII. Sacado de la liturgia latina, traída

por los benedictinos franceses de Cluny, es un paso dramático para

representarse en la fiesta de la Epifanía, en la catedral de Toledo.

Tiene 147 versos eruditos y algunos leoninos, de seis, ocho y doce

sílabas, perdido el final. La fuerza dramática, la sinceridad y

realismo, la viveza del diálogo, lo ponen muy por cima de los oficios

latinos y piezas dramático-litúrgicas que conocemos de otras partes. Se

ve que todavía le soplaba al autor la musa popular; pero ya es un poeta

erudito del _mester de clerezia_, que sigue la moda francesa.

=150.= Halló el _Auto de los Reyes Magos_, en 1785, en un

códice de la Biblioteca toledana, Felipe Fernández Vallejo,

Arzobispo de Santiago (1798-1800). Según Morel-Fatio, procede

de uno de los oficios latinos utilizados en Limoges, Ruau,

Nevers, Compiègne y Orleáns, y los oficios franco-latinos son

interpretaciones de piadosas tradiciones orales y en parte

amplificaciones del apócrifo _Protevangelium Iacobi Minoris_ y

de la _Historia de Nativitate Mariae et de Infante Salvatoris_

(Ioannes Karl Thilo, _Codex apocryphus Novi Testamenti_,

Lipsiae, 1833, págs. 254-261, 383-393). Carl Lange (_Die

lateinischen Osterfeien_, München, 1887, págs. 2, 5, 24-25)

ha examinado 224 oficios latinos pascuales, de los cuales

159 de Alemania, 25 de Francia, siete de Italia, tres de los

Países Bajos, dos de España, y por cierto de los más antiguos

del siglo XI, y uno de Inglaterra. Estos oficios latinos no

debieron tardar en traducirse á las lenguas vulgares. En el

_Auto de los Reyes Magos_ se hallan los tres mismos versos de

Virgilio (_Eneida_, VIII, 112-114) que en el texto del rito de

Orleáns.

En nuestro _Auto_ hállanse los nombres de los Reyes Magos,

los cuales, según Hartmann, sólo les fueron atribuidos después

del descubrimiento de sus restos en Milán, el año 1158, y

se divulgaron después de la inserción de un pasaje apócrifo

en la _Historia Scholastica_, de Pedro Comestor († 1179).

El _Auto_ se halla en el códice toledano, después de un

comentario alegórico al primer capítulo de las _Lamentaciones_

de Jeremías, atribuido á Gilberto el Universal, canónigo de

Auxerre († 1134). Téngase, sin embargo, en cuenta, para señalar

la fecha del _Auto_, que los nombres de los Reyes Magos se leen

en el _Poema del Cid_, que es anterior y algo modificados en

una crónica latina del siglo VIII. Puede verse el texto latino

de la catedral de Nevers en _Romania_, 1875, publicado por

Leopoldo Delisle.

=151.= _Auto de los Reyes Magos_, ed. R. Menéndez Pidal, en

_Revista de Archivos_, etc. (1900), t. IV, págs. 453-462;

ed. G. Baist, Erlangen, 1879; ed. Κ. A. M. Hartmann, _Ueber

das altspanische Dreikönigsspiel_, Bautzen, 1879; ed. V. E.

Lidforss, en _Jahrbuch für romanische und englische Literatur_,

Leipzig, 1871, t. XII, págs. 44-59; ed. J. Amador de los Ríos,

_Historia crítica de la literatura española_, Madrid, 1863, t.

III, págs. 658-660. Consúltese: A. Graf, _Studii drammatici_,

Torino, 1878, págs. 249-325; K. Lange, _Die lateinischen

Osterfeiern_, München, 1887; H. Anz, _Die lateinischen

Magierspiele_, Leipzig, 1905; A. D'Ancona, _Origini del teatro

italiano_, segunda ed., Torino, 1891; Μ. Cañete, _Sobre el

drama religioso antes y después de Lope de Vega_ (28 septiembre

1862), _en Memorias de la Academia Española_ (1870), t. I,

páginas 368-412.

=152.= Á fines del siglo XII un monje, probablemente de San Salvador de

Oña, puso en romance, y en 37 versos alejandrinos, un trozo de la _Rixa

animi et corporis_, con el título de la _Disputa del Alma y el Cuerpo_.

Es un diálogo entre el alma y el cuerpo de un difunto recién enterrado,

que se increpan mutuamente, achacándose la causa de los pecados de su

vida.

=153.= Fué descubierto este trozo por Tomás Muñoz y Romero (†

1867) al reverso de un pergamino del Archivo Histórico Nacional

y publicólo Pedro José Pidal (1809-1865) en 1856. Cotéjese el

comienzo con el _Débat du corps et de l'âme_:

Un sabado exient, domingo amanescient

Vi una grant vision en mio leito dormient.

.............................................

Un samedi par nuit endormi dans mun lit

Et vi en mun dormant une vision grant.

En el siglo X fué vertida al inglés la misma obra latina.

=154.= _Disputa del alma y el cuerpo._ Ed. R. Menéndez Pidal,

en _Revista de Archivos_, etc. (1900), t. IV, págs. 449-453;

ed. J. Μ. Octavio de Toledo, en _Zeitschrift für romanische

Philologie_ (1878), t. II, páginas 60-62. Consúltese: G.

Kleinert, _Ueber den Streit zwischen Leib und Seele_, Halle,

a. S., 1880; M. Batchioukof, _Débat de l'âme et du corps_, en

_Romania_ (1891), t. XX, págs. 1-55 y 513-576.

NOTAS:

[14] _Véase Epitoma Imperatorum. Anonyme de Cordoue. Chronique

rimée des derniers rois de Tolède et de la conquête de l'Espagne

par les Arabes._ Editée et annotée par le P. Jules Tailhan, París,

1883 (con el título de _Continuatio hispana a DCCLIV_, ed. Theodor

Mommsen, _Monumenta Germaniae Historiae. Auctores antiquissime_,

t. XI, págs. 323-369). Además: _Capitulationes penitentiarum de

diversis criminibus_, ed. J. Priebsch (_Altspanische Glossen_) en el

_Zeitschrift für romanische Philologie_, 1895, t. XIX, págs. 1-40.

[15] Para mí Berceo es el autor del poema de _Alixandre_.

[16] En 122 se fundó el Castellum Aquae Sextiae, en 118 Narbo Marcius.

[17] Prescindo de los términos toponímicos, que en la generalidad son

gálicos. Los términos gálicos pueden verse en Glück, _Die bei C. J.

Caesar vorkommenden Keltischen Namen_; en el _Corp. Insc. Lat._, v. V,

XII, XIII; y en la _Revue celt._, III, VIII, XIII, XIV.

[18] El bretón fué importado después de Inglaterra.

[19] Los que ven en cursiva son con certeza de préstamo posterior.

[20] M. Pidal, edic. 1913.

ÉPOCA DE ALFONSO "EL SABIO"

(SIGLO XIII)

=155.= _Resumen histórico_. Reyes de Castilla: Enrique I

(1214-1217). Fernando III (1217-1230). Reyes de Castilla y

de León: Fernando III (1230-1252). Alfonso X (1252-1284).

Sancho IV _el Bravo_ (1284-1295). Fernando IV _el Emplazado_

(1295-1312). Las Navas de Tolosa (1212). La conquista de

Valencia (1238) y de las Baleares (1229-1235), por Jaime I

_el Conquistador_, da el golpe mortal á la dominación arábiga

en España. Los Estudios generales ó mayores y las primeras

Universidades continúan la cultura comenzada en Toledo por los

Alfonsos VI y VII: Universidad de Palencia (1212?), llevada á

Valladolid (1260). La de Salamanca (1215). _Estudios generales_

de Valencia (1245), de Sevilla (1254). _Privilegio general_ en

Aragón (1283) y _de la Unión_ (1287).

_Literatura francesa._ Villehardouin, _Chronique_ (1205-1213);

Gautier de Coincy, _Miracles de Notre-Dame_ (1230); Guillaume

de Lorris, primera parte del _Roman de la Rose_ (1237).

_Literatura provenzal_: Vidal de Besalu, _Razos de trobar_

(primera mitad del siglo XIII); Jaufré de Foxa, _Regles de

trobar_ (hacia 1290).

_Literatura italiana_: _Tesoretto_, de Brunetto Latini

(1220-1295), embajador de Florencia en la corte de Alfonso X;

las poesías de _Guido Cavalcanti_ (hacia 1259-1300), de Cino de

Pistoia (1270-1337), y llega á la cumbre con Dante (1265-1321:

_Vita Nuova_, _Divina Comedia_, _Convivio_) y Petrarca y

Boccaccio del siglo siguiente.

=156.= Pudiéramos llamar siglo del apólogo y cuento oriental ó del

_mester de clerezia_ ó de las leyes al siglo XIII, por ser los tres

géneros que más se cultivaron; pero Alfonso _el Sabio_ lo señorea

literaria y culturalmente, aun antes de su advenimiento y aún después

de fallecido, de tal manera, que el orientalismo y la legislación, la

prosa y la lírica, se lo deben todo á él. El influjo francés, que hizo

nacer la literatura erudita, todavía se deja notar; pero el semítico

tiene mayor fuerza, no ciñéndose á la ciencia y filosofía, vertidas en

latín con las traducciones de la escuela toledana, sino que llega á la

literatura, y ya que la poesía semítica no podía pasar al castellano,

por consistir casi toda la arábiga en juegos gimnásticos de lenguaje,

y la hebraica en misticismos religiosos, el apólogo y cuento moral

oriental halló entre los españoles terreno apropiado, por cuadrar tan

al justo con el genio moralizador de nuestra raza, expresado bien

claramente en los refranes y más tarde en la sátira moral. Géneros

utilitarios y semicientíficos son la jurisprudencia y la crónica:

ambas abarcó Alfonso X, juntamente con la lírica galaico-portuguesa,

puesto que la lírica popular ó cantares para nada habían de tenerse en

cuenta por escritores eruditos. El cuento moral lleva como en germen la

novela posterior, la crónica pasará á ser historia en el siglo XV; el

_mester de clerezia_ desaparecerá primero al son de la lírica cortesana

galaico-portuguesa, después al de la heroico-popular del _Romancero_.

El Arcipreste de Hita, en el siglo XIV, se sale del cuadro, se yergue

sobre todos, con la pujanza que le presta el arte popular, tanto lírico

como épico, satírico como dramático: es el único poeta de cuerpo

entero de la Edad Media. Y el único prosista popular á ratos, y, por

consiguiente, el único verdadero prosista nacional que se levanta

igualmente en toda la Edad Media es el Arcipreste de Talavera. Son las

dos cumbres de la literatura castellana antes de llegar al _Romancero_

y á la _Celestina_. El orden de aparición es primero la poesía épica

popular con _Mio Cid_, pero ya medio erudita, y lo es enteramente en

las demás obras del puro _mester de clerezia_. Luego viene la prosa:

primero el cuento y apólogo oriental, luego la prosa científica de la

jurisprudencia y de la crónica. De la misma manera antes llega el gran

poeta de Hita, en el siglo XIV, que el gran prosista, el de Talavera,

en el XV.

=157.= Antes de hablar de la obra propia de este siglo, que es la

prosa, conviene continuar la poesía del _mester de clerezia_, que

de hecho comienza con la única poesía épica que conocemos, con el

Cantar de _Mio Cid_, y continúa entre el siglo XII y XIII con los

pequeños poemas que hemos mencionado y los que ahora hallaremos. Á

esta escuela, que dura hasta fines del siglo XIV, pertenecen todos

los poetas que escribían sus versos y que comúnmente eran _clérigos_,

por ser casi la única gente letrada de aquellos tiempos. Por más que

Berceo se llame á sí mismo _juglar_ (_S. Dom._, 292, 775, 777), buen

cuidado tiene de ponderar su _arte de nueva maestría_, su _mester sin

pecado_, despreciando el arte popular, no escrito, de los juglares,

y preciándose de _contar las sílabas_ y de _fablar cuento rimado por

la cuaderna via_. Toda esta poesía erudita y eclesiástica tampoco

era para cantada por las plazas, como las populares gestas, sino

para leída por monjes y gente devota y culta que con monjes trataban

frecuentando los monasterios. Nacida de la popular, con la canción

de _Mio Cid_, apartóse todavía más de ella hasta en los asuntos,

tomándolos de la historia religiosa ó de la historia de la antigüedad,

conservadas fabulosamente en la misma erudición latino-eclesiástica.

Debajo de ella, desconocida por no escribirse, siguió viviendo la

épica popular, la verdadera épica, que alzó la cabeza en el siglo XV,

cuando la erudita ya había muerto por falta de vigor, por sola su

propia flaqueza, y no menos, por lo mismo, se caía á pedazos la nueva

poesía erudita venida de Galicia, la lírica cortesana de don Juan el

II. El metro del _mester de clerezia_ es el alejandrino, de 14 sílabas,

pero agrupados los versos en estrofas de á cuatro con la misma rima,

perfecta siempre, como no sea por descuido del poeta ó del copista, por

lo que se llama _tetrástrofo monorrimo alejandrino_. Esta agrupación

fué el fruto único de la escuela, pues parece nació en España á

imitación del tetrástrofo latino-eclesiástico de la Edad Media, aunque

el verso vimos que vino de Francia.

=158.= Los autores del _mester de clerezia_ no conocen

la antigüedad clásica, sino mediante la erudición

latino-eclesiástica, continuada, y cada vez más pobre y

fabulosa, desde Juvenco, Prudencio, Sedulio y San Eugenio hasta

Teodulfo y los poetas de la corte carolingia, y desde éstos

hasta los de la corte alemana de los Otones, como ha probado

Ebert en su _Historia_. El tetrástrofo latino-eclesiástico

puede verse en las colecciones de Du Méril:

"Vehementi nimium commotus dolore

Sermonem aggredior furibundo more,

Et quosdam redarguens in meo furore,

Nullum mordens odio vel palpans amore".

Ni el mismo Arcipreste de Hita conoció á los clásicos: su

Ovidio es el autor de _Vetula_; su Vergilio el hechicero

Vergilio medieval. La Troya del poema llamado de _Alixandre_

es la del seudo cretense Dictys y la del seudo frigio Dares,

vistas á través de la _Crónica_ de Guido de Columna; su

Alejandro es el de Gualtero de Châtillon ó el de los troveros

franceses.

Men. Pelayo, _Antol. poet. lír. cast._, t. II, pág. XXXIII:

"Coexistió el _mester de clerezia_ con el de _juglaria_,

pero no se confundieron nunca. Coexistió también, andando el

tiempo, con las primeras escuelas líricas, con las escuelas

de trovadores, pero mantuvo siempre su independencia y

carácter propio de tal modo, que hasta en las obras poéticas

del Arcipreste de Hita y del Canciller Ayala, en que ambos

elementos se dan la mano, no aparecen confundidos, sino

yuxtapuestos. En suma: el _mester de clerezia_, socialmente

considerado, no fué nunca ni la poesía del pueblo, ni la

poesía de la aristocracia militar, ni la poesía de las fiestas

palaciegas, sino la poesía de los monasterios y de las

nacientes Universidades ó _estudios generales_. Así se explica

su especial carácter, la predilección por ciertos asuntos, el

fondo de cultura escolástica de que hacen alarde sus poetas

y la relativa madurez de las formas exteriores, que son,

ciertamente, monótonas; pero nada tienen de toscas y sí mucho

que revela artificio perseverante y sagaz industria literaria.

Júzguese como se quiera de cada uno de estos poemas, cualquier

cosa serán menos tentativas informes y engendros bárbaros,

como suelen decir los que no los han saludado. El escollo

natural del género era el pedantismo, y no diremos que de él se

librasen estos ingenios; pero fué pedantería candorosa, alarde

de escolar que quiere á viva fuerza dejarnos persuadidos de su

profundo saber en mitología, geografía é historia, con toda

la ingenuidad del primer descubrimiento. Estos patriarcas de

las literaturas modernas eran niños hasta en la ostentación

enciclopédica. En cambio no puede decirse de ellos que abusasen

del latinismo de dicción en el grado y forma en que lo hizo

la escuela del siglo XV. La lengua de los poetas del _mester

de clerezia_ es algo prosaica y no tiene mucho color ni mucho

brío, pero es clara, apacible, jugosa, expresiva y netamente

castellana, sin las asperezas hiperbáticas de Juan de Mena, ni

las extrañas contorsiones de la prosa de don Enrique de Aragón.

El vocabulario de la lengua épica, muy reducido, aunque muy

enérgico, se ensancha prodigiosamente en manos de Berceo, y

mucho más en el _Poema de Alejandro_".

=159.= De comienzos del siglo XIII parece ser la _Vida de Santa María

Egipciaqua_, narración poética en 1.451 versos de 7, 8, 9, 10, 11 y

12 sílabas, los más de 9, con el ritmo libre de la poesía popular de

los refranes, consonantando dos ó tres versos y aun cuatro á veces,

bien que de ordinario se halla el pareado ó de dos solamente. De la

misma época es el _Libro dels tres Reyes dorient_, de unos 250 versos

parecidos á los de la _Vida de Santa María Egipciaqua_, en cuyos

primeros 50 se habla de los Reyes Magos, y en los demás, de la huída

á Egipto y de los ladrones que robaron la Sagrada Familia. El _Libro

de Apollonio_ tiene más de 2.600 versos, en cuartetas monorrimas de

catorce sílabas, con la _nueva maestría_, que dice en él su autor,

aplicada á 600 estrofas, llamada después _cuaderna vía_, de la cual,

por consiguiente, parece fué el inventor. El autor parece aragonés por

el lenguaje; escribe con claridad y brío y era erudito.

Historia de la lengua y literatura castellana, Tomo 1 · 第 22 / 59 段