del francien: "Durante el siglo XIV comienza, según Giry, á
sustituirse en el Mediodía por el francés los demás dialectos
en los monumentos públicos, después de haber luchado con el
latín desde fines del siglo XI. En el Norte, las ciudades
de Flandes, Bélgica, Artois y Lorena comienzan á emplear la
lengua vulgar para los contratos privados desde principios del
siglo XIII. Poco más ó menos hacia la misma época aparece en
los confines de la lengua d'oc, en Aunis y Poitou; algo más
tarde en Touraine, Anjou, Berry, aunque en todas partes con
huellas dialectales. Hay que llegar hasta el siglo XIV, en que
el francés es vulgarizado por la cancillería y administración
reales, que ya desde entonces se emplea exclusivamente, para
ser unificada el habla vulgar de las _chartes_ en una lengua
común, la de París, hecha ya lengua oficial. La literatura
dialectal desaparece casi por completo desde el siglo XIV, al
propio tiempo que los documentos dialectales".
El contraste que presenta el antiguo francés con el francés
moderno, por su abundancia y libertad, que después perdió,
lo declaró en breves párrafos _Gaston Paris_ (_Journ. des
Savants_, 1897, pág. 612); su importancia en toda la Europa y
su literatura son cosas conocidas. Los normandos conquistan
la Inglaterra cantando la _chanson_ de Roland, y las clases
elevadas de la sociedad hablan el francés, prefiriéndose el
del continente al francés de Inglaterra ó anglo-normando y
escribiendo en francés algunos autores. En Italia penetran
las _chansons de geste_, y Brunetto Latini, maestro del
Dante, escribe en francés su enciclopedia _Li Trésors_
(1265), así como están en francés los viajes de Marco-Polo
y las compilaciones romancescas de la Tabla Redonda. En
Alemania había preceptores franceses. Esta influencia explica
el préstamo que todas las lenguas de Europa hicieron de
vocablos franceses. No sólo el inglés está cuajado de términos
normandos, sino que las poesías alemanas _minnesänger_ abundan
en ellos, y hasta el alemán toma el sufijo francés verbal
-i_eren_.
=141.= Radicales principales tomados del francés[19]: abra
(?), aduana (del it.), ¡alto! (del germ.), amura, áncora
(encore), _antilla_, arandela, arbotante, arenga (del germ.),
armiño (del germ.), arnés (del bret.), artesano (del lat.),
asamblea (del lat.), asesino (?, del arab.), avanzar, _babor_
(del ingl.), bachiller (del prov., del lat.), _barroco_ (del
fr., del cast.), _báscula_, baya (del lat.), belitre (del lat.
ó germ.), bergantín, betún (del lat.), _bisturí_ (del lat.),
blanco (del germ.), blandir (del germ.), blasón (del germ.),
blindar (del germ.), blondo (del germ.), _bloque_ (del germ.),
blusa, _bolina_ (del ingl.), bonete (del lat.), bramar (del
germ.), brea (del gr.), brecha (del germ.), _brigada_, bronce,
bucle (del lat.), _bures_, buril (del germ.), cable (del
lat.), _cachalote_ (del lat.), cadete (del lat.), _calesa_
(del eslavo), calonge (del lat.), camión (del cast.), canapé
(del lat., gr.), canica (del germ.), caparrosa (del germ.),
carpeta, _cartuja_, catre (del lat.), _caviar_ (del eslavo),
_clarión_ (del lat.), _cobalto_ (del germ.), cofia (del
germ. ó lat.), cofre, cohete (del lat.), comba (del galo),
_convoy_, _copar_ (del lat., gr.), _corbata_ (del croata),
corbeta (del lat.), _corchea_, corsé (del lat.), crisol (del
germ.), _croqueta_, _chal_ (del ingl.), chalupa (del germ.),
chancillería (del lat.), chantre (del lat.), chapitel (del
lat.), _charretera_, chimenea, dama (del lat.), donques (del
lat.), _dos_ y _endosar_ (del lat.), _draga_ (del germ.),
_duna_ (del germ.), _edecán_ (del lat.), enclenque, endivia
(del gr.), entremés (del lat.), equipar (del germ.), esparaván
(del germ.), _etiqueta_ (del germ.), faisán (del lat.), faro
(del gr.), _fase_ (del gr.), ficha, _filtro_ (del germ.?),
_flan_ (del ingl.), flete (del germ.), flota (del germ.),
foque (del germ.), forjar (del lat.), fornir (del germ.),
_frac_ (del germ.), fraile (del lat.), _frambuesa_ (del germ.),
franco (del germ.), franja (del lat.), friso (del germ.),
frotar (del lat.), fruncir (del lat.), furriel (del germ.),
_fusil_ (del lat.), gaje (del germ.), _garantir_ (del germ.),
garlopa (del germ.), garnacha (del germ.), _gas_ (del germ.),
_gelatina_ (del lat.), gerifalte (del lat.), golfo (del lat.,
gr.), golpe (del lat., gr.), grabar (del germ.), grajea (del
gr.), _grosella_ (del germ.), _grumete_ (del ingl.), guado
(del germ.), _guata_ (del lat.), gueda (del germ.), haca (del
germ.), _hache_ (del lat.), _hulla_ (del valón), imán (del
gr.), jaca (del germ.), jalde, jalea (del lat.), _jalón_,
jamba, jamón, jardín (del germ.), jarrete, jaula, jefe (del
lat.), _jirafa_ (del arab.), lacayo (del germ.), _landó_,
_levita_, lesna (del germ.), librea (del lat.), _lingote_ (del
lat.), lona, _lote_ (del germ.), madama (del lat.), _maniquí_
(del germ.), _manivela_, marchar, marmita, marmota (del lat.),
marqués, mástil (del germ.), _mazurca_ (del eslavo), menaje
(del lat.), metge y menjurje (del lat.), mensaje (del lat.),
_merodear_, mesón (del lat.), _metralla_, _minué_ (del lat),
mitón (del lat.), moda (del lat.), mofar (del lat.), _mosaico_
(del it., gr.), motín (del lat.), _narval_ (del germ.), _neto_
(del lat.), _níquel_ (del germ.), obenque (del germ.), _oboe_,
_obús_ (del germ.), orfebrería (del lat.), orla (del lat.),
pabellón (del lat.), paje (del gr.), país (del lat.), paladín
(del lat.), palurdo, _pantalón_, _pantalla_ (del lat.),
pantuflo, _paquebot_ (del ingl.), _parcela_ (del lat.), parche
(del lat.), parlar (del lat.), parque, pasaporte, _patache_,
_peine_ (del lat.?), peón (del lat.), percha (del lat.),
perejil (del lat.), petardo (del lat.), _petimetre_, _pinzón_,
_pirueta_ (del gr.?), placa (del germ.), plancha (del lat.),
_polca_ (del eslavo), poltrón (del it.), porche (del lat.),
presea (del lat.), pupitre (del lat.), _quepis_ (del germ.),
_quincalla_ (del germ.), _quinqué_, _rail_ (del ingl.), rampa
(del germ.), _recluta_ (del germ.), refrán, reproche (del
lat.), _retreta_ (del lat.), _revólver_ (del ingl.), rubí
(del lat.), ruibarbo (del lat.), ruta (del lat.), sage (del
lat.), sarao (del lat.), sargento (del lat.), servilleta (del
lat.), _silueta_, taburete (del arab.), tafetán (del persa),
tanino (del germ.), tenería (del germ.), _tílburi_ (del
ingl.), _timbre_ (del lat., gr.), _tisú_ (del lat.), _toisón_
(del cast.), toldo (del germ.), _tren_, trincar (del germ.),
_trineo_, trinquete, _tul_, _túnel_, _ujier_, _vagón_ (del
ingl.), _vals_ (del germ.), _vampiro_ (del eslavo), _viñeta_
(del lat.).
=142.= El _Cantar de Mio Cid_ es el más antiguo monumento que conocemos
de la lengua escrita y de la literatura castellana, y es probable que
no se escribiera otro antes de él. Parece haber sido compuesto hacia
el año 1140, y, en todo caso, antes de la muerte de Alfonso VII en
1157. Consérvase en un solo códice del siglo XIV, copiado de otro más
antiguo por Per Abbat. No hay otra unidad artística fuera del seguir el
orden de los acontecimientos, distinguiéndose tres cantares, que pudo
imitar y aun tomar el autor de los populares: 1.º. el destierro del
Cid (1-1084); 2.º, las bodas de las hijas del Cid (1085-2277); 3.º, la
injuria de Corpes y su reparación (2278). La mayor parte de los hechos
narrados en el _Cantar_ y los personajes son realmente históricos; la
topografía, las tradiciones locales, las costumbres, trajes y demás
ajuar, son puntuales. El único episodio maravilloso es la aparición del
arcángel San Gabriel; ficticios y novelescos son el de las arcas llenas
de arena y el del león, que debían de ser populares leyendas.
[Ilustración: COFRE DEL CID (Catedral de Burgos).
SEPULCRO DEL CID (San Pedro de Cardeña).]
=143.= Antes de escribirse el _Mio Cid_ hubo cantares populares
sobre el mismo Campeador, sobre el rey Rodrigo, los Infantes
de Lara, el Infante García, Fernán González, etc., etc.; pero
que se escribiesen ya es harto más dudoso, aunque algunos lo
dan por averiguado por aquello de que "no es probable que este
primer documento conservado sea el primero que se escribió".
Los mismos asuntos épicos nacionales y después otros franceses
y caballerescos siguiéronse cantando por el pueblo y aún siguen
cantándose hasta nuestros días; pero los cantares populares
siempre fueron menospreciados de los eruditos, que son los
que escriben, y así, sólo en el siglo XV, hartos los poetas
eruditos de sus aguados versos cortesanos á lo provenzal, se
abajaron á oir la musa popular y á consignar sus cantares por
escrito: tales son los romances viejos, escritos según los
cantaba el pueblo desde hacía siglos. Alguno que otro escritor
tomó el asunto de esos cantares plebeyos y lo trató más ó menos
eruditamente cuanto al metro y manera, como vemos en el poema
de _Fernán González_ y en la _Crónica rimada_ del Cid. Si estos
malos poemas eruditos posteriores á _Mio Cid_ se conservaron,
por haberse escrito, lo probable es que si antes se hubiesen
escrito otros también se hubiesen conservado. Lo que de gestas
hallamos desleído en la prosa de las _Crónicas_ había que
probar que eran gestas escritas y para ello que estaban en
alejandrinos; ahora bien, los versos en las _Crónicas_ más
parecen prosificación de romances que no de alejandrinos: las
tales gestas eran, por consiguiente, las populares que se
cantaban, no las eruditas que se escribían, pues ya hemos visto
que el escribir en castellano vino del influjo francés entre
los eruditos, y éstos, al escribir, escribieron en el metro de
los franceses, en alejandrinos, siendo siempre menospreciado
el pie de romance, como todo lo popular, hasta fines del siglo
XV. La fecha de _Mio Cid_ está entre 1140 y 1157, ya que parece
aludirse á él en la _Conquista de Almería_, en 1147, ó _Crónica
de Alfonso VII_, escrita en latín, aunque también pudiera
aludir á las gestas cantadas y no escritas, de las cuales sacó
su obra el autor de _Mio Cid_:
"Ipse Rodericus, Mio Cid _saepe_ vocatus, De quo
_cantatur_ quod ab hostibus haud superatur".
El códice de Per Abbat, procedente de la aldea de Vivar,
donde el Cid nació, fué propiedad de don Alejandro Pidal, de
cuyos herederos debe de serlo ahora. Es copia hecha en la
era 1245 ó, según otros, de 1345, según se lea _C_ (ciento)
ó _e_ la letra raspada en la suscripción final. Per Abbat,
el copista, remozó palabras destruyendo asonantes, trastrocó
otras y aun hemistiquios enteros. De esta copia sacó Juan Ruiz
de Ulíbarri la que se conserva en la Biblioteca Nacional (R.
200), Burgos, 1596. Antonio Sánchez publicó el _Cantar_ en el
t. I de su _Colección de poesías castellanas anteriores al
siglo XV_, Madrid, 1799; después Janer, Madrid, 1864, en la
Bibl. de Rivadeneyra, t. LIX; Vollmöller, _Poema del Cid nach
der einzigen Madrider Handschrift_, Heall, 1879; Huntington,
1898; Menéndez Pidal, _Poema del Cid_, Madrid, 1900, y _Poema
de Mio Cid_, Madrid, 1913 (con algunas variaciones entre las
dos ediciones). Hace falta publicar el facsímil para saber á
qué atenernos. En la primera _Crónica general_ de Alfonso X y
en la _Crónica de Veinte Reyes de Castilla_ se halla la mayor
parte del asunto del _Cantar_ con otras cosas que en él faltan,
y por cierto, con el mismo criterio: ¿es prosificación de él ó
de otros cantares populares no escritos? Cierto que no lo es de
la copia de Per Abbat, y las frases comunes al _Cantar_ y á las
_Crónicas_ bien pudieran provenir de cantares populares con los
cuales pudo tejer su obra el autor de _Mio Cid_; de ellos son,
sin duda, otras frases, versos y trozos enteros que en _Mio
Cid_ no se hallan. El espíritu es el mismo, el que hemos visto
en M. Pelayo ser propio de la epopeya castellana, de suerte que
es dificultoso deslindar lo que en _Mio Cid_ haya del autor que
lo compuso y que lo tomó de los cantares populares. Menéndez
Pidal suple lo que falta al principio "con algunos versos de
una Segunda Refundición de nuestro Cantar, conservados en la
Crónica de Castilla y en la Particular del Cid. Estos versos
darán idea de los que inmediatamente precedían á los primeros
conservados en la copia de Per Abbat". Están en pie de romance
y, por consiguiente, se tomaron de cantares populares. Véanse:
"e los que conmigo fuéredes--de Dios ayades buen grado,
e los que acá fincáredes--quiérome ir vuestro pagado".
Entonçes fabló Álvar Fáñez--su primo cormano:
"convusco iremos, Cid,--por yermos e por poblados,
ca nunca vos fallesceremos--en quanto seamos sanos,
convusco despenderemos--las mulas e los cavallos
......................--e los averos e los paños,
siempre vos serviremos--como leales vasallos".
Entonçe otorgaron todos--quanto dixo don Álvaro;
mucho grandesçio mio Çid--quanto allí fué razonado...
Mio Cid movió de Bivar--pora Burgos adeliñado,
assi dexa sus palaçios--yermos e desheredados.
(comienza Per Abbat en alejandrinos:)
De los sos ojos tan fuertemientre lorando,
tornava la cabeça i estávalos catando".
La obra tiene 3.729 versos, faltan el comienzo y dos páginas de
á 50 versos, una después del 2.337 y otra después del 3.307,
más algunos otros después de los versos 181, 440 y 934. El
segundo cantar comienza:
"Aquis conpieça la gesta de mio Cid el de Bivar".
Y acaba:
"Las coplas deste cantar aquis van acabando.
El Criador vos vala con todos los sos santos".
De estos versos parece sacarse que eran cantares separados ó
que de otros tales enhebró el autor su obra, á la cual llama
_gesta_ y _cantar_. El tercero comienza con la cobardía de los
Condes y acaba:
"en este logar se acaba esta razón".
Si hubiera pretendido el autor dar unidad artística al _Cantar_
pudiera haber comenzado, como se suele, por la mitad, después
del destierro, por ejemplo. Sobre la puntualidad histórica y
geográfica, así como sobre los ligeros episodios ficticios,
véase M. Pidal, edición de 1913. Allí mismo está la historia
verdadera del Cid.
=144.= Si se prescinde del metro, el _Mio Cid_ ofrece el mismo
espíritu, la misma naturalidad, la misma sencillez, la misma gravedad,
la misma alteza de sentimientos, y en cuanto cabe, según la diferencia
de los tiempos, el mismo estilo y lenguaje, el mismo predominio de la
realidad sobre la imaginación que el _Romancero_, conocido á fines
del siglo XV. Es un zurcido de largos romances. Cuanto han dicho
los autores de _Mio Cid_ puede aplicarse al _Romancero_, sacada la
extensión, el metro y el lenguaje de las diferentes épocas. Y es que
el asunto, la manera de tratarlo, el espíritu del pueblo español es
el mismo; sólo hay diferencia en el metro y la extensión. Ahora bien:
metro y extensión débense á ser obra escrita por un erudito; de lo
demás del poema el verdadero autor fué el pueblo, el mismo que lo fué
del _Romancero_. No sabemos hasta dónde pueda alcanzar lo que, fuera de
la extensión y del metro, se deba al autor que escribió el _Mio Cid_;
pero la semejanza con el _Romancero_ prueba que fué bien poca cosa. En
el poema de _Mio Cid_ el pueblo español se canta á sí mismo, poniendo
en sus sones toda su alma, como es el pueblo griego el que se canta á
sí mismo en los poemas homéricos. Nada de afectaciones, exageraciones y
adornos postizos, nada de fantasía; todo es naturalidad, realidad viva,
visión de los hechos escueta, seca y grave. Esa no es obra de erudito;
es obra popular. El erudito no hizo más que zurcir en uno varios
romances siguiendo la vida pública del Cid y ponerlos medianamente
en metro francés. De aquí que el Cid, que después conocemos en las
obras siguientes de eruditos, ya es otro Cid, caballeresco, novelesco,
exagerado, porque la levadura de la caballería, venida de fuera, había
echado á perder la natural y sencilla visión popular, la cual no vuelve
á los escritos hasta que se escribe el _Romancero_, saliendo á relucir
el mismo auténtico autor del _Mio Cid_, el pueblo.
=145.= Juicios sobre _Mio Cid_[20]. Sánchez (1779): "la
sencillez y venerable rusticidad", "el aire de verdad". Capmany
(1786) lo tiene por simple crónica rimada y toma dos pasajes
"de los menos inelegantes y bárbaros". Forner (1790): "algún
cartapelón del siglo XIII, en loor de las bragas del Cid".
Mendibil (1819): "nada tiene de épico y aun casi pudiera
disputársele el título de poema". Quintana (1807): "no está
tan falto de talento que de cuando en cuando no manifieste
alguna intención poética". Martínez de la Rosa (1828): "embrión
informe".
Moratín resume todos estos juicios de nuestros afrancesados
escritores hallándolo todo deforme: lenguaje, estilo,
versificación y consonancia (_Orígenes del teatro español_,
nota 3). Southey (1808): "decididamente, y sobre toda
comparación, el más hermoso poema escrito en lengua española".
Autor anónimo de la _Quarterly Review_, t. XII, pág. 64: "los
españoles no conocen aún el alto valor que como poema tiene
la historia métrica del Cid, y mientras no desechen el falso
gusto que les impide percibirlo, jamás producirán nada grande
en las más elevadas esferas del arte; bien puede decirse sin
temor que de todos los poemas que se han compuesto después de
la _Ilíada_, el del _Cid_ es el más homérico en su espíritu, si
bien el lenguaje de la Península era en aquella época rústico
é informe". Hallam (1818): "aventaja á todo lo que se escribió
en Europa antes del aparecimiento de Dante". Ticknor (1849):
"puede asegurarse que en los diez siglos transcurridos desde
la ruina de la civilización griega y romana hasta la aparición
de la _Divina Comedia_ ningún país ha producido un trozo de
poesía más original en sus formas y más lleno de naturalidad,
energía y colorido". Wolf (1831): "reproducción inconsciente
de la realidad, por eso mismo más veraz, más sorprendente";
"la exposición desnuda de arte", "por la íntima verdad y
elevada naturalidad". Publicado el poema francés de Roland en
1837, la crítica coteja entrambas obras. Damas Hinard (_Poème
du Cid texte et traduction_, París, 1858), dice que el poeta
de _Roland_ era más docto que el del _Cid_; conocía de la
antigüedad clásica cuanto era conocido en su época; condujo su
obra con muy buen juicio, y por la unidad y simplicidad de su
composición puede ser mirado como precursor de los clásicos
franceses del siglo XVII. Pero le faltaba la gran cualidad
del poeta: el sentimiento de la vida humana y el poder de
expresarlo. La geografía de la _Chanson_ es fantástica; sus
personajes son á menudo imaginarios y monstruosos, como los
paganos de Micenes, de cabeza enorme y cerdosos cual jabalíes.
La acción de estos fantasmas es también imposible. El sonido de
la trompa de Roldán se oye á treinta leguas; Turpin, con cuatro
lanzadas en el cuerpo, ó Roldán, con la cabeza hendida y los
sesos que le brotan por los oídos, obran y combaten como sanos.
Los ejércitos son enormes, de 360.000 y de 450.000 caballeros.
Cinco franceses matan á 4.000 sarracenos. Y la misma falta de
naturalidad se observa en la exposición; baste como ejemplo el
abuso de las repeticiones... Muy al contrario, el juglar del
Cid no quiere ostentar su imaginación; la emplea sólo en hacer
aparecer ante nosotros la realidad misma; no nos presenta un
cuadro de la España del siglo XI, sino que nos transporta á
ésta y nos hace asistir á los acontecimientos. Los personajes
están pintados con las convenientes medias tintas. El tono
y color de la narración se amoldan blandamente al diverso
carácter de cada episodio; compárense entre sí el de las arcas
de arena, el del conde de Barcelona, el del robredo de Corpes
y el más importante de todos, el de la corte de Toledo, en el
cual el oscuro juglar recuerda al más ilustre narrador de los
tiempos modernos, á Walter Scott. Cuando así se contemplan uno
frente á otro, el _Poema del Cid_ y la _Chanson de Roland_,
no puede menos de declararse, como hacían los antiguos jueces
de campo, que la victoria pertenece al poeta español. L. de
Monge (_Études morales et littéraires_, Bruxelles, 1887,
pág. 285, "Le Cid et Roland"): "En el _Roland_ nos choca la
dureza de las costumbres, la ferocidad, la intolerancia; en
el _Cid_, la humanidad, la caridad, la dulzura, al menos
relativa". "En suma: el _Poema del Cid_ es menos grandioso
acaso que la _Chanson de Roland_: pero es menos bárbaro á la
par que más real, más viviente, más humano, de una emoción más
directamente accesible á los hombres de todos los tiempos".
Bello (1830): "son dignos de Homero, por el sentimiento, las
imájenes i la noble simplicidad del estilo". A. de Puibusque
(_Hist. comp. des littérat. espagn. et franc._, I, 1843,
pág. 41): "dans ces divers tableaux, tout l'art du poète est
son naturel; mais ce naturel n'a-t-il pas quelque chose du
sentiment élevé qui inspira _l'Iliade_? n'est ce pas la même
simplicité d'héroisme?". Volvamos á los españoles. Amador de
los Ríos (1863): "acaso se la podría colocar entre los poemas
épicos", "tampoco sería gran despropósito el clasificar este
peregrino poema entre las epopeyas primitivas". Milá (1874):
"bien puede calificarse el _Mio Cid_ de obra maestra. Legado de
una época bárbaro-heroica, fecunda en aspectos poéticos y no
desprovista en el fondo de nobilísimos sentimientos, aunque en
gran manera apartada del ideal de la sociedad cristiana, es, no
sólo fidelísimo espejo de un orden de hechos y costumbres que
no serían bastantes á suplir los documentos históricos, sino
también un monumento imperecedero, ya por su valor literario,
ya como pintura del hombre." M. Pelayo: "Lo que constituye el
mayor encanto del _Poema del Cid_ y de canciones tales es que
parecen poesía vivida y no cantada, producto de una _misteriosa
fuerza_, que se confunde con la naturaleza misma y cuyo secreto
hemos perdido _los hombres cultos_..., el ardiente sentido
nacional, que, sin estar expreso en ninguna parte, vivifica el
conjunto... al temple moral del héroe en quien se juntan los
más nobles atributos del alma castellana, la gravedad en los
propósitos y en los discursos, la familiar y noble llaneza,
la cortesía ingenua y reposada, la grandeza sin énfasis, la
imaginación más sólida que brillante, la piedad más activa...,
la ternura conyugal más honda que expansiva..., la lealtad al
monarca y la entereza para querellarse de sus desafueros...".
Si esto quiere decir algo, es que la obra, así, inconsciente y
castiza, tiene al mismo pueblo por autor. Que es lo que viene á
decir E. Baret (_Hist. de la littér. esp._, París, 1863, pág.
28) al afirmar que el _Poema del Cid_ comparte la exactitud de
Homero en lo que concierne al conocimiento de los lugares; pero
_sólo atento á los cantos del pueblo_, no procura hacer obra
de poeta, bien diferente del autor de _Roland_, que ha leído
á Virgilio y se entretiene en crear una geografía fantástica,
unos personajes y hazañas imaginarios. Fitzmaurice-Kelly
(1904): "Le sujet et l'esprit, dans le _Poema_, sont
essentiellement espagnols et, en tenant compte de ce fait que
le _juglar_ se sert de la formule épique conventionnelle, son
œuvre est grande en vertu de sa simplicité, de sa force, de sa
rapidité et de sa fougue". De Menéndez Pidal había de copiarse
toda su _Introducción_ á la edición de 1913; baste este
magnífico cotejo: "El _Roland_, por su simplicidad esquemática,
por su unidad de acción y de tiempo y por su esmero en la
presentación, anuncia la clásica tragedia francesa. El _Mio
Cid_, por su carácter más histórico, por buscar una superior
verdad artística dentro de las complejidades de la vida
entera y por el abandono de la forma, es precursor de las
obras maestras de la comedia española. Los Nibelungos, en
su grandioso desorden, tan preñado de aspectos, muestran su
parentesco con las trágicas concepciones shakespearianas".