De los romances más antiguos son los de Carvajal, poeta de

la corte napolitana de Alfonso V de Aragón, insertos en el

_Cancionero de Stúñiga_, uno de ellos con fecha de 1442. Más

antiguos acaso son tres atribuidos á Juan Rodríguez del Padrón,

en su manuscrito del Museo Británico: "¡Qién tuvise tal ventura

| con sus amores folgar, | como el infante Arnaldos | la

mañana de San Juan!" (_Zeitschrift für Romanische Philologie_,

t. XVII, 544-558). Igualmente los de _Rosaflorida_ y de la

_Infantina_. En el reinado de los Reyes Católicos el arte

popular entra de lleno en la literatura escrita y entonces

aparecen como por ensalmo los romances en los _Cancioneros de

Constantina y de Castillo_, y en el siglo XVI la imprenta los

recoge á montones de labios del vulgo. No pudieron nacer de

repente en el siglo XV cuando levantan de repente la cabeza;

si antes se hubieran bajado los poetas eruditos á oirlos

entre el pueblo, antes hubieran llegado á la literatura. Pero

Santillana, en el _Prohemio_ (1445 á 1448), muestra bien el

desprecio en que tenían los eruditos á los "ínfimos poetas,

que son aquéllos que, sin ningún orden, regla ni cuento,

facen estos cantares e _romances_ de que la gente baja, e de

servil condicion se alegran". En el siglo XV se tenían ya por

viejos algunos romances, pues Álvarez Gato habla de los de D.

Bueso como de una antigualla y los contrapone á las "lindas

canciones nuevas". Ya hemos visto que en _Berceo_ romance

significa poesía popular: si, pues, como poesía popular

aparece de repente el romance en el siglo XV como cosa vieja,

¿quién no sospecha que la poesía popular en tiempo de Berceo

estaba en romances? Contrapónense, como hemos visto, en las

_Partidas_ las dos clases de poesía, la popular y la erudita.

Las _gestas_, influidas por la epopeya francesa, no podían

ser más que semieruditas, y así hace igual distinción la ley

20, tít. 21, de la 2.ª _Partida_: "Et por eso acostumbraban

los caballeros, cuando comien, que les leyesen las _hestorias

de los grandes fechos de armas..._ que los juglares non

dixiessen ante ellos otros _cantares_ sinon _de gesta_ ó que

fablasen _de fecho darmas_". Había, pues, otros cantares

que no eran de gesta, sin duda los enteramente populares.

Comentario á este texto es el del opúsculo latino _De Castri

Stabilimento_, de la misma época: Item sint ibi _romancia et

libri gestorum_, videlicet Alexandri, Karoli et Rotlandi et

Oliverii et Verdinio... et libri magnorum et nobilium bellorum

et praeliorum quae facta sunt in Hispania. "Los _Cantares_

del rey Sabio son aquí _romancia_, contrapuestos á los _libri

gestorum_ ó _de gesta_. Luego, en aquel tiempo el cantar

popular llamábase romance, como en el siglo XV, y en tiempo de

Berceo, esto es, á fines del siglo XII y principios del XIII.

Por aquel tiempo se distinguían claramente los _juglares_ ó

cantores populares de los poetas cultos ó clérigos. Así en

_Alexandre_: "Mester trago fermoso, non es de _ioglaria_,

| _mester_ es sen peccado, ca es de _clerezia_". Y en la

_Partida_ 7.ª, l. 4, t. 6, entre los infamados: "Otrosi son

enfamados los _juglares_ et los remedadores et los facedores de

los zaparrones, que públicamente antel pueblo cantan o baylan

o facen juegos por precio que les den". Puede verse en escena

en la plaza la juglaresa Tarsiana, en el _Libro de Apolonio_

(426-429). Populares son no menos los _juglares_ del Poema de

Alfonso XI (406-413) y de Hita (1095, 1234) del siglo XIV.

Parece, pues, harto probable, después de todo lo dicho, que los

romances del siglo XV no nacieron entonces, sino que algunos,

quitada acaso la modernización del lenguaje, ó por lo menos

otros, se cantaron por los juglares en los siglos anteriores, y

aun se llamaban romances en tiempo de Alfonso X y de Berceo.

=134.= Romance es una serie de versos asonantados de diez y

seis sílabas, partidas en dos hemistiquios de á ocho sílabas.

El ritmo es binario: consta cada verso de dos hemistiquios,

cada hemistiquio de cuatro sílabas ó dos pies, cada uno de

dos sílabas. Es ritmo trocaico, esto es, con el tiempo fuerte

delante del débil en cada pie; aunque la variedad penda

cabalmente de no atenerse, dentro del ritmo trocaico, á este

principio. El uso de escribir aparte cada hemistiquio como

si fuera un verso se debe á los trovadores; pero en nuestras

lenguas, donde la rima es principio métrico, la rima los

forma y separa. Además los tratadistas antiguos de poética

y música concuerdan en ello. "El tetrámetro que llaman los

latinos octonario en nuestros poetas _pie de romance_, tiene

regularmente diez e seis sílabas, e llamáronlo tetrámetro

porque tiene cuatro asientos, octonario porque tiene ocho pies"

(Nebrija, _Arte de la leng. cast._, l, II, c. 8), y escribe

los versos en líneas largas, no menos que Luis de Narváez en

_Los seys libros del Delphin de Musica_ (1538) y Francisco

de Salinas (_De Música_, 1577, pág. 384): "Ut apparet in his

Hispanicis _Los brazos traigo cansados de los muertos rodear_,

ubi posterius membrum aequivalet priori, quoniam unum tempus,

quod nunc siletur in fine, ab antiquis voce canebatur in hunc

modum: _Los brazos traigo cansados de los muertos rodeare_".

Donde muestra que el final agudo equivale á dos sílabas.

Véase el romance fronterizo: "Alora, la bien cercada"

(_Antol._, M. Pelayo, VIII, 155):

[Ilustración]

Lo esencial es que los tiempos séptimo y décimoquinto sean

fuertes, esto es, que los pies finales de los hemistiquios sean

siempre trocaicos.

"Alora, la bien cercada,--tú que estás en par del río,

cercóte el adelantado--una mañana en domingo,

de peones y hombres de armas--el campo bien guarnecido;

con la gran artillería--hecho te había un portillo".

En las gestas de _Mio Cid_, de _Rodrigo_, de los _Infantes_ y

las prosificaciones de las _Crónicas_ predomina el mismo metro

de 8 + 8. Tan popular era el metro, que se aplicaba á los

epitafios, como el de Santa Oria, publicado por Sánchez al fin

de las poesías de Berceo:

"So esta piedra que vedes,--yace el cuerpo de Santa Oria,

Ε el de su madre Amunna,--fembra de buena memoria:

Fueron de grant abstinencia--en esta vida transitoria,

Porque son con los ángeles--las sus ánimas en gloria".

Y el del alguacil de Toledo Fernán Gudiel, publicado en

facsímile en la _Paleografía_, de Terreros (lám. 6). Berceo

pasa por dechado de perfección silábica por no mezclar en

sus versos de 14 sílabas ninguno de 16 del romance; pero "es

muy probable, dice M. Pelayo, que la continua audición de la

poesía juglaresca por los ingenios de clerecía (que á veces

tomaron argumentos de ella, como el de Fernán González) fuese

acostumbrando su oído á la cadencia octosilábica en los de

catorce". El Arcipreste de Hita y el canciller Ayala construyen

intencionalmente estancias enteras en versos octonarios

monorrimos, dando con ellas muy precioso testimonio de que el

tal verso era indiviso, tan indiviso como el alejandrino, cuyos

dominios invade. Así en el Arcipreste:

"Fablar con muger en plaça es cosa muy descobierta:

A bezes mal atado el perro tras la puerta

Bueno es jugar fermoso, echar alguna cobierta:

A do es lugar seguro, es bien fablar cosa cierta".

(c. 656).

"¡Ay! ¡quan fermosa vyene doñ' Endrina por la plaça!

¡Qué talle, qué donayre, qué alto cuello de garça!

¡Qué cabellos, qué boquilla, qué color, qué buenandança!

Con saetas d'amor fyere, quando los sus ojos alça".

(c. 653).

El Canciller, en el _Rimado_:

"Si quieres parar mientes como pecan los doctores,

Maguer han mucha sciencia, todos caen en errores,

Ca en el dinero tienen todos sus finos amores".

Tenemos, por consiguiente, que en todos los más antiguos

monumentos en verso castellano se trasmina el uso del metro del

romance popular, aun en los eruditos.

El _abecedario_ de San Agustín contra los Donatistas está

escrito, como él dice, para que lo cantasen los imperitos

y los idiotas: "volens etiam causam Donatistarum ad ipsius

humillimi vulgi et omnino imperitorum atque idiotarum

pervenire, notitiam, et corum quantum fieri posset per nos,

inhaerere memoriae, Psalmum, qui eis cantaretur, per latinas

litteras feci" (_Retract._, I, 30). Este cantar del pueblo

africano está en romance, aunque en lengua latina, esto es, en

trocaicos octonarios, sin cuidarse de la cantidad clásica, y

con asonantes:

"Omnes qui gaudetis de pace--modo verum iudic_a_t_e_.

Abundantia peccatorum--solet fratres conturb_a_r_e_:

Propter hoc Dominus noster--voluit nos praemov_e_r_e_.

Comparans regnum coelorum--reticulo misso in m_a_r_e_,

Congreganti multos pisces--omne genus hinc et inde

Quos quun traxissent ad litus--tunc coepedunt separare,

Bonos in vasa miserunt--reliquos malos in mare...".

¿De dónde nació este metro, que es lo mismo que preguntar

de dónde nació el romance castellano? Dos son sus notas

características: el ritmo tetrámetro trocaico acataléctico

y la rima. El ritmo dicho es bien conocido en la literatura

latina, sobre todo en los cómicos, y en el siglo II estaban los

tetrámetros trocaicos bien de moda. En ellos juguetearon el

emperador Adriano y el poeta é historiador Anio Floro, ambos

españoles por contera. Recuérdense los versos que trae de ellos

Esparciano:

Floro:

"Ego nolo Caesar esse,--volitare per Sicambros,

ambulare per Britannos,--Scythicas pati pruinas".

Adriano:

"Ego nolo Florus esse,--ambulare per tabernas,

latinare per popinas,--culices pati rotundos".

(Sidonio Apolinar l. IX, ep. 13):

"Age, convocata pubes,--locus, hora, mensa, causa,

iubet ut volumen istud,--quod et aure et ore discis,

studiis in astra tollas:--Petrus est tibi legendus

in utraque disciplina,--satis institutus auctor.

Celebremus, ergo, fratres,--pia festa litterarum".

Lo probable es que nuestro romance naciera de este metro, tan

común en la decadencia de la literatura latina. Á lo cual hay

que añadir el genio trocaico de la lengua castellana, bien

así como en francés, por su genio yámbico, tuvo más cabida el

septenario yámbico: "rerúm creátor ómniúm".

Cuanto á la rima, ante todo la asonancia hoy sólo se usa en

España por la particular sonoridad de las cinco vocales de

nuestro idioma; en el mismo italiano es demasiado rápido

el paso de vocal á vocal para que el asonante resalte

suficientemente. Pero antiguamente la hubo en la primitiva

lengua francesa, más clara y musical que la moderna, no menos

que en la poesía latina medieval. Ya lo advirtió Bello en

la _Vida de la Condesa Matilde_, escrita en el siglo XII,

respecto del latín, y del francés en el _Viaje de Carlomagno á

Jerusalén_, del mismo siglo. La primera está en hexámetros, con

asonancia en los hemistiquios:

"Auxilio PETRI iam carmina plurima fEcI,

Paule, doce mEntEm nostram nunc plura refErrE,

Quae doceant poEnAs mente tolerare serEnAs.

Pascere pastor OvEs Domini paschalis amOrE

Assidue cUrAns comitissam maxime sUprA,

Saepe recordAtAm Christi memorabat ad ArAm".

"Otro escritor que usó mucho del asonante, añade Bello,

bien que no con la constante regularidad del historiador de

_Matilde_, fué Gofredo de Viterbo en su _Panteon_, especie de

crónica universal, sembrada de pasajes en verso". Igualmente en

la prosa de San Pedro Damiano, del siglo XI:

"Ad perennis vitae fontem mens sitivit ARIDA,

Claustra carnis praesto frangi clausa quaerit ANIMA,

Gliscit, ambit, eluctatur, exsul frui PATRIA.

Dum pressuris ac aerumnis se gemit obnoXIAM,

Quam amissit, cum deliquit, contemplatur gloRIAM;

Praesens malum auget boni perditi memoRIAM".

Del siglo X es la canción de los defensores de Módena contra

los húngaros (año 924):

"O tu, qui servas armis ista mOENIA.

Noli dormire, moneo, sed vigila.

Dum Hector vigil extitit in Troia,

Non eam cepit fraudulenta GRAECIA.

Prima quiete, dormiente Troia

Laxavit Sinon fallax claustra pERFIDA,

Per funem lapsa ocultata agmina

Invadunt urbem et incendunt PERGAMA".

Y nótese que sólo hay asonante cada dos versos, quedando sin él

los intermedios, como si fuesen hemistiquios. Á fines del siglo

VI ó principios del VII en el ritmo de San Columbano:

"Totum humanum genus ortu utitur pARI,

Et de simili vita fine cadit aequALI

Quotidie decrescit vita praesens quam AMANT,

Indeficienter manet sibi poena quam pARANT...

Cogitare convenit te haec cuncta, amICE,

Absit tibi amare huius formulam VITAE".

Ya vimos los _romances latinos_ de San Agustín del siglo IV ó

V. Comodiano, el primer poeta cristiano del siglo III, deja

la cantidad y termina en _o_ todos los versos del octavo de

los acrósticos de las _Instrucciones ad Paganos_. Pero no sólo

la poesía popular latina, sino la erudita es sabido que aun

antes de llegar á Roma la inspiración helénica, cuando sólo se

cantaba en _carmen Saturnium_ ó _italum_, usaba ya de la rima.

En la literatura greco-latina se rezuma de cuando en cuando

desde el pueblo hasta en los autores más helenizantes, y en

apareciendo los poetas cristianos, por seguir al pueblo, la

emplean ya sin escrúpulo.

"Dicit in aeTERNOS aspera verba DEOS". (Tibulo).

"Volvitur et plANI raptim petit aequora CAMPI". (Lucrecio).

"Trahuntque SICCAS machinae carINAS".

"Hunc si mobILIUM turba quirITIUM". (Horacio).

En las inscripciones españolas hallamos ejemplos dignos de

recordarse. En el epitafio del auriga Fusco, en Tarragona (C.

I. L., vol. II 3001 Esp. Cit.):

"Integra fama tibi, laudem cursus meruISTI,

certasti multis, nullum pauper timuISTI,

invidiam passus, semper fortis tacuISTI,

pulchre vixisti, fato mortalis obISTI".

En francés la cantinela de _Santa Eulalia_, la _Vida de San

Léger_, la _Canción de San Alejo_, la de _Rolando_, los

más antiguos documentos de la poesía francesa y todas les

gestas primitivas están asonantadas, cargando la asonancia

en la última vocal acentuada. Sólo en el siglo XII venció el

consonante al asonante, en el _Aliscans_, el _Fierabrás_, el

_Guidon_, el _Macaire_. Y cabalmente fué cuando empezaron á

escribirse los poemas, confiados antes á la pura recitación:

bien se ve el influjo erudito de los eclesiásticos y el deseo

de satisfacer á los ojos, más bien que á los oídos, para

quienes la versificación se hizo. (Véanse _Obras_, de Bello;

Santiago, 1883, t. 6).

=135.= ¿De dónde procede la métrica europea, que no tiene

cuenta con la cantidad, sino con las sílabas acentuadas? La

literatura griega llevó á la latina la métrica cuantitativa;

pero la primitiva métrica romana, así como la germánica,

no se fundaban en la cantidad, sino primero en las sílabas

acentuadas, como la métrica europea moderna, después en la

aliteración y en la rima. (Véase Westphal, _Allgemeine Metrik

der indogermanischen und semitischen Völker_). Catón nos ha

conservado un cantar de vendimia, que consta de dos versos

iguales á los de nuestros romances:

"Novum vetus--vinun bIBO,

novo veteri--morbo mEDEOR".

Y puesto que _bibo_ sonaba vulgarmente como nuestro _bebo_,

tenemos hasta la asonancia.

El mismo metro, el tetrámetro trocaico, era el preferido por

el pueblo durante el imperio, y en él está el epitafio del

soldado T. Cissonius (Orelli-Henzen, 6674): "Dum vixi bibí

libenter:--bíbite vos qui vívitis", y un pasquín en Suetonio

(_Caes._, 80; _Schol. Juv._, V, 3). Sobre la poesía popular

latina, véase Du Méril, _Poésies populaires latines antérieures

au douzième siècle_, París, 1843; L. Müller, _De re métr. poét.

lat._, Lips., 1861; Westphal, _Allg. griech. Metrik_, Leipzig,

1865, pág. 270.

La literatura romana clásica helenizada dejó oscurecida la

métrica antigua, que el pueblo siguió empleando, bien así

como el habla erudita oscureció al habla popular. Pero todo

lo ficticio, como forzado, perece, mientras que lo natural es

fecundo y sigue viviendo. La lengua latina literaria ó culta

y la culta ó helenizada literatura eran cosas hechizas de la

alta sociedad romana, y así apenas vivieron un par de siglos,

pereciendo de hecho desde el siglo III, mientras que la lengua

popular, evolucionando, se convirtió en las lenguas románicas,

y la métrica popular, que seguía siendo la nacional romana

entre el pueblo, como para todos lo había sido antes de la

época clásica, sobrevivió y sobrepujó á la métrica griega,

apenas llegó el cristianismo, la religión entonces popular, á

levantar cabeza y afrontar y luego vencer al politeísmo. Los

mismos poetas cristianos clásicos fueron empleando la rima

juntamente con la cantidad, hasta que la cantidad desapareció,

señoreándolo todo la rima y la acentuación silábica. Como estos

mismos elementos formaban la métrica germánica, nada tiene de

extraño que todos los pueblos europeos los reconociesen como

única métrica triunfante. Los soldados de Aureliano, en el

siglo III, contaban ya, sin cantidad, pero con la acentuación

silábica:

"Mílle mílle mílle

décollávimús

únus hómo mílle

décollávimús.

mílle vivát, qui mílle occídit,

tántum víni hábet némo,

quántum fúdit sánguinís.

Mílle Sármatas, mílle Fráncos

sémel et sémel occídimús,

mílle Pérsas quaérimús".

(Vopisc., _Div. Aurelianus_).

"Plerumque tamen--dice Beda (_Metrica_, pág. 258 K.)--casu

quodam invenies etiam rationem in rhythmo non artificii

moderatione servatam, sed sono et ipsa modulatione ducente,

quem vulgares poetae necesse est rustice, docti faciant

docte. Quomodo ad instar iambici metri factus est hymnus ille

praeclarus:

Réx aetérne dóminé,

rerúm creátor ómniúm,

qui éras ánte saéculá

sempér cum pátre fíliús.

Et alii Ambrosiani non pauci. Item ad formam metri trochaici

canunt hymnum de die iudicii per alphabetum:

Ápparébit répentína

díes mágna dóminí

fúr obscúra vélut nócte

ímprovísos óccupáns".

La acentuación silábica y la rima vinieron, pues, al

castellano de la métrica popular latina y de la popular llegó

el tetrámetro trocaico acataléctico, convertida la cantidad

clásica en acentuación popular. En África, el pueblo cantaba

verdaderos romances en latín. Cuando, en el siglo XIV y XV, el

pueblo español cantaba romances, ¿tomólos del latín clásico,

que no los tuvo, del latín medieval de los clérigos, que eran

los eruditos, los cuales al versificar preferían los metros

franceses y menospreciaban el _romance_ popular? Cuando aparece

en España _escrito_ el romance no pudo tomarlo el pueblo

del latín, pues ni los mismos clérigos lo querían para sus

versos. Hay, pues, que confesar que, aunque no se escribiesen

los romances en los siglos anteriores, porque los que sabían

escribir ignoraban acaso como San Eugenio ó despreciaban como

Berceo el metro popular, se cantaban romances, y romances

se cantaron en España desde el siglo IV ó V, en que los

cantaban en latín los africanos. ¿Desde cuándo se cantaron

romances castellanos, dejados los romances latinos, pues los

unos hubieron de salir de los otros sin intervalo alguno?

Naturalmente, desde que el pueblo dejó de hablar latín y sólo

habló castellano. En el siglo V había muerto el latín en todas

partes como lengua hablada: desde entonces, por consiguiente,

hubo romances castellanos. La prueba es evidente. El romance,

repito, es popular; los clérigos y eruditos lo menosprecian.

Hubo, pues, de hacerlo el pueblo en castellano cuando todavía

entendía el latín y le reteñía en el oído el romance latino,

que tan bien encajaba en la lengua castellana. Creer que varios

siglos después de haber muerto el latín, cuando ninguno del

pueblo sabía de tetrámetros trocaicos acatalécticos ni sabía

cosa que á latín oliese, cuando los clérigos, los únicos que

manejaban su mal latín, ni siquiera cantaban en tal metro

latino, pues no lo hay en los himnarios, sino cabalmente el

cataléctico, opuesto al metro castellano popular, cuando

nadie podía, por tanto, sacar del latín el metro del romance;

creer que entonces ó lo sacara el pueblo ó lo inventara tan

enteramente igual, por chiripa, al que cantaba en latín el

pueblo africano muchos siglos antes, es una verdadera sinrazón.

Según M. Pelayo, el metro de los romances remedó en algo al

dicho metro latino (_Antol. lit. cast._, t. XI, pág. 127);

pero salió inmediatamente del metro de los cantares de gesta

(_ibid._, 83): "Bastará indicar rápidamente cuáles son los

elementos de la versificación en los cantares de gesta y en

los romances. El sistema en unos y otros es substancialmente

el mismo; pero como representan períodos distintos de nuestra

poesía épica, los romances ofrecen ya en estado relativamente

fijo y normal lo que es incierto y caótico en las gestas".

Entre los versos caóticos de las gestas no sabemos lo que

se deba á los copistas y á los autores. Lo que sí se saca

en limpio es que, por ejemplo, el de _Mio Cid_ pretende

emplear el metro de la cuaderna vía, sino que á veces se le

escapan algunos versos de pie de romance, esto es, que quiere

versificar como los eruditos, como después versificaron los del

_mester de clerezia_:

"Contra la mar salada conpeço de guerrear;

Aorient exe el sol, e tornos aessa part.

Myo Çid gano a Xerica e a Onda e Almenar,

Tierras de Borriana todas conquistas las ha.

Aiudol el Criador, el señor que es en çielo.

El con todo esto priso a Muruiedro.

Ya vie myo Çid que Dios le yua valiendo.

Dentro en Valençia non es poco el miedo (c. 1090...)".

Pie de romance entre versos caóticos:

"Meçio suyo Çid los ombros e en grameo la tiesta" (c. 13).

"E aquel que gela diesse sopiesse uera palabra" (c. 26).

La mayor parte de los versos que suenan bien son del _mester

de clerezia_; por excepción hay alguno que otro del pie de

romance, ni más ni menos que en el Arcipreste de Hita. No puedo

yo creer que si el autor de _Mio Cid_ se hubiera propuesto

versificar en romance tuviera tan toscas orejas que no lo

pudiera hacer. Ni de este metro caótico del _Mio Cid_ pudo

salir el romance. Primero, porque los más de los versos son

del metro del _mester de clerezia_, y de este metro no salió

ni pudo salir el pie de romance, por ser ritmo enteramente

diferente. Segundo, porque de los versos que no suenan y

son verdaderamente caóticos, ni el pie de romance ni metro

alguno pudo nacer. Lo que aquí hay es que M. Pelayo, por

seguir la teoría de Milá, aceptada también por M. Pidal, de

que los romances son fragmentos desprendidos de las gestas,

por consecuencia tuvo que afirmar que el metro del romance

salió del metro de las gestas, y ya que se veía bien claro no

serlo, no halló otra solución que la de atenerse á que "como

representan períodos distintos de nuestra poesía épica, los

romances ofrecen ya en estado relativamente fijo y normal lo

que es incierto y caótico en las gestas". Pero ni los romances

se desprendieron de las gestas, ni "el sistema en unos y otros

es sustancialmente el mismo", como no lo es el metro del

_mester de clerezia_, que es el de _Mio Cid_, y el metro de

los romances. Son metros sustancialmente diferentes. El pie

de romance es el octosílabo trocaico español, y el metro del

_mester de clerezia_ y de _Mio Cid_ es el septenario yámbico

francés; aquél es el metro del pueblo, éste de los eruditos;

aquél el que evolucionó desde el latín, éste el que los

eruditos trajeron de Francia; aquél el nacional y, por serlo,

el despreciado por los eruditos; éste el extraño y, por serlo,

por los eruditos llevado en palmas.

Esta doctrina la vió ya Argote de Molina, que en la edición

de _El Conde Lucanor_ (Sevilla, 1575) dijo que el pie de

romance es el metro castellano, y el del _mester de clerezia_

francés de origen. Y trae una copla de Don Juan Manuel, hecha

en el dicho metro castellano, aunque consonantando ya los

hemistiquios, que fué la manera de nacer la redondilla del pie

de romance y sirvió siempre para la lírica popular, como éste

para la épica:

"Si por el vicio et folgura

la buena fama perdemos,

la vida muy poco dura,

denostados fincaremos".

Y añade: "Deste lugar se puede averiguar quan antiguo es el

uso de las coplas redondillas castellanas, cuyos pies parescen

conformes al _verso Trocayco_ que usan los poetas líricos,

griegos y latinos... Leemos algunas coplillas italianas

antiguas en este verso; pero es el _propio_ y _natural_ de

España, en cuya lengua se halla más antiguo que en alguna

otra de las vulgares, y assi en ella solamente tiene toda la

gracia, lindeza y agudez, que más propia del ingenio español

que de otro alguno. En el qual género de verso al principio se

celebraban en Castilla las hazañas y proezas antiguas de los

reyes y los trances y sucesos assi de la paz como de la guerra,

y los hechos notables de los condes, cavalleros é infanzones,

como son testimonio los romances antiguos castellanos, assi

como el del rey Ramiro, cuyo principio es:

"Ya se assienta el rey Ramiro,

ya se assienta á sus yantares,

los tres de sus adalides

se le pararon delante...".

Historia de la lengua y literatura castellana, Tomo 1 · 第 18 / 59 段