=42.= Fué envuelto Séneca en la acusación contra Julia

Livilla, la menor de las hijas de Germánico y de las hermanas

de Calígula, el año 41, y como ella, fué desterrado (Tác.,

_Anal._, XIII, 42; Dion., LXI, 10). Tác., _Anal._, XII, 8:

"Agrippina... veniam exilii pro Annaeo Seneca, simul praeturam

impetrat... ut Domitii pueritia tali magistro adolesceret et

consiliis eiusdem ad spem dominationis uterentur, quia Seneca

fidus in Agrippinam memoria beneficii et infensus Claudio

dolore iniuriae credebatur". Sobre la conducta de Séneca, _De

Otio_, 3, 3: "Si resp. corruptior est quam ut adiuvari possit,

si occupata est malis, non nitetur sapiens in supervacuum nec

se nihil profuturus impendet"; y es lo que hizo, retirándose

á su quinta, cuando, tras los buenos años de Nerón, debidos

á sus consejos, se despeñó aquel monstruo en los desórdenes,

lujurias, crueldades, que sabemos por Tácito y Suetonio. Tác.,

_Anal._, XIII, 2: "Ibatur in caedes, nisi Afranius Burrus

et Annaeus Seneca obviam issent. Hi rectores imperatoriae

iuventae et... concordes diversa arte ex aequo pollebant...

Seneca praeceptis eloquentiae et comitate honesta, iuvantes

invicem, quo facilius lubricam principis aetatem, si virtutem

asperneretur, voluptatibus concessis retinerent"; pero contra

esta aserción, véase Dion., LXI, 4. Que se aprovechó con

usuras, según la costumbre ya añeja de la República, lo dice

Tácito, _Anales_, XIII, 42; y Dion., LXII, 2; LXI, 10; aunque

éste le achaca cuantas hablillas recogía del vulgo, como hizo

con Cicerón. Pero supo bien emplear sus riquezas, siendo

generoso hasta con los esclavos, á quienes tiene por hombres,

único ejemplo entre gentiles, y viviendo él con moderación, y á

tiempos hasta con aspereza, por amor á la filosofía.

Pudo, al morir, echar una ojeada tranquila sobre el curso

de su vida, mayormente si la comparaba con los más de su

tiempo: "imaginem vitae suae relinquere" (Tác., _Anal._, XV,

62), "contemplatione vitae por virtutem actae" (íd., 63).

Volquardsen, _Ehrenrettung des Seneca_, Hadelrsleben, 1839;

E. F. Gelpke, _De Senecae vita et moribus_, Bern, 1848; A.

Martens, _De Senecae vita et de tempore quo scripta eius

philosophica... composita sunt_, Altona, 1871.

=43.= Las obras de Séneca conservadas son varios libros de asuntos

morales, cartas á Lucilio, cuestiones naturales y ocho tragedias. No

es filósofo especulativo ni menos metafísico; como todos los romanos,

rehuye las abstracciones y hondas concepciones y toma de la filosofía

la parte práctica, la moral, y aun ésta sin sistema fijo y bien

redondeado. En las mismas cuestiones naturales se ve al moralista.

En el fondo es estoico; pero, quitadas las sutilezas especulativas y

suavizada la aspereza y severo rigor de la escuela, todo él, rebosando

hambre de virtud y justicia, se derrama en alabanzas del bien moral

y comunica á sus lectores esas mismas ansias de la justicia y de la

virtud. Ni él mismo sabe acaso á qué atenerse acerca de la naturaleza

de Dios, del alma, del universo, del origen y fin de las cosas, de la

inmortalidad, de la providencia; pero es el más caluroso predicador de

la bondad y el más elocuente encomiador de la virtud y del bien. Le

falta plan, orden, unidad, repítese en mil partes; pero siempre hay

honda sinceridad, grandeza de miras, nobleza de pensamientos, nervio

y calor. Séneca es, en suma, un varón fuerte, todo voluntad y nervio,

que esfuerza y alienta á sus lectores para emprender cosas grandes,

confiando en la virtud. Es un gran reactivo contra la afeminación de su

tiempo, y en ello se muestra fino español, no menos que en la gravedad

y en el sentido común de atenerse á la práctica de la vida, sin

evaporarse en metafísicas soñadoras. Educar y robustecer la voluntad,

llevando por norma la razón como único imperativo categórico; tal es la

filosofía de Séneca. De ahí la vaguedad hasta en definir lo que es _la

naturaleza_, cuando siempre repite que hay que obrar conforme á ella.

_La naturaleza_ para él es la razón, que dicta certeramente el bien y

se da leyes á sí misma, como después ha dicho Kant.

El estilo es el que corresponde á este espíritu apostólico, en una

época en que la serenidad grandiosa, hija de la libertad, que brotaba

de labios de Cicerón en suelta y musical ondulación, hubo de plegar

sus alas, reconcentrada por los fríos vientos de tiranía y espionaje

que soplaban por doquier y convertirse en cejijunta reflexión y

escudriñamiento solapado de los repliegues del alma. Este color del

estilo en los escritores del Imperio, cuya más perfecta manifestación

se halla para la prosa en Tácito y Séneca, para la poesía en Juvenal y

Persio, es la causa del estilo cortado, sentencioso, á llamaradas, que

entre la obscuridad brilla por momentos como centellas súbitas que se

encienden y se apagan. Á ello contribuía no menos el tono de predicador

de la moral y de perseguidor del vicio en que consisten los escritos

de Séneca, y en ello se muestra tan español como en lo demás, pues tal

es el corte del castellano en sus refranes, ceñido y hondo, sutil y

brillante. Con su valentía y personalidad propia y con la fogosidad

y reciura, que le venía de casta, como verdadero español, creó un

estilo maravilloso para su intento y para su tiempo, contrarrestando

el afeminamiento con que el arte griego había reblandecido los aceros

del primitivo decir romano. Peligroso era imitar lo inimitable, por

lo cual Quintiliano refrenaba sus alabanzas al ver que la mocedad

toda se iba tras él, abandonando la pureza sin tacha de Cicerón. Pero

eran otros los tiempos, y el esfuerzo de los escritores españoles

no podía contrarrestar la rauda del mal gusto de otra manera que

devolviendo al habla literaria la vehemencia, que le dieron Séneca á

la prosa, Lucano al verso y la sinceridad que refrescase y remozase el

artificioso y huero estilo, propio de toda literatura que se despeña

por el bastardeamiento de lo natural. Esta sinceridad es manifiesta

en Marcial, tan fuerte como en Catulo, es visible en Quintiliano, que

remoza el habla de Cicerón y se echa de ver hasta en el brío de Séneca

y Lucano. "Puso tan menudas y juntas las reglas de la virtud, en estilo

elocuente, como si bordara una ropa de argentería, bien obrada de

ciencia, en el muy lindo paño de la elocuencia". (Alonso de Cartagena).

El ἀποκολοκύντωσις ó satírica apoteosis de Claudio es una satura en la

mezcla de prosa y verso y en el tono mordaz. Las tragedias de Séneca

no se hicieron para representarse, ni siquiera como obras puramente

dramáticas. Tenía suficiente talento su autor para ver que ni había en

ellas enredo, ni desarrollo psicológico, ni nudo, ni caracteres fijos

de los personajes. Eran temas para desenvolver cuadros líricos, y así

consideradas no puede negarse que en sus versos, si hay menos aticismo,

mesura y sobriedad que en los de Horacio, hay, en cambio, más calor,

más vida, más honda filosofía y tanta ó mayor fuerza de imaginación,

con parecida maestría en el metrificar. Su imitación dañó á los que

desde el Renacimiento escribieron tragedias, por no comprender todo

esto y por no acudir á los trágicos griegos, de los cuales Séneca quiso

pasar al latín la expresión lírica y nada más, sobre todo, de Eurípides.

=44.= Tác., _Anal._, XII, 3: "Fuit illi viro (Séneca) ingenium

amoenum et temporis eius auribus accommodatum". Quint., Χ,

I, 125: "Ex industria Senecam in omni genere eloquentiae

distuli, propter vulgatam falso opinionem qua damnare eum et

invisum quoque habere sum creditus. Quod accidit mihi dum

corruptum et omnibus vitiis fractum dicendi genus revocare

ad severiora iudicia contendo". Id., 126: "Tum autem solus

hic fere in manibus adolescentium fuit. Quem... potioribus

(sobre todo á Cicerón) praeferri non sinebam, quos ille non

destiterat incessere...". Id., 127: "Placebat propter sola

vitia...". Id., 128: "Cuius et multae alioqui et magnae

virtutes fuerunt, ingenium facile et copiosum, plurimum studii,

multa rerum cognitio...". Id., 129: "In philosophia parum

diligens, egregius tamen vitiorum insectator fuit. Multae in

eo claraeque sententiae, multa etiam morum gratia egenda; sed

in eloquendo corrupta pleraque atque eo perniciosissima quod

abundat dulcibus vitiis", respecto de su modelo, Cicerón;

pero hay muchas maneras de elocuencia, si bien la de Cicerón

es más grandiosa y de mejor gusto. Id., 131: "multa probanda

in eo, multa etiam admiranda sunt: eligere modo curae sit".

Fronton, que decía no haber en Tulio ninguna voz exquisita

ni rebuscada, y por ello le tachaba de perezoso (!), como si

la elocuencia consistiese en palabrillas raras y desusadas,

dice de Séneca, pág. 155: "Eloquentiam... Senecae mollibus

et febriculosis prunuleis insitam subvertendam censeo

radicitus"; sino que tal elocuencia no es la de Séneca, sino

la suya. M. Pelayo, _Cienc. esp._, I, 252, 3.ª ed.: "Grande

debió de ser el elemento español en Séneca, cuando á éste

siguieron é imitaron con preferencia nuestros moralistas de

todos tiempos y cuando aun hoy es en España su nombre el

más popular de los nombres de filósofos y una especie de

sinónimo de la sabiduría, lo cual indica que sus doctrinas y

hasta su estilo tienen alguna esencial y oculta conformidad

con el sentido práctico de nuestra raza y con la tendencia

aforística y sentenciosa de nuestra lengua, manifiesta en

sus proverbios y morales advertencias, de expresión concisa

y recogida, como los apotegmas de Séneca, que pugnan con el

genio de la lengua latina y la cortan seca y abruptamente".

Edic. de las obras completas: Fr. Haase, Lips. Teubner, 1852,

3 vols. y _Adnotationes criticae ad Sen._, Breslau, 1852,

1859. Consúltense: Boissier, _El cristianismo y la moral de

Séneca_; Martha, _Los moralistas bajo el imperio_. Entre los

nuestros, Η. Núñez editó y anotó á Séneca en 1536; Pablo Mártir

Rizo publicó _Historia de la vida de Lucio Anneo Séneca_,

Madrid, 1625; Fernando Álvaro Díaz, _Séneca y Nerón_, Madrid,

1641; Alonso Núñez de Castro, _Séneca impugnado de Séneca

en cuestiones políticas y morales_, 1651; Diego Ramírez de

Albelda, _Por Séneca sin contradezirse, en dificultades

políticas, resoluciones morales_, Zaragoza, 1653; Juan Baños

de Velasco, _L. Anneo Séneca ilustrado en blasones políticos

y morales y su impugnador impugnado de sí mismo_, 1670; íd.,

_Comentarios estoicos á Séneca_, 1671. Traducción de los

libros: Alonso de Cartajena, Navarrete, 1627; Martín Godoy de

Loaisa (Ms. 17, 731. Bibl. Nac.); _De beneficiis_, además,

Gaspar Ruiz Montiano elegantísimamente; las Cartas por mandado

de Fernán Pérez de Guzmán; González de Salas, las _Troyanas_;

Quevedo 90 epístolas, de las que tenemos 11. Otras traducciones

manuscritas en Bonilla, _Hist. filos. esp._, t. I, pág. 394, y

t. II, apénd. III, pág. 473.

No he tocado la cuestión de las Cartas cruzadas, según

creía hasta el mismo San Agustín ó no lo contradecía por no

escandalizar á la gente menuda, entre Séneca y San Pablo,

porque basta leerlas sin más para ver que son falsas, y que

Séneca no conoció la doctrina evangélica, como ni más tarde

Tácito. El corro de eruditos y magnates de Roma no sabía ni

quería saber nada del pueblo, en el cual iba germinando la

doctrina evangélica.

=45.= MARCO ANEO LUCANO (39-65 d. J. C.), sobrino de Séneca el filósofo

e hijo de Aneo Mela, el hermano del mismo Séneca, nació en Córdoba y

de ocho meses fué llevado á Roma, donde, educado por Cornuto y otros

grandes maestros, dió presto clara muestra de su ingenio y elocuencia,

tanto en prosa como en verso. Partióse á Atenas, y llamado á Roma por

Nerón, le admitió en el corro de sus amigos; pero sus triunfos poéticos

despertaron la envidia en el emperador. Prohibióle la lectura de sus

versos, con lo que, irritado el poeta, tomó parte en la conjuración de

Pisón, la cual descubierta, fué condenado á muerte, dándole á elegir

el modo y él dió el brazo á su médico para que le abriese las venas.

Suetonio dice que se rebajó demasiado demandando perdón al Emperador;

de todos modos, acabó con fortaleza varonil.

De sus obras sólo nos queda la _Farsalia_, en diez libros, epopeya

sin acabar de la guerra civil entre Pompeyo y César, en la cual se

pone del bando de Pompeyo y de la República. Al principio adula á

Nerón; pero después habla con libertad y grandeza de ánimo. El estilo

es grandilocuente hasta dejarlo de sobra, rebuscado, cuajado de

descripciones, discursos y sentencias. Muestra, con todo, cualidades

envidiables en la fuerza trágica, en la riqueza de fantasía, en la

oratoria y en la facilidad del versificar sonoro y magnífico. La falta

de naturalidad, lo campanudo y algo de la obscuridad consiguiente,

débense en parte al gusto de su tiempo, en parte á la falta de madurez

del joven autor.

=46.= De las dos biografías que tenemos de Lucano, la una,

que parece ser de Suetonio, le es desfavorable y concuerda

con la _Crónica_ de San Jerónimo; la otra, más completa, le

admira y defiende, y puede ser del gramático Vacca, que vivió

en el siglo VI. F. Weber, _Vitae M. An. Lucani collectae_,

part. I. Marburg, 1856; Reifferscheid, I, I, páginas 392-394;

C. F. Weber, _Lucani vita per annos digesta_, I, I. Part.

II, Marb., 1857; _vitae poster._ (extracto de manuscritos),

ib., 1858 (Part. III). Suet., _Vita_: "detecta coniuratione

nequaquam parem animi constantiam praestitit... impetrato

autem mortis arbitrio libero... brachia ad secandas venas

praebuit medico". Vacca: "Sua sponte coactus vita excedere

venas sibi praecidit". Vacca: "Quo interdictum est ei poetica";

Tácit., _Anal._, XV, 49: "Famam carminum eius premebat Nero

prohibueratque ostendere, vanus adsimulatione". Quint., X, 1,

90: "Lucanus ardens et concitatus et sententiis clarissimus et,

ut dicam quod sentio, magis oratoribus quam poetis imitandus".

La acusación de Servio (_Ad Aeneid._, I, 382), "Lucanus ideo

in numero poetarum esse non meruit, quia videtur historiam

composuisse, non poema", parece venir de Suetonio; repítenla

Petronio y San Isidoro, y nació del creer que no puede haber

poema si no se sigue el plan de los homéricos. La causa de

Pompeyo es para él la del derecho y de la libertad; la de

César la llama _scelus_, y así es héroe negativo del poema;

sólo Catón sobrepuja á Pompeyo. M. Pelayo, _Ideas estéticas_,

I, pág. 409: "¿Quién no ve claro en el ingenio hirviente y

tumultuoso, á la vez que pesimista y sombrío, de Lucano;

en aquella epopeya tan rica de color y al mismo tiempo tan

abstracta y tan triste; en aquel poema sin dioses ni ciudad

romana, pero henchido de moralidades y presentimientos y

alumbrado de vez en cuando por la misteriosa luz de las

supersticiones druídicas y orientales; en aquella entonación

solemne y enfática, una especie de eco del imperativo

categórico de Séneca, que Lucano aplica á la poesía, para

levantarla con empuje extraordinario y darle la única vitalidad

que entonces podía tener, si bien luchando con los resabios

de escuela, que obligan á ser falso al poeta hasta en la

expresión de lo verdadero?". Algo de vago y lucanesco hallo en

esta parrafada del insigne M. Pelayo, aunque su pincel diera

en ella toques tan coloristas como en su poema el sobrino de

Séneca. Edic. Usener, _Lucani pugnae Pharsaliae narratio ex

H. Gr. rec. ed. cum comm. critico_, Greifswald, 1863; C. F.

Weber _cum notis variorum_, Lips., 1821-1831, tres vols.; en

el último, los escolios. Consúltense: Genthe, _De Lucani vita

et scriptis_, Berlín, 1859. Traduc. Laso de Oropesa, Juan de

Jáuregui, Aguilar, Jerónimo de Porres.

=47.= CAYO VALERIO FLACO BALBO SETINO, probablemente nacido en Setia,

de España, floreció en tiempo de Vespasiano y murió hacia el 86 ú 87 de

Cristo. Sus ocho libros del poema _Los Argonautas_ es traducción libre

y mejorada del de Apolonio de Rodas, habiendo cercenado lo erudito y

ensanchado las escenas patéticas, ceñido y pintado mejor los personajes

y ahondado más adentro en las almas. Es algo retórico, é imitando

á Virgilio le añade demasiadas figuras y expresiones atrevidas y

rebuscadas. No parece quedó acabado el poema de este único poeta, cuyas

obras conocemos, del imperio de Vespasiano.

=48.= Quint., X, 1, 90: "Multum nuper in Valerio Flacco

amisimus". Fué _quindecemvir sacr. fac._ (I, 5). Cotejo

del poema _Argonautica_ con el de Apolonio en A. Weichert,

_Ueber Leben und Gedicht des Apol._, Meirsen, 1821, y G.

Thilo, _Proleg._ Consúltense Schenkl, _Studien_, págs.

103-110; G. Meyncke, _Quaestiones Valer._, Bonn, 1865; Reuss,

_Observationes Valerianae_, Marburg, 1871. Edic. _Cur._ P.

Burmann, Utrecht, 1702; _Cum comm. perp._, ed. J. A. Wagner,

Götting., 1805; _Recensuit_ Georg. Thilo, Halle, 1863; A.

Bährens, Leipzig, Teubner. Hay una traducción del siglo XVI y

otra de León Bendicho.

=49.= CAYO SILIO ITÁLICO (25-101) nació probablemente en Itálica,

fué Cónsul (68) y Procónsul en Asia, venerado y querido de todos,

mayormente de Plinio el joven y de Marcial. Devotísimo de Cicerón

y de Virgilio, poseyó algunas de sus quintas, y retirado á la de

Nápoles, escribió en diez y siete libros la epopeya sobre la segunda

guerra púnica, tomando la materia de Tito Livio é imitando bastante

servilmente á Homero y Virgilio.

Explicando los hechos históricos por la intervención de los dioses,

convirtió la historia en mitología. La exposición, rica en episodios,

declamatoria y prolija; la versificación, de puro esmerada, cansa por

lo monótona. De refinado gusto, pero de corta vena poética, versificaba

con más cuidado que ingenio.

=50.= Los que niegan fuese de Itálica se fundan en que Marcial

nunca le llama compatriota, y aun en que los de Itálica habían

de llamarse italicenses. ¿Por qué se llamó, pues, Italicus?

¿Por ser de Italia? Cuanto al argumento negativo de no

llamarle tal ó cual un autor tampoco es de grave peso. Plinio,

_Epist._, III, 7: "Causa mortis (de Silio) valetudo. Erat illi

natus insanabilis clavus (apostema), cuius taedio ad mortem

irrevocabili constantia decucurrit, usque ad extremum diem

beatus et felix... Laeserat famam suam sub Nerone: credebatur

sponte accusasse. Sed in Vitelli amicitia (Tác., _Hist._, III,

65) sapienter se et comiter gesserat, ex proconsulatu Asiae

gloriam reportaverat, maculam veteris industriae laudabili

otio abluerat... Fuit inter principes civitatis sine potentia,

sine invidia: salutabatur, colebatur, multumque in lectulo

iacens cubiculo semper non ex fortuna frequenti doctissimis

sermonibus dies transigebat, cum a scribendo vacaret...

Scribebat carmina maiore cura quam ingenio, nonnumquam

iudicia hominum recitationibus experiebatur... Novissime ita

suadentibus annis ab urbe secessit seque in Campania tenuit ac

ne adventu quidem novi principis (Trajano el 99) inde commotus

est... Erat φιλόκαλος usque ad emacitatis reprehensionem.

Plures isdem in locis villas possidebat" (una de Cicerón, acaso

el _Cumanum_; Marcial, XI, 48: "Silius haec magni celebrat

monimenta Maronis, iugera facundi qui Ciceronis habet. Heredem

dominumque sui tumulive larisve non alium mallet nec Maro

nec Cicero.") adamastique novis priores neglegebat. Multium

ubique librorum, multum statuarum, multum imaginum, quas non

habebat modo, verum etiam venerabatur, Vergilii ante omnes,

cuius natalem diem religiosius quam suum celebrabat, Neapoli

maxime, ubi monimentum eius adire ut templum solebat". Tiene

el poema de Silio, como Homero, su Ὄνειρος (III, 163), su

Κατάλογος (III, 222), su partida de Héctor (Hannibal, III, 62),

su descripción del escudo (II, 395), sus ἆθλα (X, 227), su μάχη

παραπoτάμιoς (IV, 667), su Proteo (VII, 415), su νεκυíα (XIII,

395). Escipión se halla dudoso entre la Virtus y la Voluptas,

como Hércules (XV, 20); Juno favorece á Hannibal; Venus y

Vulcano trabajan por su parte. Edic., _Comm. perp. illustr._,

J. C. Th. Ernesti, Lips., 1791, 2 vols.; _Perpet. annot. ill._,

G. A. Ruperti, Götting., 1795, 2 vols. Consúltense C. Thilo,

_Quaestiones Silianae_, Halle, 1858. Traduc. Miguel Cortés,

_Diccionario geográfico-histórico de la España antigua_.

=51.= MARCO VALERIO MARCIAL (42-102 d. J. C.), nació en Bilbilis,

junto á la actual Calatayud; de familia equestre; el padre Valerius

Fronto, la madre Flaccilla. Fué á estudiar leyes á Roma, pero se

entregó á la poesía, viviendo allí treinta y cuatro años con harto

mediano pasar, no obstante lo bajamente que aduló al Emperador

Domiciano, de quien recibió una mediana quinta en Nomentum y una

casilla en Roma (II, 38, I, 55), el cargo de tribuno (III, 95, 9) y

el _ius trium liberorum_ (II, 92). Vuelto á su tierra, casóse con la

rica Marcella, que admiraba sus versos, muriendo poco después. Como

poeta fué uno de los mayores de Roma, y en el género epigramático, ya

en el estilo griego y primitivo de delicada y hierática inscripción

(el libro XIII, _Xenia_, y el XIV, _Apophoreta_), ya en el satírico

(casi todos los demás), el primero de todos. Fué en su manera de vivir

lo que hoy llamaríamos un bohemio sin casa ni hogar de ordinario, mal

trajeado, sin un cuarto; pero con su ingenio sutil, abierto á toda

novedad, curioso y comunicativo, con su gusto ático refinadísimo y, más

que nada, con la franqueza y sinceridad de los de su tierra aragonesa,

con su delicada socarronería, baturra y ateniense á la vez, nos dejó

la pintura de las costumbres del imperio de Domiciano día por día,

como en un semanario satírico. Picante y mordaz, tanto como Lucilio y

Catulo, elegante á fuer de otro Horacio, lascivo y bullicioso á par

de Ovidio, sobrepuja á todos los poetas romanos en la fuerza de la

sinceridad y á ninguno da ventajas en la delicadeza del gusto y estilo

ático. Las costumbres que pinta son á las veces soeces, pero no se

refocila en lo obsceno como Ovidio. Nunca es prolijo, como Lucilio,

sino siempre mesurado, ceñido y justo; está muy lejos del muelle

abandono y casi afeminada risilla de Horacio; antes, con más sutil

humorismo que él, muéstrase siempre varón de más recia urdimbre y de

más decidido empuje. Hubiera hecho mal en seguir los consejos de los

que le animaban á poetizar en géneros de más estruendo; no era hombre

para trompetear campanudamente á lo Estacio ó para zurcir sobre ajena

tela descoloridos mosaicos á lo Silio Itálico. No está en los asuntos

ni en los géneros poéticos la substancia de la poesía; ni Marcial, todo

verdad, todo nervio y á la vez todo galanura y mesura, podía sufrir el

fragoroso rimbombeo de poemas hueros ó hinchados ni aun siquiera la

sátira retórica y discurseadora á lo Juvenal. Se ejercitó en el género

que cuadraba á su ingenio y que respondía mejor á la sociedad aquélla,

y vale más un perfecto epigrama que un mediano poema. Y tanto más de

maravillar aquel poeta provinciano, cuanto remozaba la verdadera y más

fina poesía en una época de ampulosidad y de bastardeado gusto.

Historia de la lengua y literatura castellana, Tomo 1 · 第 11 / 59 段