Livilla, la menor de las hijas de Germánico y de las hermanas
de Calígula, el año 41, y como ella, fué desterrado (Tác.,
_Anal._, XIII, 42; Dion., LXI, 10). Tác., _Anal._, XII, 8:
"Agrippina... veniam exilii pro Annaeo Seneca, simul praeturam
impetrat... ut Domitii pueritia tali magistro adolesceret et
consiliis eiusdem ad spem dominationis uterentur, quia Seneca
fidus in Agrippinam memoria beneficii et infensus Claudio
dolore iniuriae credebatur". Sobre la conducta de Séneca, _De
Otio_, 3, 3: "Si resp. corruptior est quam ut adiuvari possit,
si occupata est malis, non nitetur sapiens in supervacuum nec
se nihil profuturus impendet"; y es lo que hizo, retirándose
á su quinta, cuando, tras los buenos años de Nerón, debidos
á sus consejos, se despeñó aquel monstruo en los desórdenes,
lujurias, crueldades, que sabemos por Tácito y Suetonio. Tác.,
_Anal._, XIII, 2: "Ibatur in caedes, nisi Afranius Burrus
et Annaeus Seneca obviam issent. Hi rectores imperatoriae
iuventae et... concordes diversa arte ex aequo pollebant...
Seneca praeceptis eloquentiae et comitate honesta, iuvantes
invicem, quo facilius lubricam principis aetatem, si virtutem
asperneretur, voluptatibus concessis retinerent"; pero contra
esta aserción, véase Dion., LXI, 4. Que se aprovechó con
usuras, según la costumbre ya añeja de la República, lo dice
Tácito, _Anales_, XIII, 42; y Dion., LXII, 2; LXI, 10; aunque
éste le achaca cuantas hablillas recogía del vulgo, como hizo
con Cicerón. Pero supo bien emplear sus riquezas, siendo
generoso hasta con los esclavos, á quienes tiene por hombres,
único ejemplo entre gentiles, y viviendo él con moderación, y á
tiempos hasta con aspereza, por amor á la filosofía.
Pudo, al morir, echar una ojeada tranquila sobre el curso
de su vida, mayormente si la comparaba con los más de su
tiempo: "imaginem vitae suae relinquere" (Tác., _Anal._, XV,
62), "contemplatione vitae por virtutem actae" (íd., 63).
Volquardsen, _Ehrenrettung des Seneca_, Hadelrsleben, 1839;
E. F. Gelpke, _De Senecae vita et moribus_, Bern, 1848; A.
Martens, _De Senecae vita et de tempore quo scripta eius
philosophica... composita sunt_, Altona, 1871.
=43.= Las obras de Séneca conservadas son varios libros de asuntos
morales, cartas á Lucilio, cuestiones naturales y ocho tragedias. No
es filósofo especulativo ni menos metafísico; como todos los romanos,
rehuye las abstracciones y hondas concepciones y toma de la filosofía
la parte práctica, la moral, y aun ésta sin sistema fijo y bien
redondeado. En las mismas cuestiones naturales se ve al moralista.
En el fondo es estoico; pero, quitadas las sutilezas especulativas y
suavizada la aspereza y severo rigor de la escuela, todo él, rebosando
hambre de virtud y justicia, se derrama en alabanzas del bien moral
y comunica á sus lectores esas mismas ansias de la justicia y de la
virtud. Ni él mismo sabe acaso á qué atenerse acerca de la naturaleza
de Dios, del alma, del universo, del origen y fin de las cosas, de la
inmortalidad, de la providencia; pero es el más caluroso predicador de
la bondad y el más elocuente encomiador de la virtud y del bien. Le
falta plan, orden, unidad, repítese en mil partes; pero siempre hay
honda sinceridad, grandeza de miras, nobleza de pensamientos, nervio
y calor. Séneca es, en suma, un varón fuerte, todo voluntad y nervio,
que esfuerza y alienta á sus lectores para emprender cosas grandes,
confiando en la virtud. Es un gran reactivo contra la afeminación de su
tiempo, y en ello se muestra fino español, no menos que en la gravedad
y en el sentido común de atenerse á la práctica de la vida, sin
evaporarse en metafísicas soñadoras. Educar y robustecer la voluntad,
llevando por norma la razón como único imperativo categórico; tal es la
filosofía de Séneca. De ahí la vaguedad hasta en definir lo que es _la
naturaleza_, cuando siempre repite que hay que obrar conforme á ella.
_La naturaleza_ para él es la razón, que dicta certeramente el bien y
se da leyes á sí misma, como después ha dicho Kant.
El estilo es el que corresponde á este espíritu apostólico, en una
época en que la serenidad grandiosa, hija de la libertad, que brotaba
de labios de Cicerón en suelta y musical ondulación, hubo de plegar
sus alas, reconcentrada por los fríos vientos de tiranía y espionaje
que soplaban por doquier y convertirse en cejijunta reflexión y
escudriñamiento solapado de los repliegues del alma. Este color del
estilo en los escritores del Imperio, cuya más perfecta manifestación
se halla para la prosa en Tácito y Séneca, para la poesía en Juvenal y
Persio, es la causa del estilo cortado, sentencioso, á llamaradas, que
entre la obscuridad brilla por momentos como centellas súbitas que se
encienden y se apagan. Á ello contribuía no menos el tono de predicador
de la moral y de perseguidor del vicio en que consisten los escritos
de Séneca, y en ello se muestra tan español como en lo demás, pues tal
es el corte del castellano en sus refranes, ceñido y hondo, sutil y
brillante. Con su valentía y personalidad propia y con la fogosidad
y reciura, que le venía de casta, como verdadero español, creó un
estilo maravilloso para su intento y para su tiempo, contrarrestando
el afeminamiento con que el arte griego había reblandecido los aceros
del primitivo decir romano. Peligroso era imitar lo inimitable, por
lo cual Quintiliano refrenaba sus alabanzas al ver que la mocedad
toda se iba tras él, abandonando la pureza sin tacha de Cicerón. Pero
eran otros los tiempos, y el esfuerzo de los escritores españoles
no podía contrarrestar la rauda del mal gusto de otra manera que
devolviendo al habla literaria la vehemencia, que le dieron Séneca á
la prosa, Lucano al verso y la sinceridad que refrescase y remozase el
artificioso y huero estilo, propio de toda literatura que se despeña
por el bastardeamiento de lo natural. Esta sinceridad es manifiesta
en Marcial, tan fuerte como en Catulo, es visible en Quintiliano, que
remoza el habla de Cicerón y se echa de ver hasta en el brío de Séneca
y Lucano. "Puso tan menudas y juntas las reglas de la virtud, en estilo
elocuente, como si bordara una ropa de argentería, bien obrada de
ciencia, en el muy lindo paño de la elocuencia". (Alonso de Cartagena).
El ἀποκολοκύντωσις ó satírica apoteosis de Claudio es una satura en la
mezcla de prosa y verso y en el tono mordaz. Las tragedias de Séneca
no se hicieron para representarse, ni siquiera como obras puramente
dramáticas. Tenía suficiente talento su autor para ver que ni había en
ellas enredo, ni desarrollo psicológico, ni nudo, ni caracteres fijos
de los personajes. Eran temas para desenvolver cuadros líricos, y así
consideradas no puede negarse que en sus versos, si hay menos aticismo,
mesura y sobriedad que en los de Horacio, hay, en cambio, más calor,
más vida, más honda filosofía y tanta ó mayor fuerza de imaginación,
con parecida maestría en el metrificar. Su imitación dañó á los que
desde el Renacimiento escribieron tragedias, por no comprender todo
esto y por no acudir á los trágicos griegos, de los cuales Séneca quiso
pasar al latín la expresión lírica y nada más, sobre todo, de Eurípides.
=44.= Tác., _Anal._, XII, 3: "Fuit illi viro (Séneca) ingenium
amoenum et temporis eius auribus accommodatum". Quint., Χ,
I, 125: "Ex industria Senecam in omni genere eloquentiae
distuli, propter vulgatam falso opinionem qua damnare eum et
invisum quoque habere sum creditus. Quod accidit mihi dum
corruptum et omnibus vitiis fractum dicendi genus revocare
ad severiora iudicia contendo". Id., 126: "Tum autem solus
hic fere in manibus adolescentium fuit. Quem... potioribus
(sobre todo á Cicerón) praeferri non sinebam, quos ille non
destiterat incessere...". Id., 127: "Placebat propter sola
vitia...". Id., 128: "Cuius et multae alioqui et magnae
virtutes fuerunt, ingenium facile et copiosum, plurimum studii,
multa rerum cognitio...". Id., 129: "In philosophia parum
diligens, egregius tamen vitiorum insectator fuit. Multae in
eo claraeque sententiae, multa etiam morum gratia egenda; sed
in eloquendo corrupta pleraque atque eo perniciosissima quod
abundat dulcibus vitiis", respecto de su modelo, Cicerón;
pero hay muchas maneras de elocuencia, si bien la de Cicerón
es más grandiosa y de mejor gusto. Id., 131: "multa probanda
in eo, multa etiam admiranda sunt: eligere modo curae sit".
Fronton, que decía no haber en Tulio ninguna voz exquisita
ni rebuscada, y por ello le tachaba de perezoso (!), como si
la elocuencia consistiese en palabrillas raras y desusadas,
dice de Séneca, pág. 155: "Eloquentiam... Senecae mollibus
et febriculosis prunuleis insitam subvertendam censeo
radicitus"; sino que tal elocuencia no es la de Séneca, sino
la suya. M. Pelayo, _Cienc. esp._, I, 252, 3.ª ed.: "Grande
debió de ser el elemento español en Séneca, cuando á éste
siguieron é imitaron con preferencia nuestros moralistas de
todos tiempos y cuando aun hoy es en España su nombre el
más popular de los nombres de filósofos y una especie de
sinónimo de la sabiduría, lo cual indica que sus doctrinas y
hasta su estilo tienen alguna esencial y oculta conformidad
con el sentido práctico de nuestra raza y con la tendencia
aforística y sentenciosa de nuestra lengua, manifiesta en
sus proverbios y morales advertencias, de expresión concisa
y recogida, como los apotegmas de Séneca, que pugnan con el
genio de la lengua latina y la cortan seca y abruptamente".
Edic. de las obras completas: Fr. Haase, Lips. Teubner, 1852,
3 vols. y _Adnotationes criticae ad Sen._, Breslau, 1852,
1859. Consúltense: Boissier, _El cristianismo y la moral de
Séneca_; Martha, _Los moralistas bajo el imperio_. Entre los
nuestros, Η. Núñez editó y anotó á Séneca en 1536; Pablo Mártir
Rizo publicó _Historia de la vida de Lucio Anneo Séneca_,
Madrid, 1625; Fernando Álvaro Díaz, _Séneca y Nerón_, Madrid,
1641; Alonso Núñez de Castro, _Séneca impugnado de Séneca
en cuestiones políticas y morales_, 1651; Diego Ramírez de
Albelda, _Por Séneca sin contradezirse, en dificultades
políticas, resoluciones morales_, Zaragoza, 1653; Juan Baños
de Velasco, _L. Anneo Séneca ilustrado en blasones políticos
y morales y su impugnador impugnado de sí mismo_, 1670; íd.,
_Comentarios estoicos á Séneca_, 1671. Traducción de los
libros: Alonso de Cartajena, Navarrete, 1627; Martín Godoy de
Loaisa (Ms. 17, 731. Bibl. Nac.); _De beneficiis_, además,
Gaspar Ruiz Montiano elegantísimamente; las Cartas por mandado
de Fernán Pérez de Guzmán; González de Salas, las _Troyanas_;
Quevedo 90 epístolas, de las que tenemos 11. Otras traducciones
manuscritas en Bonilla, _Hist. filos. esp._, t. I, pág. 394, y
t. II, apénd. III, pág. 473.
No he tocado la cuestión de las Cartas cruzadas, según
creía hasta el mismo San Agustín ó no lo contradecía por no
escandalizar á la gente menuda, entre Séneca y San Pablo,
porque basta leerlas sin más para ver que son falsas, y que
Séneca no conoció la doctrina evangélica, como ni más tarde
Tácito. El corro de eruditos y magnates de Roma no sabía ni
quería saber nada del pueblo, en el cual iba germinando la
doctrina evangélica.
=45.= MARCO ANEO LUCANO (39-65 d. J. C.), sobrino de Séneca el filósofo
e hijo de Aneo Mela, el hermano del mismo Séneca, nació en Córdoba y
de ocho meses fué llevado á Roma, donde, educado por Cornuto y otros
grandes maestros, dió presto clara muestra de su ingenio y elocuencia,
tanto en prosa como en verso. Partióse á Atenas, y llamado á Roma por
Nerón, le admitió en el corro de sus amigos; pero sus triunfos poéticos
despertaron la envidia en el emperador. Prohibióle la lectura de sus
versos, con lo que, irritado el poeta, tomó parte en la conjuración de
Pisón, la cual descubierta, fué condenado á muerte, dándole á elegir
el modo y él dió el brazo á su médico para que le abriese las venas.
Suetonio dice que se rebajó demasiado demandando perdón al Emperador;
de todos modos, acabó con fortaleza varonil.
De sus obras sólo nos queda la _Farsalia_, en diez libros, epopeya
sin acabar de la guerra civil entre Pompeyo y César, en la cual se
pone del bando de Pompeyo y de la República. Al principio adula á
Nerón; pero después habla con libertad y grandeza de ánimo. El estilo
es grandilocuente hasta dejarlo de sobra, rebuscado, cuajado de
descripciones, discursos y sentencias. Muestra, con todo, cualidades
envidiables en la fuerza trágica, en la riqueza de fantasía, en la
oratoria y en la facilidad del versificar sonoro y magnífico. La falta
de naturalidad, lo campanudo y algo de la obscuridad consiguiente,
débense en parte al gusto de su tiempo, en parte á la falta de madurez
del joven autor.
=46.= De las dos biografías que tenemos de Lucano, la una,
que parece ser de Suetonio, le es desfavorable y concuerda
con la _Crónica_ de San Jerónimo; la otra, más completa, le
admira y defiende, y puede ser del gramático Vacca, que vivió
en el siglo VI. F. Weber, _Vitae M. An. Lucani collectae_,
part. I. Marburg, 1856; Reifferscheid, I, I, páginas 392-394;
C. F. Weber, _Lucani vita per annos digesta_, I, I. Part.
II, Marb., 1857; _vitae poster._ (extracto de manuscritos),
ib., 1858 (Part. III). Suet., _Vita_: "detecta coniuratione
nequaquam parem animi constantiam praestitit... impetrato
autem mortis arbitrio libero... brachia ad secandas venas
praebuit medico". Vacca: "Sua sponte coactus vita excedere
venas sibi praecidit". Vacca: "Quo interdictum est ei poetica";
Tácit., _Anal._, XV, 49: "Famam carminum eius premebat Nero
prohibueratque ostendere, vanus adsimulatione". Quint., X, 1,
90: "Lucanus ardens et concitatus et sententiis clarissimus et,
ut dicam quod sentio, magis oratoribus quam poetis imitandus".
La acusación de Servio (_Ad Aeneid._, I, 382), "Lucanus ideo
in numero poetarum esse non meruit, quia videtur historiam
composuisse, non poema", parece venir de Suetonio; repítenla
Petronio y San Isidoro, y nació del creer que no puede haber
poema si no se sigue el plan de los homéricos. La causa de
Pompeyo es para él la del derecho y de la libertad; la de
César la llama _scelus_, y así es héroe negativo del poema;
sólo Catón sobrepuja á Pompeyo. M. Pelayo, _Ideas estéticas_,
I, pág. 409: "¿Quién no ve claro en el ingenio hirviente y
tumultuoso, á la vez que pesimista y sombrío, de Lucano;
en aquella epopeya tan rica de color y al mismo tiempo tan
abstracta y tan triste; en aquel poema sin dioses ni ciudad
romana, pero henchido de moralidades y presentimientos y
alumbrado de vez en cuando por la misteriosa luz de las
supersticiones druídicas y orientales; en aquella entonación
solemne y enfática, una especie de eco del imperativo
categórico de Séneca, que Lucano aplica á la poesía, para
levantarla con empuje extraordinario y darle la única vitalidad
que entonces podía tener, si bien luchando con los resabios
de escuela, que obligan á ser falso al poeta hasta en la
expresión de lo verdadero?". Algo de vago y lucanesco hallo en
esta parrafada del insigne M. Pelayo, aunque su pincel diera
en ella toques tan coloristas como en su poema el sobrino de
Séneca. Edic. Usener, _Lucani pugnae Pharsaliae narratio ex
H. Gr. rec. ed. cum comm. critico_, Greifswald, 1863; C. F.
Weber _cum notis variorum_, Lips., 1821-1831, tres vols.; en
el último, los escolios. Consúltense: Genthe, _De Lucani vita
et scriptis_, Berlín, 1859. Traduc. Laso de Oropesa, Juan de
Jáuregui, Aguilar, Jerónimo de Porres.
=47.= CAYO VALERIO FLACO BALBO SETINO, probablemente nacido en Setia,
de España, floreció en tiempo de Vespasiano y murió hacia el 86 ú 87 de
Cristo. Sus ocho libros del poema _Los Argonautas_ es traducción libre
y mejorada del de Apolonio de Rodas, habiendo cercenado lo erudito y
ensanchado las escenas patéticas, ceñido y pintado mejor los personajes
y ahondado más adentro en las almas. Es algo retórico, é imitando
á Virgilio le añade demasiadas figuras y expresiones atrevidas y
rebuscadas. No parece quedó acabado el poema de este único poeta, cuyas
obras conocemos, del imperio de Vespasiano.
=48.= Quint., X, 1, 90: "Multum nuper in Valerio Flacco
amisimus". Fué _quindecemvir sacr. fac._ (I, 5). Cotejo
del poema _Argonautica_ con el de Apolonio en A. Weichert,
_Ueber Leben und Gedicht des Apol._, Meirsen, 1821, y G.
Thilo, _Proleg._ Consúltense Schenkl, _Studien_, págs.
103-110; G. Meyncke, _Quaestiones Valer._, Bonn, 1865; Reuss,
_Observationes Valerianae_, Marburg, 1871. Edic. _Cur._ P.
Burmann, Utrecht, 1702; _Cum comm. perp._, ed. J. A. Wagner,
Götting., 1805; _Recensuit_ Georg. Thilo, Halle, 1863; A.
Bährens, Leipzig, Teubner. Hay una traducción del siglo XVI y
otra de León Bendicho.
=49.= CAYO SILIO ITÁLICO (25-101) nació probablemente en Itálica,
fué Cónsul (68) y Procónsul en Asia, venerado y querido de todos,
mayormente de Plinio el joven y de Marcial. Devotísimo de Cicerón
y de Virgilio, poseyó algunas de sus quintas, y retirado á la de
Nápoles, escribió en diez y siete libros la epopeya sobre la segunda
guerra púnica, tomando la materia de Tito Livio é imitando bastante
servilmente á Homero y Virgilio.
Explicando los hechos históricos por la intervención de los dioses,
convirtió la historia en mitología. La exposición, rica en episodios,
declamatoria y prolija; la versificación, de puro esmerada, cansa por
lo monótona. De refinado gusto, pero de corta vena poética, versificaba
con más cuidado que ingenio.
=50.= Los que niegan fuese de Itálica se fundan en que Marcial
nunca le llama compatriota, y aun en que los de Itálica habían
de llamarse italicenses. ¿Por qué se llamó, pues, Italicus?
¿Por ser de Italia? Cuanto al argumento negativo de no
llamarle tal ó cual un autor tampoco es de grave peso. Plinio,
_Epist._, III, 7: "Causa mortis (de Silio) valetudo. Erat illi
natus insanabilis clavus (apostema), cuius taedio ad mortem
irrevocabili constantia decucurrit, usque ad extremum diem
beatus et felix... Laeserat famam suam sub Nerone: credebatur
sponte accusasse. Sed in Vitelli amicitia (Tác., _Hist._, III,
65) sapienter se et comiter gesserat, ex proconsulatu Asiae
gloriam reportaverat, maculam veteris industriae laudabili
otio abluerat... Fuit inter principes civitatis sine potentia,
sine invidia: salutabatur, colebatur, multumque in lectulo
iacens cubiculo semper non ex fortuna frequenti doctissimis
sermonibus dies transigebat, cum a scribendo vacaret...
Scribebat carmina maiore cura quam ingenio, nonnumquam
iudicia hominum recitationibus experiebatur... Novissime ita
suadentibus annis ab urbe secessit seque in Campania tenuit ac
ne adventu quidem novi principis (Trajano el 99) inde commotus
est... Erat φιλόκαλος usque ad emacitatis reprehensionem.
Plures isdem in locis villas possidebat" (una de Cicerón, acaso
el _Cumanum_; Marcial, XI, 48: "Silius haec magni celebrat
monimenta Maronis, iugera facundi qui Ciceronis habet. Heredem
dominumque sui tumulive larisve non alium mallet nec Maro
nec Cicero.") adamastique novis priores neglegebat. Multium
ubique librorum, multum statuarum, multum imaginum, quas non
habebat modo, verum etiam venerabatur, Vergilii ante omnes,
cuius natalem diem religiosius quam suum celebrabat, Neapoli
maxime, ubi monimentum eius adire ut templum solebat". Tiene
el poema de Silio, como Homero, su Ὄνειρος (III, 163), su
Κατάλογος (III, 222), su partida de Héctor (Hannibal, III, 62),
su descripción del escudo (II, 395), sus ἆθλα (X, 227), su μάχη
παραπoτάμιoς (IV, 667), su Proteo (VII, 415), su νεκυíα (XIII,
395). Escipión se halla dudoso entre la Virtus y la Voluptas,
como Hércules (XV, 20); Juno favorece á Hannibal; Venus y
Vulcano trabajan por su parte. Edic., _Comm. perp. illustr._,
J. C. Th. Ernesti, Lips., 1791, 2 vols.; _Perpet. annot. ill._,
G. A. Ruperti, Götting., 1795, 2 vols. Consúltense C. Thilo,
_Quaestiones Silianae_, Halle, 1858. Traduc. Miguel Cortés,
_Diccionario geográfico-histórico de la España antigua_.
=51.= MARCO VALERIO MARCIAL (42-102 d. J. C.), nació en Bilbilis,
junto á la actual Calatayud; de familia equestre; el padre Valerius
Fronto, la madre Flaccilla. Fué á estudiar leyes á Roma, pero se
entregó á la poesía, viviendo allí treinta y cuatro años con harto
mediano pasar, no obstante lo bajamente que aduló al Emperador
Domiciano, de quien recibió una mediana quinta en Nomentum y una
casilla en Roma (II, 38, I, 55), el cargo de tribuno (III, 95, 9) y
el _ius trium liberorum_ (II, 92). Vuelto á su tierra, casóse con la
rica Marcella, que admiraba sus versos, muriendo poco después. Como
poeta fué uno de los mayores de Roma, y en el género epigramático, ya
en el estilo griego y primitivo de delicada y hierática inscripción
(el libro XIII, _Xenia_, y el XIV, _Apophoreta_), ya en el satírico
(casi todos los demás), el primero de todos. Fué en su manera de vivir
lo que hoy llamaríamos un bohemio sin casa ni hogar de ordinario, mal
trajeado, sin un cuarto; pero con su ingenio sutil, abierto á toda
novedad, curioso y comunicativo, con su gusto ático refinadísimo y, más
que nada, con la franqueza y sinceridad de los de su tierra aragonesa,
con su delicada socarronería, baturra y ateniense á la vez, nos dejó
la pintura de las costumbres del imperio de Domiciano día por día,
como en un semanario satírico. Picante y mordaz, tanto como Lucilio y
Catulo, elegante á fuer de otro Horacio, lascivo y bullicioso á par
de Ovidio, sobrepuja á todos los poetas romanos en la fuerza de la
sinceridad y á ninguno da ventajas en la delicadeza del gusto y estilo
ático. Las costumbres que pinta son á las veces soeces, pero no se
refocila en lo obsceno como Ovidio. Nunca es prolijo, como Lucilio,
sino siempre mesurado, ceñido y justo; está muy lejos del muelle
abandono y casi afeminada risilla de Horacio; antes, con más sutil
humorismo que él, muéstrase siempre varón de más recia urdimbre y de
más decidido empuje. Hubiera hecho mal en seguir los consejos de los
que le animaban á poetizar en géneros de más estruendo; no era hombre
para trompetear campanudamente á lo Estacio ó para zurcir sobre ajena
tela descoloridos mosaicos á lo Silio Itálico. No está en los asuntos
ni en los géneros poéticos la substancia de la poesía; ni Marcial, todo
verdad, todo nervio y á la vez todo galanura y mesura, podía sufrir el
fragoroso rimbombeo de poemas hueros ó hinchados ni aun siquiera la
sátira retórica y discurseadora á lo Juvenal. Se ejercitó en el género
que cuadraba á su ingenio y que respondía mejor á la sociedad aquélla,
y vale más un perfecto epigrama que un mediano poema. Y tanto más de
maravillar aquel poeta provinciano, cuanto remozaba la verdadera y más
fina poesía en una época de ampulosidad y de bastardeado gusto.