es un acto malo moralmente, y de una fealdad la mas detestable. ¿Dónde
está la moralidad del acto del amor de Dios? en el acto mismo, reflejo
de la moralidad absoluta, ó de la santidad infinita, que consiste en
el amor que Dios tiene á su perfeccion infinita; hé aquí una prueba
palpable de la verdad de la teoría que estamos exponiendo. El amor de
la criatura al Criador, ha sido siempre mirado como un acto
esencialmente moral; como lo mas puro de la moralidad; en lo que se
manifiesta que en el órden secundario y finito, este acto es la mas
pura y fiel expresion de la moralidad absoluta.
[234.] Al preguntarse la razon de por qué debemos amar á Dios, se
suelen recordar los beneficios que nos dispensa, el amor que nos
tiene; y hasta se suele aducir el ejemplo del amor que debemos á
nuestros amigos y bienhechores, y sobre todo á nuestros padres; estas
razones son ciertamente muy buenas para hacer palpable en cierto modo
la moralidad del acto, y conmover nuestro corazon; pero no satisfacen
completamente en el terreno de la ciencia. Porque, si pudiésemos dudar
de que debemos amar al ser infinito, autor de todas las cosas, claro
es que dudaríamos tambien de que debiésemos amar á los padres, á los
amigos y bienhechores. Luego el amor á estos se ha de fundar en algo
mas elevado, si no queremos que al preguntársenos, por qué debemos
amarlos, nos quedemos sin ninguna respuesta.
[235.] El querer perfeccionar el entendimiento es un acto moral en sí
mismo. ¿De dónde nace la moralidad del acto? hélo aquí. Dios, al
dotarnos de inteligencia ha querido evidentemente que usásemos de
ella. El uso de la misma pues, entra en el órden conocido y querido
por Dios; al querer esto queremos lo que Dios quiere; amamos este
órden que Dios amaba desde toda la eternidad, como una realizacion de
sus soberanos designios; por el contrario, si la criatura no
perfecciona sus facultades intelectuales, y en uso de su libertad las
deja sin ejercicio, se aparta del órden establecido por Dios; no
quiere lo que Dios quiere, no ama lo que Dios ama.
[236.] Al perfeccionar estas facultades, puede el hombre hacerlo
meramente para proporcionarse el goce que le produce la alabanza de
sus semejantes; en este caso realiza el órden de la perfeccion del
entendimiento, pero no lo realiza amando este órden en sí mismo, sino
por amor de una cosa distinta que no entra en el órden querido por
Dios; porque es evidente que Dios no nos ha dotado de facultades
intelectuales para el estéril objeto de alabarnos unos á otros. Hé
aquí pues la diferencia que conocemos, que sentimos, entre dos
acciones iguales, hechas con fines diferentes: la voluntad del uno
perfecciona el entendimiento como una simple realizacion del órden
divino: no acertamos tal vez á explicar lo que encontramos allí, pero
de cierto sabemos que aquella voluntad es recta; el otro hace lo
mismo, quiere lo mismo, pero deja mezclar un motivo ajeno á este
órden; y el entendimiento y el corazon nos dicen: este acto con que se
hace un _bien_, no es _bueno_; esto no es virtud, es miseria.
[237.] Hay una persona necesitada, que sin embargo, tiene muchas
probabilidades de mejorar pronto de fortuna. Léntulo y Julio, le dan
cada cual una limosna. Léntulo da su limosna, solo con el fin de que
el socorrido cuando mejore de fortuna, se acuerde del bienhechor, y le
favorezca si este lo necesita. La accion de Léntulo no tiene ningun
valor moral: al juzgarla se ve una combinacion de cálculo, nó un acto
virtuoso. Julio da la limosna, solo por socorrer al infeliz que le
inspira lástima, sin pensar en la retribucion con que el socorrido le
pueda corresponder: la accion de Julio es bella moralmente, es
virtuosa. ¿De dónde la diferencia? Léntulo hace el bien, aliviando al
necesitado; pero nó con el amor del órden íntimo que hay en su acto;
sino torciendo este órden hácia sí mismo. Dios, queriendo que los
hombres necesitasen unos de otros, ha querido tambien que se
socorrieran; el socorrer pues simplemente para aliviar al necesitado,
es realizar simplemente el órden querido por Dios; el aliviar para un
fin particular, es realizar este órden, nó como se halla establecido
por Dios, sino como le combina el hombre. Hay _complicacion_ de miras:
falta la _sencillez_ de intencion; esa sencillez tan recomendada por
el cristianismo, y que aun en la region de la filosofia encierra un
sentido tan profundo.
[238.] Atendiendo al órden puramente natural, se descubre, que todas
las obligaciones morales, tienen en último resultado un objeto _útil_;
así como todas las prohibiciones, se dirigen á prevenir un _daño_; mas
para la moralidad, no basta el querer la utilidad de ella, se necesita
querer el órden mismo, de donde la utilidad resulta; siendo de notar
que con cuanta mas reflexion, con cuanto mas amor se quiere este
órden, sin mezcla de miras heterogéneas, tanto mas moral es el acto.
Socorrer al pobre, con la _simple_ mira de aliviarle, con amor hácia
el pobre, es un acto virtuoso; socorrerle con este amor, y con la
reflexion _explícita_ de que se cumple con un _deber_ de humanidad, es
todavía mas virtuoso; socorrerle con el pensamiento en Dios, viendo en
el pobre á un hombre, imágen de Dios, y á quien Dios nos manda amar,
es un acto todavía mas virtuoso: socorrerle, aun contra los impulsos
del propio corazon, agriado quizás por un resentimiento, ó agitado por
otras pasiones, y dominarse á sí mismo con una voluntad firme por amor
de Dios; es ya un acto de virtud heróica. Nótese bien: la perfeccion
moral del acto se aumenta á proporcion de que se quiere la cosa en sí
misma con mas reflexion y amor; y llega al mas alto punto cuando en la
cosa amada, se ama al mismo Dios. Si las miras son egoistas, el órden
se pervierte, y la moralidad se disipa; cuando no hay miras de
egoismo, y se obra principalmente á impulsos del sentimiento, la
accion ya es bella, pero su carácter es mas bien de sensibilidad que
de moralidad; mas cuando, con el corazon desgarrado por el dolor del
sacrificio, la voluntad, precedida por la reflexion, manda este
sacrificio, y se cumple el deber, porque es un deber; ó quizá se hace
un acto _no_ obligatorio, por el amor á su bondad moral, y porque el
acto es agradable á Dios, vemos en la accion, algo tan bello, tan
amable, tan digno de alabanza, que nos quedaríamos desconcertados si
se nos preguntase entonces la razon del sentimiento respetuoso que
experimentamos hácia la persona que por tan nobles motivos se
sacrifica por sus semejantes.
Con arreglo á estos principios, podemos fijar clara y exactamente las
ideas morales.
[239.] La moralidad absoluta, y por consiguiente el orígen y tipo de
todo el órden moral, es el acto con que el ser infinito ama su
perfeccion infinita. Este es un hecho absoluto, del cual no podemos
señalar ninguna razon _à priori_.
En Dios no hay deber _propiamente_ dicho; hay necesidad absoluta de
ser santo.
[240.] El acto esencialmente moral en toda criatura es el amar á Dios.
Es imposible, fundar la moralidad de este acto, en la moralidad de
otro acto.
[241.] Los actos de la criatura son morales, en cuanto participan
explícita ó implícitamente, de este amor.
[242.] Cuando la criatura ve intuitivamente á Dios, le ama
necesariamente; y así todos sus actos, llevando este augusto sello,
son necesariamente morales.
[243.] Cuando la criatura no ve intuitivamente á Dios, ama
necesariamente el bien en comun, ó sea bajo una idea indeterminada:
pero no ama necesariamente, ningun objeto en particular.
[244.] En este amor hácia el bien en comun, sus actos libres son
morales, cuando su voluntad quiere el órden que Dios ha querido, sin
mezclar combinaciones ajenas ó contrarias á este órden.
[245.] Para ser moral un acto, no es necesario que el que lo hace
piense explícitamente en Dios, ni que su voluntad, le ame
explícitamente.
[246.] El acto será tanto mas moral, cuanto vaya acompañado de mas
reflexion sobre su moralidad, y sobre su conformidad con la voluntad
de Dios.
[247.] El sentimiento moral, es un sentimiento que se nos ha dado para
percibir la belleza del órden querido por Dios: es por decirlo así un
_instinto_ de amor de Dios.
[248.] Como este sentimiento es innato, indeleble, é independiente de
la reflexion, lo experimentan hasta los ateos.
[249.] La idea de obligacion moral ó deber, resulta de dos ideas:
órden querido por Dios; libertad física de apartarse de este órden.
Dios otorgándonos la vida, ha querido que procurásemos conservarla;
pero el hombre es libre, y á veces se suicida. El que conserva su vida
cumple con un deber; el que se mata, le infringe. Así en la idea del
deber, entra la de libertad física, que no puede ejercerse en cierto
sentido, sin salir del órden querido por Dios.
[250.] La pena es una sancion del órden moral; sirve para suplir la
necesidad imposible para los seres libres. Las criaturas que obran sin
conocimiento, cumplen su destino por necesidad absoluta; los seres
libres, cumplen su destino, nó por necesidad absoluta, sino por la
especie de necesidad producida por la vista de un resultado doloroso.
[251.] Aquí se palpa la diferencia entre el mal físico y el mal moral,
aun en el mismo ser libre: el físico es el dolor; el moral, es el
desviarse del órden querido por Dios.
[252.] Ilícito es lo contrario á un deber.
[253.] Lícito es todo lo que no se opone á ningun deber.
[254.] Ley eterna es el órden de los seres inteligentes querido por
Dios, con arreglo á su santidad infinita.
[255.] Acciones intrínsecamente morales, son las que forman parte del
órden que Dios, (supuesta la voluntad de criar tales ó cuales seres),
ha querido por necesidad, en fuerza del amor de su perfeccion
infinita. Semejantes acciones, están mandadas porque son buenas.
[256.] Las acciones que son buenas porque están mandadas, son las que
forman parte del órden querido por Dios libremente, y del cual ha dado
conocimiento á sus criaturas.
[257.] El mandato de Dios, es su voluntad comunicada á la criatura. Si
esta voluntad es necesaria, el precepto es natural; si esta voluntad
es libre, es positivo.
[258.] Atendiendo á lo puramente natural, el órden querido por Dios,
es el que conduce á la conservacion y perfeccion de los seres criados.
Las acciones serán morales cuando se conformen con este órden.
[259.] La perfeccion natural de los seres consiste en el uso de sus
facultades acomodado al fin á que su misma naturaleza los muestra
destinados.
[260.] La naturaleza ha encargado á cada individuo el cuidado de su
propia conservacion y perfeccion.
[261.] La imposibilidad natural de que el hombre viva solo, indica que
la conservacion y perfeccion de los individuos, se ha de conseguir en
sociedad.
[262.] La primera sociedad, es la de familia.
[263.] Los padres deben alimentar y educar á sus hijos; porque sin
esto no puede conservarse el linaje humano.
[264.] Los deberes conyugales, nacen del órden necesario para la
conservacion y perfeccion de la sociedad de familia, indispensable
para la conservacion del humano linaje.
[265.] Cuanto mas necesario es el enlace de un acto con la
conservacion y perfeccion de la familia, mas necesaria es su
moralidad, y por consiguiente menos sujeta á modificaciones.
[266.] La inmoralidad de los actos contrarios al pudor, y muy
especialmente los contrarios á la naturaleza, se funda en grandes
razones de un órden indispensable para la conservacion del individuo y
de la especie.
[267.] Las pasiones, por lo mismo que son ciegas, es evidente que nos
han sido dadas como medios, nó como fines.
[268.] Luego cuando la satisfaccion de las pasiones se toma nó como un
medio, sino como un fin, el acto es inmoral. Un ejemplo sencillo
aclarará esta idea. El placer de la comida tiene un objeto muy útil
para la conservacion del individuo; así el comer _con_ placer, no es
nada malo, sino bueno; pero el comer _por_ el placer de la comida, es
invertir el órden: el acto no es bueno. La misma accion que en el
primer caso es muy racional, en el segundo es un acto de _glotonería_.
Así lo juzga el sentido comun sin necesitar de análisis.
[269.] Viviendo el hombre solo, el uso de su libertad física, no
perjudicaria jamás sino á sí mismo; el límite moral de su libertad
seria el de satisfacer sus necesidades y deseos, con arreglo al
dictámen de la razon. Pero viviendo los hombres en sociedad, el
ejercicio de la libertad física del uno, tropieza por necesidad con el
del otro; para impedir el desórden es necesario restringir un poco la
libertad física de cada uno, y someterlos á todos á un órden conforme
á razon, y conducente al bien general: hé aquí la necesidad de una
legislacion civil. Esta no puede establecerse, ni conservarse, por sí
sola: hé aquí la necesidad de un poder público. El objeto de la
sociedad, es el bien general, con sujecion á los principios de la
moral eterna; este mismo es el objeto del poder público.
[270.] Con la teoría que precede, se explica satisfactoriamente el
doble carácter que presenta el órden moral: lo absoluto y lo relativo.
La razon, el sentido comun, el corazon, nos obligan á reconocer en el
órden moral algo absoluto, independiente de la consideracion de la
utilidad: esto se explica, elevándose á un acto absoluto, de
perfeccion absoluta; y mirando la moralidad de las criaturas, como una
participacion de aquel acto. La razon y la experiencia nos enseñan que
la moralidad de las acciones tiene resultados _útiles_; esto se
explica, observando, que en aquel acto absoluto, está comprendido el
amor del órden que habia de reinar entre los seres criados, para
cumplir sus destinos. Este órden pues, era á un tiempo _querido_ por
Dios, y _conducente_ al fin especial de cada criatura; será pues á un
mismo tiempo _moral_ y _útil_.
[271.] Pero los dos caractéres se conservan siempre esencialmente
distintos: el primero, lo _sentimos_; el segundo lo _calculamos_.
Cuando nos falta el primero, somos _malos_; cuando el segundo, somos
_desgraciados_. El resultado doloroso, es _pena_, si nuestra voluntad
ha infringido á sabiendas el órden; cuando nó, es simplemente
_desdicha_.
[272.] Permítaseme lisonjearme con la idea de que esta teoría es algo
mas satisfactoria, que las que han excogitado algunos filósofos
modernos, para explicar la naturaleza absoluta de la moralidad. He
necesitado de la idea de Dios, es cierto; porque no concibo órden
moral, en quitando á Dios del mundo. Sin la idea de Dios, la moralidad
no puede ser otra cosa que un sentimiento ciego, tan absurdo en su
objeto, como en sí mismo; la filosofía que no lo funde en Dios, no
podrá llegar jamás á una explicacion científica: deberá limitarse á
consignar el hecho como una necesidad, cuyo carácter y orígen se
ignoran del todo.
[273.] Añadiré una observacion que compendia toda mi teoría, y que
pone de manifiesto lo que la diferencia de las otras, que reconocen en
Dios el fundamento del órden moral, y el amor de Dios, por el primero
de los deberes. Los sistemas á que me refiero suponen la idea de
moralidad distinta de la del amor de Dios, pero yo digo que la
_esencia_ de la moralidad es el mismo amor de Dios. Así afirmo que la
santidad infinita, es _esencialmente_ el amor con que Dios se ama á sí
mismo; que el acto primitivo y esencialmente moral de la criatura es
el amor á Dios; que la moralidad de todas sus acciones, consiste en
conformarse explícita ó implícitamente con la voluntad de Dios; lo que
equivale á un amor explícito ó implícito de Dios.
Uno de los resultados mas notables de esta teoría que pone la esencia
de la moralidad en el amor de Dios ó del bien infinito, es el que hace
desaparecer la diferencia entre la forma de las proposiciones
metafísicas y las morales, manifestando como el _se debe_ y _se ha_,
que se encuentra en estas, se reduce al _es_ absoluto de aquellas (V.
210, 211, 212 y 213). Hé aquí la aplicacion de este importante
resultado.
La proposicion: El amar á Dios _es_ bueno moralmente; es una
proposicion absoluta é idéntica, porque la bondad moral no es otra
cosa que el amor de Dios.
La proposicion: El amar al prójimo es bueno; se reduce á la primera,
porque amar al prójimo es un cierto modo de amar á Dios.
La proposicion: el socorrer al prójimo es bueno: se reduce á la
anterior, porque socorrer es amar.
La proposicion: El hombre _debe_ conservar su vida, se explica por
esta otra absoluta: la conservacion de la vida del hombre, _es_
querida por Dios. Así la palabra _debe_, significa la necesidad de que
el hombre conserve su vida, si no quiere oponerse al órden querido por
Dios.
Estos ejemplos bastan para que se vea con cuánta facilidad pueden
reducirse á una forma absoluta, las proposiciones morales. Esto, no
alcanzo de qué manera se podrá conseguir, si en vez de decirse: el
amor de Dios es la misma moralidad; se dijese: el amor de Dios es un
acto moral, distinguiendo entre el amor y la moralidad.
[274.] Sea cual fuere el juicio que se forme de esta explicacion, no
puede negarse que con ella, se reconoce una sabiduría profunda, aun
ateniéndonos al solo órden natural y filosófico, en aquella admirable
doctrina del Divino Maestro, en que llama al amor de Dios el mayor y
el primero de los mandamientos, y en que, cuando quiere señalar el
carácter del bien moral, recuerda, muy especialmente, el cumplimiento
de la voluntad divina.
[275.] Puesta la esencia de la moralidad en el amor, lo moral debe
parecernos bello, porque nada mas bello que el amor; debe ser
agradable al alma, porque nada mas grato que el amor. Entonces se
comprende tambien por qué las ideas de desinterés, de sacrificio, se
nos presentan tan bellas en el órden moral, y nos hacen rechazar
instintivamente la teoría del interés propio: nada mas desinteresado,
que el amor; nada mas capaz de grandes sacrificios que el amor.
[276.] Así el egoismo queda desterrado del órden moral: Dios se ama á
sí mismo, porque es infinitamente perfecto; fuera de sí no encuentra
nada que amar, que él no haya criado. El amor que tiene á las
criaturas es completamente desinteresado, porque nada puede recibir de
las mismas. La criatura se ama á sí propia y ama tambien á las demás;
pero este amor, no es de un egoismo estrecho, sino que ama en sí
misma, y en sus semejantes, el reflejo del bien infinito. Desea unirse
con el bien supremo, y en esto pone su última felicidad; pero este
deseo lo enlaza con el amor del bien supremo en sí mismo, y no le ama
precisamente porque de ello deba resultar su propia felicidad.
CAPÍTULO XXI.
OJEADA SOBRE LA OBRA.
[277.] Llego al término de mi trabajo; y así conviene echar una ojeada
sobre el largo camino que acabo de recorrer.
Me habia propuesto examinar las ideas fundamentales de nuestro
espíritu, ya considerado en sí mismo, ya en sus relaciones con el
mundo.
[278.] Con relacion á los objetos, hemos encontrado en nuestro
espíritu dos hechos primitivos: la intuicion de la extension; la idea
del ente. En la intuicion de la extension se funda toda la
sensibilidad objetiva; en la idea del ente se funda todo el órden
intelectual puro en lo tocante á las ideas indeterminadas. De la idea
del ente, hemos visto salir las de identidad, distincion, unidad,
número, duracion, tiempo, simplicidad, composicion, finito, infinito,
necesario, contingente, mutable, inmutable, substancia, accidente,
causa, efecto.
[279.] En el órden subjetivo, hallamos como hechos de conciencia, la
sensibilidad, ó el ser sensitivo (incluyendo en esto no solo la
sensacion, sino tambien el sentimiento); la inteligencia y la
voluntad; lo que nos da ideas intuitivas de modos de ser determinados,
y distintos del de los seres extensos.
[280.] Así todos los elementos de nuestro espíritu se reducen á las
ideas intuitivas de extension, de sensibilidad, inteligencia y
voluntad, y á las ideas indeterminadas, que á su vez se fundan todas
en la idea de ser.
[281.] De la idea de ser, combinada con la del no ser, nace el
principio de contradiccion: que por sí, da orígen solamente á
conocimientos indeterminados. Para que la ciencia tenga un objeto
realizable, es necesario que el ser se le presente bajo alguna forma.
Nuestra intuicion nos ofrece dos: extension y conciencia.
[282.] La conciencia nos ofrece tres modos de ser: sensibilidad, ó el
ser sensitivo, inteligencia y voluntad.
[283.] La extension considerada en toda su pureza, cual la imaginamos
en el espacio, es la base de la geometría.
[284.] La misma extension modificada de varias maneras, y puesta en
relacion con nuestra sensibilidad, es la base de todas las ciencias
naturales, ó que tienen por objeto el universo corpóreo.
[285.] La inteligencia da orígen á la ideología y á la psicología.
[286.] La voluntad, en cuanto movida por fines, da orígen á las
ciencias morales.
[287.] La idea de ser engendra el principio de contradiccion; y con
él, las ideas generales é indeterminadas, de cuya combinacion nace la
ontología; y que además circulan por todas las demás ciencias como un
flúido vivificante.
[288.] Así concibo el árbol de las ciencias humanas: examinar las
raíces de este árbol, era mi objeto en la _Filosofía Fundemental_.
FIN.
NOTAS.
(SOBRE EL LIBRO VIII).
(I) Quizás no faltarán algunos lectores poco versados en la historia
de lo filosofía, á quienes parezca que me he extendido demasiado en la
explicacion de la idea de lo infinito, considerando estas cuestiones,
en la clase de aquellas que sirven mas bien para sutilizar, que para
adquirir conocimientos sólidos. Este es un error de mucha gravedad. En
todos tiempos, han ocupado un lugar preferente entre las cuestiones
filosóficas, las que versan sobre la idea de lo infinito; y en nuestra
época, apenas hay ninguna que deba merecer mas atencion, si se quieren
atajar los progresos del panteismo. No me cansaré de repetir que
muchos errores gravísimos dimanan de confusion en las ideas
fundamentales; para quien esté bien radicado en el conocimiento de
estas, dejarán de ser peligrosas ciertas obras, cuyo secreto, para
extraviar, consiste ó en emplear palabras incomprensibles, ó en dar
falsas acepciones á las que se pueden comprender. Como quiera, los que
creyeren que aquí solo se trata de cavilaciones escolásticas,
recuerden que deberán tener por caviladores á los metafísicos mas
eminentes antiguos y modernos.
(SOBRE EL LIBRO IX).
(II) No ignoro, que algunos filósofos modernos, y muy particularmente
M. Cousin, tratan de sincerarse de la acusacion de panteismo,
explicando á su manera los pasajes de sus obras donde se halla
profesado este error. No siéndome posible, extenderme en una cuestion
que exigiria la insercion y cotejo de largos pasajes, me contentaré
con remitir al lector á lo que tengo dicho en el cuerpo de la obra, y
con respecto á M. Cousin, á los trozos que llevo citados en mis
_Cartas á un escéptico en materia de religion_ (Carta X). Sea como
fuere, los impugnadores de M. Cousin no tienen la culpa de que este
filósofo se valiese de palabras tan claras y terminantes, que á ningun
hombre de sano juicio le podia quedar ninguna duda, de que contenian
lisa y llanamente la profesion del panteismo. Dejando pues á este
filósofo la responsabilidad de sus intenciones, me contentaré con
rogar encarecidamente á nuestros jóvenes, que no juzguen con ligereza
sobre las disputas que se agitan en el vecino reino, cuyo ruido llega
hasta nosotros, por órganos no siempre fieles; y que se abstengan de
dar fe á los que se empeñan en persuadirles que las alarmas de los
hombres de sanas doctrinas en materias filosóficas, carecen de
fundamento.
FIN DE LAS NOTAS.
INDICE
DE LAS
MATERIAS DEL TOMO CUARTO.
LIBRO OCTAVO.
LO INFINITO.
_PÁG._
CAPÍTULO PRIMERO.
_Ojeada sobre el estado actual de la filosofía._
Uso de ciertas palabras. Qué indican. Filosofía del siglo pasado.
Reaccion. Carácter del panteismo actual. Como se aviene con lo
infinito. Por qué la nueva filosofía se coloca en el _yo_. Indicio de
una aspiracion sublime. Sus pretensiones orgullosas é infundadas.
No inventa ni restaura la verdad. 5
CAPÍTULO II.
_Importancia y anomalía de las cuestiones sobre la idea
de lo infinito._
Importancia del exámen de esta idea. Anomalía. Disputas sobre su
naturaleza y existencia. Hecho que ellas indican. 12
CAPÍTULO III.
_Sí tenemos idea de lo infinito._
Tenemos esta idea. Prueba. Lo infinito y lo indefinido. La idea de
lo infinito es fija. Ejemplo. La distincion entre lo infinito y lo
finito se funda en el principio de contradiccion. 14
CAPÍTULO IV.
_El límite._
Negaciones que afirman. El límite filosófico y el matemático. Lo
finito envuelve negacion. Lo infinito afirmacion. 18