[233.] El amar á Dios es un acto bueno moralmente; el aborrecer á Dios

es un acto malo moralmente, y de una fealdad la mas detestable. ¿Dónde

está la moralidad del acto del amor de Dios? en el acto mismo, reflejo

de la moralidad absoluta, ó de la santidad infinita, que consiste en

el amor que Dios tiene á su perfeccion infinita; hé aquí una prueba

palpable de la verdad de la teoría que estamos exponiendo. El amor de

la criatura al Criador, ha sido siempre mirado como un acto

esencialmente moral; como lo mas puro de la moralidad; en lo que se

manifiesta que en el órden secundario y finito, este acto es la mas

pura y fiel expresion de la moralidad absoluta.

[234.] Al preguntarse la razon de por qué debemos amar á Dios, se

suelen recordar los beneficios que nos dispensa, el amor que nos

tiene; y hasta se suele aducir el ejemplo del amor que debemos á

nuestros amigos y bienhechores, y sobre todo á nuestros padres; estas

razones son ciertamente muy buenas para hacer palpable en cierto modo

la moralidad del acto, y conmover nuestro corazon; pero no satisfacen

completamente en el terreno de la ciencia. Porque, si pudiésemos dudar

de que debemos amar al ser infinito, autor de todas las cosas, claro

es que dudaríamos tambien de que debiésemos amar á los padres, á los

amigos y bienhechores. Luego el amor á estos se ha de fundar en algo

mas elevado, si no queremos que al preguntársenos, por qué debemos

amarlos, nos quedemos sin ninguna respuesta.

[235.] El querer perfeccionar el entendimiento es un acto moral en sí

mismo. ¿De dónde nace la moralidad del acto? hélo aquí. Dios, al

dotarnos de inteligencia ha querido evidentemente que usásemos de

ella. El uso de la misma pues, entra en el órden conocido y querido

por Dios; al querer esto queremos lo que Dios quiere; amamos este

órden que Dios amaba desde toda la eternidad, como una realizacion de

sus soberanos designios; por el contrario, si la criatura no

perfecciona sus facultades intelectuales, y en uso de su libertad las

deja sin ejercicio, se aparta del órden establecido por Dios; no

quiere lo que Dios quiere, no ama lo que Dios ama.

[236.] Al perfeccionar estas facultades, puede el hombre hacerlo

meramente para proporcionarse el goce que le produce la alabanza de

sus semejantes; en este caso realiza el órden de la perfeccion del

entendimiento, pero no lo realiza amando este órden en sí mismo, sino

por amor de una cosa distinta que no entra en el órden querido por

Dios; porque es evidente que Dios no nos ha dotado de facultades

intelectuales para el estéril objeto de alabarnos unos á otros. Hé

aquí pues la diferencia que conocemos, que sentimos, entre dos

acciones iguales, hechas con fines diferentes: la voluntad del uno

perfecciona el entendimiento como una simple realizacion del órden

divino: no acertamos tal vez á explicar lo que encontramos allí, pero

de cierto sabemos que aquella voluntad es recta; el otro hace lo

mismo, quiere lo mismo, pero deja mezclar un motivo ajeno á este

órden; y el entendimiento y el corazon nos dicen: este acto con que se

hace un _bien_, no es _bueno_; esto no es virtud, es miseria.

[237.] Hay una persona necesitada, que sin embargo, tiene muchas

probabilidades de mejorar pronto de fortuna. Léntulo y Julio, le dan

cada cual una limosna. Léntulo da su limosna, solo con el fin de que

el socorrido cuando mejore de fortuna, se acuerde del bienhechor, y le

favorezca si este lo necesita. La accion de Léntulo no tiene ningun

valor moral: al juzgarla se ve una combinacion de cálculo, nó un acto

virtuoso. Julio da la limosna, solo por socorrer al infeliz que le

inspira lástima, sin pensar en la retribucion con que el socorrido le

pueda corresponder: la accion de Julio es bella moralmente, es

virtuosa. ¿De dónde la diferencia? Léntulo hace el bien, aliviando al

necesitado; pero nó con el amor del órden íntimo que hay en su acto;

sino torciendo este órden hácia sí mismo. Dios, queriendo que los

hombres necesitasen unos de otros, ha querido tambien que se

socorrieran; el socorrer pues simplemente para aliviar al necesitado,

es realizar simplemente el órden querido por Dios; el aliviar para un

fin particular, es realizar este órden, nó como se halla establecido

por Dios, sino como le combina el hombre. Hay _complicacion_ de miras:

falta la _sencillez_ de intencion; esa sencillez tan recomendada por

el cristianismo, y que aun en la region de la filosofia encierra un

sentido tan profundo.

[238.] Atendiendo al órden puramente natural, se descubre, que todas

las obligaciones morales, tienen en último resultado un objeto _útil_;

así como todas las prohibiciones, se dirigen á prevenir un _daño_; mas

para la moralidad, no basta el querer la utilidad de ella, se necesita

querer el órden mismo, de donde la utilidad resulta; siendo de notar

que con cuanta mas reflexion, con cuanto mas amor se quiere este

órden, sin mezcla de miras heterogéneas, tanto mas moral es el acto.

Socorrer al pobre, con la _simple_ mira de aliviarle, con amor hácia

el pobre, es un acto virtuoso; socorrerle con este amor, y con la

reflexion _explícita_ de que se cumple con un _deber_ de humanidad, es

todavía mas virtuoso; socorrerle con el pensamiento en Dios, viendo en

el pobre á un hombre, imágen de Dios, y á quien Dios nos manda amar,

es un acto todavía mas virtuoso: socorrerle, aun contra los impulsos

del propio corazon, agriado quizás por un resentimiento, ó agitado por

otras pasiones, y dominarse á sí mismo con una voluntad firme por amor

de Dios; es ya un acto de virtud heróica. Nótese bien: la perfeccion

moral del acto se aumenta á proporcion de que se quiere la cosa en sí

misma con mas reflexion y amor; y llega al mas alto punto cuando en la

cosa amada, se ama al mismo Dios. Si las miras son egoistas, el órden

se pervierte, y la moralidad se disipa; cuando no hay miras de

egoismo, y se obra principalmente á impulsos del sentimiento, la

accion ya es bella, pero su carácter es mas bien de sensibilidad que

de moralidad; mas cuando, con el corazon desgarrado por el dolor del

sacrificio, la voluntad, precedida por la reflexion, manda este

sacrificio, y se cumple el deber, porque es un deber; ó quizá se hace

un acto _no_ obligatorio, por el amor á su bondad moral, y porque el

acto es agradable á Dios, vemos en la accion, algo tan bello, tan

amable, tan digno de alabanza, que nos quedaríamos desconcertados si

se nos preguntase entonces la razon del sentimiento respetuoso que

experimentamos hácia la persona que por tan nobles motivos se

sacrifica por sus semejantes.

Con arreglo á estos principios, podemos fijar clara y exactamente las

ideas morales.

[239.] La moralidad absoluta, y por consiguiente el orígen y tipo de

todo el órden moral, es el acto con que el ser infinito ama su

perfeccion infinita. Este es un hecho absoluto, del cual no podemos

señalar ninguna razon _à priori_.

En Dios no hay deber _propiamente_ dicho; hay necesidad absoluta de

ser santo.

[240.] El acto esencialmente moral en toda criatura es el amar á Dios.

Es imposible, fundar la moralidad de este acto, en la moralidad de

otro acto.

[241.] Los actos de la criatura son morales, en cuanto participan

explícita ó implícitamente, de este amor.

[242.] Cuando la criatura ve intuitivamente á Dios, le ama

necesariamente; y así todos sus actos, llevando este augusto sello,

son necesariamente morales.

[243.] Cuando la criatura no ve intuitivamente á Dios, ama

necesariamente el bien en comun, ó sea bajo una idea indeterminada:

pero no ama necesariamente, ningun objeto en particular.

[244.] En este amor hácia el bien en comun, sus actos libres son

morales, cuando su voluntad quiere el órden que Dios ha querido, sin

mezclar combinaciones ajenas ó contrarias á este órden.

[245.] Para ser moral un acto, no es necesario que el que lo hace

piense explícitamente en Dios, ni que su voluntad, le ame

explícitamente.

[246.] El acto será tanto mas moral, cuanto vaya acompañado de mas

reflexion sobre su moralidad, y sobre su conformidad con la voluntad

de Dios.

[247.] El sentimiento moral, es un sentimiento que se nos ha dado para

percibir la belleza del órden querido por Dios: es por decirlo así un

_instinto_ de amor de Dios.

[248.] Como este sentimiento es innato, indeleble, é independiente de

la reflexion, lo experimentan hasta los ateos.

[249.] La idea de obligacion moral ó deber, resulta de dos ideas:

órden querido por Dios; libertad física de apartarse de este órden.

Dios otorgándonos la vida, ha querido que procurásemos conservarla;

pero el hombre es libre, y á veces se suicida. El que conserva su vida

cumple con un deber; el que se mata, le infringe. Así en la idea del

deber, entra la de libertad física, que no puede ejercerse en cierto

sentido, sin salir del órden querido por Dios.

[250.] La pena es una sancion del órden moral; sirve para suplir la

necesidad imposible para los seres libres. Las criaturas que obran sin

conocimiento, cumplen su destino por necesidad absoluta; los seres

libres, cumplen su destino, nó por necesidad absoluta, sino por la

especie de necesidad producida por la vista de un resultado doloroso.

[251.] Aquí se palpa la diferencia entre el mal físico y el mal moral,

aun en el mismo ser libre: el físico es el dolor; el moral, es el

desviarse del órden querido por Dios.

[252.] Ilícito es lo contrario á un deber.

[253.] Lícito es todo lo que no se opone á ningun deber.

[254.] Ley eterna es el órden de los seres inteligentes querido por

Dios, con arreglo á su santidad infinita.

[255.] Acciones intrínsecamente morales, son las que forman parte del

órden que Dios, (supuesta la voluntad de criar tales ó cuales seres),

ha querido por necesidad, en fuerza del amor de su perfeccion

infinita. Semejantes acciones, están mandadas porque son buenas.

[256.] Las acciones que son buenas porque están mandadas, son las que

forman parte del órden querido por Dios libremente, y del cual ha dado

conocimiento á sus criaturas.

[257.] El mandato de Dios, es su voluntad comunicada á la criatura. Si

esta voluntad es necesaria, el precepto es natural; si esta voluntad

es libre, es positivo.

[258.] Atendiendo á lo puramente natural, el órden querido por Dios,

es el que conduce á la conservacion y perfeccion de los seres criados.

Las acciones serán morales cuando se conformen con este órden.

[259.] La perfeccion natural de los seres consiste en el uso de sus

facultades acomodado al fin á que su misma naturaleza los muestra

destinados.

[260.] La naturaleza ha encargado á cada individuo el cuidado de su

propia conservacion y perfeccion.

[261.] La imposibilidad natural de que el hombre viva solo, indica que

la conservacion y perfeccion de los individuos, se ha de conseguir en

sociedad.

[262.] La primera sociedad, es la de familia.

[263.] Los padres deben alimentar y educar á sus hijos; porque sin

esto no puede conservarse el linaje humano.

[264.] Los deberes conyugales, nacen del órden necesario para la

conservacion y perfeccion de la sociedad de familia, indispensable

para la conservacion del humano linaje.

[265.] Cuanto mas necesario es el enlace de un acto con la

conservacion y perfeccion de la familia, mas necesaria es su

moralidad, y por consiguiente menos sujeta á modificaciones.

[266.] La inmoralidad de los actos contrarios al pudor, y muy

especialmente los contrarios á la naturaleza, se funda en grandes

razones de un órden indispensable para la conservacion del individuo y

de la especie.

[267.] Las pasiones, por lo mismo que son ciegas, es evidente que nos

han sido dadas como medios, nó como fines.

[268.] Luego cuando la satisfaccion de las pasiones se toma nó como un

medio, sino como un fin, el acto es inmoral. Un ejemplo sencillo

aclarará esta idea. El placer de la comida tiene un objeto muy útil

para la conservacion del individuo; así el comer _con_ placer, no es

nada malo, sino bueno; pero el comer _por_ el placer de la comida, es

invertir el órden: el acto no es bueno. La misma accion que en el

primer caso es muy racional, en el segundo es un acto de _glotonería_.

Así lo juzga el sentido comun sin necesitar de análisis.

[269.] Viviendo el hombre solo, el uso de su libertad física, no

perjudicaria jamás sino á sí mismo; el límite moral de su libertad

seria el de satisfacer sus necesidades y deseos, con arreglo al

dictámen de la razon. Pero viviendo los hombres en sociedad, el

ejercicio de la libertad física del uno, tropieza por necesidad con el

del otro; para impedir el desórden es necesario restringir un poco la

libertad física de cada uno, y someterlos á todos á un órden conforme

á razon, y conducente al bien general: hé aquí la necesidad de una

legislacion civil. Esta no puede establecerse, ni conservarse, por sí

sola: hé aquí la necesidad de un poder público. El objeto de la

sociedad, es el bien general, con sujecion á los principios de la

moral eterna; este mismo es el objeto del poder público.

[270.] Con la teoría que precede, se explica satisfactoriamente el

doble carácter que presenta el órden moral: lo absoluto y lo relativo.

La razon, el sentido comun, el corazon, nos obligan á reconocer en el

órden moral algo absoluto, independiente de la consideracion de la

utilidad: esto se explica, elevándose á un acto absoluto, de

perfeccion absoluta; y mirando la moralidad de las criaturas, como una

participacion de aquel acto. La razon y la experiencia nos enseñan que

la moralidad de las acciones tiene resultados _útiles_; esto se

explica, observando, que en aquel acto absoluto, está comprendido el

amor del órden que habia de reinar entre los seres criados, para

cumplir sus destinos. Este órden pues, era á un tiempo _querido_ por

Dios, y _conducente_ al fin especial de cada criatura; será pues á un

mismo tiempo _moral_ y _útil_.

[271.] Pero los dos caractéres se conservan siempre esencialmente

distintos: el primero, lo _sentimos_; el segundo lo _calculamos_.

Cuando nos falta el primero, somos _malos_; cuando el segundo, somos

_desgraciados_. El resultado doloroso, es _pena_, si nuestra voluntad

ha infringido á sabiendas el órden; cuando nó, es simplemente

_desdicha_.

[272.] Permítaseme lisonjearme con la idea de que esta teoría es algo

mas satisfactoria, que las que han excogitado algunos filósofos

modernos, para explicar la naturaleza absoluta de la moralidad. He

necesitado de la idea de Dios, es cierto; porque no concibo órden

moral, en quitando á Dios del mundo. Sin la idea de Dios, la moralidad

no puede ser otra cosa que un sentimiento ciego, tan absurdo en su

objeto, como en sí mismo; la filosofía que no lo funde en Dios, no

podrá llegar jamás á una explicacion científica: deberá limitarse á

consignar el hecho como una necesidad, cuyo carácter y orígen se

ignoran del todo.

[273.] Añadiré una observacion que compendia toda mi teoría, y que

pone de manifiesto lo que la diferencia de las otras, que reconocen en

Dios el fundamento del órden moral, y el amor de Dios, por el primero

de los deberes. Los sistemas á que me refiero suponen la idea de

moralidad distinta de la del amor de Dios, pero yo digo que la

_esencia_ de la moralidad es el mismo amor de Dios. Así afirmo que la

santidad infinita, es _esencialmente_ el amor con que Dios se ama á sí

mismo; que el acto primitivo y esencialmente moral de la criatura es

el amor á Dios; que la moralidad de todas sus acciones, consiste en

conformarse explícita ó implícitamente con la voluntad de Dios; lo que

equivale á un amor explícito ó implícito de Dios.

Uno de los resultados mas notables de esta teoría que pone la esencia

de la moralidad en el amor de Dios ó del bien infinito, es el que hace

desaparecer la diferencia entre la forma de las proposiciones

metafísicas y las morales, manifestando como el _se debe_ y _se ha_,

que se encuentra en estas, se reduce al _es_ absoluto de aquellas (V.

210, 211, 212 y 213). Hé aquí la aplicacion de este importante

resultado.

La proposicion: El amar á Dios _es_ bueno moralmente; es una

proposicion absoluta é idéntica, porque la bondad moral no es otra

cosa que el amor de Dios.

La proposicion: El amar al prójimo es bueno; se reduce á la primera,

porque amar al prójimo es un cierto modo de amar á Dios.

La proposicion: el socorrer al prójimo es bueno: se reduce á la

anterior, porque socorrer es amar.

La proposicion: El hombre _debe_ conservar su vida, se explica por

esta otra absoluta: la conservacion de la vida del hombre, _es_

querida por Dios. Así la palabra _debe_, significa la necesidad de que

el hombre conserve su vida, si no quiere oponerse al órden querido por

Dios.

Estos ejemplos bastan para que se vea con cuánta facilidad pueden

reducirse á una forma absoluta, las proposiciones morales. Esto, no

alcanzo de qué manera se podrá conseguir, si en vez de decirse: el

amor de Dios es la misma moralidad; se dijese: el amor de Dios es un

acto moral, distinguiendo entre el amor y la moralidad.

[274.] Sea cual fuere el juicio que se forme de esta explicacion, no

puede negarse que con ella, se reconoce una sabiduría profunda, aun

ateniéndonos al solo órden natural y filosófico, en aquella admirable

doctrina del Divino Maestro, en que llama al amor de Dios el mayor y

el primero de los mandamientos, y en que, cuando quiere señalar el

carácter del bien moral, recuerda, muy especialmente, el cumplimiento

de la voluntad divina.

[275.] Puesta la esencia de la moralidad en el amor, lo moral debe

parecernos bello, porque nada mas bello que el amor; debe ser

agradable al alma, porque nada mas grato que el amor. Entonces se

comprende tambien por qué las ideas de desinterés, de sacrificio, se

nos presentan tan bellas en el órden moral, y nos hacen rechazar

instintivamente la teoría del interés propio: nada mas desinteresado,

que el amor; nada mas capaz de grandes sacrificios que el amor.

[276.] Así el egoismo queda desterrado del órden moral: Dios se ama á

sí mismo, porque es infinitamente perfecto; fuera de sí no encuentra

nada que amar, que él no haya criado. El amor que tiene á las

criaturas es completamente desinteresado, porque nada puede recibir de

las mismas. La criatura se ama á sí propia y ama tambien á las demás;

pero este amor, no es de un egoismo estrecho, sino que ama en sí

misma, y en sus semejantes, el reflejo del bien infinito. Desea unirse

con el bien supremo, y en esto pone su última felicidad; pero este

deseo lo enlaza con el amor del bien supremo en sí mismo, y no le ama

precisamente porque de ello deba resultar su propia felicidad.

CAPÍTULO XXI.

OJEADA SOBRE LA OBRA.

[277.] Llego al término de mi trabajo; y así conviene echar una ojeada

sobre el largo camino que acabo de recorrer.

Me habia propuesto examinar las ideas fundamentales de nuestro

espíritu, ya considerado en sí mismo, ya en sus relaciones con el

mundo.

[278.] Con relacion á los objetos, hemos encontrado en nuestro

espíritu dos hechos primitivos: la intuicion de la extension; la idea

del ente. En la intuicion de la extension se funda toda la

sensibilidad objetiva; en la idea del ente se funda todo el órden

intelectual puro en lo tocante á las ideas indeterminadas. De la idea

del ente, hemos visto salir las de identidad, distincion, unidad,

número, duracion, tiempo, simplicidad, composicion, finito, infinito,

necesario, contingente, mutable, inmutable, substancia, accidente,

causa, efecto.

[279.] En el órden subjetivo, hallamos como hechos de conciencia, la

sensibilidad, ó el ser sensitivo (incluyendo en esto no solo la

sensacion, sino tambien el sentimiento); la inteligencia y la

voluntad; lo que nos da ideas intuitivas de modos de ser determinados,

y distintos del de los seres extensos.

[280.] Así todos los elementos de nuestro espíritu se reducen á las

ideas intuitivas de extension, de sensibilidad, inteligencia y

voluntad, y á las ideas indeterminadas, que á su vez se fundan todas

en la idea de ser.

[281.] De la idea de ser, combinada con la del no ser, nace el

principio de contradiccion: que por sí, da orígen solamente á

conocimientos indeterminados. Para que la ciencia tenga un objeto

realizable, es necesario que el ser se le presente bajo alguna forma.

Nuestra intuicion nos ofrece dos: extension y conciencia.

[282.] La conciencia nos ofrece tres modos de ser: sensibilidad, ó el

ser sensitivo, inteligencia y voluntad.

[283.] La extension considerada en toda su pureza, cual la imaginamos

en el espacio, es la base de la geometría.

[284.] La misma extension modificada de varias maneras, y puesta en

relacion con nuestra sensibilidad, es la base de todas las ciencias

naturales, ó que tienen por objeto el universo corpóreo.

[285.] La inteligencia da orígen á la ideología y á la psicología.

[286.] La voluntad, en cuanto movida por fines, da orígen á las

ciencias morales.

[287.] La idea de ser engendra el principio de contradiccion; y con

él, las ideas generales é indeterminadas, de cuya combinacion nace la

ontología; y que además circulan por todas las demás ciencias como un

flúido vivificante.

[288.] Así concibo el árbol de las ciencias humanas: examinar las

raíces de este árbol, era mi objeto en la _Filosofía Fundemental_.

FIN.

NOTAS.

(SOBRE EL LIBRO VIII).

(I) Quizás no faltarán algunos lectores poco versados en la historia

de lo filosofía, á quienes parezca que me he extendido demasiado en la

explicacion de la idea de lo infinito, considerando estas cuestiones,

en la clase de aquellas que sirven mas bien para sutilizar, que para

adquirir conocimientos sólidos. Este es un error de mucha gravedad. En

todos tiempos, han ocupado un lugar preferente entre las cuestiones

filosóficas, las que versan sobre la idea de lo infinito; y en nuestra

época, apenas hay ninguna que deba merecer mas atencion, si se quieren

atajar los progresos del panteismo. No me cansaré de repetir que

muchos errores gravísimos dimanan de confusion en las ideas

fundamentales; para quien esté bien radicado en el conocimiento de

estas, dejarán de ser peligrosas ciertas obras, cuyo secreto, para

extraviar, consiste ó en emplear palabras incomprensibles, ó en dar

falsas acepciones á las que se pueden comprender. Como quiera, los que

creyeren que aquí solo se trata de cavilaciones escolásticas,

recuerden que deberán tener por caviladores á los metafísicos mas

eminentes antiguos y modernos.

(SOBRE EL LIBRO IX).

(II) No ignoro, que algunos filósofos modernos, y muy particularmente

M. Cousin, tratan de sincerarse de la acusacion de panteismo,

explicando á su manera los pasajes de sus obras donde se halla

profesado este error. No siéndome posible, extenderme en una cuestion

que exigiria la insercion y cotejo de largos pasajes, me contentaré

con remitir al lector á lo que tengo dicho en el cuerpo de la obra, y

con respecto á M. Cousin, á los trozos que llevo citados en mis

_Cartas á un escéptico en materia de religion_ (Carta X). Sea como

fuere, los impugnadores de M. Cousin no tienen la culpa de que este

filósofo se valiese de palabras tan claras y terminantes, que á ningun

hombre de sano juicio le podia quedar ninguna duda, de que contenian

lisa y llanamente la profesion del panteismo. Dejando pues á este

filósofo la responsabilidad de sus intenciones, me contentaré con

rogar encarecidamente á nuestros jóvenes, que no juzguen con ligereza

sobre las disputas que se agitan en el vecino reino, cuyo ruido llega

hasta nosotros, por órganos no siempre fieles; y que se abstengan de

dar fe á los que se empeñan en persuadirles que las alarmas de los

hombres de sanas doctrinas en materias filosóficas, carecen de

fundamento.

FIN DE LAS NOTAS.

INDICE

DE LAS

MATERIAS DEL TOMO CUARTO.

LIBRO OCTAVO.

LO INFINITO.

_PÁG._

CAPÍTULO PRIMERO.

_Ojeada sobre el estado actual de la filosofía._

Uso de ciertas palabras. Qué indican. Filosofía del siglo pasado.

Reaccion. Carácter del panteismo actual. Como se aviene con lo

infinito. Por qué la nueva filosofía se coloca en el _yo_. Indicio de

una aspiracion sublime. Sus pretensiones orgullosas é infundadas.

No inventa ni restaura la verdad. 5

CAPÍTULO II.

_Importancia y anomalía de las cuestiones sobre la idea

de lo infinito._

Importancia del exámen de esta idea. Anomalía. Disputas sobre su

naturaleza y existencia. Hecho que ellas indican. 12

CAPÍTULO III.

_Sí tenemos idea de lo infinito._

Tenemos esta idea. Prueba. Lo infinito y lo indefinido. La idea de

lo infinito es fija. Ejemplo. La distincion entre lo infinito y lo

finito se funda en el principio de contradiccion. 14

CAPÍTULO IV.

_El límite._

Negaciones que afirman. El límite filosófico y el matemático. Lo

finito envuelve negacion. Lo infinito afirmacion. 18

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