[207.] Las prescripciones de la ley eterna, no dependen de la _libre_

voluntad de Dios; pues en tal caso se seguiria que Dios podria hacer

lo bueno malo, y lo malo bueno. La ley eterna, no puede ser otra cosa

que la razon eterna, ó bien la representacion del órden moral en el

entendimiento divino. En tal caso, la moralidad parece, segun nuestro

modo de concebir, que precede á su representacion; esto es, que la

moralidad está representada en el entendimiento divino, porque ella

es; pero no es, porque esté representada. En el órden moral llegamos á

un caso semejante al de las esencias metafísicas y geométricas. Las

verdades geométricas por ejemplo, son eternas en cuanto están

representadas en la razon eterna; y esta representacion supone una

verdad intrínseca en ellas mismas, y absolutamente necesaria, pues que

de otro modo la representacion podria ser falsa. Mas, como quiera que

dicha verdad ha de tener algun fundamento eterno (Lib. IV, Cap.^s

XXIV, XXV, XXVI y XXVII), y este no se halla en los seres finitos, se

le ha de buscar en el ser infinito por esencia, donde está la razon de

todo. Su entendimiento representa la verdad, y por tanto es verdadero;

pero esta misma verdad se funda en la esencia del mismo ser infinito

que la conoce.

[208.] Las verdades morales no se distinguen en este punto de las

metafísicas; su orígen está en Dios, la moral no puede ser atea. ¿Por

qué se representan en Dios unas cosas como buenas y otras como malas?

buscar la razon de esto equivale á preguntar por qué los triángulos no

se representan circulares, y los círculos triangulares. Si hay una

necesidad intrínseca, ó no podremos señalar la razon de ella, ó de

todos modos debemos llegar á una razon que no puede explicarse por

otra razon. Siempre será preciso pararnos en un punto donde digamos:

es así, y nada mas. La ulterior satisfaccion que en tal caso

pudiéramos desear, nos es imposible alcanzarla, en no viendo

intuitivamente la esencia infinita donde se halla la primera y la

última razon de todo.

[209.] Para estar representadas las cosas como buenas ó malas, y aun

para concebirlas representadas como tales, es necesario que se les

suponga bondad ó malicia.

¿Qué es ser una cosa buena? si decimos que es el ser representada como

buena en el entendimiento divino, hacemos entrar en la definicion la

misma cosa definida: siempre queda la dificultad: ¿qué significa ser

representada como buena?

La bondad no puede consistir en la simple representacion, de suerte

que sea bueno todo lo que está representado en Dios, porque entonces

se seguiria que todo es bueno porque todo está representado en Dios.

Luego para que una cosa sea buena, no solo debe ser representada, sino

representada bajo tal ó cual carácter, que la constituya buena; en

cuyo caso, hallamos aun en pié toda la dificultad: ¿cuál es este

carácter?

[210.] Aclaremos las ideas comparando una verdad metafísica con una

verdad moral. Todos los diámetros de un mismo círculo son iguales;

esta verdad no depende de ningun círculo particular; se funda en la

misma esencia del círculo; y esta á su vez, con todas sus propiedades

y relaciones, se halla representada desde toda la eternidad en la

esencia infinita, donde con la plenitud del ser, hay la representacion

y el conocimiento de todas las participaciones finitas en que se

pueden ejercer la sabiduría y la omnipotencia infinita. Todas las

participaciones están sujetas al principio de contradiccion; en

ninguna de ellas se puede verificar que el ser deje de excluir al no

ser y recíprocamente; de aquí dimana la necesidad de todas las

propiedades y relaciones, sin las cuales no subsiste el principio de

contradiccion: entre ellas se cuenta la igualdad de todos los

diámetros del mismo círculo.

[211.] Estas consideraciones sugieren la cuestion: ¿es posible

explicar el órden moral del mismo modo que el metafísico y el

matemático, manifestándole contenido en el principio de contradiccion?

[212.] Es fácil de notar que en todas las verdades metafísicas y

matemáticas se expresa ó se niega la identidad. A es B, ó A no es B; á

esto se reducen todas las proposiciones posibles; esta es la fórmula

general de todas las verdades de un órden absoluto. De otra manera

sucede en el órden moral, donde nunca se expresa nada absolutamente,

como lo indica la misma forma de las proposiciones morales. Dios es

bueno. Aquí se expresa una verdad metafísica. Dios _debe ser_ amado, ó

en otros términos: _se ha_ de amar á Dios. Aquí se expresa una verdad

moral. Nótese la diferencia: en un caso se dice _es_, absolutamente;

en el otro, _debe ser_, _se ha_, _hay obligacion de_, empleándose

diferentes expresiones que todas significan una misma cosa; pero en

todas ellas ha desaparecido el _ser_, como afirmacion absoluta. Al

parecer ninguna proposicion moral puede expresarse de esta manera,

atendiendo á los elementos primitivos de nuestras ideas morales,

porque en todas estas proposiciones se implica la idea del deber, que

es esencialmente una idea relativa.

[213.] El amar á Dios es bueno. Esta es una proposicion moral cuya

estructura parece contradecir lo que acabo de establecer. Aquí se

encuentra una afirmacion absoluta expresada simplemente por _es_, como

en las proposiciones metafísicas ó matemáticas. No obstante, por poco

que se reflexione, se echará de ver que este carácter absoluto

desaparece, si se atiende á la naturaleza del predicado. ¿Qué

significa _bueno_? hénos aquí con una idea esencialmente relativa, lo

cual comunicará este mismo carácter á la proposicion que se presentaba

como absoluta. El amar á Dios es bueno, significará: el amar á Dios es

una cosa conforme á la razon ó á la ley eterna, ó agradable á Dios, ó

una cosa á que estamos obligados; siempre una idea relativa, jamás una

idea absoluta como estas otras: ser, no ser, triángulo, círculo etc.

etc.

[214.] Bueno, dicen algunos, es lo que conduce al fin que corresponde

al ser inteligente. Esta explicacion no debe confundirse con la teoría

del interés privado; teoría rechazada por la religion, por los

sentimientos del corazon, y combatida por los pensadores mas

profundos; aquí, al hablar de fin se trata de un fin último, superior

á lo que suele entenderse por la expresion: interés privado. Sin duda

que el llegar al último fin, es un grande interés del ser inteligente;

pero al menos este interés se toma en un sentido grandioso, que no

alienta el desarrollo de un egoismo mezquino.

Reconocida esta diferencia entre las dos doctrinas, diré que tampoco

esta última me parece admisible. La bondad moral ha de ser conducente

al fin; mas esto no constituye el carácter de la moralidad. En efecto:

¿qué se entiende por fin? si se entiende el mismo Dios, acto moral

será el acto que conduce á Dios; en cuyo caso permanece en pié la

dificultad, pues que faltará saber, qué se entiende por _conducir_. Si

es el acarrear la felicidad, que consiste en la union con Dios ¿_cómo_

se acarrea esta felicidad? Cumpliendo lo que Dios ha mandado--Cierto;

pero entonces preguntaremos: 1.º por qué el hacer lo que Dios ha

mandado, conduce á la felicidad; 2.º por qué Dios ha mandado unas

cosas, y ha prohibido otras; lo cual equivale á plantear de nuevo la

cuestion de la moralidad intrínseca.

[215.] Además, la idea de felicidad nos ofrece una cosa muy distinta

de la de moralidad. Imaginando un ser que sacrifica toda su dicha por

otros seres, tendremos la idea de un ser altamente moral, y sin

embargo infeliz. Si la moralidad consistiese en la felicidad, la

participacion de la felicidad seria la participacion de la moralidad;

todo goce seria un acto moral; y solo podria ser inmoral, por no ser

bastante vivo ó bastante duradero. A medida que nos elevaríamos á la

idea de un goce mas duradero y vivo, nos formaríamos la idea de una

moralidad mas alta; el goce mas exento de disgusto, seria el acto de

moralidad mas pura: y ¿quién no ve que esto trastorna nuestras ideas

morales, y repugna á nuestros sentimientos?

[216.] No basta decir que un ser moral alcanzará la felicidad; y que

su felicidad será tanto mayor, cuanto mayor haya sido su moralidad;

esto solo prueba que la felicidad es el premio de la virtud; pero no

autoriza á confundir aquella con esta, el galardon con el mérito.

[217.] El confundir la moralidad con la dicha, es reducir la moral á

una combinacion de cálculo, es despojar la virtud de ese brillo

purísimo que nos atrae y encanta, y que nos la hace parecer tanto mas

bella, cuanto mas unida está con el sufrimiento. Si identificamos la

felicidad con la moralidad; el desinterés será un cálculo de interés,

un sacrificio de un interés menor á un interés mayor, una pérdida en

lo presente, para ganar en el porvenir.

Nó, la moralidad de las acciones, no es un negocio de cálculo: el

virtuoso alcanza premio; puede tambien desear este premio; mas para

que el acto sea virtuoso, se necesita algo mas que la combinacion para

alcanzarle; es preciso que hallemos algo que haga el acto meritorio

del premio; y ni siquiera concebimos que pueda estarle reservado el

premio á ningun acto, sino porque en sí mismo es meritorio.

Cuando Dios ha preparado castigos para unos actos y premios para

otros, ha debido hallar en ellos una diferencia intrínseca; y por esto

les ha señalado destinos diferentes; pero segun el sistema que

combatimos, los actos no serian buenos sino en cuanto conducentes al

premio, y no habria ninguna razon porque condujesen á él los unos con

preferencia, á los otros. Esta razon se ha de encontrar en una

diferencia intrínseca de los mismos; si no se quiere caer en el

absurdo de que todas los acciones son indiferentes en sí mismas, y que

las malas podrian ser buenas, y las buenas malas.

[218.] El ser conducente al bien de la humanidad es otro carácter

incompleto de la moralidad de las acciones. Desde luego salta á la

vista, que esta moralidad, seria solamente la humana; y por tanto no

comprenderia la moralidad intrínseca, que consideramos comun á todos

los seres inteligentes.

[219.] Además; ¿de qué bien se trata? en qué estado se considera la

humanidad? ¿Se habla de una sociedad constituida en nacion; ó de la

humanidad propiamente dicha; de una generacion ó de muchas; de su

destino en la tierra ó en el porvenir de la otra vida? ¿Se habla de su

_bienestar_, ó de su desarrollo y perfeccionamiento prescindiendo de

su mayor ó menor bienestar? Si la moralidad de las acciones se ha de

tomar de su _conducencia_, por decirlo así, al bien general de la

humanidad, ¿en qué consiste este bien supremo? ¿Es el desarrollo de la

inteligencia, es el de la fantasía ó del corazon; es el de las artes

útiles que proporcionan goces materiales? No se puede entonces poner

como término la perfeccion moral, pues que por el supuesto, la

moralidad seria un medio; y las acciones serian tanto mas morales,

cuanto serian medios mas útiles para lograr el bien general.

[220.] Decir que la moralidad es únicamente objeto del sentimiento, y

que no se puede señalar otro carácter de lo bueno, sino esa perfeccion

misteriosa que sentimos en la virtud; es desterrar la moral como

ciencia, cerrando completamente las puertas á toda investigacion. No

niego que hay en nosotros un sentimiento moral; y que nuestro corazon

abriga misteriosas simpatías por la virtud; pero creo que con este

hecho, es muy compatible el estudio científico de los fundamentos del

órden moral. Es necesario reconocer el carácter primitivo de algunos

hechos de nuestro espíritu, y no empeñarse en querer explicarlo todo;

pero conviene guardarse de la exageracion, que en esto será tanto mas

peligrosa, cuanto se cubrirá con el manto de la modestia.

CAPÍTULO XX.

EXPLICACION FUNDAMENTAL DEL ÓRDEN MORAL.

[221.] En la moralidad ha de haber algo absoluto. No es posible

concebir una cosa relativa sola, sin algo absoluto en que se funde.

Además, toda relacion implica un término de referencia, y por

consiguiente, aun cuando supongamos una serie de referencias, es

necesario llegar al término último. Esto manifiesta por qué no

satisfacen al entendimiento las explicaciones de la moralidad

puramente relativas: la razon y hasta el sentimiento, buscan algo

absoluto en que puedan fijarse.

A mas de este argumento puramente ontológico en favor de lo absoluto

de la moralidad, hay otros mas al alcance del comun de los hombres, y

no menos concluyentes.

[222.] En el ser infinitamente perfecto concebimos santidad infinita,

independientemente de la existencia de las criaturas; ¿y qué es la

_santidad_ infinita, sino la perfeccion _moral_ en un grado infinito?

Esta razon es decisiva para todo el mundo, excepto los ateos: quien

admite la existencia de Dios debe admitir su santidad; lo contrario

repugna á la razon, al corazon, al sentido comun. Luego existe algo

moral absoluto; luego la moralidad en sí misma, no puede explicarse

por ninguna relacion de las criaturas á un fin; pues que la moralidad

en un grado infinito, existiria, aun cuando no hubiese habido ni

hubiese jamás, ninguna criatura.

[223.] Al concebir un ser inteligente criado, concebimos tambien la

moralidad como una ley inflexible á que sus acciones deben sujetarse.

Es de notar que esta moralidad la concebimos, aun suponiendo un ser

inteligente enteramente solo: luego la moralidad no puede explicarse

por la relacion de unas criaturas con otras. Fingid un hombre

enteramente solo sobre la tierra ¿podréis concebirle exento de toda

moralidad? ¿Será igualmente bello en el órden moral el que trabaje

para perfeccionar su entendimiento y desarrollar armónicamente todas

sus facultades, ó el que se abandone á instintos groseros

confundiéndose con los brutos por su estupidez y envilecimiento?

Imaginad que desaparece la tierra y todo el universo corpóreo, y todos

los seres criados, excepto una sola inteligencia: ¿podeis concebir á

esta criatura enteramente exenta de toda ley moral? En sus

pensamientos, en sus actos do voluntad, ¿podeis figuraros que sea todo

indiferente, y que la moralidad sea para ella una palabra sin sentido?

Es imposible, si no queremos luchar abiertamente con nuestras ideas

primitivas, con nuestros sentimientos mas profundos, con el sentido

comun de la humanidad. Hé aquí pues otra prueba de que hay en el órden

moral algo absoluto, una perfeccion intrínseca, independiente de las

relaciones mutuas de las criaturas; una belleza propia, en ciertas

acciones de la criatura inteligente y libre.

[224.] La imputabilidad de las acciones nos ofrece otro argumento en

confirmacion de la misma verdad. La moralidad no se mide nunca por el

resultado; los quilates de ella se aprecian por lo _inmanente_; esto

es, por los motivos que han impulsado á querer, por la mayor ó menor

deliberacion que ha precedido al acto de la voluntad, por la mayor ó

menor intensidad de este mismo acto. Si alguna vez se atiende á los

resultados, todo el valor moral que á estos se atribuye nace de lo

interior del alma: la prevision ó imprevision de ellos, ó la

posibilidad ó imposibilidad de preverlos; el haberlos querido ó nó; el

habérselos propuesto como objeto principal ó secundario; el haberlos

deseado con ahinco ó el haberlos arrostrado con dolor y repugnancia;

estas y otras consideraciones semejantes se tienen presentes cuando se

quieren apreciar y graduar el mérito ó demérito de una accion que ha

tenido tales ó cuales resultados. De donde se infiere que estos no

significan nada en el órden moral, sino en cuanto está expresado en

ellos el acto de la voluntad.

[225.] Este carácter de _inmanencia_, esencial á los actos morales,

destruye por su base todas las teorías que fundan la moralidad en

combinaciones externas, sean las que fueren; y demuestra que el acto

de un ser inteligente y libre es bueno ó malo en sí mismo,

prescindiendo absolutamente de todas sus consecuencias buenas ó malas,

que de un modo ú otro no hayan estado contenidas en el acto interno.

Un hombre, que por un acto cuyas consecuencias no previese ni pudiese

prever, perjudicase gravemente á todo el linaje humano, seria

inocente; y otro que con una intencion dañada, hiciese un gran

beneficio á la humanidad entera, seria un perverso. Un hombre salva á

su patria, por un sentimiento de vanidad, ó con un fin de ambicion ó

de codicia: su accion salvadora, no es mirada como un acto virtuoso.

Otro, con la intencion mas desinteresada y pura, con el mas ardiente

anhelo de salvar á su patria, la compromete, por un error, la pierde;

este desventurado no deja de ser un hombre virtuoso; la misma accion

funesta en resultados, es considerada como un acto de virtud.

[226.] ¿En qué consiste pues la moralidad absoluta? ¿dónde se halla el

manantial oculto del cual fluye ese raudal de belleza que todos

sentimos, que lo inunda todo, hermoseándolo todo; ese raudal con cuya

falta se marchitaria el mundo de las inteligencias?

Me parece que en este punto, como en muchos otros, la ciencia no ha

notado bastante la admirable profundidad de la Religion cristiana;

esta lo ha dicho todo con una palabra tan tierna, como llena de

sentido: _Amor_.

Permítaseme llamar muy particularmente la atencion de los lectores

sobre la teoría que voy á desenvolver. Despues de tantas dificultades

como hemos amontonado hasta aquí, sobre el fundamento del órden moral,

necesario es que procuremos adquirir alguna luz sobre un objeto tan

importante. Esta luz nos confirmará mas y mas una verdad que la

ciencia nos pone de manifiesto repetidas veces: cuando se llega á los

principios de las ciencias, ó á sus últimos resultados, estad seguros

de que las ideas cristianas no os serán inútiles, y que os comunicarán

alguna leccion de trascendencia; en el edificio de los conocimientos

humanos las hallaréis iluminando el cimiento y la cúpula.

No se imagine el lector, que en vez de una teoría científica, voy á

ofrecerle un capítulo de mística: estoy seguro de que al concluir la

lectura, se hallará convencido, de que aun bajo el aspecto puramente

científico, hay en esta doctrina mucha mas exactitud y profundidad que

en otras cuyos autores se guardan de emplear la palabra _Dios_, como

si este nombre augusto manchase las páginas de la ciencia.

[227.] La moralidad absoluta es el amor de Dios; todas las ideas y

sentimientos morales son aplicaciones y participaciones de este amor.

Hagamos la prueba llevando este principio fecundo á todas las regiones

del mundo moral.

¿Qué es la moralidad absoluta en Dios? ¿cuál es el atributo del ser

infinito que llamamos santidad? El amor de sí mismo, de su perfeccion

infinita. En Dios no hay deber propiamente dicho, hay necesidad

absoluta de ser santo; porque tiene necesidad absoluta de amar su

perfeccion infinita. Así la moralidad en su sentido mas absoluto, en

su grado mas alto, esto es la santidad infinita, es independiente de

todo libre albedrío. Dios no puede dejar de ser santo.

[228.] Pero se preguntará por qué Dios se _ha de_ amar á sí mismo?

esta cuestion carece de sentido cuando se profundiza la materia sobre

que versa; porque supone que se puede expresar exactamente en términos

relativos lo que es enteramente absoluto. La proposicion: Dios se _ha

de_ amar á sí mismo no es exacta; la rigurosa exactitud solo se halla

en esta otra: Dios se ama á sí mismo; porque expresa de una manera

absoluta, un hecho absoluto. Si ahora se pregunta ¿por qué Dios se ama

á sí mismo? responderemos que tanto valdria preguntar: por qué Dios se

conoce á sí mismo; ó por qué entiende la verdad, ó por qué existe; en

llegando á estas cuestiones nos encontramos en el orígen primitivo,

con cosas absolutas, incondicionales; entonces, todo _porque_ es

absurdo.

[229.] Infiérese de esta doctrina que no es exacto que la moralidad no

pueda ser expresada en una proposicion absoluta. Ella en sí misma, en

su grado infinito, es una verdad absoluta; implica una identidad cuyo

opuesto es contradictorio; por manera que considerada en su mayor

altura, está no menos ligada con el principio de contradiccion, que

todas las verdas metafísicas y geométricas. Hé aquí su fórmula mas

simple: El ser infinito se ama á sí mismo.

[230.] Continuemos desenvolviendo esta doctrina.

Dios, en las profundidades de su inteligencia, ve desde toda la

eternidad una infinidad de criaturas posibles. Encerrando en sí propio

el fundamento de la posibilidad de las mismas y de todas las

relaciones que las pueden enlazar entre sí ó con su Criador, nada

puede existir independiente de Dios; así, no es posible que ningun ser

deje de ordenarse á Dios. El fin que Dios se ha propuesto en la

creacion, no puede ser otro que el mismo Dios; pues que antes de la

creacion nada existia sino él, y despues de la creacion todas cuantas

perfecciones se hallan en las criaturas, las tiene Dios formal ó

virtualmente en un grado infinito. Luego este órden de todas las

criaturas á Dios como á ultimo fin, es una condicion inseparable de

las mismas; condicion vista por Dios desde toda la eternidad, en todos

los mundos posibles. Todo lo que ha sido criado y todo lo que puede

serlo, es la realizacion de una idea divina, de lo que está

representado en el entendimiento infinito, y con las propiedades

absolutas ó relativas que se hallen preexistentes en aquella

representacion. Así, todo cuanto existe y puede existir, debe hallarse

sometido á la condicion de ordenarse á Dios, sin lo cual su existencia

seria imposible.

[231.] Entre las criaturas en que se realiza la representacion

preexistente en el entendimiento divino, las hay dotadas de voluntad;

esta es la inclinacion á lo conocido; y significa un principio de las

determinaciones propias, mediante un acto de inteligencia. Si la

criatura conociese intuitivamente á Dios, su acto de voluntad seria

necesariamente moral, porque seria necesariamente un acto de amor de

Dios. La rectitud de la voluntad criada seria entonces un incesante

reflejo de la santidad infinita, ó del amor que Dios se tiene á sí

propio. En tal caso, la perfeccion moral de la criatura tampoco seria

libre; mas no dejaria por esto de ser perfeccion moral y en un grado

eminente. Habria entonces una perpetua conformidad de la voluntad

criada con la voluntad infinita; porque la criatura amando á Dios con

una feliz necesidad, no querria, ni podria querer otra cosa que lo que

quisiese el mismo Dios. La moralidad de la voluntad criada seria esta

conformidad perenne con la voluntad divina; conformidad que no se

distinguiria del acto moral y santo por esencia: el amor de la

criatura al ser infinito.

Pero cuando el conocimiento de Dios no es intuitivo, cuando la idea que

de él tiene la criatura es un concepto incompleto y que encierra varias

nociones indeterminadas, el bien infinito en sí mismo, no es amado por

necesidad, porque no es conocido como es en sí mismo. La voluntad tiene

una inclinacion al bien, pero al bien indeterminadamente; y por tanto no

siente una inclinacion necesaria hácia ningun objeto real. El bien se le

ofrece bajo una idea general é indeterminada, con aplicaciones muy

varias, y hácia ninguna de ellas se inclina con necesidad absoluta; de

aquí dimana su libertad para salirse del órden visto por Dios, como

conforme á sus soberanos designios: en lo cual la libertad lejos de ser

una perfeccion, es un defecto, que nace de la debilidad del conocimiento

del ser que la posee.

[232.] La criatura racional conformándose en sus actos con la voluntad

de Dios, realiza el órden que Dios quiere; amando este órden, ama lo

que Dios ama. Si aunque realice este órden, la criatura en su libertad

no ama el mismo órden, y procede por motivos independientes de él, su

voluntad, ejecutando materialmente el acto, no ama lo que Dios ama; y

hé aquí la linea divisoria de la moralidad y de la inmoralidad. La

moralidad del acto propiamente dicha, consiste en la conformidad

explícita ó implícita de la voluntad criada con la voluntad divina; y

esa perfeccion misteriosa que descubrimos en los actos morales, esa

hermosura que nos encanta y atrae, no es otra cosa que la conformidad

con la voluntad divina; el carácter absoluto que encontramos en la

moralidad, es el amor explícito ó implícito de Dios; y por

consiguiente un reflejo de la santidad infinita, ó del amor con que

Dios se ama á sí mismo.

Hagamos aplicaciones de esta doctrina que se muestra tanto mas exacta

cuanto mas se la hace descender al terreno de los hechos.

Filosofía Fundamental, Tomo IV · 第 19 / 21 段