voluntad de Dios; pues en tal caso se seguiria que Dios podria hacer
lo bueno malo, y lo malo bueno. La ley eterna, no puede ser otra cosa
que la razon eterna, ó bien la representacion del órden moral en el
entendimiento divino. En tal caso, la moralidad parece, segun nuestro
modo de concebir, que precede á su representacion; esto es, que la
moralidad está representada en el entendimiento divino, porque ella
es; pero no es, porque esté representada. En el órden moral llegamos á
un caso semejante al de las esencias metafísicas y geométricas. Las
verdades geométricas por ejemplo, son eternas en cuanto están
representadas en la razon eterna; y esta representacion supone una
verdad intrínseca en ellas mismas, y absolutamente necesaria, pues que
de otro modo la representacion podria ser falsa. Mas, como quiera que
dicha verdad ha de tener algun fundamento eterno (Lib. IV, Cap.^s
XXIV, XXV, XXVI y XXVII), y este no se halla en los seres finitos, se
le ha de buscar en el ser infinito por esencia, donde está la razon de
todo. Su entendimiento representa la verdad, y por tanto es verdadero;
pero esta misma verdad se funda en la esencia del mismo ser infinito
que la conoce.
[208.] Las verdades morales no se distinguen en este punto de las
metafísicas; su orígen está en Dios, la moral no puede ser atea. ¿Por
qué se representan en Dios unas cosas como buenas y otras como malas?
buscar la razon de esto equivale á preguntar por qué los triángulos no
se representan circulares, y los círculos triangulares. Si hay una
necesidad intrínseca, ó no podremos señalar la razon de ella, ó de
todos modos debemos llegar á una razon que no puede explicarse por
otra razon. Siempre será preciso pararnos en un punto donde digamos:
es así, y nada mas. La ulterior satisfaccion que en tal caso
pudiéramos desear, nos es imposible alcanzarla, en no viendo
intuitivamente la esencia infinita donde se halla la primera y la
última razon de todo.
[209.] Para estar representadas las cosas como buenas ó malas, y aun
para concebirlas representadas como tales, es necesario que se les
suponga bondad ó malicia.
¿Qué es ser una cosa buena? si decimos que es el ser representada como
buena en el entendimiento divino, hacemos entrar en la definicion la
misma cosa definida: siempre queda la dificultad: ¿qué significa ser
representada como buena?
La bondad no puede consistir en la simple representacion, de suerte
que sea bueno todo lo que está representado en Dios, porque entonces
se seguiria que todo es bueno porque todo está representado en Dios.
Luego para que una cosa sea buena, no solo debe ser representada, sino
representada bajo tal ó cual carácter, que la constituya buena; en
cuyo caso, hallamos aun en pié toda la dificultad: ¿cuál es este
carácter?
[210.] Aclaremos las ideas comparando una verdad metafísica con una
verdad moral. Todos los diámetros de un mismo círculo son iguales;
esta verdad no depende de ningun círculo particular; se funda en la
misma esencia del círculo; y esta á su vez, con todas sus propiedades
y relaciones, se halla representada desde toda la eternidad en la
esencia infinita, donde con la plenitud del ser, hay la representacion
y el conocimiento de todas las participaciones finitas en que se
pueden ejercer la sabiduría y la omnipotencia infinita. Todas las
participaciones están sujetas al principio de contradiccion; en
ninguna de ellas se puede verificar que el ser deje de excluir al no
ser y recíprocamente; de aquí dimana la necesidad de todas las
propiedades y relaciones, sin las cuales no subsiste el principio de
contradiccion: entre ellas se cuenta la igualdad de todos los
diámetros del mismo círculo.
[211.] Estas consideraciones sugieren la cuestion: ¿es posible
explicar el órden moral del mismo modo que el metafísico y el
matemático, manifestándole contenido en el principio de contradiccion?
[212.] Es fácil de notar que en todas las verdades metafísicas y
matemáticas se expresa ó se niega la identidad. A es B, ó A no es B; á
esto se reducen todas las proposiciones posibles; esta es la fórmula
general de todas las verdades de un órden absoluto. De otra manera
sucede en el órden moral, donde nunca se expresa nada absolutamente,
como lo indica la misma forma de las proposiciones morales. Dios es
bueno. Aquí se expresa una verdad metafísica. Dios _debe ser_ amado, ó
en otros términos: _se ha_ de amar á Dios. Aquí se expresa una verdad
moral. Nótese la diferencia: en un caso se dice _es_, absolutamente;
en el otro, _debe ser_, _se ha_, _hay obligacion de_, empleándose
diferentes expresiones que todas significan una misma cosa; pero en
todas ellas ha desaparecido el _ser_, como afirmacion absoluta. Al
parecer ninguna proposicion moral puede expresarse de esta manera,
atendiendo á los elementos primitivos de nuestras ideas morales,
porque en todas estas proposiciones se implica la idea del deber, que
es esencialmente una idea relativa.
[213.] El amar á Dios es bueno. Esta es una proposicion moral cuya
estructura parece contradecir lo que acabo de establecer. Aquí se
encuentra una afirmacion absoluta expresada simplemente por _es_, como
en las proposiciones metafísicas ó matemáticas. No obstante, por poco
que se reflexione, se echará de ver que este carácter absoluto
desaparece, si se atiende á la naturaleza del predicado. ¿Qué
significa _bueno_? hénos aquí con una idea esencialmente relativa, lo
cual comunicará este mismo carácter á la proposicion que se presentaba
como absoluta. El amar á Dios es bueno, significará: el amar á Dios es
una cosa conforme á la razon ó á la ley eterna, ó agradable á Dios, ó
una cosa á que estamos obligados; siempre una idea relativa, jamás una
idea absoluta como estas otras: ser, no ser, triángulo, círculo etc.
etc.
[214.] Bueno, dicen algunos, es lo que conduce al fin que corresponde
al ser inteligente. Esta explicacion no debe confundirse con la teoría
del interés privado; teoría rechazada por la religion, por los
sentimientos del corazon, y combatida por los pensadores mas
profundos; aquí, al hablar de fin se trata de un fin último, superior
á lo que suele entenderse por la expresion: interés privado. Sin duda
que el llegar al último fin, es un grande interés del ser inteligente;
pero al menos este interés se toma en un sentido grandioso, que no
alienta el desarrollo de un egoismo mezquino.
Reconocida esta diferencia entre las dos doctrinas, diré que tampoco
esta última me parece admisible. La bondad moral ha de ser conducente
al fin; mas esto no constituye el carácter de la moralidad. En efecto:
¿qué se entiende por fin? si se entiende el mismo Dios, acto moral
será el acto que conduce á Dios; en cuyo caso permanece en pié la
dificultad, pues que faltará saber, qué se entiende por _conducir_. Si
es el acarrear la felicidad, que consiste en la union con Dios ¿_cómo_
se acarrea esta felicidad? Cumpliendo lo que Dios ha mandado--Cierto;
pero entonces preguntaremos: 1.º por qué el hacer lo que Dios ha
mandado, conduce á la felicidad; 2.º por qué Dios ha mandado unas
cosas, y ha prohibido otras; lo cual equivale á plantear de nuevo la
cuestion de la moralidad intrínseca.
[215.] Además, la idea de felicidad nos ofrece una cosa muy distinta
de la de moralidad. Imaginando un ser que sacrifica toda su dicha por
otros seres, tendremos la idea de un ser altamente moral, y sin
embargo infeliz. Si la moralidad consistiese en la felicidad, la
participacion de la felicidad seria la participacion de la moralidad;
todo goce seria un acto moral; y solo podria ser inmoral, por no ser
bastante vivo ó bastante duradero. A medida que nos elevaríamos á la
idea de un goce mas duradero y vivo, nos formaríamos la idea de una
moralidad mas alta; el goce mas exento de disgusto, seria el acto de
moralidad mas pura: y ¿quién no ve que esto trastorna nuestras ideas
morales, y repugna á nuestros sentimientos?
[216.] No basta decir que un ser moral alcanzará la felicidad; y que
su felicidad será tanto mayor, cuanto mayor haya sido su moralidad;
esto solo prueba que la felicidad es el premio de la virtud; pero no
autoriza á confundir aquella con esta, el galardon con el mérito.
[217.] El confundir la moralidad con la dicha, es reducir la moral á
una combinacion de cálculo, es despojar la virtud de ese brillo
purísimo que nos atrae y encanta, y que nos la hace parecer tanto mas
bella, cuanto mas unida está con el sufrimiento. Si identificamos la
felicidad con la moralidad; el desinterés será un cálculo de interés,
un sacrificio de un interés menor á un interés mayor, una pérdida en
lo presente, para ganar en el porvenir.
Nó, la moralidad de las acciones, no es un negocio de cálculo: el
virtuoso alcanza premio; puede tambien desear este premio; mas para
que el acto sea virtuoso, se necesita algo mas que la combinacion para
alcanzarle; es preciso que hallemos algo que haga el acto meritorio
del premio; y ni siquiera concebimos que pueda estarle reservado el
premio á ningun acto, sino porque en sí mismo es meritorio.
Cuando Dios ha preparado castigos para unos actos y premios para
otros, ha debido hallar en ellos una diferencia intrínseca; y por esto
les ha señalado destinos diferentes; pero segun el sistema que
combatimos, los actos no serian buenos sino en cuanto conducentes al
premio, y no habria ninguna razon porque condujesen á él los unos con
preferencia, á los otros. Esta razon se ha de encontrar en una
diferencia intrínseca de los mismos; si no se quiere caer en el
absurdo de que todas los acciones son indiferentes en sí mismas, y que
las malas podrian ser buenas, y las buenas malas.
[218.] El ser conducente al bien de la humanidad es otro carácter
incompleto de la moralidad de las acciones. Desde luego salta á la
vista, que esta moralidad, seria solamente la humana; y por tanto no
comprenderia la moralidad intrínseca, que consideramos comun á todos
los seres inteligentes.
[219.] Además; ¿de qué bien se trata? en qué estado se considera la
humanidad? ¿Se habla de una sociedad constituida en nacion; ó de la
humanidad propiamente dicha; de una generacion ó de muchas; de su
destino en la tierra ó en el porvenir de la otra vida? ¿Se habla de su
_bienestar_, ó de su desarrollo y perfeccionamiento prescindiendo de
su mayor ó menor bienestar? Si la moralidad de las acciones se ha de
tomar de su _conducencia_, por decirlo así, al bien general de la
humanidad, ¿en qué consiste este bien supremo? ¿Es el desarrollo de la
inteligencia, es el de la fantasía ó del corazon; es el de las artes
útiles que proporcionan goces materiales? No se puede entonces poner
como término la perfeccion moral, pues que por el supuesto, la
moralidad seria un medio; y las acciones serian tanto mas morales,
cuanto serian medios mas útiles para lograr el bien general.
[220.] Decir que la moralidad es únicamente objeto del sentimiento, y
que no se puede señalar otro carácter de lo bueno, sino esa perfeccion
misteriosa que sentimos en la virtud; es desterrar la moral como
ciencia, cerrando completamente las puertas á toda investigacion. No
niego que hay en nosotros un sentimiento moral; y que nuestro corazon
abriga misteriosas simpatías por la virtud; pero creo que con este
hecho, es muy compatible el estudio científico de los fundamentos del
órden moral. Es necesario reconocer el carácter primitivo de algunos
hechos de nuestro espíritu, y no empeñarse en querer explicarlo todo;
pero conviene guardarse de la exageracion, que en esto será tanto mas
peligrosa, cuanto se cubrirá con el manto de la modestia.
CAPÍTULO XX.
EXPLICACION FUNDAMENTAL DEL ÓRDEN MORAL.
[221.] En la moralidad ha de haber algo absoluto. No es posible
concebir una cosa relativa sola, sin algo absoluto en que se funde.
Además, toda relacion implica un término de referencia, y por
consiguiente, aun cuando supongamos una serie de referencias, es
necesario llegar al término último. Esto manifiesta por qué no
satisfacen al entendimiento las explicaciones de la moralidad
puramente relativas: la razon y hasta el sentimiento, buscan algo
absoluto en que puedan fijarse.
A mas de este argumento puramente ontológico en favor de lo absoluto
de la moralidad, hay otros mas al alcance del comun de los hombres, y
no menos concluyentes.
[222.] En el ser infinitamente perfecto concebimos santidad infinita,
independientemente de la existencia de las criaturas; ¿y qué es la
_santidad_ infinita, sino la perfeccion _moral_ en un grado infinito?
Esta razon es decisiva para todo el mundo, excepto los ateos: quien
admite la existencia de Dios debe admitir su santidad; lo contrario
repugna á la razon, al corazon, al sentido comun. Luego existe algo
moral absoluto; luego la moralidad en sí misma, no puede explicarse
por ninguna relacion de las criaturas á un fin; pues que la moralidad
en un grado infinito, existiria, aun cuando no hubiese habido ni
hubiese jamás, ninguna criatura.
[223.] Al concebir un ser inteligente criado, concebimos tambien la
moralidad como una ley inflexible á que sus acciones deben sujetarse.
Es de notar que esta moralidad la concebimos, aun suponiendo un ser
inteligente enteramente solo: luego la moralidad no puede explicarse
por la relacion de unas criaturas con otras. Fingid un hombre
enteramente solo sobre la tierra ¿podréis concebirle exento de toda
moralidad? ¿Será igualmente bello en el órden moral el que trabaje
para perfeccionar su entendimiento y desarrollar armónicamente todas
sus facultades, ó el que se abandone á instintos groseros
confundiéndose con los brutos por su estupidez y envilecimiento?
Imaginad que desaparece la tierra y todo el universo corpóreo, y todos
los seres criados, excepto una sola inteligencia: ¿podeis concebir á
esta criatura enteramente exenta de toda ley moral? En sus
pensamientos, en sus actos do voluntad, ¿podeis figuraros que sea todo
indiferente, y que la moralidad sea para ella una palabra sin sentido?
Es imposible, si no queremos luchar abiertamente con nuestras ideas
primitivas, con nuestros sentimientos mas profundos, con el sentido
comun de la humanidad. Hé aquí pues otra prueba de que hay en el órden
moral algo absoluto, una perfeccion intrínseca, independiente de las
relaciones mutuas de las criaturas; una belleza propia, en ciertas
acciones de la criatura inteligente y libre.
[224.] La imputabilidad de las acciones nos ofrece otro argumento en
confirmacion de la misma verdad. La moralidad no se mide nunca por el
resultado; los quilates de ella se aprecian por lo _inmanente_; esto
es, por los motivos que han impulsado á querer, por la mayor ó menor
deliberacion que ha precedido al acto de la voluntad, por la mayor ó
menor intensidad de este mismo acto. Si alguna vez se atiende á los
resultados, todo el valor moral que á estos se atribuye nace de lo
interior del alma: la prevision ó imprevision de ellos, ó la
posibilidad ó imposibilidad de preverlos; el haberlos querido ó nó; el
habérselos propuesto como objeto principal ó secundario; el haberlos
deseado con ahinco ó el haberlos arrostrado con dolor y repugnancia;
estas y otras consideraciones semejantes se tienen presentes cuando se
quieren apreciar y graduar el mérito ó demérito de una accion que ha
tenido tales ó cuales resultados. De donde se infiere que estos no
significan nada en el órden moral, sino en cuanto está expresado en
ellos el acto de la voluntad.
[225.] Este carácter de _inmanencia_, esencial á los actos morales,
destruye por su base todas las teorías que fundan la moralidad en
combinaciones externas, sean las que fueren; y demuestra que el acto
de un ser inteligente y libre es bueno ó malo en sí mismo,
prescindiendo absolutamente de todas sus consecuencias buenas ó malas,
que de un modo ú otro no hayan estado contenidas en el acto interno.
Un hombre, que por un acto cuyas consecuencias no previese ni pudiese
prever, perjudicase gravemente á todo el linaje humano, seria
inocente; y otro que con una intencion dañada, hiciese un gran
beneficio á la humanidad entera, seria un perverso. Un hombre salva á
su patria, por un sentimiento de vanidad, ó con un fin de ambicion ó
de codicia: su accion salvadora, no es mirada como un acto virtuoso.
Otro, con la intencion mas desinteresada y pura, con el mas ardiente
anhelo de salvar á su patria, la compromete, por un error, la pierde;
este desventurado no deja de ser un hombre virtuoso; la misma accion
funesta en resultados, es considerada como un acto de virtud.
[226.] ¿En qué consiste pues la moralidad absoluta? ¿dónde se halla el
manantial oculto del cual fluye ese raudal de belleza que todos
sentimos, que lo inunda todo, hermoseándolo todo; ese raudal con cuya
falta se marchitaria el mundo de las inteligencias?
Me parece que en este punto, como en muchos otros, la ciencia no ha
notado bastante la admirable profundidad de la Religion cristiana;
esta lo ha dicho todo con una palabra tan tierna, como llena de
sentido: _Amor_.
Permítaseme llamar muy particularmente la atencion de los lectores
sobre la teoría que voy á desenvolver. Despues de tantas dificultades
como hemos amontonado hasta aquí, sobre el fundamento del órden moral,
necesario es que procuremos adquirir alguna luz sobre un objeto tan
importante. Esta luz nos confirmará mas y mas una verdad que la
ciencia nos pone de manifiesto repetidas veces: cuando se llega á los
principios de las ciencias, ó á sus últimos resultados, estad seguros
de que las ideas cristianas no os serán inútiles, y que os comunicarán
alguna leccion de trascendencia; en el edificio de los conocimientos
humanos las hallaréis iluminando el cimiento y la cúpula.
No se imagine el lector, que en vez de una teoría científica, voy á
ofrecerle un capítulo de mística: estoy seguro de que al concluir la
lectura, se hallará convencido, de que aun bajo el aspecto puramente
científico, hay en esta doctrina mucha mas exactitud y profundidad que
en otras cuyos autores se guardan de emplear la palabra _Dios_, como
si este nombre augusto manchase las páginas de la ciencia.
[227.] La moralidad absoluta es el amor de Dios; todas las ideas y
sentimientos morales son aplicaciones y participaciones de este amor.
Hagamos la prueba llevando este principio fecundo á todas las regiones
del mundo moral.
¿Qué es la moralidad absoluta en Dios? ¿cuál es el atributo del ser
infinito que llamamos santidad? El amor de sí mismo, de su perfeccion
infinita. En Dios no hay deber propiamente dicho, hay necesidad
absoluta de ser santo; porque tiene necesidad absoluta de amar su
perfeccion infinita. Así la moralidad en su sentido mas absoluto, en
su grado mas alto, esto es la santidad infinita, es independiente de
todo libre albedrío. Dios no puede dejar de ser santo.
[228.] Pero se preguntará por qué Dios se _ha de_ amar á sí mismo?
esta cuestion carece de sentido cuando se profundiza la materia sobre
que versa; porque supone que se puede expresar exactamente en términos
relativos lo que es enteramente absoluto. La proposicion: Dios se _ha
de_ amar á sí mismo no es exacta; la rigurosa exactitud solo se halla
en esta otra: Dios se ama á sí mismo; porque expresa de una manera
absoluta, un hecho absoluto. Si ahora se pregunta ¿por qué Dios se ama
á sí mismo? responderemos que tanto valdria preguntar: por qué Dios se
conoce á sí mismo; ó por qué entiende la verdad, ó por qué existe; en
llegando á estas cuestiones nos encontramos en el orígen primitivo,
con cosas absolutas, incondicionales; entonces, todo _porque_ es
absurdo.
[229.] Infiérese de esta doctrina que no es exacto que la moralidad no
pueda ser expresada en una proposicion absoluta. Ella en sí misma, en
su grado infinito, es una verdad absoluta; implica una identidad cuyo
opuesto es contradictorio; por manera que considerada en su mayor
altura, está no menos ligada con el principio de contradiccion, que
todas las verdas metafísicas y geométricas. Hé aquí su fórmula mas
simple: El ser infinito se ama á sí mismo.
[230.] Continuemos desenvolviendo esta doctrina.
Dios, en las profundidades de su inteligencia, ve desde toda la
eternidad una infinidad de criaturas posibles. Encerrando en sí propio
el fundamento de la posibilidad de las mismas y de todas las
relaciones que las pueden enlazar entre sí ó con su Criador, nada
puede existir independiente de Dios; así, no es posible que ningun ser
deje de ordenarse á Dios. El fin que Dios se ha propuesto en la
creacion, no puede ser otro que el mismo Dios; pues que antes de la
creacion nada existia sino él, y despues de la creacion todas cuantas
perfecciones se hallan en las criaturas, las tiene Dios formal ó
virtualmente en un grado infinito. Luego este órden de todas las
criaturas á Dios como á ultimo fin, es una condicion inseparable de
las mismas; condicion vista por Dios desde toda la eternidad, en todos
los mundos posibles. Todo lo que ha sido criado y todo lo que puede
serlo, es la realizacion de una idea divina, de lo que está
representado en el entendimiento infinito, y con las propiedades
absolutas ó relativas que se hallen preexistentes en aquella
representacion. Así, todo cuanto existe y puede existir, debe hallarse
sometido á la condicion de ordenarse á Dios, sin lo cual su existencia
seria imposible.
[231.] Entre las criaturas en que se realiza la representacion
preexistente en el entendimiento divino, las hay dotadas de voluntad;
esta es la inclinacion á lo conocido; y significa un principio de las
determinaciones propias, mediante un acto de inteligencia. Si la
criatura conociese intuitivamente á Dios, su acto de voluntad seria
necesariamente moral, porque seria necesariamente un acto de amor de
Dios. La rectitud de la voluntad criada seria entonces un incesante
reflejo de la santidad infinita, ó del amor que Dios se tiene á sí
propio. En tal caso, la perfeccion moral de la criatura tampoco seria
libre; mas no dejaria por esto de ser perfeccion moral y en un grado
eminente. Habria entonces una perpetua conformidad de la voluntad
criada con la voluntad infinita; porque la criatura amando á Dios con
una feliz necesidad, no querria, ni podria querer otra cosa que lo que
quisiese el mismo Dios. La moralidad de la voluntad criada seria esta
conformidad perenne con la voluntad divina; conformidad que no se
distinguiria del acto moral y santo por esencia: el amor de la
criatura al ser infinito.
Pero cuando el conocimiento de Dios no es intuitivo, cuando la idea que
de él tiene la criatura es un concepto incompleto y que encierra varias
nociones indeterminadas, el bien infinito en sí mismo, no es amado por
necesidad, porque no es conocido como es en sí mismo. La voluntad tiene
una inclinacion al bien, pero al bien indeterminadamente; y por tanto no
siente una inclinacion necesaria hácia ningun objeto real. El bien se le
ofrece bajo una idea general é indeterminada, con aplicaciones muy
varias, y hácia ninguna de ellas se inclina con necesidad absoluta; de
aquí dimana su libertad para salirse del órden visto por Dios, como
conforme á sus soberanos designios: en lo cual la libertad lejos de ser
una perfeccion, es un defecto, que nace de la debilidad del conocimiento
del ser que la posee.
[232.] La criatura racional conformándose en sus actos con la voluntad
de Dios, realiza el órden que Dios quiere; amando este órden, ama lo
que Dios ama. Si aunque realice este órden, la criatura en su libertad
no ama el mismo órden, y procede por motivos independientes de él, su
voluntad, ejecutando materialmente el acto, no ama lo que Dios ama; y
hé aquí la linea divisoria de la moralidad y de la inmoralidad. La
moralidad del acto propiamente dicha, consiste en la conformidad
explícita ó implícita de la voluntad criada con la voluntad divina; y
esa perfeccion misteriosa que descubrimos en los actos morales, esa
hermosura que nos encanta y atrae, no es otra cosa que la conformidad
con la voluntad divina; el carácter absoluto que encontramos en la
moralidad, es el amor explícito ó implícito de Dios; y por
consiguiente un reflejo de la santidad infinita, ó del amor con que
Dios se ama á sí mismo.
Hagamos aplicaciones de esta doctrina que se muestra tanto mas exacta
cuanto mas se la hace descender al terreno de los hechos.