fenómeno de la espontaneidad: el genio de los poetas, de los artistas,
de los grandes capitanes de todos los siglos; los tiempos fabulosos y
los heróicos; el misticismo; las religiones, todo lo aprovechan
algunos filósofos de nuestros dias, para escribir trozos, que ni son
de filosofía, ni de historia, ni de poesía; y que solo deben mirarse
como raudales de palabras, relumbrantes y sonoras, que escritores de
fantasía galana y facundia inagotable derraman sobre el abrumado
entendimiento del cándido lector. Y bien ¿á qué se reduce esa
espontaneidad, esa inspiracion de que tanto se nos habla? Fijemos las
ideas, consignando y clasificando los hechos.
[177.] La razon propiamente dicha, no se desplega en el espíritu
humano completamente aislado de otros espíritus; y no bastan á
despertarla los espectáculos de la naturaleza. La estupidez de los
niños encontrados en los bosques, y la escasa inteligencia de los
sordo-mudos, son irrecusable prueba de esta verdad.
[178.] El espíritu humano puesto en comunicacion con otros espíritus,
experimenta un desarrollo en parte espontáneo y directo, en parte
laborioso y reflexivo. Este es otro hecho que sentimos todos en
nosotros mismos. Los espíritus á proporcion de que sus cualidades son
mas aventajadas, se desenvuelven con mas espontaneidad.
[179.] De los pensamientos que nos ocurren repentinamente y que nos
parecen puramente espontáneos, no pocos son reminiscencias mas ó menos
fieles de lo que hemos leido, ú oido, ó reflexionado anteriormente; y
por consiguiente dimanan de un hecho _preparatorio_, del cual no nos
acordamos. Así se explica, por qué la inventiva en todos géneros se
perfecciona con el trabajo.
[180.] Como en el desarrollo de las facultades del alma, ejerce
poderosa influencia la organizacion de nuestro cuerpo, podemos decir
que la espontaneidad de algunos fenómenos internos, está ligada con
ciertas alteraciones de nuestra organizacion.
[181.] No hay ninguna dificultad _filosófica_ en admitir una
comunicacion _inmediata_ de nuestro espíritu con otro espíritu
superior; y por consiguiente tampoco la hay en conceder que algunos
fenómenos internos espontáneos, nacen de la influencia directa que
dicho espíritu superior ejerce sobre el nuestro.
[182.] El género humano no ha tenido primitivamente un desarrollo
espontáneo, independiente de la accion del Criador; la filosofía nos
indica la necesidad de una enseñanza primitiva, sin la cual el
espíritu humano no habria salido jamás de un estado de embrutecimiento
y estupidez. Esta última observacion merece algunas aclaraciones.
[183.] La religion nos atestigua una instruccion y educacion
primitivas del linaje humano, hechas por el mismo Dios en la persona
del primer hombre: esto es altamente conforme á la enseñanza de la
razon y de la experiencia.
Nuestro espíritu posee innumerables gérmenes, pero es preciso que una
causa externa los desarrolle. Un hombre enteramente solo desde su
niñez, ¿qué seria? poco mas que un bruto: la piedra preciosa estaria
cubierta con tierra grosera, que no la dejaria brillar.
La palabra no produce ni puede producir la idea; esto es cierto; la
razon de las ideas no está en el lenguaje; la razon del lenguaje está
en las ideas. La palabra es un signo: y no se significa lo que no se
concibe. Pero este signo, este instrumento, es de un uso maravilloso:
las palabras son al entendimiento lo que las ruedas á la potencia de
una máquina; la potencia le da el movimiento, pero la máquina no
andaria sin las ruedas. Faltando la palabra, la inteligencia podria
tener algun movimiento; pero muy lento, muy imperfecto, muy pesado.
[184.] La Biblia nos presenta al hombre hablando luego de criado: el
lenguaje le fué pues enseñado por Dios. Este es otro hecho admirable
que la razon confirma plenamente. El hombre no puede inventar el
lenguaje. Esta invencion excede á cuantas se pueden imaginar ¿y se
quiere atribuirla á hombres tan estúpidos como son los que carecen del
lenguaje? Menos extraño seria que un hotentote inventara de repente el
cálculo infinitesimal.
[185.] El hombre mas rudo que sabe una lengua, posee un tesoro de
ideas mayor de lo que se cree. En el discurso mas sencillo se
encuentran muchas ideas físicas, metafísicas y morales. En el grado
mas ínfimo del estado social, se oyen discursos semejantes al
siguiente: «no he querido perseguir mas lejos la fiera, por temor de
que irritada, no hiciese daño.» Aquí hay las ideas de tiempo, de acto
de voluntad, de accion, de continuidad, de espacio, de causalidad, de
analogía, de fin y de moral.
Tiempo pasado = no _he_
Idea de acto de voluntad = _querido_,
Accion =_perseguir_.
Continuidad = _mas_,
Espacio = _lejos_.
Analogía = _irritada_.
Pues que por la irritacion observada en otros casos, se infiere la del
presente; y además se conoce la irritacion, por lo que nos sucede
cuando nos molestan.
Motivo y fin = _por temor de que_ irritada etc, etc.
Causalidad = no _hiciese daño_.
Moralidad = el _no dañar á otros_.
[186.] La ciencia va descubriendo la afinidad de las lenguas,
encontrándolas reunidas en grandes centros: las lenguas de los
salvajes no son elementos, sino fragmentos: no son la palabra
balbuciente de la infancia, sino la pronunciacion torpe y extravagante
de la degradacion y embriaguez.
[187.] La palabra no puede producir en el espíritu la idea de una
sensacion que no tenga: todos los discursos del mundo no darian la
idea de color á un ciego de nacimiento. Mucho menos podrán resultar de
la palabra las ideas puras, distintas de toda sensacion; y esto es una
razon poderosa en favor de las ideas innatas.
[188.] Las ideas de unidad, número, tiempo, causalidad, expresan cosas
no sensibles; luego no pueden ser producidas en nosotros por ninguna
representacion sensible expresada por palabras. Sin embargo, estas
ideas existen en nosotros como gérmenes susceptibles de un gran
desarrollo; primero por la experiencia de los sentidos, y luego por la
reflexion. El niño que habiendo acercado su mano á la lumbre se quema,
comienza á percibir la relacion de causalidad, que luego generaliza y
depura. Las grandes ideas de Leibnitz sobre la causalidad, eran la
idea de un Leibnitz niño. La diferencia estaba en el desarrollo. Así
la organizacion de la colosal encina, se halla bajo la corteza de la
bellota.
Unos han dicho que el entendimiento del hombre era como una tabla rasa
en que nada hay escrito; otros que era un libro que bastaba abrir para
leer; yo creo que se podria comparar á uno de esos papeles escritos
con tinta incolorada, que parecen blancos hasta que una friccion de un
líquido misterioso hace salir los caractéres negros. El líquido mágico
es la instruccion y la educacion.
[189.] Yo quisiera que se me mostrara un pueblo que por sí solo haya
salido del estado salvaje, ni aun del bárbaro. Todas las
civilizaciones que se conocen están subordinadas unas á otras por una
cadena no interrumpida. La civilizacion europea debe mucho al
cristianismo, y algo á la romana; la romana á la griega; la griega á
la egipciaca; la egipciaca á la oriental; y allí se encuentra un velo
que con nada se levanta, sino con los primeros capítulos del Génesis.
[190.] Para conocer al espíritu humano es preciso estudiar la historia
de la humanidad: quien aisla demasiado los objetos corre peligro de
mutilarlos; por esta razon se han escrito tantas frivolidades
ideológicas que han pasado por investigaciones profundas, no obstante
que distaban tanto de la verdadera metafísica como el arte de disponer
simétricamente un museo, de la ciencia del naturalista.
[191.] Si se defienden las ideas innatas, tampoco se puede negar á
nuestro entendimiento una fuerza para componer otras nuevas, á medida
que los objetos, y sobre todo la locucion, le excitan á ello; de lo
contrario seria menester decir que nada aprendemos ni podemos
aprender, y que lo tenemos ya todo de antemano en nuestro espíritu,
como escrito en un libro. Nuestro entendimiento parece una caja donde
hay todos los caractéres; mas para decir algo, ha menester de la mano
del cajista.
Esta imágen de los caractéres de imprenta me recuerda un hecho
ideológico que importa consignar: hablo del escasísimo número de ideas
que hay en nuestra mente, y de la asombrosa variedad de combinaciones
á que se prestan. Cuanto hay en el órden intelectual, se puede
encerrar en las categorías; las que, ora se adopten las de
Aristóteles, ora las de Kant, ú otro cualquiera, siempre se reducen á
muy pocas. Cada idea de esas que se pudieran llamar matrices, se
parece á un rayo de luz que pasando sucesivamente por innumerables
prismas, y reflejando en muchos espejos, presentase infinita variedad
de colores, matices y figuras.
Como nuestro pensamiento se reduce casi todo á la combinacion, y esta
puede hacerse de tantas maneras, es singular la comunidad necesaria
que en las combinaciones fundamentales tienen todos los espíritus. En
los puntos secundarios hay divergencia; mas nó en lo principal. Esto
prueba que la razon humana, en su existencia y en su desarrollo,
depende de una inteligencia infinita causa de todos los espíritus, y
maestra de todos ellos.
[192.] En apartándose de estas doctrinas, tan acordes con la filosofía
y la historia, la espontaneidad, ya sea del hombre, ya sea del linaje
humano, ó no significa nada, ó expresa las vagas y absurdas teorías
del panteismo idealista.
CAPÍTULO XVIII.
CAUSALIDAD FINAL. MORALIDAD.
[193.] Los seres activos que obran por conocimiento, necesitan tener,
á mas de su actividad eficiente, un principio moral de sus
determinaciones. Para querer, no basta la sola facultad de querer, es
necesario conocer lo que se quiere; pues nada es querido sin ser
conocido. Esto da orígen á la _causalidad final_, esencialmente
distinta de la eficiente, y que solo tiene lugar en los seres dotados
de inteligencia.
[194.] Recordando lo que se ha dicho (Cap. X) podemos notar que las
causas finales forman una serie distinta de las eficientes; y que lo
que en estas es accion física, es en aquellas influencia moral. En la
pintura de un cuadro, la serie de la causalidad eficiente, es esta: el
pincel, la mano, los músculos, los espíritus animales, el imperio de
la voluntad. Con esta serie, siempre necesaria para que el cuadro se
pinte, se pueden combinar diferentes series de causalidad final. El
artista puede haberse propuesto las que siguen. Lucir su ingenio y
esto para adquirir fama, y la fama para disfrutar el placer que se
experimenta con una nombradía gloriosa. Otra serie: contentar una
persona, para quien se trabaja el cuadro; y esto para que la persona
pague una cantidad de dinero; y el dinero, ó para las necesidades del
artista, ó para sus placeres. Otra: buscar en la pintura la
distraccion de una pesadumbre; y esto para conservar la salud. Es
evidente que se pueden excogitar muchas series de una influencia
puramente moral ó intelectual, series que solo concurren á la
produccion del efecto en cuanto se combinan con la serie eficiente,
influyendo en la determinacion del artista.
[195.] Esta influencia moral puede ejercerse de dos maneras:
arrastrando necesariamente la voluntad, ó dejándola con facultad para
querer ó no querer; en el primer caso hay una espontaneidad
voluntaria, pero necesaria; en el segundo, hay una espontaneidad
libre. Todo acto libre es voluntario, mas nó todo acto voluntario es
libre. Dios quiere libremente la conservacion de las criaturas; pero
quiere necesariamente la virtud, y no puede querer la iniquidad.
[196.] Mientras atendemos únicamente á la causalidad de eficiencia, no
hallamos mas que relaciones de causas y efectos; pero en atendiendo á
la causalidad final, se presenta un nuevo órden de ideas y de hechos:
_la moralidad_. Ante todo consignemos la existencia del hecho.
[197.] Bien y mal, moral, inmoral, justo, injusto, derecho, deber,
obligacion, mandato, prohibicion, lícito, ilícito, virtud y vicio, hé
aquí unas palabras que todos emplean de continuo y aplican á todo el
curso de la vida, á todas las relaciones del hombre con Dios, consigo
mismo y con sus semejantes, sin ninguna duda sobre su verdadero
significado, y entendiéndose perfectamente unos á otros; cual si
hablasen de los colores, de la luz ó de otros objetos de nuestros
sentidos. Al oir la palabra lícito ó ilícito aplicada a un acto ¿quién
pregunta lo que significa? Cuando se dice este hombre es virtuoso,
aquel vicioso, ¿quién duda sobre el sentido de estas expresiones? ¿Hay
nadie que encuentre alguna dificultad en comprender lo que significan
estas otras: tiene derecho á ejecutar este acto, está obligado á
cumplir con tal circunstancia, este es su deber, ha faltado á su
deber, esto está mandado, aquello está prohibido, esto es justo,
aquello es una injusticia, esto es una virtud heróica, aquello una
maldad, un crímen? No hay ideas mas comunes, mas vulgares, corren
entre los ignorantes como entre los sabios, en los pueblos bárbaros
como en los cultos, en la juventud de las sociedades como en su
infancia y vejez, en medio de costumbres puras como de la corrupcion
mas escandalosa: expresan algo primitivo, innato en el espíritu
humano, algo indispensable á su existencia, algo de que no puede
despojarse mientras está en el ejercicio de sus facultades. Habrá mas
ó menos equivocacion ó extravagancia en la aplicacion de dichas ideas
á ciertos casos particulares; pero las ideas matrices de bueno y malo,
justo é injusto, lícito é ilícito, son las mismas en todos tiempos y
países, forman como un ambiente en que el espíritu humano respira y
vive.
[198.] Es notable que ni aun aquellos que niegan la diferencia entre
el bien y el mal, pueden prescindir de esta diferencia. A un filósofo
que está escribiendo un tratado en que se burla de lo que él llama
_preocupaciones_ del humano linaje sobre la diferencia entre el bien y
el mal, decidle: «me parece, señor filósofo, que es V. un insigne
malvado, pues que de tal modo se propone combatir lo mas santo que hay
sobre la tierra;» y veréis como se olvida de su filosofía, y de cuanto
ha dicho sobre el _vano_ significado de las palabras virtud y vicio, y
se indigna de verse calificado de esta manera, y se defiende con
calor, y se empeña en probaros que es el hombre mas virtuoso del
mundo, y que en aquello mismo está dando repetidas pruebas de
_lealtad_, de _sinceridad_, de _honradez_. Poco importa que allá en
sus altas teorías, la honradez, la lealtad y la sinceridad sean
palabras destituidas de sentido, puesto que nada significan ni pueden
significar, en no admitiendo un órden moral; el filósofo arrostra sin
vacilar una inconsecuencia, ó mejor diremos, ni aun repara en ella:
las ideas y sentimientos morales se agitan en su alma desde el momento
que se le llama inmoral: deja de ser sofista y vuelve á ser hombre.
[199.] La idea de este órden moral, ¿podrá ser una preocupacion que no
teniendo cosa alguna que le corresponda en la realidad, y sin
fundamento en la naturaleza humana, deba su origen á la educacion, de
suerte que hubiese sido posible que los hombres viviesen sin ideas
morales ó con otras directamente contrarias á las que ahora tenemos?
Si es preocupacion, ¿cómo es que sea general á todos los tiempos y
países? ¿quién la ha comunicado al humano linaje? ¿quién ha sido tan
hábil y tan poderoso, para lograr que la adoptasen todos los hombres?
¿cómo se ha conseguido que las pasiones, hallándose en posesion de la
libertad, renunciasen á ella, admitiendo un dique que les impide
desbordarse, recibiendo un freno que de continuo las detiene y
molesta? ¿Quién fué ese hombre extraordinario, cuya accion alcanzó á
dominar todos los tiempos y países, las costumbres mas brutales, las
pasiones mas violentas, los entendimientos mas obtusos, que pudo
difundir la idea de un órden moral por toda la faz de la tierra, no
obstante la diversidad de los climas, de las lenguas, de las
costumbres, de las necesidades, de la variedad en el estado social de
los pueblos, y que consiguió dar á esta idea del órden moral, tal
fuerza, tal consistencia, que se conserva al través de todas las
vicisitudes, á pesar de los mas profundos trastornos, entre las ruinas
de los imperios, entre las fluctuaciones y transmigraciones de la
civilizacion, permaneciendo como una columna que no pueden conmover
las impetuosas olas de la corriente de los siglos?
No hay aquí la mano del hombre; un fenómeno de este género no nace de
combinaciones humanas; se funda en la naturaleza misma; es
indestructible porque es natural; así, y solo así, pueden explicarse
su universalidad y permanencia.
[200.] El negar toda diferencia entre el bien y el mal, es ponerse en
abierta contradiccion con las ideas mas arraigadas en el espíritu
humano, con los sentimientos mas profundos y poderosos; todos los
sofismas del mundo no serán capaces de persuadir á nadie, incluso el
mismo sofista, que no hay ninguna diferencia intrínseca entre consolar
á un afligido y aumentar su afliccion, entre socorrer á un infortunado
y agravar su infortunio, entre agradecer un beneficio y dañar al
bienhechor, entre cumplir la promesa y faltar á ella, entre hacer
limosna y robar el bien ajeno, entre ser fiel á un amigo y hacerle
traicion, entre morir por su patria y venderla alevemente á los
enemigos, entre respetar las leyes del pudor y violarlas con descaro,
entre la sobriedad y la embriaguez, entre la templanza en todos los
actos de la vida y el desórden de las pasiones desbocadas. No hay
razon, no hay ingenio, no hay cavilacion, de ninguna especie, capaces
de borrar esta línea divisoria. El sofista discute, imagina, finge,
sutiliza, pero todo es en vano; la naturaleza está aquí: ella dice al
insensato: hasta aquí llegarás, y aquí se quebrantará el orgullo de
tus olas.
[201.] Si no hay diferencia intrínseca entre el bien y el mal, y todo
cuanto se dice sobre la moralidad ó inmoralidad de las acciones no es
mas que un conjunto de palabra sin sentido, ó que al menos no tienen
otro que el recibido de las convenciones humanas, ¿cómo es que
mientras el justo duerme sosegado en su lecho, el malvado se agita con
el corazon destrozado por los remordimientos? ¿de dónde vienen
aquellos sentimientos de amor y de respeto que nos inspira lo que
llamamos virtud y la aversion que nos excita lo que apellidamos vicio?
El amor á los hijos, la veneracion á los padres, la fidelidad con los
amigos, la compasion por la desgracia, la gratitud hácia los
bienhechores; el horror que nos causa un padre cruel, un hijo
parricida, una esposa adúltera, un amigo desleal, un traidor á su
patria, una mano salpicada con la sangre de una víctima, la opresion
del desvalido, el desamparo del huérfano, la ingratitud con el
bienhechor; estos sentimientos, ¿no muestran mas claro que la luz del
dia, la mano del Todopoderoso esculpiendo en nuestras almas las ideas
del órden moral, y fortaleciéndolas con sentimientos que
instintivamente, aun cuando nos faltase el tiempo para reflexionar,
nos indicasen el camino que debemos seguir?
[202.] No niego que en el exámen de los fundamentos de la moral se
tropieza con graves dificultades; convengo en que el análisis de la
ciencia del bien y del mal es uno de los puntos mas recónditos de la
filosofía; pero estas dificultades nada prueban contra la expresada
diferencia. Nadie niega la existencia de un edificio aunque no se
pueda descubrir hasta dónde llegan sus cimientos; la misma profundidad
es un indicio de su solidez, una garantía de su duracion. La
diferencia entre el bien y el mal demostrada _à priori_ por los
sentimientos mas íntimos del corazon humano, se puede evidenciar con
solo atender á los resultados que produce su existencia ó no
existencia. Admitamos el órden moral é imaginemos que todos los
hombres arreglan su conducta conforme á esta _preocupacion_. ¿Cuál es
el resultado? el mundo se convierte en un paraíso; los hombres viven
como hermanos, usan con templanza de los dones de la naturaleza,
comparten su dicha, se ayudan en su desgracia; en el individuo, en la
familia, en la sociedad, reina la armonía mas encantadora; si el órden
moral es una preocupacion, necesario es confesar que jamás la hubo de
consecuencias mas grandes, mas saludables, mas bellas; si la virtud es
una mentira, jamás la hubo mas útil, mas hermosa, mas sublime.
[203.] Hagamos la contraprueba. Supongamos que la _preocupacion_
desaparece, y que todos los hombres se convencen de que el órden moral
es una vana ilusion y que es preciso desterrarla del entendimiento, de
la voluntad y de las obras; ¿cuál será el resultado? Destruido el
órden moral quedará solo el físico; cada cual pensará y obrará segun
sus cálculos, pasiones ó caprichos; no habrá mas guia para los hombres
que el ciego instinto de la naturaleza ó las frias especulaciones del
egoismo; el individuo se convertirá en un monstruo, la familia verá
rotos todos sus lazos; y sumida la sociedad en un caos espantoso,
caminará rápidamente á su total aniquilamiento. Estas son las
consecuencias necesarias del destierro de la _preocupacion_. El
lenguaje mismo quedaria horriblemente mutilado si desapareciesen las
ideas del órden moral: una conducta buena ó mala serian palabras sin
sentido: la alabanza y el vituperio carecerian de objeto; la misma
vanidad perderia gran parte de su pábulo; la lisonja deberia limitarse
á las prendas naturales consideradas en el órden puramente físico: la
palabra mérito, no podria pronunciarse sin caer en el absurdo.
[204.] Véase pues si hay dificultad de ninguna clase que pueda hacer
admisibles tamañas consecuencias; quien, arredrado por las sombras que
se descubren al examinar los primeros principios de la moral, se
empeñase en negarla, seria tan insensato como el labrador que á la
vista de un caudaloso rio que fertiliza sus campiñas, se obstinase en
afirmar que no existen las aguas fertilizadoras, fundado en la razon
de que algunos despeñaderos inaccesibles le impiden acercarse al
benéfico manantial.
CAPÍTULO XIX.
EXÁMEN DE ALGUNAS EXPLICACIONES DE LA MORALIDAD.
[205.] Se ha disputado mucho sobre el orígen y carácter de la
moralidad de las acciones, sucediendo en esta materia lo mismo que en
todas las demás; el entendimiento del hombre vacila y se confunde,
siempre que trata de penetrar en los primeros principios de las cosas.
Como no me propongo escribir un tratado de moral, y sí únicamente,
analizar los fundamentos de esta ciencia, me limitaré á caracterizar,
en cuanto me sea posible, las ideas y sentimientos primordiales del
órden moral, sin descender á sus aplicaciones. Para esto, procederé
como acostumbro, por el método analítico, descomponiendo el hecho
consignado en el capítulo anterior, recorriendo varias exposiciones
del mismo, y señalando la insuficiencia y la inexactitud de alguna de
ellas, antes de llegar á la única que me parece verdadera y cumplida.
[206.] ¿Qué es bien? qué es mal? las cosas que son buenas ó malas ¿por
qué lo son? ¿en qué consiste su bondad ó malicia? cuál es el orígen de
estas propiedades?
Se dice que es bueno lo que es conforme á la razon, lo que se hace con
arreglo a la ley eterna, lo que es agradable á Dios; y malo lo que se
opone á la razon, lo que contradice á la ley eterna, lo que es
desagradable á Dios. Esto es verdad; pero ¿resuelve cumplidamente la
cuestion en el terreno científico?
El valor moral del dictámen de la razon depende de su conformidad con
la ley eterna; cuando pues para fundar el órden moral se echa mano de
la primera, se habla de una participacion de la segunda; luego no se
tienen con esto dos resoluciones de la cuestion, sino una sola.
Los actos no pueden ser agradables ó desagradables á Dios, sino en
cuanto son conformes á la ley eterna; luego el juzgar de la bondad ó
malicia de los actos por su relacion al agrado ó desagrado de Dios, es
juzgarlos por su conformidad á la ley eterna.
Infiérese de lo dicho que acto conforme á razon, acorde con la ley
eterna, ó agradable á Dios, aunque expresen diversos aspectos de una
idea, no significan nada diferente, en cuanto se trata de explicar los
cimientos del órden moral.