[124.] Preguntan algunos en qué consiste la creacion, cómo se entiende

que Dios saque las cosas de la nada: «esto, dicen, es incomprensible»

sin reflexionar que una incomprensibilidad semejante la encontramos en

el modo con que se ejerce la causalidad secundaria, tanto en el mundo

corpóreo como en el incorpóreo. Si conociésemos á Dios intuitivamente,

como segun el dogma católico lo conocen los bienaventurados en la

mansion de la gloria, podríamos conocer intuitivamente el modo con que

se ejecuta la creacion. Ahora, en cuanto podemos formarnos alguna idea

de la accion del Criador, decimos que saca de la nada con el imperio

de su voluntad; lo cual, á mas de estar acorde con la enseñanza de la

religion, se halla en consonancia con lo que experimentamos en

nosotros mismos. Dios quiere, y el universo sale de la nada; ¿cómo se

puede comprender esto? á quien nos lo pregunte le dirémos: el hombre

quiere, y su mano se levanta; el hombre quiere, y todo su cuerpo se

pone en movimiento; ¿cómo se puede comprender esto? hé aquí una imágen

pequeña sin duda, pálida, incompleta, pero verdadera imágen de la

creacion: un ser inteligente queriendo, y un hecho apareciendo. ¿Dónde

está el vínculo? si no podeis explicárnosle con respecto á los seres

finitos, ¿nos exigiréis que lo expliquemos tratándose del ser

infinito? La incomprensibilidad del enlace del movimiento del cuerpo

con el imperio de la voluntad, no nos autoriza á negarle; luego la

incomprensibilidad del enlace de un ser que aparece de nuevo por

efecto del imperio de la voluntad infinita, tampoco nos autoriza para

negar la verdad de la creacion; por el contrario, el hallar una cosa

tan semejante en nosotros mismos fortalece poderosamente los

argumentos ontológicos con que se ha demostrado su necesidad. En los

dogmas de la religion cristiana, á mas de lo que encierran de

sobrenatural, se encuentran á cada paso verdades filosóficas tan

importantes como profundas.

[125.] La causalidad, refiriéndose á efectos puramente posibles, no se

comprende lo que puede significar, sino poniéndola en una

inteligencia. La causa que no produce, pero que puede producir el

efecto, encierra una relacion de lo existente á lo no existente; la

causa existe, el efecto no existe; la causa no lo produce, pero puede

producirle; ¿qué significa esta relacion de lo que existe á lo que no

existe? ¿no parece una cosa contradictoria, una relacion sin término?

Así es efectivamente, si se prescinde de la inteligencia: solo esta

puede referirse á lo que no existe; pues que puede _pensar lo no

existente_. Un cuerpo no puede tener relacion con un cuerpo que no

existe; pero la inteligencia puede tenerla con lo que no existe, aun

sabiendo que no existe; nosotros mismos nos espaciamos á nuestro

talante por las regiones de la posibilidad pura.

[126.] La voluntad tambien participa de este carácter de la

inteligencia. El deseo se refiere á un goce que no es, pero que puede

ser; nuestro querer y no querer, nuestro amor y nuestro odio, se

refieren muchas veces á cosas puramente ideales, cuyo puro idealismo

conocemos perfectamente; mas esto no quita que no las queramos. Así

deseamos que sucedan cosas que no son; y podemos llevar nuestra

veleidad hasta desear lo que sabemos que es imposible. Quisiéramos

recobrar una cosa que nos consta hemos perdido para siempre,

quisiéramos la presencia de un amigo, la cual nos es imposible por la

distancia; quisiéramos que el tiempo se retardase ó se acelerase

conforme á nuestras necesidades ó caprichos.

[127.] Así nos hallamos con la inteligencia y la voluntad en relacion

con lo no existente; relacion que no es ni siquiera concebible en un

ser destituido de inteligencia. Esto conduce á un resultado

importante. El comienzo absoluto de una cosa no es posible sino

concibiendo la causalidad radicada en la inteligencia. Lo que comienza

pasa del no ser al ser, ¿cómo es posible que el ser haya producido en

_otro_, un tránsito del no ser al ser, cuando la relacion á _otro_,

antes de existir este otro, era intrínsecamente imposible? El ser

inteligente puede pensar en otro, aunque este otro no exista; pero

para el ser no inteligente cuando el otro no existe en _realidad_, no

existe de ningun modo; por consiguiente no es posible ninguna

relacion; todas las que se finjan son contradictorias, y por tanto es

absurdo el imaginar que lo que no es, comienza á ser.

[128.] Esta razon prueba que en el orígen de las cosas hay un ser

inteligente causa de todo, y que sin esta inteligencia nada podria

haber comenzado. Si algo ha comenzado, algo existia desde toda la

eternidad; y lo que ha comenzado era _conocido_ por lo que no existia.

En no admitiendo la inteligencia, el comienzo es absurdo. Fingid en el

orígen de las cosas, un ser falto de inteligencia, sus relaciones

serán con lo existente; pero no puede tener ninguna con lo no

existente: ¿cómo es posible pues que lo no existente comience á

existir, por la accion de lo existente? Para que lo que no existe

comience, es necesaria alguna razon; pues que de otro modo seria

indiferente el comenzar esto ó aquello, y aun el comenzar ó no

comenzar. Si no suponemos que hay un ser que conoce lo que no existe,

y que pueda establecer, por decirlo así, una comunicacion con la nada,

el ser que no existe no podrá existir jamás.

CAPÍTULO XIII.

LA ACTIVIDAD.

[129.] Para comprender mas á fondo la idea de causalidad, conviene

reflexionar sobre las de actividad y accion, como y tambien sobre la

de inercia ó _inactividad_, é inaccion.

[130.] Si concebimos un ser sin inteligencia, sin voluntad, sin

sensibilidad, sin conciencia de ninguna especie, y que además, no

encierre en sí nada que pueda alterar su estado, ni el de otros,

concebimos un ser absolutamente inactivo.

Así, la inactividad ó la inercia absoluta requiere las condiciones

siguientes. 1.ª Absoluta falta de todo principio, de inteligencia, de

voluntad, de sensibilidad, y en general de todo cuanto trae consigo

conciencia. 2.ª Absoluta falta de todo principio de mudanzas

cualesquiera en sí propio. 3.ª Absoluta falta de todo principio de

mudanza en los otros. La reunion de estas condiciones forma la idea de

una inactividad ó inercia absoluta; el estado de un tal ser, es el de

una inaccion absoluta.

[131.] Un ser de esta naturaleza considerado en general, no nos ofrece

mas que la idea de una cosa existente: la cual podemos considerar

tambien como una substancia, suponiendo que no está inherente á otro

en clase de modificación, ó bien figurándonosle como un substratum en

que hay capacidad de ser modificado por la accion que sobre él ejerzan

otros seres.

Si queremos caracterizar algun tanto esta idea general para que pueda

ofrecer algo á nuestra intuicion, no encontramos otro medio que el de

añadirle la idea de extension, con lo cual formamos en algun modo la

idea de materia inerte.

[132.] Explicadas las ideas de inercia é inaccion, quedan explicadas

sus opuestas, las de actividad y accion.

Concibiendo un ser que tiene en sí propio la razon de sus mudanzas,

concebimos un ser activo.

Concibiendo un ser que tiene en sí la razon de las mudanzas de otros

seres, concebimos tambien un ser activo.

Concibiendo un ser que entiende, quiere, ó siente, ó que de un modo ú

otro tiene conciencia, concebimos tambien un ser activo.

De esto se infiere que la actividad para nosotros puede representar

tres cosas: orígen de las mudanzas propias: orígen de las mudanzas

ajenas; conciencia.

[133.] La primera especie de actividad solo puede convenir á los seres

mudables; la segunda puede convenir á los inmutables, que sean causa;

la tercera es una actividad que puede convenir tanto á los mudables

como á los inmutables, prescindiendo absolutamente de la idea de

causalidad.

[134.] La relacion general de principio de mudanzas propias ó ajenas,

pertenece á las ideas indeterminadas; por consiguiente la única

actividad de que nosotros tenemos idea intuitiva, es la de

inteligencia, de voluntad, y en general de todo cuanto se refiere á

los fenómenos que necesitan esa percepcion que llamamos conciencia.

[135.] Es preciso considerar la conciencia como una actividad y

comprender en este órden las ideas de inteligencia y voluntad

prescindiendo de toda relacion á mudanzas propias ó ajenas, si no

queremos decir que Dios desde toda la eternidad era un ser inactivo,

porque no tenia mas accion que los actos inmanentes de entender y

querer.

[136.] De esto se deduce que no toda actividad es transitiva, que hay

verdadera actividad inmanente, de la cual tenemos conocimiento

intuitivo en los fenómenos de nuestra conciencia.

[137.] La actividad que podemos concebir en los cuerpos se reduce á un

principio de las mudanzas propias ó de las ajenas, sin que nos sea

dado el tener de ella un conocimiento intuitivo. En efecto: nosotros

no estamos en relacion con los cuerpos, sino por medio de los

sentidos, los cuales nos ofrecen solamente dos órdenes de hechos con

respecto á la naturaleza corpórea: hechos subjetivos, esto es, las

impresiones que experimentamos llamadas sensaciones, las cuales

creemos dimanadas de la accion que los cuerpos ejercen sobre nuestros

órganos; hechos objetivos, esto es, la extension, el movimiento y las

diferentes modificaciones que con los sentidos descubrimos en las

cosas extensas que se mueven. Ni la primera clase de hechos ni la

segunda, nos dan idea intuitiva de la actividad de los seres

corpóreos.

Los hechos subjetivos ó las sensaciones, son inmanentes, esto es, se

hallan en nosotros y nó en las cosas; y en cuanto subjetivos, no nos

dicen lo que hay fuera de nosotros, sino lo que hay en nosotros. Aun

cuando supusiéramos que las sensaciones son un verdadero efecto de la

actividad de los cuerpos, esta actividad no se halla representada en

el efecto mismo. Cuando el fuego calienta la mano tenemos percepcion

intuitiva de la sensacion del calor, en cuanto se halla en nosotros;

si suponemos que esta sensacion es realmente un efecto de la actividad

del fuego, conocemos la relacion de nuestra sensacion á dicha

actividad considerada en general é indeterminadamente, como orígen de

nuestra sensacion; pero no conocemos intuitivamente la actividad en sí

misma, porque esta como tal, no está representada en nuestra

sensacion.

Los hechos objetivos, esto es, la extension, el movimiento y todo

cuanto concebimos que no está en nuestra sensacion sino en el objeto

mismo, tampoco nos ofrece ninguna idea intuitiva de la actividad de

los seres corpóreos. Las modificaciones de la extension, ó sea las

figuras, el movimiento con todos sus accidentes, y en general todo

cuanto ofrece á nuestros sentidos el mundo corpóreo, son las mudanzas

mismas y sus relaciones, mas nó el principio mismo de estas

relaciones, ni de estas mudanzas. El cuerpo A, que está en movimiento,

choca con el cuerpo B, que está en quietud; y este, despues del

choque, comienza á moverse; prescindiendo de si el choque de A ha sido

causa del movimiento de B, lo que nosotros podemos asegurar es, que no

tenemos intuicion de la actividad productiva del movimiento. ¿Qué nos

dicen los sentidos sobre el cuerpo A? solo nos dicen que se ha movido

con tal ó cual velocidad hasta el punto M, en que se hallaba el cuerpo

B. ¿Qué nos dicen sobre el cuerpo B? solo nos dicen que ha comenzado á

moverse en el instante en que el cuerpo A ha llegado al punto M; hasta

ahora solo tenemos relaciones de espacio y tiempo entre dos objetos

extensos A y B. ¿Donde está la intuicion de la actividad de A, y de su

accion sobre B? carecemos absolutamente de ella. Por raciocinio, por

analogía, por consideraciones de órden, de conveniencia, ú otras

semejantes, podremos probar con mas ó menos solidez, que en el cuerpo

A habia una actividad, causa del movimiento del cuerpo B; pero con

esto tendremos solamente una idea indeterminada de la actividad, nó

una intuicion de la misma.

[138.] Las observaciones que preceden son concluyentes para todos los

fenómenos de la naturaleza corpórea. Tómese el que se quiera,

escogiendo el que mas nos induzca á imaginar una verdadera actividad:

analizándole bien, hallaremos limitada nuestra intuicion á relaciones

de la extension en el espacio, y en el tiempo.

Todos los cuerpos son pesados; así lo enseña la experiencia;

¿conocemos nosotros intuitivamente el principio de que dimanan los

fenómenos de la pesadez? nó, de ninguna manera. Examinémoslo en el

órden subjetivo y en el objetivo. ¿Qué nos ofrece la pesadez en cuanto

sentida por nosotros? nada mas que esa afeccion, que llamamos peso,

esto es, una presion en nuestros miembros. ¿Qué nos ofrece la pesadez

objetivamente? la direccion de los cuerpos hácia un centro con tal ó

cual velocidad, segun las circunstancias; en todo esto solo hallamos,

ó un hecho puramente interno que es la sensacion ingrata de peso ó

prision, ó puras relaciones de objetos extensos en el espacio y en el

tiempo.

[139.] El fuego quema, reduce á cenizas los objetos; nada mas propio

para darnos idea de actividad; no obstante ¿podemos decir que la

conozcamos intuitivamente? nó, de ninguna manera. En el órden

subjetivo tenemos la sensacion dolorosa de quemadura, y que en cuanto

tal, es un fenómeno puramente interno; en el órden objetivo tenemos la

desorganizacion de los cuerpos quemados, la cual no ofrece á nuestros

sentidos otra cosa que mudanzas en el volúmen, en la figura, en el

color, y en las demás calidades relativas á nuestros sentidos: todo

esto será tal vez efecto de la actividad, mas nó la actividad misma.

[140.] La luz reflejando sobre un objeto viene á parar á nuestros

ojos, pintando en la retina el objeto en que se refleja. ¿Tenemos aquí

intuicion de la actividad de la luz? nó, de ninguna manera. En el

órden subjetivo hallamos la sensacion llamada _ver_; en el objetivo

encontramos el tamaño, la figura y demás relaciones del objeto en el

espacio; considerando la luz misma hallamos un flúido cuyos rayos

tienen tal ó cual direccion sometida á leyes determinadas, pero de

ningun modo conocemos intuitivamente su actividad; y para persuadirnos

de que la actividad existe necesitamos raciocinar echando mano de

principios que no están en la esfera de nuestra intuicion.

[141.] Las cuatro intuiciones de sensibilidad pasiva, sensibilidad

activa, inteligencia y voluntad (Lib. IV, cap. XXII), se reducen á

dos: extension y conciencia; comprendiendo en la extension todas sus

modificaciones, y en la conciencia todos los fenómenos internos de un

ser sensitivo ó intelectual, en cuanto se hallan en ese fondo comun,

que se apellida conciencia. Así pues nosotros conocemos intuitivamente

dos modos de ser; la conciencia y la extension; la conciencia la

tenemos en nosotros mismos, es un hecho subjetivo; la extension está

fuera de nosotros, y su existencia nos la atestiguan las sensaciones,

y en particular las de la vista y del tacto.

[142.] La clasificacion de estas dos intuiciones es sobre manera

importante para distinguir lo activo de lo inerte. En la conciencia

hallamos un tipo de verdadera actividad; en la extension como tal,

hallamos un tipo de verdadera inercia; con solo pensar en la

conciencia pensamos en algo activo sin necesidad de añadir otra idea;

pensando en la extension sola, se nos ofrece la imágen de una cosa

susceptible de muchas modificaciones y que no encierra el principio de

ninguna de ellas; para pensar en una actividad corpórea debemos salir

de la idea pura de extension y pensar en general en un principio de

mudanzas; lo que nada tiene que ver con la intuicion de lo extenso.

[143.] Así la única actividad de que nosotros tenemos conocimiento

intuitivo, es la de conciencia; pues de las actividades corpóreas solo

tenemos ideas indeterminadas. Las palabras de accion, reaccion,

fuerza, resistencia, impulso, solo expresan relaciones indeterminadas

y que no representan nada fijo sino en sus efectos. Los mecánicos

expresan las fuerzas por líneas ó por números, esto es, por los

resultados sujetos á cálculo. El mismo Newton al establecer su sistema

de la atraccion universal, declara su ignorancia de la causa inmediata

del fenómeno, y se limita á señalar las leyes á que se hallan

sometidos los movimientos de los cuerpos.

[144.] En los seres mudables la actividad nos representa un principio

de las trasformaciones propias y ajenas, como si dijéramos una

sobreabundancia de ser que se va desenvolviendo y que á proporcion de

su desarrollo, se va perfeccionando. En nuestro espíritu hallamos un

ejemplo de este desarrollo. El niño al nacer recibe confusamente las

impresiones de cuanto le rodea. Con la repeticion de estas su

actividad se va desenvolviendo, y lo oscuro se aclara, lo confuso se

ordena, lo débil se fortalece, el pensamiento nace, la comparacion

comienza, la reflexion se desplega, y aquel ser torpe y poco menos que

inerte, llega quizás á ser un genio que asombra al mundo. Los

materiales le han venido de afuera; pero ¿de qué habrian servido sin

ese vivísimo foco de actividad que los trasformaba y que sacaba de

ellos productos nuevos y exquisitos? Los mismos fenómenos de la

naturaleza se ofrecen á los ojos de los brutos animales que á los de

Kepler ó de Newton; sin embargo lo que para aquellos no sale de la

esfera de las impresiones sensibles, se convierte para estos en un

manantial de teorías admirables.

[145.] El ser activo contiene virtualmente las perfecciones que debe

adquirir; es comparable á un gérmen en que se halla el árbol colosal y

cuyo desarrollo depende de las circunstancias del terreno y del clima;

por el contrario el ser inactivo nada se puede dar á sí propio, tiene

un estado y lo conserva hasta que un agente se lo muda; y á su vez

permanece en el nuevo hasta que otra accion que tambien le viene de

fuera, se lo quita y le comunica otro diferente.

[146.] La actividad es un principio de determinaciones propias ó

ajenas; pero este principio puede obrar de dos modos: con inteligencia

ó sin ella. Cuando el ser es inteligente, su inclinacion á lo

conocido, se llama voluntad. Esta, ó se inclina necesariamente al

objeto ó nó: en el primer caso, es una espontaneidad necesaria; en el

segundo es una espontaneidad libre. La libertad pues no existe con

sola la ausencia de coaccion; ha menester tambien de la ausencia de

toda necesidad aunque sea espontánea; la voluntad ha debido poder

querer ó no querer el objeto; si esta condicion falta, no hay libre

albedrío.

[147.] Es digno de notarse que nuestra intuicion de lo externo, se

refiere solo á lo inactivo: la extension; y que la de lo interno, se

refiere principalmente á la actividad: la conciencia. Por lo primero,

conocemos un substratum de mudanzas, pues todas parecen verificarse en

la extension; por lo segundo, no conocemos intuitivamente ningun

sujeto, sino las mudanzas mismas. La unidad del sujeto de ellos, la

probamos por raciocinio, pero no la vemos intuitivamente (Lib. IX,

Cap.^s VI, VII, IX, XI). La extension, como tal, se nos presenta

simplemente pasiva; la conciencia, como tal, es siempre activa; pues

aun en los casos en que se halla mas pasiva, como en las sensaciones,

todavia, en cuanto conciencia, encierra actividad; pues por ella, el

sujeto se da cuenta á sí propio explícita ó implícitamente, de la

afeccion experimentada.

CAPÍTULO XIV.

SE EXAMINA SI ES POSIBLE LA ACTIVIDAD CORPÓREA.

[148.] Señalado el límite de nuestro conocimiento intuitivo con

respecto á la causalidad y á la actividad, resultan desvanecidos los

argumentos que puedan objetarse á la causalidad secundaria,

aprovechándose de la confusion de las ideas intuitivas con las

indeterminadas; pero falta todavía examinar si hay verdaderas causas

segundas, esto es, si se halla realmente en los seres finitos un

principio de las mudanzas propias ó ajenas. No han faltado filósofos,

y entre ellos el ilustre Malebranche, que han negado á las causas

segundas toda eficacia, reduciéndolas á meras ocasiones. El autor de

la _Investigacion de la verdad_ se adelanta á sostener que la

causalidad secundaria no solo no existe, sino que es imposible.

[149.] Dos especies de seres se nos presentan en el universo, los

inmateriales y los corpóreos: ambas ofrecen dificultades particulares

que conviene examinar por separado. Comencemos por la materia. Se dice

que la materia es incapaz de toda actividad, que por su esencia es

indiferente para todo, que es susceptible de todo linaje de

modificaciones. Yo no alcanzo en qué se funda esta proposicion tan

general, y no veo como sea posible apoyarla ni en la razon ni en la

experiencia.

[150.] Para sostener que la materia es completamente inactiva, de tal

suerte que hasta sea incapaz de toda actividad, seria preciso conocer

su misma esencia, y este conocimiento nos falta. ¿Con qué derecho

negamos la posibilidad de un atributo ignorando cuál es la naturaleza

del objeto á que debe pertenecer, ó no conociendo por lo menos alguna

de sus propiedades, á la cual el atributo repugne? Es verdad que

negamos á la materia la posibilidad de pensar, y aun de sentir; pero

esta negacion no es legítima, sino porque conocemos de la materia lo

bastante para dicha imposibilidad. En la materia, sea cual fuere su

esencia íntima, hay partes, y por consiguiente multiplicidad; y los

hechos de conciencia requieren necesariamente un ser uno y simple

(Lib. IX).

No sucede lo mismo con respecto á la actividad; esta cuando no nos

ofrece la idea intuitiva de conciencia, nos presenta solamente el

concepto indeterminado de un principio de mudanzas propias ó ajenas;

lo cual no es contradictorio con la idea de multiplicidad. Fínjase que

en los cuerpos que se mueven, hay una verdadera actividad, realmente

productiva del movimiento en los otros; no hay ninguna contradiccion

en que dicha actividad se halle distribuida entre las diferentes

partes del cuerpo, las cuales en el momento del choque, produzcan su

efecto respectivo causando el movimiento á las partes del otro cuerpo

con las que se han puesto en contacto.

[151.] Tenemos pues que examinada la cuestion _à priori_, ó por la

idea misma del cuerpo, no hallamos ninguna razon para negarle la

posibilidad de ser activo. Es verdad que la extension de los cuerpos

en cuanto tal, se nos ofrece como una cosa muerta, indiferente á todas

las figuras y á todos los movimientos sin que descubramos en ella

ningun principio de actividad (Cap. XIII); mas para que esto pueda

probar algo, seria necesario suponer que la esencia de los cuerpos

consiste en la misma extension, y que esta no tiene mas de lo que

ofrece á nuestros sentidos, sin que encierre nada en que pueda

fundarse su actividad. Lo primero es una opinion, pero destituida de

todo fundamento; lo segundo, no puede ser demostrado nunca, pues que

se escapa á toda observacion, y no puede ser objeto de investigaciones

_à priori_.

[152.] ¿Cómo podrá probarse que la esencia de los cuerpos consista en

la extension? (Lib. III). Lo que nosotros podemos decir es que la

experimentamos, y que toda la naturaleza corpórea se nos ofrece bajo

la forma de extensa: en pasando de este punto afirmamos sin ningun

fundamento, sustituimos á la realidad un juego de nuestra fantasía. La

esencia de una cosa es aquello que la constituye lo que es; aquello

que le sirve de fondo íntimo, siendo la raíz de sus propiedades;

¿quién nos ha dicho que conocemos ese fondo, esa raíz en los objetos

corpóreos? Nosotros no sentimos nada que no sea extenso, es verdad; no

concebimos á qué se reduce el cuerpo en faltándole la extension;

tambien es verdad; pero de esto solo se deduce que la extension es una

forma bajo la cual se presentan los cuerpos á nuestros sentidos, que

esta forma es una condicion necesaria para que pueda ser afectada

nuestra sensibilidad; pero nó que la forma sea la misma esencia de la

cosa; nó que en la cosa no haya algo mas íntimo en que radique la

forma misma.

Filosofía Fundamental, Tomo IV · 第 16 / 21 段