[90.] La relacion de causalidad no es el enlace de las ideas de las

cosas. Las representaciones de A y B pueden estar fuertemente

enlazadas en nuestro espíritu, sin que nos acordemos siquiera de la

relacion de causalidad. En un lugar hemos visto una escena que nos ha

hecho impresion profunda; el recuerdo del lugar nos recordará siempre

la escena, y el recuerdo de la escena nos recordará siempre el lugar:

aquí encontramos dos representaciones internas, fuertemente enlazadas,

sin que por esto atribuyamos á los objetos la relacion de causalidad.

Sabemos que dos personas acuden á un mismo punto, por motivos

diferentes, sin que la ida de la una influya en la de la otra. La idea

de la ida de la una se asociará en nuestro entendimiento con la de la

ida de la otra; habrá pues enlace de representaciones, no obstante de

que negaremos á los objetos la relacion de causalidad.

[91.] Aun cuando el enlace de las ideas sea tal que en nuestro

entendimiento, por efecto de una experiencia constante, la una sea

precedida siempre de la otra como lo condicional lo es de la

condicion, esto no basta para la verdadera causalidad. Un observador

ha notado constantemente la correspondencia del flujo y reflujo del

mar con el movimiento de la luna; pero ya sea por razones filosóficas,

ya porque no le haya ocurrido que el movimiento de la luna pueda

influir en el movimiento del mar, considera estos fenómenos como del

todo independientes el uno del otro, por mas que no acierte á

explicarse la razon de tan singular coincidencia. En el entendimiento

de este observador se ligarán los dos fenómenos de tal suerte que el

de la luna precederá al del flujo y reflujo, sin que le sea dable

invertir el órden, haciendo preceder el del flujo y reflujo al del

movimiento de la luna. Hé aquí pues una prioridad necesaria en una

idea, sin que se atribuya al objeto verdadera causalidad.

[92.] Si bien se reflexiona, hay en la historia de la filosofía un

hecho que prueba hasta la última evidencia la exactitud de lo que

acabo de decir: el sistema de las causas ocasionales sostenido por

filósofos eminentes. Si un cuerpo en movimiento, dicen ellos, choca

con otro cuerpo que está en quietud, le comunicará su movimiento; pero

esta comunicacion no significa verdadera causalidad, sino que el

movimiento del cuerpo chocante es una simple ocasion del movimiento

del cuerpo chocado. Hé aquí pues concebida una cosa como una condicion

necesaria para la existencia de la otra, sin embargo de que se niega

que haya entre ellas la relacion de causalidad. Al pensar en los dos

fenómenos, no podemos invertir el órden, concibiendo el movimiento del

cuerpo chocado como condicion del movimiento del cuerpo chocante; y á

pesar de esto, se puede negar la relacion de causalidad entre la

condicion y lo condicional. Luego la idea de causalidad nos representa

algo mas que el órden necesario de las cosas entre sí.

[93.] Esto nos conduce á una nueva fase de la cuestion. ¿La relacion

de causalidad, está fielmente representada en la proposicion

condicional: si A existe, existirá B? El enlace expresado por esta

proposicion no es la relacion de causalidad. En cierto país, si el

frutal N florece, florecerá el M; así lo ha enseñado una experiencia

constante; la proposicion condicional en este caso, no expresa

relacion de causalidad del florecer de N con respecto al de M; y sin

embargo la proposicion es verdadera. Un fenómeno puede ser signo de la

inmediata venida del otro, sin ser su causa.

[94.] Las proposiciones condicionales en que se afirma la existencia

de un objeto como condicion de la existencia de otro, expresan un

enlace; pero este puede no ser de los objetos entre sí, sino con un

tercero. Si un criado de un caballero se dirige á un punto, luego se

dirige hácia el mismo punto otro criado: la direccion del primero

podrá no ser causa de la del segundo, sino de que el amo quiere que

los dos vayan el uno tras del otro. Las mieses de un terreno indican

el estado de las de otro; y este indicio puede expresarse en una

proposicion condicional; ¿por qué? ¿es acaso por razon de la

causalidad del estado de unas mieses respecto al de las otras? nó por

cierto; sino porque las circunstancias del clima y de la tierra,

producen entre ellas un órden de tiempo bastante fijo, para verificar

la proposicion condicional, sin que intervenga la idea de causalidad

de la una con respecto á la otra.

[95.] Hay muchos casos en que la relacion entre la condicion y lo

condicional es necesaria, y sin embargo la condicion no es ni puede

ser causa de lo condicional. Recuérdese que aquí tratamos de causa

eficiente, de aquella que da el ser á la cosa, y seria muchas veces

absurdo el atribuir este género de causalidad á condiciones, que por

otra parte están necesariamente ligadas con lo condicional. Si se

quita una coluna en que se apoya un cuerpo, el cuerpo caerá; el enlace

de la condicion con lo condicional, ó de quitar la coluna con la caida

del cuerpo, es necesario; la proposicion en que se expresa, es

verdadera y necesaria en el órden natural; y sin embargo no se puede

decir que la remocion de la coluna sea la causa _eficiente_ de la

caida del cuerpo.

[96.] Para que la proposicion condicional se verifique basta el

enlace, aunque sea puramente ocasional; y nadie ha confundido jamás la

ocasion con la causa. En el ejemplo presente, el cuerpo no podia caer

sin remover la coluna; y debia caer por necesidad en cuanto se la

removiese; pero la causa de la caída no está en la remocion sino en la

gravedad, como lo manifiesta el que si el cuerpo que se hallaba sobre

la coluna hubiese tenido una gravedad específica igual á la del flúido

en que se hallaba sumergido, la remocion de la coluna no le habria

hecho caer.

[97.] La causalidad no puede expresar una relacion necesaria de la

condicion á lo condicional, si no se quieren destruir las causas

libres. Suponiendo que la idea de causalidad estuviese exactamente

expresada en la proposicion: si A existe, existirá B; tendríamos que

sustituyendo á las letras A y B, Dios y mundo, se nos convertiria en

esta otra: si Dios existe, existirá el mundo; lo que nos haria caer en

el error de la necesidad de la creacion, y sustituyendo en vez de A y

B, hombre y acciones determinadas, tendríamos: si el hombre existe,

existirán sus acciones determinadas; lo que si implica necesidad, mata

el libre albedrío.

[98.] Aquí se presenta una cuestion: ¿la relacion de causalidad

estaria exactamente expresada en una proposicion condicional, tomada

en sentido inverso, poniendo el efecto como condicion y la causa como

condicional (nó condicional de existencia, sino de cosa necesariamente

supuesta), esto es, si en vez de decir: si A existe existirá B,

dijésemos, si B existe, existe A? En este caso la proposicion se puede

aplicar aun á la dependencia de las criaturas con respecto á Dios; y

en general á las acciones libres con respecto á sus causas, porque se

puede decir con verdad: si el mundo existe, Dios existe; si hay una

accion libre, existe un agente libre.

[99.] Aunque á primera vista parezca que la relacion de causalidad se

explica de este modo, desde luego se descubre que la nueva fórmula

tampoco es exacta. Porque, si bien es verdad en general, que si hay el

efecto hay la causa, tambien es cierto que muchas veces una cosa

supone á otra, nó como un efecto á una causa, sino como una simple

ocasion, ó como una condicion _sine qua non_, que dista mucho de la

verdadera causalidad. Suponiendo que el cuerpo sustentado por la

coluna estuviese afianzado de tal modo que no hubiese podido caer sin

removerse la coluna, se podria formar la proposicion condicional: si

el cuerpo ha caido, la coluna ha sido removida; la proposicion seria

verdadera sin que la remocion de la coluna fuese causa eficiente de la

caida del cuerpo.

[100.] Dios podria haber criado el mundo de manera que las criaturas

no tuviesen verdadera accion de causalidad las unas sobre las otras; y

no obstante haberlas dispuesto de tal modo que los fenómenos se

correspondiesen los unos con los otros en el mismo órden que en la

actualidad. Así lo piensan los defensores de las causas ocasionales; y

á esto viene á parar tambien la _armonía prestabilita_ de Leibnitz, en

la cual todas las mónadas que constituyen el universo, son como otros

tantos relojes, que aunque independientes los unos de los otros, andan

acordes con admirable precision. En estas hipótesis se podrian formar

infinitas proposiciones condicionales, expresando las correspondencias

de los fenómenos, sin que interviniese para nada la idea de

causalidad.

[101.] Inferiremos de lo dicho que esta idea es algo distinta del

enlace necesario; y que aun considerada en toda su pureza, no está

exactamente expresada por la relacion significada en las proposiciones

condicionales, ya sea que la causa se tome como condicion, ya sea que

se tome como condicional. La dependencia del efecto respecto á la

causa, es algo mas que un simple enlace; decir que todo lo que está

ligado por necesidad, aun cuando sea sucesivamente, y en un órden

fijo, está ligado con relacion de causalidad, es confundir las ideas

así vulgares como filosóficas.

CAPÍTULO IX.

CONDICIONES NECESARIAS Y SUFICIENTES PARA LA VERDADERA CAUSALIDAD

ABSOLUTA.

[102.] Acabamos de ver que no basta el enlace necesario de dos objetos

para que atribuyamos á esta relacion el carácter de causalidad: ¿qué

circunstancias son menester para dicho carácter?

[103.] Si concebimos B, objeto que comienza, y suponemos que para su

existencia ha sido _necesario_ el objeto A; y este _por sí solo_, ha

bastado para la existencia de B, encontramos en la relacion de A con

B, el verdadero carácter de relacion de una causa á su efecto. Por

manera que para el completo carácter de causa _absoluta_, son

indispensables dos condiciones: 1.ª la _necesidad_ de la existencia de

A para la existencia de B. 2.ª El que sea _bastante_ la existencia de

A para que pueda existir B, sin que se requiera nada mas.

Estas condiciones pueden formularse en las proposiciones siguientes.

Si B existe, A existe.

Con solo existir A, basta para que pueda existir B.

Cuando entre dos objetos se halla una relacion tal que hace verdaderas

simultáneamente estas dos proposiciones, hay relacion de causalidad

absoluta.

[104.] Desde luego se echa de ver que con la explicacion que precede,

pierden el carácter de causa todas las meras ocasiones, pues que no se

les puede aplicar la segunda proposicion. De dos hechos enlazados

ocasionalmente se dirá, que si el uno existe, existirá el otro, y por

tanto se verificará de ellos la primera proposicion; pero no se dirá

que con tal que el uno exista, haya lo bastante para existir el otro;

así fallará en este caso la proposicion segunda. Si dos hombres están

concertados para que el uno dispare un tiro en el momento que otro le

haga una seña con la mano, se podrá decir que si se hace la seña se

disparará el tiro; pero nó que con la seña sola, haya todo lo

suficiente para que se dispare el tiro. En efecto; supongamos que el

que tiene el arma de fuego se duerme, la señal se repetirá muchas

veces, pero el tiro no saldrá.

[105.] Tambien se quita el carácter de causa á toda condicion, que

solo lo es para remover obstáculos, _removens prohibens_. En tales

casos es aplicable la primera proposicion, mas nó la segunda. De un

cuerpo afianzado sobre una coluna de modo que no pueda caer sin que la

coluna se remueva, se podria decir: si el cuerpo ha caido, la coluna

ha sido removida; pero nó que baste la remocion de la coluna para la

caida del cuerpo; pues que si este fuese específicamente menos grave

que el flúido en que se halla sumergido, ó bien estuviese unido con

otro que no le dejase caer, no caeria. Es evidente que para la caida

no basta remover el obstáculo, sino que se necesita algo mas, como la

fuerza de gravedad, ó un impulso cualquiera.

[106.] Todos los fenómenos enlazados en sucesion de tiempo de un modo

necesario, y en un órden fijo, pierden tambien la relacion de causas y

efectos, si no se les atribuye algo nuevo que legitime la aplicacion

de estas ideas; pues que aun cuando el órden constante autorice á

decir que, si viene A vendrá B, y luego C y luego D, y así

sucesivamente, no se puede decir que con la existencia de A haya todo

_lo bastante_ para la de B ni en la de B para la de C, ya que

suponemos fuera de la serie algo que debe contribuir como una

condicion indispensable.

[107.] La primera proposicion: Si B existe, existe A; es verdadera con

relacion á toda causa, necesaria ó libre. La segunda proposicion es

aplicable tambien á estas dos especies de causas. Es preciso notar con

cuidado que la proposicion no dice que si A existe existirá B; sino

que la existencia de A basta para que _pueda_ existir B. Si puesto A,

se pusiese necesariamente B, la causa seria necesaria; pero si puesto

A, solo se pone lo suficiente para la existencia de B, la causa queda

libre; pues que no se afirma la existencia de B, sino la posibilidad

de la existencia.

[108.] Apliquemos esta doctrina á la primera causa. Si el mundo

existe, Dios existe; esta proposicion es absolutamente verdadera. Si

Dios existe, el mundo existe; la proposicion es falsa; pues que

existiendo Dios, el mundo podria no haber existido. Si Dios existe, el

mundo puede existir; esto es, con la existencia de Dios hay lo

suficiente para la posibilidad de la existencia del mundo: esta

proposicion es verdadera: porque en el ser infinito se funda la

posibilidad de los seres finitos, y en él se halla el poder suficiente

para darles la existencia, si así lo quiere con su voluntad libre.

CAPÍTULO X.

CAUSALIDAD SECUNDARIA.

[109.] Al fijar en el capítulo anterior las condiciones para la

verdadera causalidad, he hablado siempre de la causalidad _absoluta_;

y esto, por las consideraciones que voy á exponer, y que versan sobre

la diferencia entre la causa primera y las segundas.

[110.] Ya hemos visto que la idea pura de causalidad absoluta es la

percepcion de tres condiciones: la necesidad de una cosa para la

existencia de otra; la suficiencia de la primera sola para la

existencia de la segunda; y por fin (cuando la causa sea libre) el

acto de voluntad necesario para realizar el efecto. Estas tres

condiciones se hallan absoluta y plenamente en la causa primera, pues

que nada puede existir sin que Dios exista; y para la existencia de un

objeto cualquiera, basta la existencia de Dios con la voluntad libre

de criar el objeto. Es evidente que la causalidad no puede entenderse

del mismo modo en las causas segundas; de ninguna de ellas puede

verificarse que su existencia sea absolutamente necesaria para la de

otro efecto, pues que Dios podria haberle producido por medio de otro

agente secundario, ó inmediatamente por sí mismo; ni tampoco que su

sola existencia sea suficiente para la existencia del efecto, pues que

todo cuanto existe presupone y necesita la existencia de la causa

primera.

[111.] Así pues la idea de causalidad aplicada á Dios, significa una

cosa muy diferente de cuando se la aplica á las causas segundas: lo

cual debiera haberse tenido presente para no suscitar cuestiones sobre

las causas segundas antes de fijar con exactitud la significacion de

la palabra _causa_. Es cierto que la relacion del efecto á la causa es

una relacion de dependencia; pero ya hemos visto que estas palabras,

dependencia, enlace, condicion etc. son susceptibles de sentidos muy

diversos; si estos no se fijan con claridad y precision, las

cuestiones no pueden menos de embrollarse.

[112.] ¿Qué se entenderá pues por causalidad secundaria? Con las

observaciones que preceden, podremos determinarlo sin mucha

dificultad. En el órden de los seres criados A será causa de B cuando

se reunan las condiciones siguientes.

1.ª Que la existencia de A sea necesaria (segun el órden establecido)

para la existencia de B, lo cual deberá poder formularse en esta

proposicion: si B existe, A existe ó existió.

2.ª Que en el órden establecido, B y A formen una serie que suba hasta

la causa primera, sin que sea necesario el concurso de los términos de

otras series.

Esta condicion tal vez no se la entenderia, si no se la aclarase con

ejemplos.

[113]. El movimiento de la pluma es efecto del movimiento de mi mano;

y hallo aquí la verdadera relacion de causalidad secundaria, porque

subo por una serie de condiciones, que no han menester de las de otra

serie: el movimiento de la pluma depende del de la mano; el de la mano

depende de los espíritus animales (ó de la causa que mejor parezca á

los fisiólogos); el de los espíritus animales depende del imperio de

mi voluntad; y la voluntad depende de Dios que la ha criado y la

conserva. Aquí encuentro una serie de causas segundas, á las que

atribuyo el verdadero carácter de causalidad, en cuanto se puede

hallar en un órden secundario; y la causa eficiente, principal entre

las secundarias, será mi voluntad, porque en el órden secundario ella

es el primer término de la serie. El movimiento de la pluma de mi

escribiente depende de mi voluntad, pero nó como de una verdadera

causa eficiente, sino como de una ocasion; porque en el escribiente se

halla la misma serie que en el ejemplo anterior, y en esta serie se

encuentra el primer término que es su voluntad, la cual yo no puedo

determinar absolutamente, pues que por ser libre se determina á sí

propia. La causalidad eficiente verdadera se halla en la voluntad del

escribiente; pues allí se termina la serie cuyo primer término no está

á mi disposicion, sino en un sentido impropio, es decir, mientras el

escribiente quiere.

[114.] Un cuerpo A en movimiento, choca con el cuerpo B que está en

quietud: el movimiento del cuerpo A es causa del movimiento del cuerpo

B, y la causalidad se irá encontrando en todos los términos de la

serie, esto es, de todos los movimientos cuyas comunicaciones

sucesivas hayan sido necesarias para que el movimiento llegase al

cuerpo B. Supongamos que en la serie de las comunicaciones se han

removido obstáculos, que hubieran impedido la comunicacion del

movimiento; las remociones eran condiciones indispensables en el

supuesto de haber los obstáculos; pero no eran verdaderas causas, por

ser términos ajenos á la serie de las comunicaciones, y que hubieran

podido no existir, sin que dejase de existir el movimiento. Porque

suponiendo que no hubiese habido obstáculos, no hubiera habido

remociones, y sin embargo el movimiento se habria comunicado. Esto no

se verifica respecto de los términos que forman la serie de las

comunicaciones; pues que si las representamos por

A. B. C. D. E. F. ....

el movimiento de A no puede llegar á F, si se quita uno de los cuerpos

intermedios que sirven de vehículo á la comunicacion.

[115.] De esta teoría se infiere que la idea de causalidad secundaria

nos representa el encadenamiento de varios objetos que forman una

serie, la cual va á terminar en la causa primera; ya sea por un órden

necesario, como sucede en los fenómenos de la naturaleza corpórea; ya

mediando un término primero en el órden secundario, con determinacion

propia, como sucede en las cosas que dependen de la voluntad libre.

CAPÍTULO XI.

EXPLICACION FUNDAMENTAL DEL ORÍGEN DE LA OSCURIDAD DE LAS IDEAS EN LO

TOCANTE Á LA CAUSALIDAD.

[116.] Se preguntará de qué naturaleza es este enlace de los términos

de la serie; _cómo_ se comunican unos con otros, _qué es_ lo que se

transmitia, en fuerza _de qué calidad_ se ponen en relacion. Todas

estas cuestiones nacen de confusion de ideas; la cual ha dado ocasion

á interminables disputas. Para evitarlas es necesario recordar la

diferencia entre los conocimientos intuitivo y discursivo, y las ideas

determinadas é indeterminadas, intuitivas y no intuitivas, lo que

llevo explicado en su lugar (Lib. IV, Cap.^s XI, XIII, XIV, XV, XVI,

XIX, XX, XXI, XXII).

[117.] Allí (Cap. XXI) dije que el entendimiento puro puede ejercer

sus funciones por ideas indeterminadas, esto es, representativas de

relaciones generales, sin aplicacion á ningun objeto real ni posible,

hasta que se les añade una determinacion suministrada por la

experiencia (ibid. §. 135). La idea de causa pertenece á las

indeterminadas (ibid. §. 134); y por consiguiente tomada en toda su

generalidad, no puede ofrecernos sino la relacion de ser y no ser, ó

de seres enlazados entre sí con cierta necesidad, todo con absoluta

indeterminacion (ibid. 130). Luego para determinar el carácter de la

misma actividad, y sus medios de comunicacion, no nos basta la idea de

causa: esta por sí sola, nada puede decirnos sobre el particular; ella

se limita á enseñarnos ciertas verdades _à priori_; la aplicacion de

estas á los seres depende de la experiencia.

[118.] He dicho (ibid. Cap. XXII) que nuestra intuicion se limita á lo

siguiente: sensibilidad pasiva, sensibilidad activa, inteligencia,

voluntad; todo lo que sale de esta esfera nosotros no lo conocemos

sino por conceptos indeterminados, y por consiguiente nos es imposible

exponer á la intuicion ajena lo que sentimos que falta á la intuicion

propia. Apuremos mas esta doctrina, aplicándola á las cuestiones

filosóficas sobre la causalidad.

[119.] Se ha disputado mucho sobre si los cuerpos ejercen unos sobre

otros verdadera accion, y los que sostenian la negativa, no se

cansaban de preguntar _cómo_ un cuerpo causa algo en otro, _qué es_ lo

que le transmite, cuál es el _carácter_ de su calidad activa. A esto

se daban varias respuestas, pero dudo mucho que sea posible ninguna

satisfactoria, en no ateniéndose á la doctrina que acabo de exponer.

¿Qué debia responderse pues? hélo aquí. Nosotros no conocemos

intuititivamente de los cuerpos, sino la sensibilidad pasiva, la cual

en último resultado no es otra cosa que la extension con sus varias

modificaciones (ibid. 139). Ahora bien; estas modificaciones se

reducen á figura y movimiento; todo lo que sea apartarse de estas dos

intuiciones, exigiendo una explicacion con determinaciones

características, es pedir al hombre una cosa á que no llegan sus

fuerzas. Los límites de nuestra intuicion en este punto, nos reducen á

la extension, al movimiento y á las relaciones de estas dos cosas con

nuestra sensibilidad: así debemos contentarnos con observar los

fenómenos corpóreos y sujetarlos á cálculo en el círculo de dicha

intuicion: todo lo demás nos es imposible. Sabemos que el cuerpo A se

mueve con cierta velocidad que medimos por la relacion del espacio con

el tiempo; al llegar al lugar en que se encuentra B, este comienza á

moverse en la direccion y con la velocidad correspondiente. Aquí hay

sucesion de fenómenos en el tiempo y en el espacio; fenómenos

sometidos á reglas constantes, de las cuales nos cerciora la

experiencia. Nuestros conocimientos intuitivos no pasan mas allá: en

saliendo de esto entramos en las relaciones generales de ser y no ser,

de ser _antes_ y ser _despues_, de condicion y de condicional, que no

nos ofrecen nada determinado para explicar el verdadero carácter de la

causalidad secundaria.

[120.] La filosofía al ocuparse de los cuerpos, está condenada á

ceñirse á los límites de la física propiamente dicha; cuando quiere

elevarse á la region de la metafísica, los cuerpos desaparecen, en

cuanto fenómenos sujetos á observacion sensible, y no resta de ellos

otra cosa que las ideas generales indeterminadas.

[121.] Tocante á la facultad de sentir, nos hallamos en algun modo

pasivos, en cuanto recibimos las impresiones que llamamos sensaciones;

y la parte de actividad que en ello pueda cabernos, no depende de

nuestro libre albedrío, supuesto que estemos sometidos á las

condiciones de la sensibilidad. Si aplicamos la mano al fuego, nos es

imposible no experimentar la sensacion del calor. Por lo que toca á la

causalidad que puede haber en nosotros respecto á la reproduccion de

sensaciones pasadas, ó á la produccion de representaciones sensibles

nuevas, en vano se nos preguntaria sobre el _modo_ con que ejercemos

esta actividad: su ejercicio es un hecho de conciencia, del cual solo

sabemos que existe de tal ó cual manera, en nuestra conciencia.

[122.] Lo propio podemos decir de la elaboracion de las ideas. Todos

los filósofos no son capaces de explicar el _modo_ con que se hace

esta produccion inmanente; las investigaciones ideológicas se limitan

á caracterizar y clasificar dichos fenómenos y á exponer el órden con

que se suceden; pero no enseñan nada sobre el modo con que estos

fenómenos son producidos.

[123.] El ejercicio de la voluntad ofrece á nuestra intuicion, ó si se

quiere á la conciencia, otra serie de fenómenos, sobre cuya produccion

nada sabemos, en cuanto al modo. La conciencia nos atestigua que se

hallan en nuestro interior, y que en nosotros está el principio libre

que ejerce dicha actividad: sobre este punto no sabemos nada mas; pero

estos fenómenos se hallan á veces ligados con los movimientos de

nuestro cuerpo, que una experiencia constante nos ofrece como

dependientes de nuestra voluntad: ¿de qué manera se ligan cosas tan

diferentes? no lo sabemos; la filosofía no lo alcanzará jamás.

CAPÍTULO XII.

CAUSALIDAD DE PURO IMPERIO DE LA VOLUNTAD.

Filosofía Fundamental, Tomo IV · 第 15 / 21 段