tránsito del no A, al A, sin ninguna razon, sin ningun intermedio:
ellos que niegan la creacion, admiten una cosa mil veces mas
incomprensible que la creacion. ¿De dónde infieren la posibilidad de
este tránsito? Nó de la experiencia, porque esta no les ofrece sino
sucesion, y por tanto ninguna aparicion absoluta, á la manera que
ellos fingen; nó de la razon, pues que esta no alcanza á hacer salir
de una pura negacion un concepto positivo.
[60.] ¿Cómo se pasa del no A, al A? Los que reconocen el principio de
causalidad dicen que se pasa con la accion de B, que llaman causa. Si
se trata de producir una substancia, hacen intervenir la accion de un
ser en quien suponen un poder infinito. Pero los que niegan el
principio de causalidad, no pueden responder nada á dicha pregunta;
sino que se pasa del no A, al A, absolutamente. Fingen el instante M,
en que A no existia; y luego el instante N, en que A existe. ¿Por qué?
no alegan razon ninguna: sin saber cómo, ha surgido de la nada el A,
sin la accion de nada. Esto es una contradiccion manifiesta.
[61.] El principio de causalidad se funda en las ideas puras de ser y
no ser. Puesto el _no ser_ solo, vemos evidentemente que no puede
comenzar el ser. El principio es pues puramente ontológico: los que
apelan á _solas_ razones de experiencia para establecerle ó
combatirle, plantean mal la cuestion: la sacan de su verdadero
terreno: confunden la _noticia_ de la causalidad con la _nocion_ ó
idea de la causalidad.
Los filósofos que no salgan del órden sensible, no pueden afianzar
sólidamente este principio: por cuya razon, solo han caido en el error
ó en la duda sobre este punto, los que no admiten mas ideas que las
sensaciones; y debieran haber caido en la misma duda todos los
sensualistas, si hubiesen sido bastante lógicos para sacar las últimas
consecuencias de su doctrina.
CAPÍTULO VII.
EL PRINCIPIO DE LA PRECEDENCIA.
[62.] El tránsito del no ser al ser implica sucesion: para concebir
que algo _comienza_, es preciso concebir que este algo no _existia_.
La serie
no A, A,
carece de sentido en faltando uno cualquiera de los términos: y estos,
como contradictorios, no pueden existir á un mismo tiempo.
[63.] Imaginemos la nada absoluta. El primer término, no A, está solo.
Toda existencia está negada: nada se puede afirmar, sin contradecir al
supuesto. Entonces, no hay tiempo; porque siendo este la sucesion de
las cosas, ó del ser y no ser (Lib. VII) no puede existir, cuando no
se puede suceder nada, por no haber nada. Si suponemos que algo
comienza, establecemos la serie no A, A; en cuyo caso imaginamos dos
instantes diferentes M, N, á que corresponden respectivamente los
términos de la serie, en esta forma:
no A, A.
M, N.
Y se podrá decir con verdad: M no es N. ¿Qué significa esta
proposicion? Ya que el tiempo, y en general ninguna duracion se
distingue de las cosas que duran (Lib. VII, Cap.^s IV y V), N no puede
representar sino la existencia de A, con relacion á no A; así como M,
tampoco representará sino el no A, con relacion al A. De esto se sigue
que en el concepto de A, en cuanto comienza, se incluye la relacion al
no A, sin lo cual no puede ser concebido como _comenzado_.
[64.] Suponiendo al menos una inteligencia para conocer esta relacion,
es concebible lo que se acaba de explicar; porque esta inteligencia,
referiria el no A y el A, á su duracion propia, sucesivamente, si esta
duracion fuese sucesiva, como la nuestra; de otro modo, si esta
duracion no fuese sucesiva. Pero si no hay nada absolutamente, la
serie no A, A, es inconcebible, pues la relacion del A, en cuanto
comienza carece de término de comparacion, real ó pensado, á no ser
que finjamos un tiempo puro, enteramente vacío, donde imaginemos
colocados los términos de la serie.
[65.] Así parece, que por el mero hecho de pensar el A, en cuanto
_comenzado_, pensamos tambien una existencia precedente; pues no hay
comienzo, si al A no le ha precedido el _no_ A; y esta precedencia no
significa nada, si no hay una existencia á que se refiera, ya sea como
á serie sucesiva, ya como á duracion inmutable.
[66.] Si A, debe ser precedido de una existencia B, tenemos que nada
puede comenzar absolutamente, sin que algo exista; y que en el simple
concepto de la sucesion hallamos la necesidad de algo existente
_siempre_, para que algo pueda comenzar.
[67.] Como la duracion no es nada distinto de las cosas; los dos
términos de la serie, B, A, de los cuales el uno precede al otro, no
pueden ser colocados en una duracion absoluta, distinta de las mismas
cosas; ó en dos instantes distintos, independientemente de las cosas.
Esa relacion pues, que existe entre A y B, no es relacion de instante
á instante, ya que los instantes en sí no son nada, sino de cosa á
cosa; luego, por lo mismo que A comienza, tiene relacion necesaria con
B. Por lo dicho, A no podria comenzar sin existir B; luego B, es
condicion necesaria para la existencia de A. Luego resulta demostrado
que todo ser que comienza, depende de un ser existente.
[68.] Esta demostracion se halla, bien que nó desenvuelta de este
modo, en las obras del baron Pascual Galluppi, profesor de filosofía
en la universidad de Nápoles (Cartas filosóficas sobre las vicisitudes
de la filosofía, carta XIV); y aunque no se le puede negar que
encierra mucha profundidad, sin embargo parece que no deja el
entendimiento satisfecho del todo. Hé aquí las palabras del filósofo
italiano.
«Esta proposicion, no hay efecto sin causa, ¿es una proposicion
idéntica? Yo he demostrado su identidad de la manera que sigue. Lo que
tiene un comienzo de existencia debe haber sido precedido ó de un
tiempo vacío ó de un ser; porque de otro modo la cosa de que se trata
seria la primera existencia y la primera letra del alfabeto de los
seres, y no se podria decir que ella comienza á ser; porque esta
nocion de _comienzo de existencia_ implica en sí una prioridad con
relacion al ser que comienza. Estas dos nociones _existencia
comenzada_ y _existencia precedida de otro cosa_, son pues idénticas;
pero ¿es posible que una existencia sea precedida de un tiempo vacío?
Yo he demostrado que una duracion vacía es una quimera, un producto de
la imaginacion, falto de toda realidad. El desarrollo de esta prueba
que no puedo exponer aquí, se hallará en mis _Ensayos sobre la crítica
del conocimiento_. Allí tengo establecido que el tiempo no es otra
cosa que el _número de las producciones_. Aristóteles ha dicho que el
tiempo es el _número del movimiento_. Luego _la existencia comenzada
es una existencia precedida de otra existencia_. Esta proposicion es
idéntica; pero ¿cómo puede una existencia ser precedida de otra? La
que precede ¿se halla por ventura en un instante de tiempo anterior al
en que se encuentra la precedida? en este caso se recae en la doctrina
del tiempo distinto de las cosas existentes. Así es menester admitir
que la existencia que precede es tal que hace la existencia precedida
_existencia comenzada_. Esta no es comenzada sino porque es precedida;
la _anterioridad_ de la existencia que precede es una anterioridad de
_naturaleza_; una anterioridad objetiva, una anterioridad que hace el
comienzo de la existencia precedida; ella es pues la _causa eficiente_
de esta existencia. Así el gran principio de la causalidad resulta
invenciblemente demostrado: es una proposicion idéntica.»
[69.] Repito que esta demostracion no deja del todo satisfecho; nó
porque ella en sí misma no sea concluyente, sino porque necesita mas
desarrollo. El nervio de la prueba está en la imposibilidad de
concebir un _comienzo_, sin concebir algo preexistente; y de concebir
precedencia, sin relacion de lo que comienza á lo que preexiste. No se
comprende fácilmente, cómo de esta razon, se infiere la dependencia
intrínseca de las cosas; y hasta el fundarse el argumento en una idea
tan difícil como la del tiempo, aumenta mucho las dudas.
[70.] Supongamos que el mundo existe, y que algo comienza ahora.
Entonces se concibe la precedencia sin la dependencia. Si bien se
reflexiona, esto sucede á cada paso; pues que en realidad comienzan de
continuo muchos seres, precedidos por otros de los cuales no dependen.
Se dirá que no dependen de todos, sino de uno, pero esto mismo es lo
que se busca. Para probar que el principio de causalidad está
demostrado por la simple idea del órden de la duracion, es necesario
probar que la relacion de precedencia es relacion de dependencia. Lo
que comienza, supone algo; ciertamente; pero falta probar si depende
de este algo, como de una cosa producente, ó tan solo como de una
condicion, que _nos haga posible el concepto_ del comienzo. Hasta que
se haya probado que para el tránsito del no ser al ser, es
indispensable la _accion_ de un ser, parece no quedar probado el
principio de la causalidad, sino el de la precedencia; y como el órden
de las cosas en la duracion, ó sea la anterioridad y posterioridad, no
nos representa mas dependencia que la de pura sucesion, resultaria que
si nos limitásemos á la precedencia, no habríamos probado que todo lo
que comienza debe depender de otro, sino que todo lo que comienza debe
_suceder_ á otro; esto último no es el principio de _causalidad_, sino
de _sucesion_.
[71.] Aclaremos algo mas estas ideas.
Para que se comprenda mejor la dificultad que milita contra la
demostracion anterior, observaré que para los que no admiten el
principio de causalidad, no es imposible que comience _cualquiera_
cosa, en _cualquiera_ momento, sin ninguna causa. Representemos los
seres sucesivos del universo por la serie ... A, B, C, D, E, ... y los
tiempos en que existen, por la serie ..... a, b, c, d, e, ... Segun la
demostracion que examinamos, ningun término ha podido comenzar, sin
que le haya precedido otro; por manera que el D, _comenzado_,
significa lo mismo que el D, _precedido_. Luego el D, tiene una
relacion necesaria con el C, por la razon de que los instantes d y c,
no son nada en sí mismos, en cuanto distintos de D y C.
Quien no admita el principio de causalidad, dirá que el D, puede
comenzar sin ninguna dependencia del C; y que para hacer posible el
concepto del comienzo, basta que haya existido _siempre_ algo, aunque
los términos _precedentes_ y _precedidos_ no tengan entre sí ninguna
relacion. Así como el órden de los seres está representado por la
serie..... A, B, C, D, E, se podrá imaginar otra serie.. M, N, P, Q,
R, de modo que á las dos les corresponda la misma serie de tiempo.....
a, b, c, d, e. Entonces el D, puede comenzar sin dependencia
_necesaria_ del C, porque basta que preexista P, en el instante c,
para que se nos haga posible el concepto del comienzo; en cuyo caso,
el D, no tendrá ninguna relacion _necesaria_ con C, ni con P;
bastándole la precedencia de uno ú otro. Y como es evidente que lo que
se dice de C y de P, se podrá decir de otros cualesquiera términos de
las mismas series ó de otras, resulta que la demostracion no conduce
sino á la necesidad de concebir algo _preexistente_; y esto solamente
para hacer posible el concepto de un comienzo. Y si á esto se añade la
dificultad que de suyo ofrece la naturaleza de las ideas de tiempo y
de toda duracion, parece que deberemos inferir que la demostracion no
es tan satisfactoria como seria de desear. Los que no profundicen
mucho en la idea del tiempo, apenas entenderán el sentido de la
prueba; y los demás verán demostrada la contradiccion que se encierra
en un comienzo absoluto; y por tanto la necesidad de que haya existido
_siempre_ algo; mas nó la dependencia intrínseca que se implica en la
relacion de un efecto á su causa. Estas dificultades obligan á un
exámen mas riguroso y profundo.
[72.] El principio de la precedencia nos conduce á un resultado
importante. Nuestro entendimiento concibe absolutamente una existencia
como eterna; pues que le es imposible el concebir un comienzo
absoluto, sin un ser anterior.
[73.] El concepto de la nada absoluta nos es imposible. 1.° Porque
este seria un concepto completamente vacío; ó mas bien la ausencia de
todo concepto. La negacion, la concebimos relativamente á una
existencia (Lib. V, cap. IX); pero nó absolutamente. 2.° Porque no es
posible el concepto sin conciencia; y en esta, se halla implicada la
idea de ser, de algo, la cual es contradictoria con la nada absoluta.
[74.] No pudiendo concebir la nada absoluta, concebimos siempre algo
existente; y como por lo demostrado anteriormente, no podemos concebir
un comienzo absoluto, resulta que no podemos pensar sin que nuestro
pensamiento implique el concepto de una existencia eterna.
¡Que verdad tan luminosa! ¡Cuántas reflexiones inspira! Sigamos
meditando.
[75.] Resulta pues que es un hecho primitivo de nuestro espíritu la
necesidad de pensar lo necesario y eterno; y que la confusion que
sentimos al pensar en la duracion en abstracto, y esa inclinacion á
fingir tiempos, antes que existiera el mundo, nace de la necesidad de
concebir lo eterno, necesidad de que nuestro espíritu no puede
emanciparse, supuesto que piense.
[76.] La basa del principio de contradiccion: la idea _de ser_, se
halla en nuestros conceptos de una manera absoluta; su opuesta la de
_no ser_, se halla tan solo con respecto á lo contingente; es una
especie de condicion implicada en la contingencia.
[77.] Todo lo contingente incluye algo de no ser; por lo mismo que es
contingente, puede _no ser_, y por tanto su no ser, está cuando menos
en el órden de la posibilidad. Pero esos tránsitos del no ser al ser,
no son ni siquiera concebibles, sino presuponiendo algo existente,
necesario y eterno.
[78.] Así, hallamos en nuestras ideas el ser como absoluto, y el no
ser como relativo; y el ser que ha salido del no ser, ó que ha
_comenzado_, no lo podemos concebir sino con relacion á un ser
absoluto.
[79.] Esta relacion objetivamente considerada, no nos parece á primera
vista la de causalidad, sino la de sucesion; pero nos ofrece un hecho
subjetivo que nos lleva al conocimiento de la verdad objetiva. En
efecto: ya que nuestros conceptos de no ser y ser, están ligados de
tal suerte que no podemos concebir el tránsito del no ser al ser, sin
concebir un ser preexistente: hallamos aquí un reflejo de la
causalidad objetiva, que se nos revela en los hechos subjetivos. La
duracion, como distinta de las cosas, es una pura imaginacion; la
relacion pues de las duraciones es la relacion de los seres. Es verdad
que por lo dicho, en esta relacion de duraciones descubrimos solo la
sucesion, y nó la dependencia intrínseca; pero esta dependencia,
aunque no conocida intuitivamente, se halla representada en el mismo
enlace con que concebimos los seres en la duracion. Es cierto que
podemos imaginar diferentes series; pero la de los tiempos, es una
pura imaginacion, en cuanto la concebimos distinta de los demás. Si la
serie de los tiempos desaparece, solo restan las series de las cosas:
la relacion entre los términos será la relacion entre las cosas; y la
dependencia llamada de _sucesion_, será una dependencia de _realidad_.
La relacion real, de lo que pasa del no ser al ser, con lo que es
absolutamente, es una dependencia de causalidad.
[80.] Imaginemos las series de realidades que se quieran.
A, B, C, D, E,........
M, N, P, Q, R,........
la del tiempo a, b, c, d, e, en cuanto distinta de las demás, no
significa nada. En este caso, se la puede eliminar; y todas las
relaciones de unos términos á otros, no serán de tiempos, sino de
cosas.
Ahora bien: se ha demostrado que un término D, por ejemplo, no puede
ser concebido pasando del no ser al ser, ó _comenzando_, sino con una
relacion; y esta por lo explicado, es relacion real del D, á un
término cualquiera. Se habia objetado que el D podia comenzar, con tal
que hubiese otro término, que hiciese posible el concepto de la
prioridad, y por tanto del comienzo; para lo cual se le iba á buscar
en otra serie distinta; pero si bien se reflexiona, esto no es mas que
cambiar de nombres: porque si el término necesario para el comienzo,
se halla en otra serie, en ella se hallará la causa, pues que allí
estará lo que se necesita para el efecto.
[81.] Todos los términos comenzados, presuponen otros, uno ó mas, pues
aquí prescindimos de su unidad; luego al fin hemos de parar á uno ó
mas términos _no_ comenzados. Los comenzados no pueden haber
comenzado, sin la existencia de los no comenzados; luego la existencia
de estos les es necesaria para la suya. Luego en la de estos se halla
la razon de su existencia comenzada; luego la verdadera causalidad.
[82.] Las dificultades que se oponen á esta demostracion nacen de que
sin advertirlo, se falta al supuesto, atribuyendo á la duracion una
existencia distinta de los seres. Para comprender toda la fuerza de la
prueba es necesario eliminar del todo el concepto imaginario de la
duracion pura: y entonces se ve que la dependencia representada como
relacion de duracion, es una dependencia de los seres en sí mismos,
dependencia que no nos ofrece otra cosa que la misma relacion
expresada por el principio de causalidad.
[83.] Eliminado completamente el concepto de duracion pura, como de
una cosa distinta de los seres, resta solo el tránsito del no ser al
ser, única cosa que puede expresarse por la palabra comenzar. En este
caso hallamos, que el principio de la precedencia es el mismo
principio de causalidad; y como para soltar las dificultades, hemos
tenido que prescindir completamente de la duracion en sí misma, nos
hallamos con que el principio de causalidad, si ha de quedar fuera de
duda, y ha de ser contado entre los axiomas, no puede fundarse sino en
la contradiccion entre el ser y el no ser; en la imposibilidad de
concebir un ser que aparece de repente, sin que le preceda nada mas
que un puro no ser.
[84.] Así en último resultado, y despues de haber dado tantas vueltas
á la cuestion, venimos á parar á lo mismo que teníamos establecido en
los capítulos anteriores; un no ser no puede llegar á ser, sin la
intervencion de un ser: la serie _no_ A, A, es imposible, si no
interviene un ser, B. Así lo hallamos en nuestras mismas ideas; y
contradecir á esta verdad, es negar nuestra propia razon.
Creo pues, que el principio de causalidad no resulta completamente
explicado sino ateniéndonos á lo dicho en los capítulos anteriores. El
comenzar, supone un no ser de lo que comienza; y del concepto de no
ser, es imposible que salga el ser: esto es contradictorio. El
principio es verdadero subjetivamente, pues estriba en nuestras mismas
ideas; pero lo es tambien objetivamente, á causa de que en tales casos
la objetividad está necesariamente ligada con la subjetividad (Lib. I,
Cap. XXV). El ser apareciendo repentinamente, sin causa, sin razon,
sin nada; es una representacion absurda, que nuestro entendimiento
rechaza con la misma fuerza é instantaneidad que admite el principio
de contradiccion.
Como el tiempo es la relacion del no ser al ser, el órden entre lo
variable, se concibe tambien que el concebir sucesion, sin algo que
preexista, es contradecirse; y así el principio de la precedencia,
viene á fortalecer el principio de causalidad; ó mas bien, se
manifiesta que son uno solo, bien que presentados bajo diferentes
aspectos: el de precedencia, se refiere á la duracion, el de
causalidad al ser: pero ambos expresan una aplicacion del principio
fundamental: es imposible que una cosa sea y no sea á un mismo tiempo.
CAPÍTULO VIII.
LA CAUSALIDAD EN SÍ MISMA. INSUFICIENCIA Y ERROR DE ALGUNAS EXPLICACIONES.
[85.] La causalidad implica relacion: si está puesta en ejercicio,
implica relacion actual; considerada sin ejercicio, ó _in potentia_,
implica relacion posible. Nada se causa á sí mismo; la causalidad se
refiere siempre á _otro_. No hay causa cuando no hay efecto; y no hay
efecto cuando no hay tránsito del no ser al ser. Si este tránsito se
verifica en una substancia que no era, y comienza á ser, se apellida
creacion: esta se llama pasiva, relativamente al efecto; activa, con
respecto á la causa. Si el tránsito es de solos accidentes, el efecto
es una modificacion _nueva_; no se dice que hay un nuevo ser, sino que
un ser es de _otro modo_.
[86.] De esto se infiere que causalidad no es lo mismo que actividad;
toda causalidad es actividad; mas nó toda actividad es causalidad.
Dios es activo en sí mismo; pero no es causa sino con relacion á lo
externo. Su inteligencia y su voluntad consideradas en sí,
prescindiendo de la creacion, como concebimos á Dios antes del
principio del mundo desde toda la eternidad, son ciertamente actividad
infinita; y sin embargo en cuanto son puramente inmanentes, no son
causalidad, porque no producen nada nuevo en Dios: su inteligencia es
un acto puro, infinitamente perfecto, que jamás sufre ni puede sufrir
ninguna mudanza; lo mismo debe decirse de su voluntad; luego la
inteligencia y la voluntad divina con respecto al mismo Dios, no son
actos de causalidad; y aun en cuanto se refieren á los objetos
externos, no son causa producente en la realidad, sino con sujecion á
la voluntad libre del Criador; de otro modo deberíamos admitir que
Dios ha criado el mundo por necesidad.
La actividad en la criatura, aun en las operaciones inmanentes, es
siempre causalidad; porque no puede ejercerla, sin que produzca nuevas
modificaciones. Los actos de entendimiento y voluntad son ejercicio de
una actividad inmanente, y no dejan por esto de modificarnos de
diferentes maneras. Cuando pensamos ó queremos, somos de _otro modo_
que cuando no queremos ni pensamos; y cuando pasamos de pensar ó
querer una cosa, á pensar ó querer otra, este tránsito no puede
verificarse, sin que experimentemos _modos nuevos_ de ser.
[87.] ¿En qué consiste la relacion de causalidad eficiente? ¿qué
significa la dependencia del efecto con respecto á la causa? Esta es
una cuestion difícil, profunda, una de las mas difíciles y profundas
que puedan ofrecerse á la ciencia. El vulgo de los hombres y aun de
los filósofos, cree resolverla empleando palabras que bien analizadas,
no aclaran nada.
[88.] Causar, se dice, es dar el ser.--¿Qué significa dar?--Dar, es
aquí sinónimo de producir.--¿Qué significa producir? Con esto se
acaban las explicaciones, si no se quiere caer en un círculo,
diciendo, que producir es causar ó dar el ser.
Causa, se dice tambien, es aquello de que resulta una cosa.--¿Qué se
entiende por resultar?--Dimanar.--¿Qué es dimanar?--Dimanar es venir,
salir una cosa de otra.--Siempre lo mismo: palabras metafóricas que en
el fondo tienen un significado idéntico.
Se dice de la causa que _da_, _produce_, _hace_, _comunica_,
_engendra_, etc., y del efecto, que _recibe_, _dimana_, _procede_,
_resulta_, _viene_, _nace_ etc.
[89.] La causalidad implica sucesion; pero no se identifica con ella.
Concebimos muy claramente que B es despues de A, sin que A sea causa
de B. La experiencia interna y externa nos ofrece continuos ejemplos
de una sucesion distinta de la causalidad. Un hombre sale al campo,
otro sale despues de él; entre las salidas hay sucesion, y puede no
haber ninguna causalidad. Los dos fenómenos considerados ya
objetivamente, esto es, en sí mismos, ya subjetivamente esto es, en
cuanto son conocidos por nosotros, están enlazados por la relacion de
sucesion; mas nó por la de causalidad. Tanto en el lenguaje filosófico
como en el oratorio, el _post_ y el _propter_, _despues_ y _por_,
significan cosas muy diferentes. En los fenómenos puramente internos,
se verifica lo mismo. Pienso en una cuestion filosófica, y luego me
ocupo de una cuestion literaria: los dos pensamientos son sucesivos,
sin que el uno sea causa del otro.