[59.] Los que niegan pues el principio de causalidad, conciben el

tránsito del no A, al A, sin ninguna razon, sin ningun intermedio:

ellos que niegan la creacion, admiten una cosa mil veces mas

incomprensible que la creacion. ¿De dónde infieren la posibilidad de

este tránsito? Nó de la experiencia, porque esta no les ofrece sino

sucesion, y por tanto ninguna aparicion absoluta, á la manera que

ellos fingen; nó de la razon, pues que esta no alcanza á hacer salir

de una pura negacion un concepto positivo.

[60.] ¿Cómo se pasa del no A, al A? Los que reconocen el principio de

causalidad dicen que se pasa con la accion de B, que llaman causa. Si

se trata de producir una substancia, hacen intervenir la accion de un

ser en quien suponen un poder infinito. Pero los que niegan el

principio de causalidad, no pueden responder nada á dicha pregunta;

sino que se pasa del no A, al A, absolutamente. Fingen el instante M,

en que A no existia; y luego el instante N, en que A existe. ¿Por qué?

no alegan razon ninguna: sin saber cómo, ha surgido de la nada el A,

sin la accion de nada. Esto es una contradiccion manifiesta.

[61.] El principio de causalidad se funda en las ideas puras de ser y

no ser. Puesto el _no ser_ solo, vemos evidentemente que no puede

comenzar el ser. El principio es pues puramente ontológico: los que

apelan á _solas_ razones de experiencia para establecerle ó

combatirle, plantean mal la cuestion: la sacan de su verdadero

terreno: confunden la _noticia_ de la causalidad con la _nocion_ ó

idea de la causalidad.

Los filósofos que no salgan del órden sensible, no pueden afianzar

sólidamente este principio: por cuya razon, solo han caido en el error

ó en la duda sobre este punto, los que no admiten mas ideas que las

sensaciones; y debieran haber caido en la misma duda todos los

sensualistas, si hubiesen sido bastante lógicos para sacar las últimas

consecuencias de su doctrina.

CAPÍTULO VII.

EL PRINCIPIO DE LA PRECEDENCIA.

[62.] El tránsito del no ser al ser implica sucesion: para concebir

que algo _comienza_, es preciso concebir que este algo no _existia_.

La serie

no A, A,

carece de sentido en faltando uno cualquiera de los términos: y estos,

como contradictorios, no pueden existir á un mismo tiempo.

[63.] Imaginemos la nada absoluta. El primer término, no A, está solo.

Toda existencia está negada: nada se puede afirmar, sin contradecir al

supuesto. Entonces, no hay tiempo; porque siendo este la sucesion de

las cosas, ó del ser y no ser (Lib. VII) no puede existir, cuando no

se puede suceder nada, por no haber nada. Si suponemos que algo

comienza, establecemos la serie no A, A; en cuyo caso imaginamos dos

instantes diferentes M, N, á que corresponden respectivamente los

términos de la serie, en esta forma:

no A, A.

M, N.

Y se podrá decir con verdad: M no es N. ¿Qué significa esta

proposicion? Ya que el tiempo, y en general ninguna duracion se

distingue de las cosas que duran (Lib. VII, Cap.^s IV y V), N no puede

representar sino la existencia de A, con relacion á no A; así como M,

tampoco representará sino el no A, con relacion al A. De esto se sigue

que en el concepto de A, en cuanto comienza, se incluye la relacion al

no A, sin lo cual no puede ser concebido como _comenzado_.

[64.] Suponiendo al menos una inteligencia para conocer esta relacion,

es concebible lo que se acaba de explicar; porque esta inteligencia,

referiria el no A y el A, á su duracion propia, sucesivamente, si esta

duracion fuese sucesiva, como la nuestra; de otro modo, si esta

duracion no fuese sucesiva. Pero si no hay nada absolutamente, la

serie no A, A, es inconcebible, pues la relacion del A, en cuanto

comienza carece de término de comparacion, real ó pensado, á no ser

que finjamos un tiempo puro, enteramente vacío, donde imaginemos

colocados los términos de la serie.

[65.] Así parece, que por el mero hecho de pensar el A, en cuanto

_comenzado_, pensamos tambien una existencia precedente; pues no hay

comienzo, si al A no le ha precedido el _no_ A; y esta precedencia no

significa nada, si no hay una existencia á que se refiera, ya sea como

á serie sucesiva, ya como á duracion inmutable.

[66.] Si A, debe ser precedido de una existencia B, tenemos que nada

puede comenzar absolutamente, sin que algo exista; y que en el simple

concepto de la sucesion hallamos la necesidad de algo existente

_siempre_, para que algo pueda comenzar.

[67.] Como la duracion no es nada distinto de las cosas; los dos

términos de la serie, B, A, de los cuales el uno precede al otro, no

pueden ser colocados en una duracion absoluta, distinta de las mismas

cosas; ó en dos instantes distintos, independientemente de las cosas.

Esa relacion pues, que existe entre A y B, no es relacion de instante

á instante, ya que los instantes en sí no son nada, sino de cosa á

cosa; luego, por lo mismo que A comienza, tiene relacion necesaria con

B. Por lo dicho, A no podria comenzar sin existir B; luego B, es

condicion necesaria para la existencia de A. Luego resulta demostrado

que todo ser que comienza, depende de un ser existente.

[68.] Esta demostracion se halla, bien que nó desenvuelta de este

modo, en las obras del baron Pascual Galluppi, profesor de filosofía

en la universidad de Nápoles (Cartas filosóficas sobre las vicisitudes

de la filosofía, carta XIV); y aunque no se le puede negar que

encierra mucha profundidad, sin embargo parece que no deja el

entendimiento satisfecho del todo. Hé aquí las palabras del filósofo

italiano.

«Esta proposicion, no hay efecto sin causa, ¿es una proposicion

idéntica? Yo he demostrado su identidad de la manera que sigue. Lo que

tiene un comienzo de existencia debe haber sido precedido ó de un

tiempo vacío ó de un ser; porque de otro modo la cosa de que se trata

seria la primera existencia y la primera letra del alfabeto de los

seres, y no se podria decir que ella comienza á ser; porque esta

nocion de _comienzo de existencia_ implica en sí una prioridad con

relacion al ser que comienza. Estas dos nociones _existencia

comenzada_ y _existencia precedida de otro cosa_, son pues idénticas;

pero ¿es posible que una existencia sea precedida de un tiempo vacío?

Yo he demostrado que una duracion vacía es una quimera, un producto de

la imaginacion, falto de toda realidad. El desarrollo de esta prueba

que no puedo exponer aquí, se hallará en mis _Ensayos sobre la crítica

del conocimiento_. Allí tengo establecido que el tiempo no es otra

cosa que el _número de las producciones_. Aristóteles ha dicho que el

tiempo es el _número del movimiento_. Luego _la existencia comenzada

es una existencia precedida de otra existencia_. Esta proposicion es

idéntica; pero ¿cómo puede una existencia ser precedida de otra? La

que precede ¿se halla por ventura en un instante de tiempo anterior al

en que se encuentra la precedida? en este caso se recae en la doctrina

del tiempo distinto de las cosas existentes. Así es menester admitir

que la existencia que precede es tal que hace la existencia precedida

_existencia comenzada_. Esta no es comenzada sino porque es precedida;

la _anterioridad_ de la existencia que precede es una anterioridad de

_naturaleza_; una anterioridad objetiva, una anterioridad que hace el

comienzo de la existencia precedida; ella es pues la _causa eficiente_

de esta existencia. Así el gran principio de la causalidad resulta

invenciblemente demostrado: es una proposicion idéntica.»

[69.] Repito que esta demostracion no deja del todo satisfecho; nó

porque ella en sí misma no sea concluyente, sino porque necesita mas

desarrollo. El nervio de la prueba está en la imposibilidad de

concebir un _comienzo_, sin concebir algo preexistente; y de concebir

precedencia, sin relacion de lo que comienza á lo que preexiste. No se

comprende fácilmente, cómo de esta razon, se infiere la dependencia

intrínseca de las cosas; y hasta el fundarse el argumento en una idea

tan difícil como la del tiempo, aumenta mucho las dudas.

[70.] Supongamos que el mundo existe, y que algo comienza ahora.

Entonces se concibe la precedencia sin la dependencia. Si bien se

reflexiona, esto sucede á cada paso; pues que en realidad comienzan de

continuo muchos seres, precedidos por otros de los cuales no dependen.

Se dirá que no dependen de todos, sino de uno, pero esto mismo es lo

que se busca. Para probar que el principio de causalidad está

demostrado por la simple idea del órden de la duracion, es necesario

probar que la relacion de precedencia es relacion de dependencia. Lo

que comienza, supone algo; ciertamente; pero falta probar si depende

de este algo, como de una cosa producente, ó tan solo como de una

condicion, que _nos haga posible el concepto_ del comienzo. Hasta que

se haya probado que para el tránsito del no ser al ser, es

indispensable la _accion_ de un ser, parece no quedar probado el

principio de la causalidad, sino el de la precedencia; y como el órden

de las cosas en la duracion, ó sea la anterioridad y posterioridad, no

nos representa mas dependencia que la de pura sucesion, resultaria que

si nos limitásemos á la precedencia, no habríamos probado que todo lo

que comienza debe depender de otro, sino que todo lo que comienza debe

_suceder_ á otro; esto último no es el principio de _causalidad_, sino

de _sucesion_.

[71.] Aclaremos algo mas estas ideas.

Para que se comprenda mejor la dificultad que milita contra la

demostracion anterior, observaré que para los que no admiten el

principio de causalidad, no es imposible que comience _cualquiera_

cosa, en _cualquiera_ momento, sin ninguna causa. Representemos los

seres sucesivos del universo por la serie ... A, B, C, D, E, ... y los

tiempos en que existen, por la serie ..... a, b, c, d, e, ... Segun la

demostracion que examinamos, ningun término ha podido comenzar, sin

que le haya precedido otro; por manera que el D, _comenzado_,

significa lo mismo que el D, _precedido_. Luego el D, tiene una

relacion necesaria con el C, por la razon de que los instantes d y c,

no son nada en sí mismos, en cuanto distintos de D y C.

Quien no admita el principio de causalidad, dirá que el D, puede

comenzar sin ninguna dependencia del C; y que para hacer posible el

concepto del comienzo, basta que haya existido _siempre_ algo, aunque

los términos _precedentes_ y _precedidos_ no tengan entre sí ninguna

relacion. Así como el órden de los seres está representado por la

serie..... A, B, C, D, E, se podrá imaginar otra serie.. M, N, P, Q,

R, de modo que á las dos les corresponda la misma serie de tiempo.....

a, b, c, d, e. Entonces el D, puede comenzar sin dependencia

_necesaria_ del C, porque basta que preexista P, en el instante c,

para que se nos haga posible el concepto del comienzo; en cuyo caso,

el D, no tendrá ninguna relacion _necesaria_ con C, ni con P;

bastándole la precedencia de uno ú otro. Y como es evidente que lo que

se dice de C y de P, se podrá decir de otros cualesquiera términos de

las mismas series ó de otras, resulta que la demostracion no conduce

sino á la necesidad de concebir algo _preexistente_; y esto solamente

para hacer posible el concepto de un comienzo. Y si á esto se añade la

dificultad que de suyo ofrece la naturaleza de las ideas de tiempo y

de toda duracion, parece que deberemos inferir que la demostracion no

es tan satisfactoria como seria de desear. Los que no profundicen

mucho en la idea del tiempo, apenas entenderán el sentido de la

prueba; y los demás verán demostrada la contradiccion que se encierra

en un comienzo absoluto; y por tanto la necesidad de que haya existido

_siempre_ algo; mas nó la dependencia intrínseca que se implica en la

relacion de un efecto á su causa. Estas dificultades obligan á un

exámen mas riguroso y profundo.

[72.] El principio de la precedencia nos conduce á un resultado

importante. Nuestro entendimiento concibe absolutamente una existencia

como eterna; pues que le es imposible el concebir un comienzo

absoluto, sin un ser anterior.

[73.] El concepto de la nada absoluta nos es imposible. 1.° Porque

este seria un concepto completamente vacío; ó mas bien la ausencia de

todo concepto. La negacion, la concebimos relativamente á una

existencia (Lib. V, cap. IX); pero nó absolutamente. 2.° Porque no es

posible el concepto sin conciencia; y en esta, se halla implicada la

idea de ser, de algo, la cual es contradictoria con la nada absoluta.

[74.] No pudiendo concebir la nada absoluta, concebimos siempre algo

existente; y como por lo demostrado anteriormente, no podemos concebir

un comienzo absoluto, resulta que no podemos pensar sin que nuestro

pensamiento implique el concepto de una existencia eterna.

¡Que verdad tan luminosa! ¡Cuántas reflexiones inspira! Sigamos

meditando.

[75.] Resulta pues que es un hecho primitivo de nuestro espíritu la

necesidad de pensar lo necesario y eterno; y que la confusion que

sentimos al pensar en la duracion en abstracto, y esa inclinacion á

fingir tiempos, antes que existiera el mundo, nace de la necesidad de

concebir lo eterno, necesidad de que nuestro espíritu no puede

emanciparse, supuesto que piense.

[76.] La basa del principio de contradiccion: la idea _de ser_, se

halla en nuestros conceptos de una manera absoluta; su opuesta la de

_no ser_, se halla tan solo con respecto á lo contingente; es una

especie de condicion implicada en la contingencia.

[77.] Todo lo contingente incluye algo de no ser; por lo mismo que es

contingente, puede _no ser_, y por tanto su no ser, está cuando menos

en el órden de la posibilidad. Pero esos tránsitos del no ser al ser,

no son ni siquiera concebibles, sino presuponiendo algo existente,

necesario y eterno.

[78.] Así, hallamos en nuestras ideas el ser como absoluto, y el no

ser como relativo; y el ser que ha salido del no ser, ó que ha

_comenzado_, no lo podemos concebir sino con relacion á un ser

absoluto.

[79.] Esta relacion objetivamente considerada, no nos parece á primera

vista la de causalidad, sino la de sucesion; pero nos ofrece un hecho

subjetivo que nos lleva al conocimiento de la verdad objetiva. En

efecto: ya que nuestros conceptos de no ser y ser, están ligados de

tal suerte que no podemos concebir el tránsito del no ser al ser, sin

concebir un ser preexistente: hallamos aquí un reflejo de la

causalidad objetiva, que se nos revela en los hechos subjetivos. La

duracion, como distinta de las cosas, es una pura imaginacion; la

relacion pues de las duraciones es la relacion de los seres. Es verdad

que por lo dicho, en esta relacion de duraciones descubrimos solo la

sucesion, y nó la dependencia intrínseca; pero esta dependencia,

aunque no conocida intuitivamente, se halla representada en el mismo

enlace con que concebimos los seres en la duracion. Es cierto que

podemos imaginar diferentes series; pero la de los tiempos, es una

pura imaginacion, en cuanto la concebimos distinta de los demás. Si la

serie de los tiempos desaparece, solo restan las series de las cosas:

la relacion entre los términos será la relacion entre las cosas; y la

dependencia llamada de _sucesion_, será una dependencia de _realidad_.

La relacion real, de lo que pasa del no ser al ser, con lo que es

absolutamente, es una dependencia de causalidad.

[80.] Imaginemos las series de realidades que se quieran.

A, B, C, D, E,........

M, N, P, Q, R,........

la del tiempo a, b, c, d, e, en cuanto distinta de las demás, no

significa nada. En este caso, se la puede eliminar; y todas las

relaciones de unos términos á otros, no serán de tiempos, sino de

cosas.

Ahora bien: se ha demostrado que un término D, por ejemplo, no puede

ser concebido pasando del no ser al ser, ó _comenzando_, sino con una

relacion; y esta por lo explicado, es relacion real del D, á un

término cualquiera. Se habia objetado que el D podia comenzar, con tal

que hubiese otro término, que hiciese posible el concepto de la

prioridad, y por tanto del comienzo; para lo cual se le iba á buscar

en otra serie distinta; pero si bien se reflexiona, esto no es mas que

cambiar de nombres: porque si el término necesario para el comienzo,

se halla en otra serie, en ella se hallará la causa, pues que allí

estará lo que se necesita para el efecto.

[81.] Todos los términos comenzados, presuponen otros, uno ó mas, pues

aquí prescindimos de su unidad; luego al fin hemos de parar á uno ó

mas términos _no_ comenzados. Los comenzados no pueden haber

comenzado, sin la existencia de los no comenzados; luego la existencia

de estos les es necesaria para la suya. Luego en la de estos se halla

la razon de su existencia comenzada; luego la verdadera causalidad.

[82.] Las dificultades que se oponen á esta demostracion nacen de que

sin advertirlo, se falta al supuesto, atribuyendo á la duracion una

existencia distinta de los seres. Para comprender toda la fuerza de la

prueba es necesario eliminar del todo el concepto imaginario de la

duracion pura: y entonces se ve que la dependencia representada como

relacion de duracion, es una dependencia de los seres en sí mismos,

dependencia que no nos ofrece otra cosa que la misma relacion

expresada por el principio de causalidad.

[83.] Eliminado completamente el concepto de duracion pura, como de

una cosa distinta de los seres, resta solo el tránsito del no ser al

ser, única cosa que puede expresarse por la palabra comenzar. En este

caso hallamos, que el principio de la precedencia es el mismo

principio de causalidad; y como para soltar las dificultades, hemos

tenido que prescindir completamente de la duracion en sí misma, nos

hallamos con que el principio de causalidad, si ha de quedar fuera de

duda, y ha de ser contado entre los axiomas, no puede fundarse sino en

la contradiccion entre el ser y el no ser; en la imposibilidad de

concebir un ser que aparece de repente, sin que le preceda nada mas

que un puro no ser.

[84.] Así en último resultado, y despues de haber dado tantas vueltas

á la cuestion, venimos á parar á lo mismo que teníamos establecido en

los capítulos anteriores; un no ser no puede llegar á ser, sin la

intervencion de un ser: la serie _no_ A, A, es imposible, si no

interviene un ser, B. Así lo hallamos en nuestras mismas ideas; y

contradecir á esta verdad, es negar nuestra propia razon.

Creo pues, que el principio de causalidad no resulta completamente

explicado sino ateniéndonos á lo dicho en los capítulos anteriores. El

comenzar, supone un no ser de lo que comienza; y del concepto de no

ser, es imposible que salga el ser: esto es contradictorio. El

principio es verdadero subjetivamente, pues estriba en nuestras mismas

ideas; pero lo es tambien objetivamente, á causa de que en tales casos

la objetividad está necesariamente ligada con la subjetividad (Lib. I,

Cap. XXV). El ser apareciendo repentinamente, sin causa, sin razon,

sin nada; es una representacion absurda, que nuestro entendimiento

rechaza con la misma fuerza é instantaneidad que admite el principio

de contradiccion.

Como el tiempo es la relacion del no ser al ser, el órden entre lo

variable, se concibe tambien que el concebir sucesion, sin algo que

preexista, es contradecirse; y así el principio de la precedencia,

viene á fortalecer el principio de causalidad; ó mas bien, se

manifiesta que son uno solo, bien que presentados bajo diferentes

aspectos: el de precedencia, se refiere á la duracion, el de

causalidad al ser: pero ambos expresan una aplicacion del principio

fundamental: es imposible que una cosa sea y no sea á un mismo tiempo.

CAPÍTULO VIII.

LA CAUSALIDAD EN SÍ MISMA. INSUFICIENCIA Y ERROR DE ALGUNAS EXPLICACIONES.

[85.] La causalidad implica relacion: si está puesta en ejercicio,

implica relacion actual; considerada sin ejercicio, ó _in potentia_,

implica relacion posible. Nada se causa á sí mismo; la causalidad se

refiere siempre á _otro_. No hay causa cuando no hay efecto; y no hay

efecto cuando no hay tránsito del no ser al ser. Si este tránsito se

verifica en una substancia que no era, y comienza á ser, se apellida

creacion: esta se llama pasiva, relativamente al efecto; activa, con

respecto á la causa. Si el tránsito es de solos accidentes, el efecto

es una modificacion _nueva_; no se dice que hay un nuevo ser, sino que

un ser es de _otro modo_.

[86.] De esto se infiere que causalidad no es lo mismo que actividad;

toda causalidad es actividad; mas nó toda actividad es causalidad.

Dios es activo en sí mismo; pero no es causa sino con relacion á lo

externo. Su inteligencia y su voluntad consideradas en sí,

prescindiendo de la creacion, como concebimos á Dios antes del

principio del mundo desde toda la eternidad, son ciertamente actividad

infinita; y sin embargo en cuanto son puramente inmanentes, no son

causalidad, porque no producen nada nuevo en Dios: su inteligencia es

un acto puro, infinitamente perfecto, que jamás sufre ni puede sufrir

ninguna mudanza; lo mismo debe decirse de su voluntad; luego la

inteligencia y la voluntad divina con respecto al mismo Dios, no son

actos de causalidad; y aun en cuanto se refieren á los objetos

externos, no son causa producente en la realidad, sino con sujecion á

la voluntad libre del Criador; de otro modo deberíamos admitir que

Dios ha criado el mundo por necesidad.

La actividad en la criatura, aun en las operaciones inmanentes, es

siempre causalidad; porque no puede ejercerla, sin que produzca nuevas

modificaciones. Los actos de entendimiento y voluntad son ejercicio de

una actividad inmanente, y no dejan por esto de modificarnos de

diferentes maneras. Cuando pensamos ó queremos, somos de _otro modo_

que cuando no queremos ni pensamos; y cuando pasamos de pensar ó

querer una cosa, á pensar ó querer otra, este tránsito no puede

verificarse, sin que experimentemos _modos nuevos_ de ser.

[87.] ¿En qué consiste la relacion de causalidad eficiente? ¿qué

significa la dependencia del efecto con respecto á la causa? Esta es

una cuestion difícil, profunda, una de las mas difíciles y profundas

que puedan ofrecerse á la ciencia. El vulgo de los hombres y aun de

los filósofos, cree resolverla empleando palabras que bien analizadas,

no aclaran nada.

[88.] Causar, se dice, es dar el ser.--¿Qué significa dar?--Dar, es

aquí sinónimo de producir.--¿Qué significa producir? Con esto se

acaban las explicaciones, si no se quiere caer en un círculo,

diciendo, que producir es causar ó dar el ser.

Causa, se dice tambien, es aquello de que resulta una cosa.--¿Qué se

entiende por resultar?--Dimanar.--¿Qué es dimanar?--Dimanar es venir,

salir una cosa de otra.--Siempre lo mismo: palabras metafóricas que en

el fondo tienen un significado idéntico.

Se dice de la causa que _da_, _produce_, _hace_, _comunica_,

_engendra_, etc., y del efecto, que _recibe_, _dimana_, _procede_,

_resulta_, _viene_, _nace_ etc.

[89.] La causalidad implica sucesion; pero no se identifica con ella.

Concebimos muy claramente que B es despues de A, sin que A sea causa

de B. La experiencia interna y externa nos ofrece continuos ejemplos

de una sucesion distinta de la causalidad. Un hombre sale al campo,

otro sale despues de él; entre las salidas hay sucesion, y puede no

haber ninguna causalidad. Los dos fenómenos considerados ya

objetivamente, esto es, en sí mismos, ya subjetivamente esto es, en

cuanto son conocidos por nosotros, están enlazados por la relacion de

sucesion; mas nó por la de causalidad. Tanto en el lenguaje filosófico

como en el oratorio, el _post_ y el _propter_, _despues_ y _por_,

significan cosas muy diferentes. En los fenómenos puramente internos,

se verifica lo mismo. Pienso en una cuestion filosófica, y luego me

ocupo de una cuestion literaria: los dos pensamientos son sucesivos,

sin que el uno sea causa del otro.

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