[146.] Todavía está mas expreso el autor de la Crítica de la razon

pura; hé aquí cómo explica la naturaleza y las atribuciones del

entendimiento. «Hemos definido mas arriba el entendimiento de

diferentes maneras, le hemos llamado una espontaneidad del

conocimiento (por oposicion á la receptividad de la sensibilidad) una

facultad de pensar, ó bien una facultad de los conceptos ó de los

juicios; definiciones todas que bien explicadas, no son mas que una

sola. Ahora podemos caracterizarle como la _facultad de las reglas_.

Este signo es mas fecundo, y se acerca mas á la esencia de la cosa: la

sensibilidad nos da formas (de la intuicion) y el entendimiento

reglas. Este se aplica siempre á observar los fenómenos para hallar en

ellos alguna regla. Las reglas si son objetivas (si por consiguiente

se ligan necesariamente al conocimiento del objeto) se llaman leyes.

Aunque nosotros conozcamos muchas leyes por experiencia, estas leyes

sin embargo no son mas que determinaciones particulares de otras leyes

superiores, entre las cuales las mas elevadas (á las que todas las

demás están sometidas) _proceden à priori del entendimiento mismo_, y

no son tomadas de la experiencia, antes al contrario dan á los

fenómenos su legitimidad, y deben por esta misma razon hacer posible

la experiencia. El entendimiento pues, no es simplemente una facultad

de hacerse reglas, comparando fenómenos; es _hasta la legislacion para

la naturaleza; es decir que sin el entendimiento, no habria

naturaleza_ ó unidad sintética de la diversidad de los fenómenos,

segun ciertas reglas. Porque los fenómenos como tales, no pueden

existir fuera de nosotros; por el contrario solo existen en nuestra

sensibilidad; pero esta como objeto del conocimiento en una

experiencia, con todo lo que ella puede contener, no es posible sino

en la unidad de la apercepcion. La unidad de la apercepcion es el

fundamento trascendental de la legitimidad necesaria de todos los

fenómenos en una experiencia; esta misma unidad de la apercepcion con

relacion á la diversidad de las representaciones (para determinarla

partiendo de una sola) es la regla; y la facultad de estas reglas es

el entendimiento. Todos los fenómenos pues como experiencias posibles,

están _à priori_ en el entendimiento; y de él sacan su posibilidad

formal, del mismo modo que están á título de puras intuiciones en la

sensibilidad; y no son posibles sino por ella con relacion á la

forma.»

En la _Idea sumaria de la legitimidad y de la única posibilidad de la

deduccion de los conceptos intelectuales puros_, pretende Kant no solo

que los objetos de nuestro conocimiento no son cosas en sí, sino que

es imposible que lo sean, so pena de que no podamos tener conceptos _à

priori_. Y añade que la representacion misma de todos estos fenómenos,

por consiguiente todos los objetos de que podemos ocuparnos, están

todos en el yo, es decir son determinaciones de _mi yo idéntico_, lo

cual expresa la necesidad de una unidad universal de estas

determinaciones en una sola y misma apercepcion.

[147.] De los pasajes anteriores se infiere con toda claridad que el

sistema de Fichte, ó sea el panteismo idealista que lo reduce todo á

modificaciones del yo, se halla de acuerdo con los principios

establecidos en la Crítica de la razon pura, y aun se le encuentra

expresamente consignado, por mas que no forme el objeto principal de

la obra. En obsequio de la imparcialidad, no puedo menos de recordar

lo que llevo dicho en la nota tercera al libro tercero, sobre las

explicaciones con que el filósofo aleman procura rechazar estas

consecuencias. Allí puede ver el lector las mismas palabras de Kant; y

dejo á su buen juicio el fallar sobre la solidez de la defensa.

[148.] Como quiera, mi opinion sobre el enlace del moderno panteismo

con la Crítica de la razon pura, está confirmado por los mismos

alemanes: «de allí, de aquellas profundidades, dice Mr. de Rosenkranz

hablando de la Crítica de la razon pura, los resultados de la estética

y de la lógica trascendental reciben para los grandes problemas de la

teología, de la cosmología, de la moral, de la psicología, una

importancia nueva, y que no sospechan siquiera los sentidos groseros

de la mayor parte de sus aficionados. Ellos no conocen nada del

encadenamiento que une la _Teoría de la ciencia de Fichte_, el Sistema

del idealismo trascendental de Schelling, la Fenomenología y la Lógica

de Hegel, la Metafísica de Herbart, con la Crítica de Kant.... «Puede

decirse en particular que los ingleses y los franceses no entenderán

nada el desarrollo de la filosofía alemana despues de Kant, hasta que

habrán penetrado la Crítica de la razon pura, porque _nosotros los

alemanes dirigimos siempre allí nuestras miradas_.... »Así como para

orientarse en el laberinto de las calles de una gran ciudad, sirven

las casas, los palacios, los templos, pero mas aun las torres que lo

dominan todo; así en la filosofía contemporánea, en el enredo de sus

querellas, no se puede dar un solo paso seguro, si no se tiene fija la

vista sobre la Crítica de Kant. _Fichte_, _Schelling_, Hegel y

Herbart, hicieron de esta obra su gran centro de operaciones tanto

para el ataque como para la defensa» (Prefacio á la edicion de Leipzig

de 1838).

[149.] No quiero decir con esto que los filósofos alemanes posteriores

á Kant no hayan añadido algo á la Crítica de la razon pura; ya tengo

observado (Lib. I, cap. VII) que la mayor obscuridad que se encuentra

en las obras de Fichte depende de que fué mas allá que Kant

prescindiendo de toda objetividad así externa como interna, y

colocándose en no sé qué acto primitivo puro, de donde quiere que

salga todo; á diferencia del autor de la Crítica de la razon pura,

cuyos trabajos no anonadaban tan absolutamente la objetividad del

mando interior; por cuyo motivo sus observaciones son menos

incomprensibles, y aun ofrecen acá y acullá algunos puntos luminosos;

solo me he propuesto manifestar la trascendencia funesta de las obras

de Kant, para prevenir á los incautos que juzgándole de oidas, se

inclinan á considerarle como el restaurador del espiritualismo y de la

sana filosofía, cuando en realidad es el fundador de las escuelas mas

disolventes que nos ofrece la historia del espíritu humano; y aun

seria uno de los escritores mas peligrosos que existieron jamás, si la

obscuridad de sus conceptos aumentada todavía con la obscuridad de la

expresion, no hiciese insoportable su lectura á la inmensa mayoría,

aun de los versados en los estudios filosóficos.

CAPÍTULO XX.

CONTRADICCION DEL PANTEISMO CON LOS HECHOS PRIMORDIALES DEL ESPÍRITU

HUMANO.

[150.] No sé cómo puede inclinarse al panteismo ningun filósofo que

haya meditado sobre el espíritu humano. Cuanto mas se profundiza en

ese _yo_, de donde se quiere sacar tan absurdo sistema, tanto mas se

descubre la contradiccion en que se halla el panteismo, con respecto á

las ideas, y á los hechos mas primordiales de nuestro espíritu. Voy á

desenvolver esta observacion en una reseña, que podrá ser muy breve, á

causa de versar sobre puntos examinados ya largamente en sus lugares

respectivos.

[151.] Ya hemos visto (Lib. VI. Cap. V), que la idea de número se

encuentra en todos los entendimientos; y la experiencia nos enseña que

la empleamos, explícita ó implícitamente en casi todas nuestras

palabras. Apenas hablamos sin usar del plural; y este no significa

nada si no presupone la idea del número. El panteismo reduce todo lo

existente á la unidad absoluta; la multiplicidad, ó no existe

realmente, ó se limita á fenómenos que á juicio de algunos partidarios

de dicho sistema no contienen realidad de ninguna especie, y que en

opinion de todos los panteistas, no pueden contener ninguna realidad

substancial. Segun ellos pues la idea de número, ó carece de toda

correspondencia en la realidad, ó se refiere tan solo á modos de ser,

á varias manifestaciones del mismo ser, y por tanto no se extiende á

los seres mismos, pues que en dicho sistema no hay mas que un ser

solo. Si esto es así ¿cómo es que la idea de número existe en nuestro

entendimiento? ¿cómo es que concebimos no solo muchos modos de ser,

sino muchos seres? En el sistema de los panteistas no solo no hay

multiplicidad de seres, sino que es imposible que la haya; ¿por qué

pues habrá en nuestro entendimiento este vicio radical que nos induce

por necesidad á concebir posible la multiplicidad de _cosas_, cuando

esta multiplicidad es absurda? ¿por qué este defecto ideal se hallará

confirmado por la experiencia, la cual tambien por necesidad nos

induce á creer que hay muchas _cosas_ distintas?

[152.] En el sistema panteista nuestro entendimiento no será mas que

una modificacion, una manifestacion de la substancia única; así será

inexplicable ese desacuerdo entre el fenómeno y la realidad; ese error

necesario á que un fenómeno de la substancia, nos induce con respecto

á la misma substancia. Siendo nosotros una pura manifestacion de la

unidad, ¿por qué hallamos en nosotros como un hecho primitivo, la idea

de la multiplicidad? ¿por qué esa contradiccion continua entre el ser

y sus apariencias? Si todos somos una misma unidad, ¿de dónde nos

viene la idea del número? Si los fenómenos de la experiencia no son

mas que evoluciones por decirlo así de esta misma unidad, ¿por qué nos

sentimos irresistiblemente inclinados á poner multiplicidad en los

fenómenos y á multiplicar las _cosas_ en que suceden?

[153.] La idea de distincion, opuesta á la de identidad, es tambien

fundamental en nuestro espíritu (Lib. V, Cap.^s IX y X); sin embargo

el panteismo no le otorga ninguna correspondencia en la realidad. Si

no hay mas que un ser, si todo es idéntico, no hay nada distinto; la

idea de distincion es una pura quimera. En el sistema panteista, la

distincion no solo no existe, sino que es imposible; luego la idea de

distincion es absurda; luego uno de los hechos primitivos de nuestro

espíritu es una contradiccion.

[154.] Los juicios negativos forman una buena parte del caudal de

nuestro entendimiento; Lib. V. Cap. IX): el panteismo los destruye. En

este sistema nunca puede ser verdadera la proposicion: A no es B;

porque si todo es idéntico, no se podrá negar una cosa de otra, no

habrá cosas distintas, no habrá _una_ y _otra_; todo será uno; el

juicio negativo deberá limitarse á lo siguiente; en realidad A es lo

mismo que B; solo hay la apariencia de la distincion; B es el mismo A,

que es ó se _presenta_ de diferente modo.

[155.] La idea de relacion es tambien absurda en el sistema panteista:

no hay _relacion_ sin extremo de _referencia_, y no hay referencia sin

distincion. Segun los panteistas, el sujeto referido y el extremo de

la referencia, son absolutamente idénticos; no hay pues relaciones

verdaderas sino aparentes; y así nos encontramos con otro hecho

primitivo de nuestro entendimiento radicalmente absurdo, porque está

en contradiccion con la realidad y hasta con la posibilidad.

[156.] El sosten de todos nuestros conocimientos, el principio de

contradiccion: es imposible que una cosa sea y no sea á un mismo

tiempo, carece de sentido, no tiene ninguna aplicacion real ni

posible, si se admite la doctrina panteista. Cuando decimos que es

imposible que una cosa sea y no sea á un mismo tiempo, entendemos que

hay posibilidad de un _no ser_; por manera que en nuestro

entendimiento la idea de ser no es exclusiva de la del no ser, sino

con respecto á una misma cosa y á un mismo tiempo. Si no hay mas que

un ser solo, y es imposible todo ser que no sea el mismo, resulta que

la idea de no ser es absolutamente contradictoria, y que todas las

proposiciones en que se la expresa son absurdas. En tal caso no hay ni

puede haber mas que un ser que lo es todo; á él no se le puede aplicar

nunca la negacion de ser; esta negacion pues será absolutamente

absurda, y por consiguiente hallamos en nuestro entendimiento otra

idea absolutamente contradictoria.

[157.] La idea de contingencia es tambien contradictoria admitido el

panteismo: todo lo que puede ser es; y todo lo que no existe es

imposible; luego cuando nosotros distinguimos la contingencia de la

necesidad, estamos en contradiccion con la realidad y la posibilidad.

Hénos aquí pues con otra ilusion primordial de nuestro espíritu; la

cual nos ofrece como posible y aun existente, lo que en sí mismo es

absurdo.

[158.] Las ideas de finito é infinito tampoco pueden coexistir en el

sistema panteista. Una de ellas es contradictoria; si el ser único es

infinito, no hay ni puede haber nada finito, luego la oposicion entre

lo finito y lo infinito es una quimera de nuestro espíritu á la que

nada corresponde en la realidad. No habrá mas que una sola cosa; esta

será ó finita ó infinita; en ambos casos uno de los extremos

desaparece, una de las ideas es contradictoria, pues que está en

oposicion con una necesidad absoluta.

[159.] El sistema de la unidad absoluta destruye la idea del órden: en

esta idea se encierra la disposicion de cosas distintas, distribuidas

de la manera conveniente para conspirar á un fin. En faltando la

distincion no hay órden, y la distincion es imposible, si hay unidad

absoluta. Ello es sin embargo que una de las ideas fundamentales de

nuestro espíritu es la del órden; la unidad literaria, la artística y

en general la de toda belleza sensible, es unidad de órden; sustituid

á esta la unidad absoluta y se anonadan todas las bellezas de la

imaginacion; el arte es absorbido por el caos.

[160.] Excusado es añadir que el panteismo mata la libertad de

albedrío: esa libertad de que tenemos conciencia tan clara, tan viva,

y que acompaña todos los momentos de nuestra existencia. En este

monstruoso sistema, la unidad absoluta es inseparable de la necesidad

absoluta; lo existente y lo posible se confunden; nada de lo que es,

puede dejar de ser; nada de lo que no es, puede ser. La acción nacerá

de la substancia única en un desarrollo espontáneo; entendiéndose por

espontaneidad, la ausencia de una causa externa; pero esta accion no

podrá menos de haber existido, será por decirlo así una irradiacion de

la substancia única, á la manera que la luz brota de los cuerpos

luminosos. Sin libertad de albedrío el mérito es un absurdo; un ser

que obra por necesidad absoluta, no puede tener mérito ni demérito.

Entonces son inútiles las leyes, los premios y castigos; y la historia

de los individuos como de la humanidad entera, se reduce á la historia

de las fases de la substancia única, que se va desenvolviendo

eternamente con sujecion á condiciones absolutamente necesarias, que

no tienen mas fundamento que ella misma.

[161.] El panteismo no solo mata la libertad de albedrío, sino que

hace incomprensibles todas las afecciones que se refieren á _otro_. Si

no hay mas que un ser, ¿qué significan los sentimientos de amor, de

respeto, de gratitud, y en general, todos cuantos suponen una persona

distinta del _yo_ que los experimenta? Estas afecciones, por mas que

supongan término distinto, no lo tendrán; y aunque parezcan proceder

de principios diferentes, nacerán de uno solo. El hombre que ama á un

hombre, y aborrece á otro, será el mismo _yo_ que se ama y se aborrece

á sí mismo; las apariencias indicarán diversidad, y oposicion; pero en

el fondo no habrá mas que unidad, identidad. ¿Quien es capaz de

devorar semejantes absurdos?

[162.] Así el panteismo despues de haber destruido al hombre

intelectual, aniquila al hombre moral; despues de haber declarado

contradictorias las ideas mas fundamentales de nuestro espíritu, nos

arrebata el hecho mas precioso de nuestra conciencia: la libertad de

albedrío; hasta destruye los sentimientos del corazon; negando nuestra

individualidad nos arroja á todos en el hondo abismo de la substancia

única, del ser absoluto, confundiéndonos, identificándonos con él

disolviendo así nuestra existencia propia como se disipan las

moléculas de un grano de polvo en la inmensidad del espacio.

CAPÍTULO XXI.

RÁPIDA OJEADA SOBRE LOS PRINCIPALES ARGUMENTOS DE LOS PANTEISTAS.

[163.] Los argumentos principales en que se apoya el panteismo, se

fundan en la unidad de la ciencia, la universalidad de la idea del

ser, lo absoluto y exclusivo de la de substancia, lo absoluto y

exclusivo de la nocion de lo infinito.

[164.] La ciencia debe ser una, dicen los panteistas, y no puede serlo

completamente, si no hay unidad de ser. La ciencia debe ser cierta; y

no puede haber certeza absoluta, si no hay identidad del ser que

conoce con la cosa conocida.

La solucion de estas dificultades consiste en negar las proposiciones

gratuitas en que estriban.

No es exacto que la ciencia humana deba ser una, ni es verdad que para

la unidad de la ciencia se necesite la unidad del ser. Ambas

proposiciones deben probarlas los panteistas: para triunfar en la

discusion no basta afirmar; lejos de que ninguna esté debidamente

probada, la razon y la experiencia enseñan todo lo contrario. No es

necesario repetir aquí lo que llevo expuesto largamente al tratar de

la posibilidad y existencia de la ciencia trascendental, así en el

órden intelectual absoluto como en el humano. (Lib. I, Cap.^s IV, V,

VI, VII).

La segunda proposicion que exige la identidad del sujeto que conoce

con el objeto conocido, tampoco necesito combatirla aquí. En el lugar

correspondiente he manifestado que el sistema de la identidad

universal no sirve para explicar el problema de la representacion, y

he probado con razones incontestables, que á mas de las

representaciones de identidad, hay las de causalidad é idealidad (Lib.

I, desde el Cap. VIII, hasta el XV). El valor objetivo de las ideas en

cuanto distintas de los objetos, tambien lo tengo demostrado

fundándome en la unidad de conciencia (Lib. I, Cap. XXV).

Las doctrinas de Kant que conducen á convertir el mundo externo en un

hecho puramente subjetivo, y que por tanto dan orígen al idealismo

trascendental de Fichte, están refutadas en el libro II donde se

demuestra la objetividad de las sensaciones; en el III donde se

manifiesta la realidad de la extension, y en el VII donde se prueba

que el tiempo no es una pura forma del sentido interno.

[165.] El argumento fundado en la idea de la universalidad del ente,

esto es, en que no puede haber mas que un ser porque la idea de ser es

absoluta y lo abraza todo, es un sofisma en que se hace tránsito del

órden ideal al real convirtiéndose en un ser absoluto una idea

abstracta é indeterminada. Para formar concepto cabal de dicha idea y

de sus relaciones con la realidad, véase lo que se dijo en el libro V

al tratar de la idea del ente.

[166.] Spinosa, Fichte, Cousin, Krause, y cuantos han enseñado el

panteismo, bajo una ú otra forma, todos parten de una errada

definicion de la substancia. Nunca se puede encarecer demasiado la

necesidad de adquirir ideas claras y distintas sobre esta definicion;

porque es indudable, que aquí se encuentra el orígen del error de los

panteistas y el secreto para no dejarles adelantar un solo paso.

Cuando se profundizan bien los principios, se sorprende uno al

contemplar en su desnudez la insubsistencia de sistemas que tanto

ruido meten en las escuelas filosóficas. No se pierdan nunca de vista

las doctrinas resumidas en el capítulo XIV.

[167.] Con la importancia y trascendencia de la definicion de la

substancia, compite la de la nocion de lo infinito. Es increible lo

que se abusa de esta palabra, sin cuidarse de explicar ni sus

diferentes sentidos, ni su orígen, ni la legitimidad de sus

aplicaciones. Todos cuantos argumentos pretenden fundar los panteistas

en la idea de lo infinito, se desvanecen como el humo, si se

comprenden á fondo, el carácter, orígen y aplicaciones de dicha idea

(Véase todo el libro XIII).

[168.] Terminaré con una observacion. Estoy profundamente convencido,

de que los sistemas mas funestos en filosofía, nacen en buena parte de

la confusion de las ideas; de la superficialidad con que se examinan

los puntos mas fundamentales de la ontología, ideología y psicología.

Mi idea dominante en la presente obra, es prevenir este daño; por cuya

razon, me extiendo tanto en la parte de _filosofía fundamental_,

prescindiendo en cuanto me es posible, de las cuestiones secundarias.

Estas se resuelven por sí mismas y bien, cuando se tiene un

conocimiento claro y exacto de las ideas fundamentales de la ciencia

humana (II).

LIBRO DÉCIMO.

NECESIDAD Y CAUSALIDAD.

CAPÍTULO I.

NECESIDAD.

[1.] Los seres se dividen en dos clases: necesarios y contingentes: el

necesario es el que no puede menos de ser, el contingente es el que

puede ser y dejar de ser. En estas definiciones está dicho todo; pero

su laconismo no permite que se entienda fácilmente todo lo que se

expresa en ellas. La necesidad y la contingencia se refieren á

diferentes aspectos, los que pueden dar lugar á consideraciones muy

diversas. Esto exige que analicemos con detencion las ideas

expresadas.

[2.] ¿Qué se entiende por necesidad? En general se llama necesario lo

que no puede menos de ser; pero la expresion _no puede_, se toma en

diferentes sentidos: moral, como cuando se dice: no puedo menos de

cumplir este deber; físico, como en esta proposicion: un paralítico no

puede moverse; metafísico, como en esta otra: el triángulo no puede

ser un cuadrilátero. En el primer ejemplo, el obstáculo se funda en la

ley; en el segundo, nace de la naturaleza; en el tercero, surge de la

misma esencia de las cosas. En todos los supuestos, la necesidad

envuelve la imposibilidad de lo contrario, y segun es la imposibilidad

resulta la necesidad.

[3.] De esto se sigue que las ideas de necesidad é imposibilidad son

correlativas; y que lo metafísicamente necesario es aquello cuyo

opuesto es metafísicamente imposible. La imposibilidad consiste en la

exclusion de una cosa por otra: así «un triángulo circular es

imposible» significa lo mismo que «la naturaleza del triángulo excluye

la del círculo.» En toda imposibilidad pues, hay un extremo negado;

como en toda necesidad hay un extremo afirmado; lo metafísicamente

necesario es aquello cuyo opuesto es contradictorio; la existencia de

lo absurdo es imposible, la no existencia de lo necesario es absurda.

Es contradictorio que un triángulo tenga cuatro lados; y es absurdo

que un triángulo no tenga tres ángulos.

[4.] En el órden puramente ideal, vemos muchas necesidades sin ninguna

relación á la existencia: tales son por ejemplo, todas las verdades

geométricas. Aun en el órden real, concebimos muchas necesidades

hipotéticas en los seres contingentes; tales son las que resultan

cuando les aplicamos principios absolutos en alguna hipótesis

suministrada por la experiencia. El principio de contradiccion sirve

en infinitos casos, para fundar una cierta necesidad, aun en los seres

contingentes. No hay necesidad absoluta de que existan seres extensos;

pero en el supuesto de que existan, es necesario que tengan las

propiedades consiguientes á la extension.

[5.] En ninguno de los seres finitos puede hallarse una necesidad

absoluta: la única que les conviene es la hipotética. La relacion de

sus atributos esenciales es necesaria; pero como su esencia no existe

por necesidad, todo lo que en ella se encuentra de necesario, lo es

solo hipotéticamente, es decir, en el supuesto de que existan.

[6.] Debemos pues distinguir dos necesidades: una absoluta, otra

hipotética. Esta se refiere á las esencias de las cosas, prescindiendo

de su existencia, aunque implicándola como una condicion, y suponiendo

otra necesaria, como un fundamento de posibilidad (Lib. IV, Cap.^s

XXIII, XXIV, XXV, XXVI, XXVII), aquella se refiere á la existencia

misma de la cosa. Lo necesario absolutamente es aquello cuya

existencia es absolutamente necesaria.

[7.] En la esencia del ser necesario ha de estar la existencia: su

idea debe envolver la del existir, no solo lógico y concebido, sino

tambien realizado.

[8.] Podemos concebir la existencia del ser necesario distinto de su

esencia; pero la razon de esto se halla en la imperfeccion de la idea;

en que esta para nosotros, no es intuitiva sino discursiva; y por

consiguiente podemos distinguir entre el órden lógico y el real.

Filosofía Fundamental, Tomo IV · 第 12 / 21 段