producente y producido; principio y término de la accion, causa y
efecto de la misma; comprenda quien pueda lo que significa el existir
en virtud de una simple accion, y el ejercer esta accion en virtud de
la existencia. Si esto no son contradicciones, no sé dónde podrán
encontrarse. En Dios, ser infinito, la esencia, la existencia y la
accion se identifican; pero no se dice que la accion _produzca_ su
ser, que se _ponga_ con su accion; se dice sí que existe por
necesidad, y que por lo mismo es imposible que haya sido producido,
pasando del no ser al ser.
[132.] Ocurre una explicacion racional de la algarabía de Fichte;
explicacion que si fuera admisible, tampoco excusaria al filósofo de
haber expresado cosas muy sencillas con palabras contradictorias; como
quiera héla aquí. El alma es una actividad; su esencia consiste en el
pensamiento, y por esto se manifiesta á sus propios ojos encontrándose
á sí misma en el acto de la conciencia. En este sentido, se puede
decir que el alma se pone, esto es, se conoce á sí propia, se toma
como un sujeto de una proposicion, al cual aplica el predicado de la
existencia. El alma es principio de su acto de conciencia; y así es
producente; ella misma está presentada en el acto de conciencia como
un objeto, por lo cual se podrá decir aunque inexactamente, que en el
órden ideal es producida; y de este modo será bajo diferentes aspectos
el principio y el término de una accion. Esta exposición mas ó menos
fundada, seria cuando menos razonable, inteligible siquiera; y su
base, el constituir la esencia del alma en el pensamiento, tendria en
su favor el voto de Descartes. Así, aunque no salvásemos las palabras
de Fichte, salvaríamos al menos sus ideas. Mas por desgracia, el
filósofo ha tenido buen cuidado de cerrarnos esta salida, sus palabras
no pueden ser mas terminantes.
«Examinemos todavía la proposicion: _yo soy yo_.
»El yo es puesto absolutamente: si se admite que el yo que ocupa en la
proposicion precedente el lugar del sujeto formal, designa el yo
puesto absolutamente; y que el yo que se encuentra en el lugar del
predicado, designa el yo _existente_; el juicio que tiene un valor
absoluto afirma que ambos son completamente una misma cosa, ó puestos
absolutamente; el yo existe porque se ha puesto á sí mismo.»
Todo juicio implica identidad del predicado con el sujeto; pero en la
proposicion: yo soy yo; la identidad está no solo implicada, sino
explícitamente consignada; por cuya razon, pertenece á la clase de las
que se llaman idénticas, porque su predicado no explica nada de la
idea del sujeto, solo la repite. ¿De dónde saca pues Fichte que el yo
existe porque se ha puesto á sí mismo? Hasta aquí no tenemos sino que
el yo diciendo: yo soy yo, se afirma á sí mismo, y así se _pone_ como
sujeto y predicado de una proposicion; pero es mas claro que la luz
del dia que poner _afirmando_, no es poner _produciendo_; por el
contrario, el sentido comun y la razon enseñan, que para la
legitimidad de la afirmacion es necesaria la existencia de la cosa
afirmada. Confundir estas ideas, tomando _afirmar_ por _poner
produciendo_, es una monstruosidad inconcebible.
[133.] Explicando esto en una nota, añade Fichte lo siguiente. «Lo
mismo se verifica relativamente á la forma lógica de toda proposicion.
En la ecuación A=A, la primera A es lo que es puesto en el yo, sea
absolutamente como el yo mismo, sea sobre un fundamento cualquiera,
como todo no yo determinado. El yo representa en esta el papel de
sujeto absoluto, por lo cual se llama á la primera A, sujeto. La
segunda A designa el yo haciéndose á sí mismo objeto de la reflexion,
como puesto en sí, porque él ha puesto este objeto en sí. El yo que
juzga, hace un predicado de alguna cosa, nó propiamente de A, sino de
sí mismo; porque en sí mismo halla la A; y por esto la segunda A se
llama predicado. Así en la proposicion A=B, A es lo que es puesto en
el momento en que la proposicion es enunciada, y B lo que era puesto
anteriormente; la palabra _es_ expresa el tránsito del yo, del acto de
poner á la reflexion sobre lo que es puesto.»
¿Qué quiere decir Fichte con ese embrollo de ideas y de lenguaje?
¿querrá significar que en esta proposicion, el yo es sujeto y
predicado, segun los diferentes aspectos bajo los que se le considera?
¿querrá decir que el yo en cuanto ocupa el lugar de sujeto, expresa
simplemente la existencia, y que como predicado se ofrece cual un
objeto de reflexion? ¿qué entiende por la palabra poner? si entiende
producir de nuevo ¿cómo es posible que una cosa que no es se produzca
á si misma? si entiende manifestarse, de suerte que el objeto
manifestado pueda servir de término lógico de una proposicion,
entonces ¿por qué dice que el yo existe porque se pone á sí mismo?
Pero sigamos al filósofo aleman en sus peregrinas deducciones.
[134.] «El yo de la primera acepcion y el de la segunda, deben ser
puestos como absolutamente idénticos el uno con el otro: luego se
puede convertir la proposicion precedente, y decir, el yo se pone á sí
mismo absolutamente porque existe, se pone á sí mismo por el simple
hecho de su existencia, y existe simplemente porque es puesto.»
Sin haber definido la palabra poner, sin haber dicho nada mas que lo
que sabe todo el mundo: que el yo es el yo, infiere que el yo existe
porque se pone, y se pone porque existe; identifica la existencia con
el poner, sin reparar que eran necesarios cuando menos algunos
preliminares para atreverse á combatir de este modo el sentido comun y
la doctrina de todos los filósofos incluso Descartes, que para la
operacion exigen la existencia, y reputan por contradictorio que una
cosa pueda ser activa sin existir. Pensaba Leibnitz que nada hay ni
puede haber sin razon suficiente; pero gracias al autor de la
_Doctrina de la ciencia_, podremos poblar el mundo de los seres
finitos ó infinitos que nos viniere en talante; y cuando se nos
pregunte de dónde han salido diremos que se han puesto; y si se nos
importuna preguntándonos por qué se han puesto, diremos porque
existen; y si todavía se nos exige que digamos por qué existen,
responderemos, porque se han puesto; de manera que pasaremos del poner
al existir, y del existir al poner, sin peligro de vernos jamás
confundidos.
[135.] Esta filosofía que como se echa de ver, no tiene nada de
luminosa, le dejaba satisfecho á su autor hasta el punto de proseguir
con admirable serenidad diciendo: «estas observaciones _aclaran
completamente_ el sentido en que empleamos aquí la palabra _yo_; y nos
suministran una explicacion _limpia y lúcida_ del yo, como sujeto
absoluto. El yo sujeto absoluto es _este ser que existe simplemente
porque se pone á si mismo, como existente_. Es en cuanto se supone, y
en cuanto es, en tanto se pone. El yo existe pues absoluta y
necesariamente para el yo. Lo que no existe para sí mismo, no es yo.»
El panteismo idealista no puede ser establecido de una manera mas
explícita y al propio tiempo mas gratuita: se asombra uno de tener que
ocuparse seriamente de tamañas extravagancias. Pero ellas meten ruido
porque son desconocidas; y así conviene presentarlas al lector tales
como son, aun á riesgo de fatigarle.
[136.] Fichte cuidará de aclarar sus ideas, con el bien entendido que
cada aclaracion añade nuevos grados á su oscuridad. Dejémosle
continuar.
«Aclaracion.--Qué era yo, se preguntará, antes que tuviese conciencia de
mí mismo? La respuesta es natural: yo no existia: porque no era yo; el
yo no existe, sino en cuanto tiene conciencia de sí mismo.--Proponer
esta cuestion es confundir el yo como _sujeto_ con el yo como _objeto_
de la reflexion del sujeto absoluto; y esto es una inconsecuencia: el yo
se pone á sí mismo; se percibe en este caso bajo la forma de la
representacion, y solo entonces es alguna cosa, un objeto; bajo esta
forma la conciencia percibe un substratum que _es_, bien que sin
conciencia real, y que además es concebido bajo _forma corpórea_. Esta
manera de ser, es la que se considera cuando se pregunta qué es el yo,
es decir el substratum de la conciencia; pero entonces sin advertirlo se
concibe el sujeto absoluto, como teniendo intuicion de este substratum;
y así, casi sin notarlo, se tiene á la vista aquello de que se queria
prescindir, y se cae en contradiccion. No se puede pensar nada, sin
pensar su yo, como teniendo conciencia de sí mismo, no se puede jamás
hacer abstraccion de su conciencia; por consiguiente no es dable
responder á semejantes cuestiones, porque no es posible suponerlas
cuando se entiende uno consigo mismo.»
Que antes de tener conciencia de sí propio, el yo no existe como
objeto de su reflexion, es una verdad palpable; antes de pensarse á sí
mismo no se piensa á sí mismo; ¿quién lo duda? pero la dificultad está
en si el yo es algo, independientemente de su propia reflexion, ó de
su objetividad para sí mismo; esto es, si en el yo se encuentra algo
mas que el ser pensado por sí mismo. La cuestion no es contradictoria;
sino que se ofrece naturalmente á la razon y al sentido comun; porque
tanto la razon como el sentido comun se resisten á tomar por cosas
idénticas: ser conocido y existir; conocerse y producirse. No se trata
en la actualidad de si tenemos ó nó idea clara del _substratum_ de la
conciencia; pero es curioso lo que nota el filósofo aleman, de que
cuando no concebimos al yo como objeto de reflexion, lo concebimos
bajo una forma corpórea. Esto es confundir la imaginacion con las
ideas, cosas muy diferentes como he demostrado en otro lugar (Lib. IV,
desde el Cap. I, hasta el X).
[137.] Resulta de la doctrina de Fichte que la existencia del yo
consiste en ponerse á sí mismo, por medio de la conciencia; y que si
esta no existiese, el yo no existiria. En tal caso, ser y conocerse es
una misma cosa. Aunque podrian pedirse á Fichte las pruebas de una
asercion tan extravagante, me limitaré á insistir en la dificultad que
él mismo se propone, y que elude confundiendo las ideas. ¿Qué seria el
yo si no tuviese conciencia de sí mismo? si existir es tener
conciencia, cuando no hay conciencia, no hay existencia. Responde
Fichte que el yo sin conciencia no es el yo, en cuyo caso no existe;
pero que la objecion supone una cosa imposible, cual es, el prescindir
de la conciencia. «Nada se puede pensar, dice, sin pensar su yo, como
teniendo conciencia de sí propio; no se puede jamás hacer abstraccion
de su conciencia.» Repito que con estas palabras no se suelta la
dificultad, se la elude. Prescindo ahora de si la conciencia es lo
mismo que la existencia; pero lo cierto es que nosotros concebimos un
instante en que el yo no tenga conciencia de sí mismo. ¿Este concepto
ha sido realizado nunca? esto es, ha habido un instante en que el yo
no haya tenido conciencia de sí propio? sí ó nó? Admitiendo dicho
instante, admitimos tambien que en el mismo instante el yo no existía;
luego no ha podido existir nunca, á no ser que conceda Fichte que el
yo dependa de un ser superior y por tanto admita la doctrina de la
creacion. Si no admitimos dicho instante, el yo ha existido siempre, y
con conciencia de sí propio; luego el yo es una inteligencia eterna é
inmutable, luego es Dios. Este argumento no tiene salida para Fichte.
Aquí no cabe la distincion entre el yo como sujeto y como objeto; se
trata del yo con conciencia, con esa conciencia en que el filósofo
aleman hace consistir su existencia; y de esto se pregunta si ha
existido siempre ó nó; en el primer caso, el yo es Dios; en el
segundo, ó se debe reconocer la creacion ó admitir que un ser que no
existe se da la existencia á sí mismo.
[138.] Fichte no retrocede ante la primera consecuencia, y aunque no
llama Dios al yo, le concede sus atributos. «Si el yo no existe sino
en cuanto se pone, no existe sino cuando se pone; y no se pone sino
cuando existe.--_El yo es para el yo._--Pero si él se pone á sí mismo
absolutamente, en cuanto existe; se pone _necesariamente_ y existe
_necesariamente_ para el yo; _yo no existo sino para mí_; pero _para
mí existo necesariamente_, (diciendo _para mí_, yo pongo mi ser).
«Ponerse á sí mismo y ser, son hablando del yo, completamente
idénticos. La proposicion: yo soy, porque me he puesto á mí mismo; se
puede expresar así: yo soy absolutamente porque soy.
»El yo poniéndose, y el yo existiendo, son completamente idénticos:
son una sola y misma cosa. El yo es aquello por lo cual se pone; y él
se pone aquello que es. Así yo soy absolutamente lo que soy.
»La expresion inmediata del acto que acabamos de desenvolver, seria la
fórmula siguiente: yo soy absolutamente; es decir, yo soy
absolutamente, porque soy para mí; y soy absolutamente lo que soy para
mí.
»Si se quisiese que precediera á la ciencia del conocimiento la
enunciacion de este acto; hé aquí á poca diferencia, en qué términos
deberia ser expresado; el yo pone primitiva y absolutamente su propio
ser» (_Ciencia del conocimiento_ P. 1, §. 1).
En tan extravagante lenguaje solo resulta claro un hecho, y es, el
panteismo profesado abiertamente por Fichte; la divinizacion del yo; y
por consiguiente la absorcion de toda realidad en el yo. El yo deja de
ser un espíritu limitado; es una realidad infinita. Fichte no lo
niega; «el yo se determina á sí mismo, se concede al yo la totalidad
absoluta de la realidad, porque es puesto absolutamente como realidad,
y _ninguna negacion es puesta en él_» (2. p. §. 4. Letra B).
«Hay realidad puesta en el yo, por consiguiente el yo debe ser puesto
respecto á la realidad como _totalidad absoluta_ (es decir como una
suma que comprende todas las demás sumas y puede ser la medida de
todas) y hasta primitiva y absolutamente, si la síntesis que acabamos
de exponer problemáticamente es posible; y la contradiccion debe ser
resuelta de una manera satisfactoria.
»Así el yo pone absolutamente y sin ninguna condicion posible, _la
totalidad absoluta de la realidad_ como una suma sobre la cual es
absolutamente imposible que haya una mayor; y este _máximum absoluto_
de la realidad él le pone en _sí mismo_; todo lo que es puesto en el
yo, es realidad, y _todo lo que es realidad es puesto en el yo_....
»La nocion de la realidad es idéntica á la de actividad; toda realidad
está puesta en el yo; es decir, toda actividad es puesta en él; y
recíprocamente, toda realidad en el yo, es decir el yo, no es mas que
actividad; él no es yo sino en cuanto es activo, y en cuanto no es
activo es el _no yo_» (Ibid. letra D).
«No hay realidad sino en el entendimiento; él es la facultad de lo
real; lo ideal se hace real en él» (2. p. Deduccion de la
representacion, §. 3).
«El yo no es sino lo que él se pone, es infinito, es decir se pone
infinito....
«Sin la infinidad del yo, sin una facultad productiva cuya tendencia
sea ilimitada é ilimitable, no podria explicarse la posibilidad de la
representacion» (2. p. Deduccion de la representacion, p. 148 y 152).
[139.] Demos una ojeada á ese conjunto de delirios. La psicología
parte de un hecho fundamental: el testimonio de la conciencia. El
espíritu humano no puede pensar sin hallarse á sí propio; el punto de
partida de sus investigaciones psicológicas es la proposicion, yo
pienso: en ella se encuentra la identidad de que nos habla Fichte: el
yo es el yo. Todo pensamiento desde el momento que existe, se siente
sometido á una ley; la percepcion de toda cosa lleva consigo la
percepcion explícita ó implícita de la identidad de la misma cosa. En
este sentido la fórmula mas simple en que podemos expresar la ley
primera de nuestra percepcion es esta: A es A; pero fórmula tan
estéril como simple; de suerte que no se alcanza por qué se pretende
levantar sobre ella nada menos que un sistema filosófico. En el fondo
de esta fórmula, supuesto que se la enuncie, está envuelta la
existencia del yo enunciante; no se puede enunciar que A es A, si no
hay un ser en que se ponga la relacion de la identidad. Por lo mismo
que la proposicion A = A es verdadera, es necesario suponer un A, ó un
ser donde exista. Una verdad puramente ideal sin fundamento en una
verdad real, es un absurdo como demostramos y explicamos largamente en
otro lugar (Lib. IV, Cap.^s XXIII, XXIV, XXV, XXVI, XXVII, y Lib. V,
Cap.^s VII y VIII).
[140.] Pero la existencia de una verdad ideal _en cuanto está
representada en nosotros_, es decir, en cuanto es un hecho de nuestra
conciencia, no es necesaria sino hipotética, existe mientras existe;
mas cuando existe puede no existir; y cuando no existe puede existir.
De la existencia no se puede inferir la necesidad; el testimonio de la
conciencia se limita á cerciorarnos del hecho; pero en esta misma
conciencia no encontramos ningun indicio de que este hecho sea
necesario, de que no haya dependido de un agente superior; muy al
contrario, el sentimiento de nuestra debilidad, la brevedad del tiempo
á que se extienden los recuerdos de nuestra conciencia, la
interrupcion natural y periódica que en ella experimentamos durante el
sueño; todo manifiesta que el hecho de la conciencia no es necesario,
y que el ser que lo experimenta ha comenzado de poco tiempo atrás su
existencia, y que podria perderla, siempre que dejase de conservársela
el ser infinito. El yo que sentimos en nosotros, se conoce á sí
propio, se afirma; esta palabra _ponerse_, no puede significar nada
racional, sino que el yo afirma su existencia; pero este conocer no es
producirse; quien asienta semejante monstruosidad tiene obligacion de
probarla.
[141.] En verdad que se necesita toda la serenidad de Fichte para
pretender convertir en ciencia un conjunto de absurdos y
extravagancias tales como acabamos de ver. Estaba reservado á los
tiempos modernos el tener que ocuparse seriamente de un sistema, cuya
existencia creerán con dificultad los que lean la historia de las
aberraciones del espíritu humano. El sistema de Fichte está juzgado
por todos los hombres pensadores; y para hacerle caer en el olvido no
hay medio mas seguro que exponerlo á los ojos del lector juicioso.
[142.] Establecida la existencia necesaria y absoluta del yo, se
propone Fichte demostrar que del yo sale el no yo; es decir, todo lo
que no es el yo. «El no yo no puede ser puesto sino en tanto que en el
yo (en la conciencia idéntica) hay puesto un yo, al cual pueda ser
opuesto. El no yo debe ser opuesto en la conciencia idéntica, por
consiguiente el yo debe ser puesto allí, en cuanto debe ser puesto
allí el no yo....
»Si yo=yo, todo lo que es puesto, es puesto en el yo.... El yo y el no
yo son ambos _igualmente productos de acciones primitivas del yo_; y
la conciencia misma es un producto semejante de la primera accion
originaria del yo: el acto por el cual el yo se pone á sí mismo.»
Hé aquí pues que el _no yo_, es decir, eso que llamamos mundo externo,
y todo cuanto no es el yo, nace segun Fichte del yo; la distincion
entre una cosa y otra, es una ilusion pura; un juego de relaciones con
que el yo se concibe como no yo en cuanto se limita; pero tanto el yo
como el no yo, son cosas absolutamente idénticas. «El yo y el no yo en
cuanto son puestos idénticos y opuestos por la nocion de la limitacion
recíproca, son algo en el yo (accidentes) como substancias divisibles,
puestas por el yo, sujeto absoluto, ilimitable, al cual nada es
idéntico y nada es opuesto.--Por lo cual todos los juicios cuyo sujeto
lógico es el yo limitable ó determinable, ó alguna cosa que defina el
yo, deben ser limitados ó definidos por alguna cosa mas elevada; pero
todos los juicios cuyo sujeto lógico es el yo absolutamente
ilimitable, no pueden ser determinados por nada mas elevado; porque el
yo absoluto no es determinado por nada, ellos son fundados y definidos
absolutamente por sí mismos» (1. p. §. 3). Hé aquí el último resultado
del sistema de Fichte, el yo convertido en un ser absoluto que no es
determinado por nada superior, en un sujeto ilimitado é ilimitable, en
un ser infinito, en Dios.
De este sujeto absoluto dimana todo. «En cuanto el yo se pone como
infinito, no se dirige mas que sobre el yo, y su actividad es el
fundamento y forma de todo ser; el yo es pues infinito en cuanto su
actividad vuelve sobre sí mismo, y bajo este aspecto su actividad es
infinita, porque su producto es infinito (producto infinito, actividad
infinita: actividad infinita, producto infinito); aquí hay un círculo
mas nó vicioso; esto es un círculo del que la razon no puede salir,
porque expresa lo que es _absolutamente cierto para sí mismo_;
producto, actividad, agente son una sola y misma cosa; y no los
distinguimos sino para expresarnos; esto es, únicamente la pura
actividad del yo, únicamente el puro _yo que es infinito_; la
actividad pura es la que no tiene ningun objeto, que vuelve
constantemente sobre ella misma.
«En cuanto el yo se pone límites, y se pone en estos límites, su
facultad de poner no se dirige inmediatamente sobre sí mismo; se
dirige sobre un no yo que debe serle opuesto....
¿Cómo resumiremos esta doctrina? con las mismas palabras de Fichte.
«En cuanto el yo es absoluto, es infinito é ilimitado, él _pone todo
lo que existe, y lo que él no pone no existe para él, y_ fuera _de él
no hay nada_. Todo lo que él pone lo pone como el yo; y él pone el yo
como todo lo que él pone; por consiguiente el yo bajo este aspecto
abraza en sí toda realidad, es decir una realidad infinita é
ilimitada. En cuanto el yo se opone un no yo, pone necesariamente
límites, y se pone á sí mismo en estos límites. Él reparte entre el yo
y el no yo la totalidad de lo que es puesto en general» (3. p.
Principios del conocimiento práctico § 5, II, p. 199).
[143.] Así destruye Fichte en pocas palabras la realidad del mundo
externo, convirtiéndole en una modificacion ó desarrollo de la
actividad del yo; ¿será necesario detenerse mas en impugnar una
doctrina tan monstruosa, y que se establece sin ninguna prueba? Creo
que nó: mayormente, cuando tenga asentada sobre principios sólidos la
demostracion de la existencia de un mundo externo, y lleno explicados
el orígen y carácter de los hechos de conciencia, sin necesidad de
recurrir á tan absurdas extravagancias (Lib.^s II, III y IV).
CAPÍTULO XIX.
RELACIONES DEL SISTEMA DE FICHTE CON LAS DOCTRINAS DE KANT.
[144.] Ya llevo explicado (Lib. III, cap. XVII) como el sistema de
Kant conduce al de Fichte; cuando se asienta un principio peligroso
nunca falta un autor bastante atrevido para sacar las consecuencias,
sean cuales fueren. El autor de la _Doctrina de la ciencia_ extraviado
por las doctrinas de Kant establece un panteismo el mas extravagante
que hasta ahora se ha excogitado. Al concluir su obra dice que ha
conducido al lector al punto donde Kant le toma; mas bien hubiera
podido decir que toma al lector donde Kant le deja. El autor de la
Crítica de la razon pura, convirtiendo el espacio en un hecho
puramente subjetivo, destruye la realidad de la extension, y abre la
puerta á los que quieren hacer surgir del yo la naturaleza toda; y
haciendo del tiempo una simple forma del sentido interno, induce á
considerar la sucesion de los fenómenos en el tiempo, como meras
modificaciones del _yo_ á cuya forma se refieren.
[145.] Pero, ¿es por ventura necesario el andar en busca de
deducciones, cuando el mismo filósofo en medio de su obscuridad y de
su lenguaje enigmático, no deja de consignar de la manera mas
terminante esta monstruosa doctrina? Oigámosle como habla en su Lógica
trascendental, seccion tercera, donde se propone explicar la relacion
del entendimiento á los objetos en general, y á la posibilidad de
conocerlos _à priori_. «El órden y la regularidad en los fenómenos,
eso que nosotros llamamos naturaleza, _es pues nuestra propia obra_:
nosotros no la encontraríamos allí, si nosotros no la hubiésemos
puesto por la naturaleza de nuestro espíritu; porque esta unidad
natural, debe ser una unidad necesaria, es decir una cierta unidad _à
priori_ del enlace de los fenómenos; ¿pero cómo podríamos nosotros
producir una unidad sintética _à priori_, si no hubiese en los
manantiales primitivos de nuestro espíritu razones subjetivas de
semejante unidad _à priori_, y si estas condiciones subjetivas no
fuesen al mismo tiempo _valederas objetivamente_, ya que ellas son los
fundamentos de la posibilidad de conocer en general un objeto en la
experiencia?» ¿Quién no ve bosquejado en estas palabras el sistema de
Fichte que hace nacer del yo el _no yo_, es decir el mundo, y que no
da mas valor á la naturaleza que el que puede recibir del mismo yo?