Comprenda quien pueda lo que significa el ser á un mismo tiempo

producente y producido; principio y término de la accion, causa y

efecto de la misma; comprenda quien pueda lo que significa el existir

en virtud de una simple accion, y el ejercer esta accion en virtud de

la existencia. Si esto no son contradicciones, no sé dónde podrán

encontrarse. En Dios, ser infinito, la esencia, la existencia y la

accion se identifican; pero no se dice que la accion _produzca_ su

ser, que se _ponga_ con su accion; se dice sí que existe por

necesidad, y que por lo mismo es imposible que haya sido producido,

pasando del no ser al ser.

[132.] Ocurre una explicacion racional de la algarabía de Fichte;

explicacion que si fuera admisible, tampoco excusaria al filósofo de

haber expresado cosas muy sencillas con palabras contradictorias; como

quiera héla aquí. El alma es una actividad; su esencia consiste en el

pensamiento, y por esto se manifiesta á sus propios ojos encontrándose

á sí misma en el acto de la conciencia. En este sentido, se puede

decir que el alma se pone, esto es, se conoce á sí propia, se toma

como un sujeto de una proposicion, al cual aplica el predicado de la

existencia. El alma es principio de su acto de conciencia; y así es

producente; ella misma está presentada en el acto de conciencia como

un objeto, por lo cual se podrá decir aunque inexactamente, que en el

órden ideal es producida; y de este modo será bajo diferentes aspectos

el principio y el término de una accion. Esta exposición mas ó menos

fundada, seria cuando menos razonable, inteligible siquiera; y su

base, el constituir la esencia del alma en el pensamiento, tendria en

su favor el voto de Descartes. Así, aunque no salvásemos las palabras

de Fichte, salvaríamos al menos sus ideas. Mas por desgracia, el

filósofo ha tenido buen cuidado de cerrarnos esta salida, sus palabras

no pueden ser mas terminantes.

«Examinemos todavía la proposicion: _yo soy yo_.

»El yo es puesto absolutamente: si se admite que el yo que ocupa en la

proposicion precedente el lugar del sujeto formal, designa el yo

puesto absolutamente; y que el yo que se encuentra en el lugar del

predicado, designa el yo _existente_; el juicio que tiene un valor

absoluto afirma que ambos son completamente una misma cosa, ó puestos

absolutamente; el yo existe porque se ha puesto á sí mismo.»

Todo juicio implica identidad del predicado con el sujeto; pero en la

proposicion: yo soy yo; la identidad está no solo implicada, sino

explícitamente consignada; por cuya razon, pertenece á la clase de las

que se llaman idénticas, porque su predicado no explica nada de la

idea del sujeto, solo la repite. ¿De dónde saca pues Fichte que el yo

existe porque se ha puesto á sí mismo? Hasta aquí no tenemos sino que

el yo diciendo: yo soy yo, se afirma á sí mismo, y así se _pone_ como

sujeto y predicado de una proposicion; pero es mas claro que la luz

del dia que poner _afirmando_, no es poner _produciendo_; por el

contrario, el sentido comun y la razon enseñan, que para la

legitimidad de la afirmacion es necesaria la existencia de la cosa

afirmada. Confundir estas ideas, tomando _afirmar_ por _poner

produciendo_, es una monstruosidad inconcebible.

[133.] Explicando esto en una nota, añade Fichte lo siguiente. «Lo

mismo se verifica relativamente á la forma lógica de toda proposicion.

En la ecuación A=A, la primera A es lo que es puesto en el yo, sea

absolutamente como el yo mismo, sea sobre un fundamento cualquiera,

como todo no yo determinado. El yo representa en esta el papel de

sujeto absoluto, por lo cual se llama á la primera A, sujeto. La

segunda A designa el yo haciéndose á sí mismo objeto de la reflexion,

como puesto en sí, porque él ha puesto este objeto en sí. El yo que

juzga, hace un predicado de alguna cosa, nó propiamente de A, sino de

sí mismo; porque en sí mismo halla la A; y por esto la segunda A se

llama predicado. Así en la proposicion A=B, A es lo que es puesto en

el momento en que la proposicion es enunciada, y B lo que era puesto

anteriormente; la palabra _es_ expresa el tránsito del yo, del acto de

poner á la reflexion sobre lo que es puesto.»

¿Qué quiere decir Fichte con ese embrollo de ideas y de lenguaje?

¿querrá significar que en esta proposicion, el yo es sujeto y

predicado, segun los diferentes aspectos bajo los que se le considera?

¿querrá decir que el yo en cuanto ocupa el lugar de sujeto, expresa

simplemente la existencia, y que como predicado se ofrece cual un

objeto de reflexion? ¿qué entiende por la palabra poner? si entiende

producir de nuevo ¿cómo es posible que una cosa que no es se produzca

á si misma? si entiende manifestarse, de suerte que el objeto

manifestado pueda servir de término lógico de una proposicion,

entonces ¿por qué dice que el yo existe porque se pone á sí mismo?

Pero sigamos al filósofo aleman en sus peregrinas deducciones.

[134.] «El yo de la primera acepcion y el de la segunda, deben ser

puestos como absolutamente idénticos el uno con el otro: luego se

puede convertir la proposicion precedente, y decir, el yo se pone á sí

mismo absolutamente porque existe, se pone á sí mismo por el simple

hecho de su existencia, y existe simplemente porque es puesto.»

Sin haber definido la palabra poner, sin haber dicho nada mas que lo

que sabe todo el mundo: que el yo es el yo, infiere que el yo existe

porque se pone, y se pone porque existe; identifica la existencia con

el poner, sin reparar que eran necesarios cuando menos algunos

preliminares para atreverse á combatir de este modo el sentido comun y

la doctrina de todos los filósofos incluso Descartes, que para la

operacion exigen la existencia, y reputan por contradictorio que una

cosa pueda ser activa sin existir. Pensaba Leibnitz que nada hay ni

puede haber sin razon suficiente; pero gracias al autor de la

_Doctrina de la ciencia_, podremos poblar el mundo de los seres

finitos ó infinitos que nos viniere en talante; y cuando se nos

pregunte de dónde han salido diremos que se han puesto; y si se nos

importuna preguntándonos por qué se han puesto, diremos porque

existen; y si todavía se nos exige que digamos por qué existen,

responderemos, porque se han puesto; de manera que pasaremos del poner

al existir, y del existir al poner, sin peligro de vernos jamás

confundidos.

[135.] Esta filosofía que como se echa de ver, no tiene nada de

luminosa, le dejaba satisfecho á su autor hasta el punto de proseguir

con admirable serenidad diciendo: «estas observaciones _aclaran

completamente_ el sentido en que empleamos aquí la palabra _yo_; y nos

suministran una explicacion _limpia y lúcida_ del yo, como sujeto

absoluto. El yo sujeto absoluto es _este ser que existe simplemente

porque se pone á si mismo, como existente_. Es en cuanto se supone, y

en cuanto es, en tanto se pone. El yo existe pues absoluta y

necesariamente para el yo. Lo que no existe para sí mismo, no es yo.»

El panteismo idealista no puede ser establecido de una manera mas

explícita y al propio tiempo mas gratuita: se asombra uno de tener que

ocuparse seriamente de tamañas extravagancias. Pero ellas meten ruido

porque son desconocidas; y así conviene presentarlas al lector tales

como son, aun á riesgo de fatigarle.

[136.] Fichte cuidará de aclarar sus ideas, con el bien entendido que

cada aclaracion añade nuevos grados á su oscuridad. Dejémosle

continuar.

«Aclaracion.--Qué era yo, se preguntará, antes que tuviese conciencia de

mí mismo? La respuesta es natural: yo no existia: porque no era yo; el

yo no existe, sino en cuanto tiene conciencia de sí mismo.--Proponer

esta cuestion es confundir el yo como _sujeto_ con el yo como _objeto_

de la reflexion del sujeto absoluto; y esto es una inconsecuencia: el yo

se pone á sí mismo; se percibe en este caso bajo la forma de la

representacion, y solo entonces es alguna cosa, un objeto; bajo esta

forma la conciencia percibe un substratum que _es_, bien que sin

conciencia real, y que además es concebido bajo _forma corpórea_. Esta

manera de ser, es la que se considera cuando se pregunta qué es el yo,

es decir el substratum de la conciencia; pero entonces sin advertirlo se

concibe el sujeto absoluto, como teniendo intuicion de este substratum;

y así, casi sin notarlo, se tiene á la vista aquello de que se queria

prescindir, y se cae en contradiccion. No se puede pensar nada, sin

pensar su yo, como teniendo conciencia de sí mismo, no se puede jamás

hacer abstraccion de su conciencia; por consiguiente no es dable

responder á semejantes cuestiones, porque no es posible suponerlas

cuando se entiende uno consigo mismo.»

Que antes de tener conciencia de sí propio, el yo no existe como

objeto de su reflexion, es una verdad palpable; antes de pensarse á sí

mismo no se piensa á sí mismo; ¿quién lo duda? pero la dificultad está

en si el yo es algo, independientemente de su propia reflexion, ó de

su objetividad para sí mismo; esto es, si en el yo se encuentra algo

mas que el ser pensado por sí mismo. La cuestion no es contradictoria;

sino que se ofrece naturalmente á la razon y al sentido comun; porque

tanto la razon como el sentido comun se resisten á tomar por cosas

idénticas: ser conocido y existir; conocerse y producirse. No se trata

en la actualidad de si tenemos ó nó idea clara del _substratum_ de la

conciencia; pero es curioso lo que nota el filósofo aleman, de que

cuando no concebimos al yo como objeto de reflexion, lo concebimos

bajo una forma corpórea. Esto es confundir la imaginacion con las

ideas, cosas muy diferentes como he demostrado en otro lugar (Lib. IV,

desde el Cap. I, hasta el X).

[137.] Resulta de la doctrina de Fichte que la existencia del yo

consiste en ponerse á sí mismo, por medio de la conciencia; y que si

esta no existiese, el yo no existiria. En tal caso, ser y conocerse es

una misma cosa. Aunque podrian pedirse á Fichte las pruebas de una

asercion tan extravagante, me limitaré á insistir en la dificultad que

él mismo se propone, y que elude confundiendo las ideas. ¿Qué seria el

yo si no tuviese conciencia de sí mismo? si existir es tener

conciencia, cuando no hay conciencia, no hay existencia. Responde

Fichte que el yo sin conciencia no es el yo, en cuyo caso no existe;

pero que la objecion supone una cosa imposible, cual es, el prescindir

de la conciencia. «Nada se puede pensar, dice, sin pensar su yo, como

teniendo conciencia de sí propio; no se puede jamás hacer abstraccion

de su conciencia.» Repito que con estas palabras no se suelta la

dificultad, se la elude. Prescindo ahora de si la conciencia es lo

mismo que la existencia; pero lo cierto es que nosotros concebimos un

instante en que el yo no tenga conciencia de sí mismo. ¿Este concepto

ha sido realizado nunca? esto es, ha habido un instante en que el yo

no haya tenido conciencia de sí propio? sí ó nó? Admitiendo dicho

instante, admitimos tambien que en el mismo instante el yo no existía;

luego no ha podido existir nunca, á no ser que conceda Fichte que el

yo dependa de un ser superior y por tanto admita la doctrina de la

creacion. Si no admitimos dicho instante, el yo ha existido siempre, y

con conciencia de sí propio; luego el yo es una inteligencia eterna é

inmutable, luego es Dios. Este argumento no tiene salida para Fichte.

Aquí no cabe la distincion entre el yo como sujeto y como objeto; se

trata del yo con conciencia, con esa conciencia en que el filósofo

aleman hace consistir su existencia; y de esto se pregunta si ha

existido siempre ó nó; en el primer caso, el yo es Dios; en el

segundo, ó se debe reconocer la creacion ó admitir que un ser que no

existe se da la existencia á sí mismo.

[138.] Fichte no retrocede ante la primera consecuencia, y aunque no

llama Dios al yo, le concede sus atributos. «Si el yo no existe sino

en cuanto se pone, no existe sino cuando se pone; y no se pone sino

cuando existe.--_El yo es para el yo._--Pero si él se pone á sí mismo

absolutamente, en cuanto existe; se pone _necesariamente_ y existe

_necesariamente_ para el yo; _yo no existo sino para mí_; pero _para

mí existo necesariamente_, (diciendo _para mí_, yo pongo mi ser).

«Ponerse á sí mismo y ser, son hablando del yo, completamente

idénticos. La proposicion: yo soy, porque me he puesto á mí mismo; se

puede expresar así: yo soy absolutamente porque soy.

»El yo poniéndose, y el yo existiendo, son completamente idénticos:

son una sola y misma cosa. El yo es aquello por lo cual se pone; y él

se pone aquello que es. Así yo soy absolutamente lo que soy.

»La expresion inmediata del acto que acabamos de desenvolver, seria la

fórmula siguiente: yo soy absolutamente; es decir, yo soy

absolutamente, porque soy para mí; y soy absolutamente lo que soy para

mí.

»Si se quisiese que precediera á la ciencia del conocimiento la

enunciacion de este acto; hé aquí á poca diferencia, en qué términos

deberia ser expresado; el yo pone primitiva y absolutamente su propio

ser» (_Ciencia del conocimiento_ P. 1, §. 1).

En tan extravagante lenguaje solo resulta claro un hecho, y es, el

panteismo profesado abiertamente por Fichte; la divinizacion del yo; y

por consiguiente la absorcion de toda realidad en el yo. El yo deja de

ser un espíritu limitado; es una realidad infinita. Fichte no lo

niega; «el yo se determina á sí mismo, se concede al yo la totalidad

absoluta de la realidad, porque es puesto absolutamente como realidad,

y _ninguna negacion es puesta en él_» (2. p. §. 4. Letra B).

«Hay realidad puesta en el yo, por consiguiente el yo debe ser puesto

respecto á la realidad como _totalidad absoluta_ (es decir como una

suma que comprende todas las demás sumas y puede ser la medida de

todas) y hasta primitiva y absolutamente, si la síntesis que acabamos

de exponer problemáticamente es posible; y la contradiccion debe ser

resuelta de una manera satisfactoria.

»Así el yo pone absolutamente y sin ninguna condicion posible, _la

totalidad absoluta de la realidad_ como una suma sobre la cual es

absolutamente imposible que haya una mayor; y este _máximum absoluto_

de la realidad él le pone en _sí mismo_; todo lo que es puesto en el

yo, es realidad, y _todo lo que es realidad es puesto en el yo_....

»La nocion de la realidad es idéntica á la de actividad; toda realidad

está puesta en el yo; es decir, toda actividad es puesta en él; y

recíprocamente, toda realidad en el yo, es decir el yo, no es mas que

actividad; él no es yo sino en cuanto es activo, y en cuanto no es

activo es el _no yo_» (Ibid. letra D).

«No hay realidad sino en el entendimiento; él es la facultad de lo

real; lo ideal se hace real en él» (2. p. Deduccion de la

representacion, §. 3).

«El yo no es sino lo que él se pone, es infinito, es decir se pone

infinito....

«Sin la infinidad del yo, sin una facultad productiva cuya tendencia

sea ilimitada é ilimitable, no podria explicarse la posibilidad de la

representacion» (2. p. Deduccion de la representacion, p. 148 y 152).

[139.] Demos una ojeada á ese conjunto de delirios. La psicología

parte de un hecho fundamental: el testimonio de la conciencia. El

espíritu humano no puede pensar sin hallarse á sí propio; el punto de

partida de sus investigaciones psicológicas es la proposicion, yo

pienso: en ella se encuentra la identidad de que nos habla Fichte: el

yo es el yo. Todo pensamiento desde el momento que existe, se siente

sometido á una ley; la percepcion de toda cosa lleva consigo la

percepcion explícita ó implícita de la identidad de la misma cosa. En

este sentido la fórmula mas simple en que podemos expresar la ley

primera de nuestra percepcion es esta: A es A; pero fórmula tan

estéril como simple; de suerte que no se alcanza por qué se pretende

levantar sobre ella nada menos que un sistema filosófico. En el fondo

de esta fórmula, supuesto que se la enuncie, está envuelta la

existencia del yo enunciante; no se puede enunciar que A es A, si no

hay un ser en que se ponga la relacion de la identidad. Por lo mismo

que la proposicion A = A es verdadera, es necesario suponer un A, ó un

ser donde exista. Una verdad puramente ideal sin fundamento en una

verdad real, es un absurdo como demostramos y explicamos largamente en

otro lugar (Lib. IV, Cap.^s XXIII, XXIV, XXV, XXVI, XXVII, y Lib. V,

Cap.^s VII y VIII).

[140.] Pero la existencia de una verdad ideal _en cuanto está

representada en nosotros_, es decir, en cuanto es un hecho de nuestra

conciencia, no es necesaria sino hipotética, existe mientras existe;

mas cuando existe puede no existir; y cuando no existe puede existir.

De la existencia no se puede inferir la necesidad; el testimonio de la

conciencia se limita á cerciorarnos del hecho; pero en esta misma

conciencia no encontramos ningun indicio de que este hecho sea

necesario, de que no haya dependido de un agente superior; muy al

contrario, el sentimiento de nuestra debilidad, la brevedad del tiempo

á que se extienden los recuerdos de nuestra conciencia, la

interrupcion natural y periódica que en ella experimentamos durante el

sueño; todo manifiesta que el hecho de la conciencia no es necesario,

y que el ser que lo experimenta ha comenzado de poco tiempo atrás su

existencia, y que podria perderla, siempre que dejase de conservársela

el ser infinito. El yo que sentimos en nosotros, se conoce á sí

propio, se afirma; esta palabra _ponerse_, no puede significar nada

racional, sino que el yo afirma su existencia; pero este conocer no es

producirse; quien asienta semejante monstruosidad tiene obligacion de

probarla.

[141.] En verdad que se necesita toda la serenidad de Fichte para

pretender convertir en ciencia un conjunto de absurdos y

extravagancias tales como acabamos de ver. Estaba reservado á los

tiempos modernos el tener que ocuparse seriamente de un sistema, cuya

existencia creerán con dificultad los que lean la historia de las

aberraciones del espíritu humano. El sistema de Fichte está juzgado

por todos los hombres pensadores; y para hacerle caer en el olvido no

hay medio mas seguro que exponerlo á los ojos del lector juicioso.

[142.] Establecida la existencia necesaria y absoluta del yo, se

propone Fichte demostrar que del yo sale el no yo; es decir, todo lo

que no es el yo. «El no yo no puede ser puesto sino en tanto que en el

yo (en la conciencia idéntica) hay puesto un yo, al cual pueda ser

opuesto. El no yo debe ser opuesto en la conciencia idéntica, por

consiguiente el yo debe ser puesto allí, en cuanto debe ser puesto

allí el no yo....

»Si yo=yo, todo lo que es puesto, es puesto en el yo.... El yo y el no

yo son ambos _igualmente productos de acciones primitivas del yo_; y

la conciencia misma es un producto semejante de la primera accion

originaria del yo: el acto por el cual el yo se pone á sí mismo.»

Hé aquí pues que el _no yo_, es decir, eso que llamamos mundo externo,

y todo cuanto no es el yo, nace segun Fichte del yo; la distincion

entre una cosa y otra, es una ilusion pura; un juego de relaciones con

que el yo se concibe como no yo en cuanto se limita; pero tanto el yo

como el no yo, son cosas absolutamente idénticas. «El yo y el no yo en

cuanto son puestos idénticos y opuestos por la nocion de la limitacion

recíproca, son algo en el yo (accidentes) como substancias divisibles,

puestas por el yo, sujeto absoluto, ilimitable, al cual nada es

idéntico y nada es opuesto.--Por lo cual todos los juicios cuyo sujeto

lógico es el yo limitable ó determinable, ó alguna cosa que defina el

yo, deben ser limitados ó definidos por alguna cosa mas elevada; pero

todos los juicios cuyo sujeto lógico es el yo absolutamente

ilimitable, no pueden ser determinados por nada mas elevado; porque el

yo absoluto no es determinado por nada, ellos son fundados y definidos

absolutamente por sí mismos» (1. p. §. 3). Hé aquí el último resultado

del sistema de Fichte, el yo convertido en un ser absoluto que no es

determinado por nada superior, en un sujeto ilimitado é ilimitable, en

un ser infinito, en Dios.

De este sujeto absoluto dimana todo. «En cuanto el yo se pone como

infinito, no se dirige mas que sobre el yo, y su actividad es el

fundamento y forma de todo ser; el yo es pues infinito en cuanto su

actividad vuelve sobre sí mismo, y bajo este aspecto su actividad es

infinita, porque su producto es infinito (producto infinito, actividad

infinita: actividad infinita, producto infinito); aquí hay un círculo

mas nó vicioso; esto es un círculo del que la razon no puede salir,

porque expresa lo que es _absolutamente cierto para sí mismo_;

producto, actividad, agente son una sola y misma cosa; y no los

distinguimos sino para expresarnos; esto es, únicamente la pura

actividad del yo, únicamente el puro _yo que es infinito_; la

actividad pura es la que no tiene ningun objeto, que vuelve

constantemente sobre ella misma.

«En cuanto el yo se pone límites, y se pone en estos límites, su

facultad de poner no se dirige inmediatamente sobre sí mismo; se

dirige sobre un no yo que debe serle opuesto....

¿Cómo resumiremos esta doctrina? con las mismas palabras de Fichte.

«En cuanto el yo es absoluto, es infinito é ilimitado, él _pone todo

lo que existe, y lo que él no pone no existe para él, y_ fuera _de él

no hay nada_. Todo lo que él pone lo pone como el yo; y él pone el yo

como todo lo que él pone; por consiguiente el yo bajo este aspecto

abraza en sí toda realidad, es decir una realidad infinita é

ilimitada. En cuanto el yo se opone un no yo, pone necesariamente

límites, y se pone á sí mismo en estos límites. Él reparte entre el yo

y el no yo la totalidad de lo que es puesto en general» (3. p.

Principios del conocimiento práctico § 5, II, p. 199).

[143.] Así destruye Fichte en pocas palabras la realidad del mundo

externo, convirtiéndole en una modificacion ó desarrollo de la

actividad del yo; ¿será necesario detenerse mas en impugnar una

doctrina tan monstruosa, y que se establece sin ninguna prueba? Creo

que nó: mayormente, cuando tenga asentada sobre principios sólidos la

demostracion de la existencia de un mundo externo, y lleno explicados

el orígen y carácter de los hechos de conciencia, sin necesidad de

recurrir á tan absurdas extravagancias (Lib.^s II, III y IV).

CAPÍTULO XIX.

RELACIONES DEL SISTEMA DE FICHTE CON LAS DOCTRINAS DE KANT.

[144.] Ya llevo explicado (Lib. III, cap. XVII) como el sistema de

Kant conduce al de Fichte; cuando se asienta un principio peligroso

nunca falta un autor bastante atrevido para sacar las consecuencias,

sean cuales fueren. El autor de la _Doctrina de la ciencia_ extraviado

por las doctrinas de Kant establece un panteismo el mas extravagante

que hasta ahora se ha excogitado. Al concluir su obra dice que ha

conducido al lector al punto donde Kant le toma; mas bien hubiera

podido decir que toma al lector donde Kant le deja. El autor de la

Crítica de la razon pura, convirtiendo el espacio en un hecho

puramente subjetivo, destruye la realidad de la extension, y abre la

puerta á los que quieren hacer surgir del yo la naturaleza toda; y

haciendo del tiempo una simple forma del sentido interno, induce á

considerar la sucesion de los fenómenos en el tiempo, como meras

modificaciones del _yo_ á cuya forma se refieren.

[145.] Pero, ¿es por ventura necesario el andar en busca de

deducciones, cuando el mismo filósofo en medio de su obscuridad y de

su lenguaje enigmático, no deja de consignar de la manera mas

terminante esta monstruosa doctrina? Oigámosle como habla en su Lógica

trascendental, seccion tercera, donde se propone explicar la relacion

del entendimiento á los objetos en general, y á la posibilidad de

conocerlos _à priori_. «El órden y la regularidad en los fenómenos,

eso que nosotros llamamos naturaleza, _es pues nuestra propia obra_:

nosotros no la encontraríamos allí, si nosotros no la hubiésemos

puesto por la naturaleza de nuestro espíritu; porque esta unidad

natural, debe ser una unidad necesaria, es decir una cierta unidad _à

priori_ del enlace de los fenómenos; ¿pero cómo podríamos nosotros

producir una unidad sintética _à priori_, si no hubiese en los

manantiales primitivos de nuestro espíritu razones subjetivas de

semejante unidad _à priori_, y si estas condiciones subjetivas no

fuesen al mismo tiempo _valederas objetivamente_, ya que ellas son los

fundamentos de la posibilidad de conocer en general un objeto en la

experiencia?» ¿Quién no ve bosquejado en estas palabras el sistema de

Fichte que hace nacer del yo el _no yo_, es decir el mundo, y que no

da mas valor á la naturaleza que el que puede recibir del mismo yo?

Filosofía Fundamental, Tomo IV · 第 11 / 21 段