[106.] La relacion de causa y efecto está en que la causa da el ser al

efecto; y la relacion de substancia y accidente, está en que la

substancia sirve de sujeto al accidente. Tanta diferencia va de una

cosa á otra, que no solo la razon nos las muestra distintas, sino que

á cada paso la experiencia nos las ofrece separadas. Nuestra alma es

sujeto de muchos accidentes en cuya produccion no tiene ella ninguna

parte; antes por el contrario, se opone á esta produccion en cuanto le

es posible. Tales son todas las sensaciones dolorosas, todas las

impresiones desagradables; todos los pensamientos importunos que nos

ocurren á pesar nuestro, y cuando quisiéramos pensar en otra cosa.

Entonces es el alma sujeto y nó causa; se halla en ella la razon de

substancia con respecto á cosas en que lejos de ser causa, es solo

paciente. Si no me engaño, este ejemplo es concluyente del todo, para

demostrar la existencia de una línea divisoria entre el carácter de

causalidad y el de substancia, y el de efecto y accidente.

[107.] El ser subsistente por sí mismo, significa cierta exclusion: si

esta se refiere á la causalidad, ser subsistente por sí mismo[1],

significa ser no causado; si dicha exclusion se refiere á la

inherencia, ser subsistente por sí mismo, significa ser no inherente á

otro, como lo están los accidentes á la substancia. Cuando se define

la substancia un ser subsistente por sí mismo, se entiende en el

segundo sentido, nó en el primero; y esta distincion basta para

derribar todo el sistema de Spinosa, y de todos los panteistas, sea

cual fuere el aspecto bajo el cual presenten su error.

[108.] Para entrar desembarazadamente en la cuestion del panteismo,

resumamos en pocas palabras, lo que la razon y la experiencia nos

dicen sobre la substancia.

1.° En nuestro interior hay un ser uno, simple, idéntico, permanente,

sujeto de los fenómenos que experimentamos.

2.º En lo exterior hay objetos, que conservan algo constante, en medio

de la variedad de sus fenómenos.

3.º En la idea de substancia entran las de ser, permanencia, no

inherencia á otro en clase de modificacion.

4.º La relacion de sujeto á sus modificaciones se halla en todas las

substancias finitas.

5.º La relacion á modificaciones, no es inseparable de las ideas de

ser, permanencia, y no inherencia á otro.

6.º Una substancia inmutable, no implica ninguna contradiccion.

7.º Subsistente por sí mismo, no es lo mismo que independiente de otro

ser. No debe confundirse la relacion de causa y efecto, con la de

substancia y accidente.

8.º La _no inherencia_ á otro ser, es característico de la substancia;

pero esta idea negativa se ha de fundar en una cosa positiva: en una

_fuerza_ de subsistir por sí mismo, para no necesitar de estar

adherido á otro.

CAPÍTULO XV.

EL PANTEISMO EXAMINADO EN EL ÓRDEN DE LAS IDEAS.

[109.] La idea de substancia, y todas sus aplicaciones así al mundo

externo como al interno, de ningun modo nos conducen á inferir la

existencia de una substancia _única_; por el contrario, la razon de

acuerdo con la experiencia nos obliga á reconocer _muchedumbre_ de

substancias. ¿Por qué deberíamos admitir una substancia única?

Examinemos á fondo esta cuestion, una de las mas capitales de la

filosofía, y que desde muy antiguo ha dado ocasion á los errores mas

funestos.

[110.] Los sostenedores de la substancia única, ó se han de fundar en

la misma idea de la substancia, ó en la experiencia; nuestro espíritu

no tiene otros recursos que sus ideas primitivas, ó la enseñanza de la

experiencia. Empecemos por el método _à priori_, ó por el que se funda

en la idea.

[111.] ¿Qué entendeis por substancia? les preguntarémos. Si por

substancia entendéis un ser subsistente por sí mismo, y por esta

subsistencia significais, que no necesita de ningún otro para existir,

que no lo ha necesitado nunca, entonces hablais de un ser _no

causado_, de un ser necesario, que tiene en sí propio la razon

suficiente y necesaria de su existencia. Si decis que este ser es

único, ó que no hay otro de su clase, convenimos con vosotros; solo os

advertiremos que tomais el nombre de substancia en un sentido

impropio. Pero en el fondo la diferencia estará en el nombre; y para

entendernos perfectamente, solo nos será necesario saber que por

substancia entendeis un ser absolutamente necesario, y por tanto

absolutamente independiente. Pero si afirmais que este ser es único,

en tal sentido que nada hay, ni puede haber fuera de él, entonces

afirmais gratuitamente, y os exigimos prueba de lo que afirmais.

¿Por qué el ser necesario excluiria la posibilidad de los demás seres?

¿No es mas legítimo el deducir que en él se contiene la razon de la

posibilidad y de la existencia de los mismos? El ser que tenga en si

la necesidad de existir, ha de estar dotado de actividad; y el término

de la actividad en lo exterior es la produccion. ¿Por qué de esta

produccion no podrán resultar otros seres? Por lo mismo de ser

producidos serán distintos del que los produce.

[112.] Sin salir de nuestras ideas encontramos la contingencia y la

multiplicidad. La experiencia nos enseña que en nosotros mismos hay

una sucesion continua de formas: estas apariencias algo son, no pueden

ser un puro nada, pues deben ser algo, siquiera como apariencias. En

ellas vemos un continuo tránsito del no ser al ser, y del ser al no

ser, luego hay produccion de algo que no es necesario, puesto que es y

deja de ser; luego hay algo fuera del ser que se quiere suponer único.

Este argumento se funda en los fenómenos puramente internos y así

vale, aun contra los idealistas, contra los que quitan al mundo

externo toda realidad, y lo reducen solo á meras apariencias, á

simples fenómenos de nuestro espíritu. Esas apariencias existen por lo

menos como apariencias; ellas pues son algo, ellas son contingentes,

ellas no son pues el ser necesario. Luego fuera de este hay algo que

no es él; luego es insostenible el sistema que afirma la existencia de

un ser único.

La idea de un ser absolutamente independiente por razon de su absoluta

necesidad, no excluye la existencia de los seres contingentes; solo

manifiesta que el ser necesario es único entre los necesarios, mas nó

único entre los seres.

[113.] Tampoco se sigue de la idea del ser necesario el que no pueda

haber seres contingentes causados, y sin embargo subsistentes por sí

mismos, en él sentido de que no están inherentes á otros como

modificaciones. El no ser causado, y el no estar inherente, son cosas

muy distintas; la primera trae consigo á la segunda, mas nó la segunda

á la primera. Todo ser no causado, ha de estar libre de la inherencia;

pues por lo mismo que no es causado, es necesario, y encierra en sí

cuanto ha menester para no estar inherente á otro. Por lo mismo que es

necesario, es absolutamente independiente de los demás, lo que no se

verificaria si los necesitase como la modificacion necesita la

substancia. Pero nó todo lo que no es inherente ha de ser no causado;

pues su causa puede haberle hecho tal que no necesite de estar

inherente á otro ser como modificacion. Entonces dependerá de otro,

como el efecto de su causa, nó como accidente de su substancia: habrá

entre ellos la relación de causalidad, mas nó la de substancia, cosas

muy diferentes como hemos explicado mas arriba (Cap. XIV).

[114.] Jamás los panteistas llegarán á probar que porque una cosa no

sea modificacion, haya de ser no causada: y esto es precisamente lo

que deberian demostrar para sacar triunfante su sistema. Una vez

demostrado que todo lo que subsiste en sí, es no causado, tendrian

probado tambien que todo lo que subsiste en sí, es necesario. Y como

el ser necesario ha de ser único, tendrian probado tambien que no hay

mas que una substancia.

[115.] La clave del sistema panteista es esta: confundir la no

inherencia, con la independencia absoluta; y la clave para desvanecer

todos sus argumentos, es distinguir constantemente estas cosas. Todo

lo no causado es substancia; mas nó toda substancia es incausada. Todo

lo no causado es necesario, y por tanto no inherente; mas nó toda

substancia es necesaria. La substancia finita no es inherente á otro

ser; pero es causada por otro ser. No puede existir sin él, es verdad;

pero esta dependencia, no es la de la modificacion á la substancia,

sino del efecto á la causa.

La causa da el ser al efecto; la substancia sustenta al accidente; la

causa no es modificada por el efecto; la substancia es modificada por

el accidente. Estas ideas son claras, distintas; con ellas se debe

estrechar al panteismo en todas sus transformaciones; quien así lo

haga conseguirá lo que Menelao con el viejo Proteo; reducirle á su

forma primitiva, al ateismo puro. Esta es su naturaleza; este debe ser

su nombre. Muchos de los erróneos sistemas que turban al mundo de las

ideas, se fundan en un equívoco; para acabar con ellos es necesario

fijarse en el punto que le aclara y no salir de allí. El equívoco se

presentará de diferentes maneras, pero conviene no dejarse alucinar,

ni confundir: volver siempre á la misma distincion y estrecharle con

ella. El pasaje del poeta inmortal en el lugar aludido, podria tomarse

como un mito de un excelente método para desbaratar sofismas. «Echaos

sobre él, decia la diosa Idothea á Menelao y sus compañeros; cogedle,

y á pesar de todos sus esfuerzos para escaparos, no le solteis,

continuad estrechándole fuertemente. Todo lo imitará: agua, fuego,

réptil, tomará todas las formas; pero apretadle mas, redoblad sus

ligaduras. Cuando habrá vuelto á _ser lo que era_, suspended vuestros

esfuerzos y dadle libertad» (Odisea, Canto 4). Así será el panteismo:

hablará de materia, de espíritu, de realidad de fenómenos, del yo, del

no yo; de subsistencia y no subsistencia, de necesario y de

contingente; pero no salgais de las ideas fundamentales, conducidle á

ellas; al fin volverá á su forma primitiva; y cuando haya vuelto á

ella, entonces soltadle, mostrándole á los pueblos tal cual es,

diciéndoles: «vedle en su horrible deformidad; siempre ha sido lo que

es ahora; á pesar de todas sus trasformaciones, no es mas que el

ateismo.»

CAPÍTULO XVI.

EL PANTEISMO EXAMINADO EN EL ÓRDEN DE LOS HECHOS EXTERNOS.

[116.] Si en la region de las ideas es insostenible el panteismo, no

lo es menos en el campo de la experiencia. Esta, lejos de conducirnos

á la exclusiva unidad de la substancia, nos muestra por todas partes

la multiplicidad.

[117.] Hay unidad cuando no hay division, cuando en la cosa una no se

pueden distinguir otras distintas, cuando no cabe en ella un juicio

negativo. Nada de esto observamos ni en el mundo externo, ni en el

interno; antes una experiencia constante nos ofrece todo lo contrario.

[118.] En el mundo externo la division es visible, palpable; no hay

mas que unidad de órden, la direccion á un fin: fuera de esto, todo es

multiplicidad. El único medio por el cual estamos en comunicacion con

el mundo externo son los sentidos; y estos encuentran la multiplicidad

en todas partes: sensaciones distintas en números diferentes en

especie, graduadas de mil modos diversos, distribuidas entre infinitos

grupos, que si bien se enlazan en tal ó cual punto, se pueden dividir

y se dividen en otros mil.

[119.] La multiplicidad está tan atestiguada por la experiencia de los

sentidos, como la existencia misma de los objetos. Si para lo primero

les negamos el crédito, seria preciso negárselo para lo segundo. No

solo nos dicen que hay tal cuerpo, sino que del mismo modo nos

cercioran de que un cuerpo no es el otro. No conocemos con mas certeza

que á una sensación le corresponda en lo exterior un objeto, que la

distincion entre los dos objetos de distintas sensaciones.

Decir que los sentidos no son buenos jueces en esta materia, porque

ellos se limitan á la simple sensacion, y por lo mismo no sirven para

juzgar de los objetos, es apelar al idealismo; pues que con la misma

razon se podria afirmar que los sentidos, limitándose como se limitan

á la simple sensacion, no bastan á cerciorarnos de la existencia de

los objetos respectivos.

[120.] Todo lo que sea establecer la unidad fuera de nosotros, es

destruir el mundo corpóreo. La idea de la extension se opone á la

unidad. En lo extenso, unas partes no son las otras. Esto es evidente;

y quien lo ponga en duda combate la certeza de la misma Geometría. Si

el mundo es algo real, es extenso; si no es extenso, no podemos

asegurar que sea nada real. Con igual seguridad conocemos la extension

que la existencia. Esta existencia misma nos es manifestada por la

extension ofrecida á nuestras sensaciones. Si pues esta extension no

existe, las sensaciones son un mero fenómeno interno, una pura

ilusion, en cuanto les atribuimos correspondencia en lo exterior.

[121.] El argumento que acabo de proponer es, si no me engaño, uno de

los mas concluyentes contra Spinosa, quien con la unidad de substancia

admite la extension, como uno de sus atributos. Lo extenso es

esencialmente múltiplo; siempre lleva consigo la distincion entre sus

partes; siempre se puede hacer el juicio negativo, «la parte A no es

la parte B.» El panteismo no puede deshacerse de este argumento sino

salvándose en el idealismo puro; y en este concepto tal vez Fichte y

Hegel han sido mas lógicos de lo que algunos creen. Quien quiera

sostener la exclusiva unidad de substancia, es preciso que convierta

el mundo externo en meros fenómenos, cuya única realidad se cifra en

presentarse así á nosotros. Esto es absorber el mundo en el yo, y

concentrar la realidad en la idea; pero esta absorcion y

concentracion, en medio de su obscuridad, son una consecuencia lógica,

necesaria, del principio establecido. Hay absurdo, pero hay al menos

la consecuencia de la absurdidad.

[122.] Los que llaman á Spinosa discípulo de Descartes, no han

advertido que entre los dos sistemas hay una contradiccion necesaria.

El argumento que acabo de proponer fundado en la extension, si bien es

concluyente en todos los supuestos, lo es mas, si cabe, admitiendo con

Descartes que la esencia de los cuerpos consiste en la extension. En

este caso, las varias partes de la extension se distinguen

esencialmente, pues cada parte constituye una esencia. La

multiplicidad esencial y substancial de los cuerpos será tanta, cuanta

sea la multiplicidad de la extension.

[123.] Si se quisiere sostener que la extension no es la misma esencia

de los cuerpos, sino un atributo ó una modificacion, ya se hable de

una determinacion fundada en la esencia, ya de una determinacion

accidental, pretendiendo además que esta modificacion ó atributo puede

pertenecer á la substancia única, preguntaremos si esta substancia en

sí misma, prescindiendo de la extension, es simple ó compuesta. Si es

compuesta, hay en ella la multiplicidad, y por tanto cae Spinosa en la

opinión comun, es decir, de un mundo corpóreo, compuesto de muchas

partes, de las que no tendrá la una mas derecho que la otra á ser una

verdadera substancia. Entonces pues, no habrá substancia única, sino

un compuesto de muchas; y el universo corpóreo no podrá llamarse una

substancia, sino en el sentido en que se llama comunmente, uno, no

tomando la unidad en sentido riguroso, sino en cuanto todas sus partes

están entre sí enlazadas, y dispuestas con cierto órden para conspirar

á un mismo fin. Si la substancia, sujeto de la extension, es simple,

resulta una substancia simple determinada ó modificada por la

extension, una substancia simple extensa, lo que es contradictorio. No

puede concebirse que una cosa sea modificacion de otra, sin que la

modifique; esto es lo que expresan las palabras mismas. Una

modificacion, modifica, dando á la cosa modificada la forma de la

modificacion, aplicándose á sí propia á la cosa modificada. La

extension no puede modificar sino haciendo á la cosa modificada

extensa: y el ser extenso ó tener extension, son expresiones

absolutamente idénticas. Luego repugna el que una substancia simple

tenga por una de sus modificaciones la extension; luego el sistema de

Spinosa es absurdo.

CAPÍTULO XVII.

EL PANTEISMO EXAMINADO EN EL ÓRDEN DE LOS HECHOS INTERNOS.

[124.] La multiplicidad de las substancias no está menos atestiguada

por la conciencia de nosotros mismos, ó sea del mundo interno. Por de

pronto encontramos en nosotros algo uno, indivisible, que permanece

siempre lo mismo en medio de todas las transformaciones de nuestro

ser. Esa unidad del yo es indispensable para el enlace de todos los

fenómenos en un punto; sin ella es imposible todo recuerdo, toda

combinacion, toda conciencia; nuestro propio ser se desvanece, no es

mas que una serie de fenómenos inconexos. Pero de esta unidad que es

preciso tomar como un hecho íntimo, que la conciencia pone á cubierto

de toda duda, y á cuya conviccion nos es imposible resistir, nace el

conocimiento de la multiplicidad. Hay algo que nos afecta, y este algo

no somos nosotros. Nuestra voluntad, nuestra actividad, son impotentes

para resistir otras actividades que obran sobre nosotros; hay algo

pues que no somos nosotros, que es independiente de nosotros. Hay algo

que no es una modificacion nuestra; pues que muchísimas veces no nos

afecta, no nos modifica. Este algo es una realidad, porque la nada no

puede afectar. Este algo no es inherente á nosotros; está pues en sí,

ó en alguna cosa que no es nosotros. Hay pues una substancia que no es

nuestra substancia; y el _yo_ y el _no yo_, que tanto ruido mete en la

filosofía alemana, lejos de conducir á la unidad de la substancia

conduce á la multiplicidad; y por consiguiente destruye el panteismo

atrincherado en el idealismo.

[125.] Desde el primer paso nos encontramos cuando menos con la

dualidad, con el yo y el no yo; pero llevando mas allá la observacion,

encontramos una asombrosa multiplicidad.

Nuestro espíritu no está solo: la conciencia de lo que estamos

experimentando todos los dias, nos atestigua la comunicacion con otros

espíritus, que como el nuestro tienen una conciencia de sí propios,

que como el nuestro tienen una esfera de actividad, que como el

nuestro se hallan sometidos á actividades ajenas, sin su voluntad y á

veces contra su propia voluntad. El yo y el no yo, que existe para

nuestra conciencia, existe para las demás; y lo que en nosotros solos

era la dualidad, se convierte en asombrosa multiplicidad, por medio de

la repeticion del mismo hecho que hemos experimentado en nosotros.

[126.] Atribuir esta variedad de conciencias, á un mismo ser, tomarlas

como modificaciones de una misma substancia, como revelaciones de ella

misma á sus propios ojos, es una asercion gratuita, y sobre gratuita,

absurda.

Con entera confianza se puede retar al primer filósofo del mundo á que

señale una razon, no diré satisfactoria, pero ni aun especiosa, para

probar que dos conciencias individuales pertenecen á una conciencia

comun, ó son conciencias de un mismo ser.

[127.] En primer lugar esta doctrina se halla en contradiccion con el

sentido comun, y es rechazada con fuerza irresistible por el sentido

íntimo de cada hombre. El sentimiento de nuestra existencia anda

siempre acompañado del sentimiento de nuestra distincion con respecto

á nuestros semejantes. No solo estamos ciertos que existimos, sino

tambien de que somos una cosa distinta de los demás, y si en algo está

profundamente marcado el sentimiento de esta distincion es en lo que

toca á los fenómenos de nuestra conciencia. Jamás en ningun tiempo ni

país, en ninguna fase de la sociedad, se llegará á persuadir á los

hombres, que la conciencia de todos sus actos é impresiones, pertenece

á un mismo ser, en que se enlacen las conciencias individuales. Mala

filosofía la que comienza por luchar con la humanidad, y por ponerse

en abierta contradiccion con un sentimiento irresistible de la

naturaleza.

[128.] La idea misma de conciencia excluye esa monstruosidad, por la

cual las conciencias individuales se quieren transformar en

modificaciones de una conciencia universal. La conciencia, esto es, el

sentimiento íntimo de lo que experimenta un ser, es esencialmente

individual, es por decirlo así incomunicable á todo otro. A los demás

les damos conocimiento de nuestra conciencia, mas nó la conciencia

misma. Esta es una intuicion o un sentimiento, pero siempre tal que se

consuma en lo mas íntimo, en lo mas recóndito, en lo mas propio de

nuestro ser. ¿Qué será pues esta conciencia, si no nos pertenece, si

no es nuestra como individuos, si no es nada de lo que creemos, y solo

es propiedad de un ser que no conocemos, que no sabemos lo que es, y

del cual nosotros no somos mas que un fenómeno, una modificacion

pasajera? ¿Dónde estará la unidad de la conciencia en medio de tanta

diversidad, y oposicion, y exclusion recíproca de ellas? Este ser

modificado con tantas conciencias, no tendrá ninguna, pues no se podrá

dar cuenta á sí propio de lo que experimenta.

CAPÍTULO XVIII.

SISTEMA PANTEISTA DE FICHTE.

[129.] Voy á cumplir lo prometido (Lib. I, Cap. VII) sobre la

exposicion é impugnacion del sistema de Fichte. Ya hemos visto en el

lugar citado las formas cabalísticas empleadas por el filósofo aleman,

para llegar ni mas ni menos que á un resultado tan sencillo, como es

el principio de Descartes: yo pienso luego soy. El lector no podrá

figurarse que sobre este hecho de conciencia se pretenda fundar el

panteismo; y que el espíritu humano por encontrarse á sí propio, haya

de tener la arrogancia de que nada existe sino él mismo; que todo

cuanto hay, sale de él mismo; y lo que es todavía mas singular, que él

mismo se produce á sí mismo. Para creer que semejantes cosas están

escritas, es necesario leerlas; por cuya razon al exponer el sistema

de Fichte, copiaré sus mismas palabras.

Así, aun cuando haya de sufrir algun tanto el habla castellana, y el

lector se fatigue un poco en descifrar enigmas, tendrá una idea del

fondo y de la forma del sistema; lo cual no se lograria, si queriendo

extractarle, le despojásemos de su extravagante originalidad, que si

cabe, resalta todavía mas en la forma que en el fondo.

[130.] «Este acto, es decir X = yo soy, no descansa sobre ningun

principio mas elevado» (Doctrina de la ciencia, 1.ª parte, §. I).

Esto es verdad hasta cierto punto, en cuanto significa que en la

simple serie de los hechos de conciencia, vamos á parar á nuestra

propia existencia, como al último término que no nos consiente ir mas

allá. El acto reflejo con que percibimos nuestra existencia, está

expresado por la proposicion: yo soy; ó yo existo; pero esta

proposicion por sí sola, no nos dice nada sobre la naturaleza del yo,

y está muy lejos de probarnos nuestra absoluta independencia. Por el

contrario, desde el momento que comencemos á reflexionar se nos

ofrecerán hechos internos que nos inclinarán á creer que nuestro ser

depende de otro; y á medida que continuaremos reflexionando,

adquiriremos de esta verdad una conviccion profunda, nacida de una

demostracion rigurosa.

De ningun modo se puede afirmar que el acto _yo soy_, no dependa de un

principio mas elevado, si se entiende que el acto no nace de ningun

_principio de accion_, y que él por sí solo produzca la existencia.

Esto, á mas de ser abiertamente contrario al sentido comun, carece de

toda razon en que estribe, y se opone á las nociones mas fundamentales

de una buena filosofía.

[131.] Fichte opina de otro modo; y sin saber por qué, deduce de la

proposicion citada las consecuencias que verá el curioso lector.

«Luego (el acto, yo soy) es el principio puesto absolutamente, siendo

á sí propio su fundamento, de un cierto acto del espíritu humano (se

verá por el conjunto de la _Doctrina de la ciencia_, que se debe decir

de todo acto del espíritu humano). Su verdadero carácter es el puro

carácter de la actividad en sí; haciendo abstraccion de las

condiciones empíricas que le son particulares.» No es mucho

descubrimiento que el carácter de un _acto_ sea la _actividad_; bien

que este carácter no es _puro_, pues en nosotros, ningun acto es pura

actividad, sino _tal_ ejercicio de actividad.

«Así, continúa, para el yo, ponerse á sí mismo, es lo que constituye

la pura actividad.--El yo se pone á sí mismo, y existe en virtud de

esta simple accion; y recíprocamente, el yo existe y pone su ser,

simplemente en virtud de su ser.--Él es al mismo tiempo el agente y el

producto de la accion; lo que obra y lo que es producido por la

accion; en él, la accion y el hecho son una sola y misma cosa; y por

esto, _yo soy_ es la expresion de un acto, pero tambien del solo acto

posible, como se verá por toda la _Doctrina de la ciencia_.»

Filosofía Fundamental, Tomo IV · 第 10 / 21 段