[55]. El filósofo aleman parece que sentia el punto flaco de su

discurso; y así es que procura exponer el argumento psicológico en

términos tales que ofrezca un tránsito del órden ideal al real, sin

que se vea el punto que une cosas tan distantes. Su lenguaje es

puramente ideológico: «aquello cuya _representacion_ es la substancia

absoluta de nuestros juicios y que no puede servir de _determinacion_

á otra cosa, es substancia,» nótese bien: define la substancia por la

_representacion_ y por la incapacidad de servir de _determinacion_ á

otra cosa, es decir, por atributos puramente ideológicos ó

dialécticos. La forma de que se vale en la segunda edicion, adolece

del mismo defecto. «Lo que no puede ser _concebido_ sino como

_sujeto_, no existe sino como sujeto, y por consiguiente es

substancia.» ¿Por qué no nos dice que la substancia de que se trata

aquí, es un ser permanente en que se realicen las modificaciones sin

dejar de ser idéntico á sí mismo? ¿Por qué nos habla solo de la

_representacion_, del _concepto_, de _la determinacion_ ó predicado?

porque le convenia presentar el argumento como un sofisma en que se

hace tránsito de un órden á otro muy diferente; le interesaba una

forma obscura que le permitiese decir lo que sigue. «En la mayor se

trata de un ser, que en general puede ser concebido bajo todos los

respectos, y por consiguiente tal que puede ser dado en intuicion; en

la menor no se habla del mismo ser, sino en cuanto se considera á sí

propio como sujeto, y únicamente con relacion al pensamiento y á la

unidad de la conciencia, mas nó á la intuicion por la cual la unidad

seria dada como objeto al pensamiento; por consiguiente la conclusion

está sacada por el sofisma _figuræ dictionis_, ó por un falso

raciocinio....

»El pensamiento presenta en las dos premisas un sentido totalmente

diverso; en la mayor es considerado en relacion á un objeto general, y

tal por consiguiente, que puede ser dado en intuicion; pero en la

menor no consiste sino en la relacion á la conciencia de sí propio,

donde no se piensa ningun objeto, sino que se encuentra uno

representado á sí mismo con relacion á sí, como sujeto, como la forma

del pensamiento; en el primer caso se trata de cosas que no pueden ser

pensadas sino como sujeto, en el segundo por el contrario, no se habla

ya de _cosas_, sino del pensamiento, pues que se hace abstraccion de

todo objeto; y en el pensamiento, el yo sirve siempre de sujeto para

la conciencia. No se puede pues llegar á la conclusion: yo no puedo

existir sino como sujeto; solo se tiene esta otra: yo no puedo, en el

pensamiento de mi existencia, servirme de mí sino como sujeto del

juicio; proposicion idéntica que nada absolutamente dice sobre el modo

de mi existencia.» Indignacion causa que con semejante embrollo de

ideas y de palabras se pretenda arrebatar al espíritu humano su

existencia, pues que á esto equivale el negarle que sea substancia;

indignacion causa el que con una confusion tal se quiera hacer vacilar

uno de los argumentos mas claros, mas evidentes, de fuerza mas

irresistible, que ofrecerse puedan á la razon humana. Yo pensaba ayer,

yo pienso hoy; en toda la variedad de mis situaciones me hallo que soy

el mismo, nó otro; á esa realidad que permanece idéntica en medio de

la diversidad, la llamo mi alma; luego mi alma es una realidad

permanente, sujeto de las modificaciones; luego es substancia. ¿Se

puede encontrar nada mas claro?

[56.] La psicología para demostrar la substancialidad del alma, se

vale, es cierto, de la idea general de substancia; mas para aplicar

legítimamente esta idea al caso presente, se apoya en un hecho

experimentado, en el testimonio de la conciencia. ¿Qué quiere decirnos

Kant cuando recuerda haber demostrado que el concepto de una cosa que

puede existir en sí como sujeto, mas nó como simple atributo, no trae

consigo ninguna realidad objetiva? Cuando nos habla de _sujeto_,

¿trata de sujeto real, es decir sujeto de modificaciones? entonces el

alma es sujeto, pero no decimos que sea sujeto _únicamente_, sino que

su realidad la concebimos bajo este aspecto, sin que por esto neguemos

el que encierre en sí otros caractéres; por el contrario, reconocemos

expresamente el de principio activo, lo cual implica algo mas que

simple sujeto de modificaciones, lo que mas bien expresa una calidad

pasiva que activa. Si por sujeto entiende Kant el sujeto lógico,

entonces le negarémos que el alma haya de tener este carácter

exclusivamente, de manera que no pueda con legitimidad lógica, ser

atributo ó predicado de una proposicion.

[57.] «No es posible saber, dice el filósofo aleman, si á dicho

concepto puede corresponderle algun objeto en ninguna parte, pues que

no se concibe la posibilidad de una tal manera de existir, y por

consiguiente no resulta ningun conocimiento. Para que este concepto

pueda designar bajo la denominacion de substancia, un objeto que pueda

ser dado, que pueda convertirse en conocimiento, es preciso poner por

fundamento una intuicion constante, como condicion indispensable de la

realidad objetiva de un concepto, á saber, aquello por lo cual solo el

objeto es dado. Nosotros no tenemos absolutamente nada permanente en

una intuicion interna, porque el _yo_ no es mas que la conciencia de

mi pensamiento; si pues nos detenemos en el pensamiento solo, nos

falta la condicion necesaria para aplicar el concepto de substancia,

es decir, de un sujeto existente como ser pensante.» No cabe

argumentacion mas sofística y vulgar: no admite Kant la

substancialidad del alma porque no podemos tomar la misma substancia y

presentársela en intuicion sensible; pero entonces tampoco debiera

hablarnos de los _conceptos intelectuales puros, de las funciones

lógicas_, de las _ideas_, pues que todas estas cosas, como que se

hallan fuera del órden de la sensibilidad, no pueden sernos dadas en

intuicion sensible. Y sin embargo estas cosas existen realmente, como

fenómenos internos, como hechos subjetivos de los cuales habla Kant

incesantemente, consagrando á ello la mayor parte de la _Crítica de la

razon pura_. ¿Se dirá acaso que la idea pura de relacion no significa

nada, porque no podemos presentar una relacion abstracta en intuicion

sensible? ¿Se dirá que la idea de fuerza no significa nada, porque no

podemos presentarla en intuicion sensible? ¿Se dirá que los principios

de donde dimanan los fenómenos de la atraccion, de la afinidad, de la

electricidad, del magnetismo, del galvanismo, de la luz y de cuanto

nos admira y encanta en la naturaleza, no existe, no son cosas

permanentes, que son palabras vacías, porque no podemos representarlos

en intuicion sensible? Este modo de argumentar es indigno de un

filósofo. Podrá ser excusable que un hombre rudo, solo acostumbrado á

los fenómenos de la sensibilidad, y que jamás ha descendido á las

profundidades del alma en la esfera intelectual pura, al hablarse de

un _espíritu_, de una _causa_, de una _substancia_, pregunte

sencillamente _¿qué es esto?_ y exija que se le exponga lo insensible

bajo una forma sensible; pero quien se precia de enmendar la plana á

todos los filósofos antiguos y modernos, quien desde la inaccesible

altura de su sabiduría trata con desden tan soberano, todos los

discursos que hasta entonces se habian mirado como concluyentes,

debiera producir otros títulos de su superioridad, que el decir: no se

concibe la posibilidad de un tal modo de existencia; no tenemos

intuicion interna de eso permanente de que hablais; el _yo_ no es mas

que la conciencia de mi pensamiento. ¿Y qué? se necesita mas que esta

misma conciencia para demostrar lo que nos proponemos? En la variedad

de los pensamientos, ¿la conciencia no es _una_? El pensamiento de

ayer, el de hoy, el de mañana, no se enlazan en un punto? Por

diferentes y contradictorios que sean ¿no pertenecen todos á una misma

cosa, á esa _cosa_ que llamamos el yo, y que nos autoriza para decir:

_yo_ que pienso ahora, soy el mismo que pensaba ayer, y que pensaré

mañana? ¿Se puede discurrir de una manera mas clara, mas convincente,

que afirmando una permanencia real que sentimos tan profundamente

atestiguada en lo íntimo de nuestra conciencia? Yo no veo, diréis, mi

substancia, no tengo de ella una intuicion; solo siento mi conciencia;

pues bien, esto basta; no se necesita mas; esa conciencia que

experimentais, una entre la muchedumbre, idéntica entre la distincion,

constante entre la variedad, permanente entre la sucesion de los

fenómenos que aparecen y desaparecen; esa conciencia que no es ninguno

de vuestros pensamientos individuales, que dura siempre cuando ellos

pasan para no volver; esa conciencia os ofrece la substancialidad de

vuestra alma; esa conciencia os la da en cierto modo en intuicion, nó

en intuicion de _sensaciones_, pero sí en intuicion de _sentido

íntimo_, como una cosa que os afecta profundamente, y de cuya

presencia no podeis dudar, como no dudais del placer y del dolor en el

acto de experimentarlo.

[58.] Al atacar el argumento psicológico de la substancialidad del

alma, supone Kant que los que se valen de dicho argumento, quieren

probar la substancialidad del alma, partiendo de las propiedades de la

categoría pura y simple de substancia. A esta equivocacion podria dar

lugar la forma con que presenta Kant dicho argumento; pero ya hemos

visto que esta forma, con premeditacion ó sin ella, está dispuesta del

mejor modo para ofrecer puntos flacos á los ataques del filósofo.

Abranse por do quiera los tratados de psicología, y se verá que si

bien se emplea la idea general de substancia, no se hace uso de ella

sin legitimarlo con un hecho de experiencia; no se infiere de la

categoría pura de la substancia que el alma sea substancia: sino que

establecida la idea de substancia como un tipo general, se escudriña

el fondo de la conciencia para ver si allí se encuentra algo á que

dicho tipo se pueda aplicar. Así lo acabo de hacer en los párrafos

anteriores; y si Kant hubiese querido ser mas exacto al dar cuenta de

las opiniones de sus adversarios, no habria dicho que el primer

raciocinio de la psicología racional no nos da sino una luz que se

pretende nueva, cuando nos presenta el sujeto lógico constante del

pensamiento, como el conocimiento del sujeto real de la inherencia.

«Lejos, dice, de que sea posible inferir estas propiedades de la

categoría pura y simple de una substancia, por el contrario, la

permanencia de un objeto dado, no puede ser tomada en principio, sino

partiendo de la experiencia, cuando queremos aplicarle el concepto

empíricamente usual de una substancia.» Tiene razon el filósofo; las

propiedades de la categoría pura y simple de una substancia, no pueden

hacernos salir del órden ideal, si no podemos apoyarnos en un hecho de

experiencia; pero olvida una parte del argumento psicológico cuando

añade que en el caso actual, no hemos puesto en principio ninguna

experiencia, y que solo hemos concluido del concepto de la relacion de

todo pensamiento al yo, como al sujeto comun al cual este pensamiento

se liga. La experiencia existe, en esta misma conciencia de la

relacion de todos los pensamientos al yo; en este punto al cual todos

se ligan; la relacion al yo no es posible, si el yo no es algo; los

pensamientos no pueden ligarse en el yo, si el yo es un puro nada.

«Refiriendo, continúa Kant, el pensamiento al yo, no podríamos

establecer por una observacion cierta una permanencia semejante;

porque si bien el yo se halla en el fondo de todo pensamiento, no

obstante ninguna intuicion propia para distinguirle de todo otro

objeto perceptible, está ligada con esta representacion.» Es cierto

que el yo permanente no le percibimos de la misma manera que los

objetos de las demás intuiciones; pero le percibimos con el sentido

íntimo, con esa presencia de que no podemos dudar, y que segun

confiesa el mismo Kant, nos hace referir todos los pensamientos al yo

como á un sujeto comun en el cual se ligan.

[59.] «Se puede bien notar, dice, que esta representacion (la del yo)

se reproduce constantemente en todo pensamiento; pero nó que esta sea

una intuicion fija y permanente en la cual los pensamientos variables

se sucedan.» En este pasaje hay una contradiccion evidente. La

representacion del yo se reproduce constantemente en todo pensamiento;

es así que el yo, ó no significa nada, ó significa una cosa idéntica á

sí misma; porque si el yo que piensa ahora, no es el yo que pensaba

ayer, la palabra _yo_ significa una cosa muy diversa de lo que

entiende todo el mundo; luego si la representacion del yo vuelve en

todo pensamiento, el yo es el mismo en todo pensamiento; luego el yo

es fijo, permanente, luego el yo es una substancia en que se suceden

todos los pensamientos variables.

[60.] No alcanzo qué se puede replicar á este argumento fundado en las

mismas palabras de Kant, donde consigna un fenómeno cuya existencia no

podia poner en duda: á saber, la presencia del yo en todo pensamiento.

Son ajenas de este lugar las cuestiones filosóficas sobre la no

interrupcion de la conciencia, esto es, si hay algun tiempo en que el

alma no piense, y en que no tenga conciencia de sí propia: muchos

filósofos creen que hay en efecto esta interrupcion, para lo cual se

apoyan en la experiencia del sueño y de los accidentes de que volvemos

sin ningun recuerdo; pero Leibnitz opina que el pensamiento nunca se

extingue del todo, que nunca hay una falta absoluta de conciencia, que

nuestro pensamiento es una luz que despide á veces muy poco

resplandor, pero que nunca se apaga del todo. Sea lo que fuere de

estas opiniones, la permanencia de la substancia del alma queda fuera

de duda: y es de notar que la interrupcion en el pensamiento y en la

conciencia, lejos de favorecer á los adversarios de la permanencia del

alma, los confunde de la manera mas concluyente. Porque si en no

suponiendo algo permanente, es imposible concebir cómo se ligan en una

conciencia muchos fenómenos continuados en una serie no interrumpida,

todavía es mas inconcebible cómo pueden ligarse, si suponemos

interrumpida dicha serie, interponiéndose un cierto espacio de tiempo

entre la existencia de los fenómenos que se ligan.

[61.] Sean los pensamientos A, B, C, D continuados sin ningun

intervalo de tiempos; y que pasan en la conciencia Q; si este Q no es

algo, no se concibe cómo se pueden ligar los términos de la serie, y

cómo á pesar de la distincion y diversidad de los mismos, se puede

encontrar en el fondo de todos ellos eso comun, idéntico que llamamos

el _yo_, y que nos autoriza á decir yo que pienso el D soy el mismo

que pensaba el C y el B y el A.

Pero si la conciencia es interrumpida, esto es, si entre el

pensamiento C y el D han transcurrido algunas horas, en que no habia

ningun pensamiento, ninguna conciencia, todavía es mas inconcebible,

porque en el fondo del pensamiento D se ha de encontrar el mismo yo

del pensamiento C; todavía es mas inconcebible por que al pensar D,

podemos decir: yo que pienso D soy el mismo que pensaba C, y que he

estado un cierto tiempo, privado de pensar. Sin algo permanente, sin

algo que dure entre la sucesion, ¿cómo se explica semejante enlace? ¿Y

por ventura tratamos de hechos desconocidos? ¿por ventura no es esto

lo que experimentamos todos los dias al dispertar? Si esto no es

concluyente, neguemos la conciencia, neguemos la razon; no perdamos el

tiempo hablando de filosofía.

CAPÍTULO X.

EXÁMEN DE LA OPINION DE KANT SOBRE EL ARGUMENTO QUE ÉL LLAMA EL

PARALOGISMO DE LA PERSONALIDAD.

[62.] El argumento fundado en el testimonio de la conciencia lo

combate Kant de un manera particular, en el exámen de lo que él llama

_el paralogismo de la personalidad_. Lo propone en esta forma. «Lo que

tiene conciencia de la identidad numérica de sí mismo en diferentes

tiempos, es por este mero hecho una persona; esto se verifica del

alma; luego el alma es persona.» Con harta inexactitud emplea Kant la

palabra _persona_; sabido es que para merecer este nombre, no basta

ser substancia inteligente; sino que se necesita el ser principio

completo de las operaciones, independientemente de la agregacion á

otra substancia, y de la union con un supuesto. Como quiera, el

filósofo aleman entiende aquí por persona una substancia inteligente;

y en este sentido se propone combatir el argumento con que se prueba

la personalidad del alma.

[63.] «Si yo quiero, dice, conocer, por experiencia, la identidad

numérica de un objeto externo, aplico mi atención á lo que hay de

constante en el fenómeno, al que todo lo demás se refiere como una

determinacion á su sujeto; y noto la identidad del sujeto en el tiempo

en que la determinacion cambia. Yo soy un objeto del sentido interno,

y el tiempo no es mas que la forma del mismo sentido; por lo cual

refiero todas mis determinaciones sucesivas, y cada una de ellas en

particular, al mismo numéricamente idéntico, en todo tiempo, es decir

en la forma de la intuicion interna de mí mismo. Segun esto, la

personalidad del alma no deberia ser deducida ó concluida sino como

una proposicion perfectamente idéntica de la conciencia en el tiempo;

por cuya razon esta proposición vale _á priori_, porque no anuncia

realmente otra cosa que esto: en todo tiempo en que yo tengo

conciencia de mí mismo, tengo conciencia de este tiempo como de una

cosa que hace parte de la unidad de mí mismo. Así, tanto vale decir:

todo este tiempo está en mí como unidad individual, ó bien: yo me

hallo en todo este tiempo, con identidad numérica.»

Seria de desear que Kant nos explicase por qué el sentido íntimo de la

identidad numérica puede ser expresado con esta proposicion: todo este

tiempo se halla en mí como en una unidad individual; ó con esta otra:

en todo el tiempo en que yo tengo experiencia de mí mismo, yo tengo

conciencia de este tiempo como de una cosa que hace parte de la unidad

de mí mismo. Es cierto que la identidad numérica se siente en la

diversidad del tiempo; mas nó el que tengamos conciencia del tiempo

como de una cosa que hace parte de nosotros. Aquí se trata de la

conciencia de sí mismo, tal como se halla en la generalidad de los

hombres; quienes, lejos de considerar el tiempo como una cosa que hace

parte de ellos, le miran como una especie de vaga extension ó

sucesion, en que duran ellos y todo lo variable.

Sabido es que aun entre los filósofos hay disputas sobre la verdadera

naturaleza del tiempo; y que el considerarle como la forma del sentido

interno es una opinion de Kant, de la cual no participan muchos otros;

y que él mismo, segun llevo probado (Lib. VII, cap^s. XIII, XIV),

explica muy mal y la prueba peor, por mas que pretenda haber elevado

su teoría á la region de las doctrinas incontestables. La identidad

numérica de nosotros mismos la sentimos en la sucesion del tiempo,

prescindiendo de que esta sea una forma interna ó externa, y hasta de

que sea una ilusion ó realidad; luego cuando el filósofo aleman para

atacar la solidez del argumento de la conciencia, se funda en su

teoría del tiempo, estriba en un supuesto que no tenemos ninguna

necesidad de admitir; y además, explica este sentimiento de identidad

en términos que hasta él nadie habia empleado. Si quiere hacer entrar

el tiempo en el sentimiento de la identidad numérica, puede decir: yo

me hallo en todo este tiempo con identidad numérica; ó bien: ha pasado

sobre mí todo este tiempo, como en una unidad individual; pero nó que

tengamos conciencia del tiempo como de una cosa que hace parte de

nosotros. Si nos atuviéramos á la conciencia, mas bien nos

inclinaríamos á creer que el tiempo es una especie de extension

sucesiva en que nosotros vivimos, y que mide nuestra existencia.

[64.] «La identidad de la persona, continúa Kant, debe hallarse

inevitablemente en mi propia conciencia; pero si yo me miro desde el

punto de vista de otro (como objeto de su intuicion externa) este

observador extraño no me concibe sino en el tiempo; porque en la

apercepcion, el tiempo no está propiamente representado sino en mí;

luego, del yo que él concede, y que acompaña todas las representaciones

en todo tiempo en _mi_ conciencia y con una perfecta identidad, no

concluirá todavía á la permanencia objetiva de mí mismo. El tiempo en

que me coloca el observador no siendo el que se halla en mi propia

sensibilidad, sino el que acompaña á la suya, resulta que la identidad

que se liga necesariamente á mi conciencia, no está ligada á la suya, es

decir, á la intuicion externa de mi sujeto.» Difícil es comprender bien

lo que quiso decir Kant en este pasaje; y parece muy dudoso que lo

entendiese él mismo: como quiera, veamos lo que se puede sacar de aquí

contra la permanencia del alma.

Conviene el filósofo aleman en que la identidad de la persona se halla

inevitablemente en nuestra conciencia; esto es, que el yo se halla á

sí propio numéricamente idéntico en la diversidad del tiempo. Es

verdad tambien que un observador extraño, no concibe al yo sino en el

tiempo; esto es, que si un hombre piensa en el alma de otro hombre, no

la concebirá sino en el tiempo. Pero no se alcanza por qué dice Kant

que el observador no inferirá de aquí la permanencia objetiva del alma

observada. Lo que sucederá será lo siguiente. El hombre al pensar en

el alma de otro hombre, si cree que pasa en el interior del otro lo

mismo que siente en sí mismo, inferirá que la otra alma es permanente,

por la misma razon que afirma la permanencia de la propia. Es cierto

que no pudiendo entrar en la conciencia del otro, esta no puede serle

conocida, sino por señales externas; pero si él llega á convencerse de

que estas señales son suficientes para indicarle una serie de

fenómenos de conciencia semejantes á los que experimenta en sí mismo,

inferirá que el alma observada es tan permanente como la suya propia.

¿Qué quiere pues decirnos Kant cuando advierte que la identidad que se

liga necesariamente con _mi_ conciencia no está ligada con la del

observador? ¿quién duda de esta verdad? ¿quién duda de que la

percepcion de la identidad con relacion á la conciencia propia, es muy

diferente de cuando se refiere á la ajena? La identidad propia la

tenemos atestiguada por la conciencia inmediata; la identidad ajena

nos la indican una serie de fenómenos externos que nos inducen por

discurso y por analogía, á la conviccion de que fuera de nosotros hay

seres semejantes á nosotros.

[65.] «La identidad de la conciencia de mí mismo en diferentes

tiempos, prosigue Kant, no es mas que una condicion formal de mis

pensamientos y de su enlace: pero no prueba la identidad numérica de

mi sujeto, en que á pesar de la identidad lógica del yo, puede

realizarse un cambio tal que sea imposible conservar la identidad de

este yo; lo que no impide el atribuirle siempre el yo idéntico que

puede sin embargo conservar en todo otro estado, hasta en la

metamórfosis del sujeto, el pensamiento del sujeto precedente, y

trasmitirlo al que viene despues.» Esto es precisamente lo que debia

explicamos Kant: pues el fenómeno del sentimiento de la identidad en

medio de la incesante variedad, es lo que nos induce de una manera

irresistible á creer que el yo es una cosa permanente. No es verdad

que tengamos solo identidad lógica del yo; pues no se trata del sujeto

de una proposicion, sino de un sujeto real, experimentado, sentido en

lo mas hondo de nuestra conciencia.

Este sentimiento de identidad, Kant se imagina poder explicarle con

mucha sencillez. Voy á ensayar si alcanzo á expresar su singular

opinion de una manera inteligible. Sean los instantes de tiempo A, B,

C, D, E.... á que correspondan... a, b, c, d, e.... pensamientos ú

otros fenómenos internos de cualquiera clase. En el instante A, existe

el pensamiento a. En el instante B, sucede el pensamiento b. En el

instante B, el alma que existia en el tiempo A, ya no existe. La del

instante B, es una cosa enteramente nueva: ya no es a, sino b. Lo

mismo se verifica en todos los demás. Pero, ¿cómo es posible, me

diréis, que en todos los instantes el alma se crea siempre la misma?

es muy sencillo: el sujeto a trasmite el pensamiento al sujeto b; el b

trasmite el suyo y el de a al c. Nada permanece idéntico; pero la

conciencia de la identidad siempre dura. Semejante hipótesis ¿no os

parece admirable, y sobre todo muy filosófica? ¿Qué cosa mas clara y

satisfactoria puede imaginarse?

El lector creerá tal vez que me estoy chanceando, y que presento la

opinion de Kant bajo un aspecto ridículo para combatirla con mas

facilidad; pues muy al contrario; la exposicion que acabo de dar á la

doctrina de Kant, es todavía mas seria de la que le da él mismo. Hé

aquí sus palabras. «Una bola elástica que choca con otra, en línea

recta, le comunica todo su movimiento, y por consiguiente todo su

estado (no considerando sino las posiciones en el espacio). Admitid

ahora por analogía con estos cuerpos, unas substancias tales que la

una hiciese pasar á la otra las representaciones, con la conciencia

que las acompaña; entonces puede concebirse toda una serie de

representaciones semejantes, de las cuales la primera comunica su

estado y la conciencia de su estado, á la segunda,--esta su propio

estado, mas el de la substancia precedente, á la tercera;--esta del

mismo modo los estados de todas las substancias anteriores con el suyo

propio, y la conciencia que las acompaña: la última tendria, pues,

conciencia de todos los estados de las substancias que la han

precedido, como de los suyos propios; porque estados y conciencia de

estos estados, todo le habria sido trasmitido. Sin embargo ella no

habria sido la misma persona en todos esos estados.»

Kant pretendiendo combatir el argumento psicológico fundado en la

conciencia, trastorna, destruye el carácter de la conciencia; una

conciencia trasmitida no es verdadera conciencia, no es mas que la

simple noticia de un pensamiento precedente.

Filosofía Fundamental, Tomo IV · 第 7 / 21 段