El conde de Pradére ha tenido un rasgo de verdadero españolismo al
adquirir _La Vicaría_, de Fortuny. Ya que del conde no puede decirse
nada, se dice del cuadro. Ha pasado de moda; Fortuny ya no se lleva.
Y ¿qué pintor no ha pasado por estas alternativas y veleidades de la
moda? Tiempo hubo en que Murillo era estimado sobre Velázquez, el Greco
era menospreciado y Goya no era tenido en mucho. Ahora mismo ¿no hemos
desempolvado á Lucas?
La pintura de Fortuny está, sin duda, en ese período crítico para toda
obra de arte: cuando se está viejo y no se ha llegado á ser antiguo.
Hasta muy pocos años ha ¿no eran risibles y ridículos los retratos
de señora con su miriñaque? Hoy ya tienen valor histórico. Actrices
modernas se han atrevido á presentarse con miriñaque en escena al
interpretar obras de aquel tiempo. Y obras dramáticas; á lo que
ninguna actriz se hubiera atrevido antes, segura de comprometer el
éxito, ante el público regocijado.
El polisón no ha logrado todavía estos honores. Dentro de algunos años
tendrá también su valor histórico y las actrices podrán atreverse con
él como ahora con el tontillo y con el miriñaque.
Fortuny, como Meissonier, como tantos otros pintores, indiscutibles
en su tiempo, pasan ahora por el período difícil del miriñaque y del
polisón.
La posteridad inmediata es el más recusable juez para las obras de
arte. Sólo nos interesa lo actual ó lo que ya parece muy lejano. Lo que
pasó, pero aun está cerca, diríase que nos envejece al considerarlo.
Mejor sabemos dar razón de las guerras púnicas que de la guerra
francoprusiana. Más sabemos de Carlos V que de Isabel II.
_La Vicaría_, de Fortuny, recobrará su puesto de honor en la historia
de la pintura española. Aunque no fuera más que por la numerosa
descendencia que tuvo. Durante medio siglo la pintura española fué
procedente de Fortuny. Los grandes cuadros de historia, teatrales
en sus personajes y en su indumentaria, los cuadros de género,
lindos, acabaditos, como miniaturas: de una España amable, bonita, de
terciopelos, rasos y blondas. Visión de un arte lisonjero que á todos
nos tenía adormecidos hasta el despertar cruel del desastre. ¡Oh! ¡El
arte optimista!
Hoy todavía dicen algunos de Zuloaga que nos calumnia. Zuloaga no
hubiera pintado nunca _La Vicaría_.
_La Vicaría_ era un cuadro de sueño. Los cuadros de Zuloaga son el
despertar. Pero ¡hay quien dormía tan á gusto!
* * * * *
En Barcelona la opinión ilustrada de algunos médicos se ha creído en el
deber de llamar la atención sobre los perjudiciales efectos causados en
la imaginación de los niños por las películas cinematográficas.
El cinematógrafo, como el teatro, abusa de lo terrorífico.
Cuando la vida era más ruda y violenta; cuando la expansión individual
alternaba, por lo menos, grandes heroísmos con grandes crímenes, estos
espectáculos de horror no podían ser tan nocivos. En la vida moderna,
tan socialmente disciplinada, en que los buenos ciudadanos no son
capaces de grandes heroísmos ni de grandes virtudes, por no desentonar,
por no descomponer el conjunto, y sólo se manifiesta el individualismo
en los rebeldes y en los criminales, el contraste es más llamativo.
Para una imaginación inquieta, al huir del gris monótono, sólo ve la
intensidad del rojo de sangre. Los criminales son como héroes cuando no
vemos héroes mejores.
Los dramas y las novelas románticas de ahora son dramas y novelas de
ladrones y de asesinos. Sus aventuras son robos y asesinatos.
Estos son los modernos libros de caballerías, capaces á crear elementos
artificiales inspiradores de siniestros propósitos.
El teatro y el cinematógrafo para los niños es un problema de higiene,
un problema educador en que el Estado debe intervenir con urgencia.
Nuestras calles y nuestras casas, y el espectáculo todo de nuestra
vida, ya son bastante para manchar el alma de nuestros niños. Que al
asomarse con la imaginación á los sueños de nuestro Arte, nuestro Arte
no sea más sucio, más negro que la misma vida.
¿Llevaríais á vuestros hijos á pasear por un estercolero ó junto á una
charca pestilente?
Pues aun es más necesario el aire puro á su imaginación que á sus
pulmones.
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Al ver cómo se interesaba la opinión por el nombramiento del nuevo
director de la Biblioteca, alguien de buena fe habrá pensado: ¡Gracias
á Dios que nos interesamos por algo que no sea política menuda ó
torería!
¡Ay! Todo es uno y lo mismo. Si la gente se ha interesado en este caso
es por lo que ello ha tenido de política y de torería. La importancia
del cargo era lo de menos. Las personas designadas para ocuparle,
significaba poco. Lo divertido era la lucha, la competencia. Hasta se
han cruzado apuestas.
Como siempre, y muy á la española, los partidarios del uno negaban al
otro todo merecimiento.
La triste satisfacción que pueden tener uno y otro es la seguridad de
que los más fieros disputadores eran los que más ignoraban el valer de
los dos ilustres contrincantes.
En España sería millonario cualquier escritor si le leyeran todos los
que le admiran y la mitad siquiera de los que le odian.