XV

_Voces de gesta_ ha aparecido en las librerías antes de ser

representada en Madrid. Esto indica en cuánto más estima Valle-Inclán

el juicio reposado del lector que la emoción arrancada al público,

por sorpresa unas veces, con habilidades teatrales, que tienen más de

lo artificioso que de lo artístico; otras, con los recursos del arte

escénico: brillantez de la interpretación ó del decorado.

Son muy pocas las obras dramáticas que, como esta admirable tragedia

de Valle-Inclán, pueden permitirse el lujo de su desnudez artística al

presentarse sin engaños teatrales.

Al escribir estas líneas ignoro la opinión del público de teatro.

Importa poco. Obras como _Voces de gesta_ están sobre el público, y

su probable fracaso demostraría, una vez más, que hay un nivel medio

del que no conviene elevarse. Yo estoy seguro de que el público del

estreno, en el teatro de la Princesa, alcanza ese nivel con holgura.

No me atrevería á decir lo mismo del público en los días de abono

aristocrático.

_Voces de gesta_ es obra redentora. Ella sola se basta á redimir de

muchos pecados teatrales. Es obra de esas que sirven para justificar á

un empresario: «No dirán que no se hace Arte.» Y sirve para disculparle

cuando no lo hace: «Pero, ya ven ustedes, el Arte no da dinero.»

Por desgracia, los empresarios tienen razón... mientras el público se

obstine en dársela.

* * * * *

Hay que afrontar la verdad cara á cara. La Prensa periódica ha

procurado, con alto patriotismo, realzar la tristeza de todos por la

muerte de Menéndez y Pelayo.

En este caso, la actitud de tristeza no ha bastado á determinar el

sentimiento, como afirma el psicólogo James.

Cierto que la persona de Menéndez y Pelayo ni su obra, por su índole

misma, podían ser populares. Lo triste ha sido que, entre la misma

gente culta, antes hemos advertido el revuelo alrededor de las muchas

vacantes dejadas por el muerto glorioso que la emoción por su prematura

pérdida.

En los mismos artículos necrológicos han podido advertirse más

amplificaciones de fórmulas encomiásticas que estudio detenido de

las obras de Menéndez y Pelayo. Sin duda el dolor embargaba las

inteligencias.

Es muy de la tierra lo de contar por cada lector cien admiradores.

Hablen los muchos que se decían admiradores de Costa, sin haber leído

uno solo de sus libros; hablen muchos de los que se decían admiradores

de Menéndez y Pelayo.

La fe y la admiración son muy amables formas de la pereza. Hay quien no

cree y quien no admira por la misma causa.

Por todo esto, sucede que la fe, como la admiración, como sus

contrarios, adolecen entre nosotros de una tibieza fundamental, por

falta de fundamento, que en vano pretende mostrarse calurosa entre

voces enfáticas y gestos exaltados.

Sólo parece al exterior, con luz del alma, lo que ha sido calor del

alma interiormente.

Por eso al morir Menéndez y Pelayo hemos oído clamar su nombre;

pero ese clamor sonaba como el eco de vacío aposento: un aposento

que debieran haber llenado las obras del escritor, más admirado que

conocido.

De Sobremesa; crónicas, Quinta Parte (de 5) · 第 19 / 52 题