Un escritor de alto entendimiento y generoso corazón, el señor Zozaya,
ha supuesto que yo era enemigo de los pájaros. De ningún modo.
Unas cuantas libras de fruta averiada por su glotonería no es
razón para malquistarse con los pájaros. Como unas cuantas pesetas
«sableadas» por un amigo no es razón para reñir con él, si el amigo es
simpático y sablea con gracia; que es el caso de los pájaros al picar
en la fruta.
Nadie como yo les defiende de asechanzas de gentes y de muchachos.
Para sazonarles la acidez de la fruta añado unas migajas de pan á su
merienda.
De no haber sido gato en otra encarnación--en ésta lo soy por gracia
de madrileño--ó ave de rapiña--menos probable, pues no me queda el
menor instinto,--no me remuerde la conciencia por haber perseguido,
maltratado, cazado, ó simplemente devorado, después de cazado por otro,
al más insignificante pajarillo.
A predicarles, como San Francisco de Asís ó San Antonio de Padua, no he
llegado. Pero versos de Rubén Darío, de Gabriel D'Annunzio y de Guerra
Junqueiro sí han podido oirme recitar en mis soledades, á las horas
de siesta canicular, en que todo se amodorra, como en la cantada por
Zorrilla. Todo, menos los pájaros y yo, bien hallados á la sombra de un
huerto, oasis en dorada llanura castellana.
Su piar y los versos por mí recitados son como escala de armonía
infinita, ascendente, que va del abecedario, balbucido por labios
infantiles, al libro todo sabiduría.
Por todo esto amo á los pájaros, sin pararme á considerar si son útiles
para la agricultura.
Mis poetas tampoco le serán de gran utilidad.
Pero yo no quisiera creer que los pájaros cantores y yo, recitador de
poetas, somos como un insulto á los campos de trabajo y de pena que nos
rodean.
Tampoco debemos creer, como algunos pájaros y muchos poetas, que todo
aquello no es más de apropiada decoración para nuestra escena poética.
Como el piar de los pájaros es preludio balbuciente de tanta música
y tanta poesía, mi recitar de versos en el silencio de los campos
abrasados acaso es también preludio de cosechas futuras. Los poetas no
pueden haber sembrado en vano. Entre tanto, sería injusto preguntarles
como á los pájaros: si son útiles para la agricultura.
* * * * *
Los niños son muchas veces víctimas de la vanidad de los padres. Los
perros, de la vanidad de sus amos.
¿A qué otro sentimiento responde, en el primer caso, los concursos
de belleza infantil, los disfraces de Carnaval, la exhibición de
habilidades en los niños; en el segundo caso, las Exposiciones de
perros? Los pobres animales, encerrados en jaulas mal acondicionadas,
rodeados de personas extrañas, padecen, inocentes, el mal del siglo:
el exhibicionismo. Cuando ya no tenemos más que exhibir, exhibimos al
perro.
El perro, animal simbólico de la fidelidad, atributo de tumbas
conyugales en otros tiempos, simboliza en estas Exposiciones la
exhibición íntima de los hogares. Ya sabían ustedes cómo éramos todos
en casa: la señora, las niñas, los criados; ahí va el perro. Que no se
quede sin su fotografía.
El trabajo de los futuros historiadores no será, ciertamente, el de
juntar documentos, sino el de aportarlos. ¡Bien documentada va la
posteridad!
Ni siquiera tienen estas Exposiciones de perros la justificación de
contribuir á la mejora ó propagación de las razas mejores. Sabido que
no hay nadie tan egoísta como un poseedor de ejemplares de precio.
Es más difícil obtener la mano izquierda de uno de estos perritos de
lujo que la derecha de una linajuda y bien dotada heredera.
Ahora que ha vuelto á reconstituirse la Sociedad Protectora de
Animales, bajo la presidencia de una inteligente dama, debiera oponerse
á estas Exposiciones tan opuestas al verdadero amor por los animales.
En algunas partes las Sociedades protectoras han llegado á oponerse al
sostenimiento de las casas de fieras y jardines zoológicos.
Tratándose de animales feroces y salvajes, sin cesar perseguidos, yo
no sé, ignorante de su concepto y su aprecio de la libertad, si ellos
no pudieran preferir la cómoda y descansada vida de estos jardines y
_menageries_ á la azarosa vida de las selvas y de los desiertos.
Tratándose de animales domésticos, no hay duda. La protesta de las
Sociedades protectoras estaría más justificada.
El jardín zoológico puede ser civilizador para las fieras. Todas las
razas salvajes se han civilizado en jaulas, más ó menos holgadas.
El perro está ya bastante civilizado. Volverle á la jaula es un
peligro. Podría volver á sentirse lobo. Tal vez de puro civilizado
participe del sentimiento vanidoso de los hombres y goce con las
exhibiciones. Pero hay que concederle alguna superioridad mental.
Aunque lleva mucho tiempo de ser el mejor amigo del hombre. Mucho
más que Muley Hafid de ser el buen amigo de los franceses. Debe estar
contagiado del todo. Muley Hafid parecía más fiero y hoy está hecho un
falderillo. Dentro de poco también estará en París en su buena jaula y
¡tan contento!