Queda su más atento seguro servidor, q. b. s. m., _Ch. Le-Bargy_.»

Conste, en primer término, que mis ideas respecto á los actores

franceses podrán ser equivocadas, pero no preconcebidas, como M.

Le-Bargy asegura.

Contra la opinión de la crítica, en general, juzgué en la temporada

anterior al artista italiano Caravaglia como desdichado intérprete de

_Hamlet_. Ya ve M. Le-Bargy cómo no siempre es Roma la capital del

Arte. En Italia, por fortuna, el Arte está descentralizado y no es

Roma, ciertamente, la capital artística de mayor importancia.

He sido y soy gran admirador de Sarah, sin desconocer que la Duse es

artista de más sinceridad.

En cuanto á Mounet Sully, cuando tanto dió que reir al público

madrileño, fuí de los pocos defensores que tuvo. No me negará M.

Le-Bargy que el arte de Mounet Sully es un arte _sui géneris_, y en

el mismo París no todos son admiradores del fogoso artista. Monsieur

Le-Bargy procede con nobleza al defenderle, ya que todos sabemos que

no ha reinado siempre la mejor armonía entre el decano de la Comedia

Francesa y el propio M. Le Bargy.

¿No recuerda el excelente artista--han pasado algunos años,--durante

una representación de _Enrique III y su Corte_, de Dumas, padre, una

desagradable escena, _hors d'oevre_, ocurrida entre M. Le-Bargy y

Mounet Sully? Parece ser que Mounet Sully reprendió en tono algo

destemplado á M. Le-Bargy por haberse permitido una alteración en

la _mise en scene_ de la obra. Monsieur Le-Bargy replicó con la

misma viveza y dijo, refiriéndose á Mounet Sully: «Il se permet bien

d'autres».

Ya ve M. Le-Bargy que conozco las intimidades artísticas de los

teatros de París tanto como á sus actores, y que mi juicio podrá ser

equivocado, pero no ligero. Es el de todo el público madrileño, y M.

Le-Bargy sabe que empieza á ser el del americano.

Los actores franceses carecen de sinceridad; son muy especialistas.

¿Puede citarse una actriz francesa que haya interpretado la variedad de

personajes que María Tubau, María Guerrero ó Rosario Pino?

Los actores franceses cuentan por docenas lo que ellos llaman sus

«creaciones»; los actores españoles y los italianos, por cientos. Esta

intensidad en la variedad es tan estimable, por lo menos, como la

intensidad en la unidad. Y para el público, más interesante.

Si alguna vez vuelvo á París, tendré sumo gusto en saludar á M.

Le-Bargy y en atender sus indicaciones; aunque temo no consigan

rectificar mis juicios, ya que, actrices y actores, por dicha suya,

serán los mismos que tuve ocasión de aplaudir, hace treinta años,

cuando fuí á París por primera vez, y los mismos que he vuelto á

celebrar cuantas veces he vuelto. Y los actores ¡ay! no son como el

buen vino: con los años y con los viajes no ganan nada.

De Sobremesa; crónicas, Quinta Parte (de 5) · 第 16 / 52 题