¡Silencio! Seguiremos observando. ~(Retira a don Régulo.)~ La víbora ha

picado. El veneno hará lo suyo. ¡Sois míos! ~(Cierra después de lanzar

una mirada mefistofélica. Se escuchan en la calle los sones de una

charanga lejana que va acercándose poco a poco y el alegre griterío de

la multitud.)~

ESCENA XI

DICHOS, ANASTASIA, MELITONA, EUSTAQUIO y MORRONES, por la izquierda.

CRISTINA

¡Música!... ¿Oyen ustedes?

ALFREDO

¿Pero qué música es esa?

PEPE

¿Qué ocurrirá?

EDUARDA

~(Que se asoma al balcón.)~ Es la charanga del tío Maíllo.

PEPE

¿Pero es que hay fiesta en el pueblo?

CRISTINA

¡No, qué ha de haber! Por eso me choca.

EDUARDA

Y vienen hacia aquí... y les sigue la gente.

CRISTINA

¡Anda, y ponen las colgaduras en el Casino! ~(Un mozo pone colgaduras

con los colores nacionales en el Casino.)~

PEPE

~(Asustado, a Alfredo.)~ ¡Oye, pero será eso también por nosotros!

ALFREDO

¡Mucho me lo temo!...

PEPE

Oye, tú, ¿se me puede confundir a mí con el obispo?... porque yo ruedo

ya de conjetura en conjetura...

~(Entran Melitona, Anastasia, Eustaquio y Morrones por la izquierda.

Vienen jadeantes, emocionados y muy alegres.)~

MORRONES

Excelentísimo señor...

PEPE

~(Atónito.)~ ¿Es a mí?

MORRONES

A usía excelentísima, que vengo de parte del señor alcalde, a decirle a

usté que si pue vuecencia recibir a la señá maestra y a los alunos de

las escuelas públicas, y a una comisión del Casino que viene a festejar

a usía.

PEPE

¡A festejarme a mí!

EUSTAQUIO

A usía: conque usté dirá.

ALFREDO

¿Pero esa música y esos cohetes son por nosotros?

EUSTAQUIO

¡Por ustés!

PEPE

¿Lo estás viendo?

CRISTINA

¡Por vosotros!... ¿pero a qué santo?

PEPE

¡No sé, porque yo me llamo Nicomedes!... ¡digo!...

~(Estallan cohetes, repican las campanas, vuelve a sonar la música,

grita la gente.)~

MORRONES

Conque, ¿qué les digo a las comisiones?

PEPE

Sí, que suban, que suban. ~(Todos van hacia la puerta izquierda.)~

ALFREDO

Bueno, tío; yo creo llegado el caso de que pregunte usted de un modo

concreto con quién nos confunden.

PEPE

Quia, hombre; con esta gente pérfida nada de lealtades. Aguarda: malo

será si a alguna de estas comisiones no le saco yo por quién nos toman.

CRISTINA

Ya están ahí; ya suben.

ANASTASIA

Viene too lo mejor del pueblo.

EUSTAQUIO

¡Ahora verá usté lo güeno!

ESCENA XII

DICHOS, DOÑA TÁRSILA, CHICOS y CHICAS. Luego DON ACISCLO, SEÑÁ

CESÁREA, DON RÉGULO, CAZORLA, CARLANCA, DON ALICIO, Socios del Casino,

Señoritas, etc., etc.

Entra doña Társila, una señora con lentes, ridículamente vestida y con

un peinado muy raro y muy liso. Lleva un papel de música en una mano y

una batuta en la otra. La sigue un coro de Chicas y Chicos que traen

un estandarte. Vienen formados de cuatro en fondo cantando y andando a

pasos rítmicos.

TÁRSILA, CHICOS Y CHICAS

~(Cantan avanzando hacia Ojeda, y a medida que avanzan él retrocede,

también a compás, como asustado de aquello. Cantando.)~

¡Loor, loor, loor!...

¡Oh, insigne y gran señor!

Por tu visita honrosa,

la juventud estudiosa

te aclama con fervor.

¡Loor, loor, loooor!...

~(Durante el himno han entrado las Comisiones con trajes de fiesta,

se colocan ordenada y convenientemente, de modo adecuado, para que el

conjunto pueda resultar más cómico.)~

TÁRSILA

Con la venia del señor Alcalde. ~(Reverencia.)~ Excelentísimo señor:

Cábeme, la inmerecida honra de ofrender a vuecencia este tierno plantel

cultural, delicadas flores... ~(A un niño.)~ (Mateo, no te toques las

narices, que está feo...) Delicadas flores que cultivó una servidora,

humilde maestra superior, que no es normal, por envidias, e hija del

gran _pedágogo_ don Zacarías Ullera, mi señor padre, honra y prez de

la magistratura docente nacional. Feo está que una servidora lo diga,

pero mi señor padre era una persona muy docente; mucho más docente

que yo. Con honda pena lo manifiesto. Sin embargo, como se murmura en

la Corte que si los Ayuntamientos tienen o no tienen abandonadas sus

obligaciones respecto a istrución pública, yo quiero dar a vuecencia

un _mentis_, mostrándole los _pogresos_ de estos tiernos niñas y

niños, que no diré yo que sean unos _Merlines_, pero sí honra y prez

de la infancia estudiosa y crecedera. (Tiburcio, que me das con el

estandarte.) Y ahora, con permiso de vuecencia, me voy a permitir

examinarlos, individual y corporativamente, para que se juzgue de su

istrución. Con la venia.

PEPE

Oye, párvulo, no metas el dedo en el arrope, haz el favor. Siga...

TÁRSILA

Si quiere vuecencia, ¿empezaremos por la _jografía_?

PEPE

Por la _jografía_ o por la _jometría_, me es igual...

TÁRSILA

Vamos a ver... Úrsula Canana.

CHICA 1.ª

~(Dando un paso al frente.)~ Servidora...

TÁRSILA

A ver, tenga usted la bondad de decirnos ¿cuántos golfos hay en

España?...

CHICA 1.ª

Muchísimos, golfos hay muchísimos.

TÁRSILA

Muy bien. ¿Y cabos, hay muchos cabos?

CHICA 1.ª

Cabos también hay muchísimos.

TÁRSILA

¡Pero determínelos!

CHICA 1.ª

Pues el Finisterre en Vizcaya, el Ortegal en Gerona, el... el...

TÁRSILA

¿Cómo se llama el que hay en Huelva?... Cabo de... ~(Acción de pegar.)~

CHICA 1.ª

Cabo de... ~(Le da dos golpes con la batuta.)~ de Palos.

TÁRSILA

¿Y cómo se llama el de Almería, cabo de qué?

CHICA 1.ª

Cabo de... Cabo de...

CHICO 1.º

¡Miau!

CHICA 1.ª

¡Gato!

PEPE

Gata, rica.

TÁRSILA

Como verá vuecencia, salvo la confusión del sexo, todo lo demás...

PEPE

Sí, una verdadera monada. ¡Parece mentira! y a la edad que tiene:

porque esta niña no habrá cumplido aún los treinta y seis años.

CHICA 1.ª

¡Me voy pa los deciocho!

PEPE

Bueno, pues vete; anda, rica, vete y no vuelvas, anda.

TÁRSILA

Ahora va a ver vuecencia un discípulo aventajado. Aniceto Recocho.

CHICO 1.º

Servidor.

TÁRSILA

¿Qué son líneas paralelas?

CHICO 1.º

Mauregato, Sisebuto, Recaredo, Chindasvinto...

TÁRSILA

¿Pero que estás diciendo, so zarrapastroso?

CHICA 2.ª

Es que él dice los reyes godos porque lo de las paralelas me lo tenía

usté que haber preguntao a mí. Mire usté el papel y verá.

TÁRSILA

~(Confusa.)~ ¿El papel?...

CHICA 2.ª

Estos dos eran los reyes... Paralelas mi hermana y yo...

TÁRSILA

Sí, sí, bueno... (Me estáis haciendo correr un ridículo que eriza.)

Bien, pues di, di... ¿Qué son líneas paralelas?

CHICA 2.ª

Pues aquellas que no se prolongan por mucho que se encuentren. ¿Ve usté

como era yo?

TÁRSILA

(¡Maldita sea tu estampa, so cafre!)

PEPE

Bueno, basta, basta... Si no me lo dijeran creería que estas criaturas

habían estudiado en Bolonia.

D. ACISCLO

Y ahora, excelentísimo señor, pocas palabras de mi parte. Ya ha visto

usted nuestra juventud estudiosa, cómo aprovecha los desvelos del

monecipio, de forma que solo nos resta, que _iso fazto_, don Alicio

Carrascosa, aquí presente... llamao por su elocuencia el Melquíades de

Pancorbo, ~(Don Alicio hace una gran reverencia.)~ su ciudad natal, va

a tener el honor de ofrecerle el homenaje que le preparamos. Ande usté,

don Alicio.

TODOS

Chiss... ~(Silencio. Expectación.)~

D. ALICIO

~(En tono de oratoria cursi.)~ Excelentísimo señor: mis nobles y

queridos conterráneos. El Ilustrísimo Ayuntamiento de esta Villa,

conjuntamente con el Casino de la misma, que tengo el honor de

presidir, han organizado un banquete que a manera de modesto homenaje

se ofrecerá mañana a este nuestro ilustre y preclaro huésped.

PEPE

~(A un chico.)~ ¡Niño, deja las morcillitas!

D. ALICIO

¡Ah, mis leales y queridos Villalganceños, los sentimientos patrióticos

se exaltan ante las grandes y meritorias personalidades honra de la

Nación!

PEPE

~(A Alfredo.)~ (Me han tomado por un político. Lo que yo me figuraba.)

D. ALICIO

Y mucho más, cuando el ciudadano integérrimo que nos honra con su

visita, no es un político.

PEPE

~(A Alfredo.)~ (Pues no soy un político.)

D. ALICIO

No es un político ni mucho menos, y claro que ante tal negativa

vosotros me preguntaréis, ¿es acaso un hombre de ciencia?... No.

PEPE

~(A Alfredo.)~ No.

D. ALICIO

¿Es un escritor eminente?... No.

PEPE

No.

D. ALICIO

¿Es un artista ilustre?... No.

PEPE

~(Asombrado.)~ Tampoco.

D. ALICIO

¿Pues qué es este hombre, me preguntaréis?... Y yo, voy a deciros lo

que es este hombre.

PEPE

(¡Gracias a Dios!)

D. ALICIO

Pues este hombre es ¡nada menos! que el módulo representativo de una

nueva función generatriz del Estado, en su relación legislativa, ¿he

dicho legislativa?... jurídica, dentro de las modernas ideologías

plasmadas en las grandes síntesis aspirativas de la Humanidad... ¡Eso

es este hombre!

PEPE

¡Ca, hombre!

D. ALICIO

Sí, hombre, eso y nada más.

ALFREDO

(¿Qué será eso de módulo?)

PEPE

(No sé, pero me suena a algo así como a marisco.)

ALFREDO

(Pues sí que nos ha sacado de dudas.)

D. ALICIO

Y ahora que ya sabéis quién es, una sola palabra para terminar.

Conterráneos, honremos a este hombre porque honrándole nos honramos. He

dicho.

~(Aplausos, bravos, felicitaciones.)~

PEPE

Señores, unas palabras...

TODOS

Chist... chist...

~(Gran atención.)~

ALFREDO

(¿Pero qué va usted a decir?)

PEPE

(Una cosa parecida a la suya. Yo no me aguanto eso de módulo.)

~(Alto.)~ Villalganceños: Honrándome exageradamente ha dicho en

disculpable exaltación el elocuente orador que me ha precedido en el

uso de la palabra, que yo soy un módulo. Pues bien, sí, quizá yo sea un

módulo, pero él en cambio es una espátula.

ALFREDO

~(Asustado, le tira de la americana.)~ (¡Tío!)

PEPE

Una espátula con la que se extiende sobre el lienzo de las realidades

españolas el vivo anhelo del espíritu nacional que trata laudablemente

de incorporarse, en la plenitud de todas sus conciencias, a la marcha

triunfadora de los pueblos libres hacia los nuevos ideales del Derecho

y de la Justicia...

TODOS

¡Bravo, bravo! ~(Aplauden.)~

PEPE

Villalganceños, pocas palabras más. Al honrarme a mí, ¿vosotros sabéis

qué ideales exaltáis?

TODOS

¡Sí, sí!

PEPE

Al ofrecerme este homenaje, ¿vosotros sabéis lo que significo yo?

TODOS

¡Sí, sí!

PEPE

¿Vosotros sabéis quién soy yo?

TODOS

¡Sí, sí!

PEPE

Pues si vosotros sabéis quién soy yo, yo no... yo no os molestaré

en volveros a informar respecto a mis legendarias y tradicionales

convicciones. He dicho. ~(Aplausos.)~

D. ALICIO

¡Viva España!

TODOS

¡Viva!

D. ALICIO

Sí, ¡viva la España de Sagunto y de Numancia, de Colón y de Hernán

Cortés, del Dos de Mayo y de Covadonga! ~(Aplausos frenéticos.)~

D. ACISCLO

¡¡Viva España!!

TODOS

¡¡Vivaaaaa!!

~(Llorando todos, se abrazan, suena la música, repican las campanas,

estallan los cohetes. Van desfilando, después de estrechar la mano y

felicitar a Ojeda.)~

TÁRSILA, CHICOS Y CHICAS

~(Cantado.)~

Loor, loor, loor...

¡Oh insigne y gran señor!

etc., etc.

~(Vanse todos.)~

ESCENA XIII

PEPE OJEDA y ALFREDO.

ALFREDO

¡Pero tío!

PEPE

~(Cayendo derrengado sobre una silla.)~ ¡Ay, Alfredo!

ALFREDO

¿Qué le pasa a usted?

PEPE

¡Que mi confusión sigue en aumento: que yo estoy muy malo, que yo no sé

lo que me pasa! ¿A qué vienen esas explosiones patrióticas? ¿Por quién

me toman? ¡Media hora hablando y aún no lo sé!

ALFREDO

Sin embargo, tío, a mí me parece que empiezo a comprender...

PEPE

¿Tú?

ALFREDO

Sí. Todo eso, sospecho que lo hacen porque nos temen.

PEPE

¿A nosotros? ¿Que nos temen?

ALFREDO

Sí, nos tienen miedo, no hay duda... y por eso son las dádivas, el

dinero, las aclamaciones. Nos confunden con algo que para ellos es un

fantasma medroso.

VOZ

~(Lejos.)~ ¡Viva España!

VOCES

~(Ídem.)~ ¡Vivaaaaa!

ALFREDO

¡Y conciencias concupiscentes y claudicadoras que infamó el delito,

quieren acallar el terror de verse castigadas con gritos de falso

patriotismo!

PEPE

¡Es posible! ¡Sin duda es eso! El miedo, siempre el miedo... ¡La

cobardía profanando, para disculparse, las reliquias sagradas de la

Historia! ¡Cobardía, miedo, claudicación!... ¡¡Ah miserables!!

VOZ

~(Ya muy lejos.)~ ¡Viva España!

PEPE

Sí, ¡viva España! Pero ¡cómo va a vivir, si no nos hacemos todos un

poco mejores! Viva España, pero viva con un ideal cierto, seguro,

firme, que acabe para siempre con los miedosos, con los claudicadores,

con los cobardes... ~(Sale al balcón.)~ ¡Viva España! ~(Le aclaman

frenéticamente. La gente grita; le aplauden de los balcones del Casino.

Estalla un cohete junto a él. Entrando.)~ ¡Mi madre! ~(Se cubre los

ojos con las manos.)~

ALFREDO

¿Qué ha sido?

PEPE

¡Un cohete! ¡De poco me deja ciego! ¡Y me lo ha disparado el

Secretario! ¡Lo he visto! ¡Canalla! ¡Ladrón!

VOZ

¡Viva España!

VOCES

¡Vivaaaaa!

~(Música, campanas, aplausos. Telón.)~

FIN DEL ACTO SEGUNDO

[Ilustración]

ACTO TERCERO

La misma decoración del acto segundo. Es de noche.

ESCENA PRIMERA

PEPE OJEDA, DON RÉGULO y CAZORLA.

Al levantarse el telón aparece Ojeda en el Casino. Está de pie,

pronunciando un brindis a la cabecera de la mesa donde acaban de

celebrar un banquete. Se ven socios sentados cerca de él, que en las

ocasiones que se indicarán le aplauden. En el cuarto de la fonda, que

tiene las vidrieras de los dos balcones cerradas, razón por la cual se

ve accionar a Ojeda sin que se le oiga, están Don Régulo y Cazorla. Se

hallan situados junto al balcón de la izquierda, mirando a través de

las vidrieras hacia el Casino.

D. RÉGULO

~(Iracundo y exaltadísimo apunta a Ojeda con una browning que tiene

en la mano.)~ ¡Sí, sí, déjeme usted, lo mato sin remedio! ¡Lo mato en

pleno discurso!

CAZORLA

~(Esforzándose por contenerle.)~ ¡No, no, por Dios! ¡Sería una tragedia

espantosa! ¡Sería una interrupción que ni en el Congreso! Calma, mucha

calma.

D. RÉGULO

¿Pero no oye usted lo que dice? ¿No oye usted lo que grita ahora ese

cínico?

~(Quedan atentos, abren un poco la vidriera y entonces se oye a Ojeda

hablando como un poco lejos y en tono oratorio.)~

PEPE

Celebremos, sí, celebremos todas nuestras conquistas, nuestras hermosas

conquistas, para que nos envidien aquellos que...

~(Cierran. Se deja de oír, aunque se le sigue viendo accionar.)~

D. RÉGULO

¡Ah, miserable! ¡Que celebren sus conquistas! ¡Y mírela usted, mi mujer

se sonríe! ¡¡Oh!!

CAZORLA

¡Qué cinismo! ¡Pobre amigo! ~(Le abraza.)~

D. RÉGULO

¡Ah, no, no; yo no lo sufro! ~(Apunta de nuevo.)~ ¡Déjeme usted que

dispare!

CAZORLA

~(Desviándole el brazo.)~ ¡Sí, le sobra a usted la razón por encima de

los pelos, pero conténgase usted ahora! Sería producir una tragedia

inútil. ¡No es este el momento! Yo, don Régulo, que estimo su honor

como mi propio honor, le diré a usted que realice su justa venganza

cuando sea llegado el instante; ahora, no. ~(Misteriosamente.)~ Piense

usted que al disparar desde esta casa, no solo se comprometería usted,

sino que comprometería a don Acisclo. ~(Entorna la puerta del balcón y

deja de verse a Ojeda.)~

D. RÉGULO

¡Sí, es verdad! ¡Eso te vale, villano!

CAZORLA

A don Acisclo, que está ahí dentro, ~(Señala la puerta primera

derecha.)~ haciendo, en complicidad con la Anastasia, un registro

entre los papeles de esos hombres; registro que puede ser nuestra

salvación... ¡La salvación del pueblo!

D. RÉGULO

Sí, sí, es cierto, amigo Cazorla, lo comprendo todo; pero es que las

leales revelaciones de usted han despertado en mi corazón el demonio de

los celos...

CAZORLA

Don Régulo, yo no podía consentir el ridículo de un amigo entrañable.

D. RÉGULO

¡Si ha hecho usted bien, muy bien; pero es que yo ya no puedo vivir sin

una venganza terrible! ¡Y me vengaré, sí, me vengaré!

~(Queda junto al balcón, mirando obstinadamente al Casino.)~

CAZORLA

Sin embargo, calma, calma ahora.

ESCENA II

DICHOS, DON ACISCLO, SEÑÁ CESÁREA y ANASTASIA, primera derecha.

D. ACISCLO

~(Sale cautelosamente por la primera derecha seguido de la señá Cesárea

y Anastasia. Habla con voz velada por el despecho.)~ ¡Na, asolutamente

na! ¡Ni un papel, ni un detalle! ¡Maldita sea!

CAZORLA

~(Yendo a su encuentro.)~ ¿No encontraron nada?

D. ACISCLO

¡Naa, estoy que me muerdo! ¡Too registrao y naa! Ni el nombramiento, pa

haberlo roto; ni cartas, ni credenciales, ni oficios... ¡naa!

CAZORLA

¡Pero no han encontrado ni siquiera!...

ANASTASIA

Naa. ¿No lo oye usté? Cuatro calcetines con una de tomates que ni una

fábrica e conservas, tres camisolas sin marcar, dos _jerseises_ y unas

silenciosas. Es too lo que tenía la maleta.

CESÁREA

Y la mar de faturas. Zapatería de no sé qué... debe. Sastrería de no sé

cuántos, debe. Camisería... de quién sabe Dios..., debe. Esos han dejao

a deber hasta el bautizo.

ANASTASIA

Y también los hemos encontrao una faztura de la sombrerería, de cinco

gorras. ¡Pásmese usté!

D. ACISCLO

Claro, cinco gorras. ¡Como que es su uniforme!

CAZORLA

¡No tener más, es inverosímil!

CESÁREA

No lo duden ustés; esos hombres son mu ladinos, y pa mí que han dejao

el equipaje en el cuartel de la Guardia Cevil, pa que no pudieran

tocarles la documentación.

CAZORLA

Es muy posible.

D. ACISCLO

~(A Anastasia.)~ ¿Y tú no les has visto romper papeles u esconderlos?

ANASTASIA

¡Digo, pues si yo lo hubiá visto! Ya los tendrían ustés en su poder.

Les llevo una lista basta de las veces que estornudan, conque usté

verá, ~(Yendo hacia el balcón.)~ ¡Y todavía está hablando! Eso es un

loro.

D. ACISCLO

¡Maldito sea! Pos yo no pueo hacer más pa quitámelos de encima, ya lo

han visto ustés. Por las buenas, regalos, dinero, festejos...

CESÁREA

¡Qué lástima fue lo del cohete! ¡Con el ingenio que tenía!

CAZORLA

¡Si estalla medio metro más abajo... tiene que ir a curarse a Madrid!

D. ACISCLO

Ya les dije a ustés que eso era un poco inocente. ¡Ahora hay que

comenzar por las malas!

CESÁREA

Pero por las malas... de veras.

CAZORLA

¡Mi plan! Voy a seguir azuzando. ~(Vase al balcón con don Régulo.)~

D. ACISCLO

Por de pronto, ya he metido en la cárcel hasta El Perniles y Garibaldi,

pa que no les puan dar datos contra nosotros.

CESÁREA

Pero no basta, Acisclo, no basta. No seas infeliz, que tú eres un

desgraciao. ~(Hablan el resto de la escena en tono confidencial.)~

D. ACISCLO

¿Yo?

CESÁREA

¡Tú! Ya lo ves. Esos tíos t’han cogío el dinero y s’han reío de ti.

D. ACISCLO

Pues mal año pa ellos, que el que se ríe de mí, llora a la postre.

CESÁREA

Siquiá, quítales las dos mil pesetas.

D. ACISCLO

Déjalo, que de eso s’ha encargao Carlanca. Ha cogío la bufanda, el

retaco... y dos amigos, y esos canallas se dejan en el pueblo los

billetes, como se los dejó aquel recaudador de contrebuciones... ¡Por

estas!

CESÁREA

Haces bien. Y a más, no consientas que a ti te quiten de mandar.

D. ACISCLO

¡Nunca!

CESÁREA

Tú ties en el pueblo too el poder; pos antes que soltar la tajá hay que

dejarse en ella los dientes.

D. ACISCLO

Descuida. No suelto las riendas. Treinta años mandando... ¡Con los

enemigos que da eso! ¡Si me _vían_ caído, me se comían! Pero estoy yo

ya muy duro pa que me roan. No; yo te digo que no. Yo te digo que antes

¡le pegaba fuego al pueblo!

CESÁREA

~(Con entusiasmo.)~ ¡Ese eres tú!

D. ACISCLO

¡Antes que verme pisao, too! ¿Lo oyes bien? ~(Con gesto de ira feroz.)~

¡¡Too!!

CESÁREA

¡Acisclo, que me espantas!

D. ACISCLO

~(Sonriendo.)~ ¡Mujer!

CESÁREA

¡Lo has dicho en un tono, que me s’han puesto de punta hasta los pelos

del añadío!

D. ACISCLO

~(Sigue sonriendo.)~ No t’apures, ya me conoces.

En el fondo soy un infeliz. _Too_, le llamo yo a un sustejo de naa.

CESÁREA

¡Pero ten cuidao con Carlanca que ese es mu bruto!

D. ACISCLO

¡Bah, otro infeliz!... ¿Sabes quién va a hacerles el avío a los

forasteros?

CESÁREA

¿Quién?

D. ACISCLO

Ese rebajuelete.

CESÁREA

¡Cazorla!

D. ACISCLO

Ese. Que, míalo, ~(Riendo socarronamente.)~ no s’arrima una vez a don

Régulo, que no le encienda el coraje.

~(Para cumplir la indicación del diálogo, un momento antes se ve a

don Régulo, inquieto, volver a su manía de dispararle a Ojeda, y a

Anastasia y Cazorla que tratan de detenerlo.)~

D. RÉGULO

~(Exaltado de nuevo.)~ Sí, sí, tiene usted razón; luego se irán a

Madrid ufanándose de habernos burlado y habernos escarnecido... y eso,

no; de un caballero no se ríen esos... ¡Déjeme usted, lo mato!

CAZORLA

¡Sí, sí... pero ahora no!

ANASTASIA

~(Asustada.)~ ¡Por la Virgen Santísima! ¡Caramba! ¡Calma!

D. ACISCLO

¿Pero qué le pasa a ese hombre?

CAZORLA

¡Por Dios, señor Alcalde, intervenga usté, que le quiere disparar!

D. ACISCLO

~(Va hacia él.)~ ¡Pero qué va usté a hacer, so loco!... ~(Le separa del

balcón.)~ Venga usté aquí.

D. RÉGULO

¡Don Acisclo, mi honra peligra! ¡Estoy en un estado de excitación que o

mato a ese hombre, o me muero de un berrinche, me muero!

D. ACISCLO

Serenidad, don Régulo, que no semos creaturas. Ya conoce usté mis

dotrinas; brutos, pero a tiempo.

CAZORLA

Eso le digo yo, quizá esta misma noche nos dará ocasión para todo.

CESÁREA

Seguro. Cuando le traigan ustés los libros del Ayuntamiento pa que los

revise.

D. ACISCLO

Espérese usté a entonces, y de que ponga tanto así de reparo en naa,

le da usté el puñetazo acordao en sesión, y en seguía los padrinos,

la custión de honor y lo que sea, que no será poco, siendo usté el

atizante.

D. RÉGULO

No sé si tendré paciencia para esperar, señor Alcalde. Yo aguanto pocas

cosas, muy pocas, pero menos que ninguna, que nadie levante los ojos

hasta mi mujer, porque a ese lo mato.

D. ACISCLO

¡Hombre, no se ponga usté así! Después de too, aunque descubriese usté

cualisquier cosilla...

D. RÉGULO

¡Ese muere!

D. ACISCLO

~(Aparte.)~ ¡Sabrá lo mío!

CESÁREA

Es que doña Eduarda es una mujer honrá, don Régulo.

D. RÉGULO

Pero le tolera a ese hombre excesivas galanterías, señora Cesárea.

D. ACISCLO

Bueno... no hay que olvidar tampoco que usté mismo la recomendó que

estuviese amable con ese sujeto, y ella, quizás que por hacerle a usté

caso...

D. RÉGULO

Pero una cosa es que me haga caso a mí, y otra que le haga caso a él.

¡Caramba!

CAZORLA

Eso es bíblico.

D. RÉGULO

Comprenderán ustedes mi deseo de venganza.

D. ACISCLO

Bueno, calma, que too llegará. Y ahora, antes que acabe, al Casino. ~(A

Anastasia.)~ Y tú, de esto, ni tanto así, porque te costaría...

ANASTASIA

Quie usté callarse... Pasen pol gabinete y bajen por la escalera que da

al callejón. ~(Vanse todos segunda derecha.)~

ESCENA III

EDUARDA, CRISTINA y EUSTAQUIO, primera derecha.

Entran las dos acongojadas, jadeantes, con caras de angustia,

precedidas del criado.

EUSTAQUIO

¿Pero qué les ocurre a ustés pa ese desasosiego y ese agobio?

EDUARDA

Nada, Eustaquio, no te preocupes, no es nada. ~(Aparte.)~ Me sorberé

las lágrimas.

EUSTAQUIO

~(Ofreciendo una silla a Cristina.)~ Pero, asiéntense ustés, que vienen

que s’ahogan.

CRISTINA

~(Que pasea agitada.)~ No, no, gracias, yo no podría estarme quieta.

EDUARDA

Mira, Eustaquio, hijo, lo que deseamos es que nos dejes solas.

EUSTAQUIO

Pero ya saben ustés que esta habitación la ocupan...

EDUARDA

Sí, sí... lo sabemos todo, pero nos precisa asomarnos a ese balcón un

momento. Por eso venimos. Nada más. ~(Saca una moneda que le da.)~ Toma

y calla.

EUSTAQUIO

~(Cogiéndola.)~ ¡Dos reales!

EDUARDA

Si eres discreto, no serán los últimos.

EUSTAQUIO

(¡Gorda tie que ser la cosa!) ~(Vase primera izquierda.)~

ESCENA IV

EDUARDA y CRISTINA.

EDUARDA

~(Dando rienda suelta a su dolor.)~ ¡Ay, Cristina de mi alma, estoy

desolada, muerta de angustia!

CRISTINA

¡Y yo, doña Eduarda, y yo! Mire usted cómo tiemblo desde que sorprendí

entre mi tío y el secretario la conversación que he sorprendido.

EDUARDA

Es preciso que estos hombres conozcan el peligro en que están.

CRISTINA

Sí... Para que se vayan del pueblo, para que huyan a escape.

EDUARDA

¡Sí, para que se vayan, pero también para que antes Ojeda me salve a

mí, salve mi honor! ¡Ah, ese infame, ese canalla de Cazorla!

CRISTINA

Tiene la maldad del demonio.

EDUARDA

¡Peor! ¡El demonio es un niño de primera comunión comparado con él!...

¡Ese miserable, haber sembrado el infortunio en mi hogar, hasta hoy

dichoso!... ¡Ah! ~(Llora.)~

CRISTINA

¡Qué infamia! ¡Si parece mentira!... Habérsele ocurrido meter celos

contra usted en el corazón de don Régulo para que mate al señor Ojeda

y que el Ayuntamiento se vea libre de él. ¡Vamos, que no paga ni hecho

trizas!

EDUARDA

¡Y haberme infamado a mí, Cristina, a mí, que teniendo clavado en mi

corazón el dardo que tengo, antes moriría cien veces que faltar a mi

esposo!... ~(Llora.)~

CRISTINA

¿Pero usted cree que don Régulo le dará crédito a esa infamia?

EDUARDA

Los caciques farsa cómica de costumbres de política rural, distribuída en tres actos · 第 4 / 6 段