MORRONES
Señor alcalde... ~(Forman todos un grupo y discuten en voz baja. Don
Acisclo se acerca a Morrones.)~
D. ACISCLO
¿Has hecho mi encargo?
MORRONES
Sí, señor.
D. ACISCLO
¿Traes presos, viejos y niños?
MORRONES
Traigo una muestra de caa cosa.
D. ACISCLO
¿Pues?
MORRONES
Presos no encuentro. Ni por seis pesetas quie ir nadie a la cárcel.
D. ACISCLO
¡Qué canallas!... ¡Con las veces que han estao de balde!
MORRONES
Por fin, he convencío a dos, por nueve pesetas uno con otro, que no sé
si servirán pa creminales...
D. ACISCLO
¡A nueve pesetas la pareja! ¡Cómo se ha puesto todo!... ¡Abusones!
MORRONES
De ancianos tampoco hay abundancia con esto de la gripe; pero verá usté
luego lo mejor que he encontrado. Y los chicos me los está recogiendo
mi mujer. Le he dicho que los pague a seis pesetas la media docena...
Ya tenía nueve cuando me he venío; pero los nueve de ambos sexos, como
usté quería.
D. ACISCLO
Bueno, aguarda ahora, y vosotros venir pa acá. ~(Los lleva aparte.)~
Vosotros sois mis pies y mis manos. Tú eres la astucia, tú el valor. Ya
estamos solos. Semos hombres. Hay que echar el corazón por la boca. Con
esos delegaos hay que hacer algo... pero algo _radical_, ¿me expreso?
CARLANCA
Tengo lo mío.
D. ACISCLO
¿Qué?
CARLANCA
Cojo la manta y el retaco, me aposto esta noche detrás de una esquina,
y... ~(Acción de disparar.)~
D. ACISCLO
¡Chist! Esos procedimientos son mu antiguaos.
CARLANCA
Mu antiguaos; pero de _requiescat in pace_.
D. ACISCLO
Otra cosa, otra cosa más... ~(Pensando.)~ ¡Más de ahora!
CARLANCA
¿Y meterles un perro rabioso en el cuarto e la fonda?
D. ACISCLO
Hombre, eso no me acaba a mí de disgustar; tie cierta novedá y no cae
en el Código.
CAZORLA
No cae, pero tropieza. Abandonemos lo delictivo, señor alcalde. ¡Yo, yo
tengo el único procedimiento!
D. ACISCLO
Venga.
CAZORLA
No nos engañemos; si esos hombres investigan de veras, vamos a la
cárcel. De forma que yo que usted, lo que hacía era sobornarlos. Esto
es vulgar, pero seguro. Dinero... agasajos... obsequios... discursos...
músicas, cohetes, comidas...
D. ACISCLO
Ties razón... Es lo más prudente.
CAZORLA
Que les convence el unto y se van... ¡vayan con Dios! A enemigo que
huye... usted lo pase bien. ¡Que no se van... ahí de mi ingenio!
D. ACISCLO
¿Qué piensas?
CAZORLA
Es mi secreto. Pero si no se van, yo les juro a ustedes que buscaré
quien les haga marcharse a uña de caballo, dejándose aquí el dinero
que les haya usté dado, los obsequios y quizá la piel; y todo sin
responsabilidad nuestra.
D. ACISCLO
¿De veras?
CAZORLA
¡Palabra! ¡Me juego la vida! ¡Por estas! ¡Ya lo tengo medio maquinao!
D. ACISCLO
¡Eres mu grande, Cazorla! ¡Digno de mí!
CARLANCA
¡Qué hombre! ¡Y no tener una mala condecoración!
D. ACISCLO
Deja, que too se andará.
ESCENA XIII
DICHOS, DON RÉGULO, segunda derecha.
D. RÉGULO
Señores... señores.
D. ACISCLO
¿Qué pasa?
D. RÉGULO
¡El delegao que viene!
LOS TRES
¡Que viene!
D. RÉGULO
Que viene hacia aquí. Preguntó en la fonda las señas de usted y él y su
secretario se dirigen a esta casa.
D. ACISCLO
Pos hay que prepararse. Voy a arreglarme un poco. ~(Llamando.)~
Morrones.
MORRONES
~(Del huerto.)~ Mande usté.
D. ACISCLO
Ahí tenemos a esos tíos... aguárdalos aquí y me pasas el recao...
~(Suena una campanilla.)~
D. RÉGULO
Ya están ahí, ya están ahí.
D. ACISCLO
Toos adentro. Que esperen.
CAZORLA
Dinero, amabilidad, agasajos... ¡y luego!... ~(Gesto malicioso.)~
D. ACISCLO
Sé lo que hay que hacer, descuida... Adentro. ~(Vanse los cuatro,
primera derecha.)~
ESCENA XIV
MORRONES, PEPE OJEDA, ALFREDO.
PEPE
~(Asomando segunda derecha.)~ ¿Da vuecencia su permiso?
MORRONES
Pasen ustés alante.
ALFREDO
Felices y municipales.
PEPE
¿Tengo el honor de estrechar la diestra ~(Le da la mano.)~ del señor
alcalde de este excelentísimo?...
MORRONES
No, señor; soy el alguacil, Ustaquio Morrones, pa servir a usté y la
compaña...
PEPE
¡Hombre, Morrones!...
MORRONES
Sí, señor.
PEPE
¡Ya decía yo que usted me parecía algo municipal! ¿En qué Ayuntamiento
no hay morrones?
MORRONES
~(Muy sonriente.)~ Sí, señor, sí...
PEPE
Pues nosotros deseábamos entrevistarnos con el señor Alcalde de esta
muy noble, muy invicta, muy leal y muy calurosa villa... ¡Porque
cuidado que hace aquí calor, mi estimable y discreto alguacil!
ALFREDO
¡Y cuánta mosca tienen ustedes, caramba!
MORRONES
¿Usted ve que hay tantas?... ¡Pues cuasi toas son nacías en el pueblo!
PEPE
¡Claro, las forasteras no tienen sitio!
MORRONES
Poco.
PEPE
Pues si usted nos hiciera el obsequio de avisar al señor Alcalde... y
decirle que deseamos...
MORRONES
Con muchismo gusto. Aguarden ustés unas miajas. ~(Vase primera derecha
después de hacer una gran reverencia.)~
ESCENA XV
PEPE OJEDA, ALFREDO.
ALFREDO
¡Ay, tío! Estoy que no respiro.
PEPE
¡Por Dios, Alfredo, cálmate, que tienes una cara de asustado que va a
comprometernos!
ALFREDO
Es que si esto nos sale mal...
PEPE
¡Qué va a salirnos!
ALFREDO
Estoy temblando.
PEPE
Confía en mí. Ya no es hora de retroceder. ¡Adelante! _Audaces fortuna
juvat._
ALFREDO
Sí, pero ahora que me veo aquí, tengo un pánico...
PEPE
Además, ¿tú no me has asegurado que la chica te quiere?
ALFREDO
Hombre, yo creo que sí...
PEPE
¿Entonces?...
ALFREDO
Pero es que tengo entendido que ese don Acisclo es una mala bestia, y
en cuanto averigüe que soy un pelafustán sin dos reales, que vengo con
la pretensión de casarme con su sobrina, que es muy rica, según mis
referencias... ¡Yo creo que nos mete en la cárcel!...
PEPE
¡En la cárcel!... ¡No cabemos!... Ya te he dicho que confíes en mí.
Para algo te acompaño. Conque que la chica te quiera, que si ella te
quiere, tuya ha de ser, haga el tío cuanto se le antoje.
ALFREDO
Es que a mí, se lo juro a usted, me molesta sobre todas las cosas la
idea de que nadie pudiera imaginar que es una codicia vergonzosa la que
me impulsa a esta aventura. Yo quiero a esa muchacha porque es bonita,
porque es sencilla, porque es buena. Su recuerdo es una alegría de mi
corazón. Nada me importa lo que tenga ni para nada pensé en su dinero,
hasta el punto que lo único que me aflige y me asusta ahora es que
alguien --y aun quizá ella misma--, pudiera creer que soy un señorito
tramposo que viene a explotar la candidez y el amor de una muchacha
de pueblo, para salvarse con su fortuna. No, eso no, tío, ¡eso no lo
quiero!
PEPE
¡Poco a poco, Alfredito!... Es que esa indignidad tampoco la
apadrinaría yo. Tu limpio linaje no cede al mío en limpieza; que si la
Cerda fue tu familia, la Cerda fue la mía. ¡Quieres nada más limpio!
Ahora, que yo he venido aquí acompañándote, porque considero necesario
subrayar tu romántico amor con una línea sutil de practicismo; porque
yo entiendo que tú eres tan rico como la muchacha.
ALFREDO
¿Yo?
PEPE
Sí, señor, tú. Porque en los tiempos que corremos todo hay que
capitalizarlo. Y a la fortuna de la chica yo opongo la tuya no menos
grande.
ALFREDO
¿Pero qué está usted diciendo?
PEPE
Una realidad como un rascacielos; porque si don Acisclo administra a
esa bella joven, fincas urbanas, predios rústicos y sumas en metálico,
es decir una fortuna sustantiva, yo en cambio administro lo que pudiera
llamarse tu fortuna estética, es decir, tu figura arrogante, tu belleza
masculina...
ALFREDO
¡Tío!
PEPE
Tu belleza masculina, que estamos solos; aunque esto te lo digo yo a
ti en la plaza de toros, si se tercia. Tus atractivos personales, tu
juventud, tu simpatía, tu elegancia.
ALFREDO
¡Pero tío!...
PEPE
Elegancia. Porque no tiene nada que ver que no hayas pagado el traje. Y
todas estas prendas que se manifiestan en ti, constituyendo un tesoro
interno, externo y aun medio pensionista, ¿no son nada?
ALFREDO
Por Dios, tío, ¡eso son fantasías!...
PEPE
¡Cómo fantasías! Tu fortuna es tan positiva como la de ella y más
privilegiada. ¡La belleza es la gloria de los dioses! Veinticinco
mil pesetas las tiene cualquiera. Una mirada dulce, horadante y
revoloteadora, es privilegio de los elegidos... El bello Narciso,
Paris, Ulises, tú, La Cierva, y dos o tres más... ¡De modo que estamos
a ellas!
ALFREDO
Bueno, pero si tú le dices al tío todo eso...
PEPE
¡Ah, no, eso no! No soy tan indiscreto. Al tío le diré lo que nos
dijo Menéndez: Que venimos a adquirir una gran finca rústica, para la
implantación de un enorme negocio de avicultura, ideado por mí, y que
consiste en la cruza de loros con palomas mensajeras, con el fin de que
estas puedan dar los recados de palabra.
ALFREDO
Eso es.
PEPE
Y que queremos establecer aquí grandes criaderos lorocolombófilos.
Mientras, tú te pones al habla con la chica... y veremos lo que se
presenta.
ALFREDO
Bueno, es que yo pienso que, como no tenemos un real, si no podemos
pagar la fonda, pues dentro de dos días...
PEPE
Chist... no te importe. Todo se resolverá. El acaso no desatiende a los
bien intencionados.
ALFREDO
¿Y diga usted, tío, no hubiese sido mejor lo que yo me proponía? Haber
solicitado una ocupación, tener trabajo y luego haber venido...
PEPE
¡Por Dios, Alfredo!... ¡Trabajar!... ¡No insistas, caramba! No me
hables a mí de trabajo. Nada de propósitos antiprogresivos. Fíjate en
las aspiraciones del proletariado universal. Ahí tienes los _trade
unions_ de Inglaterra, los _sein feiner_, los _forein besteblat_,
_L’internationel_ y todas las grandes colectividades societarias, todas
las grandes masas obreras uniéndose para no hacer nada o para hacer lo
menos posible... ¿Y vamos ahora nosotros --hombres cultos-- a volver la
cara a las corrientes modernas?... ¡de ningún modo!... ¡Trabajo, no!
ALFREDO
Sí, bueno, tío, pero es que si no trabajamos...
PEPE
Tú observa cómo a medida que la gente es más progresiva y más culta,
¡quiere trabajar menos y ganar más!... Pues bien, yo, absolutamente
identificado con este noble propósito societario, pretendo ir de un
salto a su absoluta consecución. Yo no trabajaré ni tanto así, hasta
que se logre la triplicación de los sueldos y la supresión total
del trabajo. Porque si te dan mucho dinero y no te dan tiempo para
gastártelo, ¡qué haces! ¡Viene el desequilibrio anunciado por los
marxianistas... y eso no! Yo no quiero la grave responsabilidad de
volver la cara a los grandes ideales humanos. ¡Nada de trabajo!... De
modo que... ~(Se escucha rumor de voces femeninas en el huerto.)~
ALFREDO
¡Calle usted, por Dios!
PEPE
¿Pues?...
ALFREDO
¡Ella... parece su voz!... ~(Va a mirar.)~ ¡Sí, es ella!... Viene, se
acerca...
CRISTINA
~(Dentro.)~ ¡Por aquí, venga usted por aquí!... ~(Entra y queda muda de
estupor al ver a Alfredo,)~ ¡¡Ah!! ¡¡Alfredo!!
ALFREDO
¡Cristina! ~(La abraza apasionadamente.)~
CRISTINA
¡¡Tú!!
ALFREDO
¡Chist!
EDUARDA
~(Entrando.)~ ¿Pero con quién hablas?
CRISTINA
¡¡Él!!
EDUARDA
¡¡Oh!!
PEPE
~(A Eduarda.)~ ¡Señora!...
EDUARDA
~(Mirándole con fijeza y estupor que se resuelve en una tremenda
exclamación de sorpresa.)~ ¡¡Ah!!... ¡¡Tú!!
PEPE
¡Eduarda!
EDUARDA
¡¡El ordenado!!... ~(Quedan juntas. Ellos se separan.)~
ESCENA XVI
DICHOS, DON ACISCLO, SEÑÁ CESÁREA, DON RÉGULO, CAZORLA, CARLANCA y
MORRONES, de la primera derecha.
D. ACISCLO
~(Con traje de fiesta. Muy grave.)~ Señores...
PEPE
Señor Alcalde... Perdone usted que respetuosamente me presente yo
solo... José María de Ojeda... ~(Señalando a Alfredo.)~ Mi...
D. ACISCLO
Mucho gusto, pero no hace falta. Sabemos quiénes son ustedes y a lo que
vienen.
PEPE
~(Con gran sorpresa.)~ ¿A lo que venimos?
ALFREDO
~(Ídem.)~ ¿Saben ustedes a lo que venimos?
D. ACISCLO
Ce por be.
PEPE
¡¡Por be!! (¡Ay, Alfredo, que dice por be!)
ALFREDO
(Nos meten en la cárcel.)
PEPE
(Y nos reciben en comisión.) Entonces, si nos permitiera usted
explicarnos...
D. ACISCLO
Ni una palabra. Sé cómo hay que tratar ciertas cosas y en esta casa no
tendríamos libertad para expresarnos...
PEPE
Sin embargo, yo...
D. ACISCLO
~(Categórico.)~ De forma que ustedes se vuelven a la fonda, descansan
y esperan mi vesita.
PEPE
Señor Alcalde, yo, a pesar de lo que usted ordena, quisiera merecer...
D. ACISCLO
Morrones... acompáñalos a la fonda; que los pongan en el salón
prencipal, el mobilario de lujo...
ALFREDO
(¡Atiza!)
D. ACISCLO
Un retrato del Rey.
PEPE
¡Hasta Su Majestad!... ¡Caramba, señor Alcalde, pero tanto honor!...
D. ACISCLO
¡Café, puro y copa, después de las comidas!...
PEPE
¡Pero señor Alcalde... puro y copa!
D. ACISCLO
¡Y mondadientes, pero sin estrenar!... Todo por mi cuenta.
PEPE
¡Por su cuenta!... ¿Has oído?, ¡¡por su cuenta!!
ALFREDO
Bueno, pero todas esas distinciones...
D. ACISCLO
Las que ustés se merecen. ¡Conque, a la fonda!
ALFREDO
Pero...
D. ACISCLO
¡A la fonda!
PEPE
En fin, déjalo. Él sabrá por qué lo hace... ¡A la fonda! ¡Respetuosos
servidores!... ~(Saludando.)~ Señora, señores, señorita, señores...
ALFREDO
~(Ídem.)~ Señorita, señora, señores, señora...
PEPE
Alguacil... ~(Reverencias a todos.)~
MORRONES
No, yo voy con ustés...
PEPE
¡Ah, sí, es verdad!... ¡Mis más cordiales saludos a todos!...
D. ACISCLO
~(A Morrones.)~ ¡Ah, y que les pongan plato de dulce jueves y
domingos!...
PEPE
¡Por Dios, es demasiado!... Basta con los domingos.
D. ACISCLO
¡Jueves y domingos!
PEPE
Nada, nada, ¡jueves y domingos! ¡Señor Alcalde, esa amable exageración
repostera es que me diluye en gratitud!... ¡Mis más rendidas
cortesías!... ¡Señora... señores... señorita... señora!...
ALFREDO
~(Aparte a Ojeda.)~ (¡Pero este tío!...)
PEPE
(Bueno, este Alcalde lo rifas a cinco duros la papeleta y te las quitan
de las manos... ¡Esto es una joya municipal!) Señores...
ALFREDO
Señoras... ~(Vanse.)~
D. ACISCLO
~(A Cristina.)~ Cristina... ¡ven aquí!
CRISTINA
¡Tío!
D. ACISCLO
~(La coge de la mano.)~ ¡Si quieres salvar a tu tío, si quieres salvar
al pueblo que te ha visto nacer... enamora a ese joven!
CRISTINA
~(En el colmo del estupor.)~ ¡¡Tío!!...
D. ACISCLO
¡Enamora a ese joven! ~(Telón.)~
FIN DEL ACTO PRIMERO
[Ilustración]
ACTO SEGUNDO
Sala en el «Hotel Anastasia». Puerta de entrada a la izquierda. Dos
a la derecha. Al fondo dos balcones que dan a la calle, con puertas
vidrieras. Por ellos se ven un balcón y una ventana de la casa de
enfrente. El balcón tiene un letrero que dice: «Círculo de la Amistad».
Es practicable, así como la ventana.
ESCENA PRIMERA
ANASTASIA, MELITONA, EUSTAQUIO y MORRONES.
Dirigidos por Anastasia, Melitona y Eustaquio cambian la sillería
vieja de cretona, que adornaba la sala, por otra no menos antigua y
deteriorada, pero de damasco o de algo semejante que suponga un mayor
lujo; así como las cortinas que hay ante las puertas las sustituyen por
otras más lujosas. Añaden, además, los muebles, adornos y utensilios
que en el diálogo se indican. Al empezar el acto, Eustaquio está subido
en una escalerilla acabando de colocar una cortina en sustitución
de otra. Melitona pone unas sillas y quita otras. Anastasia pasa el
plumero a unos cuadros que deben ser colocados.
MORRONES
¿De moo y manera que s’ha enterao usté de too?
ANASTASIA
Que sí, hombre, que sí. Y le ices a don Acisclo que too s’hará y como
lo que él tie mandao. Y que se tratará a esos señores mismamente como
si fuan dos príncipes.
MORRONES
Sí, señora, porque lo que él me tie dicho, fue que me dijo, dice: «Pos
ándate corriendo y le dices a la señá Anastasia que a esos dos señores
forasteros pues y que les ponga a su disposición la sala prencipal con
toos los muebles de lujo.»
ANASTASIA
Pos ya lo estás viendo: el espejo dorao, la cómoda e mármol y la
sillería buena, que no siendo al Obispo, no dejo sentar a naide.
MORRONES
Y me añadió que les pusiese usté un retrato el Rey en la sala, la
meceora menos derrengá, endredones, alfombra p’al suelo y escupidera.
EUSTAQUIO
¡Atiza!
MORRONES
Y dos toallas ca uno... ¡Cosa que no comprendo pa qué!
MELITONA
Una pa ca mano será.
ANASTASIA
Pero oye tú, Morrones... ¿pero quién serán esos dos presonajes pa tanto
ringorrango?
MORRONES
¡Yo no lo sé, pero va usté a sabé quién serán!
MELITONA
Tú lo sabes.
MORRONES
Que no, palabra.
ANASTASIA
Y bien que lo sabes, sino que eres más secretero que un candao.
MORRONES
Que no, señora, y que no lo sé, que si lo supiera lo icía.
EUSTAQUIO
¿Ni te lo feguras?
MORRONES
Ni por ensoñación.
MELITONA
Pos tie que ser gente mu gorda, porque pa poneles escupiera,
carcúlate...
EUSTAQUIO
Como que aquí no se l’ha puesto a naidie no siendo a un deputao que
vino, que le gustaba echar toas las colillas en el mesmo sitio. ¡Mia
que es tontería!
MELITONA
~(Riendo.)~ ¡Se ven unas cosas!...
MORRONES
Yo lo único que pueo deciles a ustés, de ustés pa intrenós, es que pa
mí esas presonas son dos presonas que pican muy alto, ¡pero muy alto!
EUSTAQUIO
Pos si pican muy alto, yo les quitaba el retrato e Joselito.
ANASTASIA
Eso voy a hacer, porque toreros pa presonajes no me hace.
MELITONA
Y digo yo, que este tendrá que serví a la mesa con el mokin y guantes.
ANASTASIA
Natural.
EUSTAQUIO
Mokin tengo, es corto, pero es mokin. Ahora, que los guantes son de
cuando hice el servicio, y a más de ser verdes, pues les faltan dos
deos, que se los corté este invierno cuando tuve sabañones. De moo, que
pa mí, que los guantes no están a la altura de esos señores.
ANASTASIA
Hombre, claro, si les faltan dos deos...
MORRONES
¡Ah! Y una avertencia que me ha hecho el señó Alcalde pa ti, Melitona.
MELITONA
¿Pa mí?
MORRONES
Que si entras a servirles a esos señores pa cualisquier cosa que te
llamen y te dieran un abrazo, pos que te aguantes.
MELITONA
¿Y por qué me tengo que aguantar que me abracen?
MORRONES
¡Pues porque es como un servicio del Estao!
ANASTASIA
Naturalmente; una cosa que te manda el monicipio, no vayas a hacer lo
que haces con toos, que largas más guantás, que los primeros ocho días
paece y que tien erisipela.
MELITONA
Pos a ver si una se va a dejar que la abracen.
MORRONES
Güeno, pero tú reflesiona que en esta ocasión te dejas dar un abrazo y
es un mérito que haces p’al Ayuntamiento.
ANASTASIA
Hay cosas mu serias y esta no s’hace cargo. Cómo será de arisca, que
ca vez que vienen señores formales, como jueces u canónigos, u cosa
así, la tengo que bajar al entresuelo, porque, claro, en esas presonas
cualisquier hinchazón es más notao.
MORRONES
¡La juventú y que no mira na!... ¿De moo y manera que estamos entendíos?
ANASTASIA
Dile al señó Alcalde que s’hará too a su sastifación.
MORRONES
Pos tanto gusto y d’aquí a otro ratejo.
ANASTASIA
Adiós, Morrones, y que te vaya bien.
MORRONES
~(A Melitona.)~ Y ya lo sabes, si t’hacen así... ~(La abraza.)~ u
así... ~(La da un pechugón.)~
MELITONA
~(Dándole una bofetada.)~ ¿Que no haga así?
MORRONES
~(Tanteándose las muelas a ver si se le mueven.)~ Justo.
MELITONA
Descuida. ~(Vase Morrones izquierda.)~
ESCENA II
ANASTASIA, MELITONA y EUSTAQUIO.
EUSTAQUIO
~(Extendiendo una alfombra.)~ ¡Pero, madre mía!... ¿Quién serán esos
dos presonajes?... ¡Yo estoy loco!...
ANASTASIA
¡Pa mandá el señó Alcalde lo que ha mandao, y por su cuenta, carcúlate!
¡Ahora que yo no me queo con las ganas de sabelo!
MELITONA
Ni yo. Tenemos que hacer lo que haiga que hacer pa averigualo.
EUSTAQUIO
Y malo será que entrambas...
ANASTASIA
A más que yo tengo un estinto que de que allega uno, a la media hora ya
sé si es melitar u comisionista u empleao.
MELITONA
¿Y en qué lo conoce usté?
ANASTASIA
Pos unas veces en que me lo icen ellos, y otras en que se lo pregunto
yo.
EUSTAQUIO
Perespicacias que hay.
ANASTASIA
Pero con estos m’ha fallao. Callarse, que me paece que ya los oigo.
MELITONA
~(Va a la puerta y mira.)~ Sí, ellos son.
ANASTASIA
Mucho cumplimiento, ¿eh?
ESCENA III
DICHOS, PEPE OJEDA y ALFREDO, por izquierda.
PEPE Y ALFREDO
~(Pequeño saludo.)~ ¡Señora!
ANASTASIA
¡Excelentísimos señores! ~(Exagerada reverencia en la que le acompañan
Eustaquio y Melitona.)~
PEPE
Ya nos han dicho abajo que hemos sido trasladados de cuarto, ¿es cierto?
ANASTASIA
Por orden del señó Alcalde, sí, señor, excelentísimo señor.
~(Reverencia de los tres.)~
PEPE
(Bueno, las reverencias son como para capitán general con mando en
plaza.)
ALFREDO
(Sigue mi perplejidad.)
ANASTASIA
El señó Ayuntamiento ha ordenao que se les pusiá a los excelentísimos
señores en la sala prencipal, como corresponde al rango de presonas tan
prencipales. ~(Reverencia de los tres.)~
EUSTAQUIO
¡Excelentísimos señores!
PEPE
~(Por Eustaquio.)~ (Ese animal se va a dejar las narices en el suelo.)
ALFREDO
¿De modo que podremos estar aquí los dos?
ANASTASIA
Sí, señor; aquí tenemos dos alcobas mu aparentes pa los señores.
~(Reverencia.)~
EUSTAQUIO
Una pa caa uno. ~(Reverencia.)~
PEPE
Admirable.
ANASTASIA
Y la sala, como ven los excelentísimos señores, tiene dos balcones,
que son esos... que dan a la calle, pa cuando se quian asomar.
EUSTAQUIO
La calle está abajo. ~(Reverencia.)~
ANASTASIA
Y enfrentito tien los señores el Casino.
PEPE
Verdaderamente panorámico.
ALFREDO
«Círculo de la Amistad»... Muy bien.
EUSTAQUIO
Sí, señor. Pero aquí en el pueblo le llaman _La escorpionera_.
PEPE
De un delicado humorismo.
ALFREDO
¿Y nuestro equipaje?
MELITONA
Ya lo tiene el excelentísimo señorito en su cuarto. ~(Se lo indica.)~
ALFREDO
¡Ah, pues con permiso!... ~(Entra en el primero.)~
EUSTAQUIO
Y vosotros ya sus podéis retirar si no sus manda naa el excelentísimo
señor.
PEPE
Nada, nada... muchas gracias.
EUSTAQUIO
Servidor. ~(Reverencia.)~
MELITONA
Servidora, ~(Otra reverencia.)~
PEPE
Por Dios, criatura, que te vas a caer.
MELITONA
No le hace.
PEPE
(¡Vaya una postal! ¡Qué colores!) Eres una tricomía.
MELITONA
¿Qué dice el señor?
PEPE
¡Qué tricomía!
MELITONA
¡Ay, qué señor, que micomía! ~(Vase izquierda.)~
ESCENA IV
ANASTASIA y PEPE OJEDA.
ANASTASIA
~(Que queda recogiendo plumeros y paños de limpieza.)~ ¿Y qué, le gusta
al excelentísimo señor cómo ha quedao la sala?
PEPE
Señora, el salón de Gasparini es la garita de un centinela comparado
con esto. ¡Verdaderamente suntuoso! ~(Aparte.)~ Si yo pudiera sacarle a
esta señora por qué nos agasajan de esta forma.
ANASTASIA
(¡Cómo le sacaría yo quién es!)
PEPE
Ahora, que lo que yo deploro vivísimamente es haber venido a producir a
ustedes esta molestia suntuaria, este trasiego ornamental...
ANASTASIA
No, señor; no faltaría otra cosa. Muchísimo gusto. Lo que ustés se
merecen y naa más.
PEPE
¡Oh! No diga usté eso; tanto agasajo nosotros, dos personas tan...
ANASTASIA
Y una lo que siente es no haber sabío antes lo que eran ustés.
PEPE
¡Oh, eso, no; por Dios! ¿Pero qué es lo que somos nosotros, diga
usté?... ¡Haga usté el favor de decírmelo! ¿Qué somos nosotros?...
ANASTASIA
¡Toma, pues menúo!... digo... ¡¡nada!! ¡Una friolera!... ¿Y por qué no
han querío ustés decirlo al llegar?
PEPE
Pues no lo hemos querido decir porque... francamente... porque no lo
sabíamos que aquí se nos estimase de manera tan halagüeña.
ANASTASIA
Aquí crea el señor que aunque esto es un humilde pueblo, se sabe tratar
a las presonas de categoría, como son los excelentísimos señores. (Voy
a ver si son melitares.) ¿Y ustés de qué son?
PEPE
~(Palpándose con asombro.)~ ¿Cómo que de qué somos?... (¿Nos habrán
tomado por dos Sajonias?)
ANASTASIA
Sí; ¿que de qué son?
PEPE
Pues somos de arcilla mortal y perecedera, señora.
ANASTASIA
¡Sí, sí, arcilla!... ¡Que me lo va usté a hacer de creer! ¡Usté es una
presona mu gorda!
PEPE
¿Yo?
ANASTASIA
¡Pero mu gorda!
PEPE
Cincuenta y ocho kilos cuatrocientos gramos, señora. Ya ve usted que la
cosa no...
ANASTASIA
Sí, sí; ya, ya... (No se lo saco, es muy ladino.) Pos naa, cualisquier
cosa que les ocurra a los señores no tie el señor más que poner el deo
ahí ~(Indicando el botón de un timbre.)~ y apretar pa dentro y aluego
dar dos palmás por si no suena, que casi nunca suena, y en seguía
venimos, cuando lo oímos.
PEPE
Sí, señora; muchas gracias.
ANASTASIA
Y del reló tampoco hagan caso los señores; y de que sienta el señor que
dan las once me lo viene usté a icir, que yo le diré la hora que es.
Que este reló no lo entiende más que una servidora.
PEPE
Descuide usted, que por nosotros puede apuntar lo que quiera.
ANASTASIA
Ah, y en la meceora siéntese usté con cuidao, que renguea del lao
derecho; que vino un ministro una vez y esos ministros se columpian de
una forma que too lo esgualdramillan.
PEPE
Sí, señora; que se dan mucho aire.
ANASTASIA