¿No hay nadie?

NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

* Las cursivas se muestran entre _subrayados_, las indicaciones o

acotaciones escénicas entre ~virgulillas~ y las versalitas se han

convertido a MAYÚSCULAS.

* Los errores de imprenta han sido corregidos.

* La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con

las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.

* Para facilitar la lectura, se han expandido las abreviaturas en los

nombres de los personajes.

LOS CACIQUES

Esta obra es propiedad de su autor, y nadie podrá, sin su permiso,

reimprimirla ni representarla en España ni en los países con los

cuales se hayan celebrado, o se celebren en adelante, tratados

internacionales de propiedad literaria.

El autor se reserva el derecho de traducción.

Los comisionados y representantes de la _Sociedad de Autores

Españoles_ son los encargados exclusivamente de conceder o negar el

permiso de representacíón y del cobro de los derechos de propiedad.

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pour tous les pays, y compris la Suède, la Norvège et la Hollande.

Queda hecho el depósito que marca la ley.

LOS CACIQUES

FARSA CÓMICA DE COSTUMBRES DE POLÍTICA RURAL

DISTRIBUIDA EN TRES ACTOS

ORIGINAL DE

CARLOS ARNICHES

Estrenada en el TEATRO DE LA COMEDIA de Madrid

el 13 de febrero de 1920

MADRID

R. Velasco, Impresor, Marqués de Santa Ana, 11, dup.º

TELÉFONO, M 551

1920

REPARTO

PERSONAJES ACTORES

CRISTINA SRTA. REDONDO.

EDUARDA SRA. ALBA.

SEÑÁ CESÁREA MESA.

TÁRSILA VILLA.

LA ANASTASIA ANDRÉS.

MELITONA SRTA. LEÓN.

MARÍA TERESA REDONDO (J.)

CHICA 1.ª CABA.

CHICA 2.ª CORTESINA.

PEPE OJEDA SR. BONAFÉ.

ALFREDO ASQUERINO.

DON ACISCLO TUDELA.

DON RÉGULO GÓRRIZ.

CAZORLA ROA.

EL CARLANCA PEREDA.

EL MORRONES CABA.

DON SABINO DEL VALLE.

EL PERNILES GUTIÉRREZ.

GARIBALDI RIQUELME.

EUSTAQUIO GUTIÉRREZ.

DON ALICIO PEREDA.

MONREAL INSÚA.

CHICO 1.º ROLDÁN.

La acción ocurre actualmente en un pueblo de España.

Derecha e izquierda, las del actor.

A S. M. el Rey Don Alfonso XIII

Señor:

La emoción que me produjeron las altas palabras que escuché de V. M.

la noche que presenció la representación de esta obra, me impulsa a

dedicárosla.

Se consigna en ella una amarga y viva realidad de las costumbres

políticas españolas expresada sincera y noblemente; pero sería injusto

no consignar también en su primera pagina, con la misma sinceridad

y nobleza, que si todos los españoles se hubiesen penetrado de los

altos propósitos renovadores de V. M., esta obra no hubiese podido ser

escrita, porque el caciquismo no existiría.

Y esta rotunda afirmación tiene el valor de estar hecha por un hombre

independiente que no tiene su espíritu coaccionado por ninguna devoción

política, ni desea del Trono otra cosa sino la egregia bondad de

Vuestra Real estimación.

Madrid, 10 de marzo de 1920.

Señor, a L. R. P. de V. M.

Carlos Arniches.

[Ilustración]

ACTO PRIMERO

Sala de despacho en la planta baja de un caserón de pueblo, habitado

por gente de buen acomodo.

A la derecha, en segundo término, puerta de entrada en comunicación

con el zaguán; en primero, puerta de otra habitación. Al fondo, una

ventana con reja y una puertecilla que dan al huerto, inundado de sol,

y del que se ven arriates llenos de flores. A la izquierda, puerta de

una hoja, que comunica con habitaciones interiores. Ante esta puerta

una mesa de despacho antigua y un sillón de baqueta. El resto del

mobiliario adecuado: antiguo, cómodo y fuerte. Un reloj de caja en

lugar visible.

ESCENA PRIMERA

EDUARDA y DON ACISCLO

Al levantarse el telón, aparece la escena sola. A poco se ve por la

ventana del huerto a doña Eduarda que viene acongojada, huyendo. La

sigue, jadeante y ansioso de amor, don Acisclo; ella le rechaza de un

empujón y entra indignada en escena por la puertecilla del foro.

EDUARDA

¡No, no!... ¡Por Dios, quieto!... ~(Huye de él, que entra

siguiéndola.)~ ¡Déjeme usted o demando auxilio! ~(Toda la escena en voz

baja y emocionada.)~

D. ACISCLO

¡Es que me tie usté loco!

EDUARDA

Respete usté que soy casada.

D. ACISCLO

¡Y a mí qué me importa!

EDUARDA

¡Qué cínico!... ¿Pero y mi marido y su mujer?...

D. ACISCLO

He dicho que na me importa. ~(Intenta ir hacia ella.)~ ¡Esos ojos me

tien trastornao y!...

EDUARDA

~(Con cómica energía.)~ ¡Atrás!

D. ACISCLO

Pero, Eduarda, si es que...

EDUARDA

~(Heroicamente.)~ ¡Si da usted un solo paso, me secciono la carótida

con el raspador!

D. ACISCLO

~(Asustado.)~ ¡Eduarda!

EDUARDA

¡Atrás!... ¡O me ve usted tinta en sangre! ~(En uno de sus ademanes,

mete los dedos en el tintero.)~

D. ACISCLO

¿Tinta?

EDUARDA

¡Tinta! ~(En un ademán trágico, vuelca el tintero.)~

D. ACISCLO

¡Por Dios, el tintero!

EDUARDA

¡Nada me importa! ¡Mi honor ante todo!

D. ACISCLO

Pero si yo...

EDUARDA

¡Es usted un miserable!... ¡Estar yo tranquilamente en la huerta

cogiendo manzanas, subida a la escalera y de pronto sentir!... ¡Oh, qué

vergüenza! ~(Llora.)~

D. ACISCLO

Es que creí que se caía usté.

EDUARDA

¿Y me iba usted a sujetar con dos dedos? ~(Acción de dar un pellizco.)~

D. ACISCLO

Cuando una persona se cae...

EDUARDA

Cuando una persona se cae, se la sostiene, pero no se la retuerce... ¡Y

de dónde se me ha retorcido a mí! Que... ¡Ah, si lo supiera mi Régulo!

¡Oh, Régulo, Régulo!

D. ACISCLO

Y usté, Eduarda, por qué no quie ser una miaja complaciente y...

EDUARDA

~(Con altivez.)~ ¡Basta de indignidades!... Déjeme usted salir.

D. ACISCLO

~(Con pasión.)~ Salga usté, pero no será sin que antes... ~(Intenta

sujetarla para darla un beso.)~

EDUARDA

~(Rechazándole.)~ ¡No, nunca!... ¡Socorro! ~(Le muerde la mano.)~

D. ACISCLO

~(Retorciéndose de dolor.)~ ¡Rediez, qué bocao en el dedo! ¡Se me ha

comido la yema!

EDUARDA

¡Canalla, seductor! ¡¡Satírico!! ~(Vase puerta izquierda.)~

D. ACISCLO

~(Intenta sujetarla antes que se marche.)~ Eduarda... Eduarda...

~(Luchan brevemente. Ella le rechaza y le coge con la puerta la

americana, dejándole sujeto. Aterrado.)~ ¡Atiza! ¡La americana con la

puerta!... ¡Cogido por el vuelo! ~(Suplicante.)~ ¡Por Dios, Eduarda,

abra usté, que estoy cogido! ¡Eduarda!... ¡El vuelo!... ¡Eduarda!...

ESCENA II

DON ACISCLO y SEÑÁ CESÁREA primera derecha.

CESÁREA

¡Hola, hombre!

D. ACISCLO

¡¡Mi mujer!!... ¡¡Tableteau!!

CESÁREA

¿D’ande sales?

D. ACISCLO

Pues de ahí, de la... que venía de...

CESÁREA

¿No ibas con doña Eduarda por el huerto?

D. ACISCLO

Sí, con ella iba, que quería unas manzanas.

CESÁREA

¿Y qué la dio, que sentí un grito?

D. ACISCLO

Como darla, no la dio na; pero arrimó la escalera, se subió al árbol

--que ya la ties conocía en lo resoluta-- y de poco se cae.

CESÁREA

Pos ya no tie edad pa andarse por las ramas.

D. ACISCLO

¡Toma!... Eso la he dicho yo, pero...

CESÁREA

~(Cambiando el tono irónico por otro más acre y resuelto.)~ Ni tú

tampoco la tienes de andarla a los alcances.

D. ACISCLO

¡Cesárea!... ~(Se sopla el dedo dolorido.)~

CESÁREA

¡Que te creerás que no lo estoy notando too!... ¡Así que una es tonta!

¡Te figurarás que me chupo el dedo como tú!

D. ACISCLO

¡Mujer, yo!...

CESÁREA

¡Y ten cuidao no te corte yo los vuelos!

D. ACISCLO

(¡Ojalá!)

CESÁREA

¡Que no me dejas una en paz!... ¡Que me ties más reconsumía!... ¡Ahí

agarrao como una rata!... ¿Te paece bonito? ~(Le zarandea.)~

D. ACISCLO

~(Avergonzado.)~ ¡Cesárea!...

CESÁREA

~(Amenazadora.)~ ¿Qué debía yo hacer ahora?

D. ACISCLO

¡Pues traerme otra americana u abrir por detrás!

CESÁREA

¡Maldita sea!... Y que te coste, que el día que me harte, se lo digo

a don Régulo, que ya le ties conocío, que ese por custión de celos le

pega un tiro a su familia.

D. ACISCLO

Mujer, después de too, por una broma...

CESÁREA

¡Por una broma!... ¡Acisclo, parece mentira que tú, ¡¡tú!!, el dueño,

el amo, el rey del pueblo, una persona de tu mando y de tu valer, un

hombre al que too el mundo le tie miedo, que haces que se le mude la

color a los más templaos... un hombre que causa un respeto que eriza,

ahora, por esa tía cursi... ahí prendío como un murciélago!... ¡Si

alguien se enterara!... ¡Si yo no tuviera prudencia!... ~(Levanta el

pestillo, abre la puerta y deja en libertad a Acisclo.)~

D. ACISCLO

Mujer, los hombres semos hombres, Cesárea, y con esto ya está dicho que

semos mu poca cosa... Salomón era Salomón, y en custión de faldas, u de

lo que se llevase en aquel entonces, pues... ya te acordarás que sumó

dos mil y pico... Y Napolión, con ser lo que era... pues... también se

sumaba lo suyo... Conque uno, que es una meaja menos... pues, algún

sumandillo...

CESÁREA

¡Sumandillo, y llevas veintidós en lo que va de mes, y estamos a

cinco!...

ESCENA III

DICHOS y MORRONES (Alguacil).

MORRONES

~(Segunda derecha. Desde fuera.)~ Ave María Purísima.

CESÁREA

¿Quién se extraña?

MORRONES

¿Se pue pasar?

D. ACISCLO

¡El alguacil! Pasa, Morrones.

MORRONES

~(Con gran respeto.)~ Güenos días nos dé Dios; con premiso de ustés.

CESÁREA

Regulares que sean.

D. ACISCLO

¿Qué te trae por acá tan de mañana?

MORRONES

Pos naa, que tengo un desgusto, con premiso de usté, que no sé cómo no

le da a uno itiricia.

D. ACISCLO

¿Pues qué pasa?

MORRONES

Pues pasa que don Sabino el médico, el Perniles y Garibaldi, pus m’han

hecho de venir a molestarle a usté, con premiso de usté, porque quién

hablale de no sé qué cosas _nómalas y urgüentes_, que me lo he tenío

que apuntar. ~(Mira un papel.)~

D. ACISCLO

¿Quejas tenemos?

MORRONES

¡Qué sé yo!... Cuatro garambainas... Que si los sueldos, que si el

riego, que si la contrebución... Naa, lo e siempre: _potrestas_.

CESÁREA

¡Madre, qué tropa!... Pero si esos protestan de too.

MORRONES

Toma, como que el año pasao les cayó la lotería y elevaron una

_potresta_ por haberles caído en la de tres pesetas.

D. ACISCLO

Güeno, pues les dices que aguarden, si quieren, que yo voy a tomar el

chocolate. Eso si no encuentras alguna razón de las tuyas pa que se

vayan.

MORRONES

Yo, si usté lo manda, _razones_ siempre tengo. Les abro la puerta y les

abro la ventana y ellos escogen: u se marchan _u los marcho_. ~(Acción

de echarlos.)~

D. ACISCLO

Déjales, que todavía no es el caso. Pero como me hurguen mucho les va a

doler, ¡por estas! Que esos tres me andan buscando las cosquillas...

CESÁREA

¿Y viene con ellos Garibaldi, el republicanote ese?...

MORRONES

El mismo. Ahora ice que s’ha sindicao con un garrote que tiene, así de

gordo.

CESÁREA

¡Mala troná en ellos! ¡Valiente gentuza! ~(Vanse don Acisclo y señá

Cesárea, primera derecha.)~

ESCENA IV

MORRONES, DON SABINO, PERNILES y GARIBALDI, segunda derecha.

MORRONES

~(Desde la puerta.)~ Que les da a ustés su premiso... pero pa pasar

aquí hay que limpiarse los pies.

D. SABINO

~(Entra. Se descubre.)~ Buenos días.

PERNILES

~(Ídem, ídem.)~ A la paz de Dios.

GARIBALDI

~(Pasa sin quitarse el sombrero.)~ Libertá, fraternidá...

MORRONES

Quítate el sombrero.

GARIBALDI

Igualdá.

MORRONES

Igual da, pero quítatelo, ~(se lo quita y lo tira sobre una silla.)~

D. SABINO

¿Has tenido la bondad de decirle al señor alcalde?...

MORRONES

Le he dicho lo que le tenía que icir y dice que si quién ustés esperale

que le esperen, que ahora saldrá...

D. SABINO

Entonces... ~(Mira como buscando una silla.)~

MORRONES

Que ahora saldrá con su señora a dar un paseo y que golverá a la una,

pero que ustés hagan lo que sea de su convenencia, que él no se va a

privar de sus cosas por naidie.

D. SABINO

Pues esperaremos, ¿no os parece?

PERNILES

¡Qué remedio! Yo no me voy sin que me oiga. ~(Van a coger sillas para

sentarse.)~

GARIBALDI

Ni yo... Le quio presentar al _noy del fresno_. ~(Por el garrote.)~

MORRONES

~(Muy extrañado.)~ ¿Pero es que se van ustés a sentar?

D. SABINO

Hombre, si es posible...

MORRONES

~(Como resignándose.)~ Güeno, pero cojan ustés taburetes, que las

sillas son pa los amigos políticos.

PERNILES

Tá bien ~(Se sientan en taburetes.)~

MORRONES

~(A Garibaldi.)~ Y tú, tira ese cigarro, que aquí no se pue fumar.

GARIBALDI

¿Y por qué fumas tú?

MORRONES

No se pue fumar viniendo de vesita. ~(A Perniles que se vuelve a mirar

el reloj.)~ ¿Y tú qué miras?

PERNILES

Hombre, iba a mirar la hora...

MORRONES

¡La hora!... En seguía si fua yo el Alcalde iba a tené un reló destapao

pa que se aprovechasen d’él los del partido contrario... Mañana lo

forro.

GARIBALDI

Lo que debías tú de hacer, aunque seas _aguacil_ y estés amparao por

ciertos mandones, es mirarte una miaja más en la atención de las

presonas que necesitan del monecipio y no avasallar a too Cristo por

menos de naa.

MORRONES

Tú, lo que vas a hacer, es callarte la boca ahora mismo.

GARIBALDI

Y prencipalmente por don Sabino lo he dicho, que es una presona médica

y respetable, llena de canas; que uno al remate no es letrao ni

muchismo menos y anda con Dios y que le falten a uno, que tan hecho

está uno a trancas como a barrancas.

MORRONES

Tú eres un parlero que hablas más de la cuenta, y si no te callas te

agarro de los cabezones y sales... ~(Le amenaza.)~

GARIBALDI

~(Enfurecido.)~ ¡Prueba y te doy con el _noy_!...

MORRONES

¿A mí?... ~(Se dispone a acometerle.)~ ¡Por vida e...!

ESCENA V

DICHOS, DON ACISCLO, primera derecha.

D. ACISCLO

~(Autoritario y despótico.)~ ¿Qué es eso?

MORRONES

Señó alcalde... Era que...

D. ACISCLO

¡Silencio! Anda pa un rincón, que es lo tuyo.

MORRONES

No, dejarme... ¡Maldita sia! ~(Va a sentarse junto a la puerta,

refunfuñando.)~

D. ACISCLO

~(Se va a su mesa y se sienta.)~ Sentarse.

MORRONES

Y encima les dice que se asienten. ¡Se cae usté de güeno! Así le tratan.

D. ACISCLO

A callar. Sentarse he dicho.

LOS TRES

Con permiso. ~(Se sientan con cómica rapidez.)~

D. ACISCLO

Pues ustés dirán... ~(Se levantan los tres como para hablar.)~

¡Sentarse he dicho! ~(Vuelven a sentarse con mayor rapidez que antes.)~

Sé que me quien ustés hablar. Acedo; pero uno a uno y cuidaíto con lo

que se dice. Escomenzaremos por usté, don Sabino.

D. SABINO

~(Poniéndose de pie.)~ Como usté mande.

D. ACISCLO

Conque usté dirá qué istentino se le ha deteriorao.

D. SABINO

Pues... nada, señor alcalde, que un servidor de usted...

D. ACISCLO

Por muchos años.

D. SABINO

Por muchos, sí, señor... Me veo, bien a mi pesar, en la precisión de

molestarle respetuosamente, acuciado por las dolorosas necesidades de

la vida. Porque claro, aunque uno es un humilde médico rural, pues

tiene uno que comer de vez en cuando, tiene uno que vestir, llamémoslo

así; tiene uno que...

D. ACISCLO

Exigencias no faltan, no.

D. SABINO

Las igualas son cortas, las visitas escasas... y como el digno

Ayuntamiento de su acertadísima presidencia tiene la bondad de

adeudarme...

D. ACISCLO

~(Agriando mucho más el gesto y dando un golpe en la mesa con una

regla; carraspea.)~ ¡Ejem!...

D. SABINO

~(Sobrecogido, trata de dulcificar el concepto.)~ ...nada, siete

efímeras y cortas anualidades, que importan la insignificante suma de

catorce mil quinientas pesetas; pues yo, agotados todos mis recursos

para la vida, me permito elevar a usted una humilde súplica...

D. ACISCLO

~(Dando otro reglazo sobre la mesa.)~ ¡Dita sia!... ¿Y tie usté la

frescura de venir aquí con esas quejas?

D. SABINO

¿Cómo la frescura, señor alcalde?

D. ACISCLO

¡La frescura! No quito una letra.

MORRONES

~(Enardecido.)~ No quite usté naa.

D. SABINO

Yo creía que elevar una humilde queja...

D. ACISCLO

¡Una humilde queja!... Pero cuidiao que hace falta descaro, don Sabino.

D. SABINO

¡Señor Alcalde!

D. ACISCLO

Vamos a ver. ¿Qué le debían a usté en el último pueblo?

D. SABINO

Once anualidades.

D. ACISCLO

¿Y en el anterior?

D. SABINO

Nueve.

D. ACISCLO

¡Y viene usté a estrellarse conmigo que no le debo más que siete!

D. SABINO

Señor Alcalde...

D. ACISCLO

¿Le ha pagao a usté alguno?

D. SABINO

No, señor.

D. ACISCLO

¡No le han pagao los otros y quie que le pague yo!... Pórtese usté

bien, debiendo menos que los demás pa que encima se lo agradezcan con

estas exigencias.

D. SABINO

¡Peor me lo agradecen a mí, que no me pagan y encima me maltratan, don

Acisclo!

D. ACISCLO

Usté se lo ha buscao.

D. SABINO

¿Yo?...

D. ACISCLO

¡Sí, señor, ea! Que si no lo digo, reviento. Usté se lo ha buscao por

ser enemigo político mío.

D. SABINO

¿Yo enemigo de usted?

D. ACISCLO

Y encubierto y solapao, que son los malos.

D. SABINO

¡Don Acisclo!

D. ACISCLO

Y le voy a usté a probar su malquerencia, que la tengo conocía en toos

los detalles. Aquí, en este pueblo de mi mando, no hay más que dos

partíos políticos, ¡dos!... porque no quiero confusiones; el _miista_,

que es el mío, y el _otrista_, que son toos los demás; güeno, pues en

los dos últimos años se han muerto cinco presonas en el pueblo... pues

toos de mi partido. Y eso no se lo aguanto yo, ni a usté ni a nadie.

Conque, u se mueren cinco presonas del partío contrario en el término

de dos meses, u no cobra usté un real.

D. SABINO

Señor Alcalde, es que los _otristas_ no son más que tres.

D. ACISCLO

Pues que se mueran dos veces caa uno.

D. SABINO

Y además, se cuidan mucho.

D. ACISCLO

Pues se pone usté d’acuerdo con el boticario. Pa too hay recursos. Y

como remate, ¿usté cree que estoy yo aquí pa aguantar menosprecios de

nadie?...

D. SABINO

¿Menosprecios?

D. ACISCLO

¡Sí, señor; menosprecios!... Va usté a visitar a la mujer del sargento

de la Guardia Civil u a la del Registrador, y a ellas sellos, jarabes,

píldoras, emplastos, sanguijuelas... ¡Viene usté a ver a mi mujer y

manesia _fervecente_ naa más!

D. SABINO

Es que eran distintas las dolencias.

D. ACISCLO

Pamplinas. A mi mujer hay que darla dobles recetas que a too el mundo,

tenga lo que tenga, que pa eso es mi mujer.

D. SABINO

Pero si usted permitiera que yo le explicase...

D. ACISCLO

Ni una palabra. De forma, que me presenta usté una _istancia_ en papel

sellao de tres reales y se la da usté a ese, ~(Por Morrones.)~ que ya

sabe lo que tie que hacer con ella.

MORRONES

Sí, señor.

D. SABINO

Pero...

D. ACISCLO

Otro.

D. SABINO

Señor Alcalde, perdone usté que le diga que esto es conculcar la ley.

D. ACISCLO

Está usté errao.

D. SABINO

¿Yo errao?...

D. ACISCLO

Errao completamente. A ver, el veterinario.

PERNILES

~(Se levanta.)~ Servidor.

D. ACISCLO

(Lo de la manesia lo tenía yo clavao en el alma...) Expón, Perniles.

PERNILES

Pues yo, señor Alcalde, vengo como concejal d’oposición...

D. ACISCLO

Ya sé que eres otrista; no me lo recalques.

PERNILES

A decirle a usté que me se haga justicia; porque lo que están haciendo

conmigo los sabuesos de usté es una gorrinada.

D. ACISCLO

Oye, tú... ¡A ver las palabritas que usas, que no estamos en sesión!

PERNILES

Es que hay que hablar claro.

D. ACISCLO

En el Ayuntamiento, las porquerías que quieras; aquí con urbanidaz.

PERNILES

Es que ya no hay cristiano que aguante esto, que no me dejan vivir; que

el tío Marcos, amparao en usté, ha cogío el agua del acequión de las

Jarillas pa su molino y nos quita de regar a los que tenemos derecho pa

ello.

D. ACISCLO

¡Pero es que él es primo mío, mia tú este!

PERNILES

Más primos somos nosotros, que pagamos y no regamos.

D. ACISCLO

¿Y qué quies decir con eso?

PERNILES

Pues con eso quio dicir, que antes toos cogíamos buenas calabazas,

que es la prencipal cosecha del pueblo; pero hogaño como no consienten

de regar más que a sus amigos de usté, pues resulta que las mejores

calabazas son las del partido miista.

D. ACISCLO

Caa partío tie las calabazas que se merece. Si vosotros hubieseis votao

lo que yo sus decía, no las habría como las vuestras; pero ya que me

hicisteis de perder la elección, calabacines y gracias.

PERNILES

¿Es decir, que voy a mirar yo con sosiego que me se pierdan toas las

cosechas?

D. ACISCLO

Tú verás lo que te conviene, Perniles, porque aquí no hay más que dos

caminos: u te haces miista u vas a regar cuando estornudes.

PERNILES

¿De moo que la concencia política...?

D. ACISCLO

Riega con ella.

PERNILES

¡Güeno, y últimamente, si no me dejan regar, que no me manden el recibo

del agua, eso es!

D. ACISCLO

¡Alto allá! Eso es otra cosa. El recibo te lo mandan porque en la

cuenta e regantes resulta un líquido en contra tuya.

PERNILES

¡Pero qué líquido va a resultar si no me dan agua!

D. ACISCLO

No es líquido de humedaz, es de aritmética, y ties que enjugarlo.

PERNILES

Pues si no me dan agua, el otro líquido que lo enjuague el Secretario,

~(Se sienta.)~

D. ACISCLO

Eso lo veremos, que tú eres muy altanero; y u pagas u te se embarga,

que ya me ties conocío. Otro. A ver tú, Garibaldi, ¿vienes también

sobre alguna protesta?

GARIBALDI

Servidor, vengo sobre su cuñao de usté, que me ha tirao dos coces su

macho, porque lo tie enseñao a cocear a los republicanos de una manera,

que en cuanto se habla de Lerroux no hay quien pare a su lao.

D. ACISCLO

Yo, en las opiniones políticas del macho no me puedo meter.

GARIBALDI

Bueno, está bien; eso ya me lo arreglaré yo, porque estoy educando a mi

burra de una forma, que de que oiga mentar a La Cierva, de una coz le

va a quitar la cabeza a un santo. Pero de camino vengo a hacerle a usté

una denuncia.

D. ACISCLO

¿Contra quién?

GARIBALDI

Contra su consabido cuñao. Anastasio Mangola, alias Jaro.

D. ACISCLO

Tú dirás.

GARIBALDI

Pues naa; paso por lo del macho, paso por que sea cartero, paso por

que sea cojo siendo cartero y paso por que siendo cojo y cartero no

sepa leer ni escrebir, pero por lo que no puedo pasar de nenguna de las

maneras es por la forma que tiene de repartir la correspondencia.

D. ACISCLO

¿Qué forma tiene, vamos a ver?

GARIBALDI

Pues naa que coge las cartas y las deja encima una mesa a la puerta e

su casa. Usté va y mira; que hay una carta y que es pa usté, pues deja

usté cinco céntimos y se la lleva; que no es pa usté, pues deja usté

diez y la coge si quiere. Y cuando se presenta el interesao a reclamar,

pues le ice: «¡Haber venío antes!»

D. ACISCLO

¿Y qué pero ties que ponerle a eso?... ¡Yo no os entiendo! Estáis

clamando día y noche por la libertá y en cuanto un funcionario público

sus deja en libertá...

GARIBALDI

Es que queremos libertá con orden y con justicia, que es lo que no hay

en este pueblo.

D. ACISCLO

~(Airado y dando golpes en la mesa.)~ ¿Qué estás diciendo?

GARIBALDI

El Evangelio; que hay que icir las cosas como sean.

PERNILES

~(Animado por el ejemplo de Garibaldi.)~ Sí, señor; que esto es peor

que la Inquisición, pa que usté lo sepa.

GARIBALDI

Porque aquí, pa que le dejen respirar a uno y no le quemen la cosecha u

le maten el ganao, tie que votar lo que usté quiera y hacer lo que usté

quiera y ser esclavo de usté.

PERNILES

U de su señora de usté.

GARIBALDI

U de su otra señora...

D. ACISCLO

~(Indignado.)~ ¡Garibaldi!

PERNILES

U de sus amigos, u de las criás de sus amigos u de los amigos de sus

criás.

GARIBALDI

Pa pagar las contrebuciones, nosotros; pa cobrar, los compinches...,

pues no, señor. ¡Esto no pue ser!

PERNILES

Y no será. Que antes que vivir en este atropello, es mejor echarse por

los caminos a pedir una caridá e Dios.

D. ACISCLO

¡Que estáis faltando a la ley!

D. SABINO

~(Airado.)~ Pero ¿qué entiende usté por ley?

D. ACISCLO

Una cosa que me permite poner multas; conque cincuenta duros caa uno.

Morrones, avisa a la Guardia Civil.

D. SABINO

¡Que avise a quien le dé la gana, pero hay que acabar con esta

ignominia; hay que vivir como seres civilizados, como hombres siquiera,

porque cuando se vive hundido en la infamia de una tiranía bestial e

ignorante, es preferible la muerte... cien veces la muerte!... Y hay

que luchar...

LOS DOS

Sí, señor.

D. SABINO

Hay que luchar, pero no por unas míseras pesetas perdidas, no; hay que

luchar porque el oprobio y la esclavitud en que vivimos es vergüenza

para la civilización, y ludibrio y escándalo para la patria. ¡Muera el

caciquismo!... ¡Muera cien veces!...

LOS DOS

¡Muera!... ~(Vanse gritando: «¡Muera!»)~

D. ACISCLO

¡Canallas! ¡Granujas!... ¡A la calle!... ¡Me han atropellao! ¡Me han

desacatao!.. ¡Dan gritos revolucionarios!

MORRONES

~(Que ha sacado una escopeta de la primera derecha y quiere ir tras

ellos.)~ ¡Déjeme usté a mí que les voy a dar cevelización!...

D. ACISCLO

~(Conteniéndole.)~ No; quieto, Morrones... ahora no, que es de día y

salen de mi casa. ~(Le quita la escopeta y la esconde.)~

MORRONES

¡Eso les vale!... ¡Maldita sia!...

D. ACISCLO

Pero ven acá, vamos a hacer una denuncia por desacato. Los tengo medio

año en la cárcel. ¡Por estas!

MORRONES

¡Medio año!... ¡seis años de cadena perpetua caa uno y no pagan, no sea

usté primo!

D. ACISCLO

Es verdá. ¡Seis años! Veinte años..., cuarenta años... ~(Vanse primera

derecha.)~

ESCENA VI

CRISTINA, DOÑA EDUARDA (del huerto).

Se levanta la cortina de la ventana y asoma la cara dulce y graciosa de

Cristina. Por el otro extremo asoma doña Eduarda.

CRISTINA

¿No hay nadie?

EDUARDA

Nadie. Pasa, Cristina; pasa. ~(Entran de puntillas. Cristina trae unas

flores en la mano.)~

CRISTINA

Tengo miedo que nos puedan oír.

EDUARDA

Pasa, pasa sin temor; siéntate aquí y cuéntamelo todo. ¡Oh, pero quién

iba a figurarse que tú!... ¡Habla, hija; habla! ~(Se sientan.)~

CRISTINA

Sí; sí, señora doña Eduarda, es preciso que hablemos, porque yo

necesito una persona buena como usted a quien abrirle mi corazón,

contándole todo lo que me sucede.

EDUARDA

Claro, así te encontraba yo de triste y de pensativa. ¡Pero cómo iba a

imaginar! ¡Oh, tu aventura es una aventura llena de interés, de poesía,

de pasión!...

CRISTINA

¡Me ha costao ya más lágrimas!... ¡Si supiera usté!...

EDUARDA

Sigue, sigue... ¿y dices que se trata de un joven esbelto, de ojos

oscuros, fuerte como un pugilista, ágil como un berebere?...

CRISTINA

Sí, señora; es alto, elegante, de ojos grandes, pelo negro, labios

finos... dientes blancos...

EDUARDA

¡Una tontería de moreno, vaya!

CRISTINA

¡Usted no puede imaginarse un hombre más guapo, doña Eduarda!

EDUARDA

Ya lo creo que puedo. Tú no conoces mi fuerza imaginativa. Además, tú

te expresas con un calor, que no es que describes, es que fotograbas...

Y sigue, sigue... ¿dices que cuando estabas ahogándote, él,

heroicamente se lanzó al agua?

CRISTINA

Sí, señora; cuando yo estaba ahogándome, de pronto él, se tira al agua,

coge la botella, llena el vaso, me lo da, bebo un sorbo y me pasa la

espina.

EDUARDA

~(Con cierto desencanto.)~ ¡Ah! ¿Pero no fue un naufragio?

CRISTINA

No, señora; fue una raspa. Si ya se lo he dicho a usté, sino que usté

se ha empeñao que me pasó en el océano, y fue en una fonda.

EDUARDA

Confiesa que en el mar hubiese sido más romántico; pero, en fin, todo

es ahogarse. Sigue, sigue.

CRISTINA

Pues como digo, fue en la fonda del balneario de la Robla, donde yo

había ido acompañando a mi tía Constanza. Allí encontré a Alfredo.

EDUARDA

¡Ay, Alfredo, hasta el nombre escalofría!

CRISTINA

Antes de aquello de la espina, había notao yo que aquel joven me miraba

con interés y que me decía al pasar alguna palabra cariñosa; pero ya

desde aquella tarde nos acompañó sin falta en todos nuestros paseos,

y al cabo, una noche de luna muy clara, muy clara, después de cenar,

fuimos a dar una vuelta por la carretera y se me declaró.

EDUARDA

¡Oh!... Sigue.

CRISTINA

Se me declaró pintándome un amor... ¡ay, doña Eduarda!...

EDUARDA

¿Rosáceo?

CRISTINA

No me acuerdo, porque yo no estaba para colores... Pero ¡qué frases me

dijo tan discretas y tan amables!... Y claro, como una metida en estos

poblachos no ha oído jamás a un joven educao tres palabras cariñosas y

bien dichas, pues yo, a medida que me pintaba su cariño, iba sintiendo

interiormente una alegría y un temblor que yo no sabía cómo disimularlo.

EDUARDA

¿Y tú qué le dijiste, qué?...

CRISTINA

Pues le dije que aquello no podía ser formal, que era que quería

burlarse de mí, que yo no podía gustarle... en fin, todas esas

tonterías que dice una mujer cuando quiere decir que sí y no sabe cómo.

EDUARDA

¡Oh, qué cándida ingenuidad!

CRISTINA

Él, entonces, me contó toda su vida. Y yo no sé, vamos, porque a los

hombres no los puede una creer... pero qué sé yo, se me figuró que

aquel me hablaba con un sentir honrao y verdadero. Me dijo que era

pobre, muy pobre.

EDUARDA

¡Pobre!... ¡Qué poemático!

CRISTINA

Que no tenía padres.

EDUARDA

¡Huérfano!... ¡Qué elegíaco!

CRISTINA

Que vivía con un tío.

EDUARDA

¡Vivir con un tío!... ¡Mi ideal!

CRISTINA

Y yo..., pues también le conté mi vida. Le dije que era huérfana como

él, que vivía enterrada en esta tristeza de pueblo con un hermano de

mi padre que me administraba la fortuna, y que se me figuraba que esto

me tenía amarrada a mis tíos, que querían casarme a su gusto, pa que

no pudiese escapar de su lao; y que yo tenía ansia de un cariño leal y

verdadero que me sacara de esta esclavitud y de estos egoísmos. Él me

escuchaba así como emocionao, y luego, con voz temblorosa, me prometió

quererme siempre, venir por mí, casarse conmigo, sacarme del pueblo...

Yo, entonces, lloré al oírlo, nos cogimos las manos y... ¡me da un

sofoco recordarlo!..

EDUARDA

¡Dime, dime!...

CRISTINA

¡Y luego nos dimos un beso!

EDUARDA

¡Oh, un beso!... ¡Ah, Cristina, qué recuerdos se despiertan en mí!

CRISTINA

¡Pues ya ve usté si es infamia, al día siguiente de aquella noche tan

feliz, desapareció del balneario sin despedirse siquiera!

EDUARDA

¡Qué perfidia! ¡Qué ingratitud!...

CRISTINA

Yo lloré sin consuelo. Aquello me pareció una burla. En el hotel se

murmuraba que se había ido sin pagar. Yo no hice caso, pero luego caí

en la cuenta...

EDUARDA

El que se conoce que cayó en la cuenta fue él.

CRISTINA

Caí en la cuenta de que quizá arrepentido de haberme engañao, no quiso

ni despedirse.

EDUARDA

¡Pobrecilla!

CRISTINA

A los pocos días volvimos al pueblo, y aquí me paso estas horas largas

llorando y pensando en él. ¿Volverá? ¿No volverá? ¡Las margaritas que

yo he deshojado!...

EDUARDA

¡Volverá, ten esperanza!

CRISTINA

¡No, no volverá, doña Eduarda! Aquello fue una broma con una pobre

señorita de pueblo. Como una no sabe expresarse, ni tiene modales, ni

elegancia, ni nada... Claro, ¡cuesta tan poco engañarnos!... Si viera

usté, ¡tengo una rabia y un coraje! ¡Ser una señorita de pueblo!... ¡Me

da una pena!... ~(Llora.)~

EDUARDA

Por Dios, Cristina, no llores, no llores, que me estás atormentando

cruelmente, ~(Se levanta.)~

CRISTINA

¿Yo?...

EDUARDA

¡Sí, ea!... Quiero también hacerte mi confesión. Me estás atormentando

porque, sábelo de una vez, tu aventura renueva en mi alma el dolor de

un episodio parecido.

CRISTINA

¿Doña Eduarda, qué dice usted?

EDUARDA

Lo que oyes. ¡Qué mujer no tiene su dardo en el corazón!... ¡Ah, esos

amores fugitivos, esas poéticas aventuras de unos días, dejan en el

alma una huella tan perdurable!... Yo también conocí otro como tu

Alfredo. El mío se llamaba Rigoberto. Rigoberto Piñones de Vargas. Como

guapo, el Apolo del Belvedere era un charlot a su lado. Pertenecía a

una gran familia valladolisoletana. Tú ya habrás oído hablar de los

piñones de Valladolid.

CRISTINA

Muchísimo, sí señora.

EDUARDA

Era tierno, blanco, suave, apasionado, donjuanesco, arrogante... y para

colmo, me dijo que era militar.

CRISTINA

¿Pero todo eso sería antes de casarse usted con el señor Blanco?

EDUARDA

Ah, claro, hija, eso fue mucho antes de que yo pusiera los ojos en

Blanco. ¡Tú no puedes imaginarte cómo idolatré a Rigoberto! ¡Aquello

era la enajenación, el arrebato, el traumatismo! ¡Yo también tengo

mi noche de luna, mis promesas ardientes murmuradas en un jardín

solitario!... Yo también gusté la miel de un beso furtivo... ¡Ah,

Cristina!

CRISTINA

¡También!

EDUARDA

También. Me lo dio en la rotonda, en la rotonda de mi casa. ¡Mamá

dormitaba, yo confieme, el incitome... y al fin, imprimiómelo! ¡Cuánto

adorele! Pero, ¡oh funesta coincidencia! también el mío, como el tuyo,

desapareció un día súbitamente.

CRISTINA

¿Es posible?

EDUARDA

Lo que oyes. Y a poco averigüé, aterrada..., que no se llamaba

Rigoberto, sino Exuperio, que lo de los Piñones era una superchería y

que lo único que tenía de militar era la licencia absoluta y un gorro

de cuartel.

CRISTINA

¡Qué horror!

EDUARDA

¡Qué horror y qué sacrilegio!

CRISTINA

¿Sacrilegio?

EDUARDA

Sacrilegio, sí; porque ¡hay más!... ¡pásmate, aquel hombre estudiaba

para sacerdote!

CRISTINA

¡Jesús!

EDUARDA

Era un ordenado de Epístola, es decir, era un desordenado, porque todo

se lo gastaba en juergas. Tuvieron que echarlo del Seminario. No te

digo más.

CRISTINA

¡Qué desengaños hay en la vida!

EDUARDA

Pues ya lo ves; pasó el tiempo, me casé, soy fiel a mi esposo, y, sin

embargo, recuerdo tanto a aquel hombre, que cuando mi marido dice por

ahí que estamos a partir un piñón, me pongo como la grana...

CRISTINA

¡Lo creo!

EDUARDA

Vamos, Cristinita, vamos hacia el jardín. Necesito aire... Tu relato y

mi recuerdo, me retraen a rememoraciones que... ¡Ah!...

CRISTINA

~(Cogiendo una margarita que lleva en el pecho.)~ ¿Volverá? ¿No

volverá?... Sí, no... sí, no... ~(La va deshojando. Hacen mutis por el

jardín.)~

ESCENA VII

CARLANCA y CAZORLA, segunda derecha, luego MORRONES, primera derecha.

Carlanca es un tipo de matón de pueblo, feo, peludo, cejijunto, de

mirar atravesado. Cazorla, fino, redicho. Vestido con humildad, pero

pulcramente. Vienen jadeantes, pálidos, consternados. Hablan con

agitación, con ira.

CAZORLA

¡Ay, párate, Carlanca, párate, que no puedo más!

CARLANCA

Y yo vengo con la lengua fuera; pero déjalo, no le hace que reventemos.

¡Hay que ponerlos sobre aviso, tien que saber la gravedad de la cosa!

CAZORLA

¿Quién habrá sido el ladrón?

CARLANCA

¡No sé, pero el que haiga sido, míalas, si no me las paga con su

sangre!... Llamemos.

CAZORLA

¡Ay, qué disgusto más horrible! ¡Ay, en cuanto se entere don Acisclo!...

CARLANCA

Cae con una _aploplejía_. ¡Pero ni pa unto va a servir el que tenga la

culpa! ¡Lo asesino!... ~(Llamando.)~ ¡Ave María Purísima!...

CAZORLA

¡Ay, Carlanca, no llames, que yo no tengo valor pa darles el trago!

CARLANCA

No hay que perder tiempo. Sería peor. ¡Pero déjate, que al causante,

mal rayo si no le clavo la faca en las entrañas!... ~(Volviendo a

llamar.)~ ¡Alabao sea Dios!

MORRONES

~(Saliendo primera derecha.)~ ¿Quién?

LOS DOS

Morrones... ~(Le cogen cada uno de un brazo.)~

MORRONES

¡Señor Cazorla! ¡Carlanca!...

CAZORLA

¿Y el señor Alcalde?

MORRONES

Pero, ¿qué pasa que vienen ustedes más blancos que un papel?...

CAZORLA

¡Pues pasa, que el mundo se nos viene encima!

MORRONES

¡Mi madre!

CARLANCA

Que ya pues ir escogiendo el presidio que te guste más.

MORRONES

¿Recontra, pero va en serio?

CAZORLA

El Evangelio es una chirigota comparao con lo que acabas de oír.

MORRONES

Pero...

CARLANCA

Arrea, avisa a don Acisclo y a la señá Cesaria que salgan a escape.

MORRONES

~(Inicia el mutis.)~ Voy, voy...

CARLANCA

~(Deteniéndole.)~ ¡Ah, escucha!... para que no se asuste así, de

pronto, dile que no es nada, pero que se traiga el revólver, por si

acaso.

CAZORLA

Eso. Y añádeles que la cosa no tiene importancia, pero que si no está

el médico, que lo avisen.

MORRONES

Bueno. ~(Va a marcharse.)~

CAZORLA

~(Vuelve a detenerlo.)~ Oye... y manda como cosa tuya que hagan una

meaja de tila.

MORRONES

¿Pa cuántos?

CAZORLA

Kilo y medio. Arrea. ~(Vase primera derecha.)~

CARLANCA

¡Pobre don Acisclo!

CAZORLA

Bueno, y si al decírselo se nos muere, ¿qué hago?

CARLANCA

Pues en cuanto le veas con síntomas así como pa entierro, te callas.

CAZORLA

¡Pero, Dios mío! ¿quién habrá sío el delator?

CARLANCA

Yo lo sabré y ¡ay de él! ¡Iremos a presidio, pero le rajo! ¡Por de

contao!

CAZORLA

Calla, que salen.

ESCENA VIII

DICHOS, SEÑÁ CESÁREA y DON ACISCLO. Primera derecha.

CESÁREA

¿Qué pasa?

D. ACISCLO

¿Qué ocurre, qué dice Morrones que dicen ustés?...

CESÁREA

¡Madre, qué caras!

D. ACISCLO

¿Se nos ha quemao la parva?

CESÁREA

¿S’ha muerto ganao?

CARLANCA

¡Peor!

CESÁREA

¡Peor!

D. ACISCLO

Hablen ustés, que m’ahogo de angustia. ¿Qué es lo que pasa?

CAZORLA

¡Ay, don Acisclo, en diez años que llevo al frente de la secretaría de

este Ayuntamiento, nunca le he dado a usted un mal disgusto!

D. ACISCLO

Sí, bueno, ya lo sé, pero...

CAZORLA

Cuando se le murió a usted su suegra, pa evitar que usté se afligiese,

le dije que era la mía, así yo me hacía la ilusión y usté no se

disgustaba.

CESÁREA

~(Impaciente.)~ Bueno, pero ahora, ahora... ¿qué es lo que pasa ahora?

CARLANCA

Pues ahora pasa que les tenemos que dar a ustés el desgusto más grande

de su vida.

D. ACISCLO

¡Canastos! ¿Y si es un desgusto, por qué no se lo dan ustés a otro?

CAZORLA

Es intransferible, don Acisclo, si no a estas horas ya se lo había yo

dao al señor cura u a otro amigo de confianza.

D. ACISCLO

¡Pues venga, venga, por Dios, lo que sea!

CESÁREA

¿De qué se trata?

CAZORLA

Pues verán ustedes. Estaba yo en el Ayuntamiento, con aquel expediente

que me dijo usté que lo estudiase para ver cómo podíamos dejar de

resolverlo, cuando en esto, llega una carta pa usté, y como usté me

tiene autorizao para abrirlas, la abro, la leo y me caigo redondo.

D. ACISCLO

¿De quién era?

CARLANCA

De don Demetrio.

D. ACISCLO

¿De nuestro antiguo diputao?

CAZORLA

El mismo. Aquí está.

D. ACISCLO

¿Y qué dice?

CAZORLA

Óiganla ustedes, si tienen valor, y juzguen de mi espanto.

Los dos

A ver, a ver...

CAZORLA

~(Leyendo.)~ «Señor don Acisclo Arrambla Pael. Mi querido Acisclo: Si

no tienes agua de azahar en casa, no empieces la lectura de esta carta.»

D. ACISCLO

¿Tenemos?

CESÁREA

Creo que sí. Sigue, Cazorla.

CAZORLA

«Porque tu corazón municipal y patriota va a sufrir el más terrible de

los golpes.»

D. ACISCLO

¡Golpes a mi!...

CAZORLA

«Cuando yo tenía vuestra representación en Cortes, tu gestión al

frente del Municipio estaba garantizada, pero desde que los otristas me

arrebataron el acta, dándosela a ese imbécil de García Moyuelo, que una

terrible amenaza se cernía sobre vosotros...»

CESÁREA

¡Amenaza!...

D. ACISCLO

¡Rediez!

CAZORLA

«Y esta amenaza va a realizarse al fin.»

D. ACISCLO

¡Pero qué es! ¿Qué amenaza es esa?

CARLANCA

¡Tenga usted valor, don Acisclo!

CAZORLA

~(Leyendo.)~ «A petición de algunos elementos de ese pueblo, García

Moyuelo ha solicitado del Presidente del Consejo de Ministros, enemigo

acérrimo del caciquismo, que se os envíe un delegado con órdenes

severísimas...»

D. ACISCLO

¡¡Santo Dios!!

CAZORLA

«Para que inspeccione tu gestión administrativa durante los diez y ocho

años que llevas al frente de ese municipio.»

D. ACISCLO

~(En el colmo del furor.)~ ¿Investigarme a mí?... ¿Pero quién manda

eso?... ¿Pero qué ladrón se va a atrever a eso?...

CESÁREA

Calma, Acisclo, calma, deja que siga. ¡Alante!...

CAZORLA

~(Lee.)~ «Aseguran que ese Ayuntamiento es una cueva de ladrones.»

D. ACISCLO

¡Cómo ladrones!... ¿Pero dice ladrones?

CAZORLA

Con todas sus letras. Mire usté. ~(Le muestra la carta.)~

D. ACISCLO

~(Leyéndolo.)~ ¡Ladrones nada más!... ¡Digo, nada menos!

CAZORLA

~(Lee.)~ «El delegado que os envían, hombre enérgico y resuelto, ha

prometido al ministro que, o le rendís cuentas hasta el último céntimo,

u os trae a Madrid atados codo con codo.»

TODOS

¡Codo con codo!

CAZORLA

«Uno de estos días enviarán al pueblo una sección de la Guardia Civil,

para apoyar la gestión del delegado.»

CESÁREA

¡Santo Dios!

CARLANCA

¡La Guardia Civil!

D. ACISCLO

¡Qué infamia!... ~(Con sonrisa sarcástica.)~ ¡No dejarle venir solo!

CAZORLA

«Yo, enterado de la cosa por una confidencia secreta, me he creído en

el deber de avisarte para que os preparéis, y como yo sé que tú llevas

los libros de una forma especial, como persona que sabe muy bien lo que

se lleva, te aconsejo un procedimiento expeditivo: quema los libros o

quema el Ayuntamiento.»

D. ACISCLO

¿Y si quemáramos las dos cosas?

CARLANCA

¡Es una idea!

CAZORLA

«Y por último, vigilad sin descanso. El delegado y su secretario

llegarán a esa de incógnito. Quieren sorprenderos. Quizá estén ya entre

vosotros.»

MORRONES

¿Entre nosotros?... ~(Mira por todos los rincones.)~

CAZORLA

«Calma y astucia. ¡Maura, no!... Tuyo siempre, Demetrio Sánchez Cunero.»

D. ACISCLO

~(En el colmo de la ira.)~ ¡Ay, Cesaria, que me ahogo, que me siento

morir!

CESÁREA

¡Ladrones, canallas, granujas!

D. ACISCLO

¡Quieren mi perdición!... ¡Infames! ¡Asesinos! ¡Treinta y dos años

haciendo en este pueblo lo que me ha dao la gana, y no tenerse en

cuenta esta antigüedad! ¡Ay, darme agua!... ¡Me rechinan los dientes!

¡Me retuerzo de coraje! ~(Le dan convulsiones de ira.)~

CESÁREA

¡Por Dios, Acisclo, no te pongas de esa forma!

CARLANCA

¡Por Dios, señor Alcalde! Calma. Fúmese usted un cigarro. ~(Se lo da.)~

CAZORLA

Desabrocharlo... hacerle aire.

D. ACISCLO

¡Investigarme a mí!... ¿Yo codo con codo?... Antes asesino, machaco,

trituro, incendio...

CESÁREA

Sujetarlo, que voy a hacerle tila, ~(vase izquierda.)~

ESCENA IX

DICHOS menos señá Cesárea.

MORRONES

¡La Guardia Civil!

D. ACISCLO

~(Aterrado.)~ ¿Dónde?

MORRONES

Digo que la Guardia Civil es lo que más me ha ofendío a mí.

CARLANCA

~(Iracundo.)~ ¡No asustes sin motivo, so animal!

D. ACISCLO

¡Hay que quemar los libros!

CARLANCA

Pero si los quemamos, es posible que vayamos a la cárcel.

CAZORLA

¡Pero si no los quemamos, es seguro!

D. ACISCLO

¡Sí... hay que incendiarlo, arrasarlo, quemarlo too!... Darme fuego...

¡Yo lo quemo too!... ¡Darme fuego!...

MORRONES

¡No, por Dios!...

D. ACISCLO

Darme fuego, hombre, que estoy muy nervioso y quiero fumar.

CAZORLA

¡Ah, bueno!... ~(Le da una cerilla cada uno.)~

D. ACISCLO

¿Hacerme esto a mí?... Yo, que ha llegao una Nochebuena y capones al

ministro, tortas al subsecretario, leña al director general...

CARLANCA

¡Ya les daría yo capones, pero no de pluma!

CAZORLA

Bien, dejemos fruslerías; no hay que perder tiempo. Vamos a pensar

rápidamente lo que nos conviene hacer.

D. ACISCLO

Bueno, total: ¿en qué renuncio puen cogernos?

CARLANCA

En casi naa.

CAZORLA

Lo más dudoso es lo de la cárcel. Ya sabe usté que había catorce presos

con una consignación de dos pesetas, que en total eran veintiocho

diarias. Un día los cogió usté a todos, los dejó en libertad...

D. ACISCLO

Sí, y me se olvidó suprimir la consignación el primer año... y los

demás años, pues pa que no creyesen que había sío de mala fe... lo fui

cobrando y...

CARLANCA

¡Una distración cualquiera la tiene, señor!

CAZORLA

También es grave lo del Monte de las Jarillas, que es del procomún

y usté pidió el aprovechamiento que era del pueblo pa fundar con el

producto un asilo de ancianos... Y el aprovechamiento pues se ha

aprovechao; ahora, que el asilo...

D. ACISCLO

Sí, hombre, sí, que no pue estar uno en too y me distraje...

CARLANCA

¡Ancianos, ancianos!... ¡Pa lo que van a vivir!...

CAZORLA

Porque lo de que estén cerrás las escuelas hace ocho años, no creo yo

que...

CARLANCA

¡Eso qué le importa a nenguno!...

D. ACISCLO

¡Pa qué quie nadie saber leer en este pueblo, si aquí lo único que

hay que leer son los rótulos de las calles y cuatro u cinco números

atrasados de _La Lidia_ que tie el sacristán!...

CAZORLA

Pues claro, porque yo creo que tengamos sin pagar al médico siete

años y doce sin abonar naa a la Diputación, y que los fondos

pa enseñanza... y el aprovechamiento de riegos... y esas cuatro

tonterías...

CARLANCA

Too eso, naa... ¡Espuma de virutas, que dijo Maura!

CAZORLA

¡Y que se vean toos los Ayuntamientos de España, a ver si están

mejor!...

D. ACISCLO

~(Con resolución.)~ Bueno, de toos modos hay que prevenirse. Pa las

ocasiones son los hombres. Verán ustés cómo lo arreglo yo too en dos

voleos. ¡Morrones!

MORRONES

Mande usté.

D. ACISCLO

En ti confío.

MORRONES

Un perro.

D. ACISCLO

Márchate inmediatamente y búscame catorce hombres que quieran ir a la

cárcel por tres pesetas diarias con oción a escoger los delitos que más

les gusten. Cuasi toos con cara de creminales...

MORRONES

Está bien.

D. ACISCLO

En seguía me sacas de donde los haiga nueve ancianos. De ambos sexos

los nueve. Y sobre la marcha, sea como sea, te haces con veinticuatro

chicos, de los cuales doce u catorce sean chicas.

MORRONES

Catorce presos, nueve ancianos, veinticuatro chicos, que varios sean

chicas... Descuide usté. Dentro e media hora estoy aquí con too el

ganao. ~(Vase segunda derecha.)~

D. ACISCLO

Hala... vuela...

CAZORLA

Lo malo es que no tenemos ningún chico que sepa leer.

D. ACISCLO

No importa.

CAZORLA

¿Y si quieren examinarlos?

D. ACISCLO

Pues se le dice a la señá Társila, la mujer del sacristán, que les

enseñe a uno u dos cuatro torías de Historia, cuentas y pamplinas de

esas; les pregunta usté que ande están las montañas de Navarra y muy

brutos tien que ser pa no decirle a usté que en Aragón. Y despachaos.

CARLANCA

¡Si se pudieran arreglar los libros tan fácilmente!...

D. ACISCLO

Too se andará; deje usté descansar al macho.

ESCENA X

DON ACISCLO, CARLANCA, CAZORLA y DON RÉGULO, segunda derecha.

D. RÉGULO

~(Entrando.)~ Señor Alcalde... Señores...

D. ACISCLO

¡Don Régulo!

D. RÉGULO

Vengo explosivo, la indignación me corroe, me crispa la ira...

D. ACISCLO

¿Se ha enterao usté?

D. RÉGULO

De todo. Es una indignidad lo que ese Gobierno centralista y canallesco

quiere cometer con nosotros.

CARLANCA

¡Quieren investigarnos!

CAZORLA

¡Ajustarnos las cuentas!

D. RÉGULO

¡Las cuentas!... ¡Jamás mientras yo viva en este pueblo! Un caballero

español y cristiano no tolera semejante bochorno.

CAZORLA

Muy bien.

D. ACISCLO

Y luego, que aparte de lo de caballero y de lo de cristiano, si se

enteran que cobra usté como matrona de consumos, era otro bochorno.

CARLANCA

¡Desconfiar de nosotros!

D. RÉGULO

No debemos tolerarlo. Somos los nietos de los Comuneros y el que tiene

en su escudo el león rampante de Castilla y seis rodelas en campo de

azur, no se deja investigar.

D. ACISCLO

¿Y que haríamos? ¿Usté qué opina?

D. RÉGULO

Déjenme ustedes a mi. Que venga ese delegado. Ya saben ustedes que yo

le pego un tiro a una mosca a veinte metros. Viene, examina los libros

y en cuanto haga una multiplicación que no nos convenga le mando los

padrinos. Cuestión de honor.

CARLANCA

¡Eso es ser un caballero!

D. RÉGULO

A un hidalgo español no hay quien le ajuste nada. Al menor recelo, a la

más leve sospecha le cruzo la cara.

CAZORLA

La verdad es que usté con la pistola en la mano...

D. RÉGULO

Acuérdense ustedes de mi duelo con Menéndez, el teniente de la Guardia

Civil. Se permitió mirar malévolamente a mi Eduarda y le tuve cojo

medio año de un balazo en el peroné.

D. ACISCLO

Sí, vamos, pero por cosa de mujeres, no...

D. RÉGULO

~(Saca una pistola.)~ ¿Quieren ustedes que machaque aquella avispa que

acaba de pararse en el marco del reloj?

CARLANCA

No, hombre, por Dios; no hace falta.

D. RÉGULO

~(Se guarda la pistola.)~ Está bien. Pues ya lo saben ustedes: no hay

que intimidarse. Unámonos ante el enemigo común. Unámonos y seremos

fuertes. _La force premier que le droit._

CAZORLA

Eso lo he leído yo en alguna parte.

D. RÉGULO

En los hongos. Unámonos y podremos hacer lo que nos dé la gana, que es

para lo que se une todo el mundo. Aprendamos de las sencillas lecciones

de las cosas más nimias. ¿Qué es un grano de arroz por sí solo?...

nada; pero junta usté muchos granos, adiciona un pollo y... paella.

Pues imitemos el ejemplo del arroz, y uniéndonos como sabrosos granos,

no seremos pa ella, pero seremos pa nosotros. La unión _fait la force_.

De otro hongo.

LOS TRES

Muy bien.

D. ACISCLO

Tiene usté razón.

D. RÉGULO

Y últimamente, para cuando se me acabe la razón, me queda la puntería.

Yo soy un caballero, no una cocinera. ¡Yo no me dejo ajustar cuentas!

ESCENA XI

DICHOS, la SEÑÁ CESÁREA, izquierda.

CESÁREA

¡Ya están ahí!... ¡Ya han venío, ya han venío!

D. ACISCLO

¿Quién?

CESÁREA

El delegao y su secretario.

D. ACISCLO

¿Qué dices?

CESÁREA

¡Lo que oyes!

D. ACISCLO

¡Mi madre!

D. RÉGULO

¡Ánimo!

CAZORLA

¡Lo ve usté!

CESÁREA

Están en el Hotel Anastasia.

D. ACISCLO

¿Cómo lo sabes?

CESÁREA

Pues por la Jesusa, que mandela a la fonda ande tiene sirviendo a su

sobrina pa que se enterara, y l’han dicho que acaban de llegar dos

forasteros. El uno mu bien vestío y más joven, y el otro ya entrao en

años, pero elegante también.

D. RÉGULO

¡Ellos son!

CESÁREA

A más: ha dao la concidencia que no haría una hora que estaban en el

pueblo esos dos señores cuando han llegao ocho parejas de la Guardia

Civil.

CARLANCA

¡La Guardia Civil!

CAZORLA

Pues ya no hay duda.

CESÁREA

Y creo que el teniente ha ido en seguida a saludar a los dos forasteros.

CARLANCA

No diga usté más. ¡Ellos son!... ¡Codo con codo!...

D. ACISCLO

¿Y qué señas tienen?

CESÁREA

Pues el delegao creo que es un señor muy delgao, y el que no es delegao

también es delgao, pero no tanto. Parece que s’han me metío en el

cuarto, y que tratan de esquivar que la gente los vea.

D. ACISCLO

¡Ah, traicioneros!

CAZORLA

¡Quieren cogernos desprevenidos!

CESÁREA

Creo que de que han llegao, han pedío dos jarros de agua. Se supone que

pa lavarse.

CARLANCA

¡Qué raro, lavarse por la tarde!

CESÁREA

La Jesusa ha avertío a la Anastasia, de mi parte, que les vigilen, y

allí está de guardia.

D. RÉGULO

Bien hecho. Y yo, si a ustedes les parece, voy a organizar hábilmente

el espionaje, y en cuanto sepa tanto así de interés, vengo a enterarles

en un vuelo.

D. ACISCLO

Bien pensao. Vaya usté a ver qué averigua.

D. RÉGULO

Hasta ahora.

CESÁREA

Salga usté por la puerta del callejón. ~(Vanse los dos izquierda.)~

ESCENA XII

Los caciques farsa cómica de costumbres de política rural, distribuída en tres actos · 第 1 / 6 段